domingo, 23 de agosto de 2026

¿QUIÉN ES JESÚS PARA NOSOTROS?

 


 
Cuando Jesús llegó a la región de Cesarea de Filipo preguntó a sus discípulos:
– ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?
Ellos contestaron:
– Unos dicen que Juan el Bautista; otros, que Elías, y otros, que Jeremías o algún profeta.
– Y vosotros, ¿quién decís que soy? – les preguntó.
Simón Pedro le respondió:
– Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente.
Entonces Jesús le dijo:
– Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque ningún hombre te ha revelado esto, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra voy a edificar mi iglesia; y el poder de la muerte no la vencerá. Te daré las llaves del reino de los cielos: lo que ates en este mundo, también quedará atado en el cielo; y lo que desates en este mundo, también quedará desatado en el cielo.
Luego Jesús ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.
(Mt 16,13-20)

Jesús también nos hace esta pregunta a nosotros: ¿Quién soy yo para vosotros? Debemos intentar responderla cada día. Y hacerlo con sinceridad. Mirando en nuestro interior. Estudiando nuestra vida. ¿Cambia Jesús algo en ella?

"¿Y quién soy yo para vosotros? Desde luego es una pregunta delicada, casi diría que a mala idea. ¿Y quién es Jesús para mí? Contestaciones de catecismo y de teología escuchada en alguna prédica, todos tenemos. No es una pregunta de un examen de historia antigua o contemporánea. No son pocos los ateos que lo saben todo de Jesús. También los fariseos que le espiaban se sabían todo de Él: su padre, su madre, sus parientes, su edad, sus correrías por Palestina…
Es una buena ocasión para preguntarnos, cada uno sinceramente, que significa Jesús en nuestras vidas, si es que significa algo. Seguramente que, allá donde pasamos muchas horas cada día, la cuestión de la fe (ser cristiano y todo aquello que ello entraña) no capitaliza – ni mucho menos – el centro de atención de la conversación. Tal vez, y puede ser un fallo grande o exponente una debilidad, sabemos hablar de todo, pero nos cuesta hablar de Dios. Expresar nuestras convicciones religiosas. Manifestar nuestras creencias. Defender, si la situación lo requiere, la concepción que tenemos de la vida, de la familia y de la sociedad desde el Evangelio.
En este camino hacia el conocimiento de Cristo, el texto de Romanos nos lleva hasta uno de esos momentos en los que san Pablo deja de argumentar para ponerse a contemplar. Tras reflexionar sobre la misericordia de Dios y su manera de conducir la historia, se da cuenta de que se encuentra ante algo que no se puede encerrar en una explicación. Por ello exclama: «¡qué abismo de riqueza, de sabiduría y de conocimiento el de Dios!». Pablo no dice que la fe sea irracional ni tampoco que no debamos buscar razones para entenderla. Lo que sí afirma es que Dios siempre será más grande de lo que podemos pensar sobre Él. Podemos conocer algo de Dios, podemos llegar a descubrir, reconocer su amor, experimentar su presencia, pero nunca agotarlo. Hay una profundidad en su misterio que hace que nuestras medidas resulten demasiado cortas.
Esto resulta muy importante, cuando la vida no se ajusta a nuestras expectativas. A menudo queremos resolver la situación, tenemos la necesidad de entender por qué algo está ocurriendo, por qué Dios ha permitido determinada situación, o por qué el camino de la fe tiene momentos de oscuridad. Este texto nos invita a vivir de otra manera: no desde la necesidad de tener la respuesta, sino desde la confianza.
«¿Quién conoció la mente del Señor?», pregunta Pablo. La pregunta no quiere avergonzarnos, por ser ignorantes, sino liberarnos. No tenemos que usurpar el lugar de Dios, no hace falta llegar a comprenderlo todo. Podemos reconocer nuestros límites y, precisamente desde ahí, confiamos. La humildad de la fe cristiana comienza muchas veces cuando dejamos de exigir a Dios que encaje en nuestros planes y propósitos.
De ahí pasará Pablo al centro de su contemplación: «Él es el origen, guía y meta del universo». Dios no es un elemento más de la vida. Es el origen de la vida, el cimiento sobre el que se edifica todo, y el destino de la vida. Todo lo que somos, todo lo que tenemos, recibe de Él su significado. Esta concepción también modifica nuestra manera de vivir. La vida deja de entenderse como una posesión exclusivamente nuestra y se convierte en un don que estamos llamados a agradecer y entregar.
Por eso el pasaje termina con una alabanza: «A él la gloria por los siglos. Amén». La respuesta al misterio de Dios no es solamente buscar explicaciones, sino también aprender a adorar. La alabanza nace cuando descubrimos que nuestra vida no depende únicamente de nuestras fuerzas y que, incluso cuando no vemos el camino completo, podemos ponernos en manos de Dios.
Vivir este texto hoy puede significar algo muy concreto: confiar un poco más y controlar un poco menos; aceptar que no tenemos todas las respuestas; agradecer lo recibido; mirar a los demás con humildad y reconocer que Dios puede estar actuando de maneras que no alcanzamos a comprender.
La fe madura no consiste en tenerlo todo claro. Consiste en seguir caminando cuando no todo está claro, sabiendo que detrás de nuestra limitada mirada existe un Dios cuya sabiduría y misericordia son mucho mayores que las nuestras. Ante ese misterio, quizá la mejor respuesta sea sencilla: vivir con confianza, recibir cada día como un regalo y orientar nuestra vida hacia aquel de quien todo procede y hacia quien todo encuentra su plenitud.
Por eso, quizá, con confianza. como hizo entonces Pedro, nuestra Iglesia (con contradicciones, deficiencias, limitaciones, dificultades, temperamento, carácter, etc.) hoy debe seguir respondiendo a la pregunta de Cristo: “Tú, Señor, eres el Hijo de Dios”. ¿Podremos escaparnos con una respuesta facilita, aprendida de niños? ¿Es eso lo que el Señor espera de mí? Hay que hacerse cada uno esta pregunta a solas, mirando a Jesús clavado en la Cruz y dejando hablar al corazón. ¿Quién soy yo para ti?
Jesús no ha venido al mundo para ser coreado en pancartas y luego ser olvidado en el estilo de vida de los que nos decimos creyentes. Jesús no ha nacido para que nos remitamos a las actas de la historia y comprobemos que, en verdad, existió. Jesús no ha irrumpido repentinamente para que lo ensalcemos como un defensor de las causas perdidas. Jesús, sobre todo, ha venido para que veamos en Él la mejor fotografía y el mejor rostro que Dios tiene: el amor.
En este año 2026, nuevamente Jesús espera una respuesta: ¿Qué decimos sobre Él? ¿Le conocemos profundamente o sólo superficialmente? ¿Escuchamos su Palabra o simplemente asistimos a su lectura? ¿Estamos en comunión con Él, o somos unos amigos interesados que sólo lo saben vivir y sentir en ciertas celebraciones solemnes? Cada uno que piense que va a responder."
(Alejandro Carbajo cmf, Ciudad Redonda)

