domingo, 26 de julio de 2026

EL REINO ES UN TESORO

 


El reino de los cielos se puede comparar a un tesoro escondido en un campo. Un hombre encuentra el tesoro, y vuelve a esconderlo allí mismo; lleno de alegría, va, vende todo lo que posee y compra aquel campo.
También se puede comparar el reino de los cielos a un comerciante que anda buscando perlas finas; cuando encuentra una de gran valor, va, vende todo lo que posee y compra la perla.
Puede compararse también el reino de los cielos a una red echada al mar, que recoge toda clase de peces. Cuando la red está llena, los pescadores la arrastran a la orilla y se sientan a escoger los peces: ponen los buenos en canastas y tiran los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles a separar a los malos de los buenos, y arrojarán a los malos al horno encendido, donde llorarán y les rechinarán los dientes.
Jesús preguntó:
– ¿Entendéis todo esto?
– Sí, Señor –contestaron ellos.
Entonces Jesús añadió:
– Cuando un maestro de la ley está instruido acerca del reino de los cielos, se parece a un padre de familia que de lo que tiene guardado saca cosas nuevas y cosas viejas.
(Mt 13,44-52)

Tener el Reino es tener un tesoro, una perla preciosa. Tener el Reino es tener a Dios con nosotros, hacernos uno con Él. Por eso debemos dejarlo todo para conseguirlo. El Reino es la plenitud.

