viernes, 20 de noviembre de 2020

EL ANACORETA Y MIRAR A NUESTRO ALREDEDOR...

 


Aquel joven llevaba más de una hora hablando sin parar. Explicaba lo desgraciado que era. Los problemas que tenía... El Anacoreta escuchaba pacientemente. Cuando el muchacho paró un instante de hablar, el anciano le dijo:
- ¡Eh! Que estoy aquí.
El joven, sorprendido, le preguntó:
- ¿Qué quieres decir?
El Anacoreta, sonriendo, respondió:
- Pues, que llevas más de una hora de monólogo. Si delante tuyo, en mi lugar, hubiese estado aquella palmera, habrías hablado de la misma manera, y habrías dicho lo mismo.
El joven bajó la cabeza y el anciano guardó unos instantes de silencio antes de proseguir.
- Mira. El estar dándole vueltas todo el día a nuestros problemas, no los soluciona. En vez de mirarnos el ombligo, hemos de mirar a nuestro alrededor.
Levantó la vista y fijó sus ojos en los del muchacho:
- Si miraras a tu alrededor, verías que en realidad eres un privilegiado. Que muchos jóvenes no tienen ni una décima parte de lo que tú tienes. Viven en países de extrema pobreza o en países en guerra. Jóvenes que se ven obligados a marchar de su país y que allí donde llegan se les mira con recelo, se les desprecia y se les insulta.
Suspiró y siguió hablando:
- Te quejas de que tus padres te ponen normas y son exigentes contigo. Si miraras a tu alrededor verías jóvenes que sus padres los maltratan o padres que no les ponen normas, porque para ellos sus hijos no existen...
Le puso una mano sobre el hombro y concluyó:
- Créeme. Eres un privilegiado y da gracias a Dios por tus problemas, que te ayudan a luchar y a crecer como persona...  

 

jueves, 19 de noviembre de 2020

LLAMADAS...

 


Cuando todos gritan,
    tú estás llamado a hacer silencio.

Cuando el técnico razona,
     tú estás llamado a la contemplación.

Cuando la ambigüedad parece ganar terreno,
    tú estás llamado a caminar decidido.

Cuando la gente se cansa,
    tú estás llamado a no cansarte de cansarte.

Cuando se lucha por el dinero y el poder,
    tú estás llamado a ser solidario con los pobres.

Cuando a la Iglesia le faltan profetas,
    tú estás llamado a "manifestarte",

Cuando los estudiantes están atraídos por lo fácil,
    tú estás llamado a profundizar.

Cuando el trabajo es para pocos,
    tú estás llamado a organizarte cooperativamente.

Cuando se prefiere el sofá y la estufa,
    tú estás llamado a dar tu vestido a otro
    y a caminar por la montaña.

Cuando la Fe es teoría para muchos,
    tú estás llamado a ser educador.

Cuando las seguridades son dioses para otros,
    tú estás llamado a fiarte más del Dios de Jesucristo.

Cuando los ancianos están "almacenados" y silenciados en un rincón,
    tú estás llamado a rejuvenecer su existencia.

    


miércoles, 18 de noviembre de 2020

JÓVENES, CULTURA Y OTRAS CULTURAS



Toda cultura es fruto de un esfuerzo de convivencia, voluntad de bienestar y profundización en el conocimiento del entorno.
En la medida en que se es persistente en este esfuerzo, es respetada, apreciada y valorada; crea comunidad y nos descubre infinitos aspectos de la grandeza de Dios.
Por eso, la inculturación es un valor irrenunciable.
Las culturas ajenas, con sus sensibilidades, sus lenguajes y sus sueños, nos aproximan al corazón de las mujeres y hombres de todo el mundo.
Los jóvenes han de sentirse motivados por conocer, defender y enriquecer nuestra cultura y nuestras costumbres. Se sintoniza así con  nuestras raíces, viviéndolas y colocándolas al servicio de toda la humanidad. ¿Quién puede hacerlo sino los jóvenes?
Deben entrar , también, en contacto con otras sintonías más profundas de los humanos.
Con la seguridad que les da saber que "la bondad de Dios es más grande que la distancia entre el cielo y la tierra", así deben abrirse  a todas sus manifestaciones "desde Oriente a Occidente", para seguir aprendiendo a expresarse en el lenguaje del amor.

martes, 17 de noviembre de 2020

OCHO DESEOS EVANGÉLICOS


1.- Ojalá lleguemos a ser pobres de corazón y               desprendidos:
        ¡Qué bien irá, entonces, este mundo para todos los que lo habitan.

