miércoles, 1 de febrero de 2012

EL ANACORETA Y LA COMUNIDAD HUMANA


El Anacoreta se levantó y desconectó la televisión. Luego, volviendo a sentarse, dijo a su joven seguidor:
- ¿Te has fijado la cantidad de grupos en los que nos dividimos los humanos? Tenemos un sentido de la comunidad muy restringido. Sólo consideramos comunidad a los "nuestros". Los que piensan como nosotros...Los demás son los "otros". Y nos esforzamos por resaltar nuestras diferencias...
El joven seguidor escuchaba atentamente y preguntó:
- Pero, ¿acaso la comunidad, el grupo no es lo que nos da fuerzas?
Sonrió el anciano y, tras unos momentos de reflexión, respondió:
- Tenemos un punto de vista equivocado. Establecemos las comunidades fijándonos en las diferencias, separándonos de los demás, marchando a la periferia. Deberíamos fijarnos en lo que nos une, marchar hacia el centro, buscar la comunidad humana. Pasamos la vida queriendo ser diferentes, originales y olvidamos lo más importante: que somos Hombres. Thomas Merton exclamó un día: "¡Gracias a Dios!¡Gracias a Dios porque tan solo soy un hombre como los demás!...Ser miembro de la raza humana es un destino realmente glorioso"
Luego, mirando fíjamente a su joven seguidor, concluyó:
- ¿No crees que si nos sintiéramos comunidad humana desaparecerían muchos de los problemas que tenemos? 

martes, 31 de enero de 2012

EL ANACORETA Y LOS DOS AMORES...


El Anacoreta y su joven seguidor se paseaban por la montaña. En un recodo del camino se abrió ante ellos la vista impresionante de un valle hermosísimo. El joven seguidor exclamó:
- ¡Qué maravilla de paisaje! Al contemplarlo parece que el tiempo se detiene...
El Anacoreta se sentó sobre una roca y dijo:
- Eso es amor. Cuando amamos el tiempo se detiene, no existe. Entramos en la eternidad...
Luego, sonriendo al joven, añadió:
- El amor a la naturaleza y el amor al prójimo se complementan. Ambos, si son auténticos se basan en la renuncia a la voluntad de dominio.
Se detuvo un instante antes de concluir:
- El querer dominar la naturaleza nos conduce a su destrucción. El querer dominar al otro nos lleva a la manipulación. Sólo el amor hace que admiremos a la naturaleza y respetemos y hagamos crecer al otro. Simone Weil escribió, que no puede haber contemplación del mundo si no hay amor. La belleza del mundo es el orden del mundo desde el amor...
Y se quedaron un buen rato contemplando aquel paisaje...   

lunes, 30 de enero de 2012

CONSTATACIÓN


"No hay flor que se abra, ni semilla que caiga al suelo, ni una espiga de trigo que se doble al viento por el extremo de su tallo, que no predique y proclame al mundo entero la grandeza y la misericordia de Dios.
No hay un acto de bondad o de generosidad, ni un acto de sacrificio hecho o una palabra de paz y dulzura pronunciada, ni una oración de niño rezada, que no cante himnos a Dios."
(La montaña de los siete círculos, Thomas Merton)

domingo, 29 de enero de 2012

HABLAR CON AUTORIDAD


"Llegaron a Cafarnaún, y el sábado entró Jesús en la sinagoga y comenzó a enseñar. La gente se admiraba de cómo les enseñaba, porque lo hacía con plena autoridad y no como los maestros de la ley. En la sinagoga del pueblo, un hombre que tenía un espíritu impuro gritó:
– ¿Por qué te metes con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo te conozco. ¡Sé que eres, el Santo de Dios!
Jesús reprendió a aquel espíritu, diciéndole:
– ¡Cállate y sal de este hombre!
El espíritu impuro sacudió con violencia al hombre, y gritando con gran fuerza salió de él. Todos se asustaron y se preguntaban unos a otros:
– ¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva y con plena autoridad! ¡Hasta a los espíritus impuros da órdenes, y le obedecen!
Muy pronto, la fama de Jesús se extendió por toda la región de Galilea."

