jueves, 12 de febrero de 2026

LAS MIGAJAS

 


De allí pasó Jesús a la región de Tiro. Entró en una casa sin querer que se supiera, pero no pudo ocultarlo. Pronto supo de él la madre de una muchacha que tenía un espíritu impuro; y fue y se arrodilló a los pies de Jesús. Era una mujer extranjera, de nacionalidad sirofenicia. Fue, pues, y rogó a Jesús que expulsara de su hija al demonio; pero Jesús le dijo:
– Deja que los hijos coman primero, porque no está bien quitar el pan a los hijos y dárselo a los perros.
– Sí, Señor – respondió ella –, pero hasta los perros comen debajo de la mesa las migajas que dejan caer los hijos.
Jesús le dijo:
– Bien has hablado. Puedes irte: el demonio ya ha salido de tu hija.
Cuando la mujer llegó a su casa encontró a la niña en la cama; el demonio ya había salido de ella.

Jesús aprovecha para enseñar a sus discípulos, que la salvación es para todos y demostrarles , que los más humildes o aquellos que parecen alejados, pueden tener una gran Fe. Debemos ser humildes y debemos confiar totalmente en Jesús.

"Pero, en estos dos relatos de hoy, ¿quién sale ganando? Salomón tenía el favor de Dios. Había pedido sabiduría y se le había concedido. Tenía riquezas, cortesanos, y todo lo que pudiera desear. Y sin embargo, las riquezas lo estaban separando de Dios, que debería ser su único tesoro. Por contraste, a la mujer la empujan unas migajas caídas al suelo… empujan a su corazón a acercarse a Dios. Y, paradójicamente, ella no tenía el favor de Dios. O no se suponía que lo tuviera, por ser extranjera.
En una visión conjunta de estas dos lecturas, parece que la riqueza aparta, mientras que las migajas acercan. No se trata solamente de riquezas o migajas materiales. Se trata de toda una actitud de corazón. Es la autosuficiencia contrastada con la humildad y la valentía del reconocimiento de la propia realidad. Es la autosuficiencia que lleva a creer que uno lo puede todo frente a la fe en el único Dios. “Grande es tu fe”, le dice Jesús a la mujer después de una conversación irónica por la que Él quiere demostrar a sus discípulos que la salvación es para todos los pueblos. Jesús presenta un reto y ella le responde con la verdad. Lo dijo santa Teresa siglos más tarde: “la humildad es la verdad”. La mujer no se arredra porque intuye, muy agudamente, el juego de Jesús. Y tiene la fuerza y la audacia de la fe. Salomón hubiera aducido que él era el rey, que tenía derecho a todo. La mujer solo trae el “derecho de los perrillos a la mesa de su señor”. Es una preciosa declaración de reconocimiento del poder del Señor y de la propia dependencia.
Salomón deja que su corazón se aparte y se aferre a sus riquezas y posición y, como resultado, pierde su identidad. La mujer deja que su corazón se aferre a lo único importante, porque una migaja de eso es más grande que toda riqueza y recibe así una nueva identidad como parte del Pueblo de Dios. Es recibida y reconocida. En cambio, Salomón, a quien tanta sabiduría se le había concedido, ha entrado en el reino de los necios."
(Mc 7,24-30)

miércoles, 11 de febrero de 2026

LO QUE SALE DE NUESTRO CORAZÓN

  


Luego Jesús llamó a la gente y dijo:
–Escuchadme todos y entended: Nada de lo que entra de fuera puede hacer impuro al hombre. Lo que sale del corazón del hombre es lo que le hace impuro. 
Cuando Jesús dejó a la gente y entró en casa, sus discípulos le preguntaron sobre esta enseñanza. Él les dijo:
– ¿Así que vosotros tampoco lo entendéis? ¿No comprendéis que ninguna cosa que entra de fuera puede hacer impuro al hombre? Porque no entra en el corazón, sino en el vientre, y después sale del cuerpo.
Con esto quiso decir que todos los alimentos son puros, y añadió:
– Lo que sale del hombre, eso sí le hace impuro. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los asesinatos, los adulterios, la codicia, las maldades, el engaño, los vicios, la envidia, los chismes, el orgullo y la falta de juicio. Todas estas cosas malas salen de dentro y hacen impuro al hombre.

Del interior es de donde salen las cosas buenas y las cosas malas. Depende de lo que haya en nuestro corazón. Si realmente somos conscientes de que Jesús está en él, todo lo que salga de nuestro corazón será bueno; porque sólo podrá salir Amor.

