sábado, 7 de febrero de 2026

OVEJAS SIN PASTOR

 


 Después de esto, los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Jesús les dijo:
– Venid, vosotros solos, a descansar un poco a un lugar apartado.
Porque iba y venía tanta gente que ellos ni siquiera tenían tiempo para comer. Así que Jesús y sus apóstoles se fueron en una barca a un lugar apartado. Pero muchos los vieron ir y los reconocieron; entonces, de todos los pueblos, corrieron allá y se les adelantaron. Al bajar Jesús de la barca vio la multitud, y sintió compasión de ellos porque estaban como ovejas que no tienen pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas.

Jesús quiere descansar, pero la gente le sigue. Los ve como ovejas sin pastor. A nosotros nos puede pasar lo mismo. Buscamos momentos para estar solos, quizá para meditar. Pero la sociedad nos busca. La vemos que están como ovejas sin pastor. Pienso en una monja, cuyo nombre no diré, que es criticada, porque siendo de una congregación contemplativa, está todo el día volcada en ayudar a los más necesitados, en ayudar a los damnificados por la guerra de Ucrania. Cierto que hemos de buscar momentos para contemplar, para una oración profunda; pero no podemos olvidar a los necesitados que nos rodean. A los más débiles. A los perseguidos. Porque es en ellos donde se encuentra realmente Dios.
 
"Jesús apenado por el martirio de Juan quiere hacer duelo y retirarse. Pero la gente no se lo permite. Se frustró el descanso. Para Jesús la necesidad de la gente era más importante que el deseo del descanso personal. Por eso el descanso duró poco y la compasión pudo más. Entonces Jesús atiende a la gente que se encuentra “como ovejas sin pastor”. Actúa movido por la compasión, no como un ejercicio, sino como la disposición de su corazón, la única manera de parecerse a Dios.

Jesús se estremece ante las necesidades del pueblo, es el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas, es capaz de captar el sufrimiento de las gentes: “Vio la multitud y sintió compasión”. Los veía “como ovejas que no tienen pastor” y, enseguida reacciona y comienza a “enseñarles muchas cosas”. Jesús les da la vida con su palabra y no la muerte, como Herodes.
Es importante recordar esto en una época en la que las personas suelen estar obsesionadas por el confort y por su tiempo libre, más que por el deseo de hacer el bien."
(Salvador León cmf, Ciudad redonda)

viernes, 6 de febrero de 2026

QUEDAR BIEN

 


 El rey Herodes oyó hablar de Jesús, porque su fama había corrido por todas partes, y algunos decían: “Juan el Bautista ha resucitado, y por eso tiene este poder milagroso.”
Otros decían: “Es el profeta Elías.”
Y otros: “Es un profeta como los antiguos profetas.”
Pero Herodes decía al oir estas cosas:
– Ese es Juan. Yo mandé cortarle la cabeza, pero ha resucitado.
Es que Herodes, por causa de Herodías, había mandado apresar a Juan y le había hecho encadenar en la cárcel. Herodías era esposa de Felipe, hermano de Herodes, pero Herodes se había casado con ella. Y Juan le había dicho a Herodes: “No puedes tener por tuya a la mujer de tu hermano.”
Herodías odiaba a Juan y quería matarlo; pero no podía, porque Herodes le temía y le protegía sabiendo que era un hombre justo y santo; y aun cuando al oirle se quedaba perplejo, le escuchaba de buena gana. Pero Herodías vio llegar su oportunidad cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus jefes y comandantes y a las personas importantes de Galilea. La hija de Herodías entró en el lugar del banquete y bailó, y tanto gustó el baile a Herodes y a los que estaban cenando con él, que el rey dijo a la muchacha:
– Pídeme lo que quieras y yo te lo daré.
Y le juró una y otra vez que le daría cualquier cosa que pidiera, aunque fuese la mitad del país que él gobernaba. Ella salió y preguntó a su madre:
– ¿Qué puedo pedir?
Le contestó
– Pide la cabeza de Juan el Bautista.
La muchacha entró de prisa donde estaba el rey y le dijo:
– Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista.
El rey se disgustó mucho, pero como había hecho un juramento en presencia de sus invitados, no quiso negarle lo que pedía. Así que envió en seguida a un soldado con la orden de traerle la cabeza de Juan. Fue el soldado a la cárcel, le cortó la cabeza a Juan y la puso en una bandeja. Se la dio a la muchacha y ella se la entregó a su madre.
Cuando los seguidores de Juan lo supieron, tomaron el cuerpo y lo pusieron en una tumba.
(Mc 6,14-29)

