De allí pasó Jesús a la región de Tiro. Entró en una casa sin querer que se supiera, pero no pudo ocultarlo. Pronto supo de él la madre de una muchacha que tenía un espíritu impuro; y fue y se arrodilló a los pies de Jesús. Era una mujer extranjera, de nacionalidad sirofenicia. Fue, pues, y rogó a Jesús que expulsara de su hija al demonio; pero Jesús le dijo:
– Deja que los hijos coman primero, porque no está bien quitar el pan a los hijos y dárselo a los perros.
– Sí, Señor – respondió ella –, pero hasta los perros comen debajo de la mesa las migajas que dejan caer los hijos.
Jesús le dijo:
– Bien has hablado. Puedes irte: el demonio ya ha salido de tu hija.
Cuando la mujer llegó a su casa encontró a la niña en la cama; el demonio ya había salido de ella.
Jesús aprovecha para enseñar a sus discípulos, que la salvación es para todos y demostrarles , que los más humildes o aquellos que parecen alejados, pueden tener una gran Fe. Debemos ser humildes y debemos confiar totalmente en Jesús.
"Pero, en estos dos relatos de hoy, ¿quién sale ganando? Salomón tenía el favor de Dios. Había pedido sabiduría y se le había concedido. Tenía riquezas, cortesanos, y todo lo que pudiera desear. Y sin embargo, las riquezas lo estaban separando de Dios, que debería ser su único tesoro. Por contraste, a la mujer la empujan unas migajas caídas al suelo… empujan a su corazón a acercarse a Dios. Y, paradójicamente, ella no tenía el favor de Dios. O no se suponía que lo tuviera, por ser extranjera.
En una visión conjunta de estas dos lecturas, parece que la riqueza aparta, mientras que las migajas acercan. No se trata solamente de riquezas o migajas materiales. Se trata de toda una actitud de corazón. Es la autosuficiencia contrastada con la humildad y la valentía del reconocimiento de la propia realidad. Es la autosuficiencia que lleva a creer que uno lo puede todo frente a la fe en el único Dios. “Grande es tu fe”, le dice Jesús a la mujer después de una conversación irónica por la que Él quiere demostrar a sus discípulos que la salvación es para todos los pueblos. Jesús presenta un reto y ella le responde con la verdad. Lo dijo santa Teresa siglos más tarde: “la humildad es la verdad”. La mujer no se arredra porque intuye, muy agudamente, el juego de Jesús. Y tiene la fuerza y la audacia de la fe. Salomón hubiera aducido que él era el rey, que tenía derecho a todo. La mujer solo trae el “derecho de los perrillos a la mesa de su señor”. Es una preciosa declaración de reconocimiento del poder del Señor y de la propia dependencia.
Salomón deja que su corazón se aparte y se aferre a sus riquezas y posición y, como resultado, pierde su identidad. La mujer deja que su corazón se aferre a lo único importante, porque una migaja de eso es más grande que toda riqueza y recibe así una nueva identidad como parte del Pueblo de Dios. Es recibida y reconocida. En cambio, Salomón, a quien tanta sabiduría se le había concedido, ha entrado en el reino de los necios."
(Mc 7,24-30)
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