jueves, 7 de mayo de 2026

LA ALEGRÍA DE JESÚS

 


Yo os amo como el Padre me ama a mí; permaneced, pues, en el amor que os tengo. Si obedecéis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo obedezco los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os hablo así para que os alegréis conmigo y vuestra alegría sea completa.
(Jn 15, 9-11)

Jesús nos pide que nos mantengamos en su Amor, que es el Amor de Dios. Esto hará que nuestra alegría sea completa. A veces mostramos la religión como algo lleno de dolor y sufrimiento. Jesús nos dice que es alegría. Aunque realmente la vida esté llena de problemas y dificultades, si permanecemos en esa alegría de Jesús, esos problemas no nos la quitarán. Esa alegría nos ayudará a vencerlos, a superarlos.
 
"En una de las iglesias cercanas a mi casa, uno de los sacerdotes, después de la bendición final de la Misa, solía decir: “Que la alegría del Señor sea nuestra fuerza”. Creo que era muy efectivo en mi, porque lo cierto es que al salir, aunque hubiéra estado en babia gran tiempo de la celebración, estaba muy confortada y de buen humor. Seguramente lo mejor de este detalle pequeño es que me llevó al convencimiento de que la alegría de Dios es invencible. Y que está en nosotros si permanecemos en su amor o, precisamente, cuando su alegría es la que nos lleva a querer permanecer en él.
En la mayoría de las biografías de los santos lo más frecuente es encontrar la alegría como un rasgo de carácter o personalidad. Como ser santo no esta reservado a los de temperamento alegre, también los hubo muy serios y un poco sombrones. Alguno, y muy importante por cierto,  incluso llegó a afirmar que Cristo nunca se rió… con el peregrino argumento de que no hay ningún texto evangélico que de fe de la risa de Jesús. Desde luego nadie llega a santo sin abrazar la cruz. En toda vida hay momentos de cruz y en toda vida de santo hay una o muchas cruces que fueron abrazadas con amor. Pero no hay camino de santidad que no se inicie con un deseo ardiente de que no se acabe lo que es un encuentro con la Alegría.
La intensa, fuerte y misteriosa Alegría  de Dios es la respuesta a nuestro anhelo de felicidad, una sed de un bien que excede a lo que podemos conseguir por nosotros mismos y cuya plenitud  llegará porque Cristo lo ha prometido. Chesterton estaba convencido de que la alegría de Cristo era tan pura que era su atributo más divino. En su libro Ortodoxia, sugiere que Jesús pudo ocultar muchas cosas, pero lo que más le costaba ocultar era su regocijo, incluso camino a la Cruz. Para Chesterton, la alegría de la que habla Juan 15,11 es la fuerza que permite a los santos reírse mientras sufren, porque saben que el final de la historia es feliz.
Una de las más bellas composiciones de Bach es la Cantata 147: Jesús sigue siendo mi alegría/ me defiende de toda pena / consuelo y bálsamo de mi corazón / Él es la fuerza de mi vida, / el gozo y el sol de mis ojos, / el tesoro y la delicia de mi alma / por eso no quiero dejar ir a Jesús / fuera de mi corazón y de mi vista.
Es bueno buscar y hallar esta alegría en la oración y en el encuentro con los demás."
(Virginia Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)

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