A Juan también lo conocemos com el precursor. Lo fue porque vino a preparar el camino a Jesús. Lo fue porque le precedió en la muerte cruenta. Una muerte causada por el miedo de Herodes a quedar mal. Él no quiere la muerte de Juan, pero como ha prometido a Salomé darle cualquier cosa que le pida, tiene miedo a echarse atrás delante de sus invitados. ¿Cuántas veces actuamos para salvar las apariencias? Debemos ser valientes y defender la verdad y la justicia, aunque esto nos haga quedar mal delante de los otros.

"Había muchas cosas irregulares en la vida del rey y Juan se las recriminaba, no se callaba. Herodes no quiere quedar mal ante los demás, sus decisiones terminan en tragedia. Sobre su conciencia pesaba el remordimiento de haber mandado asesinar a Juan Bautista cediendo a las instancias de su mujer. “Por el juramento y los invitados” lo manda decapitar. Y cuando recibe a Jesús enviado por Pilato: decepcionado por su silencio se lo devuelve al gobernador, para quedar bien con él.  Este “quedar bien” propicia la condena y muerte de Jesús.
La actitud de Herodes es una advertencia a nuestra propensión a “quedar bien” con los demás, que muchas veces solapan decisiones equivocadas y que, aunque no acaben tragedias tan duras, perjudican a los demás."
(Salvador León cmf, Ciudad redonda)

jueves, 5 de febrero de 2026

LOS ENVIÓ DE DOS EN DOS

 


En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.
Y añadió: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.»
Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.
(Mc 6,7-13)

Jesús envía a sus apóstoles de dos en dos. Y nos da una lección de cómo debe ser nuestro apostolado. No consiste en tener muchos medios, en la espectacularidad. Los envía casi sin nada. De dos en dos, porque nuestro apostolado siempre debe ser apoyándonos unos a otros. La sencillez y el ejemplo de nuestra vida, importan más que los grandes medios. Es nuestra entrega lo que es fundamental. El resto lo hará Jesús.

"En esta escena Jesús da algunas instrucciones a sus discípulos. Han de cumplir la misión sin contar con medios poderosos. No quiere que lleven muchas cosas consigo: “ni pan, ni provisiones, ni dinero”. Deben poner su confianza en la misma fuerza del mensaje que por sí mismo es salvador y brilla. Deben también contar con el riesgo del rechazo que el mismo Jesús sufrió.
También deben llevar la compasión y acercarse allí donde existe el mal que oprime a las personas para combatirlo y con “la autoridad que procede de lo alto” no imponerse sino humanizar la vida de las gentes, para introducir entre ellos la fuerza sanadora de Jesús.
Si vivimos obsesionados por tener cosas y más cosas se nos olvidará que hay personas que mal – viven, que sufren, que tal vez no les llega el “pan de cada día”. Sintamos esos sufrimientos. Que no se nos endurezca el corazón."
(Salvador León cmf, Ciudad Redonda)

miércoles, 4 de febrero de 2026

NO LO ACEPTARON

 



Jesús se fue de allí a su propia tierra, y sus discípulos le acompañaron. Cuando llegó el sábado comenzó a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oir a Jesús, se preguntaba admirada:
– ¿Dónde ha aprendido este tantas cosas? ¿De dónde ha sacado esa sabiduría y los milagros que hace? ¿No es este el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no viven sus hermanas también aquí, entre nosotros?
Y no quisieron hacerle caso. Por eso, Jesús les dijo:
– En todas partes se honra a un profeta, menos en su propia tierra, entre sus parientes y en su propia casa.
No pudo hacer allí ningún milagro, aparte de sanar a unos pocos enfermos poniendo las manos sobre ellos. Y estaba asombrado porque aquella gente no creía en él.
Jesús recorría las aldeas cercanas, enseñando.
(Mc 6,1-6)