2.- Ojalá sepamos situarnos en el lugar de los que sufren:
        Ese día el mundo se llenará de consuelo.

3.- Ojalá nuestra actitud en todo sea de sencillez y humidad:
        En ese momento cambiarán las relaciones humanas,         nos conoceremos y nos sentiremos a gusto.

4.- Ojalá vayamos por la vida con la verdad y la justicia por delante:
        He aquí el fundamento para el respeto de los                         derechos del hombre.

5.- Ojalá nuestro corazón sea compasivo y capaz de perdonar:
        Veremos cómo las familias y los puestos de trabajo             se llenan de ternura.

6.-Ojalá cultivemos, y se note, un corazón transparente, sin malas intenciones:
         ¡Qué bien se encontrarán todos a nuestro lado!

7.- Ojalá desaparezca toda violencia y nos afiliemos al diálogo y la tolerancia:
        ¡Cómo crecerá la autoestima de los que nos                        acompañan! Porque, seguro, esta manera de ser hará         enemigos, al menos durante un tiempo. 

8.- Ojalá tengamos entereza y confianza plena en Jesucristo que nos lo enseña:
        ¡Alegrémonos!

Por predicar estas actitudes, tan humanas y tan positivas para toda la sociedad, Jesús dio su vida: 
Y después de Él, la han dado muchas otras personas .

(Jesús Pérez Rivera) 
        

lunes, 16 de noviembre de 2020

GRACIAS POR EL DON DE LA VIDA



¡GRACIAS POR EL DON DE LA VIDA!
Cada día es una nueva oportunidad
para hacerlo mejor.
Cada día es un regalo insustituible.

¡GRACIAS POR EL DON DE LA VIDA!
Que a veces se hace pesada,
que a veces pierde el sentido,
y a veces me encuentro sepultado
bajo todas las expectativas
que me había propuesto.
Pero soy consciente de que nuestros
problemas son causados por estar vivos...
¡Sean entonces bienvenidos!

¡GRACIAS POR EL DON DE LA VIDA!
Que es el regalo más valioso.
También tengo el Amor del Señor,
mis manos, mi Fe,
la salud y tu ayuda,
la de mis amigos y familiares.
Todo lo demás es prescindible.
No quiero atarme a las seguridades,
a las posesiones,
sólo quiero poseer a fondo
mi vida.

¡GRACIAS POR EL DON DE LA VIDA!
También os invito, amigos,
a dar gracias.
A mí me ayuda a empezar
con una sonrisa cada día,
a ser consciente
de que he de vivir profundamente,
Me ayuda a relativizar,
y a intentar llevar más alegría
en los ambientes en que me nuevo.

¡GRACIAS POR EL DON DE LA VIDA!
Me esfuerzo, cada día,
por recobrar el sentido de todo lo que hago,
y ponerlo en la línea
que el Señor me pide.
¡Gracias, Señor, porque estoy vivo!

¡GRACIAS POR EL DON DE LA VIDA!
Gracias por el don de la Fe,
por el Amor que sé dar,
y la salud que tengo.
Gracias por todos los dones
que me has dado.
Ayúdame a no guardarlos sólo para mí.
Gracias por la gente que me rodea,
fuente de todas mis alegrías.
Gracias porque te siento próximo,
porque tengo ganas de ser mejor,
y porque te sé encontrar
en mis noches.

Ayúdame, hoy,
a acercarme a Ti
y a mis hermanos.

domingo, 15 de noviembre de 2020

UTILIZAR LOS DONES...




