martes, 31 de enero de 2023

TENER FE

 

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: "Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva." Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba.
Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacia doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: "¿Quién me ha tocado el manto?" Los discípulos le contestaron: "Ves como te apretuja la gente y preguntas: "¿Quién me ha tocado?"" Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo: "Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud."
Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: "Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?" Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: "No temas; basta que tengas fe." No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: "¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida." Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: "Talitha qumi" (que significa: "Contigo hablo, niña, levántate"). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.


Hoy tenemos dos ejemplos de Fe. La hemorroísa, que creía que se curaría con tan sólo tocar el manto de Jesús. Y así fue. El Jefe de la Sinagoga que cree en Jesús, a pesar de que le dicen que su hija ya ha muerto. ¡Qué lejos estamos nosotros de tener esa Fe! ¿Será porque seguimos aferrados a lo nuestro y no somos capaces de pasar a la otra orilla?

"La pandemia de Covid nos ha enseñado que la curación de un ser querido, luego de tiempo en el hospital, es causa de alegría, y alabanza. La exclusión social del contagio, la angustia del dolor, y el miedo a la muerte, son realidades vividas en medio de la enfermedad. Ahí la curación llega no sólo como alivio físico sino como descanso del cuerpo y resurgir del espíritu. La mujer que tocó el manto de Jesús conoció muy bien este sufrimiento. Doce años de hemorragias la condenaron a dolencias físicas, marginación de la comunidad, y culpa religiosa. Al tocar el manto nos dice la narración que la mujer fue sanada, pero las palabras de Jesús nos dan mayor detalle del milagro: ella obtuvo la paz y fue liberada de sus dolencias físicas y emocionales. El evangelista nos invita a solidarizarnos con el dolor ajeno que condena a la exclusión crónica y la aflicción emocional. Nos recuerda que podemos ser portadores de salud y bienestar siendo cercanos y solidarios." (Koinonía)

lunes, 30 de enero de 2023

JESÚS LIBERADOR

 


En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la orilla del lago, en la región de los gerasenos. Apenas desembarcó, le salió al encuentro, desde el cementerio, donde vivía en los sepulcros, un hombre poseído de espíritu inmundo; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces lo habían sujetado con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza para domarlo. Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras. Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él y gritó a voz en cuello: "¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Por Dios te lo pido, no me atormentes." Porque Jesús le estaba diciendo: "Espíritu inmundo, sal de este hombre." Jesús le preguntó: "¿Cómo te llamas?" Él respondió: "Me llamo Legión, porque somos muchos." Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca.
Había cerca una gran piara de cerdos hozando en la falda del monte. Los espíritus le rogaron: "Déjanos ir y meternos en los cerdos." Él se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al lago y se ahogó en el lago. Los porquerizos echaron a correr y dieron la noticia en el pueblo y en los cortijos. Y la gente fue a ver qué había pasado. Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Se quedaron espantados. Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se marchase de su país.
Mientras se embarcaba, el endemoniado le pidió que lo admitiese en su compañía. Pero no se lo permitió, sino que le dijo: "Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo por su misericordia." El hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban.

Jesús libera a aquel geraseno de una "legión" de demonios, de males. Él es el liberador. El único que nos libera de nuestros males, de todos los males. Además, nos indica, que la forma de seguirlo es publicando a todos el bien que nos ha hecho, el bien que hace a todos. Anunciándole a Él, es como podemos lograr que el Reino llegue a este mundo.

"Hoy Jesús se nos presenta de nuevo como liberador. Desde la fuerza del Reino es capaz de enfrentarse a la furia de un endemoniado, que tiene atrapado a un hombre. Este encuentro de Jesús revela la situación del mundo, de nuestro mundo. Todos sabemos que vivimos bajo la amenaza de la guerra, de la muerte, del hambre... de tantos signos de alineación y muerte.
La situación es difícil, pero sabemos y creemos que el poder del Hijo de Dios, supera a toda fuerza del mal. Sabemos y creemos que es el único que nos puede hacer recobrar la paz interior, el dominio de nosotros mismos y la dignidad humana, como al endemoniado nos puede hacer que aparezcamos sentados, vestidos y en sano juicio.
Nosotros en nuestra vida tenemos que ser presencia viva de la fuerza liberadora de Jesús, no debemos dejarnos atrapar por los signos de muerte, tenemos que ser fuertes y valientes de corazón. Para ello no dejemos pasar las oportunidades de ayudar a otro, esté cerca o lejos; de protestar y manifestar nuestra oposición a las guerras; de luchar por el bienestar de todos; de practicar la justicia; de atender al enfermo....
Y no dudemos que la fuerza liberadora realizada por Jesús a través de nuestras vidas ayudará renovar nuestro viejo mundo, además la fe nos proporciona la fortaleza para afrontar las más variadas circunstancias, porque sabemos que Dios tiene preparado algo mejor para nosotros."

domingo, 29 de enero de 2023

BIENAVENTURADOS

 

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: "Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo."

