martes, 14 de mayo de 2013

MÍSTICA DE OJOS ABIERTOS


Tomando esta expresión de J.B.Metz, así titula Juan Martín Velasco uno de los capítulos de su libro "¡Ojalá escuchéis hoy su voz!".
Sigo con la idea del post de ayer. El término mística, es rechazado por algunos, pensando que puede desembocar en una religión "espiritualista", desencarnada, de personas encerradas en si mismas. Pero no es esa la idea real de mística. De ahí que sea pertinente ese añadido, "de ojos abiertos", para que no exista confusión.
La verdadera mística es la de "ojos abiertos" a las necesidades del mundo. Es más, el verdadero encuentro con Dios lleva a abrir los ojos al otro. Pondré dos ejemplos. 
El primero del A.T. Moisés tiene un encuentro con Dios en la zarza ardiente. Ese encuentro es la orden "ve a  liberar mi pueblo".
El segundo del N.T. Pablo se encuentra con Dios en el desierto camino de Damasco. La consecuencia es la dedicación total de su vida a la predicación, desde ese momento
Karl Rahner escribió, que el cristiano del siglo XXI será místico o no será cristiano, precisamente en este sentido.  Si somos capaces de hacer el silencio en nosotros, de ser contemplativos, de vivir constantemente en la presencia de Dios, seremos personas volcadas a los demás. Porque a Dios se le encuentra en el otro, en el necesitado. No podemos amar a Dios sin sentirnos empujados a amar a los hombres.  

lunes, 13 de mayo de 2013

CONTEMPLACIÓN - ACCIÓN


En la primera lectura de ayer de los Hechos de los Apóstoles, cuando los discípulos miraban al cielo, se nos dice que unos hombres vestidos de blanco les dijeron: Hombres de Galilea,  ¿por qué estáis mirando al cielo?
En algunos lugares, incluso en alguna homilía, la he visto interpretada, como que la contemplación no tiene valor y lo que importa es la acción, en nuestra vida cristiana. No creo que esto sea cierto.
La vida cristiana se basa en dos ejes. Un eje vertical que nos une a Dios, la oración. Otro eje horizontal, que nos une al otro, la acción. Estos dos ejes se alimentan el uno al otro.
La verdadera meditación, la auténtica unión con Dios, nos lleva indefectiblemente a servir al otro, a entregarnos, a amar a los hombres.
La verdadera acción, el verdadero apostolado, la auténtica lucha por la justicia, si no se alimenta de la oración, muere en mero activismo. A mis años, ya he visto demasiadas personas encomiables por su entrega, morir espiritualmente, simplemente por descuidar la oración, el eje contemplativo.
De la misma manera que puede haber personas que confundan la contemplación con un gusto íntimo, que las encierra en ellas mismos y acaban mirándose el ombligo y olvidando a los demás.
La invitación a no mirar al cielo no es una invitación a no ser contemplativos. Es una invitación a encontrar a Dios en este mundo. El místico verdadero es el que sabe unirse a Dios en cualquier momento, a lo largo del día, porque vive profundamente la presencia de Dios. Es aquel que sabe ver a Dios en todo. Y esto sólo se consigue con una vida espiritual profunda. Y eso es esencial para que nuestra acción sea auténtica. Para que nuestra lucha por la justicia sea un acto de Amor, una oración...Marta y María han de ir unidas en nuestras vidas.

domingo, 12 de mayo de 2013

TESTIGOS ALEGRES DEL AMOR



"Y les dijo:
– Está escrito que el Mesías tenía que morir y que resucitaría al tercer día; y que en su nombre, y comenzando desde Jerusalén, hay que anunciar a todas las naciones la conversión y el perdón de los pecados. Vosotros sois testigos de estas cosas. Y yo enviaré sobre vosotros lo que mi Padre prometió. Pero vosotros quedaos aquí, en Jerusalén, hasta que recibáis el poder que viene de Dios.
 Luego Jesús los llevó fuera de la ciudad, hasta Betania, y alzando las manos los bendijo. Y mientras los bendecía se apartó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos, después de adorarle, volvieron muy contentos a Jerusalén. Y estaban siempre en el templo, alabando a Dios."

Lucas narra dos veces la ascensión de Jesús. Las dos las leemos hoy en misa. La primera lectura es la narración al principio de los Hechos de los Apóstoles y el evangelio, que es el final del mismo. Ambas narraciones son muy semejantes.
Jesús marcha, pero no nos abandona. Nos deja el poder que viene de Dios, es decir, el Espíritu.
En estas lecturas encontramos una serie de detalles importantes. El primero es, que Jesús quiere que seamos testigos. Sus testigos. Testigos del Amor. No quiere que seamos jueces, que condenemos. Hemos de ser testigos de la conversión y del perdón. Y como los discípulos, testigos alegres, felices, contentos...
El bueno de Fano, en su dibujo, transmite perfectamente este mensaje. Jesús, por medio del Espíritu, nos manda el poder que viene de Dios. Ese poder significa revestirse de Amor. No el poder como lo entiende nuestra sociedad, un poder de privilegios y fuerza, sino un poder de solidaridad, de fraternidad, de perdón. El poder del Amor. Jesús quiere que seamos testigos alegres del Amor.

sábado, 11 de mayo de 2013

MÚSICA DEL SÁBADO: UN MÓN, DUES CLASSES DE PERSONES (UN MUNDO, DOS CLASES DE PERSONAS)



