sábado, 25 de julio de 2026

LOS PRIMEROS EN EL REINO

  


La madre de los hijos de Zebedeo se acercó con ellos a Jesús, y se arrodilló para pedirle un favor. Jesús le preguntó:
– ¿Qué quieres?
Ella le dijo:
– Manda que estos dos hijos míos se sienten en tu reino uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.
Jesús contestó:
– No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa amarga que voy a beber yo?
Le dijeron:
– Podemos.
Jesús les respondió:
– Vosotros beberéis esa copa de amargura, pero el sentaros a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde a mí darlo. Será para quienes mi Padre lo ha preparado.
Cuando los otros diez discípulos oyeron todo esto, se enojaron con los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo:
– Sabéis que, entre los paganos, los jefes gobiernan con tiranía a sus súbditos y los grandes descargan sobre ellos el peso de su autoridad. Pero entre vosotros no debe ser así. Al contrario, el que entre vosotros quiera ser grande, que sirva a los demás; y el que entre vosotros quiera ser el primero, que sea vuestro esclavo. Porque, del mismo modo, el Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida en pago de la libertad de todos.
(Mt 20, 20-28)

¿Quienes serán los primeros en el Reino? Los que sirven, los que dedican su vida a los demás, los que se entregan del todo.

"A menudo se oye o se lee que “Dios tiene un plan”. Lo tiene para cada persona, pero también para cada comunidad, cada pueblo, cada circunstancia, cada época. En el catecismo, que estudiábamos de memoria hace mucho tiempo, aprendimos que “Dios lo ve todo, lo presente lo pasado y lo futuro y hasta los más ocultos pensamientos”. Sabe también, por supuesto, que sus “planes” serán combatidos por el mal hasta el fin de los tiempos.
El caso es que el anuncio de la Salvación llegó a la provincia romana mas occidental (Hispania), muy al comienzo de la predicación apostólica. Llegó con Santiago, el hermano de Juan. Santiago y Juan, en los cuatro Evangelios, se caracterizan por un temperamento bastante inflamable y, en el pasaje que se lee hoy, también ambicioso. “Hijos del trueno” fue el apodo que el mismo Jesús les aplicó. Querían que el Reinado de Cristo se impusiera inmediatamente… Y gobernar con Él: uno a la derecha y otro a la izquierda del trono, nada menos.
Con una arrogancia adolescente a la pregunta de Jesús sobre el cáliz que han de beber responden con firmeza: “¡Podemos!”. No parece que Jesús quedara disgustado con la respuesta porque acepta la promesa ímplicita aunque deja fuera la posición que ocuparían.
Solamente diez años después de Pentecostés, hacia el año 43 Santiago llega a España. En Zaragoza recibe la milagrosa visita de la Madre de Jesús, recorre parte de la península bautizando y creando pequeñas comunidades cristianas y regresa a Jerusalén. Herodes Antipas ordena su muerte y es decapitado. Para el resto de la presencia de Santiago en España resulta más complicado verificar los datos: la historia está teñida de mitos y leyendas. Hubo que esperar al s.IX, cuando Alfonso II el Casto mandó edificar una pequeña iglesia sobre la supuesta sepultura del apóstol y, aunque la veneración fue consolidada durante la reconquista, Santiago no fue nombrado Patrono de España por el Papa Urbano VIII hasta el s.XVII..
Y he aquí que, en nuestros días, Santiago sigue siendo una fiesta muy significativa y un potente signo de identidad de España y aún de Europa. Es muy buena ocasión para pedir por nuestro país, por la Iglesia y por nosotros mismos, los bautizados, para que Dios nos de la gracia y el empuje de Santiago y el valor de decir, en nuestra situación real, “podemos beber de tu cáliz, Señor”."
(Virginia Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)

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