"El “Sermón de la Montaña” es uno de los sermones más famosos y recordados de Jesús. Aquí nos detenemos en su introducción, más conocida como “Las Bienaventuranzas”, pues el sermón es mucho más largo, va hasta 7,29 donde concluye diciendo que la gente quedó asombrada de su doctrina “porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas”.
¿Por qué puede causar asombro esta enseñanza de Jesús? Veamos de cerca las Bienaventuranzas e intentemos una respuesta.
1. “...de ellos es el reino de los cielos”
El reino de Dios (“de los cielos” es el ya conocido circunloquio para evitar “pronunciar el nombre de Dios en vano”) es de los pobres en espíritu y de los perseguidos por causa de la justicia. Quienes no ponen su fe, su confianza y su esperanza en los bienes materiales pero que a la vez son perseguidos porque luchan por la justicia. Ambas condiciones indispensables para que Dios reine. La primera condición es renunciar a la riqueza y a la ambición de riqueza. Esta condición es la puerta de entrada al reino de Dios, pues elimina la raíz de la injusticia, de la acumulación, del éxito individual, de la insolidaridad y del dominio sobre otras personas y sobre la naturaleza. La segunda condición favorece la construcción de nuevas relaciones entre los seres humanos capaces de hacerles más sencillos y más felices, pero a la vez, suficiente motivo de persecución por parte de quienes se sienten amenazados por tal transformación.
2. “...poseerán en herencia la tierra, serán consolados, serán saciados
Tres promesas de Dios para pasar de una situación negativa a otra positiva: de la opresión a la liberación, del sufrimiento al consuelo, de la injusticia a la justicia. El reino de Dios abre un horizonte de vida y de esperanza para la humanidad pobre y oprimida. Enciende una luz en medio de la oscuridad. Insiste en la posibilidad de una vida digna y agradable a ser alcanzada por quienes no disfrutan hoy de ella. Vale la pena, en medio de las adversidades, atreverse a soñar en “otro mundo posible”. Salir de la opresión es posible. Salir del sometimiento es posible. Alcanzar la justicia anhelada es posible. Abrir este horizonte de posibilidades, constituye una buena nueva cuando precisamente todo horizonte para la justicia ha sido cerrado. Ver una alternativa de vida digna para todas y para todos, abre caminos de superación y de lucha.
3. “…los misericordiosos, los limpios de corazón, los que buscan la paz
Son las actitudes y los objetivos los que mueven el trabajo para hacer realidad una nueva humanidad. Son los rasgos propios de la comunidad de seguidoras y seguidores de Jesús. Sólo que estas actitudes y rasgos vienen como consecuencia de haber renunciado a la riqueza y a la ambición de riqueza, y de poner toda a la vida en el trabajo por la justicia. Al mismo tiempo son los rasgos de la humanidad nueva que tanto anhelamos y que ya podemos ver en las personas y las comunidades que se esfuerzan por ser misericordiosas, por tener limpios los corazones y por buscar incansablemente la paz. Este es el principal programa de vida de la comunidad discipular: contribuir con la creación de un mundo justo, solidario y feliz. Quienes viven la misericordia, experimentan la misericordia de Dios. Quienes alcanzan la limpieza del corazón ya tienen a Dios en sus vidas. Quienes trabajan por la paz experimentan a Dios como Madre y como Padre. Esta manera de ser, de sentir y de actuar es condición necesaria para testimoniar.
4. “...de la misma manera persiguieron a los profetas
La comunidad cristiana que asume el estilo de vida que propone las bienaventuranzas choca con la sociedad que vive otro estilo de vida. La comunidad discipular a la que se refiere las bienaventuranzas se convierte en molestia y amenaza para la sociedad. Su testimonio de vida, sus actividades, su espiritualidad mina los cimientos en donde la sociedad injusta se edifica. No es de extrañar entonces las injurias, las persecuciones, las calumnias que buscan debilitar, confundir y destruir a la comunidad fiel. En medio de las hostilidades la comunidad está llamada a resistir, a vencer la angustia y la desesperanza. La alegría y el regocijo en Dios será la fuente del coraje, de la resistencia y de la esperanza. Es el testimonio de los profetas presente en las comunidades que viven intensamente el discipulado.
5. “...bienaventuradas, bienaventurados”
¿A qué “bienaventuranzas” se oponen estas bienaventuranzas? ¿Por qué esta insistencia de Jesús en afirmar las bienaventuranzas? Frente a las bienaventuranzas (o más bien el “éxito”) que promete la sociedad injusta e insolidaria, Jesús proclama ocho veces en donde se encuentra y cuáles son las bienaventuranzas del reino de Dios. La verdadera felicidad se encuentra en una sociedad justa, misericordiosa, pacífica. La sociedad injusta ofrece felicidad en el egoísmo, el éxito personal, la acumulación. El reino de Dios ofrece felicidad en el amor, en la sinceridad, en la sencillez. La sociedad injusta a costa de la infelicidad de la mayoría, crea la felicidad de la minoría. La propuesta de Jesús en el sermón de la montaña es la de eliminar toda opresión y toda injusticia procurando la felicidad y la vida en abundancia para todas y para todos.
La misma lógica propuesta por Mateo, es la que recuerda Pablo a la comunidad de Corinto, donde la fuerza de Dios se concreta en personas que no son fuertes ni sabias en la consideración de la opinión común pero que saben concretar la presencia de Cristo, fuerza y sabiduría de Dios, para que el “que está orgulloso, esté orgulloso en el Señor”." (Koinonía)

sábado, 28 de enero de 2023

CONFIAR EN ÉL

 

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: "Vamos a la otra orilla." Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole: "Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?" Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: "¡Silencio, cállate!" El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: "¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?" Se quedaron espantados y se decían unos a otros: "¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!"

Jesús nos invita a ir a la otra orilla; pero esto comporta quedar a merced de las tempestades. Pero la Fe, la confianza en Dios las calmará todas y nos rodeará de Amor.

"La liturgia de este día es una invitación a cultivar la fe. La fe que es “certeza de lo que se espera” se repite para animar a las personas que viven en circunstancias desalentadoras. Hoy son más las familias que viven la marginación y el despojo. Desde estas tempestades es desde donde Jesús nos invita a superar en comunidad aquello que amenaza con hundirnos. A pesar de la violencia y persecución de distintas formas, estamos invitados a construir el Reino cuidando y defendiendo la vida. Se trata de no cansarse de compartir y de luchar, aunque todo parezca empeorar. El desempleo y el hambre aumentan, la violencia sesga vidas inocentes, abusos de poder, condenas injustas; todo está a la orden del día. En circunstancias de este tipo, la enseñanza de la fe como “garantía de lo que no se ve” adquiere un sentido iluminador: nos invita a celebrar los pequeños y sinceros gestos de amor, sabiendo que algún día, con nuestro arduo trabajo comunitario, veremos la sociedad que tanto anhelamos." (Koinonía)

viernes, 27 de enero de 2023

EL FRUTO DE LO QUE HACEMOS





 En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: "El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega."
Dijo también: "¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas." Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.


