Permaneced despiertos, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entended que si el dueño de una casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, permanecería despierto y no dejaría que nadie entrara en su casa a robar. Así también, vosotros estad preparados, porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperéis.
4¿Quién es el criado fiel y atento, puesto por el amo al frente de la casa para dar a la servidumbre la comida a sus horas? ¡Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, encuentra cumpliendo con su deber! Os aseguro que el amo le pondrá al cargo de todos sus bienes. Pero si ese criado es un malvado, y pensando que su amo va a tardar comienza a maltratar a los demás criados, y se junta con borrachos a comer y beber, el día que menos lo espere y a una hora que no sabe llegará su amo y le castigará: le condenará a correr la misma suerte que los hipócritas. Entonces llorará y le rechinarán los dientes.
(Mt 24,42-51)
Siempre debemos estar preparados para amar. Siempre debemos cumplir nuestro deber. Pensamos que más adelante ya lo haremos. Es la excusa para no cambiar. Jesús nos pide que estemos atentos, preparados. Es decir, que debemos esforzarnos para amar todos los días, en todo momento.
"Hace ya unos cuantos años me tocó acompañar a un familiar mío, mayor que yo, a unas urgencias hospitalarias. Llevaba unos días sintiéndose mal pero no quería ni oír hablar de médicos. El hecho es que fue llegar a urgencias y de allí pasar al quirófano en pocos momentos. Lo que llevaba no era precisamente leve. Pero lo que se quedó grabado en mi memoria fue lo que iba diciendo mi familiar mientras que nos acercábamos a las urgencias. Todo era quejarse porque él “no tenía previsto enfermarse ahora”. Él tenía “mucho que hacer”. Estaba claro que aquella enfermedad no le dejaba cumplir con lo que tenía en su agenda de trabajo, relaciones familiares, etc. La enfermedad había llegado de golpe, sin avisar, no estaba prevista ni planificada.
Así es la vida. Así es como Jesús, con gran sentido común, nos avisa a todos en el texto evangélico de hoy. “Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.” La verdad es que el futuro no lo controlamos. De ninguna manera. Ni el futuro lejano. Ni el futuro cercano. Lo que tenemos es este presente, este ahora, en el que estamos, con el tiempo –segundos, minutos, horas…– que se nos va escapando como la arena de la playa se nos va cayendo de entre los dedos de la mano donde intentamos retenerla.
Es ahora y no mañana cuando tenemos que vivir en cristiano. Es ahora y no mañana cuando tenemos que perdonar, que ser misericordiosos, que trabajar por la justicia y la fraternidad. Es ahora y no mañana cuando tenemos que dar la mano al hermano o hermana necesitado y compartir lo que tenemos. Sobre todo, porque no sabemos si tendremos un mañana. Pero, más importante, para no desperdiciar este presente que tenemos, para no tirar por la borda este ahora que es lo único que tenemos.
A la hora que menos pensemos llegará el Hijo del Hombre y nos preguntará qué hemos hecho con nuestra vida. Y no valdrá de nada decir que en nuestra programación lo de vivir el Evangelio lo teníamos planificado para mañana. Porque ya será tarde."
(Fernando Torres, cmf, Ciudad Redonda)
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