Las personas que nos cuesta más aceptar son las más cercanas. Los tenemos juzgados y clasificados. Si cambian no aceptamos ese cambio. Él es así, es imposible que ahora haga cosas sorprendentes. Así impedimos que las personas cercanas mejoren y progresen. En cambio idealizamos a personas ajenas a nuestro entorno y que sólo conocemos por las noticias.
Por eso la gente de Nazaret no podía comprender que aquel que habían conocido como carpintero, ahora enseñara y curara a la gente.

"Escribe Marcos: “No pudo hacer allí ningún milagro” porque sus vecinos “no creían en Él”. Se preguntan: “de dónde le viene su poder? ¿Quién le ha enseñado a hablar así?”
Y de la admiración pasan a la incredulidad: “lo conocemos desde niño, conocemos su familia. Es sólo el hijo de un carpintero” En su patria chica se niegan a conocer a Dios en lo conocido, en lo humilde y cotidiano. Todos ellos conocían su profesión.  sabían quien era su familia, sus hermanos y hermanas. ¿Por qué le hacen eso? Tal vez porque no quisieron aceptar sus palabras, sus hechos, su sabiduría.
Jesús encontró un gran bloqueo en todos ellos. Estaban demasiado atados a la tradición y al pasado, pero Jesús continuó “recorriendo los pueblos y enseñando”. No se quedó en el rechazo, en la decepción.
Aprendamos la lección. Allí donde una esperaba encontrar acogida y aliento, puede encontrare con indiferencia e incomprensión. Como Jesús no nos quedemos paralizados, demos otro paso hacia lo nuevo, lo que está por venir."
(Salvador León cmf, Ciudad Redonda)

martes, 3 de febrero de 2026

CONFIAR EN ÉL

  

Cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se le reunió mucha gente, y él se quedó en la orilla. Llegó entonces uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, que al ver a Jesús se echó a sus pies suplicándole con insistencia:
– Mi hija se está muriendo: ven a poner tus manos sobre ella, para que sane y viva.
Jesús fue con él, y mucha gente le acompañaba apretujándose a su alrededor. Entre la multitud había una mujer que desde hacía doce años estaba enferma, con hemorragias. Había sufrido mucho a manos de muchos médicos, y había gastado cuanto tenía sin que le hubiera servido de nada. Al contrario, iba de mal en peor. Esta mujer, al saber lo que se decía de Jesús, se le acercó por detrás, entre la gente, y le tocó la capa. Porque pensaba: “Tan sólo con que toque su capa, quedaré sana.” Al momento se detuvo su hemorragia, y sintió en el cuerpo que ya estaba sanada de su enfermedad. Jesús, dándose cuenta de que había salido de él poder para sanar, se volvió a mirar a la gente y preguntó:
– ¿Quién me ha tocado?
Sus discípulos le dijeron:
– Ves que la gente te oprime por todas partes y preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’
Pero Jesús seguía mirando a su alrededor para ver quién le había tocado. Entonces la mujer, temblando de miedo y sabiendo lo que le había sucedido, fue y se arrodilló delante de él, y le contó toda la verdad. Jesús le dijo:
– Hija, por tu fe has sido sanada. Vete tranquila y libre ya de tu enfermedad.
Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegaron unos de casa del jefe de la sinagoga a decirle al padre de la niña:
– Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar más al Maestro?
Pero Jesús, sin hacer caso de ellos, dijo al jefe de la sinagoga:
– No tengas miedo. Cree solamente.
Y sin dejar que nadie le acompañara, aparte de Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, se dirigió a casa del jefe de la sinagoga. Allí, al ver el alboroto y la gente que lloraba y gritaba, entró y les dijo:
– ¿Por qué alborotáis y lloráis de esa manera? La niña no está muerta, sino dormida.
La gente se burlaba de Jesús, pero él los hizo salir a todos, y tomando al padre, a la madre y a los que le acompañaban, entró donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo:
– Talita, cum (que significa: “Muchacha, a ti te digo: levántate.”) Al instante la niña, que tenía doce años ,se levantó y se puso a andar. Todos quedaron sorprendidos. Jesús les prohibió que se lo dijeran a nadie. Y les mandó que dieran de comer a la niña.