sábado, 22 de agosto de 2026

DECIR Y HACER

 
 

   Después de esto, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: Los maestros de la ley y los fariseos son los encargados de interpretar la ley de Moisés. Por lo tanto, obedecedlos y haced todo lo que os digan. Pero no sigáis su ejemplo, porque dicen una cosa y hacen otra. Atan cargas pesadas, imposibles de soportar, y las echan sobre los hombros de los demás, mientras que ellos mismos no quieren tocarlas ni siquiera con un dedo. Todo lo hacen para que la gente los vea. Les gusta llevar sobre la frente y en los brazos cajitas con textos de las Escrituras, y vestir ropas con grandes borlas. Desean los mejores puestos en los banquetes, los asientos de honor en las sinagogas, ser saludados con todo respeto en la calle y que la gente los llame maestros.
Pero vosotros no os hagáis llamar maestros por la gente, porque todos sois hermanos y uno solo es vuestro Maestro. Y no llaméis padre a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el que está en el cielo. Ni os hagáis llamar jefes, porque vuestro único Jefe es Cristo. El más grande entre vosotros debe servir a los demás. Porque el que a sí mismo se engrandece, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido.

Jesús nos pide que no imitemos a los fariseos: dicen pero no hacen. No se trata de aparentar, si no de ser realmente. Y se es sirviendo. Amando a los demás. Siendo sencillos. 
La festividad de hoy nos muestra a María. Ella hizo. Fue la esclava del Señor. Por eso Dios la ensalzó.

