martes, 26 de diciembre de 2023

LA AUDACIA (PARRESÍA)

  


Tened cuidado, porque os entregarán a las autoridades, os golpearán en las sinagogas y hasta os conducirán ante gobernadores y reyes por causa mía; así podréis dar testimonio de mí ante ellos y ante los paganos. Pero cuando os entreguen a las autoridades, no os preocupéis por lo que habéis de decir o por cómo decirlo, porque en aquel momento os dará Dios las palabras. No seréis vosotros quienes habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos entregarán a la muerte a sus hermanos, y los padres a sus hijos; y los hijos se levantarán contra sus padres, y los matarán. Todo el mundo os odiará por causa mía, pero el que permanezca firme hasta el fin, será salvo.

Esteban fue el primer mártir. No era apóstol, era diácono. Los encargados de atender a la Comunidad. Proteger a las viudas y procurar que los pobres tuvieran sus necesidades esenciales cubiertas. Alguien dedicado a hacer el bien a los demás. Precisamente fue el primero en morir por seguir a Cristo. Las personas que se dedican a los demás, suelen ser más perseguidas, que las que se dedican a teorizar. Las segundas no molestan a la sociedad. Basta con cerrar los oídos a sus palabras. En cambio, las personas que luchan por la justicia, que intentan que todos seamos iguales, interpelan con sus actos a los que no hacemos nada, y son molestos. Por eso la sociedad trata de eliminarlos. Sin embargo, estos son lo que siguen realmente el ejemplo de Jesús.
  
"Inmediatamente después de la fiesta de Navidad, celebramos a San Esteban “protomártir”, el primer mártir venerado en la Iglesia católica y también en otras confesiones (anglicana, luterana y ortodoxas). En los dos días siguientes se celebrará a San Juan Evangelista y a los Santos Inocentes. Nada es casual: cada una de estas fiestas, en este orden, tiene un sentido estrechamente vinculado con el tiempo litúrgico.
El Papa Francisco lo explicó del este modo: “en la óptica de la fe, la fiesta de San Esteban está en plena sintonía con el significado profundo de la Navidad porque la Iglesia ve en el sacrificio de los mártires su nacimiento al cielo. Celebramos hoy, pues, el nacimiento de Esteban, que en profundidad brota de la Navidad de Cristo. ¡Jesús transforma la muerte de cuantos lo aman en aurora de vida nueva”.
En el Libro de los Hechos, Lucas relata la elección de Esteban como uno de los siete diáconos consagrados por los apóstoles y su martirio sellado con su exclamación: “¡Veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está en pie a la diestra de Dios!”.
El mismo Papa Francisco, en la Exhortación Apostólica Exsultate et Gaudete, expone ampliamente lo que podríamos destacar como la virtud que deslumbra en los mártires y, en especial en San Esteban. Se refiere el Papa al término griego “parresía”.
Estamos llamados a anunciar a Cristo Crucificado “con audacia (parresía), en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso contra corriente” como nos pide la Iglesia (EG, 259), siendo centinelas que ni de día ni de noche dejen de anunciar el nombre del Señor.
¿Cómo actuamos muchos que nos decimos católicos? Parece que, salvo excepciones, con escasa o ninguna audacia. Lo que se traduce en una especie de esquizofrenia existencial: creemos y practicamos en privado y disimulamos nuestra fe o la silenciamos en lo público.
Esto, que es muy general en nuestro occidente secularizado, contrasta con muchos lugares del mundo en los que los cristianos sufren literalmente el martirio. Como tantos que, a lo largo de la historia, dieron el testimonio supremo del martirio, ellos nos enfrentan con nuestros temores y cobardías. Ellos, también, interceden para que la fe que creemos profesar sea viva y operante."
(Virginia Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)