Hoy vemos dos personas que se acercan a Jesús con Fe, con Confianza. La mujer cree que se curará tocando el manto de Jesús. Jairo se echa a los pies de Jesús pidiéndole que cure a su hija.
Todos, un día u otro, nos encontramos ante situaciones difíciles en nuestra vida. ¿Confiamos en Jesús?¿Nos dirigimos a Él para que nos ayude?

"En esta escena evangélica aparecen dos personajes muy distintos. Una mujer anónima, arruinada, “impura”, con fe firme, cree que su única solución es “tocar a Jesús”. Y un hombre conocido, próspero, influyente, cree en Jesús mientras su gente se burla de él.
Ambos sufren, ambos depositan su confianza última en Jesús, se fían de él y están dispuestos a saltarse los tabúes (la impureza y el cargo público) para acercarse a Jesús.
La hija de Jairo está muerta y a pesar de todo, Jesús anima a su padre: “No tengas miedo. Ten solo fe”. Toma de la mano a la niña y le dice: “levántate”. La muchacha se levantó.
Tal vez nuestra fe puede estar apagada, oscurecida, vacilante, incluso “muerta”. Tal vez nos falte vida. Escuchemos la palabra de Jesús: “No tengas  miedo”. Dejémonos reavivar por Él. Nuestra vida puede cambiar."
(Salvador León cmf, Ciudad Redonda)

lunes, 2 de febrero de 2026

UN NIÑO QUE ES LUZ

  


Cuando se cumplieron los días en que ellos debían purificarse según manda la ley de Moisés, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor. Lo hicieron así porque en la ley del Señor está escrito: “Todo primer hijo varón será consagrado al Señor.” Fueron, pues, a ofrecer en sacrificio lo que manda la ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones.
En aquel tiempo vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón. Era un hombre justo, que adoraba a Dios y esperaba la restauración de Israel. El Espíritu Santo estaba con él y le había hecho saber que no moriría sin ver antes al Mesías, a quien el Señor había de enviar. Guiado por el Espíritu Santo, Simeón fue al templo. Y cuando los padres del niño Jesús entraban para cumplir con lo dispuesto por la ley, Simeón lo tomó en brazos, y alabó a Dios diciendo:
“Ahora, Señor, tu promesa está cumplida:
ya puedes dejar que tu siervo muera en paz .
Porque he visto la salvación
que has comenzado a realizar
ante los ojos de todas las naciones,
la luz que alumbrará a los paganos
y que será la honra de tu pueblo Israel.”
El padre y la madre de Jesús estaban admirados de lo que Simeón decía acerca del niño. Simeón les dio su bendición, y dijo a María, la madre de Jesús:
– Mira, este niño está destinado a hacer que muchos en Israel caigan y muchos se levanten. Será un signo de contradicción que pondrá al descubierto las intenciones de muchos corazones. Pero todo esto va a ser para ti como una espada que te atraviese el alma.
También estaba allí una profetisa llamada Ana, hija de Penuel, de la tribu de Aser. Era muy anciana. Se había casado siendo muy joven y vivió con su marido siete años; pero hacía ya ochenta y cuatro que había quedado viuda. Nunca salía del templo, sino que servía día y noche al Señor, con ayunos y oraciones. Ana se presentó en aquel mismo momento, y comenzó a dar gracias a Dios y a hablar del niño Jesús a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén.
Cuando ya habían cumplido con todo lo que dispone la ley del Señor, regresaron a Galilea, a su pueblo de Nazaret. Y el niño crecía y se hacía más fuerte y más sabio, y gozaba del favor de Dios.
(Lc w2,22-40)


El pasaje de hoy nos presenta a Jesús como un bebé de 40 días. Vemos a Simeón y Ana que lo reconocen, se alegran, y lo anuncian a todos.
Nosotros debemos reconocerlo y anunciarlo. Reconocerlo en los niños, en los sencillos, en los que nadie considera importantes...y anunciarlo, ayudar a los demás a encontrarlo. Un Niño que es Luz para todos.

