sábado, 6 de noviembre de 2021

LOS DOS SEÑORES

 


En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: "Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. El que es de fiar en lo menudo también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿Quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero." 
Oyeron esto unos fariseos, amigos del dinero, y se burlaban de él. Jesús les dijo: "Vosotros presumís de observantes delante de la gente, pero Dios os conoce por dentro. La arrogancia con los hombres Dios la detesta."

"Siempre hablamos del escándalo de la pobreza: nos alertamos de los índices crecientes de desnutrición, desocupación, marginación, denunciamos la muerte y persecución de migrantes que buscan posibilidades de vida huyendo del hambre y de la guerra. Los medios de comunicación permanentemente nos llenan de estas noticias. Sin embargo, nadie parece escandalizarse de la acumulación de riqueza, de los paraísos fiscales, de la especulación financiera internacional ni de los magnates y sus mansiones glamorosas que muestran obscenamente en revistas y redes. Mucho menos, hablamos de la relación entre estas dos caras de una misma moneda. O ¿acaso la acumulación de riqueza no es la raíz de aquella creciente pobreza en el mundo? El Evangelio nos viene acompañando en estos días para sacudir nuestra mirada y reconocer los avances del siglo, así como las profundas desigualdades que constituyen el gran desafío de un ejercicio profético de nuestra fe y cómo frecuentemente, ambas son dos dimensiones de una misma realidad." (Koinonía)

viernes, 5 de noviembre de 2021

SER ASTUTOS


 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: "¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido."
El administrador se puso a echar sus cálculos: "¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa." Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo dijo al primero: "¿Cuánto debes a mi amo?" Éste respondió: "Cien barriles de aceite." Él le dijo: "Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta." Luego dijo a otro: "Y tú, ¿Cuánto debes?" Él contestó: "Cien fanegas de trigo." Le dijo: "Aquí está tu recibo, escribe ochenta." Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz."

De la misma manera que aquel administrador infiel se las apañó para que tras ser despedido otros lo acogieran, deberíamos nosotros usar los dones que Dios nos da en beneficio de los otros. Todo lo que tenemos es don de Dios. Luchar por un mundo más justo y fraterno es la forma como debemos utilizar lo que tenemos. Anunciar la Palabra y ponerla en práctica. 

"En el año 2000 la Organización de las Naciones Unidas acordó los Objetivos del Milenio, luego en 2015 los ratificó en una cumbre fijando 17 Objetivos de Desarrollo Sustentable como meta hacia el año 2030. De esta forma, los países desarrollados se comprometieron a colaborar con los países menos desarrollados para avanzar en las sendas de la paz y de la justicia social. Sin embargo, en lo que va del siglo, algunas de estas intervenciones han derivado en mayor endeudamiento externo, intromisión militar bajo la excusa de seguridad interna, intervención en la vida política en nombre de la democracia, avance sobre recursos naturales de los territorios de pueblos originarios, mayor concentración de poder mediático y financiero. Parecen muy astutos los administradores de este mundo. Ante tales señales, deberíamos seriamente preguntarnos sobre la ética y los valores que nos gobiernan. Quizá el primer objetivo sea erradicar la corrupción del sistema actual, empezando por el corazón de cada persona." (Koinonía) 

jueves, 4 de noviembre de 2021

ES ÉL QUIEN NOS ENCUENTRA

 


En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: "Ése acoge a los pecadores y come con ellos." Jesús les dijo esta parábola: "Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: "¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido." Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.
Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y vecinas para decirles "¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido." Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta."

A veces decimos que buscamos a Dios y no lo encontramos. No tenemos en cuenta que es Él quien nos encuentra. El problema está en que no nos dejamos encontrar. Mil cosas de este mundo nos distraen, nos ciegan, nos impiden verlo. Si hacemos el silencio. Si miramos con amor a nuestro alrededor, lo encontraremos. Ya no seremos ni oveja, ni moneda perdida. Y lo veremos en el pobre, en el hambriento, en el inmigrante, en el perseguido, en el despreciado...

