martes, 31 de enero de 2017

CUESTIÓN DE FE


"Cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se le reunió mucha gente, y él se quedó en la orilla. Llegó entonces uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, que al ver a Jesús se echó a sus pies suplicándole con insistencia:
– Mi hija se está muriendo: ven a poner tus manos sobre ella, para que sane y viva.
Jesús fue con él, y mucha gente le acompañaba apretujándose a su alrededor. Entre la multitud había una mujer que desde hacía doce años estaba enferma, con hemorragias. Había sufrido mucho a manos de muchos médicos, y había gastado cuanto tenía sin que le hubiera servido de nada. Al contrario, iba de mal en peor. Esta mujer, al saber lo que se decía de Jesús, se le acercó por detrás, entre la gente, y le tocó la capa. Porque pensaba: “Tan sólo con que toque su capa, quedaré sana.” Al momento se detuvo su hemorragia, y sintió en el cuerpo que ya estaba sanada de su enfermedad. Jesús, dándose cuenta de que había salido de él poder para sanar, se volvió a mirar a la gente y preguntó:
– ¿Quién me ha tocado?
Sus discípulos le dijeron:
– Ves que la gente te oprime por todas partes y preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’
Pero Jesús seguía mirando a su alrededor para ver quién le había tocado. Entonces la mujer, temblando de miedo y sabiendo lo que le había sucedido, fue y se arrodilló delante de él, y le contó toda la verdad. Jesús le dijo:
– Hija, por tu fe has sido sanada. Vete tranquila y libre ya de tu enfermedad.
Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegaron unos de casa del jefe de la sinagoga a decirle al padre de la niña:
– Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar más al Maestro?
Pero Jesús, sin hacer caso de ellos, dijo al jefe de la sinagoga:
– No tengas miedo. Cree solamente.
Y sin dejar que nadie le acompañara, aparte de Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, se dirigió a casa del jefe de la sinagoga. Allí, al ver el alboroto y la gente que lloraba y gritaba, entró y les dijo:
– ¿Por qué alborotáis y lloráis de esa manera? La niña no está muerta, sino dormida.
La gente se burlaba de Jesús, pero él los hizo salir a todos, y tomando al padre, a la madre y a los que le acompañaban, entró donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo:
–Talita, cum (que significa: “Muchacha, a ti te digo: levántate.”)
Al momento, la muchacha, que tenía doce años, se levantó y echó a andar. Y la gente se quedó muy impresionada. Jesús ordenó severamente que no se lo contaran a nadie, y luego mandó que dieran de comer a la niña."

Otra vez encontramos a Jesús curando. En ambos casos por la Fe. La mujer con hemorragias era considerada impura. Era rechazada por doble motivo: por mujer y por impura. Por eso no se atreve a comprometer a Jesús y piensa, que sólo tocando su manto se curará. Jesús se lo dice con toda claridad: es su Fe la que la ha sanado.
Jairo es el jefe de la sinagoga. En teoría, uno de los que se oponían a Jesús. Pero su amor de padre, ya que su hija está muy grave, le hace recurrir a Jesús. Llega la noticia de la muerte de la niña. Jesús le pide que crea, que no tema. Y hace que la niña vuelva a la vida.
La Fe es confiar plenamente en Jesús. Eso es lo que han hecho Jairo y la hemorroísa. ¿Cómo es nuestra Fe?¿Confiamos totalmente en Jesús? Es la Fe la que nos da la Vida.

lunes, 30 de enero de 2017

DESTRUIR EL MAL


"Llegaron a la otra orilla del lago, a la tierra de Gerasa. En cuanto Jesús bajó de la barca se le acercó un hombre que tenía un espíritu impuro. Este hombre había salido de entre las tumbas, porque vivía en ellas. Nadie podía sujetarlo ni siquiera con cadenas. Pues aunque muchas veces lo habían atado de pies y manos con cadenas, siempre las había hecho pedazos, sin que nadie le pudiera dominar. Andaba de día y de noche entre las tumbas y por los cerros, gritando y golpeándose con piedras. Pero cuando vio de lejos a Jesús, echó a correr y, poniéndose de rodillas delante de él, le dijo a gritos:
– ¡No te metas conmigo, Jesús, Hijo del Dios altísimo! ¡Te ruego, por Dios, que no me atormentes!
Hablaba así porque Jesús le había dicho:
– ¡Espíritu impuro, deja a ese hombre!
Jesús le preguntó:
– ¿Cómo te llamas?
Él contestó:
– Me llamo Legión, porque somos muchos.
Y rogaba mucho a Jesús que no enviara los espíritus fuera de aquella región. Y como cerca de allí, junto al monte, se hallaba paciendo una gran piara de cerdos, los espíritus le rogaron:
– Mándanos a los cerdos y déjanos entrar en ellos.
Jesús les dio permiso, y los espíritus impuros salieron del hombre y entraron en los cerdos. Estos, que eran unos dos mil, echaron a correr pendiente abajo hasta el lago, y se ahogaron.
Los que cuidaban de los cerdos salieron huyendo, y contaron en el pueblo y por los campos lo sucedido. La gente acudió a ver lo que había pasado. Y cuando llegaron a donde estaba Jesús, vieron sentado, vestido y en su cabal juicio al endemoniado que había tenido la legión de espíritus. La gente estaba asustada, y los que habían visto lo sucedido con el endemoniado y con los cerdos, se lo contaron a los demás. Entonces comenzaron a rogar a Jesús que se fuera de aquellos lugares.
Al volver Jesús a la barca, el hombre que había estado endemoniado le rogó que le dejara ir con él. Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo:
– Vete a tu casa, con tus parientes, y cuéntales todo lo que te ha hecho el Señor y cómo ha tenido compasión de ti.
El hombre se fue y comenzó a contar por los pueblos de Decápolis lo que Jesús había hecho por él. Y todos se quedaban admirados."