lunes, 25 de diciembre de 2023

JESÚS NACE EN LA POBREZA



En el principio ya existía la Palabra, y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Por medio de él, Dios hizo todas las cosas; nada de lo que existe fue hecho sin él. En él estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad. Esta luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no han podido apagarla. Hubo un hombre llamado Juan, a quien Dios envió como testigo, para que diera testimonio de la luz y para que todos creyesen por medio de él. Juan no era la luz, sino uno enviado a dar testimonio de la luz. La luz verdadera que alumbra a toda la humanidad venía a este mundo.
Aquel que es la Palabra estaba en el mundo, y aunque Dios había hecho el mundo por medio de él, los que son del mundo no le reconocieron. Vino a su propio mundo, pero los suyos no le recibieron. Pero a quienes le recibieron y creyeron en él les concedió el privilegio de llegar a ser hijos de Dios. Y son hijos de Dios, no por la naturaleza ni los deseos humanos, sino porque Dios los ha engendrado.
Aquel que es la Palabra se hizo hombre y vivió entre nosotros lleno de amor y de verdad. Y hemos visto su gloria, la gloria que como Hijo único recibió del Padre. Juan dio testimonio de él diciendo: “A este me refería yo cuando dije que el que viene después de mí es más importante que yo, porque existía antes que yo.”
De sus grandes riquezas, todos hemos recibido bendición tras bendición. Porque la ley fue dada por medio de Moisés, pero el amor y la verdad se han hecho realidad por medio de Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el Hijo único, que es Dios y que vive en íntima comunión con el Padre, nos lo ha dado a conocer.

La liturgia de hoy nos ofrece varias misas. El evangelio que os propongo y el comentario de Ciudad Redonda, son de la Misa del día 25. El Power Point de la hermana Regina Goberna, comenta el evangelio de la misa de media noche (del gallo).
Lo importante es que sepamos recibir al niño que nace en una cueva que servía de establo a los pastores. Hoy Jesús ha nacido en todas esas personas que no tienen nadie que los reciba, que están abandonados, fuera de sus casa. Que pasan la noche en portales de casas de nuestras ciudades. Aquellos que huyen de la guerra, del hambre, de la persecución...Es en ellos donde nace Jesús en nuestros días. ¿Sabemos recibirlo, o miramos hacia otro lado? Las luces, las fiestas, los regalos...están bien si nos llevan a los abandonados. A los "establos" de hoy día. Si nos ayudan a recibir a Jesús en nuestros corazones...

"Todas las lecturas de la Misa de hoy 25 de diciembre, Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, nos hablan del poder y la majestad de Dios. Isaías anuncia: "¡Tu Dios reina! Y los confines de la tierra verán la salvación". El salmo invita a aclamar al Rey. Pablo proclama que "el Hijo está sentado a la derecha de la Majestad de Dios" y Juan, al comienzo de su Evangelio afirma solemnemente la divinidad de Jesucristo: "el Verbo eterno hecho carne que habitó entre nosotros lleno de gracia y verdad y del que vimos su gloria como unigénito del Padre".
La liturgia de hoy es -o debiera ser- tan majestuosa, solemne, gozosa y bella como podamos celebrarla. Estas fiestas como las de la Pascua, para los cristianos, son las más importantes del año.
Pues bien, una costumbre muy extendida y apreciada consiste en que, finalizado el rito eucarístico con la bendición, los asistentes nos acerquemos a besar el pie de la ingenua figurilla de un niño pequeñito apenas cubierto con un pañal blanco. El caso es que los fieles aceptamos con naturalidad la paradoja de venerar la Majestad de un Dios Omnipotente en la imagen de un recién nacido.
Ayer, en la celebración de Vísperas, por dos veces el relato de Lucas no daba la señal: os ha nacido el redentor y lo encontraréis envuelto en pañales y recostado en un pesebre.
Un amigo evangelista me explicó hace tiempo el significado de la "señal": los corderos que se ofrecían en el templo de Jerusalén, como prescribe el Levítico, tenían que ser perfectos, sin mancha ni tara alguna y, por eso, para protegerlos de cualquier golpe o mancha, se envolvían en tiras de tela… como las que usaban las comadronas para envolver a los recién nacidos. Es decir, "pañales".
Creo que para José y María (buenos israelitas conocedores de las leyes de culto) el detalle no pasaría inadvertido y, de algún modo, captarían la señal como presagio y anuncio. Las profecías se cumplirían y el Rey obraría la salvación anunciada mediante el sacrificio.
Dios vino a nosotros como un pequeño indefenso. Un Rey nos ha nacido… y será sacrificado. Lo más sorprendente de la fe cristiana, me parece es este carácter paradójico, esta desproporción y desmesura según la lógica humana, del amor que Dios nos tiene."
(Virginia Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)

