martes, 7 de julio de 2026

FALTAN OBREROS

 

Mientras los ciegos salían, algunas personas trajeron a Jesús un mudo que estaba endemoniado. Jesús expulsó al demonio, y en seguida el mudo comenzó a hablar. La gente, asombrada, decía:
– ¡Nunca se ha visto cosa igual en Israel!
Pero los fariseos decían:
– El propio jefe de los demonios es quien ha dado a este el poder de expulsarlos.
Jesús recorría todos los pueblos y aldeas enseñando en las sinagogas de cada lugar. Anunciaba la buena noticia del reino y curaba toda clase de enfermedades y dolencias. Viendo a la gente, sentía compasión, porque estaban angustiados y desvalidos como ovejas que no tienen pastor. Dijo entonces a sus discípulos:
– Ciertamente la mies es mucha, pero los obreros son pocos. Por eso, pedid al Dueño de la mies que mande obreros a recogerla.
(Mt 9,32-38)

La mies es mucha. Hoy, quizá como nunca, los obreros son pocos. Al leer este fragmento siempre pensamos en la falta de vocaciones. Pero Jesús nos habla a todos. Si somos sus seguidores, somos obreros que debemos recoger la mies. No importa que seamos sacerdotes, religiosos, consagrados...Todos somos obreros que debemos recoger la mies. 

" (...) La superación de toda idolatría se da en Jesús, que nos muestra el verdadero rostro de Dios Padre, nos libera de nuestros demonios y nos enseña el profundo humanismo de la fe en el Dios de Israel, que es el Dios y el Padre de todos. Pero su presencia humana, que desafía nuestra fe, encierra un peligro tan grande, si no mayor, que el de la idolatría. Si ésta significa adorar a Dios en lo que son solo sus criaturas, este otro peligro, más radical, consiste en atribuir carácter diabólico a la acción de Dios. Si la idolatría es un fe errada, la acusación de los fariseos contra Jesús es no sólo una falta de fe sino una verdadera mala fe, que considera imposible su acción liberadora en la concreción de nuestra vida. Pero estas objeciones (esta mala fe) no puede frenar la acción de Jesús, que nos mira con misericordia, se apiada de nuestras dolencias, y nos llama a implicarnos en la acción divina de aliviarlas, de sanar, curar y hacer presente en nuestro mundo la salvación. La exhortación de Jesús a orar para que el Señor envíe obreros a la mies es en sí misma una llamada a convertirnos en esos obreros, a dejar nuestras idolatría y mala fe, para unirnos a Él y a su misión."
(José María Vegas cmf, Ciudad Redonda)

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