sábado, 29 de noviembre de 2025

PERMANECED VIGILANTES

 


Tened cuidado y no dejéis que vuestro corazón se endurezca por los vicios, las borracheras y las preocupaciones de esta vida, para que aquel día no caiga de pronto sobre vosotros como una trampa; porque así vendrá sobre todos los habitantes de la tierra. Permaneced vigilantes, orando en todo tiempo para que podáis escapar de todas esas cosas que van a suceder, y para que podáis presentaros delante del Hijo del hombre.
(Lc 21,34-36)

Jesús nos pide que permanezcamos vigilantes y que oremos. Vivimos en una sociedad llena de desgracias. Debemos vigilar para no dejarnos llevar por el mal y orar para tener fuerzas para resistir. Mañana empieza el Adviento. El Señor se acerca. Hay que saberlo esperar orando y vigilando haciendo el bien.

"Aunque las tiendas ya estén vendiendo regalos de Navidad y las calles ya hayan (precipitadamente) empezado a engalanarse con luces, todavía no hemos entrado siquiera en el Adviento. Así que ese goce navideño que ya se anuncia está hoy un poco empañado por el “Prepárense para la tribulación que viene”. Lo cierto es que la tribulación siempre está viniendo y siempre está aquí.  Siempre habrá dolor, privaciones, angustias económicas, enfermedades, preocupación por nuestros jóvenes, muertes de familiares y amistades. El teléfono que suena en medio de la noche para dar una mala noticia siempre es una posibilidad. Y muy frecuentemente también habrá la tribulación de aguantar críticas y ridículo por nuestra fe. Por eso, parece algo justificado envolverlo todo en anuncios de luz, alegría, comilonas familiares, montañas de regalos. O, incluso durante el año, buscar la diversión interminable, el festival popular, las observaciones de todo día posible, incluso el de la croqueta. Podemos acallar interminablemente nuestra justa preocupación por las cosas que pueden pasar y que, de hecho, pasan. Divertirnos, tomar unas vacaciones, emborracharnos de distracciones. Las oportunidades se dan continuamente y nos vienen casi sin buscarlas. Todo ese ruido adormece a menudo la luz interior que indica dónde está la verdadera felicidad.
Pero, en la otra cara de la moneda, la luz de Navidad es en realidad la más cierta. Y esa es eterna. Por tanto, hay una justificación más profunda para los adornos, las luces y la algarabía. Pero hay que esperar un poco y dar a las cosas su propio espacio. Ahora seguramente toca mirar la tribulación con realismo y aceptarla. Y prepararse para llevarla según el querer de Dios, sabiendo que, más allá, está el Adviento, la venida de quien sufrió la tribulación en su propia carne, y también la venida gloriosa que anuncia la salvación, que enjugará toda lágrima, que destruirá todo dolor. Pero si no se mira a la tribulación ahora, las luces carecerán de sentido, porque solo estarán anunciando vacío, algo sin raíz ni meta."
(Carmen Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)

viernes, 28 de noviembre de 2025

ESTÁ CERCA

  


También les propuso Jesús esta comparación: Mirad la higuera, o cualquier otro árbol: cuando veis que ya brotan sus hojas, comprendéis que el verano está cerca. De la misma manera, cuando veáis que suceden esas cosas, sabed que el reino de Dios ya está cerca.
Os aseguro que todo ello sucederá antes que haya muerto la gente de este tiempo. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

El reino de Dios está cerca, pero no sabemos verlo. Vemos las desgracias de nuestro mundo actual, pero no sabemos ver que la Palabra está con nosotros. Esta es nuestra esperanza: todo pasará, pero la Palabra no pasará. Una Palabra que es Amor y nos enseña a amar. Una Palabra que nos muestra a un Dios misericordioso que está por encima de todas las desgracias. La Palabra de un Dios que nos ama.