domingo, 24 de diciembre de 2023

VÍAPERA DE NAVIDAD



A los seis meses envió Dios al ángel Gabriel a un pueblo de Galilea llamado Nazaret, a visitar a una joven virgen llamada María que estaba comprometida para casarse con un hombre llamado José, descendiente del rey David. El ángel entró donde ella estaba, y le dijo:
– ¡Te saludo, favorecida de Dios! El Señor está contigo.
Cuando vio al ángel, se sorprendió de sus palabras, y se preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo:
– María, no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios. Ahora vas a quedar encinta: tendrás un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será un gran hombre, al que llamarán Hijo del Dios altísimo: y Dios el Señor lo hará rey, como a su antepasado David, y reinará por siempre en la nación de Israel. Su reinado no tendrá fin.
María preguntó al ángel:
– ¿Cómo podrá suceder esto, si no vivo con ningún hombre?
El ángel le contestó:
– El Espíritu Santo se posará sobre ti y el poder del Dios altísimo se posará sobre ti como una nube. Por eso, el niño que va a nacer será llamado Santo e Hijo de Dios. También tu parienta Isabel, a pesar de ser anciana, va a tener un hijo; la que decían que no podía tener hijos está encinta desde hace seis meses. Para Dios no hay nada imposible.
Entonces María dijo:
– Soy la esclava del Señor. ¡Que Dios haga conmigo como me has dicho!
Con esto, el ángel se fue.

