Un día en que de nuevo se había juntado mucha gente y no tenían nada que comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:
– Siento compasión de esta gente, porque ya hace tres días que están aquí conmigo y no tienen nada que comer. Y si los envío en ayunas a sus casas pueden desfallecer por el camino, porque algunos han venido de lejos.
Sus discípulos le contestaron:
– ¿Pero cómo se les puede dar de comer en un lugar como este, donde no vive nadie?
Jesús les preguntó:
– ¿Cuántos panes tenéis?
– Siete - dijeron ellos.
Mandó entonces que la gente se sentara en el suelo, tomó en sus manos los siete panes y, habiendo dado gracias a Dios, los partió, los dio a sus discípulos y ellos los repartieron entre la gente. Tenían también unos cuantos peces; Jesús dio gracias a Dios por ellos, y también mandó repartirlos. Todos comieron hasta quedar satisfechos, y llenaron todavía siete canastas con los trozos sobrantes. Los que comieron eran cerca de cuatro mil. Después de esto, Jesús los despidió, subió a la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmacia.
(Mc 8,1-10)
Jesús se compadece de nosotros y nos da su propio cuerpo como alimento. Jesús se entrega totalmente a nosotros. Si queremos ser verdaderamente sus discípulos, también nosotros debemos entregarnos totalmente a los demás.
"(...) Hoy se celebran los santos Cirilo y Metodio, que llevaron su compasión a entregarse con alma, vida y corazón a la tarea de que todos pudieren comprender la palabra de Dios mediante las traducciones a sus lenguajes y la lectura en su propio alfabeto. Una manera silenciosamente sacrificada y generosa. Hace un poco más de ruido san Valentín, por la comercialización que se ha dado a este buen hombre que ejercitaba su compasión bendiciendo los matrimonios de cristianos perseguidos y a punto de ser martirizados. No tiene mucho que ver con las flores, los bombones, y las mil manifestaciones más o menos aceptables de este día.
En el Evangelio de hoy se nos habla de la compasión primigenia, que nace de la observación de los sentimientos y necesidades de otros. Jesús se compadeció porque la gente lo había seguido durante tres días y no tenían qué comer. Es una compasión que se adelanta, además, a las consecuencias del sufrimiento presente: si regresan a sus casas, se desmayarán por el camino… Y eso lo llama a la acción. Cirilo y Metodio ofrecen la compasión de la Palabra, Valentín la de la relación y el acompañamiento mutuo. Jesús ofrece la más profunda: el alimento que permite que no desmayemos en el camino; el alimento que es Él mismo, porque nada más puede saciar el hambre. No entrega pan y peces, sino a sí mismo.
Habiendo sentido que los cirilos, metodios y valentines de este mundo se han compadecido de nosotros, recibimos ahora la compasión del mismo Jesús, que entrega su Cuerpo. Lo único que nos salva. Se nos invita a todos ahora a esa misma compasión. A compadecernos de la necesidad de verdad, de palabra, de relación y de acompañamiento de todos. Sobre todo, a compadecernos del hambre más profunda que solo se sacia con el Pan de Dios. Esta es nuestra misión como discípulos misioneros."
(Carmen Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)
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