"Entre las “alegrías” litúrgicas que nos dimos después del Concilio Vaticano II había un Santo que tenía estas palabras como estribillo. “No, no, no pasará, nononono no no pasará…”  Se cantaba a ritmo bailable, y con eso parecía trivializarse un poco la solemnidad del “cielo y tierra pasarán” y sobre todo, del propio Santo de los santos…  El anuncio de que cielo y tierra pasarán (sobre todo en estos tiempos sombríos de amenazas lúgubres de catástrofe por el cambio climático) no parece razón para bailar y dar palmas. Es como celebrar un funeral a ritmo de salsa o merengue incluso si es con la promesa y la certeza de la resurrección. El anuncio es muy serio: cielo, tierra, todo, va a pasar. Por si habíamos disfrutado nuestra estancia en la tierra, se nos hace la advertencia de que todo es pasajero.  La promesa de lo que viene después es, ciertamente, mucho mejor, pero nos aboca a algo desconocido y misterioso y por tanto, algo que causa algo de temor y para lo cual hay que aferrarse firmemente a la fe en la promesa.
La insistencia de las lecturas de hoy va dirigida a leer bien los signos de los tiempos. ¿Cómo permanecer en la fe y la esperanza de que el Reino de Dios no será arrebatado? ¿Cómo reconocer que lo presente, tanto lo doloroso como lo más alegre, es pasajero? Y si es pasajero, ¿para qué seguir esforzándose?  ¿Cómo vivir en este mundo con la paz de quien sabe que nada es para siempre, pero que la Palabra, el Cristo vivo y encarnado, siempre estarán aquí? El seguir caminando, sabiendo que todo acaba se debe al convencimiento de que la Palabra no acaba. Es decir, que por mucho que todo lo visible, lo tangible, lo perecedero pase, ya estamos viviendo y gozando de lo que no acaba. Quizá eso sí fuera motivo suficiente para bailar y gozar; no como quien está en un fiestuco, sino como quien goza del Banquete Eterno."
(Carmen Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)

jueves, 27 de noviembre de 2025

LEVANTAD LA CABEZA!

 


Cuando veáis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed que pronto será destruida.  Entonces los que estén en Judea, que huyan a las montañas; los que estén en Jerusalén, que salgan de la ciudad; y los que estén en el campo, que no regresen a ella. Porque serán días de castigo en los que se cumplirá cuanto dicen las Escrituras. ¡Pobres de las mujeres que en aquellos días estén embarazadas o tengan niños de pecho!, porque habrá mucho dolor en el país y un castigo terrible contra este pueblo. A unos los matarán a filo de espada, a otros los llevarán prisioneros por todas las naciones, y los paganos pisotearán Jerusalén hasta que se cumpla el tiempo que les ha sido señalado.
Habrá señales en el sol, la luna y las estrellas. En la tierra, las naciones estarán confusas y angustiadas por el ruido terrible del mar y de las olas. La gente se desmayará de espanto pensando en lo que ha de sucederle al mundo, pues hasta las fuerzas celestiales se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, animaos y levantad la cabeza, porque muy pronto seréis liberados.

No debemos perder la esperanza. Es el mensaje que nos da el evangelio de hoy. Han habido, hay y habrán guerras y desgracias. Pero nuestra liberación está cerca. Ya está aquí. Depende de nosotros el saber verla. El poner en práctica lo que Dios nos pide: Amar a todo el mundo, amar a Dios. El Amor será nuestra salvación.