Las semillas son pequeñas, pero dan un gran fruto. Jesús nos invita a tener confianza. Por pequeñas que sean nuestras acciones, si las hacemos con Fe y confiando en Dios, darán como resultado el Reino de Dios. Lo importante es el Amor que ponemos en nuestros actos. Darán fruto, por pequeños que sean sin saber cómo.

"El tema de evangelio de hoy es una enseñanza sobre cómo se desarrolla el reinado de Dios en esta tierra. Jesús, nuestro divino Maestro, nos explica con gran sabiduría que: “El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra… y la tierra va produciendo la cosecha ella sola”. Aquí se resalta la fuerza vital de la semilla, es decir, de la Palabra de Dios: crece progresivamente en el silencio, más allá de los éxitos y fracasos humanos, pues es Dios mismo quien la hace crecer. Pero esto no niega el esfuerzo humano, pues en la parábola se habla de la siembra y de la cosecha, que es el trabajo concreto que Dios ha confiado al agricultor.  Aunque nos parezca mentira, Dios nos necesita, pues no le parece bueno hacer Él solito todo el trabajo y quiere que nosotros le colaboremos con entusiasmo. ¡Qué honor tan grande, hermanos, ser colaboradores del Señor en la obra de la evangelización!
La segunda parábola también hace referencia a una semilla, la mostaza, y Jesús se fija en su pequeñez, pero hay que ver cuánto puede crecer.  Así es el Reinado de Dios: aparentemente se trata de algo insignificante; pero una vez en movimiento, no tiene fronteras, está abierto a todos los pueblos y naciones de la tierra. 
Estas dos parábolas son un mensaje de ánimo y de esperanza, no sólo para los discípulos de aquel entonces, sino también para nosotros, los discípulos de ahora. Es una invitación a trabajar en los asuntos del reino, confiando no en nuestras fuerzas, sino en el poder de Dios. En una de sus cartas escribió S. Pablo: “Ni el que planta ni el que riega es importante, sino Dios que hace crecer la semilla”.
Vuestro hermano en la fe.
Carlos Latorre
Misionero Claretiano" (Ciudad Redonda)

jueves, 26 de enero de 2023

NOS ENVÍA A TODOS

 

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: "La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Miras que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz a esta casa." Y, si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, por que el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed los que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: "Está cerca de vosotros el reino de Dios.""


Él nos envia a todos. La Palabra no és para nosotros, es para todos i debemos compartirla. Otro detalle del texto es, que los envía de dos en dos. La Fe se ha de vivir siempre en Comunidad. Si entendiéramos esto, la missa del domingo la viviríamos como una verdadera reunión de familia, de amigos, de hermanos.

"Dice un proverbio que la cuerda de tres hilos es más difícil de romper (Ecle 4,12), idea que comprendemos cuando en un momento de adversidad hemos podido seguir adelante por una mano solidaria o un hombro que nos sostiene y nos llena de fuerza. Tanto el evangelista Lucas como el Apóstol Pablo comprendían que este adagio se hacía realidad al construir el Reino en Misión Compartida. Lucas presenta a Jesús enviando a sus discípulos a ciudades y pueblos con un mensaje de paz y el anuncio del Reino. Esta tarea no es individual, sino que se realiza de dos en dos. Pablo comprende que la caminata cristiana trae dificultad y tribulación, e invita a Timoteo a encontrar apoyo y compañía en él. Lucas y Pablo nos recuerdan que el proyecto del Reino se construye en comunidad. ¿Encontramos apoyo en momentos difíciles?, ¿damos nuestro aliento y solidaridad a quienes van a nuestro lado? Que el Señor nos guíe a construir en alianzas compartidas su Reino de amor y de justicia." (Koinonía)

miércoles, 25 de enero de 2023

CONVERTIRSE COMO PABLO

 



En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: "Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos."

Hoy celebramos la conversión de San Pablo. Quien se dirigía a Damasco para encarcelar a los seguidores de Jesús, cae del caballo a medio camino. El enemigo de Jesús se convertirá en su gran discípulo. También nosotros debemos caer del caballo. Él es quien nos encuentra y nos hace sus seguidores. Todos debemos anunciar su Palabra y todos debemos hacer el bien. Él está con nosotros.

"En el texto del evangelio de Marcos se acentúa la incredulidad y la misión de los discípulos. Cristo resucitado libera a los suyos de su ceguera dándoles el encargo de abrir los ojos a los demás. Nos sorprende la confianza tan grande de Jesús en aquellos hombres que Él había elegido, pero que seguían llenos de dudas. Su palabra será fecunda porque es el mismo Jesús el que habla por su boca.
Todo cristiano, también nosotros hoy día, somos enviados a proclamar la buena noticia de la resurrección del Señor y a sembrar el mensaje de Jesús en  nuestra familia, nuestros ambientes, nuestras comunidades. La Palabra de Dios es vida y cuando se comparte, es fuente de alegría para quien la escucha con corazón abierto."
(Carlos Latorre, Ciudad Redonda)

martes, 24 de enero de 2023

FRATERNIDAD UNIVERSAL

 

En aquel tiempo, llegaron la madre y los hermanos de Jesús y desde fuera lo mandaron llamar. La gente que tenía sentada alrededor le dijo: "Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan." Les contestó: "¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?" Y, paseando la mirada por el corro, dijo: "Éstos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre."

Considerarnos discípulos de Jesús, es considerarnos miembros de una gran familia: "su familia". Es la forma de conseguir la auténtica fraternidad universal. Es la única forma de llegar a la verdadera paz.

