lunes, 5 de junio de 2017
LA VIÑA DEL PADRE
"Jesús comenzó a hablarles por medio de parábolas. Les dijo:
- Un hombre plantó una viña,a
le puso una cerca, construyó un lagar y levantó una torre para
vigilarlo todo. Luego la arrendó a unos labradores y se fue de viaje.
A su debido tiempo mandó un criado a pedir a los labradores la parte de cosecha que le correspondía.
Pero ellos le echaron mano, le golpearon y lo enviaron con las manos vacías.
Entonces el dueño mandó otro criado, pero a este lo hirieron en la cabeza y lo insultaron.
Mandó otro, y a este lo mataron. Después mandó otros muchos, pero a unos los golpearon y a otros los mataron.
Todavía le quedaba uno: su propio hijo, a quien quería mucho. A él lo mandó el último, pensando: Sin duda, respetarán a mi hijo.
Pero los labradores se dijeron unos a otros: Este es el heredero; matémoslo y la viña será nuestra.
Así que lo cogieron, lo mataron y arrojaron su cuerpo fuera de la viña.
¿Qué hará el dueño de la viña? Pues irá, matará a aquellos labradores y dará la viña a otros.
¿No habéis leído lo que dicen las Escrituras?:
La piedra que despreciaron los constructores
es ahora la piedra principal.
Esto lo ha hecho el Señor
y nosotros estamos maravillados.
Quisieron entonces apresar a Jesús, porque
sabían que la parábola iba contra ellos. Pero como tenían miedo de la
gente, le dejaron y se fueron."
Con esta parábola, Jesús anunciaba claramente lo que iba a suceder. Dios había plantado la viña de su pueblo con gran amor. Pero este le había dado la espalda. Maltrató a los profetas que fue enviando. Y acabó enviando a su propio Hijo, al que también habían de matar. Los doctores de la ley, sacerdotes y fariseos entendieron claramente que Jesús se estaba refiriendo a ellos, cuando hablaba de los arrendadores que se querían hacerse dueños de la viña.
Pero cometeremos un error si nos quedamos en esta interpretación y no la aplicamos a nuestros días. Porque, hoy, como ayer, corremos el riesgo de creernos los amos de la viña, de posesionarnos de su Palabra y creer que sólo nosotros tenemos la verdad. De matar a los profetas, incluso de "matar" al Hijo, olvidando su evangelio. La viña es de Dios, no nuestra. Ayer, domingo de Pentecostés, reflexionábamos sobre la importancia del Espíritu en nuestras vidas. Es a Él a quien debemos escuchar. Es Él quien debe guiarnos. Es Él quien hará que la viña dé fruto abundante. Los frutos del Padre. No nuestros frutos egoístas.
domingo, 4 de junio de 2017
ESPÍRITU DE AMOR Y VIDA
"Al llegar la noche de aquel mismo día, primero de la semana, los discípulos estaban reunidos y tenían las puertas cerradas por miedo a los judíos. Jesús entró y, poniéndose en medio de los discípulos, los saludó diciendo:
– ¡Paz a vosotros!
Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y ellos se alegraron de ver al Señor.
Luego Jesús dijo de nuevo:
– ¡Paz a vosotros! Como el Padre me envió a mí, también yo os envío a vosotros.
Dicho esto, sopló sobre ellos y añadió:
– Recibid el Espíritu Santo.
A quienes perdonéis los pecados, les quedarán perdonados; y a quienes no se los perdonéis, les quedarán sin perdonar."
La liturgia de hoy nos presenta dos narraciones de Pentecostés. La primera, de los Hechos de los Apóstoles, con la bajada del Espíritu en forma de lenguas de fuego, es la que ha generado la iconografía habitual.
El evangelio de Juan, nos muestra a los apóstoles reunidos, llenos de miedo. Aquí es el mismo Jesús el que se les aparece y les da tres cosas:
. La paz. Si en nuestra vida espiritual no hay paz, es que estamos lejos de Jesús. Los apóstoles pierden inmediatamente el miedo y se alegran.