La gente se admiraba porque hablaba con autoridad, no como los maestros de la ley. Esos hablaban con poder. Hoy, si Jesús viniese a este mundo, diríamos que habla con autoridad, no como los curas...¿Dónde estaba la diferencia? Jesús hablaba de hechos, no de teorías. Predicaba con el ejemplo, diríamos hoy. Los maestros de la ley y la mayoría de los que hablamos o escribimos hoy día, queremos dar lecciones, repetimos lo "correcto", hablamos de doctrinas. Jesús hablaba de salvación, de liberación, de justicia, de salud..., y lo ponía en práctica.
El endemoniado representa a todos los que "oficialmente" rechazamos y condenamos. Curiosamente era el único en aquella sinagoga, que sabía quién era Jesús. Y Jesús, en vez de condenarlo, lo libera. Le quita el mal que habita en él.
Hoy nos sobran palabras, condenas y nos faltan hechos. Los cristianos haríamos bien en hablar menos y hacer más. Escribir menos tratados sobre el amor y amar más. En vez de preocuparnos por enseñar, hacer adeptos y corregir errores, deberíamos liberar, sanar, ayudar...a los demás.

viernes, 27 de enero de 2012

EGOÍSMO DECENTE


Leía esta mañana en una meditación de Pagola, que Karl Rahner escribió que se puede vivir decentemente siendo un egoísta.
Todos vemos con claridad al egoísta "indecente". La persona que, para su provecho, pasa por encima de todo y de todos, y cree que todo le está permitido si puede sacar de ello un beneficio.
Pero existe en nuestra sociedad un tipo de egoísmo solapado, oculto, difícil de percibir, que nos va invadiendo poco a poco.
En ese egoísmo partimos de que no hacemos daño a nadie. Amuncian una maratón o una campaña solidaria y somos capaces de contribuir con nuestro dinero. Firmamos cartas de protesta contra las injustícias a los inmigrantes, la violencia de género, el derroche energético, la falta de libertades...Incluso puede que dediquemos una tarde a la semana a hacer un voluntariado. Pero todo esto no cambia absoltamente nada en nuestra vida. Seguimos malgastando energía. Gastamos dinero en caprichos inútiles. Nos molesta que pongan una mezquita en nuestro barrio o que vengan a vivir unos subsaharianos en un piso de la escalera de nuestra casa. Con este egoísmo decente, lo único que hemos hecho, es acallar nuestra conciencia con una serie de actos puntuales, pero seguimos pensando tan sólo en nosotros mismos y en nuestro provecho. Seguimos paseando por nuestras calles sin mirar a los que piden, murmurando qué hacen estos "moros" y "negros" aquí. Hasta lo comentaremos en la sala de espera del ambulatorio con nuestro vecino, culpándoles de los problemas de la sanidad pública...
Mientras la solidaridad, el Amor, no llenen toda nuestra  vida, no la cambien, aunque sea poco a poco, seguiremos siendo unos egoístas. Eso sí, muy decentes...  

jueves, 26 de enero de 2012

EL ANACORETA Y LA TAZA LLENA...


Desayunaban. El joven seguidor se estaba sirviendo la leche, pero algo le distrajo, no se dio cuenta de que la taza ya estaba llena y la leche empezó a rebosar...Le advirtió el Anacoreta a la vez que le dijo riendo:
- Me haces recordar un cuento Zen. Es la historia de un profesor universitario, que fue a visitar a un maestro Zen, para aprender sobre ello. Nan-in, que es como se llamaba el maestro, lo recibió y le invitó a tomar té. Llenó la taza de su visitante, pero siguió vertiendo té en la taza. Al observar el profesor cómo el líquido se derramaba exclamó: "¡La taza rebosa, no cabe ni una gota más! El maestro Zen le dijo entonces: "A semejanza de esta taza, usted está lleno de sus opiniones y especulaciones. ¿Cómo voy a enseñarle Zen si antes no vacía su taza?
El Anacoreta sonrió pícaramente y explicó a su joven seguidor:
- En nuestra formación espiritual cometemos a menudo este error. Creemos que se trata de llenarnos de ideas y de conocimientos. Leemos, hacemos cursos, nos gastamos nuestros ahorros en masters...y no queda espacio para Dios...
Miró alegremente a su seguidor y concluyó:
- Si queremos avanzar en nuestra vida espiritual, lo primero que hemos de hace es vaciarnos. Así, ayudados por la meditación, el apoyo de la comunidad y nuestro amor activo a los demás, Dios irá penetrando poco a poco en nuestro interior...