"Hoy es la octava de la Asunción de María, la Virgen de agosto, festejada especialmente en muchísimos pueblos de tradición católica. En su octava se nos propone un título para la Madre de Dios que requiere alguna explicación contemporánea porque “Reina”, en nuestros tiempos, no es una categoría muy prestigiosa precisamente.
Algo que sigue vigente y hoy atrae a gente, a veces bastante joven, es el rezo del Rosario. En sus cuatro partes el Rosario hace un recorrido por la historia de la salvación, comenzando por la Encarnación del Verbo y finalizando por la Coronación de María como Reina. Hay una coherencia interna en este modo de oración que parece diseñado, como los retablos y pinturas de los templos, para ilustrar la fe de los sencillos.
Reconocer la realeza de María es afirmar que la esperanza cristiana tiene sentido. En la condición humana se da un irrenunciable deseo de belleza, libertad y alegría pero también el peso de la caída original, esa enfermedad que sigue mostrando huellas aunque esté curada. María, preservada del pecado, se ofrece como sierva he aquí la esclava, primer misterio gozoso. María, el orgullo de nuestra raza, es Coronada como Reina, quinto misterio glorioso. Una secuencia de momentos de la Redención, es decir, de la vida del Redentor único, Nuestro Señor Jesucristo. El Rosario que dirigimos a María, de hecho nos conduce siempre hacia Jesús.
También nos indica motivos para la plegaria y ¡tenemos tantas cosas por las que pedir! En círculos concéntricos se nos presentan problemas y conflictos desde los más íntimos hasta los más alejados en el espacio. La humanidad entera, la creación entera nos pide actuar para sanar, cuidar, atender, echar una mano, colaborar, sembrar esperanza. En definitiva, cumplir el mandamiento semejante al primero.
Cantar a María como Reina, para los católicos  entra dentro de nuestras prácticas más arraigadas y familiares. En la Salve, en el saludo pascual Reina del cielo alégrate, en el Stabat Mater… María, siempre Reina y Madre."
(Virginia Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)

viernes, 21 de agosto de 2026

AMAR ES LO MÁS IMPORTANTE

  

Los fariseos se reunieron al saber que Jesús había hecho callar a los saduceos. Uno de aquellos, maestro de la ley, para tenderle una trampa le preguntó:
– Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley?
Jesús le dijo:
– ‘Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.’ Este es el más importante y el primero de los mandamientos. Y el segundo es parecido a este: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo.’ De estos dos mandamientos pende toda la ley de Moisés y las enseñanzas de los profetas.
(Mt 22,34-40)

La respuesta de Jesús es taxativa. Toda la ley se basa en el Amor. A Dios y al prójimo. Cumplir sin amar no sirve para nada. Todo lo que hacemos debe estar regido por el Amor.

"Sabemos lo que es esencial en nuestra fe, no solo como concepto sino como guía práctica, modo de vida. La fórmula es sencilla “Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. ¿Lo sabemos en realidad?
Puede pasar con esto como con otros saberes (física cuántica, astronomía, geopolítica, ciencias sociales…) de los que creemos tener algún conocimiento, no nos hayan producido el menor asombro ni interrogante y en realidad no hayamos entendido gran cosa.
Ese invento peligroso llamado inteligencia artificial suele responder a mis preguntas con una correctísima y ortodoxa doctrina. Dice así: La sabiduría bíblica no es mero conocimiento intelectual, sino el arte de vivir rectamente bajo el diseño de Dios. Teológicamente, es la capacidad práctica y espiritual de ver el mundo como Dios lo ve y actuar en consecuencia. En el Nuevo Testamento, la sabiduría deja de ser un concepto y se convierte en una persona: Jesucristo es la sabiduría de Dios encarnada. Por lo tanto, para la teología bíblica, ser sabio es reflejar el carácter de Cristo mediante la guía del Espíritu Santo.
Más de una vez hemos escuchado en la lectura del Evangelio que Jesús da gracias al Padre porque ha dado a conocer estas cosas a los pequeños. ¡Menos mal! Resulta un poco paradójico pero a los santos (canonizados o no, con muchos estudios y títulos o poco menos que analfabetos) el Padre les dió a conocer, a saborear y a vivir estas cosas. En el texto de Mateo, se nos dice que amemos a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente… y al prójimo como a uno mismo. No es cuestión de discurrir mucho, sino de amar mucho. Y como los pequeños y los niños asombrarnos de que Dios sea la respuesta a eso tan limpio y hermoso que Él mismo ha puesto en nuestro corazón."
(Virginia Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)

jueves, 20 de agosto de 2026

TODOS ESTAMOS INVITADOS,

  

