Todos los que cobraban impuestos para Roma, y otras gentes de mala fama, se acercaban a escuchar a Jesús. Y los fariseos y maestros de la ley le criticaban diciendo: – Este recibe a los pecadores y come con ellos. Entonces Jesús les contó esta parábola: ¿Quién de vosotros, si tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las otras noventa y nueve en el campo y va en busca de la oveja perdida, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra la pone contento sobre sus hombros, y al llegar a casa junta a sus amigos y vecinos y les dice: ‘¡Felicitadme, porque ya he encontrado la oveja que se me había perdido!’ Os digo que hay también más alegría en el cielo por un pecador que se convierte, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse . O bien, ¿qué mujer que tiene diez monedas y pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra reúne a sus amigas y vecinas y les dice: ‘¡Felicitadme, porque ya he encontrado la moneda que había perdido!’ Os digo que así también hay alegría entre los ángeles de Dios por un pecador que se convierte. (Lc 15,1-10) Jesús está pendiente de nosotros. No nos abandona nunca. Por eso nos busca cuando nos perdemos y se alegra inmensamente cuando nos recupera. Debemos procurar no alejarnos nunca de Él. Pero hemos de tener la seguridad de que si lo hacemos, nos buscará hasta encontrarnos. "Las parábolas de Jesús tiene sabor a tierra, a campo, a mar, a flores, a vida cotidiana, a hombres y mujeres que se alegran, sufren, festejan, de padres e hijos, de quehaceres y oficios. Y muestran hasta que punto el Hijo de Dios se hizo hombre. Adquirió una naturaleza humana. No sobrehumana sino “divinamente” humana. Sensible, observador, atento, sabio, amable, exigente, tierno y riguroso, prudente y sensato, audaz y valeroso. A veces irónico, a veces mostrando un sentido del humor agudo. El hombre perfecto. Es muy posible que la historia del pastor que deja a las noventa y nueve para buscar a la oveja perdida hubiera ocurrido si no exactamente así, de un modo parecido. O tal vez no: un pastor que pierde una oveja y se resigna porque tiene otras noventa y nueve en el redil. Muchas veces habló sobre pastores, sus usos y costumbres, su buen hacer y su mal desempeño. Y a sí mismo se tituló como el buen pastor. En el arte paleocristiano se le representó como el buen pastor que carga una oveja sobre sus hombros. Así que todo el relato nos parece tan familiar y conocido que casi no nos asombramos de la comparación. Puede que, si alguna vez o más de una, hemos estado perdidos, no nos hayamos asombrado demasiado de la alegría del Pastor al volvernos al redil, mayor que la de tener consigo a las que no se extraviaron. Pero es asombroso. No que el pastor de la parábola se alegre sino que en el cielo haya mayor alegría por nuestra vuelta que por los cientos de miles de santos que gozan de la presencia de Dios. ¿De verdad no es exagerado? Según nuestra lógica, tan exagerado como el perdón de Jesús a los que le crucificaron o el “hoy estarás conmigo en el paraíso” dicho a Dimas. El amor de Dios por los hombres es un misterio de infinita misericordia. “Es de bien nacidos, ser agradecidos”. Que toda nuestra vida sea una acción de gracias al Señor por esa infinita misericordia." (Virginia Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda) |

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