Jesús vuelve a ir a la otra orilla. Pasar a la otra orilla significa ir hacia los desconocido, lo que nonos es familiar. Allí encuentra a un endemoniado que vive entre las tumbas de un cementerio. Un endemoniado es aquel que está poseído por el mal. Este, además, está rodeado de muerte. No es vida, sino muerte. No es luz sino tinieblas.
El mal no quiere abandonarlo. Jesús lo manda a su origen, a la piara de cerdos. Los habitantes de aquel lugar, en vez de alegrarse porque Jesús les ha librado del mal, ven que han perdido los cerdos, han perdido dinero y piden a Jesús que se marche.
En nuestra sociedad ocurre lo mismo con el mal. Nos resistimos a eliminar la prostitución, las drogas, la venta de armas...porque mueven mucho dinero. Los poderosos son los que se benefician de esos tráficos y no quieren que desaparezcan.
Jesús no quiere que aquel hombre liberado de los males se vaya con Él. Lo constituye apóstol en su ambiente. Le dice que regrese con los suyos y que predique a todos lo que Jesús ha hecho con él. Si queremos que la sociedad cambie, debemos quedarnos en las periferias, hablar con valentía allí donde se encuentra el mal. Si no nos implicamos, nada cambiará. 

domingo, 29 de enero de 2017

LA VERDADERA FELICIDAD


"Al ver la multitud, Jesús subió al monte y se sentó. Sus discípulos se le acercaron,  y él comenzó a enseñarles diciendo:
- Dichosos los que reconocen su pobreza espiritual, porque suyo es el reino de los cielos.
Dichosos los que sufren, porque serán consolados.
Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra que Dios les ha prometido.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán satisfechos.
Dichosos los compasivos, porque Dios tendrá compasión de ellos.
Dichosos los de corazón limpio, porque verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará hijos suyos.
Dichosos los perseguidos por hacer lo que es justo, porque suyo es el reino de los cielos.
Dichosos vosotros, cuando la gente os insulte y os maltrate, y cuando por causa mía digan contra vosotros toda clase de mentiras. ¡Alegraos, estad contentos, porque en el cielo tenéis preparada una gran recompensa!"

Algunos autores señalan que hay una sola bienaventuranza: Bienaventurados los pobres de espíritu. Y señalan, que las otras siete explicitan qué es ser pobre de espíritu.
Tenemos la tendencia a ver sólo el aspecto económico de la pobreza y de asociar la felicidad con el dinero, con el tener. Jesús pone la felicidad en la pobreza de espíritu. Y para Él ser pobre de espíritu es:
  • Soportar los sufrimientos de esta vida. La vida no es un camino de rosas y nosotros, con nuestro egoísmo lo hacemos todavía más dolorosos. Si hay millones de personas que no tienen lo necesario para vivir, es porque existen unos pocos que lo acumulan todo.
  • Ser humildes. Aceptarse cada uno tal cual es y no querer pasar por encima de los demás. Considerarse hermano de todos y no superior a nadie.
  • Luchar porque la justicia reine en este mundo. No quedarse impasible, mirándose el ombligo y callando porque a nosotros nos va bien, mientras nuestro hermano es pisoteado por la injusticia. 
  • Saber padecer con los otros, que eso es lo que significa ser compasivo. Compasión no es mirar al otro desde arriba, sino ponerse en su lugar. Así se ven las cosas de manera muy distinta.
  • Tener el corazón limpio, sin la malicia que nos hace ver lo negativo de todo y de todos, que nos hace desconfiar de los demás y juzgarlos continuamente.
  • Trabajar por la paz. Ser mediadores. Repartir tranquilidad y armonía. Ser paz. Y eso se hace repartiendo amor a nuestro alrededor.
  • Buscar la justicia aunque esto nos comporte ser perseguidos. Luchar por la verdad y la justicia con valentía, aunque esto comporte la incomprensión. Anunciar el evangelio, aunque esto nos comporte ser insultados y despreciados. 
Mientras nuestra sociedad coloca la felicidad en el dinero y el poder, Jesús la coloca en la pobreza, en el saber compartir, en luchar contra el mal. En hacer una sociedad más fraterna, es decir más evangélica. Este es el verdadero Reino, que entre todos debemos hacer que llegue a esta tierra.



