viernes, 13 de agosto de 2010

¡QUÉ BELLO ES SER JOVEN! (2)


No. El post de ayer no era una crítica a la juventud. Era la constatación de unos hechos y una señal de alarma para salvaguardar a una juventud que es el futuro. En todas las épocas, los que peinamos canas, tenemos la tendencia a decir de la juventud, las mismas o parecidas cosas que dijeron de nosotros cuando éramos jóvenes.

Y somos muy injustos si sólo vemos a los amigos del botellón. No saldrán en la prensa, pero son miles los que este verano han dedicado sus vacaciones a proyectos solidarios aquí y en el tercer mundo. Alguno, como la hija de un antiguo alumno mío, ha dejado la vida en ello. Son muchos, y tampoco salen en la prensa, los que durante el año dedican horas de su vida al voluntariado con ancianos, deficientes mentales, marginados inmigrantes...O haciendo de monitores en movimientos de escultismo, "esplai", deportes...

Y si visitáis los hospitales encontrareis auxilares de enfermería, enfermeras, celadores...cuya imagen dista mucho de ser la del joven del botellón, la borrachera y el porro de fin de semana.

Acepto la crítica de "mi chico" a los religiosos de la enseñanza. Hemos cometido muchos errores. Pero, en mi congregación y en alguna otra que conozco bien, porque tengo buenos amigos, se hace mucho...aunque al no ser lo tradicional, a algunos les parezca que no se hace nada. El problema está en que poco se puede hacer con unos niños que en su casa la única vez que han oído el nombre de Dios es en medio de una blasfemia. (Y no trato de eludir responsabilidades).

Y sigue la señal de alarma. Si no cuidamos a nuestros jóvenes. Si no hacemos que se sientan útiles y amados...son carne de cañón para la violencia y la marginalidad.

Pero...como Dios es gratuito...hay que mirar el futuro con esperanza.

jueves, 12 de agosto de 2010

¡QUÉ BELLO ES SER JOVEN!


No. No voy hablar de la película. Ni siquiera de aquel profesor que tuve en mi adolescencia y que entraba cada día en clase con esa cantinela, mientras nosotros lo maldecíamos por los bajines. Cada mañana, en el kiosko del hospital, compro la prensa para mi enfermo y, de paso, me la leo y hago el cricigrama. (Como los del PP se enteren que el catalán lo acabo cada día y el castellano no, me matan). Hoy he encontrado una noticia en portada y una frase en contraportada, aparentemente sin relación, pero, quizá cosa del calor, he unido en mi mente.

La noticia de portada decía: "Uno de cada cuatro jóvenes ni estudia ni trabaja". Eso supone un 25% de la juventud. También supongo que no estudian porque no están matriculados. O sea, que hay que añadir otro tanto por ciento (?), que aunque están matriculados, ni estudian ni trabajan. Me he acordado de lo que leí a Gonzalez Faus en su libro "Las (7) palabras de Gonzalez Faus", publicado por PPC en 1996. Cuando, como ahora, ETA parecía agonizante, apareció Jarrai y las Kaleborrokas reanimando el cotarro. Este resurgir, el bueno de José Ignacio, lo atribuía a "una juventud que ha cuajado acostumbrada a vivir con el deseempleo, la marginación, el miedo al futuro y la competitividad más despiadada (...) Una juventud que ha de aceptar que es imposible conseguir un trabajo fijo y que no puede marcharse de casa porque también es imposible conseguir una vivienda."

Doce años después siguen las cosas igual y empeoradas por una crisis. Yo añadiría a estas causas, "una juventud a la que se lo hemos dado todo y le hemos enseñado que sólo hay derechos y no deberes...". Pero esto suena muy mal. No importa luchar por la independencia de un país, el islam, o la supervivencia. Parte, (la hay muy sana), pero siempre será una parte demasiado grande, sólo encontrará como salida el terrorismo, la violencia, la delincuencia, la droga, la marginación...Poque les ofrecemos una sociedad sin valores. Una sociedad del tanto tienes tanto vales. Una sociedad de tonto el último. Una sociedad en la que queriendo matar a Dios, hemos matado al hombre.(Pero de eso ya hablaremos otro día).

La frase de la contraportada es el final de una entrevista a María Jesús Orbegozo: "El amor es la mayor fuerza de la vida, todo ser humano necesita significar algo para alguien, esa me parece una necesidad básica del ser humano, y la mayor parte de las maldades y perturbaciones surgen porque no se tiene esa seguridad."

