jueves, 12 de marzo de 2026

ESTAR CON JESÚS

 



Jesús estaba expulsando un demonio que había dejado mudo a un hombre. Cuando el demonio salió, el mudo comenzó a hablar. La gente se quedó asombrada, aunque algunos dijeron:
– Beelzebú, el jefe de los demonios, es quien ha dado a este hombre poder para expulsarlos.
Otros, para tenderle una trampa, le pidieron una señal milagrosa del cielo. Pero él, que sabía lo que estaban pensando, les dijo:
– Todo país dividido en bandos enemigos se destruye a sí mismo, y sus casas se derrumban una tras otra. Así también, si Satanás se divide contra sí mismo, ¿cómo mantendrá su poder? Digo esto porque afirmáis que yo expulso a los demonios por el poder de Beelzebú. Pues si yo expulso a los demonios por el poder de Beelzebú, ¿quién da a vuestros seguidores el poder para expulsarlos? Por eso, ellos mismos demuestran que estáis equivocados. Pero si yo expulso a los demonios por el poder de Dios, es que el reino de Dios ya ha llegado a vosotros.
Cuando un hombre fuerte y bien armado cuida de su casa, lo que guarda en ella está seguro. Pero si otro más fuerte que él llega y le vence, le quita las armas en las que confiaba y reparte sus bienes como botín.
El que no está conmigo está contra mí; y el que conmigo no recoge, desparrama.
(Lc 11,14-23)

Con Jesús no hay medias tintas. O estamos con Él o contra Él. Debemos colocarlo en el centro de nuestras vidas. Esto supone buscar siempre el bien y no dejar ningún resquicio al mal. Y al mal se le vence como hizo Jesús. Curando, protegiendo al débil, sirviendo....es decir, AMANDO.

"La resistencia de Israel para escuchar la voz de Dios y hacer caso omiso de sus indicaciones era uno de los pecados proverbiales de Israel, que denunciaron los profetas uno tras otro. Y el tono de Jeremías evoca el de quien ya no espera nada de este pueblo: Todo es hipocresía, han arrancado la sinceridad de su boca.
Y, sin embargo, con la venida de Jesús emerge un pecado aún peor. A veces nos hemos podido preguntar ¿Qué será ese pecado contra el Espíritu Santo del que el mismo Jesús llega a decir que “no podrá ser nunca perdonado”? Quizá hasta alguna vez nos hemos podido escandalizar de escuchar a Jesús decir esta advertencia. ¿Hay algún pecado que Dios no pueda perdonar? ¿Qué puede ser tan grave?
Hoy la palabra evangélica nos lo muestra con claridad. Si tu supones que el poder de curación que Jesús ejercita sobre los endemoniados no viene del Espíritu Santo, sino que es por el poder del príncipe de los demonios ¿A quién le vas a poder pedir después que te sean perdonados los pecados? ¿A aquel que es el mismo principio del pecado? Es absurdo.
En realidad, te estás bloqueando a ti mismo la salida. Llama la atención la paciencia y lo razonable de la argumentación de Jesús: por una parte, argumenta lo absurdo de la objeción: Si Satanás trabaja contra sí mismo… ¿A dónde conducirá todo su esfuerzo?
Pero también les reprocha haciendo ver que no es sólo él quien expulsa a los demonios inmundos. Aquí se está refiriendo a los apóstoles, para hace ver que también ellos tienen que ser vistos como hijos de Satanás. Y les advierte: serán ellos vuestros jueces.
Y, con todo, no deja de pronunciar el anuncio, incluso para estos que se han mostrado tan malintencionados. Si yo echo los demonios con la fuerza de Dios…. El Reino de Dios ha llegado a vosotros. No puede dejar de cumplir su misión, y anuncia la llegada del Reino incluso ante quienes todo lo tergiversan.
Pero quizá es el comentario final el que mejor narra el desengaño y hasta el escepticismo de Jesús ante la respuesta del hombre: “el que no está conmigo está contra mi y el que no recoge conmigo, desparrama”. Poner a Cristo en el centro es la única opción razonable."
(Carlos Luis García Andrade cmf, Ciudad Redonda)

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