Ya han transcurrido unos días desde la publicación de la carta de Xose Arregui. Apareció en muchos medios y en todos se desató la polémica. Hubo quien lo elevó a las alturas de la heroicidad y tambien quien lo hundió en las tinieblas más profundas. Pero hoy, sentado en la soledad de mi capilla me he preguntado: ¿Unos y otros hemos rezado por él?¿Lo hemos tenido presente en nuestra oración?¿Lo hemos hecho oración? Si no ha sido así, tanto unos como otros, lo único que hemos hecho ha sido manipularlo. Unos como bandera para demostrar la cerrazón de un obispo, la falta de comunión con su diócesis, el camino equivocado de la Iglesia oficial...Otros para hacernos ver cómo acaban los desobedientes, los engreídos, aquellos que creen tener la verdad y no escuchan la voz de sus pastores...
Pero a parte de todo eso, existe Xose, una persona, alguien que en un momento de su vida se ha visto impelido a tomar una decisión muy seria y que ha querido ser honesto consigo mismo al tomarla.
El 21 de junio de 1966, emití mis primeros votos. Éramos 21 jóvenes de 18 años, con toda la ilusión que llevaba consigo el inicio del postconcilio. De esos 21 jóvenes sólo quedamos 4. He vivido el abandono de muchos de ellos. Un grupo abandonó pronto. No era su vocación. Entraron de muy pequeños en el Aspirantado y fueron siguiendo el camino por inercia. Los primeros años en comunidad y en clase les hicieron ver que se habían equivocado. Pero he visto abandonar a otros que nunca debieron hacerlo. Los he visto sufrir, dudar, buscar ayuda...Alguno todavía me dice que añora su vida pasada y que habría deseado no haber tenido que tomar nunca esa decisión...
Xose llevaba un buen número de años de franciscano a sus espaldas. No abandona por infantilismo. (adolescencia adulta lo llama alguno). A mí me habría gustado que hubiese seguido luchando desde dentro. Y sé (intuyo), que su decisión no la ha tomado a la ligera ni en un momento de rabieta...Pero seguro que le han faltado nuestras oraciones y nuestro consejo. Un apoyo real a la persona, no a las ideas. Porque esta distinción nos cuesta hacerla: personas e ideas. Canonizamos al que piensa como nosotros y condenamos al que no.
Xose es una persona, un hombre que porque ama a Jesús lo ha seguido, siguiendo el camino de Francisco...¿Lo seguiremos condenando sin escucharle y sin rezar por él?¿Lo seguiremos alabando sin ayudarle a ver lo negativo y sin rezar por él?¿Dejará de ser una idea para ser un hermano que sufre?
Su decisión no es una ruptura con su deseo de seguir a Jesús. La toma porque cree que esa es la forma de seguirlo mejor. Si fracasa algunos se echarán sobre él como lobos, olvidando que tanto el que se queda como el que se va, necesita nuestra ayuda. Y que si el que se va se hunde, nosotros, si lo hemos dejado solo, tenemos buena parte de culpa.
No sé. Son sólo unas pequeñas reflexiones en la oscuridad de una capilla, hechas por un insignificante hermano...