"Si viene una catástrofe (como un huracán, un terremoto o algún fenómeno climático alarmante), o una guerra, lo más prudente es esconderse, buscar un lugar seguro y esperar a que pase todo y que milagrosamente nos salvemos.
Hoy, como tan a menudo, el Evangelio nos da una recomendación paradójica: al ver desastres, catástrofes, guerras y levantamientos, en lugar de esconderse en una cueva con una resignada desesperación, levantar la cabeza. Cuando vean estas cosas, levanten la cabeza, porque su salvación está cerca. Es lo contrario de lo que muchas veces piden grupos que anuncian el fin del mundo: huir a una cueva, al monte y esperar la “rapture”, es decir, el levantamiento de los justos que irán al cielo mientras que otros se condenan. Pero no es esa la visión a la que se anima hoy. Desde los primeros tiempos del cristianismo se ha estado esperando esta segunda venida, y una y otra vez a lo largo de los siglos se han visto catástrofes, violencia, guerras, desastres, corrupciones… Y una y otra vez, se recomienda a los cristianos que levanten la cabeza porque está cerca la liberación. ¿Y qué pasa después? Pues todo parece seguir, reconstruyendo desde la destrucción, guardando luto por quienes faltan, empezando a veces desde cero. Quienes no sean creyentes, o los escépticos podrían decir que todos los años vemos lo mismo y nunca llega esa salvación tan anunciada… Y nosotros mismos podríamos casi desesperar de esa venida futura que nunca parece llegar. ¿O es que estamos ciegos y sordos?
La verdad es otra y es que esa salvación no es solamente que esté cerca; ya está aquí. En estos últimos días de noviembre, siempre está ahí la insistencia apocalíptica y escatológica. La visión cierta es que la salvación está cerca y es verdad. Las lecturas de estos días simplemente afirman una verdad: la próxima Navidad celebra algo para lo que ya no hay espera: la salvación completa y final que ya está aquí de alguna manera. La promesa es cierta y ya está realizada, aunque nos cueste verlo y escucharlo. Levanten la cabeza y miren: aquí está la salvación. Dentro; ya, pero todavía no."
(Carmen Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)

miércoles, 26 de noviembre de 2025

GANARSE LA VIDA



 Pero antes de eso os echarán mano y os perseguirán: os llevarán a juicio en las sinagogas, os meterán en la cárcel y os conducirán ante reyes y gobernadores por causa mía. Así tendréis oportunidad de dar testimonio de mí. Haceos el propósito de no preparar de antemano vuestra defensa, porque yo os daré palabras tan llenas de sabiduría que ninguno de vuestros enemigos podrá resistiros ni contradeciros en nada. Pero seréis traicionados incluso por vuestros padres, hermanos, parientes y amigos. Matarán a algunos de vosotros y todo el mundo os odiará por causa mía, pero no se perderá ni un solo cabello de vuestra cabeza. ¡Permaneced firmes y salvaréis vuestra vida!

Estos evangelios de final del año litúrgico nos presentan las dificultades que hemos de padecer para seguir a Jesús. Pero a la vez nos iluminan en la esperanza, porque es a través de las dificultades que ganamos la Vida. La verdadera Vida junto a Jesús, la de Hijos del Padre. El Espíritu estará con nosotros y pondrá sus palabras en nuestra boca. No debemos desfallecer. El premio es la Vida.

 " (...) En el evangelio se nos dice a todos que no temamos; que se nos darán las palabras necesarias para nuestra defensa. Que, ciertamente, esos poderes malignos han sido encontrados deficientes y caerán. Pero, ¿cuándo?
Otra mirada, algo más profunda nos hace mirarnos en un espejo. Creo que a veces todos quisiéramos ser Daniel, seguros en la denuncia, confiados en la propia inocencia… pero otras veces nos encontramos temblando porque quizá lo escrito en el muro se pueda referir a nosotros mismos: que tenemos los días contados y que hemos sido encontrados a faltar, que la fuerza y autosuficiencia que pensábamos tener no es tanta.
A veces quisiéramos buscar por todos los medios capas, escondites, maneras de disimular esa deficiencia escrita en el muro que nos mira como espejo. Dudamos por si quienes nos persiguen tienen el argumento correcto. Nuestros días, de hecho, están contados. Y sabemos bien las propias limitaciones y deficiencias.
Pero entonces, solo quedará volvernos a la palabra consoladora del Evangelio. A pesar de las palabras aterradoras del muro, sabemos que ni un cabello de la cabeza se perderá, por la inmensa misericordia de Dios. Aunque no seamos Daniel con la justicia en nuestra mano. Aunque seamos los que tenemos huecos y deficiencias. Os perseguirán y entregarán, pero ni un cabello de vuestra cabeza se perderá… Porque no será el juez castigador, sino el misericordioso quien escribirá en nuestro muro. Y será él mismo quien nos dé las palabras de nuestra defensa, por si, avergonzados, no las podemos encontrar. Solo nos queda volvernos a él en confianza."
(Carmen Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)

martes, 25 de noviembre de 2025

ESPERAR EN ÉL

 