"Este año el almanaque es un poco caprichoso. Se ajustan los tiempos, y este cuarto domingo, por la mañana, será Adviento y por la tarde, Navidad. Cosas del calendario.
Porque llegamos al final del Adviento. Y, ¿qué es? – ¿qué ha sido? – el Adviento para nosotros. Lo cuenta muy bien el Libro del Apocalipsis, cuando Jesús dice: "Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo" (Ap 3, 20). ¿Hemos oído la voz de Jesús? ¿Le hemos franqueado nuestra puerta? Si no es así, todavía estamos a tiempo en estos pocos días que nos quedan para la Navidad. Jesús dice inmediatamente antes: "Sé, pues, ferviente y arrepiéntete" Por ahí va su consejo y eso es el Adviento. Pero es cierto que el tiempo se va agotando y que la llegada del Niño Dios ya está ahí. Su cercanía abre nuestros corazones al amor y a la concordia. El gran milagro – repetido anualmente – es que ese Niño ablanda los corazones de los hombres y los prepara para ser mejores, para estar más cercanos de sus semejantes. Los últimos días – las últimas horas – de este Adviento nos deben servir para no poner barreras entre los designios amorosos de Dios y nuestras capacidades para hacer al bien a todos.
La iniciativa es, al parecer, de David y el profeta Natán le animará a ello. Le duele que el arca de Dios esté en una tienda, mientras Él, el rey, vive en una casa de cedro, en un palacio. Pero Dios, le dice a David: ¿Eres tú quien me va a construir una casa para que habite en ella? No es que Dios rechace la generosidad de David, sino que le ofrece la oportunidad de manifestársele de una forma nueva. El Señor es quien construye la casa y va a construirle a David su verdadera Casa, que es mucho más que ese palacio de cedro en donde habita. Y se lo manifiesta con varios verbos en primera persona: “Yo te saqué… Yo estaré contigo… Yo te pondré en paz… Yo te daré una dinastía…. Yo afirmaré después de ti la descendencia… y consolidaré su realeza…. Tu casa y tu reino durarán por siempre”.
Los seres humanos somos seres incompletos y todo lo que hacemos lleva la marca de nuestra imperfección. Queremos hacernos una casa, formar una familia, constituir una comunidad, entablar una amistad, establecer una relación, y cuando menos lo esperamos, descubrimos su inconsistencia, vemos cómo se resquebraja nuestro sueño, cómo se nos hunde el proyecto o se enfrenta a dificultades imprevistas y ante las cuales nos sentimos no preparados.
En estos días del año las familias se reúnen, pero también detectan sus puntos débiles y sus contradicciones internas; en estos días la casa se convierte para nosotros en un punto de atracción, pero nos surge la nostalgia, el anhelo de algo que pudo ser o fue y ya no es o no puede ser. Hay casas muy poco consistentes. Hay hogares en los cuales la historia se desmadeja, las tradiciones se pierden, o se mueren de puro repetitivas. Formar una casa es la tarea más digna del ser humano. Pero ¿quién construirá una casa así?
Tenemos un buen modelo en María. El pasado día 8 reflexionamos sobre su Inmaculada Concepción. Hoy se nos vuelve a presentar el mismo Evangelio, y lo podemos revisar desde la perspectiva del final del Adviento. Es lo bueno de la Palabra, que resuena de mil maneras distintas, aunque sea la misma.
María es mujer de esperanza. Sabe que Dios –aunque no se sepa cómo- cumple su promesa y que todo acontece según el plan divino. A su ritmo. A su tiempo. María asume su misión, la de anunciar al mundo todo lo que Dios puede hacer en los pobres que se confían a su Amor.
Cuando sentimos que todo se derrumba, cuando nos parezca que Dios no cumple sus promesas, cuando creamos que este no era el matrimonio soñado, o la comunidad o Congregación anhelada, o la Iglesia deseada… Cuando nos parezca que la casa está medio en ruinas y quizá tengamos la tentación de irnos a otra casa, miremos a María. Digamos “Fiat” (¡hágase!) a la Promesa de Dios… ¡Que si el Señor no construye la casa! Él quiere asumir todo el protagonismo. ¿Por qué no confiar en Él que es nuestro Padre, nuestro Creador? ¡Él proveerá!
Y, en fin, que María, que creyó en el Ángel, nos facilite el camino hacia la llegada de Jesús, que sepamos, estos pocos días que nos quedan hasta la Natividad del Señor en disponer nuestros corazones para mejor recibirle. Terminemos, pues, nuestra reflexión de hoy de la mejor forma posible: ¡Ven, Señor; no tardes!"
(Alejandro Carbajo cmf, Ciudad Redonda)

sábado, 23 de diciembre de 2023

JUAN (EL SEÑOR ES BONDADOSO), ES SU NOMBRE

 

Al cumplirse el tiempo en que Isabel había de dar a luz, tuvo un hijo. Sus vecinos y parientes fueron a felicitarla cuando supieron que el Señor había sido tan bueno con ella. A los ocho días llevaron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías. Pero la madre dijo:
– No. Tiene que llamarse Juan.
Le contestaron:
– No hay nadie en tu familia con ese nombre.
Entonces preguntaron por señas al padre del niño, para saber qué nombre quería ponerle. El padre pidió una tabla para escribir, y escribió: “Su nombre es Juan.” Y todos se quedaron admirados. En aquel mismo momento, Zacarías recobró el habla y comenzó a alabar a Dios. Todos los vecinos estaban asombrados, y en toda la región montañosa de Judea se contaba lo sucedido. Cuantos lo oían se preguntaban a sí mismos: “¿Qué llegará a ser este niño?” Porque ciertamente el Señor mostraba su poder en favor de él.