Jesús se puso a hablarles otra vez por medio de parábolas. Les dijo:
El reino de los cielos puede compararse a un rey que hizo un banquete para la boda de su hijo. Envió a sus criados a llamar a los invitados, pero estos no quisieron acudir.
Volvió a enviar más criados, encargándoles: ‘Decid a los invitados que ya tengo preparado el banquete. He hecho matar mis novillos y reses cebadas, y todo está preparado: que vengan a la boda.’ Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a sus tierras, otro a sus negocios y otros echaron mano a los criados del rey y los maltrataron hasta matarlos. Entonces el rey, lleno de ira, ordenó a sus soldados que mataran a aquellos asesinos y quemaran su pueblo. Luego dijo a sus criados: ‘Todo está preparado para la boda, pero aquellos invitados no merecían venir. Id, pues, por las calles principales, e invitad a la boda a cuantos encontréis.’ Los criados salieron a las calles y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y así la sala del banquete se llenó de convidados.
Cuando el rey entró a ver a los convidados, se fijó en uno que no iba vestido para la boda. Le dijo: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí, si no vienes vestido para la boda?’ Pero el otro se quedó callado. Entonces el rey dijo a los que atendían las mesas: ‘Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a la oscuridad. Allí llorará y le rechinarán los dientes.’ Porque muchos son llamados, pero pocos escogidos.
(Mt 22,1-14)

Todos estamos invitados al banquete del Reino; pero no todos lo aceptamos. Pero Jesús sigue diciendo que debemos salir a todos los caminos a llamarlos a todos; aunque algunos resulte que no tienen el corazón preparado. La Palabra debe ser anunciada a todos. Nosotros no somos quienes para juzgar a los demás. Su corazón será el que decidirá.

" (...) Somos un pueblo al que toda la humanidad está convocada. Los primeros invitados a las bodas, judíos contemporáneos de Jesús, no solo se excusaron, también maltrataron y mataron a los emisarios. Muchos más aceptaron la invitación para acudir al banquete… Como nosotros. Pero tengamos cuidado, porque lo mínimo para ser recibidos es ir vestidos de fiesta. La primera invitada vestida con esplendor fue María y no solo invitada sino colaboradora imprescindible…
La Iglesia celebra la memoria de San Bernardo, el santo que escribió mucho y muy bien sobre María: «Mira a la Estrella, invoca a María… Si la mantienes en tu boca y la guardas en tu corazón, nunca te desviarás. Quien obedece al amor purifica su propio corazón, imitando a Aquella que fue el receptáculo más puro de la gracia». Y estamos en un mes dedicado al Corazón de  María… leyendo una web creada por un grupo de claretianos, es decir de hijos del Corazón Inmaculado de María. Encomendémosle a Ella que cuide de nuestro corazón."
(Virginia Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)

miércoles, 19 de agosto de 2026

EL AMOR INFINITO DE DIOS

 