. Una misión. Los envía. La palabra misionero significa enviado. Al igual que Él ha sido la Palabra del Padre, quiere que nosotros seamos su Palabra. Una religión que nos encierra en nosotros mismos, no es la de Jesús.
. El Espíritu Santo. Se lo había prometido en la Última Cena. Jesús nos da su Espíritu. Y nosotros debemos dejarnos mover por ese Espíritu. Si actuamos al margen de Él, por fantásticas que nos parezcan las cosas que hacemos, no funcionaran. Un Espíritu que es Amor y es Vida. Las dos imágenes del Espíritu, a parte de la paloma, son el fuego y el agua. El fuego del Amor y el agua imprescindible para que exista la Vida.
Si a nuestro alrededor no aumenta el Amor y se produce la Vida, por horas que pasemos rezando, por mil ceremonias que realizamos, el Espíritu está lejos de nosotros. Y sin Él no podemos funcionar.
El evangelio de Juan, nos muestra a los apóstoles reunidos, llenos de miedo. Aquí es el mismo Jesús el que se les aparece y les da tres cosas:
. La paz. Si en nuestra vida espiritual no hay paz, es que estamos lejos de Jesús. Los apóstoles pierden inmediatamente el miedo y se alegran.
. Una misión. Los envía. La palabra misionero significa enviado. Al igual que Él ha sido la Palabra del Padre, quiere que nosotros seamos su Palabra. Una religión que nos encierra en nosotros mismos, no es la de Jesús.
. El Espíritu Santo. Se lo había prometido en la Última Cena. Jesús nos da su Espíritu. Y nosotros debemos dejarnos mover por ese Espíritu. Si actuamos al margen de Él, por fantásticas que nos parezcan las cosas que hacemos, no funcionaran. Un Espíritu que es Amor y es Vida. Las dos imágenes del Espíritu, a parte de la paloma, son el fuego y el agua. El fuego del Amor y el agua imprescindible para que exista la Vida.
Si a nuestro alrededor no aumenta el Amor y se produce la Vida, por horas que pasemos rezando, por mil ceremonias que realizamos, el Espíritu está lejos de nosotros. Y sin Él no podemos funcionar.
sábado, 3 de junio de 2017
SOMOS ÚNICOS PARA DIOS
"Pedro se volvió y vio que detrás
de él venía el discípulo a quien Jesús quería mucho, el mismo que en la
cena había estado junto a él y le había preguntado: “Señor, ¿quién es el
que va a traicionarte?”
Cuando Pedro le vio, preguntó a Jesús:
– Señor, ¿y qué hay de este?
Jesús le contestó:
– Si yo quiero que permanezca hasta mi regreso, ¿qué te importa a ti? Tú sígueme.
Por esto corrió entre los hermanos el rumor de
que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho que no
moriría, sino: “Si yo quiero que permanezca hasta mi regreso, ¿qué te importa a ti?”
Este es el mismo discípulo que da testimonio de estas cosas y lo ha escrito. Y sabemos que dice la verdad.
Jesús hizo otras muchas cosas. Tantas que, si
se escribieran una por una, creo que en todo el mundo no cabrían los
libros que podrían escribirse."
Pedro acaba de dar por tres veces su "sí, tu sabes que te amo" por tres veces. Sabe que hay otro discípulo a quien Jesús ama de una manera especial. Por eso le pregunta por su futuro. No entraremos en las discusiones de los exégetas sobre si ese discípulo es Juan u otro que nos pertenecía a los doce. Lo que a nosotros nos importa, es darnos cuenta de que Jesús tiene un plan para cada uno de sus seguidores. El que "todos sean uno", que leíamos el otro día, no significa que todos sean idénticos. Unidad no es uniformidad. Cada uno de nosotros tenemos nuestro camino de seguimiento a Jesús, que debemos seguir unidos a nuestros hermanos en el Amor. Y Jesús nos ama a cada uno de nosotros de una manera especial.