sábado, 28 de enero de 2017

ANTE LA TEMPESTAD


"Al anochecer de aquel mismo día, Jesús dijo a sus discípulos:
– Pasemos a la otra orilla del lago.
Entonces despidieron a la gente y llevaron a Jesús en la misma barca en que se encontraba. Otras barcas le acompañaban. De pronto se desató una tormenta; y el viento era tan fuerte, que las olas, cayendo sobre la barca, comenzaron a llenarla de agua. Pero Jesús se había dormido en la parte de popa, apoyado sobre una almohada. Le despertaron y le dijeron:
– ¡Maestro!, ¿no te importa que nos estemos hundiendo?
Jesús se levantó, dio una orden al viento y le dijo al mar:
– ¡Silencio! ¡Cállate!
El viento se detuvo y todo quedó completamente en calma. Después dijo Jesús a sus discípulos:
– ¿Por qué tanto miedo? ¿Todavía no tenéis fe?
Y ellos, muy asustados, se preguntaban unos a otros:
– ¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?"

Cuando se pasa a la otra orilla y se dejan las comodidades, nos puede suceder como a los apóstoles; que se desate la tempestad. En esos momentos nos puede parecer que Jesús duerme; que todo está perdido y vamos a perecer. Sien embargo, aunque Jesús parezca dormir, está con nosotros. Él está también en la misma barca que nosotros, y no nos puede ocurrir nada.
Cuando hemos superado las dificultades, cuando la tempestad se ha calmado, podemos escuchar la voz de Jesús que nos dice: ¿Todavía no tenéis fe?
Los apóstoles tenían miedo. Primero, porque creían que iban a perecer. Pero luego, nos dice el evangelio, estaban asustados ante el poder de Jesús. Si su Fe hubiese sido fuerte, no habrían temido la muerte y la acción de Jesús habría despertado en ellos amor, agradecimiento, no miedo.
Debemos examinar nuestra actitud ante la vida. Sobre todo, ante las dificultades de la vida. ¿Confiamos en que Jesús está con nosotros?¿Mostramos amor hacia quien nos salva dando su vida por nosotros, o sólo tenemos miedo? 

viernes, 27 de enero de 2017

SOBRE EL REINO


Jesús dijo también:
- Con el reino de Dios sucede como con el hombre que siembra en la tierra: que lo mismo si duerme que si está despierto, lo mismo de noche que de día, la semilla nace y crece sin que él sepa cómo. Y es que la tierra produce por sí misma: primero brota una hierba, luego se forma la espiga y, por último, el grano que llena la espiga. Y cuando el grano ya está maduro, se siega, porque ha llegado el tiempo de la cosecha.
También dijo Jesús: ¿A qué se parece el reino de Dios, o con qué podremos compararlo? Es como una semilla de mostaza que se siembra en la tierra. Es la más pequeña de todas las semillas del mundo; pero, una vez sembrada, crece y se hace mayor que cualquiera otra planta del huerto, y echa ramas tan grandes que hasta los pájaros pueden anidar a su sombra.
De esta manera les enseñaba Jesús el mensaje, por medio de muchas parábolas como estas y hasta donde podían comprender. No les decía nada sin parábolas, aunque a sus discípulos se lo explicaba todo aparte."

Hoy tenemos dos pequeñas parábolas sobre el Reino. Nosotros somos meros sembradores. El crecimiento de la planta no depende de nosotros. La semilla crece por su poder germinativo, el agua, el sol...Pero es necesario que sembremos. Del resto ya se ocupa Dios.
Lo que nosotros sembramos es muy pequeño, pero un día se hará grande. Precisamente porque el crecimiento depende de Dios, no de nosotros.
Los que nos dedicamos al apostolado deberíamos meditar continuamente estas dos pequeñas parábolas. Sembraríamos con más humildad, y nos preocuparíamos menos al no ver el resultado inmediato de nuestra siembra. Ganaríamos en esperanza. Si sembramos, Dios dará el crecimiento. Y un crecimiento que no imaginamos.

jueves, 26 de enero de 2017

SER LUZ


"También les dijo:
- ¿Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo de una vasija o debajo de la cama? No, una lámpara se pone en alto, para que alumbre. De la misma manera, no hay nada escondido que no llegue a descubrirse ni nada secreto que no llegue a ponerse en claro. Los que tienen oídos, oigan.
También les dijo:
- Fijaos en lo que oís. Con la misma medida con que midáis, Dios os medirá a vosotros, y os dará todavía más. Pues al que tiene, se le dará más; pero al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará."