"Llegamos al día previo a la Nochebuena con la continuación del relato de Zacarías e Isabel. La narración comienza en femenino, como en tantas ocasiones en nuestra vida. Isabel da a luz y a ella la felicitan sus vecinos y parientes. Un nacimiento que revela misericordia (“una gran misericordia”) y, por ello, una gran alegría (no olvidemos el “Alégrate María”, todavía cercano).
Hasta aquí todo bien, pero llega el momento de la circuncisión y cuando le preguntan el nombre que le van a poner Isabel dice que Juan. El nombre es algo importante, es la herencia primera que se le da a un hijo. Juan no puede ser, tiene que ser Zacarías como su padre, el sacerdote del turno de Abías. Pero Dios es tozudo y no da el nombre a torcer. Interviene milagrosamente el padre, desatándosele la lengua (igual de milagroso hubiese sido que en aquel tiempo le hiciesen caso en esto a una mujer), y confirma lo dicho: “Se va a llamar Juan”.
Isabel, Zacarías, el ángel y Dios dando nombre a aquel que iba a allanar los senderos, al que iba a preparar los caminos. Pero también el menos importante en el Reino de los cielos, no lo olvidemos. Juan se sitúa en como bisagra entre dos historias diferentes, aunque conectadas. Juan es el profeta por excelencia y hoy, cerca de la celebración del nacimiento de Dios, es un buen momento para caer en la cuenta de que los seguimos necesitando.  Necesitamos de esos hombres y mujeres que transitan la senda de la profecía. Es un don, como todos lo que nos regala Dios. Pero uno de esos dones escasos.
Son rara avis en todos los tiempos, pero son imprescindibles para construir Evangelio. No son los encargados de institucionalizar, ni de continuar con lo que ya se hace o se cree. Son los testigos de lo diverso, los que señalan posibles caminos, los que arriesgan mucho, sabiendo que van a perder, porque su lógica es ilógica, porque el fracaso ya viene dado antes de comenzar la tarea. Lo saben y lo asumen. No es una vida perdida, sino el signo palpable de que la utilidad o los resultados no son lo único que existe y menos en el Reino.
Están en Dios y los llaman locos, tontos o payasos (todo también en femenino y para lo que sigue). Son molestos, no porque sean violentos o maleducados, sino porque viven lo que los demás solo intuimos y deformamos como caricatura: alegría, confianza, generosidad, altruismo, amor… Porque saben lo que es no preocuparse por lo superfluo y fiarse a ciegas del cariño de Dios. Entienden eso de los pájaros del cielo y de los lirios del campo. Son contraculturales, no por moda o por prurito de aparecer como progresistas, sino porque es la única forma de vivir lo que creen.
Son pocos, pero son imprescindibles en su inutilidad. Mimémoslos."
(Miguel Tombilla cmf, Ciudad Redonda)  

viernes, 22 de diciembre de 2023

EL CÁNTICO DE MARÍA


María dijo:
Mi alma alaba la grandeza del Señor.
Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador,
porque Dios ha puesto sus ojos en mí, su humilde esclava,
y desde ahora me llamarán dichosa;
porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas.
¡Santo es su nombre!
Dios tiene siempre misericordia
de quienes le honran.
Actuó con todo su poder:
deshizo los planes de los orgullosos,
derribó a los reyes de sus tronos
y puso en alto a los humildes.
Llenó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías.
Ayudó al pueblo de Israel, su siervo,
y no se olvidó de tratarlo con misericordia.
Así lo había prometido a nuestros antepasados,
a Abraham y a sus futuros descendientes.
 María se quedó con Isabel unos tres meses, y después regresó a su casa.

Al enaltecimiento que le hace Isabel, María responde con la humildad. Es el Señor que ha puesto sus ojos en ella y esto la hace dichosa. María reconoce que Dios se fija, aprecia, prefiere lo sencillo, lo humilde, lo que nadie valora. Y Ella se considera una esclava.