"Este día el Evangelio ofrece dos imágenes cotidianas sobre cosas perdidas y halladas. Una oveja que se pierde en el campo, una moneda que se pierde en la casa ¿a quién no se le han perdido alguna vez las llaves, los documentos, o el perro? Nadie se queda tranquilo hasta encontrar aquello que ha perdido, cuando realmente lo valora. A lo largo de la vida, también podemos haber perdido cosas más valiosas como afectos, vínculos, proyectos, oportunidades ¿pero las hemos realmente buscado con esfuerzo y empeño? O ¿han sido tan solo quimeras? Pablo, en su carta a los romanos, confiesa esa alegría perfecta e inmensa que siente por pertenecer enteramente a Dios, asi en la vida como en la muerte. La vida de fe consiste en buscar a Dios, pero principalmente consiste en descubrirse encontrado por Él, a quien pertenecíamos desde antes de conocerlo, sin haberlo visto. ¿Experimentas ese feliz encuentro y esa amorosa pertenencia a Dios en tu vida de fe?" (koinonía) 

miércoles, 3 de noviembre de 2021

RENUNCIAR A TODO PARA SEGUIRLE

 


En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: "Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío.
Así, ¿Quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: "Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar." ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío."

Jesús nos lo dice de muchas maneras. Puerta estrecha, cargar con la cruz, dejarlo todo...Para seguirlo, todo nos molesta menos la entrega y el amor. Nosotros nos empeñamos en rodearnos de cosas que creemos esenciales y no son mas que obstáculos. ¿Sabemos renunciar a todo?

"En un mundo donde diario se clama por más libertades, la palabra “mandamiento” parece poco oportuna. Sin embargo el mandamiento del amor, que implica amor a Dios y al prójimo inseparablemente, es la única base y cimiento del discipulado. Asimismo, en un mundo donde cada día se buscan más seguridades, la condición de la renuncia a toda seguridad material es la otra característica del discipulado de los que siguen a Jesús. ¿No será acaso el mandamiento del amor la respuesta a toda búsqueda de seguridad? Una búsqueda de seguridad que ya no será una tarea en soledad sino una tarea solidaria, basada en el vinculo del amor mutuo? Asimismo, ¿no será acaso la renuncia a toda seguridad material la que nos haga totalmente fieles en el amor al prójimo y por lo tanto la garantía de toda salvación? ¿No son acaso inseparables y complementarias estas dos condiciones para desarrollar nuestra opción en el seguimiento de Jesús? Hagamos la prueba." (Koinonía)

martes, 2 de noviembre de 2021

LA MUERTE NOS HACE UNO

 


Padre, tú me los confiaste, y quiero que estén conmigo donde yo voy a estar, para que vean mi gloria, la gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la creación del mundo. Padre justo, los que son del mundo no te conocen; pero yo te conozco, y estos también saben que tú me enviaste. Les he dado a conocer quién eres, y seguiré haciéndolo, para que el amor que me tienes esté en ellos, y yo mismo esté en ellos.”

La muerte no es desaparecer. Es hacernos uno con Jesús. Es reunirnos con Él, para que el Amor que Dios tiene en Jesús, esté también en nosotros.

"La fiesta de los fieles difuntos es continuación y complemento de la de ayer. Junto a todos los santos ya gloriosos, queremos celebrar la memoria de nuestros difuntos. Muchos de ellos formarán parte, sin duda, de ese «inmenso gentío» que celebrábamos en la fiesta de «todos los santos»... Pero hoy no queremos rememorar su memoria en cuanto «santos» sino en cuanto difuntos, y tal vez sobre todo en cuanto «nuestros difuntos».
En ese sentido, es un día para hacer presente en nuestro corazón la memoria de todos nuestros familiares y amigos o conocidos difuntos, que quizá durante la vida diaria no podemos estar recordando. El verso del poeta «¡Qué solos se quedan los muertos!», expresa bien esa limitación humana: con el tiempo, no podemos vivir prendidos constantemente al recuerdo de nuestros difuntos... por más que seamos fieles a su memoria. Acabamos olvidando de alguna manera a nuestros difuntos, al menos en el curso de la vida ordinaria, para poder sobrevivir.
Por eso, este día es una ocasión propicia para cumplir periódicamente con el deber de nuestro recuerdo agradecido. Orar por los difuntos no deja de ser un acto de solidaridad, al querernos sentir en comunión con ellos, más allá de los límites del espacio, del tiempo y de la carne. Un día de recuerdo, de recogimiento, para sentir en nuestro corazón la memoria de los nuestros, y para curar si hiciera falta las heridas que a veces lleva consigo: la muerte empequeñece los errores cometidos, tanto por nosotros como por quienes ya se fueron. Nos debemos reconciliar con nuestros recuerdos, con compasión, con ternura... hasta que ya no nos duelan." (Koinonía)