Ser discípulo de Jesús es ser luz del mundo. Y la luz sirve para iluminar, no para esconderla. Como debemos iluminar nuestra conducta debe ser, también, transparente. No hay secreto que no llegue a saberse, y nuestra luz podría convertirse en tinieblas.
Jesús también nos habla hoy de medidas. Seremos medidos con la vara que utilicemos nosotros para medir a los demás. No podemos ser tolerantes con nosotros y estrictos con los demás. No vale la ley del embudo.
Jesús no habla aquí de economía, ni siquiera de dones. Está hablando de bondad, de amor. Aquél que tiene más amor recibirá más amor. Aquél que se entrega más, recibirá más entrega. Por eso el que no tiene amor, no podrá recibirlo. 

miércoles, 25 de enero de 2017

ANUNCIAD


"Y les dijo:

- Id por todo el mundo y anunciad a todos la buena noticia. El que crea y sea bautizado, será salvo; pero el que no crea será condenado. Y estas señales acompañarán a los que creen: en mi nombre expulsarán demonios; hablarán nuevas lenguas; cogerán serpientes con las manos; si beben algún veneno, no les dañará; pondrán las manos sobre los enfermos, y los sanarán."

Jesús nos manda a sus seguidores a anunciar la Buena Nueva, el Evangelio, por todo el mundo. La Fe es para todos y debemos proclamarla. Ella nos hace fuertes. hace que expulsemos el mal. Hace que comprendamos a todas las personas. Nos salva de los peligros y hace que curemos a los demás.
Hoy, festividad de la Conversión de Pablo, es el último día del Octavario por la Unión de las Iglesias. Todos los que seguimos a Jesús, somos sus enviados. ¿Qué esperamos a unirnos?

martes, 24 de enero de 2017

LA FAMILIA DE JESÚS


 "Entre tanto, llegaron la madre y los hermanos de Jesús, pero se quedaron fuera y mandaron llamarle. La gente que estaba sentada alrededor de Jesús le avisó:
– Tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan.
Él les contestó:
– ¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?
Y mirando a los que estaban sentados a su alrededor, añadió:
– Estos son mi madre y mis hermanos. Todo el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre."

La familia de Jesús la forman todas las personas de buena voluntad. A nosotros nos puede ocurrir comos a los familiares de Jesús, creernos con poder sobre Él e intentar manipularlo, sacarlo de su camino. Porque nos consideramos sus elegidos (sacerdotes y religiosos), podemos creernos por encima de los demás y con el poder de decidir sobre Jesús. Él nos indica claramente, que su familia está formada por todos los que cumplen la voluntad de Dios, es decir, todos aquellos en los que el amor está por encima de todo. El día en que todos podamos considerarnos una gran familia, aquel día seremos verdaderos discípulos de Jesús, su familia. 

EL ANACORETA Y EL AEROPUERTO


El Anacoreta y su joven seguidor se encontraban en el aeropuerto de una gran ciudad. Continuamente aterrizaban y despegaban aviones de él. El anciano miró al cielo y dijo al joven:
- Mira, hay tanto tráfico, que varios aviones giran esperando el momento de aterrizar. Eso nos pasa a nosotros con las gracias de cada día.
El joven seguidor miró con cara de extrañeza al Anacoreta, sin saber a qué se refería.
- Sí, mira. Constantemente llegan gracias a nosotros: las palabras de un amigo, una noticia de la radio, un rayo de luz, una flor... Gracias que nos traen un mensaje y que nos pueden hacer crecer espiritualmente. Pero estamos tan ocupados, que no pueden llegar a nosotros. No reparamos en ellas.
Se detuvo, miró al joven seguidor y afirmó:
- La diferencia está en que, los aviones tarde o temprano aterrizarán en el aeropuerto. Las gracias, si no estamos atentos, pasan y no vuelven más.
Suspiró y concluyó:
- Hay demasiadas cosas que nos distraen...


lunes, 23 de enero de 2017

ACEPTAR EL AMOR


También los maestros de la ley que habían llegado de Jerusalén decían:
- Beelzebú, el propio jefe de los demonios, es quien ha dado a este hombre poder para expulsarlos.
Jesús los llamó y les puso un ejemplo, diciendo:
- ¿Cómo puede Satanás expulsar al propio Satanás? Un país dividido en bandos enemigos no puede mantenerse, y una casa dividida no puede mantenerse. Pues bien, si Satanás se divide y se levanta contra sí mismo, no podrá mantenerse: habrá llegado su fin.
Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y robarle sus bienes, si antes no lo ata. Solamente así podrá robárselos.
Os aseguro que Dios perdonará a los hombres todos los pecados y todo lo malo que digan; pero el que ofenda con sus palabras al Espíritu Santo no tendrá perdón, sino que será culpable para siempre.
Esto lo dijo Jesús porque afirmaban que tenía un espíritu impuro."

