viernes, 7 de junio de 2024

UN CORAZÓN ABIERTO

  


Era el día de la preparación de la Pascua. Los judíos no querían que los cuerpos quedasen en las cruces durante el sábado, pues precisamente aquel sábado era muy solemne. Por eso pidieron a Pilato que ordenara quebrar las piernas a los crucificados y quitar de allí los cuerpos. Fueron entonces los soldados y quebraron las piernas primero a uno y luego al otro de los crucificados junto a Jesús. Pero al acercarse a Jesús vieron que ya había muerto. Por eso no le quebraron las piernas.
Sin embargo, uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza, y al momento salió sangre y agua. El que cuenta esto es uno que lo vio y que dice la verdad. Él sabe que dice la verdad, para que vosotros también creáis. Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliera la Escritura que dice: “No le quebrarán ningún hueso.” Y en otra parte dice la Escritura: “Mirarán al que traspasaron.”

Nos dice el evangelio que el soldado traspasó el corazón de Jesús. Un corazón abierto. Un corazón entregado a todos. No se lo queda para Él, sino que lo reparte a todos. Sus discípulos participamos de su corazón. Sólo hay una condición: nosotros también debemos amar a todos y compartirlo con todos. 

"Nada más terrible que decir a una persona: “no tienes corazón”. Nada más bello que decir Esa persona sí tiene corazón. Hay corazones de “piedra” y hay corazones de “carne” Un gran corazón es un corazón que sabe amar, tiene entrañas de compasión, de ternura, de bondad.
El corazón de Jesús ama con amor del que nunca lograremos abarcar “lo largo, lo ancho, lo alto, lo profundo”, en su corazón traspasado, nos invita a entrar sin miedos de ninguna clase, en él cabemos todos, somos atraídos “con lazos de amor”.
El corazón si sabe amar, sabe también lo que significa ser amado y sabe también sufrir y lo duro que resulta no ser comprendido, pero nunca deja de amar porque es fiel a sí mismo.
El corazón de Jesús es una síntesis de nuestra fe, nos invita a seguir el camino del amor. Lo primero es recibir su amor y reaccionar con amor. Todo lo demás viene después.
No estamos simplemente ante un gran corazón. Se trata de un Corazón “Sagrado”: refleja el misterio de Dios para nosotros. Dios es como el corazón que muestra Jesús: inagotable en su misericordia con nosotros. Imposible imaginar un amor mayor, un amor tan grande, tan divino."
(Salvador León cmf, Ciudad Redonda)

jueves, 6 de junio de 2024

AMAR A DIOS Y A TODOS

 

Uno de los maestros de la ley, que les había oído discutir, se acercó a él y le preguntó:
– ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?
Jesús le contestó:
– El primer mandamiento de todos es: ‘Oye, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.’ Y el segundo es: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo.’ Ningún mandamiento es más importante que estos.
El maestro de la ley dijo:
– Muy bien, Maestro. Es verdad lo que dices: Dios es uno solo y no hay otro fuera de él. Y amar a Dios con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y que todos los sacrificios que se queman en el altar.
Al ver Jesús que el maestro de la ley había contestado con buen sentido, le dijo:
– No estás lejos del reino de Dios.
Y ya nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Amar a Dios y al prójimo son dos amores inseparables. Hasta el punto que no pueden existir por separado. Si decimos que amamos a Dios pero no amamos al prójimo, estamos mintiendo. Porque la verdadera manera de amar a Dios, es amar al prójimo. La medida de nuestro amor a Dios es nuestro amor al prójimo. Nuestra sociedad está alejándose de Dios, no porque no va a las iglesias, sino porque estamos dejando al prójimo morir de hambre, morir en la guerra, morir ahogado en el mar...El día que realmente nos preocupemos del otro, será la señal de que nos estamos acercando a Dios.
  