La canción que os cuelgo siempre me ha gustado. Pero, sobre todo, cuando me enteré de la historia que tiene detrás. Esta canción la compuso Eric Clapton, tras la muerte de su hijo de pocos años que se había precipitado por una ventana en New York. Me recuerda a todas las personas que he querido y ya no están.
 

lunes, 1 de noviembre de 2021

"TODOS" LOS SANTOS




 En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: "Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo."

Hoy celebramos la festividad de Todos los Santos; pero de una manera especial, debemos pensar en todos aquellos que no tienen un día específico, que la Iglesia no los canonizó, pero que dedicaron su vida a amar a Dios a través del Amor al Prójimo, de su entrega a los demás. Todos aquellos que Jesús declara Bienaventurados, Felices, en el evangelio: los pobres, los hambrientos, los perseguidos, los que han luchado por la justicia....

"Se celebra hoy la Solemnidad de Todos los Santos. Qué bueno sería que los «santos» en ella celebrados, no se redujeran sólo a los del “mundo católico”, los santos de «nuestro pequeño mundo», de la Iglesia Católica, o del mundo cristiano, sino a «todos los santos del mundo», a los santos de un mundo verdaderamente «cat–hólico» (etimológicamente, según el todo, referido al todo), o sea, «universal». ¿No queremos celebrar en este día a todos los santos que están ya ante el Misterio inefable? ¿Pues cómo vamos a limitarnos a pensar en el «catálogo romano de los santos», de los «canonizados» por la Iglesia católica romana, según esa práctica llevada a cabo sólo desde el siglo XI, de «inscribir» oficialmente a los santos particulares de nuestra Iglesia, en ese libro? ¿Será que quienes figuran oficialmente inscritos durante 9 siglos en esta sola Iglesia pudieran ser «todos los santos»... o tal vez serán sólo una insignificante minoría entre todos ellos?
Es decir: pocas fiestas como ésta requieren ser «universalizadas», para hacer honor a su nombre: la «festividad de todos los santos». Por tanto, hemos de hacer un esfuerzo por entenderla con una real universalidad.
Las bienaventuranzas comparten esta misma visión «macro-ecuménica»: valen para todos los seres humanos. El Dios que en ellas aparece no es «confesional», de una religión, no es «religiosamente tribal». No exige ningún ritual, de ninguna religión. Sino el «rito» de la simple religión humana: el amor, la opción por los pobres, la transparencia de corazón, el hambre y sed de justicia, el luchar por la paz, la persecución como efecto de la lucha por la Causa del Reino... Esa «religión humana básica fundamental» es la que Jesús proclama como «código de santidad universal», para todos los santos, los de casa y los de fuera, los del mundo «cat-ólico»...
Si a propósito de la festividad de Todos los Santos se nos sugiere el texto de las Bienaventuranzas, es porque ellas son en verdad el camino de la santidad universal (y supra-religional, profunda y simplemente humana); en y con las Bienaventuranzas como carta de navegación para nuestra vida es posible alcanzar la meta de nuestra santificación, entendida como la lucha constante por lograr, en el día a día, el máximo de plenitud de la vida según el querer de Dios.
En la homilía, en la oración, en la conversación que tengamos sobre el tema, no dejemos de nombrar hoy a Gandhi, que tiene que ir de la mano con Francisco de Asís; a Martin Luther King acompañado por el recién canonizado Oscar Arnulfo Romero –finalmente reconocido como «mártir» por Roma–; a la mística santa Teresa con el incomparable Ibn Arabí, el murciano místico sufí; al inefable Juan de la Cruz con el místico Nisagardatta («¡Yo soy Eso!»)... La manera de cambiar la vieja mentalidad «tribal», que también nos ha afectado en la concepción de la santidad, es practicar, conversar, manifestar la nueva mentalidad macroecuménica." (Koinonía)


domingo, 31 de octubre de 2021

AMAR ES ESTAR CERCA DEL REINO

 


