jueves, 31 de agosto de 2023

ESTAR ATENTOS


 Permaneced despiertos, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entended que si el dueño de una casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, permanecería despierto y no dejaría que nadie entrara en su casa a robar. Así también, vosotros estad preparados, porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperéis.
¿Quién es el criado fiel y atento, puesto por el amo al frente de la casa para dar a la servidumbre la comida a sus horas? ¡Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, encuentra cumpliendo con su deber! Os aseguro que el amo le pondrá al cargo de todos sus bienes. Pero si ese criado es un malvado, y pensando que su amo va a tardar comienza a maltratar a los demás criados, y se junta con borrachos a comer y beber, el día que menos lo espere y a una hora que no sabe llegará su amo y le castigará: le condenará a correr la misma suerte que los hipócritas. Entonces llorará y le rechinarán los dientes.

"El tema de la vigilancia se repite muchas veces en los Evangelios. Hay que estar atentos porque el Señor viene en cualquier momento. El texto de hoy nos habla en parábolas de esa vigilancia. El dueño de la casa al que han avisado que va a venir el ladrón y que se queda en vela para recibirlo como se merece. O el criado que culpe fielmente sus tareas porque espera que en cualquier momento vuelva su señor. Todo sirve para recordarnos que hay que estar en vela porque en cualquier momento viene el Señor.
El problema es tener claro como es la venida del Señor. Parece que en principio la cabeza se nos va a los grandes y solemnes acontecimientos: desde la solemne en la catedral hasta la misa del papa en la plaza más grande de la ciudad con motivo de su visita.
La realidad es que, siempre según los Evangelios, la venida del Señor no fue así. Todo empezó con una humilde doncella nazarena y siguió con un niño recién nacido (básicamente una realidad de fragilidad, pequeñez y vulnerabilidad). Para completar el cuadro la venida del Señor no se produjo en lo que era el centro del mundo en aquel momento sino en un rincón perdido de aquel magnífico imperio. Un rincón perdido y pobre como era Belén, donde nació, o Nazaret, donde se crio. Nada de fanfarrias, luces extrañas ni solemnidades. Nada de eso. Y, luego, a lo largo de su vida no mejoró mucho. Podía haberse presentado en el templo, que era el centro religioso y político de Israel pero nació en la periferia de Galilea y terminó muriendo fuera de las murallas de Jerusalén. Como decía el título de un libro de hace unos años, Jesús fue un “judío marginal”. El que se quiso encontrar con él tuvo que salir de sus casillas y de sus prejuicios.
Hoy nosotros tenemos que estar vigilantes y atentos porque el Señor puede venir a nuestras vidas en cualquier momento. Pero quizá no viene como creemos que va a venir sino disfrazado de pobre, de marginado, de hambriento, de preso. Hay que estar atentos para ir más allá de las apariencias y descubrir su presencia sanadora y salvadora."
(Fernando Torres cmf, Ciudad Redonda)

miércoles, 30 de agosto de 2023

APARENTAR



¡Ay de vosotros, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que sois como sepulcros blanqueados, hermosos por fuera pero llenos por dentro de huesos de muerto y toda clase de impurezas. Así sois vosotros: por fuera, ante la gente, parecéis buenos, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y maldad.
¡Ay de vosotros, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que construís los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos funerarios de los hombres justos, y luego decís: ‘Si hubiéramos vivido en los tiempos de nuestros antepasados, no los habríamos ayudado a matar a los profetas.’ Con esto, vosotros mismos os reconocéis descendientes de aquellos que mataron a los profetas. ¡Acabad de hacer, pues, lo que vuestros antepasados comenzaron!

"Hay personas para las que el cuidado de su propia imagen es algo muy importante. Algunos dedican a ello gran parte de su energía. En principio, no está mal. Lo malo viene cuando la imagen, la apariencia, no coincide con la realidad de la persona. Es entonces cuando el cuidado de la imagen deviene hipocresía. Cuando las personas se convierten en sepulcros blanqueados. Y se empieza a vivir una doble vida. La real y la aparente. Lo malo es que hace falta consumir muchísima energía para vivir de esa manera durante largo tiempo. Y ciertamente también hace falta la colaboración y complicidad de otras personas. Terminan colaborando porque al proteger la apariencia del otro se sienten ellas mismas protegidas. Más hipocresía.
Jesús denuncia esta hipocresía en los letrados y fariseos. Son los que dictan las normas, los que dicen a los demás cómo tienen que comportarse, siempre en el nombre de Dios, siempre diciendo que sus normas y leyes son la voluntad de Dios. Pero ellos saben lo suficiente como para encontrar otros caminos, excusas varias, para no cumplir sus mismas normas. Jesús denuncia y condena con radicalidad. Porque está a favor de los sencillos, de los humildes, a los que aquellos tenían que haber cuidado y que, sin embargo, lo que reciben son condenas y admoniciones por no cumplir las normas como ellos dicen.
Casi seguro que no todos los letrados y fariseos eran como Jesús dice en sus palabras. Pero es muy posible que callaran y no denunciaran a esos letrados y fariseos hipócritas para no dañar a la institución a la que ellos mismos pertenecían o para no meterse en problemas. Y haciendo eso eran cómplices de la hipocresía de los otros.
Nos podemos preguntar si hay fariseos y letrados como los del Evangelio en la Iglesia actual. Pero también nos podemos preguntar cuantas veces callamos ante el mal que hacen otros simplemente para proteger nuestra propia imagen, para vivir tranquilos y seguros. No sé si Jesús lo aprobaría."
(Fernando Torres cmf, Ciudad Redonda)  