"Día de la presentación del Señor en el templo. Dos judíos piadosos reconocen que el pequeño Jesús que María y José presentan en el templo, venía a realizar las esperanzas del pueblo.
Ana, “se puso a dar gracias a Dios” y se convirtió en misionera: “Hablaba del niño a todos lo que esperaban la liberación”
Simeón supo esperar, supo mantener la convicción de que Dios está por encima de nuestros cálculos de espacios y tiempos. La experiencia del sabio anciano, por la que logró ver finalmente a Jesús cuando ya todo parecía imposible, indica que Dios nunca deja de intervenir. En el momento crucial, fue capaz de reconocer a quien tenía delante era a Dios mismo, ya sin retardo. Simeón proclamó a Jesús como la luz para su pueblo que debe derramarse en toda la tierra.
Cada uno está llamado a dejarse iluminar por Jesús, a reconocer que él ya ha venido y que con su llama puede llenar de luz la propia vida. Recuerda que también el Señor se ha presentado en tu vida. Demos gracias a Dios por el regalo de la fe."
(Salvador León cmf, Ciudad Redonda)

domingo, 1 de febrero de 2026

UN PROGRAMA DE VIDA

  


Al ver la multitud, Jesús subió al monte y se sentó. Sus discípulos se le acercaron, y él comenzó a enseñarles diciendo:
“Dichosos los que reconocen su pobreza espiritual, porque suyo es el reino de los cielos.
“Dichosos los que sufren, porque serán consolados.
“Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra que Dios les ha prometido.
“Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán satisfechos.
“Dichosos los compasivos, porque Dios tendrá compasión de ellos.
“Dichosos los de corazón limpio, porque verán a Dios.
“Dichosos los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará hijos suyos.
“Dichosos los perseguidos por hacer lo que es justo, porque suyo es el reino de los cielos.
“Dichosos vosotros, cuando la gente os insulte y os maltrate, y cuando por causa mía digan contra vosotros toda clase de mentiras. ¡Alegraos, estad contentos, porque en el cielo tenéis preparada una gran recompensa! Así persiguieron también a los profetas que vivieron antes que vosotros.

Jesús nos ofrece hoy un programa de vida. El camino a la felicidad, el camino que nos lleva a Dios.

