sábado, 28 de marzo de 2026

UN HOMBRE POR EL PUEBLO

 


 Al ver lo que Jesús había hecho, creyeron en él muchos de los judíos que habían ido a acompañar a María. Pero algunos fueron a contar a los fariseos lo hecho por Jesús. Entonces los fariseos y los jefes de los sacerdotes, reunidos con la Junta Suprema, dijeron:
– ¿Qué haremos? Este hombre está haciendo muchas señales milagrosas. Si le dejamos seguir así, todos van a creer en él, y las autoridades romanas vendrán y destruirán nuestro templo y nuestra nación.
Pero uno de ellos llamado Caifás, sumo sacerdote aquel año, les dijo:
– Vosotros no sabéis nada. No os dais cuenta de que es mejor para vosotros que muera un solo hombre por el pueblo y no que toda la nación sea destruida.
Pero Caifás no habló así por su propia cuenta, sino que, como era sumo sacerdote aquel año, dijo proféticamente que Jesús había de morir por la nación judía, y no solo por esta nación, sino también para reunir a todos los hijos de Dios que se hallaban dispersos. Desde aquel día, las autoridades judías tomaron la decisión de matar a Jesús.
Por eso, Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se marchó de la región de Judea a un lugar cercano al desierto, a un pueblo llamado Efraín. Allí se quedó con sus discípulos.
Faltaba poco para la fiesta de la Pascua de los judíos, y mucha gente de los pueblos se dirigía a Jerusalén, a celebrar antes de la Pascua los ritos de purificación. Andaban buscando a Jesús, y se preguntaban unos a otros en el templo:
– ¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta, o no?
(Jn 11,45-56)

La idea del Mesías que tenían los judíos era, que Él los salvaría de los romanos y haría de ellos un pueblo dominador. La figura de Jesús no cuadraba con esta imagen. Alguien humilde que se acerca a los sencillos, a los pobres, a los niños, a los enfermos...Ven, que los romanos los masacrarán. Por eso dicen que prefieren que muera un hombre por todo el pueblo. Y lo acertaron. Jesús murió para salvarnos a todos. Con su muerte nos dió la Vida.
 
" (...) El Sanedrín era el Consejo Supremo y el tribunal más alto del pueblo judío en tiempos de Jesús. Funcionaba como una autoridad religiosa, legislativa y judicial que regía los asuntos internos de Judea bajo la supervisión romana. Los sumos sacerdotes, los fariseos y los ancianos convocados al Sanedrín conocían las profecías y también a Jesús. No vieron o más bien no quisieron ver que esas Escrituras veneradas habían hablado de Él durante siglos. Estaban atrapados en el miedo. Los signos de Jesús, sus obras, más que argumentos en su defensa representaban una amenza a la estabilidad política y seguramente también un peligro para su posición social y su poder.
Como señala con agudeza el evangelista, el sumo sacerdote, no por propio impulso sino por su cargo, fue impulsado a hablar proféticamente: conviene que uno muera por el pueblo. Ciertamente convino que aquello ocurriera para nuestra salvación.
A veces, los que nos decimos seguidores de Jesús, podemos estar tentados como aquel Sanedrín por el atractivo de ser miembros de la Iglesia sin arriesgar nada. Nos desentendemos de los problemas, no queremos conflictos, estamos muy cómodos en una religión “blandita” que consuela un poco, que nos deja buena conciencia, que se adapta a las modas y a lo que “se lleva” en estos tiempos… No queremos líos. Pero seguir a Jesucristo nos va a pedir implicarnos en muchos líos inexorablemente… Y el primero de todos es creer con una fe activa, que se expresa en obras, en compromiso y en asumir los riesgos de ese seguimiento."
(Virginia Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)

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