"(...) El evangelio nos dice que no es lo que entra (lo externo) en la persona lo que la hace pura o impura, sino lo que sale de ella. La reina de Saba se da cuenta de que lo que honra a Salomón no es su esplendor ni su riqueza, sino un corazón sabio y entregado a Dios. Y el evangelio, en términos más negativos, asegura que lo que mancha a la persona no es lo que entra en ella, sino más bien lo que sale. Es decir, si lo que hay en el corazón es resentimiento, odio, envidia… siempre saldrá todo eso. Y cosas peores. Pero si en el corazón hay bondad, entrega, agradecimiento, serenidad… pues eso saldrá. Y eso se percibe, como lo percibió la reina de Saba. De la abundancia del corazón habla la boca, dice la sabiduría de la Escritura. Y Jesús, en otro lugar, amplía eso: donde está tu tesoro, allá está tu corazón. Es pues, muy conveniente discernir, en primer lugar, cuál es el tesoro. ¿A qué me aferro? ¿Qué es lo más importante para mí? Y quizás una buena pregunta sea también el porqué… ¿Por qué es ese el tesoro mayor que tengo? ¿De qué tipo es tal tesoro—material, afectivo, espiritual…? ¿Durará? ¿Merece la pena? ¿Qué me ocurriría si no lo tengo? Y luego, si el tesoro parece no merecer tanto la pena, quizá sea cosa de buscar un verdadero tesoro. Si el tesoro, como la perla que encuentra el mercader, es tan valioso como para dar la vida por ello… habrá que tomar una decisión.
Se nos propone hoy una profunda reflexión sobre lo que hay dentro. Seguramente no será todo bueno, y habrá muchas cosas que rectificar. Pero seguramente también encontraremos algún tesoro que quizá hayamos estado tratando de ignorar, porque adquirirlo plenamente supondría desechar otras cosas… Algo así como una generosidad que podría pedir heroicidad y sacrificio; o un talento que preferimos no utilizar por comodidad; o una capacidad de servicio que se opone a la tendencia al egoísmo. En el corazón a veces conviven basurillas y tesoros… ¿Qué va a salir de nosotros?"
(Carmen Fernández Aguinaco, Ciudad redonda)

martes, 10 de febrero de 2026

HONRAR CON EL CORAZÓN

 



Se acercaron los fariseos a Jesús, junto con unos maestros de la ley que habían llegado de Jerusalén. Y al ver que algunos discípulos de Jesús comían con las manos impuras, es decir, sin haber cumplido con el rito de lavárselas, los criticaron. (Porque los fariseos –y todos los judíos– siguen la tradición de sus antepasados de no comer sin antes lavarse cuidadosamente las manos. Y al volver del mercado, no comen sin antes cumplir con el rito de lavarse. Y aún tienen otras muchas costumbres, como lavar los vasos, los jarros, las vasijas de metal y las camas.) Por eso, los fariseos y los maestros de la ley preguntaron a Jesús:
– ¿Por qué tus discípulos no siguen la tradición de nuestros antepasados? ¿Por qué comen con las manos impuras?
Jesús les contestó:
– Bien habló el profeta Isaías de lo hipócritas que sois, cuando escribió:
‘Este pueblo me honra de labios afuera,
pero su corazón está lejos de mí.
De nada sirve que me rinda culto,
pues sus enseñanzas son mandatos de hombres.’
Porque vosotros os apartáis del mandato de Dios para seguir las tradiciones de los hombres.
También les dijo:
– Vosotros, para mantener vuestras propias tradiciones, pasáis por alto el mandato de Dios. Pues Moisés dijo: ‘Honra a tu padre y a tu madre’ y ‘El que maldiga a su padre o a su madre, será condenado a muerte.’ Pero vosotros afirmáis que un hombre puede decirle a su padre o a su madre: ‘No puedo socorrerte, porque todo lo que tengo es corbán’ (es decir, “ofrecido a Dios”); y también afirmáis que ese hombre ya no está obligado a socorrer a su padre o a su madre. De esa manera invalidáis el mandato de Dios con tradiciones que os trasmitís unos a otros. Y hacéis otras muchas cosas parecidas.
(Mc 7,1-13)

Jesús nos dice hoy que lo importante no es la letra. La ley, los ritos no tienen ningún sentido si su sentido profundo no es el Amor. Podemos cumplir a rajatabla lo mandado. Podemos ser estrictos en el seguimiento de ritos y ceremonias. Pero si tras ello no hay Amor, somos simplemente unos hipócritas preocupados por las apariencias.