Algunos estaban hablando del templo, de la belleza de sus piedras y de las ofrendas que lo adornaban. Jesús dijo:
– Vienen días en que de todo esto que estáis viendo no quedará piedra sobre piedra. ¡Todo será destruido!
Preguntaron a Jesús:
– Maestro, ¿cuándo ocurrirán esas cosas? ¿Cuál será la señal de que ya están a punto de suceder?
Jesús contestó: Tened cuidado y no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos haciéndose pasar por mí y diciendo: ‘Yo soy’ y ‘Ahora es el momento’, pero no los sigáis. Y cuando oigáis alarmas de guerras y revoluciones no os asustéis, pues aunque todo eso tiene que ocurrir primero, aún no habrá llegado el fin.
Siguió diciéndoles: Una nación peleará contra otra y un país hará guerra contra otro; en diferentes lugares habrá grandes terremotos, hambres y enfermedades, y en el cielo se verán cosas espantosas y grandes señales de amenaza.

Mirando nuestra sociedad puede parecer que ya han llegado los últimos tiempos. En realidad, estas desgracias siempre han sucedido; pero en estos tiempos nos enteramos de todo lo que ocurre, aunque sea muy lejos de nosotros, y casi al instante de suceder. No debemos perder la esperanza. Jesús nos señala que debemos pasar por muchas dificultades. Que lo que existe, por bello que sea, un día será destruido. Pero también nos dice que no nos dejemos engañar. Sólo en Él tenemos esperanza y no en falsos profetas. Todo puede ser destruido menos Jesús, que venció a la muerte.

"Estas cosas tienen que pasar antes de la victoria. Pero no aterrorizarse podría no ser posible.  Porque las cosas que estamos viendo —guerras, divisiones, invasiones, persecución a la fe— son como para dar bastante terror. La situación del mundo no es nada halagüeña. Corrupción, mentira, engaños, persecuciones, guerras, el hambre como arma política, las catástrofes naturales. Y hacia adentro, rencillas internas, rencores del pasado, competición y envidias. A veces podría parecer que el Halloween que se celebró a principios de mes, con sus horribles y feísimas imágenes se quedó corto. Los monstruos presentes, mucho más reales y peligrosos, producen un verdadero pavor. Y leer a Daniel en estas circunstancias refuerza el sentido de apocalipsis final y de acontecimientos terroríficos.
Por otro lado, la visión del gigante con pies de barro de Daniel, que produce espanto, también podría dar un poco de risa: nos asegura que nada ni nadie tienen suficiente poder como para no romperse. Nos podemos reír de ese poder tan efímero. Al final, toda la maldad y la fealdad de lo que nos rodea, parece decir Daniel, se pulverizarán. Y esto quizá sea la mejor razón para no aterrorizarse. Pero esta seguridad no vendrá sin perseverancia. Para perseverar hace falta mirar, una y otra vez al gigante pulverizado para recordar quiénes somos y qué esperamos. Para perseverar hay que mantener una difícil calma alimentada por la oración y el esfuerzo diario por hacer el bien. Para perseverar hay que mirar alto y lejos. Y hay que mirar también bajo y cerca para celebrar el bien que tenemos al lado de las personas de nuestro alrededor que sencilla y tercamente siguen viviendo en verdad. No es que se vaya a negar la realidad dolorosa, terrible y profundamente preocupante; pero sí aferrarse a la belleza, la verdad y la bondad que son Dios mismo, trabajando para sembrar un poco de esa verdad y belleza en medio de tanta fealdad y mentira."
(Carmen Fernandez Aguinaco, Ciudad Redonda)





lunes, 24 de noviembre de 2025

DARLO TODO

  


Jesús estaba viendo cómo los ricos echaban dinero en las arcas de las ofrendas, y vio también a una viuda pobre que echaba dos monedas de cobre. Entonces dijo:
– Verdaderamente os digo que esta viuda pobre ha dado más que nadie, pues todos dan sus ofrendas de lo que les sobra, pero ella, en su pobreza, ha dado todo lo que tenía para su sustento.