"Sigue Jesús hablándonos en parábolas. Esta semana, el tesoro, la perla y la red. Para que sigamos pensando en lo que significa el Reino del que tanto hablaba, y al que consagró toda su existencia.
Los textos litúrgicos de este domingo pueden ser catalogados bajo un común denominador: nos hablan de la necesidad de la ayuda divina para ser “sabios”, para poder saber qué hacer en cada momento. En la primera lectura, Salomón ante la aparición divina, solicita el don de la escucha y del discernir entre el bien y el mal y obtiene la aprobación divina por ese pedido y la concesión de una “mente sabia y prudente”. En el salmo se confiesa que la fuente de este don está radicada en Dios, quien se lo concede al que sabe valorarlo. Y en la carta a los Romanos se constata con admirado gozo la comunicación hecha por Dios en Cristo a los que “Él ha llamado”.
Si se nos hiciera hoy la pregunta que se le hizo a Salomón, ¿qué pediríamos? Si se realizara ahora una encuesta individual sobre cuáles son las «aspiraciones» de la gente en la vida probablemente saldrían respuestas como éstas: ganar mucho dinero, tener el mejor coche o la mejor moto, unas vacaciones en las playas del Caribe, o simplemente sentirme bien con mi cuerpo y conmigo mismo.
Salomón tuvo la oportunidad de escoger lo que quisiese. No pidió oro, ni poder, sino sabiduría. Con ella consiguió la capacidad de discernimiento para pensar y para hacer. En el fondo todos buscamos lo mismo -ser felices-, pero por caminos distintos, muchas veces equivocados. No acabamos de darnos cuenta de que la felicidad tiene mucho más que ver con el ser que con el tener, está más en lo profundo que en la superficie. Saber discernir, está es la cuestión clave, saber orientar tu vida hacia lo auténtico, lo que plenifica, lo que realiza de verdad.
El Reino de Dios es un tesoro escondido, una perla de gran valor, quien lo encuentra se llena de alegría y deja todo para conseguirlo. Hay que destacar que el tesoro es encontrado. A veces se busca, a veces, no, se hace el encontradizo, se nos descubre. Así es Dios, se nos muestra, como Padre que ama y que perdona, como Alguien que es capaz de dar sentido a nuestra vida. Tanto buscar realizarnos y estar a gusto con nosotros mismos, cuando resulta que tenemos en nuestro interior el auténtico tesoro: Dios mismo. El que lo encuentra se «llena de alegría». En esta expresión se resume el fruto que produce el encuentro con Dios: la alegría del corazón.
Cuando en nuestra vida reina la alegría de sentirnos amados por Dios, entonces somos capaces de dejarlo todo, vender lo que tenemos para despojarnos de todo aquello que nos esclaviza y no nos deja volar. ¿Qué se hace para tener fe? Nada, la fe viene. Alguno puede tenerla, pero su orgullo le impide admitirlo, se plantea demasiadas preguntas, complica las cosas que son simples. En realidad, sólo tiene un miedo tremendo. Déjate llevar y lo que ha de venir, vendrá. ¿Has encontrado ya tu tesoro? Si no eres capaz de llenarte de alegría y de seguir a Cristo con radicalidad es que todavía no lo has encontrado. Las renuncias que Jesús nos propone no son nada con la plenitud que significa encontrar su tesoro. Quizá lo que nos pasa es que no tenemos fe, o más bien no tenemos la fe suficiente para arrojarnos al agua.
A la fe se llega por decisión personal y libre, no por tradición o herencia. La fe nos compromete a vivir según los criterios del Reino, no es una forma de pensar que acomodo a mi vida. No puedo hacerme la fe a mi medida. Desde la fe, venir a Misa, por ejemplo, es la celebración gozosa del encuentro comunitario con Dios. No es un rito que hay que cumplir. La fe es un regalo, un don gratuito, no un seguro de vida que me asegura la salvación. Cuando se tiene fe de verdad el amor se convierte en la única ley que guía y orienta tu vida.
Nace de aquí una visión optimista de la existencia humana y de la historia. La carta de san Pablo a los cristianos de Roma lo subraya con acento emocionado: «A los que aman a Dios todo les sirve para el bien, a los que ha llamado conforme a su designio». Para el creyente en Jesús, la vida tiene un sentido, el esfuerzo humano una razón de ser y hasta la contrariedad y las dificultades, lejos de asumirlo en la angustia y en la desesperación, aparecen ante su conciencia y su dinamismo, como argumentos de más para redoblar su compromiso. El cristiano cree en la historia. Sabe por el mensaje que la sucesión del tiempo entraña una vocación de eternidad y que la construcción del mundo por los caminos de la justicia y de la fraternidad desembocará en la salvación.
Esta es la suprema sabiduría que el mensaje de Jesús aporta a los hombres. En ella se encuentra no la resolución, aunque sí la iluminación del enigma de la vida. Para el creyente nada quedó resuelto con su fe; pero la fe si ilumina y clarifica la razón del vivir y del esfuerzo. A esta sabiduría alude la petición de Salomón. Nada hay más alto ni de mayor valor para el drama de la existencia. Los problemas seguirán estando ahí, porque no se arreglan solos, pero con las gafas de la fe, los podemos ver de otra manera. También Cristo en el Huerto de los Olivos sufrió un momento de tristeza y desasosiego, pero su amor al Padre le dio inmediatamente fuerza para subir al Calvario y ofrecer su vida amando y perdonando, hasta a sus enemigos.
Amemos a Dios de tal manera que las dificultades de la vida nunca consigan romper nuestra fe y nuestra esperanza, para que así todo termine siempre sirviendo para nuestro bien. De todo, hasta de lo malo, podremos aprender. Sigamos caminando, trabajando como si todo dependiera de nosotros, pero sabiendo que todo depende de Dios. De ese Dios que nos sale al paso. De ese Dios que espera tu respuesta. ¿Qué le vas a decir?"
(Alejandro Carbajo cmf, Ciudad redonda)

sábado, 25 de julio de 2026

LOS PRIMEROS EN EL REINO

  


La madre de los hijos de Zebedeo se acercó con ellos a Jesús, y se arrodilló para pedirle un favor. Jesús le preguntó:
– ¿Qué quieres?
Ella le dijo:
– Manda que estos dos hijos míos se sienten en tu reino uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.
Jesús contestó:
– No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa amarga que voy a beber yo?
Le dijeron:
– Podemos.
Jesús les respondió:
– Vosotros beberéis esa copa de amargura, pero el sentaros a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde a mí darlo. Será para quienes mi Padre lo ha preparado.
Cuando los otros diez discípulos oyeron todo esto, se enojaron con los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo:
– Sabéis que, entre los paganos, los jefes gobiernan con tiranía a sus súbditos y los grandes descargan sobre ellos el peso de su autoridad. Pero entre vosotros no debe ser así. Al contrario, el que entre vosotros quiera ser grande, que sirva a los demás; y el que entre vosotros quiera ser el primero, que sea vuestro esclavo. Porque, del mismo modo, el Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida en pago de la libertad de todos.
(Mt 20, 20-28)

¿Quienes serán los primeros en el Reino? Los que sirven, los que dedican su vida a los demás, los que se entregan del todo.

