lunes, 6 de febrero de 2017

EL ANACORETA Y LA SOLEDAD COMPARTIDA


El joven seguidor escribió en su blog: "He leído que las secuoyas son los árboles más altos de la tierra. Esa gran altura se basa en raíces muy profundas. Pero, además, esas raíces se entrelazan con las de los árboles vecinos, de forma que se sostienen los unos a los otros. Así deberíamos ser nosotros.
El Anacoreta le hizo el siguiente comentario: "Esto quiere decir que ya estás preparado par ir solo por la vida. Sabes que tu soledad, si tus raíces espirituales han crecido, es compartida. Te sustentas en las raíces de los demás. En realidad, nunca estás solo." 

domingo, 5 de febrero de 2017

LUZ Y SAL DEL MUNDO


 "Vosotros sois la sal de este mundo. Pero si la sal deja de ser salada, ¿cómo seguirá salando? Ya no sirve para nada, así que se la arroja a la calle y la gente la pisotea.
Vosotros sois la luz de este mundo. Una ciudad situada en lo alto de un monte no puede ocultarse; y una lámpara no se enciende para taparla con alguna vasija,sino que se la pone en alto para que alumbre a todos los que están en la casa. Del mismo modo, procurad que vuestra luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que hacéis, alaben todos a vuestro Padre que está en el cielo."

La sal da sabor a los alimentos, y, en tiempos de Jesús, la salazón era uno de los pocos sistemas de conservación de los mismos.
La luz hace que veamos, permite la vida.
Jesús quiere que seamos sal y luz. ¿Qué es lo que nos pide?. En la primera lectura, Isaías nos lo dice con claridad:
"...partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que va desnudo y no cerrarte a tu propia carne. Entonces romperá tu luz como la aurora..."
Este es verdadero apostolado, esta es la verdadera luz que hará que todos alaben al Padre. No son las palabras, ni los dogmas, ni las ceremonias. Son las obras en favor del prójimo más desfavorecido las que harán que acerquemos a los hombres a Dios.
No se trata de hacer propaganda de nuestras "buenas obras". Se trata de hacer de nuestra vida un acto de entrega, una lucha constante por la justicia, un amor real a todos. 



sábado, 4 de febrero de 2017

OVEJAS SIN PASTOR


"Después de esto, los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Jesús les dijo:
– Venid, vosotros solos, a descansar un poco a un lugar apartado.
Porque iba y venía tanta gente que ellos ni siquiera tenían tiempo para comer. Así que Jesús y sus apóstoles se fueron en una barca a un lugar apartado. Pero muchos los vieron ir y los reconocieron; entonces, de todos los pueblos, corrieron allá y se les adelantaron. Al bajar Jesús de la barca vio la multitud, y sintió compasión de ellos porque estaban como ovejas que no tienen pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas."

Jesús quiere que sus discípulos descansen; pero la gente los sigue y Jesús siente compasión. Los ve como ovejas sin pastor y empieza a enseñarles.
Ciertamente el discípulo necesita descansar. Necesita momentos de soledad para reponer fuerzas, para cargar las pilas. Pero para Jesús las necesidades de la gente pasan por delante.
Hoy también las personas están como ovejas sin pastor. Nuestra misión pasa por encima de nuestras necesidades personales. Ciertamente necesitamos descanso y momentos de soledad; pero hemos de vigilar para que esto no sea una excusa para abandonar a la gente, para huir de nuestras obligaciones apostólicas. 