"En el Evangelio se hace una advertencia más exigente: me honran con sus labios, pero su corazón está lejos. El corazón anda con los idolillos mientras que los labios confiesan a Dios. Pero eso no vale. El Señor escucha desde su morada. Y escucha al corazón, no a los labios. El corazón no puede negar lo que está haciendo, por mucho que las palabras digan otra cosa. Ningún ídolo al que pueda estar apegado el corazón puede tomar el lugar del único Dios."
(Carmen Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)

lunes, 9 de febrero de 2026

TOCAR A JESÚS

 

Atravesaron el lago y llegaron a la tierra de Genesaret, donde amarraron la barca a la orilla. Tan pronto como bajaron de la barca, la gente reconoció a Jesús. Recorrieron toda aquella región, y comenzaron a llevar enfermos en camillas a donde sabían que estaba Jesús. Y dondequiera que él entraba, ya fueran aldeas, pueblos o campos, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que les dejara tocar siquiera el borde de su capa. Y todos los que la tocaban quedaban sanados.
(Mc 6,53-56)
Hoy no podemos tocar a Jesús físicamente, o eso creemos. Sin embargo tenemos a Jesús presente en el otro, en el pobre, en el perseguido, en el inmigrante, en el enfermo..."Tocándolos a ellos, tocamos a Jesús. Amándolos a ellos, amamos a Dios. ¿Nos convenceremos algún día?

"Durante el tiempo del COVID nos acostumbramos (o semi-acostumbramos) a las reuniones, conversaciones, e incluso liturgias “online”. Pero el cuerpo humano está hecho para la presencia, para los sentidos. Necesitamos ver y tocar, abrazar. Hoy las lecturas nos hablan de sentidos, incluso cuando se perciben levemente. Ver la gloria es ver luz, seguramente. A Dios nadie lo ha visto nunca. En la lectura de Reyes, la gloria de Dios llena todo el templo. En el evangelio, quienes tocan la orla de la túnica de Jesús quedan curados. Parece algo físico, pero muy breve y, sin embargo, va mucho más allá del tiempo que dura. Es como el misterio de la Encarnación: humano-divino. La gloria no es tangible y contemplarla podría deslumbrar. El tocar levemente siquiera el borde de la túnica tiene poder sanador. En griego, la palabra σώζω, sózo significa sanar, auxiliar, salvar.
Tanto la gloria de Dios en el templo como el leve toque de la túnica no solo sanan físicamente, sino que salvan. Con su luz, la gloria descubre la verdad y, por lo tanto, llama a vivir en la luz, a vivir según Dios. El estar en presencia de la gloria y no morir, es salvación. Al descubrir la verdad se ponen  al descubierto los límites, el pecado, las propias oscuridades, la enfermedad; y podemos salir de todo eso porque, si con una simple llamita se rompe la oscuridad, cuánto más con la gloria entera de Dios. Del mismo modo, el simple toque no es solo poner los dedos en algo, sino toda el alma llena de una fe que parece ir contra toda evidencia. Es fe en la salvación que viene de Cristo, por encima de la simple curación de una dolencia física. Es una fe que, por pequeña que sea, rompe la oscuridad.  Al curar el alma, se puede curar el cuerpo, pero lo que se sana la persona entera. Antes de la comunión decimos: no soy digno de que entres en mi casa (de que tu gloria llene mi templo), pero una palabra tuya (el borde de tu vestido) y mi alma quedará sana, es decir, salvada. Que el alma quede sana es igual a dejar entrar la luz de la gloria que descubre la oscuridad y llama a la conversión. Que el alma quede sana es decir que el Cuerpo de Cristo, su presencia física, rompe la oscuridad, salva y lleva a vivir en verdad. La Eucaristía es presencia real; es la gloria de Dios que llena el templo y es ese toque mínimo de un pedacito de pan que salva."
(Carmen Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)

domingo, 8 de febrero de 2026

SER SAL Y LUZ

 

Vosotros sois la sal de este mundo. Pero si la sal deja de ser salada, ¿cómo seguirá salando? Ya no sirve para nada, así que se la arroja a la calle y la gente la pisotea.
Vosotros sois la luz de este mundo. Una ciudad situada en lo alto de un monte no puede ocultarse; y una lámpara no se enciende para taparla con alguna vasija, sino que se la pone en alto para que alumbre a todos los que están en la casa. Del mismo modo, procurad que vuestra luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que hacéis, alaben todos a vuestro Padre que está en el cielo.
(Mt 5,13-16)

Ser sal y luz es vivir conforme al evangelio. Tratar de ser como Jesús. Es así como seremos sal y seremos luz en el mundo. Es así como daremos sabor e iluminaremos. No se trata de lo que hacemos, sino de cómo lo hacemos. Si lo hacemos con humildad, con sencillez, con entrega total, con Amor...seremos verdaderamente y sal para el mundo.
 
