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"Al oir todo esto, muchos de los que seguían a Jesús dijeron:
– Su enseñanza es muy difícil de aceptar. ¿Quién puede hacerle caso?
Jesús, dándose cuenta de lo que estaban murmurando, les preguntó:
– ¿Esto os ofende?
¿Qué pasaría si vierais al Hijo del hombre subir a donde antes estaba.
El espíritu es el que da vida; el cuerpo de nada aprovecha. Las cosas que yo os he dicho son espíritu y vida.
Pero todavía hay algunos de vosotros que no creen.
Es que Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién el que le iba a traicionar. Y añadió:
– Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no lo trae.
Desde entonces dejaron a Jesús muchos de los que le habían seguido, y ya no andaban con él.
Jesús preguntó a los doce discípulos:
– ¿También vosotros queréis iros?
Simón Pedro le contestó:
– Señor, ¿a quién iremos? Tus palabras son palabras de vida eterna.
Nosotros sí hemos creído, y sabemos que tú eres el Santo de Dios."
Nos dice Juan, que tras estas palabras, muchos, que antes le seguían, dejaron de hacerlo.
También nosotros, ante palabras como las que hemos oído estos días en el evangelio, dejamos de seguirlo y ya no andamos con Él.
Cuando se nos pide dejarlo todo por los demás. Cuando se nos pide buscar el último lugar. Cuando se nos pide dar de comer al hambriento, de beber al sediento y vestir al desnudo. Nosotros preferimos seguir con nuestras oraciones. Pero así ya no "andamos con Él"; porque Jesús es el hambriento, el sediento, el desnudo, el emigrante, el perseguido...Dándoles la espalda, se la damos a Jesús.
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sábado, 6 de mayo de 2017
¿ANDAMOS CON ÉL?
viernes, 5 de mayo de 2017
HACERNOS UNO CON ÉL
"Los judíos se pusieron a discutir unos con otros:
– ¿Cómo puede este darnos a comer su propio cuerpo?
Jesús les dijo:
– Os aseguro que si no coméis el cuerpo del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida.
El que come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene vida eterna; y yo le resucitaré el día último.
Porque mi cuerpo es verdadera comida, y mi sangre verdadera bebida.
El que come mi cuerpo y bebe mi sangre vive unido a mí, y yo vivo unido a él.
El Padre, que me ha enviado, tiene vida, y yo vivo por él. De la misma manera, el que me coma vivirá por mí.
Hablo del pan que ha bajado del cielo. Este
pan no es como el maná que comieron vuestros antepasados, que murieron a
pesar de haberlo comido. El que coma de este pan, vivirá para siempre.
Jesús enseñó estas cosas en la reunión de la sinagoga en Cafarnaún."
Juan nos sigue transmitiendo esta difíciles palabras de Jesús en su capítulo sexto. Los judíos no lo entendían, porque las tomaban en sentido literal. ¿Cómo iban a comer su carne y beber su sangre?
Comer su cuerpo y beber su sangre, es hacernos uno con Él. Eso es la comunión. Hacernos uno con Jesús encarnado, con el pan bajado del cielo; es decir, con el Jesús hecho frágil, anonadado hasta la muerte y muerte de cruz. La Eucaristía nos lleva a la fragilidad, a los pobres, a la humildad. Estar unido a este Jesús, es lo que nos hace vivir para siempre.
La Eucaristía ha de llevarnos a los necesitados y ha de darnos la alegría de sentirnos hermanos, porque somos uno en el Hermano, Jesús.
jueves, 4 de mayo de 2017
UN PAN QUE ES ENTREGA
Nadie puede venir a mí si no lo trae el Padre, que me ha enviado; y yo lo resucitaré el día último.
En los libros de los profetas se dice: ‘Dios instruirá a todos.’ Así que todos los que escuchan al Padre y aprenden de él vienen a mí.
No es que alguien haya visto al Padre. El único que ha visto al Padre es el que ha venido de Dios.
Os aseguro que quien cree tiene vida eterna.
Yo soy el pan que da vida.
Vuestros antepasados comieron el maná en el desierto, y sin embargo murieron;
pero yo hablo del pan que baja del cielo para que quien coma de él no muera.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el
que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi
propio cuerpo. Lo daré por la vida del mundo."
Jesús nos sigue diciendo que sólo Él conoce al Padre, y que es sólo a través de Él que nosotros podemos conocerlo.
Ese pan es su propio cuerpo. Un cuerpo entregado para que tengamos vida. Ese es el sentido profundo de la Eucaristía. Jesús se nos da cada día para que tengamos la vida eterna. Por la Eucaristía nos hacemos uno con Él y, así, también nosotros debemos entregar nuestras vidas por los demás, para repartir la Vida.
La Eucaristía no es únicamente una ceremonia. Es la reunión comunitaria en la que Jesús se nos da y nosotros nos identificamos con Él. Si al salir de la iglesia no salimos transformados en Amor, es que algo ha fallado en nosotros.
miércoles, 3 de mayo de 2017
EL CAMINO QUE NOS LLEVA AL PADRE
"Jesús le contestó:
– Yo soy el camino,e la verdad y la vida. Solamente por mí se puede llegar al Padre.
Si me conocéis, también conoceréis a mi Padre; y desde ahora ya le conocéis y le estáis viendo.
Felipe le dijo entonces:
– Señor, déjanos ver al Padre y con eso nos basta.
Jesús le contestó:
– Felipe, ¿tanto tiempo hace que estoy con vosotros y todavía no me conoces? El que me ve a mí ve al Padre: ¿por qué me pides que os deje ver al Padre?
¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre
en mí? Las cosas que yo os digo no las digo por mi propia cuenta. El
Padre, que vive en mí, es el que hace su propia obra.