martes, 29 de agosto de 2023

EL MARTIRIO DE JUAN BAUTISTA



 "Es que Herodes, por causa de Herodías, había mandado apresar a Juan y le había hecho encadenar en la cárcel. Herodías era esposa de Felipe, hermano de Herodes, pero Herodes se había casado con ella. Y Juan le había dicho a Herodes: “No puedes tener por tuya a la mujer de tu hermano.”
 Herodías odiaba a Juan y quería matarlo; pero no podía, porque Herodes le temía y le protegía sabiendo que era un hombre justo y santo; y aun cuando al oírle se quedaba perplejo, le escuchaba de buena gana. Pero Herodías vio llegar su oportunidad cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus jefes y comandantes y a las personas importantes de Galilea. La hija de Herodías entró en el lugar del banquete y bailó, y tanto gustó el baile a Herodes y a los que estaban cenando con él, que el rey dijo a la muchacha:
– Pídeme lo que quieras y yo te lo daré.
 Y le juró una y otra vez que le daría cualquier cosa que pidiera, aunque fuese la mitad del país que él gobernaba. Ella salió y preguntó a su madre:
– ¿Qué puedo pedir?
Le contestó:
– Pide la cabeza de Juan el Bautista.
 La muchacha entró de prisa donde estaba el rey y le dijo:
– Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista.
 El rey se disgustó mucho, pero como había hecho un juramento en presencia de sus invitados, no quiso negarle lo que pedía. Así que envió en seguida a un soldado con la orden de traerle la cabeza de Juan. Fue el soldado a la cárcel, le cortó la cabeza a Juan y la puso en una bandeja. Se la dio a la muchacha y ella se la entregó a su madre.
 Cuando los seguidores de Juan lo supieron, tomaron el cuerpo y lo pusieron en una tumba."

"En los juegos del poder siempre termina perdiendo el más débil. El Evangelio de hoy es un claro ejemplo. No nos queda claro quién era el que verdaderamente mandaba en aquel palacio. Ciertamente era Herodes el que tenía el poder nominal. Él era el rey. Pero su mujer parece que también mandaba mucho. Y entre los dos había una cierta pugna por ver quién mandaba realmente. La lucha entre marido y mujer llegó hasta tal punto que el rey se vio obligado a hacer lo que, según el Evangelio, no quería hacer. Terminó matando, asesinando al profeta.
Lo lógico era que se hubiesen enfrentado con claridad los dos aspirantes al poder total: Herodías y Herodes. Y entre ellos hubiesen dirimido el conflicto. Lo lógico era que uno de ellos hubiese resultado ganador y el otro se hubiese llevado las heridas. Pero no fue así. No suele ser así. La lucha se dirimió en otro terreno y terminó llevándose las heridas mortales el tercero en discordia, la parte más débil: el profeta. Herodes y Herodías no llegaron casi ni a tener un debate dialéctico. Todo quedó entre ellos muy educado. Ni una mala palabra. Pero Juan terminó decapitado.
Suele ser así. Cuando dos poderes se enfrentan, suelen otros los que se llevan la peor parte. Revisemos la historia y así ha sido en casi todas las guerras. Basta con recordar lo que se llamó la guerra fría durante los años 50 y 60 del pasado siglo. Rusia y los países occidentales no se enfrentaron nunca directamente. Fueron muchos países pobres donde se enfrentaron los grandes, pero siempre a través de intermediarios que eran los que ponían la sangre. Pero no hay que pensar solo en las naciones, podemos pensar también en las empresas, los partidos políticos, las familias, los grupos de amigos y, para ser realistas, también en la iglesia pasan estos juegos de poder.
Jesús renunció a participar en esos juegos de poder. Así terminó como terminó, en la cruz. ¿Cuándo conseguiremos que el poder sea un servicio y no ocasión de dominación y opresión de los más pobres?"
(Fernando Torres cmf, Ciudad Redonda)

lunes, 28 de agosto de 2023

¿FALSOS E HIPÓCRITAS?


 
¡Ay de vosotros, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que cerráis a todos la puerta del reino de los cielos. Ni vosotros entráis ni dejáis entrar a los que quisieran hacerlo.
¡Ay de vosotros, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que recorréis tierra y mar para ganar un adepto, y cuando lo habéis ganado hacéis de él una persona dos veces más merecedora del infierno que vosotros mismos.
¡Ay de vosotros, guías ciegos!, que decís: ‘El que hace una promesa jurando por el templo no se compromete a nada; el que queda comprometido es el que jura por el oro del templo.’ ¡Estúpidos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro o el templo por el que el oro queda consagrado? También decís: ‘El que hace una promesa jurando por el altar no se compromete a nada; el que queda comprometido es el que jura por la ofrenda que está sobre el altar.’ ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda o el altar por el que la ofrenda queda consagrada? El que jura por el altar, no solo jura por el altar sino también por todo lo que hay encima de él; y el que jura por el templo, no solo jura por el templo sino también por Dios, que vive allí. Y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por Dios mismo, que se sienta en él.

Estos tres primeros días de la semana leeremos textos muy duros contra los maestros de la ley y los fariseos. Jesús los acusa de hipocresía, de llevar una doble vida, de decir una cosa y hacer otra.
Es curioso que, Jesús que se muestra misericordioso y manso de corazón, aparezca con esta dureza frente a los que "teóricamente" eran las personas más religiosas de Israel.
Lo que Jesús no tolera es la falsedad y la hipocresía. Al sencillo y humilde, por pecador que sea le tiende siempre su mano salvadora.
Pero no pensemos que estas palabras las dirige solamente a los de su tiempo. Su Palabra se dirige también a nosotros. Debemos reflexionar, sobre todo aquellos que decimos ser sus seguidores más cercanos, sacerdotes y religiosos, si nuestra vida concuerda con nuestras palabras. Si obramos por Amor o para aparentar y tener prestigio y poder. Si ponemos cargas pesadas a los demás y nosotros ni las tocamos.
Todos somos pecadores, todos necesitamos el perdón de Dios. Presentémonos ante los demás tal como somos, sin doblez ni hipocresía.

domingo, 27 de agosto de 2023

¿QUIÉN ES JESÚS PARA NOSOTROS?