"Sé que los tiempos de revolución ya pasaron y que, quizás, sea mejor así. Sé que la sociedad (en su mayor parte) decidió hace tiempo que lo más cómodo, lo perversamente más útil, es ir a lo mío y no meterme en problemas. Que cada uno se defienda como pueda.
Sé que en la Iglesia corren tiempos acomodaticios (en una buena parte de esta Madre amada), que lo mejor es hacer eventos multitudinarios y contar y recontar a los asistentes. Demostraciones de fuerza por número y toma de las calles con cánticos (que no me parece mal hasta cierto punto).
Pero están llegando tiempos, ya son llegados, en que bajo la omnipotente palabra “crisis” se da carta blanca al poder económico-político (quién lo pudiera distinguir), para recortar derechos básicos.
En buena parte de esta Unión europea de producen recortes en ayuda exterior y sanidad que son asuntos graves. Los ERES de “limpieza” en empresas que son inmorales e injustos. Trabajos más que basura. Emigración, que es tristeza de una obligación que creíamos olvidada en la noche de los tiempos cercanos (con la maleta de cartón), hoy con la Samsonite. Fronteras cerradas para que no entren los que menos pueden y menos son, pérdida de derechos humanos por externalización de control de fronteras a dictaduras que nos hacen el trabajo sucio. El Planeta esquilmado en la pérdida de biodiversidad y el calentamiento global y aún seguimos sin dejar de consumir o reducir el consumo de combustibles fósiles. Guerras que se pueden parar pero que no interesa porque los intereses son de los de siempre…
Sé que es decir por decir, escribir por escribir, pero mantengo la esperanza en el Dios de la comunidad, que atribuye a María las palabras del Magníficat, que, a su vez, son de Ana y de toda una tradición bíblica que entendió a Dios como Aquel que pone el mundo al revés en clave de justicia misericordiosa.
Pues que este Dios antiquísimo nos dé la fecundidad generosa para nuestros vientres secos y estériles. Que podamos gestar, en pequeñito, en lo cercano, esos hijos del Reino que crean que la “crisis” no es un organismo inalterable que puede hacer lo que le venga en gana con los derechos que tantos siglos de gestación necesitaron. Que los pobres no queden siempre indefensos y que se puedan alzar de la basura de lo que unos pocos nos encargamos de consumir obsesivamente.
Amén."
(Miguel Tombilla cmf, Ciudad Redonda)

jueves, 21 de diciembre de 2023

ISABEL Y MARÍA


Por aquellos días, María se dirigió de prisa a un pueblo de la región montañosa de Judea, y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura se movió en su vientre, y ella quedó llena del Espíritu Santo. Entonces, con voz muy fuerte, dijo Isabel:
– ¡Dios te ha bendecido más que a todas las mujeres, y ha bendecido a tu hijo! ¿Quién soy yo para que venga a visitarme la madre de mi Señor? Tan pronto como he oído tu saludo, mi hijo se ha movido de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú por haber creído que han de cumplirse las cosas que el Señor te ha dicho!

"A las puertas de Belén, se dibujan los previos al Dios que nace en medio de nosotros. Y lo hacemos de la mano de dos mujeres muy distintas pero iguales en su fecundidad para los demás (como toda fecundidad que no puede ser privada ni privativa)
 Isabel, la mujer infértil que recibe el gran regalo de la vida, cuando ya casi todo estaba perdido. María, la mujer que antepone los caminos a su propia comodidad (ella siempre poniendo por delante el olvido de sí misma). Y, sobre todo, el Espíritu, que llena de gozo el vientre de las madres y hace que los saludos se conviertan en bienaventuranzas. Que la ingravidez del líquido amniótico sea salto de alegría y de reconocimiento del Salvador que ya inició el camino sin retorno de nuestra carne.
Encuentros de gozo que hace posibles el Espíritu, empecinado en hacer que lo estéril sea plenamente fértil y que el cielo llueva su justicia para que la tierra haga germinar al Salvador, al Dios-con-nosotros.
Dichosos nosotros que, después de mucho tiempo, podemos rozar con las yemas del alma y del cuerpo toda la belleza de un nacimiento que sigue construyendo la dicha sin aspavientos artificiales."
(Miguel Tombilla cmf, Ciudad Redonda)

miércoles, 20 de diciembre de 2023

DECIR SIEMPRE SÍ

  