Creedme que yo estoy en el Padre y el Padre en mí; si no, creed al menos por las propias obras.
Os aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago; y hará otras todavía más grandes, porque yo voy al Padre.
Y todo lo que pidáis en mi nombre yo lo haré, para que por el Hijo se manifieste la gloria del Padre.
Yo haré cualquier cosa que me pidáis en mi nombre."
Jesús nos muestra al Padre. Esto es muy importante; sin Jesús no podríamos saber nada del Padre. Felipe, cuya festividad celebramos hoy, no acaba de entenderlo, como nos ocurre a nosotros.
Las obras de Jesús son las que nos muestran al Padre. ¿Qué hacía Jesús? Curaba, devolvía la vista, hacía andar, expulsava el mal...y dio su vida por nosotros. Sus obras nos dicen que el Padre es Amor. Que el camino hacia Él, es el de compartir, el de ayudar, el de luchar por la justicia y el de dar la vida por los demás.
Cuando reducimos la religión a prohibiciones, mandatos, leyes...la estamos desvirtuando. Esto nos conduce por el camino contrario que nos señala Jesús y que es el único que lleva al Padre.
Jesús nos muestra al Padre. Esto es muy importante; sin Jesús no podríamos saber nada del Padre. Felipe, cuya festividad celebramos hoy, no acaba de entenderlo, como nos ocurre a nosotros.
Las obras de Jesús son las que nos muestran al Padre. ¿Qué hacía Jesús? Curaba, devolvía la vista, hacía andar, expulsava el mal...y dio su vida por nosotros. Sus obras nos dicen que el Padre es Amor. Que el camino hacia Él, es el de compartir, el de ayudar, el de luchar por la justicia y el de dar la vida por los demás.
Cuando reducimos la religión a prohibiciones, mandatos, leyes...la estamos desvirtuando. Esto nos conduce por el camino contrario que nos señala Jesús y que es el único que lleva al Padre.
martes, 2 de mayo de 2017
PAN BAJADO DEL CIELO
"- ¿Y qué señal puedes darnos – le preguntaron – para que, al verla, te creamos? ¿Cuáles son tus obras?
Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: ‘Dios les dio a comer pan del cielo.’
Jesús les contestó:
– Os aseguro que no fue Moisés quien os dio el pan del cielo. ¡Mi Padre es quien os da el verdadero pan del cielo!
Porque el pan que Dios da es aquel que ha bajado del cielo y da vida al mundo.
Ellos le pidieron:
– Señor, danos siempre ese pan.
Y Jesús les dijo:
– Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí, nunca más tendrá hambre, y el que en mí cree, nunca más tendrá sed."
La humanidad tiene hambre. Siempre estamos insatisfechos. El Padre nos ha enviado el pan que puede saciarnos para siempre. ¿Sabemos reconocerlo y acogerlo? Este pan viene del cielo, ha bajado del cielo: es Jesús.
Es un pan que se nos da en la Eucaristía, pero también en todos los hombres que se nos acercan. Un pan que está en el corazón cada hombre. Ese es el significado de la Encarnación. Jesús viene a nosotros en la persona de quien se acerca a nosotros pidiendo amor y dando amor. El necesitado y el que nos ayuda. La Eucaristía que nos dejó el Jueves Santo, debe llevarnos a encontrarlo presente en la humanidad. Sólo entonces seremos capaces de cambiar nuestro mundo, de transformarlo en el Reino del Amor. Entonces, nunca más tendremos ni hambre ni sed.
lunes, 1 de mayo de 2017
EL HIJO DEL CARPINTERO
"Y llegó a su propia tierra, donde comenzó a enseñar en la sinagoga del lugar. La gente, admirada, decía:
– ¿De dónde ha sacado este todo lo que sabe? ¿Cómo puede hacer tales milagros?
¿No es este el hijo del carpintero? Y su madre, ¿no es María? ¿No son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas,
y no viven sus hermanas también aquí, entre nosotros? ¿De dónde ha sacado todo esto?
Y no quisieron hacerle caso. Por eso, Jesús les dijo:
– En todas partes se honra a un profeta, menos en su propia tierra y en su propia casa.
Y no hizo allí muchos milagros, porque aquella gente no creía en él."
A Jesús, sus conciudadanos no le creer. ¿No es este el hijo del carpintero?
Jesús se nos sigue presentando como el hijo del carpintero. En el inmigrante, el sin techo, el desahuciado, el pobre...Y nosotros seguimos sin creer en Él. Lo queremos ver en el poderoso, en el rico, en el dominador...
Jesús es el hijo del carpintero. Aquella persona con la que nos cruzamos cada día. Aquél que vemos en la televisión en una patera en medio del mar. Aquél que duerme en un cajero o quizá en el portal de nuestra casa o de una iglesia. Nosotros vamos a misa, pasamos junto a él y ni siquiera lo miramos.
No es de extrañar que en nosotros no se produzca el milagro del amor.
A Jesús, sus conciudadanos no le creer. ¿No es este el hijo del carpintero?
Jesús se nos sigue presentando como el hijo del carpintero. En el inmigrante, el sin techo, el desahuciado, el pobre...Y nosotros seguimos sin creer en Él. Lo queremos ver en el poderoso, en el rico, en el dominador...
Jesús es el hijo del carpintero. Aquella persona con la que nos cruzamos cada día. Aquél que vemos en la televisión en una patera en medio del mar. Aquél que duerme en un cajero o quizá en el portal de nuestra casa o de una iglesia. Nosotros vamos a misa, pasamos junto a él y ni siquiera lo miramos.
No es de extrañar que en nosotros no se produzca el milagro del amor.
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