 


Cuando Jesús llegó a la región de Cesarea de Filipo preguntó a sus discípulos:
–  ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?
 Ellos contestaron:
– Unos dicen que Juan el Bautista; otros, que Elías, y otros, que Jeremías o algún profeta.
 – Y vosotros, ¿quién decís que soy? – les preguntó.
 Simón Pedro le respondió:
– Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente.
 Entonces Jesús le dijo:
– Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque ningún hombre te ha revelado esto, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra voy a edificar mi iglesia; y el poder de la muerte no la vencerá. Te daré las llaves del reino de los cielos: lo que ates en este mundo, también quedará atado en el cielo; y lo que desates en este mundo, también quedará desatado en el cielo.
 Luego Jesús ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.


"Los seres humanos solemos percibir la realidad desde nuestras expectativas, necesidades, situaciones personales, formación cultural y religiosa, vivencias y experiencias, intereses... Estos son nuestros filtros, conscientes o inconscientes. Y Jesús quiere hacer un «feedback», una valoración de lo que la gente ha podido captar de sus palabras y obras, qué les ha quedado de todo su empeño misionero. Es una tarea necesaria siempre, y en los agentes de pastoral también. El balance que le presentan sus discípulos no es alentador. Ya algunos grupos judíos han empezado a tomar distancia de  Jesús, decepcionados cuando no escandalizados. La «gente» no anda demasiado desencaminada, pero su percepción del Maestro es muy incompleta. A partir de aquí Jesús cambiará de «estrategia» para pasar a centrarse casi exclusivamente en el grupo de sus discípulos.
     Pero también quiere sondearles a ellos. La pregunta no se dirige al terreno intelectual o teológico... : ¿Qué habéis percibido de mí en el trato personal, qué ha supuesto para vosotros el seguirme, el escucharme, el estar conmigo...? ¿En qué habéis cambiado personalmente, cómo estoy influyendo en  vuestras vidas. Digamos que es una pregunta «existencial», que solo uno mismo puede responder, y para la que no hay respuestas hechas.
    Pedro se adelanta a responder a modo de portavoz de todo el grupo y hace toda una declaración breve, pero profunda sobre Jesús: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". Es una respuesta bastante más completa que la que dieron en la barca, después de la tempestad. Y esa declaración de fe será el cimiento, la piedra, sobre la que Jesús levantará su futura Iglesia («mi Iglesia»). Pero hay que decir que, a pesar de la bienaventuranza de Jesús dirigida a Pedro... su confesión necesita ser purificada. Su concepto de «Mesías» habrá de modificarse mucho a partir de la experiencia pascual (el fracaso, el rechazo, la cruz y la resurrección), dejando a un lado muchas connotaciones y expectativas que no coinciden con el proyecto de Jesús. De ahí que les mande silencio sobre ese título. Y ciertamente ningún apóstol puede atreverse a "atar y desatar" como el mayordomo de la primera lectura.
    Nunca tenemos cerrada y completa nuestra experiencia de fe. Lo que «decimos» de Jesús tiene que seguir madurando. Lo que digamos ha de ser experiencia personal vivida. Y la fe eclesial/comunitaria de los apóstoles y la revelación progresiva de Dios (ni la carne ni la sangre) lo irán haciendo posible... si no nos encerramos en nuestras ideas y subjetivismos personales. Nuestra fe es siempre eclesial/comunitaria, aun cuando sea (debe serlo) personal."

(Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf, Ciudad Redonda)


sábado, 26 de agosto de 2023

DECIR Y HACER

 


Después de esto, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: Los maestros de la ley y los fariseos son los encargados de interpretar la ley de Moisés. Por lo tanto, obedecedlos y haced todo lo que os digan. Pero no sigáis su ejemplo, porque dicen una cosa y hacen otra. Atan cargas pesadas, imposibles de soportar, y las echan sobre los hombros de los demás, mientras que ellos mismos no quieren tocarlas ni siquiera con un dedo. Todo lo hacen para que la gente los vea. Les gusta llevar sobre la frente y en los brazos cajitas con textos de las Escrituras, y vestir ropas con grandes borlas. Desean los mejores puestos en los banquetes, los asientos de honor en las sinagogas, ser saludados con todo respeto en la calle y que la gente los llame maestros.
Pero vosotros no os hagáis llamar maestros por la gente, porque todos sois hermanos y uno solo es vuestro Maestro. Y no llaméis padre a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el que está en el cielo. Ni os hagáis llamar jefes, porque vuestro único Jefe es Cristo. El más grande entre vosotros debe servir a los demás. Porque el que a sí mismo se engrandece, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido.

Y hacer con sencillez; porque seguir a Jesús se hace sirviendo. Las apariencias, son eso, meras apariencias. La realidad es aquello que hacemos sin hacer ruido, sin buscar el éxito y las felicitaciones. Sirviendo, aunque no nos den las gracias.
 
