El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel, que significa «Dios-con-nosotros».»
(Mt 1, 18-23)
Hoy celebramos el nacimiento de María del cual no nos dice nada el Evangelio. Pero nosotros siempre hemos celebrado los nacimientos de nuestros seres queridos y amigos. Como amamos a María, también lo celebramos. Además, este día, es el inicio de lo que será la venida al mundo al Hijo. Esa muchacha sencilla, desposada con José, gracias a su SÍ, permitió nuestra salvación.
En Catalunya hoy celebramos lo que llamamos las Vírgenes "encontradas". Un pastor, imágenes escondidas seguramente para protegerlas, las encontraba un día: Nuria, Queralt, Falgars, Tura...
Sobre todo, imitemos la humildad de María que aceptó la voluntad de Dios para con Ella.
"Del nacimiento de la Virgen María sólo tenemos la certeza de que tuvo lugar, no sabemos (más que muy aproximadamente) ni dónde ni cuándo. La Biblia no nos da ninguna noticia sobre este hecho. Pero el papel central de María en el acontecimiento de la salvación: su entrega total a la voluntad de Dios, su sí a ser madre del Emmanuel, el nacimiento virginal, su vida como fiel discípula de Jesús, hasta la cruz, y como madre de la Iglesia, todo ello espoleó el deseo de saber sobre ella ya en las primeras generaciones cristianas. Y de ahí surgieron muy pronto imágenes de María (en las catacumbas de Santa Priscila en Roma, a mitad del siglo II), invocaciones, como el “Sub tuum praesidium”, cuyo texto, que sepamos, data del año 250, pero probablemente era recitado mucho antes, y otras piadosas tradiciones, como la que da nombre a sus padres (san Joaquín y santa Ana, según el protoevangelio de Santiago, de mitad del siglo II), y que la hace nacer en Jerusalén, pues a nadie como a ella le cuadra el título de “Hija de Jerusalén”. La misma fiesta de la Natividad de María surgió algo más tarde, en el siglo V en Jerusalén, en el lugar que la tradición situó como el de su nacimiento, en la actual basílica de Santa Ana.
Naturalmente, los espíritus críticos tuercen el gesto ante estas piadosas tradiciones, sin aparente base científica. Pero el hecho de que, como vemos en ellas, todas las generaciones de cristianos se han interesado por María, tratando de ir más allá de los pocos –pero preciosísimos– datos que nos ofrece el Nuevo Testamento, habla de un amor verdadero, y, además (sobre la base de esos datos) bien fundamentado. Y, como no conocemos las fuentes que alimentan esas tradiciones nacidas del amor, tampoco tenemos por qué excluir de ellas testimonios que llegarían hasta el periodo prepascual.
En todo caso, la Iglesia nos invita a celebrar esta fiesta, a engancharnos a esta tradición, a alegrarnos con esta Natividad (título reservado a los nacimientos de Jesús, Juan el Bautista y María), a alegrarnos con el nacimiento de la Hija de Sión, de la que nació el Emmanuel, el Dios con nosotros. “Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador”. Sí, hay motivos para la fiesta, para la alegría."
(José M. Vegas cmf, Ciudad redonda)
No hay comentarios:
Publicar un comentario