"A menudo se oye o se lee que “Dios tiene un plan”. Lo tiene para cada persona, pero también para cada comunidad, cada pueblo, cada circunstancia, cada época. En el catecismo, que estudiábamos de memoria hace mucho tiempo, aprendimos que “Dios lo ve todo, lo presente lo pasado y lo futuro y hasta los más ocultos pensamientos”. Sabe también, por supuesto, que sus “planes” serán combatidos por el mal hasta el fin de los tiempos.
El caso es que el anuncio de la Salvación llegó a la provincia romana mas occidental (Hispania), muy al comienzo de la predicación apostólica. Llegó con Santiago, el hermano de Juan. Santiago y Juan, en los cuatro Evangelios, se caracterizan por un temperamento bastante inflamable y, en el pasaje que se lee hoy, también ambicioso. “Hijos del trueno” fue el apodo que el mismo Jesús les aplicó. Querían que el Reinado de Cristo se impusiera inmediatamente… Y gobernar con Él: uno a la derecha y otro a la izquierda del trono, nada menos.
Con una arrogancia adolescente a la pregunta de Jesús sobre el cáliz que han de beber responden con firmeza: “¡Podemos!”. No parece que Jesús quedara disgustado con la respuesta porque acepta la promesa ímplicita aunque deja fuera la posición que ocuparían.
Solamente diez años después de Pentecostés, hacia el año 43 Santiago llega a España. En Zaragoza recibe la milagrosa visita de la Madre de Jesús, recorre parte de la península bautizando y creando pequeñas comunidades cristianas y regresa a Jerusalén. Herodes Antipas ordena su muerte y es decapitado. Para el resto de la presencia de Santiago en España resulta más complicado verificar los datos: la historia está teñida de mitos y leyendas. Hubo que esperar al s.IX, cuando Alfonso II el Casto mandó edificar una pequeña iglesia sobre la supuesta sepultura del apóstol y, aunque la veneración fue consolidada durante la reconquista, Santiago no fue nombrado Patrono de España por el Papa Urbano VIII hasta el s.XVII..
Y he aquí que, en nuestros días, Santiago sigue siendo una fiesta muy significativa y un potente signo de identidad de España y aún de Europa. Es muy buena ocasión para pedir por nuestro país, por la Iglesia y por nosotros mismos, los bautizados, para que Dios nos de la gracia y el empuje de Santiago y el valor de decir, en nuestra situación real, “podemos beber de tu cáliz, Señor”."
(Virginia Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)

viernes, 24 de julio de 2026

LA BUENA TIERRA

 


Oíd, pues, lo que significa la parábola del sembrador: Los que oyen el mensaje del reino y no lo entienden, son como la semilla que cayó en el camino; viene el maligno y les quita el mensaje sembrado en su corazón. La semilla que cayó entre las piedras representa a los que oyen el mensaje y al pronto lo reciben con gusto, pero, como no tienen raíces, no pueden permanecer firmes: cuando por causa del mensaje sufren pruebas o persecución, fracasan en su fe. La semilla sembrada entre espinos representa a los que oyen el mensaje, pero los negocios de este mundo les preocupan demasiado y el amor a las riquezas los engaña: todo eso ahoga el mensaje y no le deja dar fruto en ellos. Pero la semilla sembrada en buena tierra representa a los que oyen el mensaje y lo entienden, y dan una buena cosecha: son como las espigas que dieron cien, sesenta o treinta granos por semilla.
(Mt 13,18-23)

La parábola del sembrador nos hace reflexionar sobre si somos buenos receptores de La Palabra, tierra buena, y sobre si somos buenos transmisores. En el primer caso depende de nosotros. En el segundo es Dios quien hace fructificar.