"Está claro que el Reino de que habla Jesús no se parece en nada a los de este mundo. El texto evangélico de hoy es una muestra clarísima de ello. Vamos a dejar de lado la primera parte, aunque sería una buena crítica para algunos eclesiásticos que no solo valoran más formas y solemnidades (litúrgicas, de hábitos, etc.) sino que además dictaminan normas que a veces tienen poco que ver con el amor y la misericordia del Dios de Jesús. Pero dejemos esta primera parte.
Y vamos a la segunda. Todo un programa para la comunidad cristiana (otra cosa es que lo hayamos cumplido a lo largo de la historia): no os dejéis llamar maestro ni padre ni consejero. Jesús da razones para todo. Maestro solo tenemos uno y todos somos hermanos. Se sobreentiende que el maestro es el mismo Jesús. Tampoco nos tienen que llamar padre porque no tenemos más Padre que el del cielo. Ni consejero, por la misma razón que la del maestro.
Y termina con una conclusión clara y distinta: el primero entre vosotros será vuestro servidor. En la iglesia, en la comunidad cristiana, estamos para servir. En la fraternidad del Reino todos son manos abiertas para ayudar, para apoyar, para comprender. No hay puestos principales ni nada que se le parezca.
La realidad es que hemos construido a lo largo de los siglos una iglesia que se define como jerárquica. Posiblemente sea necesario ese orden en una institución que tiene semejante tamaño. Pero nunca se nos debería olvidar este texto del evangelio de hoy. La jerarquía esta para servir. Y toda la iglesia, toda la comunidad cristiana, toda comunidad cristiana, tiene sentido en la medida en que se sirve y sirve sobre todo a los más pobres, a los más alejados y marginados. En ese servicio se realizará el signo de que el Reino es para todos sin excepción, de que Dios es padre de todos."
(Fernando Torres cmf, Ciudad Redonda)

viernes, 25 de agosto de 2023

AMAR Y AMAR

 

Los fariseos se reunieron al saber que Jesús había hecho callar a los saduceos. Uno de aquellos, maestro de la ley, para tenderle una trampa le preguntó:
 – Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley?
 Jesús le dijo:
– ‘Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.’ Este es el más importante y el primero de los mandamientos. Y el segundo es parecido a este: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo.’ De estos dos mandamientos pende toda la ley de Moisés y las enseñanzas de los profetas.

Amar y amar. Esa es la forma, según Jesús, de cumplir los mandamientos. Amar a Dios y amar al prójimo. Lo segundo implica también amarnos a nosotros, pero no sólo a nosotros. Este es el camino para conseguir el Reino en la tierra. 

"Cuando se tiene una ley con 613 normas, como tenían los judíos en la Torá, es normal que las personas se preocupen por poner un poco de orden y saber cuál es la ley más importante. Diría que en la Iglesia nos pasa un poco lo mismo. También tenemos muchas normas entre mandamientos de la ley de Dios, mandamientos de la Iglesia y cánones del Código de Derecho Canónico (son nada más y nada menos que 2414 en la última edición). Es decir, que podemos asumir como nuestra la preocupación de aquel fariseo por saber cuál de todos aquellos mandamientos era el principal.
Jesús no tiene duda en responder. Todo se resume en dos mandamientos, que contienen la ley entera: Amar a Dios y amar al prójimo. Y ya está. No hay más que hablar.
O sí. En realidad hay mucho que hablar. Lo primero es que nos podemos preguntar qué es eso de amar a Dios. O mejor, ¿cómo se expresa el amor a Dios? Leyendo y releyendo el Evangelio se entiende con facilidad, y así lo han entendido tantos y tantas a lo largo de la historia del cristianismo, que ese amor a Dios se expresa precisamente en el amor al prójimo. Nada que ver con muchas oraciones ni muchas celebraciones ni muchos cánticos ni muchas horas pasadas de rodillas. Si todo eso no nos lleva a amar a nuestro hermano o hermana, a estar cerca del que sufre de cualquier manera, todo son actos inútiles y sin sentido. Puras evasiones que es posible que tranquilicen nuestra mente pero que ciertamente no tienen nada que ver con el Evangelio.
Amar a Dios es (expresando identidad en el sentido más fuerte posible) amar al hermano. Y eso se hace… amando: preocupándose de una manera eficaz y realista por su bien. Porque amar es mucho más que un sentimiento. Es la cercanía atenta al hermano o hermana en sus necesidades concretas, ya sea hambre, justicia, enfermedad, libertad… Amar es sentir con el hermano y hacer nuestras sus preocupaciones y dolores. Y caminar con él, juntos, de la mano, para hacer el camino del Reino. Y así hacer presente en nuestro mundo el amor de/a Dios."
(Fernando Torres cmf, Ciudad Redonda)  

jueves, 24 de agosto de 2023

NOS VE DEBAJO DE LA HIGUERA



 Felipe fue a buscar a Natanael y le dijo:
– Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en los libros de la ley, y de quien también escribieron los profetas. Es Jesús, el hijo de José, el de Nazaret.
 Preguntó Natanael:
– ¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?
Felipe le contestó:
– Ven y compruébalo.
 Cuando Jesús vio acercarse a Natanael, dijo:
– Aquí viene un verdadero israelita, en quien no hay engaño.
 Natanael le preguntó:
– ¿De qué me conoces?
Jesús le respondió:
– Te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera.
 Natanael le dijo:
– Maestro, ¡tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel!
 Jesús le contestó:
– ¿Me crees solamente por haberte dicho que te vi debajo de la higuera? ¡Pues cosas más grandes que estas verás!
Y añadió:
– Os aseguro que veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.

Nunca sabremos qué hacía Natanael debajo de la higuera; pero era algo que él creía que sólo Dios podía saber. Eso le llevó a creer en Jesús y seguirle.
A nosotros también nos ve debajo de la higuera. Es decir, conoce lo más profundo y secreto de cada uno de nosotros. Nos ama en lo más íntimo de nuestro ser. Por eso, si somos conscientes de ello, no tenemos otra alternativa que seguirlo totalmente, que postrarnos a sus pies y hacerlo nuestro Señor.