"Jesús usaba imágenes y situaciones de la vida cotidiana para explicar las características del reino de Dios. En una ocasión en que lo encontraron sentado enseñando, aprovechó la visita de su familia para enseñar sobre el Reino. Con una mirada suspicaz y una sonrisa en la boca, en vez de responder ante la noticia, Jesús lanzó una pregunta a quienes lo escuchaban: «¿Quién es mi madre y mis hermanos?» Sin duda algunas personas lo tomaron por loco al realizar una pregunta en todo sentido descabellada. Pero él, maestro amante de la ironía y la sorpresa, buscaba provocar a sus oyentes. Su respuesta serviría una vez más para afirmar su proyecto como profeta de Dios: mi familia, hermanos, hermanas, y madre, son todas las personas que construyen el Reino de amor, de paz y de justicia. El ministerio de Jesús como medio de construcción del Reino proclamó la liberación y la justicia, acogió y restauró a las personas marginadas, dio dignidad a las oprimidas y denunció la explotación. ¿Nos consideraría Jesús sus hermanos, hermanas y madres?" (Koinonía) 

lunes, 23 de enero de 2023

DEBEMOS PERMANECER UNIDOS

 


En aquel tiempo, los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: "Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios." Él los invitó a acercarse y les puso estas parábolas: "¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino en guerra civil no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa. Creedme, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre." Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.

Estamos acabando el Octavario por la Unión de las Iglesias. Somos un claro ejemplo de familia dividida. Todos queremos seguir a Jesús, pero no aceptamos al otro, que también quiere seguirlo. Si queremos que el Reino llegue a este mundo, debemos luchar por conseguir la unidad.
Otra lección de este evangelio es la de aceptar el bien que hacen los otros, aunque no sean de los nuestros. Los escribas no aceptan el bien que hace Jesús y lo calumnian. Nosotros podemos denigrar al que hace el bien, simplemente porque no es de los nuestros. Respetando la diversidad que enriquece, debemos luchar por la unidad de fondo. Es así como el Reino se establecerá entre nosotros.

"Un fenómeno actual en nuestra hiperconectada sociedad es el de las noticias falsas. Este término se refiere a noticias falsas, creadas intencionalmente para manipular la opinión pública, distorsionar la realidad de un suceso, o manchar falsamente el nombre de una persona. Es irónico pensar que hace más de dos mil años Jesús fue víctima de este fenómeno en su ministerio al ser acusado por los líderes religiosos de expulsar demonios por fuerzas diabólicas. Jesús, profeta del reino de Dios, era conocido como taumaturgo y hacedor de milagros, liberando a muchas personas de malestares y dolores físicos, mentales y emocionales. Las acciones liberadoras de Jesús atacaron los grandes males de su sociedad, como la desigualdad, la marginación, la enfermedad, o la injusticia. Hoy mismo, muchas personas deben soportar los ataques, mentiras, y mala publicidad por sus acciones liberadoras. Gente que lucha por la justicia, por mejores condiciones de vida, son etiquetadas como revoltosas y criminales. ¿Has sido alguna vez afectado por las noticias falsas por construir el reino de Dios?" (Koinonía)

domingo, 22 de enero de 2023

EL REINO DE DIOS, AQUÍ

 

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que habla dicho el profeta Isaías: "País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló." Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: "Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos."
[Pasando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: "Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres." Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.]