"De luz, parece, van las lecturas esta semana. Esa luz que tanto nos hace falta para poder saber dónde estamos y hacia dónde tenemos que ir. El Señor nos dice que nosotros somos luz del mundo como Él es luz del mundo. Y en la primera lectura, Isaías nos dice cómo seremos luz del mundo: “parte tu pan al hambriento, hospeda al pobre sin techo, viste al desnudo y entonces romperá tu luz como la aurora” “Cuando destierres la opresión, la maledicencia, el gesto amenazador, tu luz se volverá mediodía. En pocos días comenzaremos el tiempo de Cuaresma. Son muy buenos propósitos para esta Cuaresma de 2026. Porque, a decir verdad, tendríamos que ir nosotros tirando del carro, no corriendo delante de él para que no nos atropelle. Tenemos que movernos y mover a otros, no dejarnos arrastrar sin vida como cantos rodados que se lleva el río.
No debemos olvidar que el amar se demuestra, sobre todo, en el dar. Y dar no sólo pan. Porque no sólo de pan vive el hombre. Hay que dar también otras cosas. Hay que dar nuestro tiempo, hay que dar nuestras buenas palabras, hay que dar nuestra sonrisa. Y sobre todo hay que dar nuestra comprensión. Colocarse en la posición del otro, sentir como él siente, ver las cosas como él las ve. Juzgar como se juzga a un ser querido, con benevolencia, saber disculpar, disimular, callar… Desterrar la maledicencia, las murmuraciones o comentarios sin amor, sin respetar la buena fama del prójimo… No nos engañemos. O queremos de verdad a todos, o Dios nos despreciará por hipócritas y fariseos.
Por supuesto que no es fácil. Oí hace tiempo a uno de mis profesores en el Seminario, citando a José Luis Martín Descalzo, esta fábula: Llegó una vez un profeta a una ciudad y comenzó a gritar, en su plaza mayor que era necesario un cambio de la marcha del país. El profeta gritaba y una multitud considerable acudió a escuchar sus voces, aunque más por curiosidad que por interés. Y el profeta ponía toda su alma en su sermón, exigiendo el cambio de las costumbres. Pero, según pasaban los días, eran cada vez menos los curiosos que rodeaban al profeta y ni una sola persona parecía dispuesta a cambiar de vida. Pero el profeta no se desalentaba y seguía gritando. Hasta que un día ya nadie se detuvo a escuchar sus voces. Pero el profeta seguía gritando en soledad de la gran plaza. Y pasaban los días. Y el profeta seguía gritando. Y nadie le escuchaba. Al fin alguien se acercó y le preguntó: «¿Por qué sigues gritando? ¿no ves que nadie está dispuesto cambiar?» «Sigo gritando -respondió el profeta- porque si me callara, ellos me habrían cambiado a mí»
La moraleja de esta fabulilla es simple. Ya sabemos que hemos de ser sal y luz para los demás. Nos lo dice Jesús. Nos lo insinúa nuestra conciencia. Es una necesidad apremiante. ¡Hay tantos a nuestro alrededor tan necesitados del buen sabor que dé sentido a sus vidas! ¡Pero hemos de alumbrar no porque esperemos que se va a conseguir un fruto, sino ante todo porque creemos en lo que estamos haciendo! La utilidad, la eficacia, el triunfo, los resultados, el puro fruto no puede ser el baremo más motivante de nuestro ser como candiles o faroles encendidos.
Y si espera esos frutos de inmediato, está destinado al desaliento. Lo sintió en sus carnes san Pablo, cuando con su pretendida oratoria no pudo convencer a muchos. A pesar de todo, la palabra de Dios es potente en sí misma y su penetración en el corazón de los hombres no depende de mediaciones humanas sino de la “manifestación del Espíritu y de su poder”. El Apóstol no se refiere a prodigios y milagros que podrían haber convencido a los corintios a acoger el Evangelio, sino al fruto del Espíritu: esa nueva forma de vida, a pesar de la miseria y las debilidades humanas, había sido adoptada por muchos miembros de la comunidad.
No tenemos derecho a pedir a Dios que cambie el mundo, si no estamos dispuestos nosotros a dejarnos quemar para iluminar, o a meternos y disolvernos entre los demás para dar buen sabor. Y hacerlo sin mirar a los resultados.  El único modo de conseguir que este mundo cambie es irradiar, brillar. Un hombre en paz consigo mismo no necesita hablar de la alegría, porque le saldrá por todas sus poros. Un ser humano con verdadera fe en sus ideas las predicará sin abrir los labios. Como decía san Francisco, “predicar siempre, a veces, con palabras”. Habrá llegado la luz. Y quienes la vean se quedarán haciéndose preguntas. Como les pasó a quienes vieron a Jesús.
Los cristianos sólo podremos ser luminarias si estamos unidos, con todas las consecuencias, a esa gran fuente de energía espiritual, de gracia y de verdad que es Jesús. Es inconcebible pensar que una acequia tenga caudal propio si no está adherida a un río, a una presa o a un manantial. Es difícil, muy difícil, llevar adelante nuestra tarea, el deseo de Jesús, de ser luz en medio de la oscuridad o sal en medio de tanta insipidez que abunda en nuestro mundo si no permanecemos en comunión plena con El.
Sólo Cristo es capaz de alumbrar, con luz verdadera, las sombras que se ciernen sobre la humanidad. Sólo Cristo, a través de pequeñas lámparas que somos los creyentes comprometidos por su reino, es capaz de ofrecer sabor de eternidad y de felicidad a tantos hombres que, en el horizonte de sus vidas, no ven sino fracaso, hastío o cansancio. ¿Seremos valientes para abrir el salero de nuestra vida cristiana allá donde se están cocinando los destinos de nuestra sociedad? ¿Por qué –frecuentemente- preferimos pasar desapercibidos sin dar color cristiano a tantas situaciones que reclaman nuestra opinión o presencia activa como seguidores de Cristo?
Esta lámpara de la fe no debe nunca ocultarse, sino que debe colocarse siempre sobre el candelero de la Iglesia, para la salvación de muchos. Así podremos alegrarnos con la luz de la Verdad y todos podrán ser iluminados. Dios, nuestro Padre común no se cansa de recordarnos lo único que Él quiere de nosotros: que nos portemos como hermanos y para que el mundo comprenda que nuestra fe es verdadera. Seamos cada uno lucecita en el pequeño ambiente en que nos movemos. Seamos luz de cariño y amor. No importa que esa luz sea pequeña. Hagamos nacer cada uno nuestra luz y el mundo entero será luz de mediodía."
(Alejandro Carbajo cmf, Ciudad Redonda)