"Parece, según el texto evangélico de la Misa de hoy, que la parábola del sembrador dejó un  poco perplejos a los discípulos. Le piden a Jesús que desvele su sentido. ¿Es una crítica a un sembrador necio que esparce la semilla “al buen tuntún”?  Aunque de ninguno de los discípulos se diga que trabajara en el campo, el sentido común indica que las semillas de cualquier cultivo se echan en los surcos que traza el arado.  ¿O es una alabanza a una acción aparentemente torpe? O, tal vez, el Maestro, como cuando dice que no hay que echar las margaritas a los cerdos, prevenga para que no se desperdicie la noticia de la salvación y se discierna primero a quién se dirige.
La explicación de Jesús nos sitúa en otro punto de vista. No se trata de orientar para la misión que encomendará a sus discípulos cuando todo esté cumplido, estudiando a qué nicho de consumidores hay que dirigirse con un buen marketing. ¡El anuncio se hará llegar a todos, sean como sean!
Tal vez que lo que hoy puede suscitar este relato es la reflexión sobre lo que hacemos y lo que dejamos de hacer, sabiendo qué es lo correcto y lo que agrada a Dios.  Muchos y muchas veces, aún considerándonos gente de fe y católicos al menos aceptables, podemos identificarnos con el terreno pedregoso, con el poblado de zarzas, con el impermeable y, por ventura, aunque no sea totalmente seguro y permanente, con la tierra buena que produce fruto abundante. Una por una e incluso simultáneamente, en nuestra condición humana se dan todas las posibilidades de respuesta, todas las resistencias a la gracia y también el sí a la voluntad de Dios que quiere que nos salvemos.
Nos justificamos de mil maneras… Cómo en el soneto de Lope, (Mañana le abriremos…)  dejamos el negocio de la santidad y del testimonio para otro momento quizá más propicio, nos ocupamos en actividades muchas veces inútiles pero que llegamos a encontrar indispensables. Ponemos pretextos como nuestra debilidad, nuestra falta de talento, o nuestro miedo al ridículo. O nos desanimamos cuando ser testigos del evangelio  no va acompañado de ningún sentimiento gratificante o algo así como una experiencia interior gozosa.
En resumen: así como Dios tiene poder para hacer de las piedras hijos de Abraham, Nuestro Señor Jesucristo puede enviar su Santo Espíritu para hacernos tierra fértil que reciba su palabra y produzca fruto.
(Virginia Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)

jueves, 23 de julio de 2026

UNIDOS A LA VID

 


Yo soy la vida verdadera y mi Padre es el viñador. Si uno de mis sarmientos no da fruto, lo corta; pero si da fruto, lo poda y lo limpia para que dé más. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado. Seguid unidos a mí como yo sigo unido a vosotros. Un sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no está unido a la vid. De igual manera, vosotros no podéis dar fruto si no permanecéis unidos a mí.
Yo soy la vid y vosotros sois los sarmientos. El que permanece unido a mí y yo unido a él, da mucho fruto; pues sin mí nada podéis hacer. El que no permanece unido a mí será echado fuera, y se secará como los sarmientos que se recogen y se queman en el fuego.
Si permanecéis unidos a mí, y si sois fieles a mis enseñanzas, pedid lo que queráis y se os dará. Mi Padre recibe honor cuando vosotros dais mucho fruto y llegáis así a ser verdaderos discípulos míos.
(Jn 15,1-8)

Jesús se nos presenta como la vid. Y nosotros los sarmientos no podemos tener vida si no estamos unidos a Él. Esta unión es la que nos permite dar frutos. Frutos de entrega, sanación, don a los demás. Frutos de Amor.
Estar unidos a Jesús es fundamental. Nosotros solos, no podemos dar fruto. Unidos a Él, seremos testimonios de su Amor en todo el mundo.