"Hay una distinción que nos puede ayudar mucho en nuestra vida cristiana y que tiene mucha importancia en la vida de los apóstoles y discípulos de Jesús. Es que Jesús no dijo a ninguno de ellos: “creed en mí”. Su palabra fue muy diferente: “Déjalo todo, ven y sígueme”. Aunque estas palabras no salgan exactamente en el texto evangélico de hoy, están implícitas en las palabras de Felipe a Natanael, cuando le dice “hemos encontrado a Jesús, hijo de José, de Nazaret”.
No dice Felipe que se haya encontrado con un libro de teología o con un catecismo donde se resuman una serie de verdades que es lo que hay que creer. Y que esté presentando a Natanael ese libro con las verdades que contiene para que Natanael crea en ellas y así se salve. Parece que el libro de Natanael no apuntaba a unas verdades sino a una persona: “Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas”. Todo apunta a una persona, a un estilo de vida. Muy diferente de unas verdades en las que creer, a las que asentir. De lo que se trata es de ponerse en movimiento, de dejar de hacer y vivir lo que se estaba haciendo y viviendo para comenzar a vivir y hacer de otra manera.
Así lo vivieron Bartolomé / Natanael y los demás apóstoles. Así lo han vivido tantos y tantas a lo largo de estos veinte siglos. Aunque a veces nos haya parecido que lo más importante es saberse bien de memoria el credo y asentir a todas las verdades que propone la Iglesia, la realidad es que lo más importante es seguir a Jesús, hacer lo que él hacía, vivir a su estilo. Es significa estar cerca de los pobres y marginados, de los que sufren y de los que les ha tocado la peor parte en nuestro mundo. Eso es anunciar el Reino de Dios, tan importante o más que las hermosas celebraciones litúrgicas en nuestras catedrales.
Hoy Jesús nos sigue llamando e invitando a hacer de él nuestro modelo. Entonces seguro que veremos cosas mayores, porque veremos la gracia y el amor y la misericordia de Dios que se hace presente en nuestro mundo."
(Fernando Torres cmf, Ciudad Redonda)

jueves, 17 de agosto de 2023

DIOS ES PERDÓN

 


Entonces Pedro fue y preguntó a Jesús:
– Señor, ¿cuántas veces he de perdonar a mi hermano, si me ofende? ¿Hasta siete?
Jesús le contestó:
– No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el reino de los cielos se puede comparar a un rey que quiso hacer cuentas con sus funcionarios. Había comenzado a hacerlas, cuando le llevaron a uno que le debía muchos millones. Como aquel funcionario no tenía con qué pagar, el rey ordenó que lo vendieran como esclavo, junto con su esposa, sus hijos y todo lo que tenía, a fin de saldar la deuda. El funcionario cayó de rodillas delante del rey, rogándole: ‘Señor, ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo.’ El rey tuvo compasión de él, le perdonó la deuda y lo dejó ir en libertad.
Pero al salir, aquel funcionario se encontró con un compañero que le debía una pequeña cantidad. Lo agarró del cuello y lo ahogaba, diciendo: ‘¡Págame lo que me debes!’ El compañero se echó a sus pies, rogándole: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo.’ Pero el otro no quiso, sino que le hizo meter en la cárcel hasta que pagara la deuda. Esto disgustó mucho a los demás compañeros, que fueron a contar al rey todo lo sucedido. El rey entonces le mandó llamar y le dijo: ‘¡Malvado!, yo te perdoné toda aquella deuda porque me lo rogaste. Pues también tú debiste tener compasión de tu compañero, del mismo modo que yo tuve compasión de ti.’ Tanto se indignó el rey, que ordenó castigarle hasta que pagara toda la deuda.
 Jesús añadió:
– Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada uno no perdona de corazón a su hermano.
 Después de haber dicho estas cosas, Jesús se marchó de Galilea y llegó a la región de Judea que está al oriente del Jordán.

"Dice una amiga mía que esto del perdón tiene su aquel. Y es verdad. Porque, aunque Jesús no se refiera directamente a ello, el perdón incluye el olvido, la supresión de esos archivos de la memoria que se quedan ahí atascados y que parecen tener la cualidad de salir continuamente a la luz, a la conciencia, en los momentos menos oportunos. Cuando falta el olvido, no sé si podemos decir que hemos perdonado de verdad.
El evangelio de hoy va a sobre el perdón. Sobre el perdón entre las personas. Pedro propone un límite para ese perdón: siete veces. A la octava, ya no habría que perdonar y el rencor estaría permitido. Jesús plantea una alternativa. En primer lugar lleva el número de veces que hay que perdonar prácticamente al infinito. Eso es lo que significa “setenta veces siete”. Y en segundo lugar, pone como referencia, como modelo del perdón a Dios mismo. No otra cosa es lo que nos intenta decir con la parábola que nos cuenta.
A ninguno nos resulta difícil identificar al señor de la parábola con Dios mismo. La deuda del empleado con él es enorme. Diez mil talentos al cambio actual es una cifra que se nos escapa por los muchos ceros que tendría. Pero ante la petición de perdón del empleado, el señor siente lástima (siempre la compasión nos aparece en las palabras y las acciones de Jesús) y perdona. El perdón marca un nuevo comienzo. Desde cero. Como si nada hubiese sucedido.
Pero el empleado tiene también sus deudores. Y persigue al que le debe una miseria (cien denarios –miseria si pensamos que un talento equivalía a unos seis mil denarios–). Él no tiene lástima por el otro. A él le han perdonado y olvidado su deuda. Pero él no es capaz de hacer lo mismo. Esa actitud le lleva a la perdición. Él mismo se condena.
“Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano”. Lo dicho a perdonar mucho y a olvidar también, que más nos han perdonado a nosotros."
(Fernando Torres cmf, Ciudad Redonda)