"Se le acerca a Jesús uno de un maestro de la ley abierto, sincero, humilde, preguntando qué es lo más importante, cuál es el mandamiento primero. La pregunta que le hace le da a Jesús la oportunidad de proclamar el mandamiento principal de la Alianza.
Jesús resume todo en el amor a Dios y al prójimo. Eso nos libera de muchas complicaciones y nos vuelve a lo esencial, nos devuelve la alegría El maestro de la ley entendió muy bien que más importante que los ritos y sacrificios del templo era el amor a Dios y al prójimo. Jesús, lo felicita, no dice más cosas.
Pero lo que propone Jesús no es un amor pequeño, superficial, “líquido”, débil, pasajero. Pide amar a Dios con todo nuestro ser y a cada hermano como nos amamos a nosotros mismos. Y eso no es cuestión de palabras.
No podremos amar al prójimo sin amar a Dios, ni pretender amar a Dios sin amar al prójimo. Las dos caras de la misma realidad. Hoy lo experimentaremos si presentamos este amor con rostros concretos."
(Salvador León cmf, Ciudad Redonda)

miércoles, 5 de junio de 2024

LA VERDADERA VIDA

 

Entonces algunos saduceos acudieron a ver a Jesús. Los saduceos niegan la resurrección de los muertos y por eso le plantearon este caso:
– Maestro, Moisés nos dejó escrito que si un hombre casado muere sin haber tenido hijos con su mujer, el hermano del difunto deberá tomar por esposa a la viuda para dar hijos al hermano que murió. Pues bien, había una vez siete hermanos, el primero de los cuales se casó, pero murió sin dejar hijos. Entonces el segundo se casó con la viuda, pero él también murió sin dejar hijos. Lo mismo le pasó al tercero y así hasta los siete, ninguno de los cuales dejó hijos. Finalmente murió también la mujer. Pues bien, en la resurrección, cuando resuciten, ¿cuál de ellos la tendrá por esposa, si los siete estuvieron casados con ella?
Jesús les contestó:
– Estáis equivocados porque no conocéis las Escrituras ni el poder de Dios. Cuando los muertos resuciten, los hombres y las mujeres no se casarán, sino que serán como los ángeles que están en el cielo. Y en cuanto a que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés el pasaje de la zarza ardiendo cuando Dios dijo a Moisés: ‘Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob?’ ¡Y Dios no es Dios de muertos, sino de vivos! Así que estáis muy equivocados.

No podemos imaginar cómo será la vida después de la muerte, pero sí sabemos que esa vida será la verdadera Vida. La Vida de Dios. Él nos dará su Vida que nunca se acabará. De momento, en este mundo, debemos esforzarnos por vivir acordes con Dios. Es decir, amando. Seguir el ejemplo de Jesús y entregarnos totalmente. Así alcanzaremos la verdadera Vida.

"En esta escena evangélica Jesús se ve confrontado con los saduceos que niegan la resurrección de los muertos y plantean un caso que, por lógica, le llevaría a negar la resurrección. Ellos basaban sus teorías en Moisés, a quien seguían de modo fundamentalista. Jesús les remite a la escena de la zarza ardiente; el Dios que allí se le aparece es el Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob. “¡No es un de muertos, sino de vivos!” Nos acompaña en cada momento de nuestra vida. No es el Dios del ayer sino el del hoy
Según Jesús, la vida termina en resurrección. Dios creador está al comienzo dando vida a cada ser humano. Pero es también el resucitador que está al final rescatando a cada uno de la muerte. Es absurdo pensar que Dios se vaya quedando sin hijos e hijas a medida que van muriendo.
Cuando Jesús nos habla de la vida después de la muerte, nos dice que estamos llamados a una vida más perfecta, porque el Dios de los vivos siempre nos quiere regalar la novedad de la que sólo es capaz. Abrámonos a la sorpresa de Dios."
(Salvador León cmf, Ciudad Redonda)