En Europa Santa Brígida, como patrona, tiene una misa especial. No sé si en los otros continentes leeréis el mismo evangelio en la misa. El comentario es sobre el evangelio de Santa Brígida.
"Otra fiesta de una mujer, Santa Brígida, patrona de Europa. ¿Por qué santa? ¿Por qué patrona? Su santidad fue declarada muy tempranamente (diecinueve años después de sus muerte) en un momento sumamente complejo de la historia de la Iglesia. Su patronazgo, mucho más reciente, lo decidió San Juan Pablo II. Santa Brígida de Suecia fur proclamada copatrona de Europa en 1999 (junto a Santa Catalina de Siena y Santa Teresa Benedicta de la Cruz) y significa el reconocimiento de la aportación femenina fundamental a la identidad, la paz y las raíces cristianas del continente europeo.
Por el momento no se ha cumplido el sueño del Papa. Europa hoy no tiene conflictos bélicos salvo la guerra de Ucrania. Sí tiene problemas y enfrentamientos en cada país de la Comunidad, discrepancias, crisis sociales de todo tipo, una clase política menos que mediocre y un ambiente de desánimo y desesperanza. Es posible que sea el espacio más descristianizado del mundo cristiano.
Habrá que recuperar la valentía de la Santa Brígida… Sus mensajes a los gobernantes de su época se caracterizaron por una parresía (valentía profética) extrema. A través de sus famosas Revelaciones, no dudó en reprender con dureza a reyes, papas y emperadores, recordándoles que el poder terrenal es un préstamo divino y que tendrían que rendir cuenta de su uso.
Hoy Brígida nos invita a implicarnos en  una nueva evangelización. En las pequeñas comunidades, en la vida política, en los ambientes de trabajo, en la vida familiar, en las elecciones que hacemos, en el uso de los medios de comunicación… Ser cristianos de verdad , con humildad pero sin miedo, con caridad pero sin alardes. Unidos y buscando siempre la paz pero sin renunciar a proclamar la fe en Jesucristo
Es posible aunque no demasiado sencillo sobre todo entre los más cercanos. En nuestra propia familia seguramente hay bastantes bautizados de los que solo entran en la iglesia para funerales, bodas y bautizos… De hecho en muchas familias de tradición católica muchos ya no celebran estos momentos importantes o lo hacen “en modo laico”.
Siempre podemos pedir la intercesión de los santos y pedirles que rueguen al Señor con nosotros para que participemos con entusiasmo y valentía en esta esta “reevangelización” de Europa."
(Virginia Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)

miércoles, 22 de julio de 2026

LA LLAMÓ POR SU NOMBRE

 


El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, y vio quitada la piedra que tapaba la entrada. Corrió entonces a donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, aquel a quien Jesús quería mucho, y les dijo:
– ¡Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto!
María se quedó fuera, junto al sepulcro, llorando. Y llorando como estaba, se agachó a mirar dentro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y el otro a los pies. Los ángeles le preguntaron:
– Mujer, ¿por qué lloras?
Ella les dijo:
– Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.
Apenas dicho esto, volvió la cara y vio allí a Jesús, aunque no sabía que fuera él. Jesús le preguntó:
– Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?
Ella, pensando que era el que cuidaba el huerto, le dijo:
– Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto, para que yo vaya a buscarlo.
Jesús entonces le dijo:
– ¡María!
Ella se volvió y le respondió en hebreo:
– ¡Rabuni! (que quiere decir “Maestro”).
Jesús le dijo:
– Suéltame, porque todavía no he ido a reunirme con mi Padre. Pero ve y di a mis hermanos que voy a reunirme con el que es mi Padre y vuestro Padre, mi Dios y vuestro Dios.
Entonces fue María Magdalena y contó a los discípulos que había visto al Señor, y también lo que él le había dicho.

María Magdalena fue la primera en ver a Jesús resucitado. Las mujeres fueron mayoría al pie de la cruz. Sólo Juan estuvo. Jesús aceptó a las mujeres entre el grupo que le seguía. ¿Por qué en la Iglesia hemos olvidado tanto tiempo a las mujeres?
María Magdalena es un modelo a seguir por todos, hombres y mujeres. Ella creyó en Jesús. Lo siguió. Estuvo al pie de la cruz en su muerte. Lo buscó cuando no lo encontró en el sepulcro. Por eso Jesús la llamó por su nombre. Si los seguimos. Si lo dejamos todo por Él, también nos llamará por nuestro nombre y nos enviará a anunciarlo.