En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: "¿Qué mandamiento es el primero de todos?" Respondió Jesús: "-El primero es: "Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser." El segundo es éste: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." No hay mandamiento mayor que éstos." El escriba replicó: "Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios."Jesús. Viendo, que había respondido sensatamente, le dijo: "No estás lejos del reino de Dios." Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Amar a Dios y amar al prójimo es lo mismo. Por esto hay mucha gente que, amando de verdad al otro, aman de verdad aunque no lo sepan. No están lejos del Reino.

"El evangelio nos presenta la versión «marquiana» (de Marcos) de la pregunta a Jesús sobre el mayor y más importante de los mandamientos. La versión mateana (Mt 22,34-40) tuvimos oportunidad de reflexionarla hace unos días. Ambas versiones están ubicadas en el mismo contexto de la discusión de los saduceos con Jesús a cerca de la resurrección de los muertos. Cuando los fariseos ven que Jesús ha callado a los saduceos, se juntan con los escribas para ponerlo ellos también a prueba, pensarán que con ellos tal vez no saldrá tan bien librado. Y es que «pasar el examen» con los fariseos y maestros de la ley, seguramente no era fácil dado que para ellos la ley no era sólo aquella que Dios había dado a su pueblo por medio de Moisés, recordemos que en tiempos de Jesús esta gente manejaba ¡más de medio millar de mandatos y preceptos! Dependiendo de su forma de ver y de pensar, un mandato podía variar de importancia para unos y para otros, pues como es normal había distintas tendencias o escuelas, alguna muy liberal, y otras no tanto. ¿Cuál de ellas está representada aquí? No lo sabemos. Por la respuesta del escriba a Jesús, uno podría pensar que se trataba de una tendencia bastante liberal (vv. 32-33), al punto que a Jesús le pareció simpática su respuesta y le advierte lo cerca que está del reino de Dios.
Jesús se encuentra con que su pueblo cumple con una norma de varios siglos. Todos los días, tres veces al día todo israelita varón recita el «Shemá Israel, escucha Israel: el Señor nuestro Dios es uno sólo, a él amarás...», el “shemá, pero ese “shemá se quedó sólo en el campo auditivo, al campo de la práctica no se ve, y eso es lo que Jesús denuncia a lo largo de su ministerio, muchas palabras, muchas normas y preceptos, mucho apelo a Dios para todo, muchas frases de la ley en los bordes del manto, en el marco de la puerta, en el brazo, en la frente, pero nada en el corazón y menos aún en la vida ordinaria, en la práctica cotidiana.
En la comunidad de Marcos se están presentando situaciones similares a las del judaísmo. Las normas y preceptos que conocen los primeros cristianos son necesariamente aquellas que vienen del mundo judío; ahora, ¿serán de obligatorio cumplimiento todos esos preceptos en esta nueva experiencia de vida que se supone está animada por la presencia viva del Señor resucitado? Lo primero y más importante que los creyentes deben tener en cuenta es que no se trata de una adhesión a una divinidad distinta a la del judaísmo. Es el mismo Dios revelado a pueblo de Israel y en la Escritura, es el mismo Dios de Jesús, por tanto, lo que primero tiene que hacer el cristiano es profesar su fe, amor y adhesión a ese Único Dios en términos de «escuchar» su Palabra y ponerse en función de obedecerle. Ese es el proyecto de vida de Jesús, eso fue lo que movió toda su vida y su obra y eso es lo que tiene que mantener vivo al cristiano, su adhesión a ese único y verdadero Dios a quien no le interesa otra cosa que el amor y adhesión a El lo vivan sus fieles en el amor mutuo y fraterno. No tiene sentido para Jesús hablar del amor a Dios sin tener en cuenta la ÚNICA puerta de acceso a Él: el prójimo." (Koinonía)