viernes, 3 de febrero de 2017

MALA CONCIENCIA


 "El rey Herodes oyó hablar de Jesús, porque su fama había corrido por todas partes, y algunos decían: “Juan el Bautista ha resucitado, y por eso tiene este poder milagroso.”
Otros decían: “Es el profeta Elías.”
Y otros: “Es un profeta como los antiguos profetas.”
Pero Herodes decía al oir estas cosas:
– Ese es Juan. Yo mandé cortarle la cabeza, pero ha resucitado.
Es que Herodes, por causa de Herodías, había mandado apresar a Juan y le había hecho encadenar en la cárcel. Herodías era esposa de Felipe, hermano de Herodes, pero Herodes se había casado con ella. Y Juan le había dicho a Herodes: “No puedes tener por tuya a la mujer de tu hermano.”
Herodías odiaba a Juan y quería matarlo; pero no podía, porque Herodes le temía y le protegía sabiendo que era un hombre justo y santo; y aun cuando al oirle se quedaba perplejo, le escuchaba de buena gana. Pero Herodías vio llegar su oportunidad cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus jefes y comandantes y a las personas importantes de Galilea. La hija de Herodías entró en el lugar del banquete y bailó, y tanto gustó el baile a Herodes y a los que estaban cenando con él, que el rey dijo a la muchacha:
– Pídeme lo que quieras y yo te lo daré.
Y le juró una y otra vez que le daría cualquier cosa que pidiera, aunque fuese la mitad del país que él gobernaba. Ella salió y preguntó a su madre:
¿Qué puedo pedir?
Le contestó:
– Pide la cabeza de Juan el Bautista.
La muchacha entró de prisa donde estaba el rey y le dijo:
– Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista.
El rey se disgustó mucho, pero como había hecho un juramento en presencia de sus invitados, no quiso negarle lo que pedía. Así que envió en seguida a un soldado con la orden de traerle la cabeza de Juan. Fue el soldado a la cárcel, le cortó la cabeza a Juan y la puso en una bandeja. Se la dio a la muchacha y ella se la entregó a su madre.
Cuando los seguidores de Juan lo supieron, tomaron el cuerpo y lo pusieron en una tumba."

Juan había preparado el camino a Jesús. Había anunciado su llegada. Todos conocemos su final. Su cabeza acabó en una bandeja por el odio de Herodías y la cobardía de Herodes. Este no tenía la conciencia tranquila. Por eso, cuando aparece Jesús y todos se preguntan quién es, él cree que Juan ha regresado.
El poder elimina al que le molesta, al que le cuestiona. Occidente está eliminando al pobre, al diferente. No le cortamos la cabeza, pero lo amontonamos en un campo de refugiados. O miramos hacia otro lado cuando, con la excusa de eliminar el terrorismo, se le bombardea y se le mata.
Cada vez que aparece un cadáver en nuestras playas, nuestra conciencia debería decirnos que es Jesús crucificado que vuelve. Si nuestra religión no remueve nuestra vida, no nos cambia totalmente, es una simple ideología, teorías, pero no es VIDA. 


jueves, 2 de febrero de 2017

EL VÍDEO DEL PAPA - MES DE FEBRERO


Acoger a los necesitados

PRESENTACIÓN DEL SEÑOR


"Cuando se cumplieron los días en que ellos debían purificarse según manda la ley de Moisés, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor. Lo hicieron así porque en la ley del Señor está escrito: Todo primer hijo varón será consagrado al Señor. Fueron, pues, a ofrecer en sacrificio lo que manda la ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones.
En aquel tiempo vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón. Era un hombre justo, que adoraba a Dios y esperaba la restauración de Israel. El Espíritu Santo estaba con él  y le había hecho saber que no moriría sin ver antes al Mesías, a quien el Señor había de enviar. Guiado por el Espíritu Santo, Simeón fue al templo. Y cuando los padres del niño Jesús entraban para cumplir con lo dispuesto por la ley, Simeón lo tomó en brazos, y alabó a Dios diciendo:
Ahora, Señor, tu promesa está cumplida:
ya puedes dejar que tu siervo muera en paz .
Porque he visto la salvación
que has comenzado a realizar
ante los ojos de todas las naciones,
la luz que alumbrará a los paganos
y que será la honra de tu pueblo Israel.
El padre y la madre de Jesús estaban admirados de lo que Simeón decía acerca del niño. Simeón les dio su bendición, y dijo a María, la madre de Jesús:
– Mira, este niño está destinado a hacer que muchos en Israel caigan y muchos se levanten. Será un signo de contradicción  que pondrá al descubierto las intenciones de muchos corazones. Pero todo esto va a ser para ti como una espada que te atraviese el alma.
También estaba allí una profetisa llamada Ana, hija de Penuel, de la tribu de Aser. Era muy anciana. Se había casado siendo muy joven y vivió con su marido siete años; pero hacía ya ochenta y cuatro que había quedado viuda. Nunca salía del templo, sino que servía día y noche al Señor, con ayunos y oraciones. Ana se presentó en aquel mismo momento, y comenzó a dar gracias a Dios y a hablar del niño Jesús a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén.
Cuando ya habían cumplido con todo lo que dispone la ley del Señor, regresaron a Galilea, a su pueblo de Nazaret. Y el niño crecía y se hacía más fuerte y más sabio, y gozaba del favor de Dios."