Voy a hacer Ejercicios Espirituales. No me conectaré hasta el día 25. Dejaré el ordenador en casa. Un abrazo a todos: Hno. Juanjo

miércoles, 16 de agosto de 2023

EN MEDIO DE NOSOTROS

 


Si tu hermano te ofende, habla con él a solas para moverle a reconocer su falta. Si te hace caso, has ganado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a una o dos personas más, porque toda acusación debe basarse en el testimonio de dos o tres testigos. Si tampoco les hace caso a ellos, díselo a la congregación; y si tampoco hace caso a la congregación, considéralo como un pagano o como uno de esos que cobran impuestos para Roma.
Os aseguro que todo lo que atéis en este mundo, también quedará atado en el cielo; y todo lo que desatéis en este mundo, también quedará desatado en el cielo.
Además os digo que si dos de vosotros os ponéis de acuerdo aquí en la tierra para pedir algo en oración, mi Padre que está en el cielo os lo dará. Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

"Hay palabras de Jesús que casi me atrevería a decir que no nos las hemos tomado en serio. Ya cuando estudiaba teología se me ocurrió preguntar al profesor por qué habíamos dado tanta importancia, y sin duda que la tiene, a la presencia real de Jesús en la eucaristía y no habíamos dado la misma importancia a las palabras con que termina el texto evangélico de hoy: “donde dos o tres estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” No supo responderme, dio una larga cambiada y volvió al tema de que estaba hablando. No quiero entrar en discusiones teológicas de si estamos hablando de una presencia sacramental o no. Pero hay una realidad en las palabras de Jesús: cuando la comunidad se reúne, cuando un grupo de creyentes se reúne en nombre de Jesús, por su fe en él, ahí está la presencia real de Jesús, animando su oración, su acción, su vida.
No hace falta que se reúnan en una iglesia. No hace falta que estén presididos por un sacerdote o por un religioso o religiosa. No hace falta ni siquiera que haya uno que presida la reunión. Basta con que se unan en el nombre de Jesús y ese grupo, esa comunidad, se constituye como Iglesia porque Jesús está en medio de ellos.
Me gusta imaginar al grupo de amigos que se reúnen para leer juntos y meditar un texto del Nuevo Testamento, de los evangelios o de las cartas. O que se reúnen para rezar juntos el rosario. O que la familia, un día de fiesta que por la razón que sea no pueden ir a participar en la Eucaristía, la Misa, con la comunidad parroquial, se toman un tiempo para juntos leer las lecturas del día, orar con ellas y dar gracias por tantos bienes recibidos. O los vecinos que deciden juntos tomarse un tiempo para servir a los más necesitados del barrio.
Ahí siempre está Jesús en medio. Ya no son sólo un grupo de amigos, ni una familia, ni unos vecinos. Ahí otra presencia animando su oración, su compromiso, su forma de estar juntos. Están haciendo reino, fraternidad. Están haciendo presente a Dios mismo en medio de nuestro mundo. Está Jesús en medio de ellos, hecho carne y vida y esperanza y fe y reconciliación y perdón."
(Fernando Torres cmf, Ciudad Redonda)

martes, 15 de agosto de 2023

LA ALEGRÍA DE MARÍA

 


Por aquellos días, María se dirigió de prisa a un pueblo de la región montañosa de Judea, y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura se movió en su vientre, y ella quedó llena del Espíritu Santo. Entonces, con voz muy fuerte, dijo Isabel:
– ¡Dios te ha bendecido más que a todas las mujeres, y ha bendecido a tu hijo! ¿Quién soy yo para que venga a visitarme la madre de mi Señor? Tan pronto como he oído tu saludo, mi hijo se ha movido de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú por haber creído que han de cumplirse las cosas que el Señor te ha dicho!
 María dijo:
“Mi alma alaba la grandeza del Señor.
 Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador,
 porque Dios ha puesto sus ojos en mí, su humilde esclava,
y desde ahora me llamarán dichosa;
 porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas.
¡Santo es su nombre!
 Dios tiene siempre misericordia
de quienes le honran.
 Actuó con todo su poder:
deshizo los planes de los orgullosos,
 derribó a los reyes de sus tronos
y puso en alto a los humildes.
 Llenó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías.
 Ayudó al pueblo de Israel, su siervo,
y no se olvidó de tratarlo con misericordia.
 Así lo había prometido a nuestros antepasados,
a Abraham y a sus futuros descendientes.”
 María se quedó con Isabel unos tres meses, y después regresó a su casa.