"Jesús, al comienzo de su tarea, al convocar a sus primeros seguidores, ha hecho una llamada tajante: «Convertíos». Se dirige a todo el pueblo judío, ese pueblo que tantas veces ha caminado «en tinieblas  y en sombras de muerte» (primera lectura). Se trata de una transformación a fondo de los creyentes... que permita que su mensaje evangélico sea buena noticia y cale y sea acogido y transforme la realidad. Se trata de que mucho polvo se había ido acumulando en la vivencia de la fe, llegando a ocultar el auténtico rostro de Dios, a base de mirarse a sí mismos, a sus prácticas religiosas, a sus ideas... No miraban a los pobres, a la injusticia, a las necesidades de las gentes, a tantos excluidos y abandonados a su suerte... De todo ello se ocupará precisamente Jesús... pero quiere que se le unan todos los posibles. Y para empezar hace falta un cambio de mentalidad (convertíos).
Aquella llamada vale también para nosotros, a nuestro modo de ser Iglesia, parroquia, comunidades creyentes. Ha escrito el Papa Francisco:
Necesitamos una Iglesia en movimiento capaz de agrandar sus horizontes, midiéndolos no mediante la estrechez del cálculo humano, o con miedo a cometer errores, sino con la gran medida del corazón misericordioso de Dios. No puede haber una siembra fructuosa de vocaciones si permanecemos simplemente cerrados en el cómodo criterio pastoral del “siempre se ha hecho así”, sin ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades (Ex. ap. Evangelii gaudium, 33).
Hemos de aprender a salir de nuestras rigideces, que nos hacen incapaces de comunicar la alegría del Evangelio, de las fórmulas estandarizadas que a menudo resultan anacrónicas, de los análisis preconcebidos que encasillan la vida de las personas en fríos esquemas. Salir de todo eso. Estamos llamados a una pastoral del encuentro, y dedicar tiempo a acoger y escuchar a todos, especialmente a los jóvenes. (Papa Francisco, Octubre ‘16)
              No se trata de que acudan a misa por la fuerza, o presionarles para que se confirmen o se casen por la Iglesia o bauticen a sus hijos... cuando son persona que apenas viven su fe. Se trata de que nosotros hagamos una buena «limpieza». Lo esencial y lo que no necesita reformas es Jesús y su Evangelio: ese pasar haciendo el bien, el acercarnos a curar toda dolencia, el poner nuestra atención en esos hombres, dejando a un lado redes, barcas y lagos conocidos. Como Jesús -me gustan los verbos usados por el Papa- salir al encuentro, acoger, escuchar, comprender... y dejarse cuestionar.
              No pocas veces nos hemos considerado «propietarios absolutos de la verdad». Y eso nos ha impedido el encuentro, por ejemplo, con nuestros hermanos de las iglesias separadas, y nos hemos enzarzado en asuntos muy poco esenciales, pero que nos han llevado a la división. Esto ya pasaba en la Iglesia de Corinto. Pedía San Pablo: «Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir...  cada cual anda diciendo: «Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Cefas..». Como si dijéramos hoy: Yo soy de Juan Pablo II, yo soy de Benedicto, yo soy de Francisco, yo soy de este movimiento, a mí me va este cura y los demás... no mucho.... Estas cosas no convocan a nadie.
             Ya decía nuestro sabio Antonio Machado: "¿Tú verdad? No, la verdad; y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela". Escuchar la verdad del otro, aprender del otro, buscar con el otro... y relativizar tantas cosas que «siempre han sido así», como si eso fuera un argumento aceptable. «Un mismo pensar y un mismo sentir»... no significa pensar todos los mismo, estar uniformados, hacer todos las cosas del mismo modo y estrictamente según lo que está mandado. Tiene que haber audacia y creatividad, audacia para cambiar, para arriesgarnos a equivocarnos... 
Escribiço el dominico Y. Congar, uno de los grandes teólogos dominico del pasado Concilio:
Si siempre se estuviese obligado a adoptar la forma de pensamiento teológico, de práctica religiosa o de organización actualmente en uso, no habría existido jamás en la Iglesia ni aggiornamento (=puesta al día), ni reforma, ni progreso. El problema de toda iniciativa profética es la de ir más allá no sólo de las formas actualmente en uso, de hecho, sino también más allá de las formas homologadas. No es necesario hacer otra Iglesia, es necesario hacer una Iglesia diversa. Poniendo en cuestión algo de la Iglesia, no poner en cuestión la Iglesia misma. Una idea puede ser pura, la realidad y la vida no lo son. Las reformas exitosas en la Iglesia son aquellas que se han hecho en función de las necesidades concretas de las personas, en una perspectiva pastoral, en el clima de la santidad. (Yves Congar, Vrai et fausse réforme dans I'Église (1950)
             No hacen falta comentarios.  Subrayo las palabras del Papa: «Salir de nuestras rigideces, que nos hacen incapaces de comunicar la alegría del Evangelio, de las fórmulas estandarizadas que a menudo resultan anacrónicas»... No pocas veces son los propios hermanos -seguramente con su mejor buena voluntad- los que apagan cualquier cosa que suene a cambio, a salirse de lo de siempre.
                 Pasa hoy en esta Iglesia nuestra con algunos miembros de la jerarquía eclesial ... empeñados en construir y mantener una Iglesia, un lenguaje, unas liturgias, unas teologías, unas vestimentas... muy apropiadas para los siglos pasados... pero poco sensibles a las gentes de estos tiempos y a las sensibilidades de estos tiempos. «Hay que formarles», dicen, para que puedan conectar... ¿con lo de antes? Los fieles son los que nos tienen que escuchar. Al revés parece que no. Las «momias» permanecen y soportan el paso del tiempo, inalteradas... pero no tienen vida. El Evangelio y la fe no pueden ser «objetos de museo» o reliquias de tiempos pasados, que satisfacen a muy pocos... Costará, ya lo sabemos por experiencia. A muchos los cambios les provocan alergia.
          El pueblo que camina en tinieblas hoy necesita de nuevo una gran luz. Y a nosotros nos toca «despertar», espabilarnos y salir de nuevo a las periferias, a los lagos, a los pueblos, a donde están las gentes... y escucharles, y buscar con ellos ese «Reino de Dios» que está tan cerca. Y hacer propuestas, y arriesgarnos y.... anunciar lo que hemos visto, experimentado, vivido...
          Este es hoy mi profundo deseo, mi inquietud... que seguro comparten muchos. Que nos estimule a ser «pescadores» de los hombres y mujeres de hoy. Porque no es lo mismo ser una «vieja Iglesia»... que una «Iglesia vieja»."
(Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf, Ciudad Redonda)

sábado, 21 de enero de 2023

SER POLÍTICAMENTE INCORRECTO



En aquel tiempo, Jesús fue a casa con sus discípulos y se juntó de nuevo tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales. 
(En Cataluña el evangelio es Jn 17,11-19 por ser Festividad de San Fructuoso, Auguri y Eulogio, mártires de Tarragona) 

"En la vida diaria hay muchos momentos en que cada cual tiene que elegir entre ser “políticamente correcto” o generar conflicto y desaprobación. También ocurre en la vida de seguimiento, en la vida de fe. Es más: puede llegar un momento en la vida en que todo lo que tienes de valioso y verdadero, se juegue en esa decisión: ¿quieres seguir siendo políticamente correcto o eres capaz de asumir la frustración, la soledad y el desprecio de tu propia familia, de tus más cercanos?
Alguien tan libre como Jesús, cuyo referente de vida era el Padre y no la normativa social, religiosa o política del momento, es alguien que incomoda. Siempre. Antes o después. La gente libre nos molesta. Les admiramos, pero no queremos vivir cerca. Te desconciertan. No puedes controlar a alguien libre ni prever su reacción. Jesús vivió esa situación. Creo que no fue un provocador, aunque curara en sábado. Fue un hombre extraordinariamente libre. Y eso tiene un precio.
Confieso que me da una terrible envidia. ¡Como quisiera ser tan libre y desprendida de opiniones ajenas!, ¡cómo quisiera vivir en esa referencia tan íntima e inquebrantable con el Padre!, ¡cómo quisiera una Iglesia menos “cabal” a la que apenas le importara que fuéramos tan políticamente correctos!... Eso sí: que la razón no sea provocar. Que la razón sea querer ser como Jesús, el Impertinente:
“Queremos ser tan políticamente correctos que tenemos pavor a ser tenidos por “locos y necios”, queremos ser reconocidos y relevantes cuando la verdad es que seguimos a un Impertinente” (Ch. Duquoc)"
(Rosa Ruiz Aragoneses, Ciudad Redonda)

viernes, 20 de enero de 2023

ES ÉL QUIEN NOS LLAMA

 

En aquel tiempo, Jesús, mientras subía a la montaña, fue llamando a los que él quiso, y se fueron con él. A doce los hizo sus compañeros, para enviarlos a predicar, con poder para expulsar demonios. Así constituyó el grupo de los Doce: Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges -Los Truenos-, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Celotes y Judas Iscariote, que lo entregó.