"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: "Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno; a cada cual según su capacidad; luego se marchó. [El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: "Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor."
Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: "Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor."
Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: "Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo." El señor le respondió: "Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Conque sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes.""

La «parábola de los talentos» es el texto principal entre los tres de hoy. Un comentario pastoral a esta lectura podrá ir por la senda usual ante este texto: Mateo acaba de hablar de la venida futura del Hijo del Hombre para el juicio, y a continuación nos dice cuáles son las actitudes adecuadas ante esa venida, a saber, la vigilancia (parábola de las diez vírgenes) y el compromiso de la caridad (parábolas de los talentos y del juicio de las naciones). La parábola de los talentos es, en este contexto interpretativo, un elogio del compromiso, de la efectividad, del trabajo, del rendimiento. Podrá ser aplicada fructuosamente al trabajo, la profesión, las realidades terrestres, el compromiso secular...

Sin embargo, el contexto de la hora histórica que vivimos es tal, que este mensaje, en sí mismo bueno y hasta naif, ingenuo, puede resultar funcional respecto a la ideología actualmente dominante, el neoliberalismo. Éste, en efecto, predica, como grandes valores suyos, la eficacia, la competitividad, la creación de riqueza, el aumento de la productividad, el crecimiento económico (si tenemos un crecimiento bajo o no crecemos, nos declaramos en crisis), los altos rendimientos de interés bancario, la inversión en valores, etc. Son nombres modernos bien adecuados para lo que se presenta en la parábola, aunque si se los utiliza en la homilía, no pocos oyentes pensarán que el orador sagrado se salió de su competencia (o peor: que «se metió en política»). Por una casualidad del destino, esta parábola se hizo bien actual, y los teólogos neoconservadores (también hay «neocons» en teología) la valoran altamente. Algunas de sus frases, sin necesidad siquiera de interpretaciones rebuscadas, avalan directamente principios neoliberales. Pensemos, por ejemplo, en el enigmático versículo de Mt 25, 29: «Al que produce se le dará y tendrá en abundancia, pero al que no produce, se le quitará hasta lo que tiene». No será fácil evitar en la predicación hacer el juego con esta parábola a un sistema que, para muchos cristianos de hoy, está en los antípodas de los principios cristianos.

La eficacia, la productividad, la eficiencia... no son malas en principio. Diríamos que no son valores en sí mismas, sino "cuantificaciones" que pueden ser aplicadas a unos u otros valores. Se puede ser eficiente en muchas dimensiones, muy distintas (unas buenas y otras malas) y con unas intenciones muy diversas (malas y buenas también). La eficacia en sí misma, abstraída de su aplicación y de su intención... no existe, o no nos interesa ahora. El juicio que hagamos sobre la eficacia dependerá de la materia a la que apliquemos esa eficiencia, así como del objetivo al que se oriente.

Cabe entonces imaginar una "eficiencia" cristiana (agrupando en este símbolo varios otros valores semejantes). El mismo evangelio la presenta en otros lugares, en su célebre inclinación hacia la praxis: No todo el que dice 'Señor, Señor', sino el que hace..., la parábola de los dos hermanos (el que dice pero no hace y el que sí hace aunque había dicho que no haría), bienaventurados más bien los que escuchan la palabra y la ponen en práctica... y más paradigmáticamente, el texto que continúa al de hoy, el que meditaremos el domingo próximo, Mt 25,31ss, en el que el criterio del juicio escatológico que allí aparece será precisamente lo que hayamos "hecho" efectivamente a los pobres...

La eficiencia aceptada y hasta encomiada por el evangelio es la eficiencia "por-el-Reino", la que está puesta al servicio de la causa de la solidaridad y del amor. No es la eficiencia del que logra aumentar la rentabilidad (reduciendo empleos por la adopción de tecnologías nuevas, por ejemplo), o la del que logra conquistar mercados por su competitividad (reduciendo la capacidad de auto-subsistencia de los países pequeños, o pobres, sin tecnología), o la del que logra ingresos fantásticos por inversiones especulativas del capital "golondrina" en este gran casino mundial financiero en que se ha convertido el mundo...