Hoy es la festividad de la Presentación del Señor en el Templo y la Purificación de María. En aquellos tiempos el hijo primogénito debía entregarse al Templo y se recuperaba con un sacrificio. La familia de Jesús era humilde y su sacrificio también. También se consideraba que tras el parto la mujer quedaba impura.
En esta presencia de la Sagrada Familia en el Templo, se encuentran con dos personajes: Simeón y Ana. El anciano esperaba la llegada del Mesías y lo reconoce en Jesús. Ya puede morir. Nosotros también buscamos a Jesús. ¿Nuestra alegría es grande como la de Simeón al encontrar a Jesús?
Lo mismo le ocurre a la anciana Ana. No se queda la alegría para ella y habla de Jesús a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén.
Tras este día empieza lo que se ha llamado la vida oculta de Jesús. Un niño que crece en Nazaret haciéndose cada día más fuerte y más consciente de su misión, hasta que tras el bautismo de Juan en el Jordán, empiece su vida pública.
Jesús fue presentado en el Templo. Hoy se nos presenta en nuestras familias. Que realmente sepamos recibirlo.

miércoles, 1 de febrero de 2017

ADMIRAR NO ES CREER


"Jesús se fue de allí a su propia tierra, y sus discípulos le acompañaron. Cuando llegó el sábado comenzó a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oir a Jesús, se preguntaba admirada:
– ¿Dónde ha aprendido este tantas cosas? ¿De dónde ha sacado esa sabiduría y los milagros que hace? ¿No es este el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no viven sus hermanas también aquí, entre nosotros?
Y no quisieron hacerle caso. Por eso, Jesús les dijo:
– En todas partes se honra a un profeta, menos en su propia tierra, entre sus parientes y en su propia casa.
No pudo hacer allí ningún milagro, aparte de sanar a unos pocos enfermos poniendo las manos sobre ellos. Y estaba asombrado porque aquella gente no creía en él.
Jesús recorría las aldeas cercanas, enseñando."

Los conciudadanos de Jesús quedaron admirados de sus palabras y de sus milagros, pero no creyeron en Él. Ayer vimos la Fe de Jairo y de la hemorroísa. Hoy, en su pueblo, no puede realizar ningún milagro, porque no creen en Él.
Podemos sacar dos enseñanzas:
  • Nos cuesta creer en las personas más cercanas. Y eso ocurre porque tenemos tendencia a ver sus defectos, incluso agrandarlos, y no vemos sus cualidades. Creemos conocerlos tan bien, que nos sorprende que triunfen y lo atribuimos a la suerte, o simplemente a que hacen trampa.
  • Si no tenemos Fe, Jesús no puede actuar en nosotros. No se trata de recitar muchas oraciones, ni asistir a muchas ceremonias. Se trata de "vivir" la Fe. de permanecer en su presencia. De saber mirar más allá de los hechos y de las personas para encontrarlo a Él.