"En esta fiesta de la Asunción resuenan, una vez más porque ya forma parte de la oración diaria en la liturgia de las horas, las palabras de María en el Magnificat.
Para ser realistas, no sabemos si fueron esas con exactitud las palabras de María en aquel momento. Actualmente estamos acostumbrados a que siempre haya un periodista con un micrófono o una cámara que registre exactamente lo que pasa en un momento determinado. Entonces no era así. Todo se basaba en la memoria, en los recuerdos. Y ya sabemos de la fragilidad de nuestra memoria. Casi seguro que no fueron sus palabras exactas.
Pero lo que es seguro es que el autor del Evangelio de Lucas puso en labios de María al que coincidía con su forma de ser, de pensar, de sentir, de creer. Es decir, que igual no fueron las palabras exactas que dijo en aquel momento pero que las podía haber dicho perfectamente. Su contenido es el de alguien que había comprendido perfectamente el mensaje rompedor de Jesús, el mensaje del Reino de Dios que pone patas arriba nuestro mundo, que da la vuelta a todo: “Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes” y “a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos”. Esa es la misericordia de Dios que llega a sus fieles de generación en generación.
El Magnificat es la expresión de alegría y gozo de alguien que siente ya la presencia del Reino entre nosotros. Sólo con este canto ya podríamos decir que María es la primera discípula. Y que su grandeza proviene sobre todo de haber seguido a Jesús, de haber guardado en su corazón los misterios del Reino y de haber puesto su vida a su servicio.
A lo largo de la vida de Jesús encontramos a María siempre cerca. Desde las bodas de Cana hasta orando con los discípulos después de su muerte, pasando, como no podía ser de otra manera, por el momento de la cruz, en el que no abandonó ni a su hijo ni su confianza en que él era el Salvador. Todos eran los misterios vividos y experimentados del Reino de un Dios que es misericordia y amor para todos, sobre todo para los más débiles y pobres."
(Juan Carlos Rodríguez cmf, Ciudad Redonda)

lunes, 14 de agosto de 2023

NO ESCANDALIZAR

 


Mientras andaban juntos por la región de Galilea, Jesús les dijo:
– El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; pero al tercer día resucitará.
Esta noticia los llenó de tristeza.
 Cuando Jesús y sus discípulos llegaron a Cafarnaún, los que cobraban el impuesto para el templo fueron a ver a Pedro, y le preguntaron:
– ¿Tu maestro no paga el impuesto para el templo?
– Sí, lo paga – contestó Pedro.
Luego, al entrar Pedro en casa, Jesús se dirigió a él en primer lugar, diciendo:
– ¿Qué te parece, Simón? ¿A quiénes cobran impuestos y contribuciones los reyes de este mundo: a sus propios súbditos o a los extranjeros?
 Pedro contestó:
– A los extranjeros.
– Por lo tanto – añadió Jesús –, los propios súbditos no tienen que pagar nada. Pero, para que nadie se ofenda, ve al lago y echa el anzuelo. En la boca del primer pez que pesques encontrarás una moneda que será suficiente para pagar mi impuesto y el tuyo. Llévatela y págalos.

Jesús anuncia a sus discípulos su muerte. Ellos se entristecieron. Lo cual nos indica que no entendieron lo de que al tercer día resucitaría. Nosotros debemos saber, que tras las pruebas, los problemas, las persecuciones, seguirá la entrada en el Reino. Por eso no debemos desanimarnos ni entristecernos cuando tenemos dificultades y problemas.
Jesús nos muestra hoy que no quiere escandalizar. No tenía que pagar un impuesto al culto. Él era el Hijo de Dios. Pero, ya en otro pasaje del evangelio nos dice lo grave que es escandalizar a los pequeños. Por eso muchas veces tendremos que mirar, que nuestra actuación no escandalice a las personas sencillas. El bien de los demás pasa por encima de nuestras ideas.

domingo, 13 de agosto de 2023

DIOS SE ENCUENTRA EN EL SILENCIO

  


Al llegar entró en una cueva, y allí pasó la noche. Pero el Señor se dirigió a él, y le dijo: “¿Qué haces aquí, Elías?”
 El Señor le dijo: “Sal fuera y quédate de pie ante mí, sobre la montaña.”
En aquel momento pasó el Señor, y un viento fuerte y poderoso desgajó la montaña y partió las rocas ante el Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento hubo un terremoto; pero el Señor tampoco estaba en el terremoto. Y tras el terremoto hubo un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Pero después del fuego se oyó un sonido suave y delicado. Al escucharlo, Elías se cubrió la cara con su capa, y salió y se quedó a la entrada de la cueva. 

Como el evangelio de hoy lo comentamos hace pocos días, comentaremos principalmente la Primera Lectura.

