jueves, 29 de enero de 2026

¿ILUMINAMOS?

  

También les dijo: “¿Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo de una vasija o debajo de la cama? No, una lámpara se pone en alto, para que alumbre. De la misma manera, no hay nada escondido que no llegue a descubrirse ni nada secreto que no llegue a ponerse en claro. Los que tienen oídos, oigan.”
También les dijo: “Fijaos en lo que oís. Con la misma medida con que midáis, Dios os medirá a vosotros, y os dará todavía más. Pues al que tiene, se le dará más; pero al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará.”
(Mc 4,21-25)

Jesús nos pide que iluminemos, que repartamos luz a nuestro alrededor. Y eso lo haremos amando a todo el mundo. No haciendo diferencias con los demás. No somos nadie para juzgar quién es bueno y quién no, de los que nos rodean. Todo el mundo merece nuestra luz, nuestro amor. 

"(...) “El que tenga oídos para oír, que oiga”, dice Cristo en el Evangelio. Es un buen consejo para todos nosotros. Hoy se nos invita a reflexionar sobre la responsabilidad que conlleva haber recibido la luz de Dios. Lo que sí supo hacer David. Jesús utiliza imágenes sencillas y cotidianas: una lámpara no se enciende para ocultarla, sino para colocarla en lo alto y que ilumine. Con esta enseñanza, el Señor nos recuerda que la fe no es un tesoro privado ni un conocimiento reservado a unos pocos; es un don destinado a ser compartido y puesto al servicio de los demás. Misioneros en sus casas, podríamos decir.
En pocas palabras, la luz representa la Palabra de Dios y el mensaje del Reino. Quien la acoge en su corazón está llamado a dejar que transforme su vida y, a través de ella, ilumine el camino de otros. No basta con escuchar; es necesario vivir lo escuchado. Por eso Jesús insiste: “El que tenga oídos para oír, que oiga”. Escuchar, en clave bíblica, significa acoger con atención y responder con coherencia. Vivir como Dios quiere, intentando cumplir siempre Su voluntad.
El pasaje también nos confronta con una advertencia exigente: “La medida que uséis la usarán con vosotros”. Un buen aviso. Sabemos que, en el último día, tendremos que dar cuentas de nuestros actos. Sabemos que Dios no es mezquino, pero respeta la libertad humana.  La apertura, el compromiso y la generosidad con que recibimos su Palabra determinan la fecundidad de nuestra vida cristiana. Quien se cierra, termina perdiendo incluso lo poco que cree tener; quien se abre con humildad, recibe en abundancia. De cada uno depende elegir cómo quiere vivir. Lo rezamos cada día en el Padrenuestro. El perdón de nuestros pecados está muy vinculado a cómo perdonamos nosotros a los que nos han ofendido.
Este Evangelio nos desafía a revisar nuestra actitud frente a la fe. Podemos hacernos algunas preguntas, para revisar cómo va nuestro camino de fe. ¿Ese regalo que hemos recibido, la fe, la escondemos por miedo o comodidad, o la dejamos brillar con obras concretas de amor, justicia y servicio? ¿Somos estrictos con los demás y laxos con nosotros mismos? Porque ser discípulos de Jesús implica vivir como lámparas encendidas, capaces de reflejar la luz del Reino en medio del mundo. Aunque cueste."
(Alejandro Carbajo cmf, Ciudad Redonda)

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