TRADUCCIÓN


Hay una voz rota que se ahoga en medio del mar
mientras regreso en tren de Barcelona;
los hay que somos turistas y otros sólo inmigrantes.
Un mundo, dos clases de personas.
Hay una piel sudada que carga mi butano
por veinte duros mientras hago la sopa;
los hay que somos turistas y otros sólo inmigrantes.
Un mundo. dos clases de personas.
Hay un chiquillo que desayuna
cola de una bolsa
que llevaba cosas
que él nunca comprará.
Y con el olor sueña
que la suerte cambia
y el destino no está fijado.
hay en la calle una chica
sola y demasiado joven
que tiembla en la noche
para ganarse el pan.
Y con el paso de los días
ve que nada cambia y que el destino está fijado.
hay una ley no escrita que siempre se cumplirá.
No importa de dónde eres si eres pobre;
los hay que somos turistas y otros sólo inmigrantes.
Un mundo, dos clases de personas.
++++++++++++++ Y de Mannel, "El bressol del món" (La cuna del mundo)

viernes, 10 de mayo de 2013

K.L.REICH


Cuando el otro día me enteré por la TV que en Manresa se hacía una exposición sobre la figura de Joaquim Amat-Piniella, recordé que en la biblioteca se encontraba su mejor libro, K.L.Reich.
El autor vivió confinado en el campo de concentración de Mathausen. El libro, aunque en forma novelada, explica sus experiencias en aquel lugar. He de reconocer que me he leído sus 342 páginas en tres días. Eso sí, ayudado por las largas estancias en la sala de espera de urgencias y junto a la cama de un enfermo.
El libro es una gran reflexión sobre la condición humana. Sobre sus grandezas y sus miserias. Y no simplificado en una novela de buenos y malos, los reclusos y los alemanes. En los reclusos, sometidos a situaciones límite, es donde salen a relucir esas miserias y esas grandezas.
No quiero hacer la crítica literaria del libro, cosa para la que no estoy capacitado; pero sí señalar dos cosas que me han llamado poderosamente la atención.
La primera, es ver, como los reclusos, una vez acostumbrados a su condición, sacan a la luz sus luchas partidistas, sus divisiones ideológicas. Comunistas, sindicalistas, socialistas, distintas nacionalidades, sacan a la luz sus rencillas y en vez de unirse los hacen más débiles ante las dificultades.
La otra, es una frase de las últimas páginas. Los americanos han liberado el campo, pero lo dejan a su suerte mientras no llega el grueso de las fuerzas aliadas. Se desencadenan entonces las pasiones reprimidas durante años y hay quien muere de una indigestión, tras asaltar la despensa, mientras otros se dedican a linchar y matar a los que ejercieron de "kapos", aunque eran prisioneros como ellos. El protagonista reflexiona ante estos hechos, que la paz no depende sólo de la libertad y dice: La paz no será posible, mientras no reine en el corazón de cada hombre.
Esta es la gran lección que todos deberíamos aprender en una sociedad, que sólo busca lo material y lo cifra todo en el bienestar. La paz en el corazón está más allá de la materia. Depende del espíritu. Son los valores espirituales los que pueden llevar la paz a nuestros corazones.
Acabo recomendando la lectura de este libro a todos aquellos, que en estos últimos días están comparando a la ligera, ciertas realidades nacionales con el nazismo. Realmente, no saben de qué hablan.   

jueves, 9 de mayo de 2013

EL ANACORETA Y LA VOZ DEL SILENCIO


Era de noche y lucía en lo alto del cielo una luna llena que lo iluminaba todo con una claridad lechosa. Estaban descansando en un claro del bosque. El Anacoreta dijo:
- Escucha el silencio de la noche...
Tras unos instantes añadió:
- ¿No oyes? Al principio todo parecía en silencio. Sin embargo, al cabo de un rato, se escucha el viento, pequeños crujir de ramas, una lechuza lejana, el movimiento de las hojas...
Mirando al joven seguidor, dijo:
- Lo mismo pasa con el silencio interior. Cuando hemos logrado acallar todas las voces, es cuando podemos escuchar la voz del silencio. Las cosas nos hablan en él. Y cuando el silencio es realmente profundo, entonces podemos oír la voz de Dios...
Y permanecieron un buen rato escuchando la voz del silencio...

miércoles, 8 de mayo de 2013

EL ESPÍRITU


Pascua toca a su fin y nos acercamos a Pentecostés. Estos días, el evangelio de Juan, que leemos en misa, nos habla del Espíritu. Lo llama Espíritu y lo llama Paráclito; palabra griega que significa "defensor", "abogado". Los cristianos no hablamos mucho del Espíritu. Sin embargo, es la herencia de Jesús. Lo promete a sus discípulos y a todos nosotros, al dejar este mundo. Nos cuesta tenerlo presente, porque para notar su presencia, sus efectos, se necesita vida interior, vida de silencio y estar atentos a lo espiritual.
Sólo si tenemos una vida verdadera de oración, de unión a Dios, podemos darnos cuenta de que el Espíritu está en nosotros. De que Él nos da fuerzas y nos ayuda a avanzar. Es Él quien nos hace ver las necesidades de los demás, quien nos ayuda a mantener atentos a la presencia de Dios. Sólo amando podemos llegar a conocerlo, porque Él es el Fuego del Amor. Sin el Espíritu no podemos llevar a cabo la obra de Dios.
Y sin Él, nuestro cristianismo es algo vacío. Lo escribió Ignacio de Antioquía, que vivió a caballo del primer y del segundo siglo de nuestra era:
"Sin el Espíritu, Dios se mantiene lejano, Cristo pertenece al pasado, el Evangelio es letra muerta; la Iglesia, una simple organización; el culto una mera evocación, y la conducta cristiana, una moral de esclavos"