A los seis meses envió Dios al ángel Gabriel a un pueblo de Galilea llamado Nazaret, a visitar a una joven virgen llamada María que estaba comprometida para casarse con un hombre llamado José, descendiente del rey David. El ángel entró donde ella estaba, y le dijo:
– ¡Te saludo, favorecida de Dios! El Señor está contigo.
Cuando vio al ángel, se sorprendió de sus palabras, y se preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo:
– María, no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios. Ahora vas a quedar encinta: tendrás un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será un gran hombre, al que llamarán Hijo del Dios altísimo: y Dios el Señor lo hará rey, como a su antepasado David, y reinará por siempre en la nación de Israel. Su reinado no tendrá fin.
María preguntó al ángel:
– ¿Cómo podrá suceder esto, si no vivo con ningún hombre?
El ángel le contestó:
– El Espíritu Santo se posará sobre ti y el poder del Dios altísimo se posará sobre ti como una nube. Por eso, el niño que va a nacer será llamado Santo e Hijo de Dios. También tu parienta Isabel, a pesar de ser anciana, va a tener un hijo; la que decían que no podía tener hijos está encinta desde hace seis meses. Para Dios no hay nada imposible.
Entonces María dijo:
– Soy la esclava del Señor. ¡Que Dios haga conmigo como me has dicho!
Con esto, el ángel se fue.


María dice SÍ. Nosotros también debemos decir sí a todo lo que nos pide el Señor. Se trata de estar dispuestos; de estar abiertos a su voluntad.

"En este día nos vuelve a tocar el evangelio de la anunciación, como en el día de la Inmaculada; por eso me permito la licencia de comentar otro, el del camino hacia Belén, que casi lo podemos rozar con los dedos. Perdón si a alguien le causa perjuicio…
Iban los dos, y otro más también en camino, pero este en el sendero acuático de un vientre. José preocupado por María. Pensando que los poderosos de la tierra tienen la triste manía de contar a las personas, de convertirlas en números que pagan impuestos, que van a sus guerras… José pensaba todo eso entre dientes y también, sobre todo por la urgencia, en dónde se iban a hospedar su amada a punto de dar a luz y él.
María, soñadora, esbozaba una sonrisa al sentir en sus entrañas cómo Jesús se movía. Disfrutaba, también, recordando el día en el que en su casa se coló un ángel. Un ángel con la sonrisa en los labios (como los ángeles góticos y las “Marías” góticas), en los labios de Dios que no pueden hacer otra cosa que sonreír, para eso es Dios y forma parte de su esencia más propia. Volvieron a pasar por sus labios, los de ella, saboreándolas, las palabras del enviado. No sabía muy bien si soñadas, pero sí vividas, intensamente guardadas en su corazón como tantas otras que iban a venir, algunas como puñales y otras como susurros.
Recuerda María aquellas palabras suaves y, a la vez firmes: “No tengas miedo, María” que recorrieron todo su cuerpo y que la hicieron vibrar con una paz que nunca había sentido. Con una paz muy parecida a la de un gloria suave, también con aleteos, que unirán ya para siempre a los seres humanos de buena voluntad con el Dios de los amores concretos.
María sonríe, como el ángel, en el camino hacia Belén y todo su ser se pone a temblar otra vez, como a cualquier otra mujer que siente la vida bullendo dentro de su vientre. Ella sabe que su hijo es especial, como todos los hijos para sus madres. Un hijo que es un milagro que no es de ella (como todos los hijos, aunque sus madres no lo quieran pensar, no lo quieran aceptar).
Pero ella también sabe que, ese hijo de sombra de Espíritu, un día va a recorrer los caminos y va a llevar la paz y la sonrisa de Dios. Sabe que ese hijo no le pertenece, como no le pertenece a ninguna madre, y eso le duele. Los seres humanos no lo van a entender, porque un amor entregado, como el de sus entrañas, no se puede aceptar; porque es la Luz, la suavidad y la ternura desarmada del cielo y la tierra nueva.
José sigue preocupado y María sigue soñadora. Recordando las palabras de la sonrisa de Dios: “No tengas miedo, María”. Ella se sumerge en esa sonrisa y la paz la cubre con su sombra. El niño se mueve otra vez en sus entrañas, sonriendo. De camino a Belén."
(Miguel Tombilla cmf, Ciudad Redonda)