martes, 4 de junio de 2024

A DIOS...EL AMOR


 
Enviaron a Jesús a unos de los fariseos y del partido de Herodes, para sorprenderle en alguna palabra y acusarle. Estos fueron y le dijeron:
– Maestro, sabemos que tú siempre dices la verdad, sin dejarte llevar por lo que dice la gente, porque no juzgas a los hombres por su apariencia. Tú enseñas a vivir como Dios ordena. ¿Estamos nosotros obligados a pagar impuestos al césar, o no? ¿Debemos o no debemos pagarlos?
Pero Jesús, que conocía su hipocresía, les dijo:
– ¿Por qué me tendéis trampas? Traedme un denario, que lo vea.
Se lo llevaron y Jesús les dijo:
– ¿De quién es esta imagen y el nombre aquí escrito?
Le contestaron:
– Del césar.
Entonces Jesús les dijo:
– Pues dad al césar lo que es del césar, y a Dios lo que es de Dios.
Esta respuesta los dejó admirados.


Al césar lo que es del césar. Es decir, al mundo lo que es del mundo. A Dios lo que es de Dios: el Amor. Jesús nos está diciendo que debemos cumplir nuestros deberes sociales, pero no debemos olvidar nuestras obligaciones con Dios. Debemos preocuparnos porque la sociedad sea cada vez más justa, pero no debemos olvidar lo que nos pide Dios. Que el entreguemos nuestro corazón, nuestra vida.

"Jesús rechazó el dominio despótico: “Entre los paganos hay jefes que creen tener el derecho de gobernar con tiranía a sus súbditos, y sobre estos descargan los grandes el peso de su autoridad. Pero entre vosotros no debe ser así” (Mc 10,42-43)
Lo líderes religiosos de Israel quieren sorprender a Jesús para poder desacreditarlo, acusarlo y condenarlo. Le hacen la pregunta si es lícito pagar impuestos al césar. Jesús sabe que la pregunta capciosa, es una trampa y les desenmascara. Jesús habla y actúa con libertad: las monedas que tienen la efigie de césar, ¡para el césar! El pueblo de Dios que es de Dios, ¡para Dios! El pueblo no es propiedad del césar. No hay que dar a ningún césar lo que es de Dios: la vida y la dignidad de todos los hombres.
Al César se le devuelve lo que viene de la autoridad civil, terreno donde tenemos que estar e impulsar el Reino de Dios. A Dios lo que de Él viene, para llevarlo a la meta que Jesús nos ha propuesto, que es terrena pero orientada a la eternidad. Al dinero no hay que darle tanta importancia."
(Salvador León cmf, Ciudad Redonda)

lunes, 3 de junio de 2024

LA PIEDRA ANGULAR

 


Jesús comenzó a hablarles por medio de parábolas. Les dijo: Un hombre plantó una viña, le puso una cerca, construyó un lagar y levantó una torre para vigilarlo todo. Luego la arrendó a unos labradores y se fue de viaje. A su debido tiempo mandó un criado a pedir a los labradores la parte de cosecha que le correspondía. Pero ellos le echaron mano, le golpearon y lo enviaron con las manos vacías. Entonces el dueño mandó otro criado, pero a este lo hirieron en la cabeza y lo insultaron. Mandó otro, y a este lo mataron. Después mandó otros muchos, pero a unos los golpearon y a otros los mataron.
 Todavía le quedaba uno: su propio hijo, a quien quería mucho. A él lo mandó el último, pensando: ‘Sin duda, respetarán a mi hijo.’ Pero los labradores se dijeron unos a otros: ‘Este es el heredero; matémoslo y la viña será nuestra.’ Así que lo cogieron, lo mataron y arrojaron su cuerpo fuera de la viña.
¿Qué hará el dueño de la viña? Pues irá, matará a aquellos labradores y dará la viña a otros.
¿No habéis leído lo que dicen las Escrituras?:
‘La piedra que despreciaron los constructores
es ahora la piedra principal.
Esto lo ha hecho el Señor
y nosotros estamos maravillados.’ 
Quisieron entonces apresar a Jesús, porque sabían que la parábola iba contra ellos. Pero como tenían miedo de la gente, le dejaron y se fueron.