Aquellos maestros de la ley veían el bien que Jesús hacía, pero no aceptaban su Palabra. Por eso dicen que el poder que tiene viene del diablo.
En nuestro tiempo, ocurre lo mismo. A aquellos que nos son molestos, que nos hacen replantear nuestras ideas y ponen en cuestión nuestros actos, los acusamos de tener malas intenciones, de ser deshonestos, de buscar el mal. Nos cuesta aceptar el bien que hacen aquellos que no piensan como nosotros.
Si en nuestra sociedad no triunfa el bien, es porque estamos divididos y luchamos unos contra otros. Olvidamos que lo principal es el Amor y que todos somos capaces de amar. No aceptar el Amor es ofender al Espíritu, que es Espíritu de Amor. Ese es el verdadero pecado.

domingo, 22 de enero de 2017

TODO EMPEZÓ EN CAFARNAÚN


"Cuando Jesús oyó que Juan estaba en la cárcel, se dirigió a Galilea. Pero no se quedó en Nazaret, sino que se fue a vivir a Cafarnaún, a orillas del lago, en los territorios de Zabulón y de Neftalí. Esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el profeta Isaías:
“Tierras de Zabulón y de Neftalí,
más allá del Jordán,
a la orilla del mar:
Galilea de los paganos.
El pueblo que andaba en oscuridad
vio una gran luz;
una luz iluminó
a los que vivían en sombras de muerte.”
Desde estonces comenzó Jesús a proclamar: “¡Volveos a Dios, porque el reino de los cielos está cerca!”
Jesús paseaba por la orilla del lago de Galilea, cuando vio a dos hermanos: a Simón, también llamado Pedro, y a Andrés. Eran pescadores, y estaban echando la red al agua. Jesús les dijo:
– Seguidme, y yo os haré pescadores de hombres.
Al momento dejaron sus redes y se fueron con él.
Un poco más adelante vio Jesús a otros dos hermanos: Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en una barca reparando las redes. Jesús los llamó, y al punto, dejando ellos la barca y a su padre, le siguieron.
Recorría Jesús toda Galilea enseñando en la sinagoga de cada lugar. Anunciaba la buena noticia del reino y curaba a la gente de toda clase de enfermedades y dolencias."

Estos días hemos visto la llamada de Jesús a sus discípulos en distintos evangelistas. Hoy nos fijaremos en las circunstancias.
Jesús empieza su vida pública al enterarse que Juan había sido encarcelado. Para Él esto fue una señal. Pero queda claro que Jesús hace algo más que continuar la trayectoria de Juan.
Para empezar, Jesús, tras su bautizo, no se queda en Judea, sino que va a Galilea. Jesús no permanece en un lugar concreto como Juan, sino que recorría el territorio. Jesús no solamente predica la conversión, sino que actúa curando a la gente de sus enfermedades y dolencias. Y a los discípulos que va llamando, les pide que sean pescadores de hombres, que se dediquen a los demás.
Jesús también nos llama a nosotros para que nos entreguemos a los demás. Ser discípulo de Jesús, es ser un pescador de hombres, es vivir entregado a los otros. Si vivimos centrados en nosotros mismos, por muy piadosos que seamos, no somos verdaderos discípulos de Jesús. 



INFANCIA MISIONERA


Hoy es el día de la Infancia Misionera. Un día para que mostremos a los más pequeños que en el mundo existen muchos niños que no tienen lo imprescindible para vivir. Y que ser misionero, es cuidar del alma, pero también del cuerpo de los demás. Este vídeo puede enseñarles a entenderlo.

sábado, 21 de enero de 2017

ODIADOS POR EL MUNDO



"Padre santo, cuídalos con el poder de tu nombre, el nombre que me has dado, para que estén completamente unidos, como tú y yo. Cuando estaba con ellos en este mundo, los cuidaba y los protegía con el poder de tu nombre, el nombre que me has dado. Y ninguno de ellos se perdió, sino aquel que ya estaba perdido, para que se cumpliera lo que dice la Escritura.
Ahora voy a ti; pero digo estas cosas mientras estoy en el mundo, para que ellos se llenen de la misma perfecta alegría que yo tengo. Yo les he comunicado tu palabra; pero el mundo los odia porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los protejas del mal. Así como yo no soy del mundo, tampoco ellos son del mundo. Conságralos a ti por medio de la verdad: tu palabra es la verdad. Como me enviaste a mí al mundo, así yo los envío. Y por causa de ellos me consagro a mí mismo, para que también ellos sean consagrados por medio de la verdad."