"(...) Es que, de vez en cuando, Jesús se destapa con algunas de sus genialidades. Nos dice, sin pelos en la lengua donde está el secreto del gozo, el elixir de la eterna felicidad en ocho recetas elementales.  No son únicamente palabras de consuelo, ni de compasiva cortesía. Jesús no bendice sin remover algo, sin activar a la persona bendecida.
Jesús habla de sí, y nos dice que es feliz y dichoso porque es el Hijo amado de Dios Padre; y que esa dicha la quiere compartir con todos, está abierta a todos de manera incondicional. Todos pueden experimentar la misma dicha, también y especialmente aquellos que, según la mentalidad tradicional, estaban excluidos de ella: los pobres, los que sufren, los tristes. Jesús ha asumido todas estas situaciones para hacernos partícipes de su dicha, de su bienaventuranza. En cierto sentido, puede decirse que ha venido a traérnosla haciendo suyas todas las situaciones que pueden hacernos sentir excluidos de la dicha verdadera, de la bendición de Dios.
Si quieres ser feliz comienza, nos dice, despojándote, y liberándote de la fiebre posesiva; hazte pobre, simplifícate, elimina lo superfluo. La pobreza voluntaria, la renuncia al uso egoísta de los bienes que se poseen (inteligencia, buen carácter, conocimientos, títulos académicos, posición social, dinero, tiempo libre…) no es asunto de libre opción o consejo reservado solo al algunos con vocación de héroes o a quienes quieren ser más perfectos que los demás. Esta bienaventuranza no es un mensaje de resignación, sino de esperanza. No habrá ningún necesitado cuando todos lleguen a ser «pobres de espíritu», pongan las riquezas que han recibido de Dios a disposición y servicio de los hermanos, así como lo hace el mismo Dios que, teniendo todo, es infinitamente pobre: no se reserva nada para sí, es total donación, amor sin límites.
Si quieres ser feliz procura tener un corazón manso, suave y bondadoso. Toma la decisión de pensar mucho más en lo positivo y bueno que tienen los demás que en sus zonas oscuras. Acostúmbrate a hablar siempre bien de ellos. ¡Bienaventurados aquellos que, frente a las injusticias, asumen la misma actitud de Jesús! Estos recibirán de Dios la posesión de una tierra nueva; estrenarán una nueva condición en la que florecerán las relaciones pacíficas, en la que ya no existirán más los abusos que caracterizan a un mundo todavía a merced de las “bienaventuranzas” terrenas.
Si quieres ser feliz, acostúmbrate a llorar con quien llora, a reír con quien ríe. Aprende de los niños. Aprende de los santos. Y sonríe, aunque no tengas ganas. Sobre todo, sonríe aquel día que tengas que decir algo amargo. La venida del Reino ha comenzado ya a eliminar todas las situaciones causantes del dolor y de las lágrimas.
Si quieres ser feliz no te permitas ser injusto ni en tu pensamiento, ni en tu lengua, ni con tus manos, ni con tus silencios cómplices. Luego, también exígelo a los otros.
Si quieres ser feliz cree descaradamente en el prójimo y convéncete de que es preferible ser engañado una vez por él a pasarte toda la vida desconfiando de todos (con lo que, por otra parte, serás perpetuamente engañado) Aprende a comprender, y aprenderás el camino del perdón.
Si quieres ser feliz limpia tu corazón a menudo de tus bajos instintos, de malas ideas, de la tristeza, de la ira, de prejuicios… Recuerda al menos cuatro o cinco veces al día que tienes alma y aliméntala bien, por lo menos tanto como al cuerpo. Los puros de corazón son bienaventurados porque tienen un comportamiento que está en consonancia con la voluntad de Dios. No aman a la vez a Dios y a los ídolos. No es puro de corazón aquel que sirve a dos patrones, aquella persona que ama a Dios, pero deja en su corazón el rencor puesto en contra del hermano, aquel que no realiza acciones malas, pero comete el adulterio en su corazón (Mt 5,28). Los puros de corazón son bienaventurados porque a ellos, y solo a ellos, les será concedida una especial experiencia de Dios.
Si quieres ser feliz trabaja por la paz. No seas ajeno a los conflictos de tu alrededor. Trata de evitarlos o hacerlos desparecer. En la Biblia, la palabra ‘paz’ (shalom) no significa solamente ausencia de guerra. Indica un bienestar total; implica la armonía con Dios, con los demás y con uno mismo; la prosperidad, la justicia, la salud, la alegría. Los “constructores de paz” son aquellos que se empeñan en hacer que esta vida rebosante de bienes se derrame también sobre excluidos y marginados. Estos “pacificadores” serán considerados hijos de Dios.
Si quieres ser feliz, atrévete a creer en algo muy serio. Lucha por ello. Sigue luchando cuando te canses. Sigue de nuevo aun cuando los demás se cansen y te dejen solo. Piensa en lo que Dios querría de ti. Como decía C. S. Lewis, hay dos clases de personas: las que, a la postre, dicen a Dios: «hágase tu voluntad», y aquellas a las que, a la postre, dice Dios: «hágase tu voluntad». ¿A qué grupo quieres pertenecer?
Podría ser bueno, en este domingo, recitar lentamente el Padrenuestro, porque nos educa en tener hambre y sed de la voluntad de Dios. Recitarlo lentamente, deteniéndoos en saborear cada invocación, como sintiendo hambre y sed del don que se pide."
(Alejandro Carbajo cmf, Ciudad Redonda)