La «eficiencia por la eficiencia» no es un valor cristiano, ni siquiera es un valor verdaderamente humano (no parece que nos humanice; más bien parece que lo heredamos de nuestro pasado como depredadores). Quizá sea cierto que el capitalismo, sobre todo en su expresión salvaje actual, sea "el sistema económico que más riqueza crea"; pero no es menos cierto que lo hace aumentando simultáneamente el abismo entre pobres y ricos, la concentración de la riqueza a costa de la expulsión del mercado de masas crecientes de excluidos. El criterio supremo, para nosotros, no es una eficiencia económica que produce riqueza y distorsiona la sociedad y la hace más desequilibrada e injusta. No sólo de pan vive el ser humano. Cristianamente no podemos aceptar un sistema que, en favor del (o en culto al) crecimiento de la riqueza, sacrifica idolátricamente la justicia, la fraternidad y la participación de ingentes masas humanas. Poner la eficiencia por encima de todo esto es una idolatría, es la idolatría del culto del dinero, verdadero dios neoliberal. Y sobre la "idolatría del mercado" y el carácter sacrificial de la ideología neoliberal, ya se ha escrito mucho.

No, no es pues que nosotros no queramos ser eficientes y competentes (más que competitivos), o que no seamos partidarios de la "calidad total", ni mucho menos... Somos partidarios de la mayor «eficacia en el servicio al Reino», así como de «la competencia y la calidad total en el servicio al Evangelio». (In ordinariis non ordinarius, decía un viejo adagio de la ascética clásica, queriendo llevar la calidad total a los detalles más pequeños de la vida ordinaria u oculta).

Y no es que no haya que reconocer que con frecuencia los más "religiosos" hayan estado ajenos a las implicaciones económicas de la vida real, predicando fácilmente una generosa distribución donde no se consigue una producción suficiente, esperándolo todo de la limosna o los piadosos mecenas. También en el campo de la economía teórica –sobre todo en esta hora– necesitamos un renovado compromiso de los cristianos.

Si Jesús se lamentó de que los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz, ello significa que la «astucia» (otro tipo de eficacia) no es mala por sí misma; lo malo es ponerla al servicio de las tinieblas y no de la luz. (Koinonía)



sábado, 14 de noviembre de 2020

LO MÁS IMPORTANTE...



Lo más importante
no es que yo te busque,
sino que Tú me buscas por todos los caminos. (Gn 3,9)

Lo más importante
no es que yo te llame por tu nombre,
sino que Tú tienes el mío gravado
en las palmas de tus manos. (Is 49,16)

Lo más importante 
no es que yo te llama hasta cansar mi voz,
sino que Tú gimes en mí con tu grito. (Rm 8,26)

Lo más importante
no es que yo tenga proyectos para Ti,
sino que Tú me invitas a caminar
a tu lado hacia el futuro. (Mc 1,17)

Lo más importante
no es que yo te comprenda,
sino que Tú me comprendes
hasta el último secreto de mi corazón. (1Cor 13,12)

Lo más importante
no es que yo hable de Ti con sabiduría,
sino que Tú vives en mí y te expresas a tu manera. (2Cor 4,10)

Lo más importante
no es que yo te guarde en mi caja fuerte,
sino que yo sea una esponja en tu océano. (EE 3,35)

Lo más importante
no es que yo te ame con todo mi corazón
y con todas mis fuerzas,
sino que Tú me amas con todo tu corazón
y con todas tus fuerzas. (Jo 13,1)

Lo más importante
no es que me anime a mí mismo,
refuerce mi autoestima, progrese,
sino que tu fuego quema dentro de mis huesos. (Jr 20,9)

Porque ¿Cómo podría yo buscarte, llamarte, amarte...
si Tú no me buscaras, llamaras, me amases primero?
El silencio agradecido es mi última palabra
y la mejor forma de encontrarte. 

(Benjamín González Buelta)