En Catalunya se lee hoy otro evangelio, porque se celebra la festividad de San Fructuoso obispo de Tarragona y Augurio y Eulogio, diáconos, martirizados por los romanos.
Jesús, en esta oración al Padre, nos pone en sus manos, bajo su protección. Sabe que seremos odiados y quizá martirizados por seguirle  a Él. Pide al Padre que nos proteja del mal. La muerte no es el mal. El mal es el odio, la falta de amor, el egoísmo. Jesús quiere que sigamos la Verdad de la Palabra, no las falsas verdades de este mundo, basadas en el poder y el dinero. Jesús vino al mundo para hacer el bien, para traer la salvación. Él nos envía a nosotros a hacer el bien, a salvar a nuestros hermanos. Los mártires dieron su vida para cumplir esta misión. 

INCOMPRENSIÓN

"Después entró Jesús en una casa, y se juntó de nuevo tanta gente que ni siquiera podían comer él y sus discípulos. Al saber que estaba allí, los parientes de Jesús acudieron a llevárselo, pues decían que se había vuelto loco."

Este corto texto nos muestra a un Jesús incomprendido por su familia. Ellos lo habían conocido en su vida oculta y no entendían su nueva forma de actuar.
Seguir a Jesús, significa muchas veces ir a contracorriente de lo establecido y supone incomprensión. No debemos temer. Él pasó por estas circunstancias antes que nosotros. Circunstancias que le llevaron a dar su vida por nosotros. Nosotros debemos estar dispuestos a dar nuestra vida por los demás, aunque no nos comprendan.

viernes, 20 de enero de 2017

ÉL NOS LLAMA


 "Después subió Jesús a un cerro y llamó a quienes le pareció conveniente. Una vez reunidos, eligió a doce de ellos para que le acompañasen y para enviarlos a anunciar el mensaje. Los llamó apóstoles y les dio autoridad para expulsar a los demonios. Estos son los doce que escogió: Simón, a quien puso por nombre Pedro; Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo, a los que llamó Boanerges (es decir, “Hijos del Trueno”); Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, y Santiago hijo de Alfeo; Tadeo, Simón el cananeo y Judas Iscariote, el que traicionó a Jesús."

Jesús llama a doce apóstoles. El Pueblo de Dios estaba formado por doce tribus. Jesús, eligiendo a doce apóstoles inicia el nuevo Pueblo de Dios. El pueblo, no sólo de Israel, sino de todo el mundo.
Hoy Jesús nos sigue llamando. Esta llamada está dirigida a todos los cristianos. No es una llamada exclusiva a sacerdotes y religiosos. Todo hombre es llamado a ser su discípulo. Lo que ocurre es que, en esta sociedad, hay tantas cosas que nos distraen, que no oímos su llamada.
Tenemos que fijarnos en este texto para saber a qué nos llama.
Primero dice que los eligió para acompañarle, para estar con Él. Jesús nos llama a vivir en su presencia, a caminar con Él.
Dice también que los llama para predicar la Buena Nueva, para anunciar su mensaje de amor. En estos tiempos se nos dice por todos los medios que la Fe es algo personal. Ciertamente aceptarla es algo personal; pero la Fe se vive en comunidad. Jesús nos llama a anunciar el Evangelio a todos. 
Y finalmente nos dice, que les dio el poder de expulsar los demonios. Jesús quiere que luchemos contra el mal, contra la injusticia. Quiere que ayudemos a los demás a "ver", a "caminar". Que los limpiemos de todo lo que les impide avanzar.
No lo olvidemos: Él nos llama. Pero hay que saber escuchar esa llamada. Para ello necesitamos momentos de silencio, meditación. Para ello debemos mirar la vida con los ojos de la Fe. 

jueves, 19 de enero de 2017

TODOS LE SEGUÍAN


"Jesús, seguido por mucha gente de Galilea, se fue con sus discípulos a la orilla del lago. Al oir hablar de las grandes cosas que hacía, acudieron también a verle muchos de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del lado oriental del Jordán y de la región de Tiro y Sidón. Por eso, Jesús encargó a sus discípulos que le tuvieran preparada una barca, para evitar que la multitud le apretujara. Porque había sanado a tantos, que todos los enfermos se echaban sobre él para tocarle.
Y cuando los espíritus impuros le veían, se ponían de rodillas delante de él y gritaban:
– ¡Tú eres el Hijo de Dios!
Pero Jesús les ordenaba con severidad que no hablaran de él públicamente."

Ayer veíamos que los "buenos" planeaban cómo eliminarlo. Hoy vemos cómo la "gente" lo seguía. Los exégetas nos dicen que la palabra griega que encontramos en Marcos para nombrar a la gente, "óchlos", designa a la gente humilde, sencilla, a los que precisamente los "buenos" despreciaban. El texto de hoy nos dice que, incluso los extranjeros, los paganos de Idumea y Tiro y Sidón, acudían a Él.
En Jesús encontramos dos cosas que debemos señalar:
. Jesús se mezclaba con la gente, se dejaba tocar, se mezclaba con el pueblo.
. Lo que atraía a toda esa gente eran sus "hechos". Jesús no era un "maestro" teórico, sino alguien que materializaba su doctrina en el amor, curando, desprendiendo bondad. De manera, que hasta los espíritus del mal lo reconocían.
Seguir a Jesús implica estas dos cosas: mezclarse con la gente y demostrar nuestro amor con hechos. Por desgracia utilizamos demasiadas palabras. Una Iglesia elitista aleja de Dios.  

