
"Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando (ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara)y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro y éste le dijo: 'Señor, ¿lavarme tú los pies a mi?' Jesús le replicó: 'Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde'. Pedro le dijo: 'No me lavarás los pies jamás'. Jesús le contestó: 'Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo'. Simón Pedro le dijo: 'Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza'. Jesús le dijo: 'Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos. (porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: no todos estáis limpios). Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: '¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis , el Maestro y el Señor, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros.: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis'."
En el Evangelio de Juan no encontramos la institución de la Eucaristía con el pan y el vino como en los otros evangelios. Muchos autores señalan que el equivalente en Juan es el lavatorio de los pies. De hecho, todo el relato de la Última Cena de Juan, desde el capítulo 13 al 17, es eucarístico. Nos da el verdadero sentido de la Eucaristía. Nos indica, porqué es el punto central del cristianismo. No el rito, sino la vida que hay tras él.
Nosotros hemos gastado toneladas de papel y ríos de tinta; nos hemos quemado las neuronas intentando explicar lo inexplicable: la presencia real de Jesús en la Eucaristía. Y hemos olvidado lo más importante: las CONSECUENCIAS en nosotros de esta inexplicable presencia. Esto hace, que tras años comulgando, sigamos teniendo las mismas faltas e idénticos defectos. Que tras años de eucaristías nuestra sociedad sigue siendo injusta, anticristiana, insolidaria, violenta, clasista, racista...
Los cristianos nos hemos de reunir en la Eucaristía para hacernos servidores, esclavos los unos de los otros; de todos los hombres (Jesús también lavó los pies a Judas).
Recibir la Eucaristía significa, no sólo unirnos a Jesús, sino a todos los hombres; porque Él es la vid y nosotros los sarmientos, nos dijo aquella noche.
En cada Eucaristía Jesús nos presenta al Padre y nos da el Espíritu.
Tanto en el relato del pan y el vino, como en el lavatorio de los pies, Jesús nos dice lo mismo: "Hacedlo vosotros..." ¿Qué hemos de hacer? ENTREGARNOS totalmente, hasta la muerte, como hizo Él...
La vida nos va dando múltiples momentos para entregarnos a los demás...Si vivimos la Eucaristía...sabremos entregarnos y encontraremos la fuerza que necesitamos para hacerlo. Descubriremos, que no estamos solos...