Aunque nos parezca lo contrario, es Él quien nos llama. No somos nosotros los que le elegimos. Y nos llama subiendo a la montaña. Es en las dificultades, en la lucha, cuando lo encontraremos. Y no nos llama para tener poder y dominio sobre los otros, sino para anunciarles la Buena Nueva y expulsar el mal. Esto se hace con el ejemplo de nuestra vida; amando con entrega a los demás.

"El evangelio de hoy relata la llamada de Jesús a los Doce. Llevamos toda la semana contemplando esa soberana libertad de Jesús, esa autoridad inusitada que desconcierta a quien le escucha. Del mismo modo, eligió a sus compañeros más cercanos: a los que Él quiso, sin “casarse” con nadie, sin dejarse llevar por nada.
Un pequeño detalle: Jesús fue llamando mientras subía a la montaña. Su manera de llamar es progresiva, nunca terminada… es gerundio. Sin dejar de subir la montaña, junto a ellos, los llama, porque quiere y como quiere. Y ahí entramos todos. Esa libertad genuina de Jesús transmite una gratuidad tan grande que lejos de rebajar la exigencia de quien es llamado, le hace más consciente del alto precio de la llamada.
Nada hay más “caro” que lo “gratuito”." (Ciudad Redonda)

jueves, 19 de enero de 2023

UN JESÚS LIBERADOR Y SENCILLO

 


En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del lago, y lo siguió una muchedumbre de Galilea. Al enterarse de las cosas que hacia, acudía mucha gente de Judea, de Jerusalén y de Idumea, de la Transjordania, de las cercanías de Tiro y Sidón. Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una lancha, no lo fuera a estrujar el gentío. Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo. Cuando lo veían, hasta los espíritus inmundos se postraban ante él, gritando: "Tú eres el Hijo de Dios." Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.

Jesús dedicaba el tiempo a curar, consolar, liberar. Curiosamente no quiere aprovecharse de su popularidad y quiere pasar inadvertido. Justamente lo contrario de lo que haríamos nosotros; de lo que la Iglesia, las Congregaciones religiosas, los movimientos apostólicos han hecho muchas veces en la historia, y quizá siguen haciendo ahora.
 
"En un estudio popular que realizamos una vez en una comunidad rural preguntamos a las personas por su opinión sobre las características que debía tener Jesús como Hijo de Dios. Una compañera levantó la mano y dijo que quien viniera en nombre de Dios demandaría pan para todas las personas y así acabar con el hambre, lucharía por la paz en medio de tantos conflictos de guerra e implantaría el amor y la libertad como formas de construir comunidad. El evangelista Marcos responde a esta misma pregunta presentando a Jesús como Hijo de Dios que camina por los pueblos curando y consolando a enfermos, aliviando tanto el dolor físico como el del espíritu. Marcos nos presenta un Jesús liberador que actúa para contrarrestar las opresiones del pueblo que sufre, siendo guía e impulsor de espacios alternativos que rehabiliten la vida. ¿Qué tipo de sufrimientos atendería Jesús hoy en su papel de Hijo de Dios? ¿Cómo podríamos testimoniar nuestro ser hijos e hijas de Dios con nuestro prójimo?" (Koinonía)

miércoles, 18 de enero de 2023

¿EL BIEN O LA LEY?

 


En aquel tiempo, entró Jesús otra vez en la sinagoga, y había allí un hombre con parálisis en un brazo. Estaban al acecho, para ver si curaba en sábado y acusarlo. Jesús le dijo al que tenía la parálisis: "Levántate y ponte ahí en medio." Y a ellos les preguntó: "¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?" Se quedaron callados. Echando en torno una mirada de ira, y dolido de su obstinación, le dijo al hombre: "Extiende el brazo." Lo extendió y quedó restablecido. En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él.

Seguimos viendo la hipocresía de fariseos. No les importa la salud de aquel hombre. Para ellos lo importante es la ley. Una ley totalmente deshumanizada. Por eso Jesús los mira con ira y dolor. Jesús los deja en evidencia. Ellos, ciegos ante la Verdad, sólo piensan en eliminarlo.

"En una ocasión Jesús hizo una advertencia a sus discípulos: «¡cuidaos de no colar el mosquito y tragarse el camello!» El evangelio de hoy nos da un ejemplo de esta advertencia que refleja actitudes en las que descuidamos lo fundamental de la vida por priorizar asuntos sin relevancia. Nos encontramos con el episodio del hombre de la mano paralizada que es curado por Jesús en sábado. Más allá del milagro de curación física, causa de alegría y celebración, el texto pone de relieve el sentimiento de tristeza que Jesús experimenta por la actitud de los líderes religiosos. Éstos, preocupados por prácticas rituales, no se alegran ante el alivio físico y emocional de un hombre recién curado de su enfermedad. Jesús se duele por lo que llama la ‘dureza del corazón’ que les impide comprender que, en el alivio de las personas sufrientes, dolidas y marginadas se realiza la voluntad de Dios. Pidamos al Señor su guía para no provocar dolor a su corazón colando el mosquito y tragando el camello." (Koinonía) 

martes, 17 de enero de 2023

LA LEY AL SERVICIO DEL HOMBRE

 



Un sábado, atravesaba el Señor un sembrado; mientras andaban, los discípulos iban arrancando espigas. Los fariseos le dijeron: "Oye, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?" Él les respondió: "¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre? Entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros." Y añadió: "El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sábado."

La ley no tiene sentido si no está hecha para proteger, para dignificar, para ayudar al hombre. Por desgracia los hombres hemos utilizado muchas veces la ley para defender nuestra ideología, para conseguir poder, para destruir al otro. El bien del hombre está por encima de todo.