miércoles, 18 de enero de 2017

EL BIEN POR ENCIMA DE TODO


"Jesús entró otra vez en la sinagoga. Había allí un hombre que tenía una mano tullida,  y espiaban a Jesús para ver si lo sanaría en sábado y tener así algo de qué acusarle. Jesús dijo al hombre de la mano tullida:
– Levántate y ponte ahí en medio.
Luego preguntó a los demás:
– ¿Qué está permitido hacer en sábado: el bien o el mal? ¿Salvar una vida o destruirla?
Ellos se quedaron callados. Jesús miró entonces con enojo a los que le rodeaban y, entristecido porque no querían entender, dijo a aquel hombre:
– Extiende la mano.
El hombre la extendió, y la mano le quedó sana. Pero los fariseos, en cuanto salieron, comenzaron junto con los del partido de Herodes a hacer planes para matar a Jesús."

Jesús vuelve a enfrentarse con los "buenos". No comprenden algo claro y meridiano: que hacer el bien está por encima de todo. 
Para los judíos el descanso del sábado era importantísimo. Estaba prohibido realizar muchas cosas. La pregunta de Jesús es clara: ¿qué está permitido hacer en sábado, el bien o el mal? La responde con la práctica. Llama a un hombre con la mano tullida, lo hace poner en el centro y lo cura.
Los "buenos", no solamente no entendieron la lección, sino que desde ese momento buscaron la manera de matarlo.
Cuando la religión deja de ser espiritualidad, unión con Dios, se convierte en algo nefasto, capaz de perseguir al que hace el bien y destruirlo.
Jesús nos enseña el camino. El amor, hacer el bien, está por encima de toda norma, mandato. Es más, es el único mandato. 

martes, 17 de enero de 2017

EL SÁBADO PARA EL HOMBRE


"Un sábado pasaba Jesús entre los sembrados, y sus discípulos, según iban, comenzaron a arrancar espigas. Los fariseos le preguntaron:
– Oye, ¿por qué hacen tus discípulos algo que no está permitido en sábado?
Él les dijo:
– ¿Nunca habéis leído lo que hizo David en una ocasión en que él y sus compañeros tuvieron necesidad y sintieron hambre? Siendo Abiatar sumo sacerdote, David entró en la casa de Dios y comió los panes consagrados, que solamente a los sacerdotes les estaba permitido comer. Además dio a los que iban con él.
Jesús añadió;
– El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado. Así que el Hijo del hombre tiene autoridad también sobre el sábado."

Lo peor que puede ocurrirnos es dar más importancia a las normas que al espíritu. Los fariseos estaban muy preocupados por el cumplimiento estricto de cada uno de los mandatos de la ley. Pero el amor está por encima de la ley. Las leyes están hechas para el hombre, no el revés. Si no, seríamos meros esclavos.
El poner las normas, los ritos, las obligaciones, por encima de todo, seca y mata la espiritualidad. Las normas y los ritos tienen como finalidad acercarnos a Dios. Y a Dios nos acercamos a través del los hombres. El servicio, el amor, la entrega, pasan por encima de todas las normas.
Y una lección del evangelio de hoy que no podemos obviar, es que no debemos juzgar la actuación de los demás. No conocemos sus circunstancias. De la misma manera que solemos ser benévolos con nosotros mismos, debemos serlo con los demás. No somos nadie para juzgar.

lunes, 16 de enero de 2017

REZAR SIN PALABRAS


A veces en nuestra oración nos sobran palabras. Pedimos, hablamos, reflexionamos...y nos olvidamos de escuchar. Olvidamos que el estar presente ya es oración. Como una pareja de enamorados que no se dicen nada, pero están bien el uno junto al otro. Como aquella anciana que pasaba tiempo en la iglesia, y cuando el sacerdote le preguntó qué rezaba, ella respondió: nada, yo le miro y el me mira.
Como nos dice la canción de Juan Luis Guerra: tan solo he venido a estar contigo.

VINO NUEVO, ODRES NUEVOS


"En una ocasión estaban ayunando los seguidores de Juan el Bautista y los de los fariseos. Algunas personas fueron a Jesús y le preguntaron:
– Los seguidores de Juan y los de los fariseos ayunan: ¿por qué no ayunan tus discípulos?
Jesús les contestó:
– ¿Acaso pueden ayunar los invitados a una boda mientras el novio está con ellos? Mientras está presente el novio, no pueden ayunar. Pero vendrá el momento en que se lleven al novio; entonces, cuando llegue ese día, ayunarán.
Nadie remienda un vestido viejo con un trozo de tela nueva, porque lo nuevo encoge y tira del vestido viejo, y el desgarrón se hace mayor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo hace que revienten los odres y que se pierdan tanto el vino como los odres. Por eso hay que echar el vino nuevo en odres nuevos."