"Elías era buena gente. El prototipo de profeta. Recordemos cómo se encontró con Jesús, en compañía de Moisés, en el Monte de la Transfiguración. Es necesario, para comprender la breve escena de hoy, irse más atrás para recordar por qué anda Elías por el Horeb y en qué estado de ánimo se encuentra. El pasaje por sí mismo se queda sin contexto y nos diría poco.
Bueno, pues Elías había procurado hacer lo que «creía» que le pedía Dios. Aunque sin preguntárselo a Él. Hablaba mucho de Dios, actuaba en nombre de Dios... pero sin haber escuchado antes a Dios (y seguramente tampoco a su pueblo). El caso es que durante un cierto tiempo tuvo éxito, prestigio, reconocimiento... Pero después se vio despreciado y perseguido por sus «jefes», y enfrentado e incomprendido por esa misma gente que antes le aplaudía. Aunque él mismo se lo buscó al «servirse» de Dios para «demostrar» su verdad y su poder y hacer una matanza de sacerdotes paganos (servidores de la reina Jezabel). Pero fue un total fracaso, su propio pueblo lo rechaza, la reina manda apresarlo. Le entra una «depre» descomunal, y sale huyendo a esconderse, deseándose la muerte...
No es tan raro que en nuestra vida ocurran acontecimientos inesperados que nos descolocan...
Andábamos tan convencidos de estar haciendo lo que teníamos que hacer. Incluso, quizás, no lo hacíamos mal, obteníamos buenos resultados, estábamos bien considerados, las cosas nos iban bien... pero de pronto algo no (nos) sale bien, y se nos descoloca todo, nos quedamos desconcertados.
Puede ser la muerte de alguien que nos importa...
Puede ser un fracaso en nuestros estudios/trabajos...
Puede ser un chasco con nuestra pareja...
Puede que se enfaden o nos fallen los amigos en el momento más delicado...
Puede que nos veamos sin fuerzas ante un reto difícil, sin saber por dónde tirar...
Puede que nos falle la salud, o que nos tengamos que trasladar a un lugar nuevo, lejos de todo lo que nos daba seguridad.
Y se amontonan por todas partes montones de preguntas:
  • ¿Qué estoy haciendo con mi vida, o de qué vale todo esto en lo que estaba tan ocupado y tan entregado?
  • ¿Qué es lo realmente importante, cómo cuidarlo, por qué se me escapa de las manos, por qué se ha venido todo abajo?
  • ¿Tengo apoyos verdaderamente firmes o sólo cuento con mis pobres fuerzas?
  • ¿En qué me he equivocado? ¿No estoy gastando energías inútilmente?
  • Quien se encierra en los estudios/trabajo, como si fuera lo único importante, y desenchufa de casi todo lo demás, y sobre todo de todos... El activismo...
  • Quien se mete en un mundo virtual (en las redes de la «Red»), o deportivo, o de alcohol, o de ideologías políticas y hasta religiosas...
  • Quien cree que es mejor hacer «como si» no hubiese pasado nada, y distraerse y olvidar... como si las heridas y fracasos se curasen mirando para otro lado, o quitándoles importancia...
  • Quien se busca una pareja que le dé todo lo que no tiene, le consuele, con la que aislarse del resto del mundo...
  • Quien prefiere irse a cualquier otro sitio, y volver a empezar de cero...
En el fondo no nos apetece enfrentar estas fastidiosas preguntas. Es preferible salir huyendo, como Elías, y encontrar nuestra «gruta/cueva» particular para aislarnos de todo, y quizás darle vueltas a nuestra rabia o tristeza, encontrar culpables, o mejor aún, olvidar, o tirar la toalla, o...
Hay muchos tipos de «grutas»:
Elías tuvo la ocurrencia de huir... hacia el Horeb , (llamado también «Sinaí», el monte de Dios...) y quedarse en SILENCIO, cosa que aprovechó Dios para hacerle preguntas. Cuando consiguió silenciar tantos ruidos que llevaba dentro, y tantas ideas equivocadas sobre los modos de «hablar Dios» (el fuego, el viento huracanado, el terremoto, lo espectacular, lo evidente, lo llamativo...). Eso de que Dios estaba en el fuego o el viento... lo había aprendido del pasado: así se presentó Dios antaño en la zarza o en el Sinaí. Pero eso, antaño. Porque Dios fue purificando y haciendo madurar las ideas que el pueblo tenía sobre él. Sin embargo, Elías parece que no había avanzado, seguía «erre que erre», con «lo de siempre».
Pues cuando por fin hizo silencio, y comenzó honestamente a revisar todo lo que andaba haciendo... pudo escuchar la voz de Dios: ¿Qué haces aquí, Elías? ¡Estás totalmente equivocado con tus planteamientos! Echar mano de espectáculos (hacer llover fuego del cielo) e intentar imponer la verdad e manera violenta... no son los caminos de Dios. ¿Quieres que te diga lo que tienes que hacer?...
No hará falta de decir que no es que suenen «voces por el aire». No es que escuche Elías literalmente esas palabras de Dios. Ya sabemos que Dios huye de lo evidente y lo espectacular, no se impone: tampoco al profeta. Usa otros caminos: Puede ser la voz de alguien que nos conoce bien, la voz de la Escritura, la voz de alguna persona espiritual capaz de ayudar a discernir (sacerdotes, religiosos, o laicos...), la voz de la conciencia...
Además de preguntar, recibe una orden: ¡«come»! Come el pan que yo te ofrezco, o no llegarás a ninguna parte. A nosotros los cristianos nos hacen recordar aquellas palabras de Jesús en la Última Cena: «Sin mí no podéis hacer nada». Sin la oración frecuente y la participación frecuente en la Eucaristía (el Pan para el camino) ... nuestras fuerzas serán únicamente las nuestras, y andaremos dando tumbos por el desierto, desconcertados, sin fuerzas...
Y por fin un encargo clarificador: Déjate de grandes tinglaos y de manifestaciones de poder, y de intentar hacer negocios con la reina... Tu tarea es sostener, acompañar, ayudar a los que todavía siguen viviendo su fe, aunque sea una fe débil. Estar con ellos, caminar con ellos, orar con ellos... humildemente, calladamente, con esperanza y fe firme.
Dejemos que Dios nos haga preguntas, como la de hoy mismo: «¿Qué haces aquí, Elías?». O tal vez por medio de los demás; el Papa Francisco suele cuestionar mucho a quien se deja, y no se cierra «en plan Elías»). Aprendamos y ejercitemos el silencio, la escucha, la mirada atenta, el discernimiento... todo lo que puede hacer que tenga sentido nuestra vida, y no se desenfoque o se tambalee fácilmente cuando las cosas de la vida nos lo pongan difícil. También lo tuvo difícil Pedro, cuando intentaba caminar sobre las oscuras aguas. Menos mal que dejó de mirarse a sí mismo, de mirar a las aguas a sus pies... para mirar al Señor y tomar su mano cuando se la tiende. Podríamos definir así la oración: «coger confiadamente la mano del Señor cuando nos parece que nos hundimos».
Y por supuesto recibamos frecuentemente el Pan de la Vida para restaurar nuestras fuerzas y volver a nuestra vida con ánimo renovado, y con criterios más claros."

(Enrique Martínez de la Lama-Noriega CMF)