"Hoy celebramos la fiesta de Santa María Magdalena y todas las lecturas, oraciones y antífonas, incluso el prefacio, se refieren a la “primera apóstola”, la primera en ver el cuerpo glorioso del Resucitado y la primera en ser enviada a anunciar la salvació cumplida en la Cruz.
Tal como se celebra ahora, la fiesta fue establecida recientemente, “en 2016 por decreto del cardenal Robert Sarah, siguiendo la voluntad del Santo Padre, se establece que la memoria litúrgica de santa María Magdalena, que se celebra el 22 de julio, pase al rango de festividad […] a partir de ahora la celebración de la Misa contará con un prefacio proprio titulado de apostolorum apostola (Apóstola de los apóstoles)”.
María Magdalena ha suscitado, desde los primeros siglos del cristianismo, la devoción y el reconocimiento de los bautizados y posteriormente también una infinidad de leyendas y de obras de arte. Se pensó que era la misma mujer pecadora que lavó los pies de Jesús con sus lágrimas y un perfume carísimo para estupefacción de los fariseos y disgusto de Judas. O la adúltera salvada de la lapidación. O la hermana de Lázaro que “eligió la mejor parte” frente a Marta. También ha sido inspiración para relatos esotéricos  y fantasias literarias disparatadas.
El Papa Francisco consideró que había suficientes datos reales como para desechar tanta leyenda y atenerse a lo que los evangelios cuentan. Además de justo es necesario en un momento de la historia en el que se hace patente que la evangelización, desde el principio, también fue protagonizada por mujeres.
Lo que los evangelios cuentan de María Magdalena justifican, sin más inventos, la devoción de los fieles. Ella fue una de las mujeres que acompañaban a Jesús y a sus discípulos en su predicación itinerante. Ella estuvo, indudablemente, al pie de la Cruz con la Virgen María. Ella estuvo presente cuando depositaron el cuerpo del Señor en el sepulcro. Fue la primera que vio a Jesús Resucitado y fue enviada a anunciarlo. Y creyó en Jesús, lo amó con todo su corazón y le sirvió anunciando la salvación a todos.
Está muy bien ser devoto de Santa María Magdalena y, desde luego, intentar imitarla."
(Virginia Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)

martes, 21 de julio de 2026

LA GRAN FAMILIA

  

Todavía estaba Jesús hablando a la gente, cuando acudieron su madre y sus hermanos, que querían hablar con él. Como se quedaron fuera, alguien avisó a Jesús:
– Tu madre y tus hermanos están ahí fuera, y quieren hablar contigo.
Pero él contestó al que le llevó el aviso:
– ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?
Y señalando a sus discípulos, añadió:
– Estos son mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.
(Mt 12,46-50)

Entre todos los cristinos formamos una familia. Y entre todos aspiramos a formar la gran família humana, el Reino. Una humanidad en la que todos nos amemos. En la que no haya diferencias. En la que no habrá guerras. Todos hijos del mismo Padre, hermanos de Jesús, alimentados por el Amor del Espíritu.
 
"En la famosa serie Chosen, Mateo es un personaje bastante peculiar, obsesionado con registrar exactamente los hechos y las palabras de Jesús tal como los presenció. Puede que Mateo fuera así o un hombre muy parecido al que aparece en la serie. Y,  por eso, el pasaje del Evangelio de hoy nos suena un poco hiriente, casi como un desaire injustificado a la madre. “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?” dice Jesús y después señalando a sus discípulos sigue la alabanza más alta que se haya pronunciado…  sobre la Virgen María, su madre. Porque si existe alguien que haya cumplido exactamente y en todo la voluntad de Dios, esa es Ella, la nueva Eva.
Para entender cómo María logra hacer la voluntad del Padre de una forma absoluta, tenemos que conocer lo que es el pecado. Por su propia naturaleza, es división, desobediencia y resistencia a la voz de Dios. Es el «no» del hombre al plan divino.
Al ser preservada de toda mancha de pecado desde el primer instante de su concepción, María quedó dotada de una libertad purísima. Su corazón no experimenta las contradicciones internas que el todos padecemos. En Ella no había interferencias, egoísmos ni dudas que frenaran la acción del Espíritu Santo. Por lo tanto, cuando Jesús dice que su madre es aquella que hace la voluntad del Padre, está describiendo a una criatura cuya voluntad humana está en perfecta sintonía con la voluntad divina. Su impecabilidad es lo que hace posible su obediencia perfecta.
Yo creo que esa escena, tan literalmente recogida por Mateo, no fue vivida por María como desapego, ni desprecio. Existe un vínculo con el hijo, carnal y humano pero también otro más fuerte y poderoso que es el de cumplir la voluntad de Dios. Y María lo llevó a cabo desde su nacimiento y, de manera especial, en el “Hágase en mi, según tu palabra” respondiendo al anuncio de Gabriel."
(Virginia Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)

