lunes, 27 de julio de 2026

GRANDEZA DE LO PEQUEÑO

  

Jesús les contó también esta parábola: “El reino de los cielos se puede comparar a una semilla de mostazal que un hombre siembra en su campo. Es sin duda la más pequeña de todas las semillas, pero cuando ha crecido es más grande que las otras plantas del huerto; llega a hacerse como un árbol entre cuyas ramas van a anidar los pájaros.”
También les contó esta parábola: “El reino de los cielos se puede comparar a la levadura que una mujer mezcla con tres medidas de harina para que toda la masa fermente.”
Jesús habló de todo esto a la gente por medio de parábolas, y sin parábolas no les hablaba, para que se cumpliera lo que había dicho el profeta:
“Hablaré por medio de parábolas;
diré cosas que han estado en secreto
desde la creación del mundo.”
(Mt 13,31-35)

Jesús nos pone como ejemplo del Reino dos cosas muy pequeñas, el grano de mostaza y la levadura. Dos cosas pequeñas pero llenas de vida, potentes. Nos está diciendo que, precisamente, nuestros actos pequeños tienen un gran potencial. Más que las cosas ostentosas. Es nuestro Amor de cada día, esas pequeñas cosas que hacemos por los demás, son las que acercan a todos al Reino.

"Hoy Jesús nos habla de la grandeza de lo pequeño. En nuestro mundo impera la productividad, los resultados, las cifras (cuanto más grandes mejor). Todo eso nada tiene que ver con las dos parábolas de hoy.
Porque, en definitiva, estas dos parábolas ponen por delante el valor infinito de los pequeños gestos, que es donde a veces se revela lo mejor de las personas. Estas parábolas me han hecho recordar cuando hace años hice el Camino de Santiago, esa peregrinación que hacen tantas personas y que lleva a lo que, según la tradición, es la tumba del apóstol Santiago. A lo largo del camino me encontré con numerosos albergues. La mayoría eran muy pobres. Apenas una casa no en muy buen estado, unos camastros y unos aseos sencillos para los caminantes. Estaban gestionados por diversas asociaciones de “Amigos del Camino de Santiago”, que con sus pocos medios hacían lo imposible por atender y cuidar a los peregrinos. Recuerdo especialmente uno de estos albergues, en la provincia de León, donde una chica nos recibió, nos acogió, nos organizó a los que íbamos llegando. Hizo que colaborásemos para preparar la cena, para ayudarnos unos a otros. Y al final nos sentó a todos a la mesa para una cena de familia. Había pocos medios pero un montón de calor humano, de acogida, de fraternidad. En definitiva, de Evangelio.
También recuerdo que en la última parte del camino los albergues pertenecían ya al gobierno de la zona. Eran unas instalaciones perfectas, modernas, limpias pero también asépticas y frías como congeladores.
Al final, el gesto de cercanía y acogida de aquella chica de la asociación de “Amigos del Camino” de Bilbao, tuvo mucho más valor que las instalaciones perfectas, y caras, organizadas por el gobierno para acoger a los peregrinos.
Pues lo mismo se aplica al Evangelio de hoy. Los pequeños gestos son capaces de provocar más cambios en las personas y en nuestro mundo que las grandes maquinarias. El Evangelio va de eso: de pequeños gestos de acogida, de mano tendida y fraterna, que se entrega sin pedir nada a cambio, a fondo perdido. Como el amor de Dios.
(Fernando Torres, cmf, Ciudad Redonda)

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