Dios plantó una viña, creó el mundo, y nos lo dio a los hombres para que cuidáramos de él. Nosotros hemos acabado creyendo que somos los dueños. Hemos rechazado a todos los enviados por Dios. Hemos matado a su Hijo. ¿Seguimos rechazándolo? No nos extrañemos que todo se derrumbe a nuestro alrededor. Estamos rechazando la piedra angular que lo sostiene todo. Estamos retirando a Jesús de nuestro mundo. Sólo con Él lograremos una sociedad de paz y de amor. Sólo con Él podremos construir el Reino.
 
"Jesús cita una frase de las Escrituras: “la piedra que despreciaron los constructores es ahora la piedra principal” Aquellos constructores sabían lo importante que era escoger bien las piedras principales para levantar la casa y sostener la casa, seleccionan la mejores
Jesús, piedra angular será despreciado por las autoridades que, al escucharle, se daban cuenta de que la comparación que hacía Jesús iba dirigía a ellos, que planeaban la muerte, pero no podían arrestarlo por temor a la gente.
Así vemos que el corazón de la gente sencilla suele estar más abierto a las novedades de Dios, pero cuando tenemos algún poder, sea económico, intelectual, político, religioso, nos aferramos a esa seguridad falsa, hasta el punto de que ya no recibimos con apertura los mensajes de Dios. Pretender construir comunidades cristianas con otras piedras es un error, un pecado. ¿Sabremos hoy ser instrumentos de Cristo, servidores de su viña, no la nuestra?"
(Salvador León cmf, Ciudad Redonda)

domingo, 2 de junio de 2024

COMPARTIR, ENTREGARSE PARA SER UNO

 


 El primer día de la fiesta en que se comía el pan sin levadura y se sacrificaba el cordero de Pascua, los discípulos de Jesús le preguntaron:


– ¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua? Entonces envió a dos de sus discípulos, diciéndoles:

– Id a la ciudad. Allí encontraréis a un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle, y al amo de la casa donde entre le decís: ‘El Maestro pregunta: ¿Cuál es la sala donde he de comer con mis discípulos la cena de Pascua?’ Él os mostrará en el piso alto una habitación grande, dispuesta y arreglada. Preparad allí la cena para nosotros.
Los discípulos salieron y fueron a la ciudad. Lo encontraron todo como Jesús les había dicho, y prepararon la cena de Pascua.

Mientras cenaban, Jesús tomó en sus manos el pan, y habiendo dado gracias a Dios lo partió y se lo dio a ellos, diciendo:
– Tomad, esto es mi cuerpo.
Luego tomó en sus manos una copa, y habiendo dado gracias a Dios se la pasó a ellos, y todos bebieron. Les dijo:
– Esto es mi sangre, con la que se confirma el pacto, la cual es derramada en favor de muchos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día en que beba vino nuevo en el reino de Dios.
Después de cantar los salmos, se fueron al monte de los Olivos.


El evangelio de hoy nos narra el último acto de Jesús con sus discípulos: la institución de la Eucaristia. Partió y repartió el pan y el vino, pidiendo que nosotros hiciéramos lo mismo. Era la imagen de lo que Él haría al día siguiente: entregar su Cuerpo y su Sangre en la Cruz para la salvación de todos. 
La Eucaristía es algo más que un rito. Debe llenar nuestra vida. Como Jesús debemos entregarnos, compartirnos para ser Uno. La Eucaristía no acaba en la Misa. Allí comienza, para que sigamos viviéndola en nuestro día a día. Para hacer realidad aquella unidad de Amor que Jesús nos pidió.