lunes, 20 de julio de 2026

EL SIGNO DE JONÁS

 
 


Algunos de los fariseos y maestros de la ley dijeron entonces a Jesús:
– Maestro, queremos verte hacer alguna señal milagrosa.
Jesús les contestó:
– Esta gente malvada e infiel pide una señal milagrosa, pero no se le dará más señal que la del profeta Jonás. Porque así como Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del gran pez, así también el Hijo del hombre estará tres días y tres noches dentro de la tierra. Los habitantes de Nínive se levantarán en el día del juicio, cuando se juzgue a la gente de este tiempo, y la condenarán; porque los de Nínive se convirtieron a Dios cuando oyeron el mensaje de Jonás, y lo que hay aquí es más que Jonás. También en el día del juicio, cuando se juzgue a la gente de este tiempo, la reina del Sur se levantará y la condenará; porque ella vino de lo más lejano de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y lo que hay aquí es más que Salomón.
(Mt 12,38-42)

Creemos que viendo prodigios, señales, milagros...tendríamos más Fe. Tenemos alrededor a los pobres, inmigrantes, enfermos, niños...Esas son las señales que nos da Dios. Es amándolos, entregándonos a ellos que descubriremos a Dios. Esa es la señal que nos dió Jesús.
 
"Las palabras de Jesús en la lectura de hoy podrían aplicarse, tal vez, a muchos de nosotros: “Esta generación mala y adúltera exige una señal”. San Juan Crisóstomo explicaba que los  fariseos no buscaban a Dios, sino el espectáculo del milagro. Querían ver fuego del cielo o el sol detenerse para entretener su curiosidad y divertirse, no para cambiar sus vidas.
Resulta muy curioso encontrar continuamente en las redes o plataformas (instagram, tik-tok, facebook, youtube, blogs, etc.) testimonios, noticias y discursos de contenido religioso y fenómenos pretendidamente sobrenaturales. Curas o laicos que predican y aconsejan, milagros, conversiones, supuestas revelaciones privadas y famosos que se confiesan cristianos, entre otras ofertas que son reproducidas, enviadas por whasap y compartidas miles o millones de veces.
Es complicado separar el trigo de la paja. Se busca el último video viral sobre un milagro, una aparición, un fenómeno sobrenatural… Y podemos caer en un consumismo “espiritual” muy parecido a esa búsqueda constante de diversión y entretenimiento tan propia de la época en la que nos toca vivir
Muchos perfiles creyentes digitales presentan una fe mágica: «Reza esta oración y verás un milagro en 24 horas» o «Mira cómo esta persona se convirtió radicalmente de la noche a la mañana». Las verdaderas conversiones raramente se publican con tanto estrépito.
Pero el signo de Jonás que propone Jesús es el signo del sepulcro: silencio, oscuridad, espera y cruz. Cristo está escondido en el Sagrario y ese es el mejor signo que se nos ha dado. No despreciemos lo que la Iglesia nos ofrece cotidianamente, fuera del ruido mediático.
La conversión de Ninive implicó ceniza, ayuno y un cambio profundo de vida, no una emoción pasajera de un minuto. San Agustín enseñaba que la Reina del Sur y los ninivitas condenarían a los fariseos porque ellos supieron ver la grandeza de Dios en la sencillez de la palabra predicada, se arrepintieron e hicieron penitencia."
(Virginia Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)