sábado, 7 de febrero de 2026

OVEJAS SIN PASTOR

 


 Después de esto, los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Jesús les dijo:
– Venid, vosotros solos, a descansar un poco a un lugar apartado.
Porque iba y venía tanta gente que ellos ni siquiera tenían tiempo para comer. Así que Jesús y sus apóstoles se fueron en una barca a un lugar apartado. Pero muchos los vieron ir y los reconocieron; entonces, de todos los pueblos, corrieron allá y se les adelantaron. Al bajar Jesús de la barca vio la multitud, y sintió compasión de ellos porque estaban como ovejas que no tienen pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas.

Jesús quiere descansar, pero la gente le sigue. Los ve como ovejas sin pastor. A nosotros nos puede pasar lo mismo. Buscamos momentos para estar solos, quizá para meditar. Pero la sociedad nos busca. La vemos que están como ovejas sin pastor. Pienso en una monja, cuyo nombre no diré, que es criticada, porque siendo de una congregación contemplativa, está todo el día volcada en ayudar a los más necesitados, en ayudar a los damnificados por la guerra de Ucrania. Cierto que hemos de buscar momentos para contemplar, para una oración profunda; pero no podemos olvidar a los necesitados que nos rodean. A los más débiles. A los perseguidos. Porque es en ellos donde se encuentra realmente Dios.
 