El reino de los cielos se puede comparar al dueño de una finca que salió muy de mañana a contratar trabajadores para su viña. Acordó con ellos pagarles el salario de un día y los mandó a trabajar a su viña. Volvió a salir sobre las nueve de la mañana y vio a otros que estaban en la plaza, desocupados. Les dijo: ‘Id también vosotros a trabajar a mi viña. Os daré lo que sea justo.’ Y ellos fueron. El dueño salió de nuevo hacia el mediodía, y otra vez a las tres de la tarde, e hizo lo mismo. 6 Alrededor de las cinco de la tarde volvió a la plaza y encontró a otros desocupados. Les preguntó: ‘¿Por qué estáis aquí todo el día, sin trabajar?’ Le contestaron: ‘Porque nadie nos ha contratado.’ Entonces les dijo: ‘Id también vosotros a trabajar a mi viña.’
Cuando llegó la noche, el dueño dijo al encargado del trabajo: ‘Llama a los trabajadores, y págales empezando por los últimos y terminando por los primeros.’ Se presentaron, pues, los que habían entrado a trabajar alrededor de las cinco de la tarde, y cada uno recibió el salario completo de un día. Cuando les tocó el turno a los que habían entrado primero, pensaron que recibirían más; pero cada uno de ellos recibió también el salario de un día. Al cobrarlo, comenzaron a murmurar contra el dueño. Decían: ‘A estos, que llegaron al final y trabajaron solamente una hora, les has pagado igual que a nosotros, que hemos soportado el trabajo y el calor de todo el día.’ Pero el dueño contestó a uno de ellos: ‘Amigo, no te estoy tratando injustamente. ¿Acaso no acordaste conmigo recibir el salario de un día? Pues toma tu paga y vete. Si a mí me parece bien dar a este que entró a trabajar al final lo mismo que te doy a ti, es porque tengo el derecho de hacer lo que quiera con mi dinero. ¿O quizá te da envidia el que yo sea bondadoso?’
De modo que los que ahora son los últimos, serán los primeros; y los que ahora son los primeros, serán los últimos.
(Mt 20,1-16)

Los que nos bautizaron de recién nacidos y seguimos a Jesús toda la vida, tenemos el peligro de caer en la tentación de creernos con más derechos que los de última hora. No tenemos en cuenta que Jesús ha estado detrás de ellos, detrás de la oveja perdida, hasta encontrarlos. Nosotros ya hemos tenido el premio de haber caminado siempre junto a Él. El gozo de saber que no nos abandona nunca. Dios nos ama a todos con un Amor infinito.
 
" (...) Cristo es también el patrón, el que ha llamado a trabajar en su viña. Vuestros pensamientos no son mis pensamientos, vuestro caminos no son mis caminos. (Isaías 55, 6-9). Lo que sorprende y enfada a los obreros es la falta de proporción entre los salarios. ¿Por qué pagar lo mismo por una jornada de trabajo que por una hora? Mateo no nos cuenta si la parábola termina con la aceptación de los obreros, aunque no deja de precisar el tono amistoso de la respuesta del dueño de la viña. Es un Dueño que piensa y camina con respuestas que superan nuestras formas de valorar y medir. Sin duda conoce la amargura de los últimos que vieron avanzar el día sin ser contratados.
Me parece que el patrón de la parábola es bondadoso hasta extremos que no podemos comprender del todo, como bondadoso es el padre del hijo pródigo, como bondadosa fue la inimaginable promesa hecha a Dimas desde la Cruz.
(Virginia Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)

martes, 18 de agosto de 2026

DEJARLO TODO



 Jesús dijo entonces a sus discípulos:
– Os aseguro que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Os lo repito: le es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios. Al oírlo, sus discípulos se asombraron más aún, y decían:
– Entonces, ¿quién podrá salvarse?
Jesús los miró y les contestó:
– Para los hombres esto es imposible, pero no para Dios.
Pedro entonces añadió:
– Nosotros, que hemos dejado cuanto teníamos y te hemos seguido, ¿qué vamos a recibir?
Jesús les respondió:
– Os aseguro que cuando llegue el tiempo de la renovación de todas las cosas, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono glorioso, vosotros, que me habéis seguido, os sentaréis también en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todos los que por causa mía hayan dejado casa, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o tierras, recibirán cien veces más, y también recibirán la vida eterna. Muchos que ahora son los primeros, serán los últimos; y muchos que ahora son los últimos, serán los primeros.
(Mt 19,23-30)

Seguir a Jesús es dejarlo todo. Es luchar por la única riqueza verdadera: el Amor a Dios y al prójimo. La sencillez, la humildad, son más importantes que el éxito, la riqueza, el poder. El que se hace pequeño era el más grande. El último será el primero.

