sábado, 26 de septiembre de 2026

SERÁ ENTREGADO

 

Mientras todos seguían asombrados por lo que Jesús había hecho, dijo él a sus discípulos:
– Oíd bien esto y no lo olvidéis: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.
Pero ellos no entendían estas palabras, pues Dios no les había permitido entenderlo. Además tenían miedo de pedirle a Jesús que se las explicase.
(Lc 9,43-45)

Jesús anuncia su Pasión y los discípulos no lo entienden. Ellos esperaban un Mesías glorioso. La gloria de Jesús pasa por su entrega total. Por su Amor total. Se nos entrega totalmente en nuestras manos. ¿Lo rechazaremos?

"La lectura del Evangelio de hoy nos pone ante una realidad que es muy difícil de admitir: sin Cruz no hay salvación. Una realidad en la que decimos creer cuando recitamos el Credo “que por nosotros los hombre y por nuestra salvación bajó del cielo […] fue crucificado, muerto y sepultado” pero que incluso para algunos teólogos católicos resulta intragable, porque lleva a pensar en algo tan aberrante como un Padre que necesitó la sangre de su Hijo para dar por reparada la ofensa. Ese rechazo de algunos reduce el acontecimiento de la Pasión y Muerte al resultado de cálculos políticos, situación social, conspiraciones del Sanedrín…
C.S.Lewis, en su obra “Mero Cristianismo”,  sigue las explicaciones de San Anselmo y Santo Tomás de Aquino acerca del sufrimiento vicario para entender lo que según Pablo muchos consideraron como locura o escándalo. En sus tiempos o en estos.
En resumen el sufrimiento vicario se formula así: solo una persona mala necesita arrepentirse, pero solo una persona perfecta puede lograr un arrepentimiento perfecto. Al estar corrompido por el pecado, el ser humano es incapaz de realizar la reparación absoluta que se requiere para restaurar la relación con Dios. Fue preciso que Dios se encarnase en una naturaleza humana perfectísima para que esa relación quedase restaurada.
Insiste en advertir a los discípulos de lo que se aproxima. Y ellos siguen sin entender, confusos y atemorizados. Tras la Resurrección y el acontecimiento esplendoroso de Pentecostés, todo adquiere sentido y comienza a existir la Iglesia para dar cumplimiento a las palabras de Jesús: cuando sea puesto en lo alto atraeré todo hacia Mí.
Es buena costumbre, para mantener caldeado el corazón, hacer con frecuencia la señal de la Cruz, signarse y persignarse, no mecánica y distraídamente, sino con conciencia de lo que significa, pidiendo crecer en la fe y el amor y ser valiente en el testimonio.
(Virginia Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)

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