"No hay descanso en la Liturgia, en este tiempo ordinario. La Ascensión, la Santísima Trinidad, y hoy el Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. Hay oportunidades, pues, para profundizar en nuestra fe.
Hoy se nos presenta para la reflexión el Cuerpo y Sangre de Cristo. Celebramos hoy un misterio de la fe: la gran fiesta del Cuerpo y la Sangre del Señor. Sólo se puede comprender cuando conocemos la vida de Jesús. Porque su vida fue una continua entrega de sí. Y la muerte fue la entrega de sí llevada hasta el final, hasta el extremo: nadie ama tanto como el que da la vida por los amigos. Toda esa vida y toda esa muerte están condensadas en cada una de nuestras celebraciones eucarísticas.
El relato del Éxodo nos recuerda la Alianza del Antiguo Testamento, que comenzó el largo camino hasta la Alianza Nueva del mismo Jesucristo. Se ve que Dios lo tenía todo previsto, desde el comienzo hasta el final de los tiempos.
En esa lectura, el pueblo de Israel hasta dos veces promete cumplir todo lo que Moisés les presenta. Para hacer más patente ese acuerdo, se ponen por escrito esas palabras. Las Tablas de la Ley. Las reglas de vida del pueblo elegido. Sabemos, por las Sagradas Escrituras, que pronto se apartaron de ellas. Se entregaron a otros dioses, y rompieron con su Dios, y sufrieron múltiples penalidades. Y Dios, por lo visto, lo permitía.
¿Cuál era el plan de Dios? Según los profetas, sobre todo Jeremías, (Jer 31, 33) Dios promete hacer una Nueva Alianza, que no sería necesario escribir ya en piedra, porque estaría impresa en el corazón de cada hombre. De esta manera, no serían necesarias normas externas, porque todo saldría del corazón. Interiorizar el mensaje, se dice ahora. Sin prisa, pero sin pausa. Día a día, año a año.
Nosotros hemos hecho también un pacto con el Señor. Mejor, él lo ha hecho con nosotros. Nos ha elegido y sólo nos pide que seamos fieles, como Él es fiel. Que seamos santos, como Él es santo. Y, como el pueblo de Israel, también faltamos a ese pacto con relativa frecuencia. Menos mal que Dios sí es fiel, guarda siempre su alianza. Nos ofrece una nueva vida, como la que recibieron los hebreos, después de la salida de Egipto, para vivir según Dios. Y nos ha dado la máxima señal de este amor: a su propio hijo.
La segunda lectura es el recordatorio de que ya no hace falta la sangre de los animales, porque, para el perdón de los pecados, disfrutamos de la sangre del mismo hijo de Dios, Jesucristo, que se nos ofrece cada vez que participamos de la Santa Misa. En ese sacrificio incruento, podemos recibir el perdón de nuestros pecados y siempre es posible renovar la alianza con nuestro Dios. Recuperamos la unión que, por nuestros pecados y debilidades, perdemos a menudo. Y lo hacemos “simplemente” con el arrepentimiento y el deseo de seguir adelante.
La Eucaristía, pues, es nuestra posibilidad de recuperar la alegría. Y, revitalizados, debe llevarnos a la misión. El Señor, antes de marchar al cielo, nos dijo “Id”. Desde entonces, los cristianos, hemos aprendido la siguiente lección: no nos podemos detener. El Señor nos aguarda en el horizonte; nos espera en el compromiso activo y sin límites en pro de un mundo mejor. Debemos compartir con los demás nuestra felicidad, al estilo de Jesús, es decir:
* Reconciliar a los hombres con su pasado, consigo mismo, para que se sientan y vivan como hijos de Dios, pues lo son.
* Ponerse siempre de parte del pobre, del que es marginado por la mayoría, del que no tiene derechos, del que menos pinta.
* Consolar, curar, apoyar, alimentar, dar libertad a los que creen que el sufrimiento tiene la última palabra.
* Buscar la soledad, lo escondido para encontrarse con el Padre y sentirse amado sin condiciones; perdonado porque sí; pacificado y fortalecido porque Dios es así. Porque sabe que somos de barro. Y ante las caídas y desesperanzas, sólo tiene una pregunta que hacernos: ¿Me amas?
* Ser constructores de la gran familia del Padre, hermanos todos en Cristo y hermanos todos en el Espíritu.
Este es el proyecto del Padre. Comer a Jesús que es pan es hacerse uno con él, dejar que su vida corra por nuestras venas; dejarle que ore en nosotros; amar y consolar con nuestro corazón y nuestras manos; ir por los mismos caminos por donde él gustaba meterse; mirar con sus ojos limpios a los hombres; experimentar con él que las cosas no dan la felicidad y que los pobres y despojados por amor estarán más cerca de Dios y de los hombres.
Esto es comulgar. Ofrecernos a él. Pero contar también con su ayuda, porque sin mí no podéis hacer nada. Pentecostés nos lo dejó claro, con la promesa del Espíritu. Y es también una garantía de felicidad presente y futura. Acerquémonos, pues, hasta su mesa, ofrezcámosle nuestras personas y recibamos el regalo de felicidad y vida eterna que nos tiene reservado."
(Alejandro Carbajo cmf, Ciudad Redonda)