Ya sé. Soy un ingénuo y creo que todo se arregla con amor...Pero, es que el amor no es algodón y color de rosa, sino lucha y compromiso. Amar comporta sacrificio y sufrimiento. Y, desgraciadamente, son dos palabras que nuestra sociedad se empeña en borrar de su diccionario...

miércoles, 11 de agosto de 2010

EL ANACORETA Y EL DALTONISMO


Un amigo del Anacoreta era daltónico. No distinguía bien los colores. Le explicaba, que tardó mucho tiempo en darse cuenta de su problema en la vista. Sus amigos se reían de sus camisas y jerseis y le decían que sus corbatas nunca combinaban. Fue en la autoescuela, al intentar obtener el permiso para conducir, cuando descubrió que no distinguía el rojo del verde.
Cuando el Anacoreta se quedó a solas con su joven seguidor, le dijo:
- En la vida espiritual corremos el riesgo de ser daltónicos. Algunos lo vemos todo blanco o negro. Lo vemos todo desde el fundamentalismo o desde la teoría del último teólogo. Convertimos la espiritualidad en una ideología. Lo vemos todo según nuestras conveniencias.
Pensó un instante y prosiguió:
- No es que seamos ciegos. Vemos. Pero no nos damos cuenta de que cambiamos los colores, de que no vemos los matices y no aceptamos que vemos mal.
Sonrió y concluyó:
- Si no es que la autoescuela nos demuestra que no vemos los colores...


martes, 10 de agosto de 2010

OBRAS SON AMORES


Cuando escribía el post de ayer, era consciente de que quedaban muchos cabos sueltos y que sería difícil interpretar con exactitud lo que quería decir. Distintos comentarios (el cariñoso tirón de orejas habitual de Gloria) y algún correo me lo han confirmado. Por eso el post de hoy lleva un título aparentemente contrario al de ayer. Pero sólo lo es aparentemente. Es un intento de perfilarlo, de explicarme mejor.(Eso espero).

Naturalmente que no hay cosa más horrible y más poco delicada, que decirle a una persona que está sufriendo una desgracia: "No te preocupes. Ten paciencia. Dios os quiere mucho...". Siempre recuerdo aquella anécdota de un cursillo de verano. Hacía mucho calor en la sala y las ventanas estaban abiertas. En la calle había un contenedor de la basura y junto a él, un pobre revolviendo entre la basura y curiosando, por qué no, lo que se decía en la sala. Pues el conferenciante dijo pomposamente: "Los pobres son el lugar teológico de la presencia del amor de Dios" o algo muy parecido. Lo que sí recuerdo claramente, es el ruído que hizo el pobre con la tapa del contenedor y la exclamación que penetró en la sala: "¡Coño!¡Encima cachondeo!

A lo que me refería con que el hombre vale porque Dios le ama, es a dos cosas. A que nosotros sólo valoramos al famoso, al que, por hacer muchas cosas sale en la prensa. Al que tiene mucho. Y por otro lado a la experiencia que he tenido de que mucha gente sencilla, gente que sufre, gente del tercer mundo, son conscientes de ese amor de Dios, no porque nosotros lo prediquemos, sino porque lo ven a pesar de todo. Y no como opio en su dolor, sino como fuerza para luchar.

También quería dejar claro que, los que nos creemos religiosos, tenemos tendencia a pensar que con nuestras obras ganamos méritos. "Nos ganamos el Cielo". Y esas obras no valen nada si no parten del amor. No era una invitación al quietismo, a no hacer nada; sino todo lo contrario. Aceptar ese amor de Dios, que sí, es gratuíto, para desde allí amar a los demás. Que es algo así como ser canales del Amor de Dios a los otros. Es así que pensaremos qué hemos de hacer para que este mundo deje de ser injusto. Amar actuando. De ahí el título de hoy: obras son amores. Pero tras nuestras obras, a veces, se esconde un profundo egoísmo.
¿El amor no engendra amor?¿ Es que acaso es amor todo lo que bautizamos con este nombre?

lunes, 9 de agosto de 2010

EL VALOR DE LA PERSONA


Tenemos tendecia a creer que el hombre vale por lo que hace. Y eso sólo es verdad en parte y en la vida espiritual, concretamente, es falso y nos conduce a equivocar el camino.

Una espiritualidad basada en las cantidades de rezos, en el número de sacramentos recibidos, en lo que hacemos y cumplimos, transforma todo eso en pura magia. La oración no es una fórmula mágica para conseguir favores. La oración es la unión con Dios. Curiosamente, gente que no reza nunca, se apunta a esas cadenas de correos en las que enviando una oración a no sé cuántas personas, obtienes lo que deseas. Los sacramentos no son ritos mágicos, sino celebraciones. Celebramos el perdón, la unión con Jesús y los demás, la plenitud del Espíritu...