"Damos un paso más en el tema de la riqueza. Del dinero en realidad. Un gran invento que resuelve los problemas de trueque y facilita el comercio y la convivencia. No ocurrió un buen día. Se necesitaron siglos para que se desarrollara, hasta llegar a la forma actual.
En realidad es una herramienta muy útil, pero sucede que, como tantas cosas útiles y buenas, desde muy pronto se pervirtió. Aristóteles distinguía dos formas de usar el dinero: como un medio para obtener bienes necesarios para vivir (comida, techo, ropa) o pervertirlo venerando a la herramienta como a un dios o, como en el caso del rey de Tiro, considerándose a si mismo dios por su ingenio comercial y sus ingentes riquezas.
El joven rico se preciaba de haber cumplido los mandamientos desde la niñez. En realidad no había comprendido bien ni siquiera el primer mandamiento. Cuando Jesús le dice: «Vende lo que tienes, dalo a los pobres… y sígueme»  lo lleva al núcleo:  «Yo soy el Eterno”, «Amarás a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas», el joven se aleja: su verdadero dios es el dinero.
Jesús deja espantados a los discípulos al comparar la dificultad de un rico para entrar al reino de los cielos con la imposibilidad de entrada de un camello por el ojo de una aguja. ¿Quién podrá salvarse? Una pregunta que hoy tenemos que hacernos, hasta con una cierta angustia, porque disfrutamos de unas posibilidades y un bienestar inéditos en la historia y también en gran parte del planeta que no ha alcanzado los niveles del occidente desarrollado. Una cultura del disfrute, el consumismo, el gusto por la novedad y la seducción de una publicidad que ofrece felicidad, seguridad, posición social…
Reponde Jesús tranquilizándolos: lo imposible para nuestra pobre humanidad no lo es para Dios. Aún así, Pedro quiere oir el dictamen de Jesus otra vez y (siempre atrevido y un tanto ingenuo y emocional) pretende que el  Maestro tenga en cuenta lo que han invertido los discípulos para seguirle. No era necesario, Pedro, por cada entrega de tu vida y todas tus cosas, recibirás el ciento por uno y al final el paraíso.
Dejar de venerar al dinero y a nuestras ridículas seguridades es, en realidad, muy poco precio para tal sobreabundancia de dones y la esperanza de un final glorioso y feliz."
(Virginia Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)

lunes, 17 de agosto de 2026

SEGUIRLE CADA DÍA

  

Un joven fue a ver a Jesús y le preguntó:
– Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para tener vida eterna?
Jesús le contestó:
– ¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Bueno solamente hay uno. Pero si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos.
– ¿Cuáles? – preguntó el joven.
Jesús le dijo:
– ‘No mates, no cometas adulterio, no robes, no digas mentiras en perjuicio de nadie,  honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo.’
– Todo eso ya lo he cumplido –dijo el joven–. ¿Qué más me falta?
Jesús le contestó:
– Si quieres ser perfecto, ve, vende lo que tienes y dáselo a los pobres. Así tendrás riquezas en el cielo. Luego ven y sígueme.
Cuando el joven oyó esto, se fue triste, porque era muy rico.

Jesús nos pide que le sigamos, pero no es fácil. Seguirle, significa dejarlo todo por Él. Significa entregarnos totalmente a los demás. Pero no debemos desanimarnos como el joven rico. Seguir a Jesús es un camino. Es intentarlo cada día. Además, Él estará a nuestro lado y nos tomará de la mano cuando desfallezcamos.

" (...) Jesús, al joven que se acerca con la pregunta “¿Qué tengo que hacer para alcanza la vida eterna?” tiene que exigirle el desapego como prueba de fuego para evidenciar su verdadera idolatría: «Vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres». El joven falla la prueba; prefiere sus posesiones antes que el seguimiento.
En el texto de Marcos, el conocidísimo encuentro del joven rico, añade, a los mismos pasajes de Mateo y Lucas, un detalle conmovedor que es la mirada de Jesús. Jesús lo miró con amor y lo ve marchar con tristeza… Creo que es la misma tristeza con que nos ve a nosotros cuando, demasiadas veces, anteponemos nuestros apegos a la entrega que nos pide. O cuando nos engañamos buscando justificaciones muy razonables para disfrazar el amor al dinero, a la seguridad, al prestigio, a nuestras ideas y prejuicios arraigados, a afectos. Incluso a aficiones inofensivas. Siempre funciona el autoengaño.
Hoy se habla mucho de discernimiento. Desde luego que es necesario discernir no solo para distinguir el bien del mal y la verdad de la mentira sino para saber lo que es mejor y lo que agrada más a Dios que conoce nuestro corazón. Lo que más nos puede ayudar es confiar plenamente en el El y pedirle que nos ilumine. Que haga que sepamos reconocer las ataduras que no nos atrevemos a romper sobre todo por el miedo.
(Virginia Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)