sábado, 15 de noviembre de 2025

DIOS NOS ESCUCHA

  

Jesús les contó una parábola para enseñarles que debían orar siempre y no desanimarse. Les dijo: “Había en un pueblo un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Y en el mismo pueblo vivía también una viuda, que tenía planteado un pleito y que fue al juez a pedirle justicia contra su adversario. Durante mucho tiempo el juez no quiso atenderla, pero finalmente pensó: ‘Yo no temo a Dios ni respeto a los hombres. Sin embargo, como esta viuda no deja de molestarme, le haré justicia, para que no siga viniendo y acabe con mi paciencia.’ ”
El Señor añadió: “Pues bien, si esto es lo que dijo aquel mal juez, ¿cómo Dios no va a hacer justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Los hará esperar? Os digo que les hará justicia sin demora. Pero cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará todavía fe en la tierra?”

Una viuda, en tiempos de Jesús, no era nadie. Sin embargo, por su insistencia, consigue que el juez le haga justicia. Jesús nos cuenta esta parábola para que confiemos plenamente en el Padre. Porque para Él somos importantes cada uno de nosotros. Debemos estar convencidos de que Él nos escucha, porque nos ama. Debemos tener Fe. A veces tenemos religiosidad, cumplimos los ritos, las normas, lo que nos dice la Iglesia, pero quizá no tenemos FE. La Fe es diferente del cumplimiento de normas. Es confiar en Dios porque sabemos que nos ama y porque nosotros intentamos amarlo. Él siempre nos escucha.

Este texto evangélico de hoy nos adentra en los terrenos de la fe, una realidad íntima y vital, hecha al mismo tiempo de luz y de oscuridad. La comparación que hoy plantea Jesús entre el juez inicuo, injusto, y Dios, padre de todos, justo por excelencia está muy bien para meditar y orar. Si aquel duerme tranquilamente y solo termina haciendo justicia a la viuda para no ser molestado y mantener así su imagen pública, Dios, que es padre y madre, que está hecho de amor y piedad y misericordia, lo lógico es que atienda sin tardanza a los que le piden justicia. No puede ser de otra manera. No debería ser de otra manera.
Pero la realidad es tozuda y se planta delante de nuestros ojos día tras día. La realidad es que los pobres siguen esperando justicia, año tras año, generación tras generación. Los que les ha tocado la peor parte en este mundo siguen ahí, hundidos en la miseria, mientras que otros… viven en un mundo diferente de riqueza, de lujo. Y demasiadas veces, la justicia de los hombres termina dando la razón a los ricos frente a los pobres y marginados, que por no tener no tienen ni para abogados. Esa es la realidad.
Por eso digo, que este texto de hoy nos pone frente a la fe, frente a nuestra fe, a la de cada uno de nosotros, para ser más exactos. Nos invita a preguntarnos si realmente creemos en esa presencia de un Dios que es Padre de amor, que es piedad y misericordia, y que no deja que ninguno de sus hijos e hijas se pierda y muera, que es fuente de esperanza y de vida. O si nos dejamos llevar por el desánimo porque esa justicia de Dios tarda en llegar, al menos para nuestros ojos. Y vivimos en la fe pero al mismo tiempo en la desesperanza.
Creer es mantener firme el estandarte de la fe en nuestros corazones. Creer es seguir poniendo nuestra confianza en Él. Creer es mantener la esperanza alta. Creer es no dejarnos llevar por el pesimismo de quien ya lo da todo por perdido. Creer es seguir trabajando por el Reino y por la fraternidad y por la justicia. Creer es seguir de lado de los más pobres, porque ellos son los preferidos de Dios. A pesar de todos los pesares."
(Fernando Torres cmf, Ciudad Redonda)

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