La viuda entregó todo lo que tenía. Pensó en los demás, antes que en ella misma. Jesús nos pide que nos entreguemos totalmente, que demos nuestra vida como hizo Él. Y esto se puede hacer desde la pobreza, desde la sencillez. Cuando somos "ricos" buscamos ser más, tener, dominar...Es desde la sencillez, la humildad que antepondremos el bien del otro al nuestro.

"Cuando vamos a dar o pagar algo, tanto si es material como si es tiempo o esfuerzo de alguna manera, normalmente hacemos una especie de presupuesto: ¿habrá suficientes recursos para otras cosas que necesitamos hacer? ¿Tenemos un plan de acción donde encajamos lo que vamos a dar gratis junto con lo que nos produce beneficios personales? Normalmente no damos “a lo loco”. Al mirar a esta viuda del evangelio, que sí parece dar a lo loco, podríamos hacer varias interpretaciones, más o menos cínicas. ¿Da porque es una descuidada y poco previsora? ¿da porque podría ser lo último que hiciera al final de su vida y ya no le importa nada? ¿O da sus dos moneditas –probablemente lo único que tiene– para que Dios se compadezca y la bendiga con más? Como el Evangelio no lo explica, quedémonos simplemente en que da por pura generosidad y amor. Y esta debe ser la verdadera interpretación, puesto que Jesús la alaba.
Cada uno podemos ser la viuda en todas sus variaciones. Y siempre tenemos que mirar a nuestras motivaciones. La última motivación, la de la pura generosidad, es la más noble, y a la que nos gustaría seguramente acogernos. Pero no siempre es así. Pero quizás una pregunta importante más bien sea cuáles son nuestras dos moneditas. ¿Qué cosas tenemos (materiales o de talentos o tiempo) que queremos o debemos por responsabilidad cuidar? ¿A qué cosas nos parece que solemos aferrarnos? ¿Cómo deberíamos presupuestar tiempo, dinero, talento? ¿Con qué cosas podríamos comerciar? ¿Cuáles nos parecen ya inútiles y por lo tanto desechables…? Quizá entonces, al mirar nuestras dos moneditas viéramos que tenemos mucho más que dos, algunas necesarias, otras no tanto. Pero la llamada sigue siendo la misma: dar hasta lo último, no solo lo no necesario, no solo la calderilla, sino hasta la última gota.
El evangelio de hoy a menudo va emparejado en el Leccionario a la lectura de la viuda de Elías, que dio el último aceite y la última harina que tenía como actos de suprema entrega antes de morir. No murió. Se le multiplicó el pan. Siempre que tengamos la sinceridad de mirar bien, veremos que se nos multiplica a nosotros lo poquísimo que hemos dado, a veces con esfuerzo y temor a perderlo todo. Y entonces, el seguir dando puede ser una experiencia gozosa, por la seguridad de tanta gracia y vida derramada."
(Carmen Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)

domingo, 23 de noviembre de 2025

EL REINO DEL AMOR

  



La gente estaba allí mirando; y hasta las autoridades se burlaban de él diciendo:
– Salvó a otros; ¡que se salve a sí mismo ahora, si de veras es el Mesías de Dios y su escogido!
Los soldados también se burlaban de Jesús. Se acercaban a él y le daban a beber vino agrio, diciéndole:
– ¡Si eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo!
Y sobre su cabeza había un letrero que decía: “Este es el Rey de los judíos.”
Uno de los malhechores allí colgados le insultaba, diciéndole:
– ¡Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y sálvanos a nosotros!
Pero el otro reprendió a su compañero diciendo:
– ¿No temes a Dios, tú que estás sufriendo el mismo castigo? Nosotros padecemos con toda razón, pues recibimos el justo pago de nuestros actos; pero este no ha hecho nada malo.
Luego añadió:
– Jesús, acuérdate de mí cuando comiences a reinar.
Jesús le contestó:
– Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso.