La lección de hoy, es que debemos seguir a Jesús desde nuestra personalidad. Lo importante es estar atentos en nuestro interior y en los acontecimientos, para descubrir qué es lo que quiere Jesús de nosotros.
viernes, 2 de junio de 2017
APACIENTA MIS OVEJAS
"Cuando ya habían comido, Jesús preguntó a Simón Pedro:
– Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?
Pedro le contestó:
– Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
Jesús le dijo:
– Apacienta mis corderos.
Volvió a preguntarle:
– Simón, hijo de Juan, ¿me amas?
Pedro le contestó:
– Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
Jesús le dijo:
– Apacienta mis ovejas.
Por tercera vez le preguntó:
– Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?
Pedro, entristecido porque Jesús le preguntaba por tercera vez si le quería, le contestó:
– Señor, tú lo sabes todo: tú sabes que te quiero.
Jesús le dijo:
– Apacienta mis ovejas.
Te aseguro que cuando eras más joven te
vestías para ir a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás los
brazos y otro te vestirá y te llevará a donde no quieras ir.
Al decir esto, Jesús estaba dando a entender de qué manera Pedro había de morir, y cómo iba a glorificar a Dios con su muerte. Después le dijo:
– ¡Sígueme!"
Lo que Jesús dice a Pedro, se lo dice a todos los que quieren apacentar sus ovejas. Esto no se hace con autoridad, ni con fuerza. Se hace con amor. Es el amor a Jesús el que nos da la posibilidad de apacentar sus ovejas. Por eso le pregunta tres veces si le ama. Por eso nos lo pregunta cada día. Nuestra respuesta será sí, si amamos a nuestro prójimo.
Pero apacentar no es fácil. Amar día a día no es fácil. Puede suponer incluso la muerte. Pero esa es la condición para seguir a Jesús. Seguirlo hasta la muerte.
jueves, 1 de junio de 2017
PADRE, QUE SEAN UNO
"No te ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí al oir el mensaje de ellos.
Te pido que todos ellos estén unidos; que como
tú, Padre, estás en mí y yo en ti, también ellos estén en nosotros,
para que el mundo crea que tú me enviaste.
Les he dado la misma gloria que tú me diste, para que sean una sola cosa como tú y yo somos una sola cosa:
yo en ellos y tú en mí, para que lleguen a ser
perfectamente uno y así el mundo sepa que tú me enviaste y que los amas
como me amas a mí.
Padre, tú me los confiaste, y quiero que estén conmigo
donde yo voy a estar, para que vean mi gloria, la gloria que me has
dado; porque me has amado desde antes de la creación del mundo.
Padre justo, los que son del mundo no te conocen; pero yo te conozco, y estos también saben que tú me enviaste.
Les he dado a conocer quién eres, y seguiré haciéndolo, para que el amor que me tienes esté en ellos, y yo mismo esté en ellos."
Acaba la oración de Jesús pidiendo por la unidad. Ser uno como Jesús y el Padre son uno.
La desunión entre los cristianos es el mayor escándalo que damos al mundo. Para Jesús, la unidad, es primordial para reconocer que Jesús viene del Padre y para que los hombres crean. Nosotros, a lo largo de la historia, hemos ido ampliando nuestra división. Nuestro orgullo, el afán de querer ser los más fuertes, de tener siempre la razón, ha hecho que estemos divididos.
Nuestra sociedad está dividida en razas, en culturas, en poder económico...en tantas y tantas cosas. Si nosotros, los que decimos seguir a Jesús estamos divididos, ¿cómo no va a estarlo la sociedad?
Cuando Jesús hablaba del Reino, estaba hablando de ese amor que ha de unirnos a todos. Pero nosotros, con nuestra vida, predicamos la desunión.
Por eso Jesús acaba su oración pidiendo la unión. Sin unión, no podemos alcanzar el Reino.
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