Los fariseos se quejan de que los discípulos de Jesús no ayunan. Jesús les dice el por qué. Porque están con Él. 
Jesús les dice que llegan tiempos nuevos con costumbres nuevas. No se trata de eliminar el ayuno, sino de darle un nuevo sentido. Y ese ayuno lo encontramos ya anunciado en el profeta Isaías:
"El ayuno que yo quiero es este: abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos; partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que va desnudo y no cerrarte a tu propia carne."
Hoy siguen muriendo niños de hambre. Siguen muriendo de frío gente sin hogar. Se siguen ahogando en el mediterráneo gente que huye de la opresión y la miseria. ¿Creéis que los cristianos hemos entendido este evangelio?¿Recibimos ese vino nuevo de la Palabra y lo encerramos en odres nuevos, o, más bien, seguimos con los odres viejos del legalismo y de mirarnos el ombligo?
Si realmente estamos con Jesús, ya sabemos cuál debe ser nuestro ayuno.

DIOS DEL SILENCIO


A veces nos preguntamos dónde está Dios. Ante las desgracias e injusticias que suceden cada día, esperamos que Dios aparezca y lo solucione todo. Pero Dios no actúa así. Nos preguntamos por qué se hagan estas personas en el Mediterráneo, y no sabemos que es Él, el que se ahoga cada día. Nos preguntamos sobre la pobreza, el hambre, la miseria, y no sabemos ver que es Él el pobre, el hambriento, el hundido en la miseria.
Dios se nos presenta cada día, per no lo sabemos ver. Florentino Ulibarri nos habla de este Dios del silencio en este poema.

"No anuncias la hora de tu llegada
ni pregonas tu presencia
con trompetas, campanas o cañones.
Ya no nos convocas, como antaño,
con signos y prodigios, a ver tu gloria
y cantar tus alabanzas.
No quieres espectáculos.
Te pierdes por calles secundarias,
plazas públicas y mercados de barrio,
donde no hay pedestales ni estatuas.

Tú no eres un dios de aplausos, gritos y vítores.
Eres el Dios de la brisa y el silencio.
Tu llegas al corazón y susurras palabras de vida.
Y, en las encrucijadas, miras y miras.
Te quedas si te aceptamos
y permaneces fuera, esperando, si te rechazamos.
Eres la salvación, pero sólo te ofreces
a los que saben de silencios
y de encuentros en encrucijadas. ¡Tú no nos impones ni tu presencia!

Dios silencio.
Dios encuentro.

(Florentino Ulibarri)

domingo, 15 de enero de 2017

MEDITERRÁNEO



Queremos acoger. Nuestros hijos nos preguntarán por qué no actuamos, por qué miramos a otro lado.

SALVADOR DE TODOS


"Al día siguiente, Juan vio a Jesús que se acercaba a él, y dijo:
- ¡Mirad, ese es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo! A él me refería yo cuando dije: ‘Después de mí viene uno que es más importante que yo, porque existía antes que yo.’ Yo mismo no sabía quién era él, pero he venido bautizando con agua precisamente para que el pueblo de Israel le conozca.
Juan también declaró:
- He visto al Espíritu Santo bajar del cielo como una paloma, y reposar sobre él. Yo aún no sabía quién era él, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que el Espíritu baja y reposa, es el que bautiza con Espíritu Santo.’ Yo ya le he visto, y soy testigo de que es el Hijo de Dios."

Juan, en este texto nos da tres ideas clave.
El Bautista llama a Jesús cordero que quita el pecado del mundo. Lo presenta como una víctima que con su sangre salva al mundo. Sólo con esta idea, llegamos al error de considerar que Dios necesita sangre, la de su Hijo, para salvar al mundo. Dios es un Dios de amor, que envía a su Hijo a salvarnos, a hacerse uno de nosotros para así, hacernos hijos suyos. 
Jesús, además de con su muerte, nos salva bautizándonos con el Espíritu. El Espíritu Santo es el gran olvidado de nuestra espiritualidad. Pero Jesús, en la Última Cena lo promete a sus discípulos. Y la Iglesia, la Comunidad de todos los que siguen a Jesús, nace el día de Pentecostés, con la bajada del Espíritu sobre los apóstoles. La vida pública de Jesús empieza con el Espíritu en el Jordán. La Comunidad cristiana, la Iglesia, empieza con el Espíritu descendiendo sobre los discípulos. El Espíritu que debemos pedir y que debemos seguir si queremos ser verdaderamente cristianos.
Jesús viene a salvarnos a todos. No hay una élite. No existen unos elegidos. Todos somos sus elegidos y Jesús llama a la puerta de todos. A nosotros nos corresponde responder.