Pues sí, el miércoles, al anochecer, inauguraron oficialmente la iluminación navideña de las calles de Barcelona. Como siempre, comentarios para todos los gustos. Que a qué viene este gasto en tiempo de crisis y más por una fiesta religiosa. Que estamos en una sociedad laica...Por cierto, otros se quejan de que han desaparecido los símbolos religiosos en esas iluminaciones...Que las fiestas se han convertido en meramente comerciales...En las quejas siempre hay un fondo de verdad.
Aquel atardecer estaba en el "barri de Ribera". Calles estrechas, antiguas, cercanas a Santa María del Mar. Muchas con luces navideñas. Calles en las que predominan la inmigración la mayoría musulmanes. ¿Tiene sentido esa iluminación? Pues pienso que sí. Creo que el verdadero sentido de la Navidad trasciende al cristianismo. Mundialmente estos días se han transformado en días de paz, de reunión de las familias, de regalos y gratuidad. Cierto, la crisis ha de hacer que no gastemos inutilmente. Por eso se utilizan luces que apenas gastan y sólo se encienden unas horas. Quizá podría haberse esperado a la novena de Navidad, como se hacía antes. Cierto que las fiestas se han supercomercializado. No en vano son las asociaciones de comerciantes quienes contribuyen sobre todo a esos adornos. Y en cuanto a los símbolos, lo abstracto puede tener tanto o más significado que lo figurativo. Y la Luz es uno de los símbolos más bellos para representar a Dios que viene al mundo.
Estas luces tienen sentido si sabemos interpretarlas en su justa medida. Cuando esperamos a alguien querido, lo hacemos con las luces abiertas...Y estamos en tiempo de espera. No son buenos tiempos. La humanidad entera está llena de preocupaciones y problemas. Quizá por eso necesitamos ver esas luces para que animen nuestra espera, la transformen en activa y nos hagan rezar:
Señor, esperaré a que crezca el árbol y me dé sombra,
pero abonaré la espera con mis hojas secas.
Señor, esperaré a que brote el manantial y me dé agua,
pero despejaré mi cauce de memorias rancias y trasnochadas.
Señor, esperaré a que apunte la aurora y me ilumine la luz nueva,
pero sacudiré mi noche de desesperanzas, decepciones y sudarios.
Señor, esperaré a que llegue lo que no conozco, y me sorprenda,
pero vaciaré mi casa de todo lo conquistado.
Y al abonar el árbol, despejar el cauce, sacudir la noche y vaciar la casa...la tierra y el lamento se abrirán a la esperanza. Y quienes creemos en Ti alzaremos nuestras manos y, con alegría y humildad, te daremos gracias.