"Jesús apenado por el martirio de Juan quiere hacer duelo y retirarse. Pero la gente no se lo permite. Se frustró el descanso. Para Jesús la necesidad de la gente era más importante que el deseo del descanso personal. Por eso el descanso duró poco y la compasión pudo más. Entonces Jesús atiende a la gente que se encuentra “como ovejas sin pastor”. Actúa movido por la compasión, no como un ejercicio, sino como la disposición de su corazón, la única manera de parecerse a Dios.

Jesús se estremece ante las necesidades del pueblo, es el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas, es capaz de captar el sufrimiento de las gentes: “Vio la multitud y sintió compasión”. Los veía “como ovejas que no tienen pastor” y, enseguida reacciona y comienza a “enseñarles muchas cosas”. Jesús les da la vida con su palabra y no la muerte, como Herodes.
Es importante recordar esto en una época en la que las personas suelen estar obsesionadas por el confort y por su tiempo libre, más que por el deseo de hacer el bien."
(Salvador León cmf, Ciudad redonda)

viernes, 6 de febrero de 2026

QUEDAR BIEN

 


 El rey Herodes oyó hablar de Jesús, porque su fama había corrido por todas partes, y algunos decían: “Juan el Bautista ha resucitado, y por eso tiene este poder milagroso.”
Otros decían: “Es el profeta Elías.”
Y otros: “Es un profeta como los antiguos profetas.”
Pero Herodes decía al oir estas cosas:
– Ese es Juan. Yo mandé cortarle la cabeza, pero ha resucitado.
Es que Herodes, por causa de Herodías, había mandado apresar a Juan y le había hecho encadenar en la cárcel. Herodías era esposa de Felipe, hermano de Herodes, pero Herodes se había casado con ella. Y Juan le había dicho a Herodes: “No puedes tener por tuya a la mujer de tu hermano.”
Herodías odiaba a Juan y quería matarlo; pero no podía, porque Herodes le temía y le protegía sabiendo que era un hombre justo y santo; y aun cuando al oirle se quedaba perplejo, le escuchaba de buena gana. Pero Herodías vio llegar su oportunidad cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus jefes y comandantes y a las personas importantes de Galilea. La hija de Herodías entró en el lugar del banquete y bailó, y tanto gustó el baile a Herodes y a los que estaban cenando con él, que el rey dijo a la muchacha:
– Pídeme lo que quieras y yo te lo daré.
Y le juró una y otra vez que le daría cualquier cosa que pidiera, aunque fuese la mitad del país que él gobernaba. Ella salió y preguntó a su madre:
– ¿Qué puedo pedir?
Le contestó
– Pide la cabeza de Juan el Bautista.
La muchacha entró de prisa donde estaba el rey y le dijo:
– Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista.
El rey se disgustó mucho, pero como había hecho un juramento en presencia de sus invitados, no quiso negarle lo que pedía. Así que envió en seguida a un soldado con la orden de traerle la cabeza de Juan. Fue el soldado a la cárcel, le cortó la cabeza a Juan y la puso en una bandeja. Se la dio a la muchacha y ella se la entregó a su madre.
Cuando los seguidores de Juan lo supieron, tomaron el cuerpo y lo pusieron en una tumba.
(Mc 6,14-29)

A Juan también lo conocemos com el precursor. Lo fue porque vino a preparar el camino a Jesús. Lo fue porque le precedió en la muerte cruenta. Una muerte causada por el miedo de Herodes a quedar mal. Él no quiere la muerte de Juan, pero como ha prometido a Salomé darle cualquier cosa que le pida, tiene miedo a echarse atrás delante de sus invitados. ¿Cuántas veces actuamos para salvar las apariencias? Debemos ser valientes y defender la verdad y la justicia, aunque esto nos haga quedar mal delante de los otros.

"Había muchas cosas irregulares en la vida del rey y Juan se las recriminaba, no se callaba. Herodes no quiere quedar mal ante los demás, sus decisiones terminan en tragedia. Sobre su conciencia pesaba el remordimiento de haber mandado asesinar a Juan Bautista cediendo a las instancias de su mujer. “Por el juramento y los invitados” lo manda decapitar. Y cuando recibe a Jesús enviado por Pilato: decepcionado por su silencio se lo devuelve al gobernador, para quedar bien con él.  Este “quedar bien” propicia la condena y muerte de Jesús.
La actitud de Herodes es una advertencia a nuestra propensión a “quedar bien” con los demás, que muchas veces solapan decisiones equivocadas y que, aunque no acaben tragedias tan duras, perjudican a los demás."
(Salvador León cmf, Ciudad redonda)