sábado, 1 de junio de 2024

SABER ACEPTAR Y ESCUCHAR

 

Después de esto regresaron a Jerusalén, y mientras Jesús andaba por el templo se acercaron a él los jefes de los sacerdotes, los maestros de la ley y los ancianos, y le preguntaron:
– ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Quién te ha dado la autoridad para hacerlas?
Jesús les contestó:
– Yo también os voy a hacer una pregunta: ¿Quién envió a Juan a bautizar: Dios o los hombres? Contestadme. Si me dais la respuesta, yo os diré con qué autoridad hago estas cosas.
Ellos se pusieron a discutir unos con otros: “Si respondemos que lo envió Dios, va a decir: ‘Entonces, ¿por qué no le creísteis?’ ¿Y cómo vamos a decir que le enviaron los hombres?..." Y es que tenían miedo de la gente, pues todos creían que Juan era verdaderamente un profeta. Así que respondieron a Jesús:
– No lo sabemos.
Entonces Jesús les contestó:
– Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.

No nos gusta que nos den lecciones. Lo mismo le ocurría a los fariseos y maestros de la ley; no aceptaban a Jesús, como tampoco aceptaron a Juan Bautista. Sin embargo hemos de saber escuchar a los demás, porque muchas veces, Dios, nos hablará a través de los demás y a través de los acontecimientos. 

"¿Quién te ha dado permiso para actuar así, para hacer lo que haces? ¿De qué vas? ¿Con qué autoridad haces eso? Son las increpaciones que le hacen a Jesús los que llenos de ira y envidia, lo rechazan frontalmente. Sin embargo, no consiguieron que Jesús claudicara de su misión ni dejara de hacer aquello por lo que había venido al mundo.
Que nadie coarte tu libertad, que nadie impida impida que puedas realizar tus mejores sueños, que nadie te quite la ilusión. Si tu actuar es bueno, si nace del amor, si es para el bien de los demás, aunque cuestione todos los sistemas y todas las tradiciones, es semilla del Reino de Dios. Jesús fue un hombre libre, nada ni nadie, como puedes observar en el evangelio de hoy, le impidió cumplir la voluntad de su Padre. (...)
Ser libre como tú Jesús, ser valiente, decidido, confiado; aunque nadie me entienda, aunque los míos no me comprendan, aunque no sea políticamente correcto, aunque sea motivo de burla o me señalen con el dedo. Quiero ser instrumento de tu amor para que a través mía puedas realizar tu sueño sobre este mundo. ¿Qué de qué voy? Voy de la voluntad del Padre."
(Juan Lozano cmf, Ciudad Redonda)