No valemos por lo que hacemos, sino porque Dios nos ama. Claro, que no basta con decirlo y no hacer nada. El secreto está en vivir ese amor de Dios. Él será el que nos impulsará a la acción. Nuestras oraciones, nuestros actos hacia los demás, ya no serán para "ganar méritos", "para obtener el Cielo". Ya estamos salvados porque Dios nos ama. Con nuestras oraciones correspondemos a ese amor. Entonces comprendemos, que en este mundo tenemos que amar a Dios através del otro, porque es a través de sus personas que Dios se nos muestra. Ese Dios que crucificamos cada día, cuando somos injustos con el otro. Esta sociedad que cree normal, que para mantener el nivel de vida una parte de ella, ha de reducir al hambre y a la necesidad al resto del mundo.

Valemos porque Dios nos ama. Y sólo amando a todos los seres podemos corresponder a este amor...

domingo, 8 de agosto de 2010

NO TENGÁIS MIEDO


"Dijo Jesús a sus discípulos:
- No temas, pequeño rebaño; porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el Reino. Vended vuestros biens, y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón. Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan que su señor regrese de la boda, para abrirle, apenas llegue y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentra en vela: os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y si llega entrada la noche o de madrugada, y los encuentra así, dichosos ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros estad preparados, porque a la hora que menos penséis, viene el Hijo del Hombre.
Pedro le preguntó:
- Señor, ¿has dicho esta parábola por nosotros o por todos?
El Señor respondió:
- ¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta su ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo al llegar lo encuentra portándose así. Os aseguro que le pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: Mi amo tarda en llegar, y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse; llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra, recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá."


Parece que está de moda hablar del fin de los tiempos. Sectas, Nostradamus, supuestas apariciones, se encargan de decirnos que el fin del mundo está a la vuelta de la esquina. Jesús nos dice claramente que nadie sabe ni el día ni la hora, y, que si estamos despiertos no importan ni ese día ni esa hora. Y además nos dice " No tengáis miedo".
Los primeros en dar este consejo fueron los ángeles a los pastores, al anunciarles el nacimiento de Jesús. Pero más importante que este hecho, que no deja de ser simbólico más que histórico, es lo siguiente: Jesús, tras su resurrección, siempre dice a los que se encuentran con Él: No tengáis miedo.
Encontrarse con Él nunca ha de ser causa de miedo. Por eso el fin del mundo, o la muerte, que es nuestro fin del mundo particular, no deben ser causa de miedo, sino todo lo contarrio: son el encuentro con Él.
Él nos pide que estemos preparados. Y nos explica lo que es esa preparación. No habla de mandamientos, de cánones, de leyes...Habla de tener la lámpara encendida, símbolo de la Fe, de creer en Él. Y nos explica cómo se concreta esta Fe: compartiendolo todo con los demás, tratando con amor y justícia a los demás...Es decir, viviendo en su presencia, que es la forma de verlo y amarlo en todo y en todos. Eso es tener la lámpara encendida. Eso es esperar la venida del Señor.
Y si no lo hacemos así, los que sabemos estas cosas y no las realizamos somos mucho más culpables, que el que se comporta mal sin saberlo.
No temáis...Desde nuestro despertar por la mañana, hasta el momento en que cerramos nuestros párpados por la noche, esa debería de ser la frase gravada en nuestra mente: no temáis...porque Él nos ama...

domingo, 1 de agosto de 2010

SABER ACUMULAR...


"En aquel tiempo, dijo uno del pueblo a Jesús:
- Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.
Él le contestó:
- Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?
Y dijo a la gente:
- Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.
Y les propuso una parábola:
- Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y se dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años: túmbate, come, beb y date buena vida. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado ¿de quién será?.
Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios."


Interpretar este texto en clave de acumular riquezas, es quedarnos a medio camino. Aquí Jesús, no sólo habla de dinero, sino de todo tipo de acumulación: poder, honores, conocimientos...todo aquello que supone una forma determinada de vivir: vivir solamente para sí.
Podemos estar utilizando nuestra vida solamente para acumular y acumular para sí. Vivimos buscando seguridades sin pensar en los otros. Un día, nos pararemos a pensar y tendremos el sentimiento de haber desperdiciado la vida: "¿Qué he hecho de ella?".¿Para qué me ha servido todo lo que he luchado, si lo he de abandonar?"
La verdadera vida es buscar tener para compartir. Tener, no como "tesoro", sino como "don".
Imaginemos dos compañeros de seminario. Uno pasa la vida luchando para escalar puestos. Quizá ya es cardenal. O un gran teológo de una facultad de prestigio. El otro ha dedicado su vida a sus feligreses. Siempre pidió una parroquia obrera. Quizá ha trabajado siempre con drogadictos y marginados o un día marchó a misiones. ¿Quién creéis que ha sabido acumular mejor en su vida?