"La palabra “religión” –del latín religare– describe los medios que utilizamos para acercarnos y conectarnos con lo sagrado. Nuestras prácticas religiosas deben llevarnos a la comunión con Dios y a la construcción celebrativa de su proyecto liberador. Pero en muchos momentos nuestras prácticas religiosas no generan comunión ni celebración, sino que se convierten en cargas pesadas que nos agobian y alejan de la construcción del Reino. Algo similar vivió Jesús ante la crítica de los fariseos por arrancar espigas para comer en sábado. Ante la denuncia de haber hecho algo prohibido, Jesús les recuerda que los mandatos de Dios están en función de la necesidad de las personas, y que el comer, fuente de sustento y bienestar, es más importante que el cumplimiento de un rito o celebración que no defiende ni cuida de la vida. Los actos de justicia, de cuidado del prójimo y de atención al sufrimiento, también son prácticas religiosas que hacen presente el Reinado de Dios. ¡Una práctica religiosa verdaderamente cristiana construirá necesariamente relaciones justas! 
 “Él (Jesús) nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría”" (koinonía)

lunes, 16 de enero de 2023

EL VERDADERO AYUNO

 

En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno. Vinieron unos y le preguntaron a Jesús: "Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?" Jesús les contestó: "¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar. Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán. Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto, lo nuevo de lo viejo, y deja un roto peor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos."

No hay actitud peor que ampararse en las normas, los ritos, los mandamientos, para criticar a los demás. El ayuno tiene sentido, cuando nos privamos de algo para que puedan tenerlo aquellos que carecen de todo. Ayunar para enorgullecerse de lo buenos que somos no es una virtud, sino todo lo contrario. Nuestra mesa debe estar abierta a todos. El verdadero ayuno es el de egoísmo, individualismo, abuso de poder...

"Las palabras de Jesús dirigidas a los fariseos probablemente generarían nuestra simpatía: es simplemente imposible ayunar en una boda. Las bodas latinoamericanas son en su mayoría fiestas con comida abundante donde se rompen las dietas. Para quien organiza y participa de la fiesta sería impensable, inclusive ofensivo, no comer y alegrarse en un momento tan importante. La enseñanza sobre el ayuno nos recuerda el no añadir más fatigas y dolor a la vida en un continente donde, según la FAO, cerca de 42.5 millones de personas sufren de hambre y sub-alimentación. Jesús nos llama a comer y alegrarnos mientras el novio está con nosotros, cuando la posibilidad permite la celebración y la alegría. Ya llegará el momento en que las circunstancias de nuestra existencia nos lleven al ayuno obligado. ¿Cómo comprender el ayuno hoy? En América Latina vivimos bajo ayuno forzado, mientras Jesús usó el banquete de bodas como metáfora del Reino. ¿Y si ayunamos de egoísmo, injusticia e individualidad? Mientras tanto, pongamos la mesa para celebrar el banquete de Dios." (Koinonía)

domingo, 15 de enero de 2023

EL TESTIMONIO DE JUAN

 

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: "Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo dije: "Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo." Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel."
Y Juan dio testimonio diciendo: "He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo." Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios."