Jesús es un rey diferente. Su trono es la Cruz. Su reino es el Reino del Amor. Nuestros reinoso y repúblicas buscan el poder, el dinero, la fuerza...Jesús se entrega totalmente, da su vida en la Cruz por nosotros. Nos invita a hacer lo mismo. A participar de su Reino: el Reino del Amor. Si nos entregamos a los demás, si amamos a todo el mundo, formamos parte de su reino.

" (...) Sabemos que reyes ha habido muchos a lo largo de la historia. Y la mayoría quisieron gobernar sobre bases erróneas. No puede subsistir mucho tiempo una sociedad humana construida sobre la mentira, la violencia, la fuerza bruta, la falta de respeto a los derechos de las personas, y en especial a los derechos de los más débiles, la destrucción de los disidentes, la desconfianza sistemática, la delación. Por mucho que la maquillemos con los medios de propaganda, es una sociedad mortalmente enferma. La antigua Unión Soviética, o muchas dictaduras de América Latina son buena prueba de ello. Hemos descubierto cómo los grandes estados de rostro inhumano eran en realidad monstruos con pies de barro.
Frente a esto, se nos presenta la vida de Jesús; un hombre insignificante a los ojos de la “carne” sin ningún otro poder que el poder de convicción de su palabra: ni poder económico, ni fuerzas armadas, sin fasto de ningún tipo. Un Rey atípico. Nació en un pesebre, no en un palacio; trabajó para ganarse el pan. Ejercía sólo una autoridad con rostro humano. No se basaba en la fuerza, sino en el “enamoramiento”, en el dejarse encontrar por todos. Zaqueo, la mujer samaritana, Mateo, María Magdalena… Muchos fueron convencidos por el ejemplo y el testimonio de Cristo. Un rey muy especial.
A ese Rey, los jefes del pueblo lo tientan con la tercera de las argumentaciones de Satanás, recordándole que es el protegido de Dios. Los soldados, por su parte, recuerdan el valor político del título de Mesías: un rey dispone de poder (como le dijo el demonio a Jesús en el desierto). Pero el Reino de Jesús no es de este mundo, como le replicó Cristo a Poncio Pilato. El malhechor colgado en la cruz representa la tentación más fuerte, porque está sufriendo en la cruz junto a Jesús. Es la más diabólica de las pruebas: ¿No eres Tú el Mesías? Hace falta estar muy arraigado en Dios Padre para no rendirse, para aceptar la voluntad de ese Padre Bueno.
En medio de la prueba, hay también un punto para la esperanza. En el mismo Calvario, se inaugura el Reino de Dios: al buen ladrón Jesús le dice que hoy compartirá la plena felicidad con Él. El que en el mundo no encontró la paz, la halló al final de sus días, hasta poder descansar con Cristo en el Paraíso.
De cada de uno de nosotros depende decidir. ¿Quieres ser parte de una historia llena de esperanza? Está terminando el año litúrgico. Revisa tu vida, y prepárate para que el Adviento, que está llamando a las puertas, no te sorprenda desprevenido. Puedes ser amigo de un Rey que no inspira miedo, sino dulzura; que no busca castigarte, sino hacerte feliz; que no limita tu libertad, sino que la desarrolla hasta el máximo… Un Rey distinto, que te invita a ser de los suyos. Él te espera. ¿Vas a ser como los jefes, como los soldados, como el ladrón que grita contra Jesús, o como el buen ladrón? Tú decides."
(Alejandro Carbajo cmf, Ciudad Redonda)