"El domingo pasado asistíamos al comienzo de la actividad misionera de Jesús, en la escena del Bautismo. Antes de que le veamos en acción -hablando, curando, acogiendo, anunciando...- el Bautista nos hace una presentación de Jesús dándonos su testimonio personal sobre él. Y usa una expresión que conocemos bien, pues la repetimos en cada Eucaristía: «el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo». ¿Por qué la Iglesia ha querido situar estas palabras del Bautista precisamente antes de comulgar? Vamos a repasar el significado y trasfondo de esta expresión del Bautista, para que vivamos con más profundidad y sentido cuando nos acerquemos a recibir la Eucaristía.
      Ø Nunca en todo el Antiguo Testamento una persona había sido llamada “cordero de Dios”. El Bautista podría haber usado otros términos más familiares para sus oyentes: pastor, rey, juez... Pero sabía que alc nombrar al cordero, recordarían inmediatamente al «cordero pascual», cuya sangre sobre los dinteles de las casas en aquella noche de Pascua en Egipto había librado a sus padres esclavos del Faraón de la masacre del ángel exterminador de la décima plaga.
El Bautista intuye el destino de Jesús: un día sería inmolado como aquel cordero, y su sangre quitaría a las fuerzas del mal la capacidad de hacer daño. Su sacrificio libraría al hombre del pecado y de la muerte. 
      Ø Hay una segunda alusión en las palabras del Bautista. Todo israelita conocía bien las profecías del libro de Isaías, donde se describe el castigo y el fin vergonzoso del Siervo del Señor - hoy hemos leído uno de sus fragmentos-. De él dice el profeta: “fue llevado como cordero al matadero,  como una oveja que permanece muda cuando la esquilan…ha sido contado entre los pecadores, cuando llevaba sobre sí el pecado de muchos e intercedía por los pecadores” (Is 53,7.12). En este texto la imagen del cordero es asociada a la destrucción del pecado.
              Jesús –profetiza el Bautista– tomará sobre sí todas las debilidades, todas las miserias, toda la maldad de los hombres, y con su mansedumbre y con la ofrenda de su vida, las aniquilará. No se trata de un simple perdón, o de unas curaciones, o de unos arreglos parciales por las meteduras de pata (o pecados) que a menudo cometemos los seres humanos, unas más graves que otras. Sino que introducirá en el mundo un dinamismo nuevo, una fuerza irresistible –su Espíritu– que llevará los hombres al bien y a la vida. Es un cambio radical: el mal, el sufrimiento, el pecado, la muerte ya no tendrán nada que hacer con nosotros, quedaremos definitivamente liberados, como aquella noche pascual en que Israel pudo escapar de tanto dolor y tanta penuria en su esclavitud.
      Ø Hay una tercera resonancia bíblica en las palabras del Bautista: el cordero del sacrificio de Abraham. Isaac mientras caminaba junto a su padre hacia el monte Moria, pregunta: “he aquí el fuego y la leña, pero ¿dónde esta el cordero para el sacrificio? Abraham responde: “Dios mismo proveerá el cordero” (Gn 22,7-8).
            “¡He aquí el cordero de Dios!” –responde ahora el Bautista– es Jesús, entregado por Dios al mundo para ser sacrificado. Como Isaac (Gn 22,1-18), él es ahora Hijo único, el bien Amado, aquel que lleva la leña dirigiéndose al lugar del sacrificio, pero es Jesús quien, libremente y por amor, se entrega al Padre para ser amarrado sobre el altar de la cruz.
De estas muy breves y resumidas anotaciones, podamos extraer algunas consecuencias:
      ¥ Al comulgar es como si nos «untáramos» con la sangre de Cristo para que nos defienda, proteja y salve de tantos males como nos acechan, en los que nos metemos, y en los que otros nos meten. Necesitamos que alguien más poderoso que el mal, que el pecado, que la muerte... nos libere de nuestras esclavitudes, nos «marque» (con su propia sangre/vida) para que podamos ponernos en camino hacia la tierra de la libertad, para que seamos realmente hijos de Dios (Jn 1, 12).
     ¥ En segundo lugar está el tema del «pecado del mundo». No se habla de «pecados» en plural, no se refiere a esos actos, comportamientos, actitudes personales en las que caemos con mayor o menor frecuencia, y de las que solemos confesarnos o pedir perdón. Está hablando de algo mucho más relevante: El «pecado del mundo». Para Juan Evangelista sólo hay un pecado: la oposición del mundo que rechaza a Dios, que rechaza la plenitud de vida que Dios propone a cada persona. «El mundo no le conoció. Vino a los suyos y los suyos no le recibieron. a cuantos le recibieron les dio poder para hacerse hijos de Dios...» (1, 9-12).
           Dios quiere que cada hombre, acogiendo su amor y poniéndolo en el centro de su vida, alcance la plena realización de sí  mismo, que se haga hijo de Dios. El Concilio Vaticano II en la “Gaudium et Spes” ya dijo que el pecado constituye «una disminución del ser humano que le impide alcanzar la propia plenitud». ¡Y hay tantas cosas que nos lo impiden! No sólo nuestros errores, fallos y limitaciones... Jesús fue un verdadero “cordero de Dios” que liberó a los más desprotegidos de las grandes inhumanidades, es decir, curó enfermos, dio dignidad a los que no la tenían, se compadeció de los que sufrían, liberó a los que padecían todo tipo de esclavitudes, hizo comidas abiertas sin distinción de clases sociales. Éste era el modo que Jesús tenía de quitar el pecado, la gran inhumanidad de su mundo, plagado de numerosos pobres y desvalidos: poniendo remedio a los efectos negativos y dolorosos que los contravalores más importantes para aquel mundo (hambre, discriminación de todo tipo, enfermedades) causaban en las personas indefensas.
    ¥ ¿Y cómo hace Jesús para eliminar este pecado? Juan Bautista señala: “he aquí aquel que bautiza en el Espíritu Santo”. Bautizar significa sumergir, impregnar, mojar en agua a la persona. «Espíritu» es la misma presencia, energía de Dios, su Amor. Y«Santo» es el efecto sobre nosotros de ese amor de Dios que nos purifica, nos santifica, nos consagra, nos libera.
Jesús liberará a las personas que lo reciban de todo aquello que los limita, que los reduce, que los aprisiona, que los encierra y bloquea, incluidas las injusticias, las desigualdades económicas, sociales, estructurales... y la misma muerte. Será, pues, el triunfo del amor y de la vida, el triunfo de Dios
Esto significa que la Eucaristía se nos ofrece para que no nos cansemos ni desesperemos en nuestra lucha por ser lo que estamos llamados a ser santos, plenos, luminosos, hijos de Dios y felices. Ése es el pecado que Cristo aniquila, o «quita» como solemos decir. Y lo hace entregándose libremente, amando sin condiciones y permitiendo que el Padre lo rescate del altar del sacrificio (como pasó con Isaac), convirtiéndolo en vida para todos. «Yo he venido para que tengáis vida, y vida en abundancia» (Jn 10,10)
Que estas sencillas reflexiones nos ayuden a vivir con mayor profundidad nuestras Eucaristías y nuestras relación con el Siervo/Cordero de Dios.
Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf (Ciudad Redonda)

sábado, 14 de enero de 2023

NUESTRO MÉDICO

 

 
En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del lago; la gente acudía a él, y les enseñaba. Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: "Sígueme." Se levantó y lo siguió. Estando Jesús a la mesa en su casa, de entre los muchos que lo seguían un grupo de publicanos y pecadores se sentaron con Jesús y sus discípulos. Algunos escribas fariseos, al ver que comía con publicanos y pecadores, les dijeron a los discípulos: "¡De modo que come con publicanos y pecadores!" Jesús lo oyó y les dijo: "No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores."


Jesús nos da el ejemplo. La Iglesia no es la reunión de perfectos, sino de pecadores. Y debemos aceptar y comprender a todos. Ayudar. Como en el evangelio de ayer, nuestra Fe debe ayudar a que los otros caminen.

"Sentarse a la mesa es un acto de intimidad y sacralidad. Compartimos la mesa con familia y amistades en señal de afecto o con desconocidos para iniciar un acercamiento. Incluso en una comida se llegan a sellar compromisos y negocios. La mesa es una oportunidad para la comunión donde quienes participan viven momentos de alegría y esperanza. En el cristianismo la mesa también tiene un trasfondo religioso y social importante. En ella los comensales aprenden la enseñanza de Jesús y en su comunión se construye el Reino. Marcos nos retrata una escena en la que Jesús se sienta a la mesa, pero no con su familia o amistades, sino con personajes de no muy buena reputación: Come con Leví y con otras personas tratadas como pecadoras por parte del sistema religioso. Jesús hace de la mesa espacio de encuentro liberador, promoviendo la inclusión y la conversión; mostrando en una comida la acción transformadora de Dios. Participemos de la mesa transgresora que se convoca para luchar por la justicia y la igualdad." (Koinonía)