martes, 7 de septiembre de 2010

PENSANDO EN XOSE EN LA OSCURIDAD DE UNA CAPILLA...


Ya han transcurrido unos días desde la publicación de la carta de Xose Arregui. Apareció en muchos medios y en todos se desató la polémica. Hubo quien lo elevó a las alturas de la heroicidad y tambien quien lo hundió en las tinieblas más profundas. Pero hoy, sentado en la soledad de mi capilla me he preguntado: ¿Unos y otros hemos rezado por él?¿Lo hemos tenido presente en nuestra oración?¿Lo hemos hecho oración? Si no ha sido así, tanto unos como otros, lo único que hemos hecho ha sido manipularlo. Unos como bandera para demostrar la cerrazón de un obispo, la falta de comunión con su diócesis, el camino equivocado de la Iglesia oficial...Otros para hacernos ver cómo acaban los desobedientes, los engreídos, aquellos que creen tener la verdad y no escuchan la voz de sus pastores...
Pero a parte de todo eso, existe Xose, una persona, alguien que en un momento de su vida se ha visto impelido a tomar una decisión muy seria y que ha querido ser honesto consigo mismo al tomarla.
El 21 de junio de 1966, emití mis primeros votos. Éramos 21 jóvenes de 18 años, con toda la ilusión que llevaba consigo el inicio del postconcilio. De esos 21 jóvenes sólo quedamos 4. He vivido el abandono de muchos de ellos. Un grupo abandonó pronto. No era su vocación. Entraron de muy pequeños en el Aspirantado y fueron siguiendo el camino por inercia. Los primeros años en comunidad y en clase les hicieron ver que se habían equivocado. Pero he visto abandonar a otros que nunca debieron hacerlo. Los he visto sufrir, dudar, buscar ayuda...Alguno todavía me dice que añora su vida pasada y que habría deseado no haber tenido que tomar nunca esa decisión...
Xose llevaba un buen número de años de franciscano a sus espaldas. No abandona por infantilismo. (adolescencia adulta lo llama alguno). A mí me habría gustado que hubiese seguido luchando desde dentro. Y sé (intuyo), que su decisión no la ha tomado a la ligera ni en un momento de rabieta...Pero seguro que le han faltado nuestras oraciones y nuestro consejo. Un apoyo real a la persona, no a las ideas. Porque esta distinción nos cuesta hacerla: personas e ideas. Canonizamos al que piensa como nosotros y condenamos al que no.
Xose es una persona, un hombre que porque ama a Jesús lo ha seguido, siguiendo el camino de Francisco...¿Lo seguiremos condenando sin escucharle y sin rezar por él?¿Lo seguiremos alabando sin ayudarle a ver lo negativo y sin rezar por él?¿Dejará de ser una idea para ser un hermano que sufre?
Su decisión no es una ruptura con su deseo de seguir a Jesús. La toma porque cree que esa es la forma de seguirlo mejor. Si fracasa algunos se echarán sobre él como lobos, olvidando que tanto el que se queda como el que se va, necesita nuestra ayuda. Y que si el que se va se hunde, nosotros, si lo hemos dejado solo, tenemos buena parte de culpa.
No sé. Son sólo unas pequeñas reflexiones en la oscuridad de una capilla, hechas por un insignificante hermano...

lunes, 6 de septiembre de 2010

LA PELÍCULA DEL LUNES: INVICTUS


Ciertamente no puedo añadir nada a lo mucho que ya se ha escrito sobre esta película. A los que no os guste el rugby os sobrarán bastantes minutos. Pero el mensaje que transmite el film está por encima de otros detalles.
Mandela acaba de ser elegido presidente y se encuentra con un país dividido. El apertheid ya no es físico ni legal, pero sigue siendo moral. Piensa que hay cosas que pueden unirnos más allá de las ideologías. Una de ellas es el deporte. La selección de rugby sudafricana se encuentra en sus peores momentos deportivos. Resucitarla puede lograr la unión entre todos.
La historia de como a través del triunfo de la selección logra unir a su pueblo no es el único valor de la película. Tan importante como éste, es la importancia de la superación ante las dificultades. No sólo logra unir a blancos y negros junto a su selección, sino que de una selección en horas bajas, hace una campeona del mundo.
Hay dos momentos claves en la película. Cuando Mandela entrega al capitán el poema Invictus, aquél poema que a él le daba fuerzas en los peores momentos de la prisión, y cuando el equipo visita la carcel y el capitán, al ver la celda de Mandela se pregunta: "¿Cómo después de vivir aquí ha podido perdonarlos a todos?"
Invictus es un poema de Williams Ernest Henley. Esta es su traducción:

INVICTUS

Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.

domingo, 5 de septiembre de 2010

ENTREGA TOTAL


"En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús: él se volvió y les dijo:
- Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser mi discípulo. Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío. Así ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla' No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: Este hombre empezó a copnstruir y no ha sido capaz de acabar. ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío."

Muy duro suena el evangelio de hoy y no se trata de edulcorarlo. Jesús nos está pidiendo nuestra entrega total si queremos seguirlo. La dureza de este evangelio ha hecho que muchas veces se interprete como dirigido a un pequeño grupo, a la élite que entrega su vida en la vida monástica y religiosa. Pero este evangelio va dirigido a todos, porque todo cristiano ha de ser un seguidor de Cristo.
Las primeras palabras nos recuerdan la parábola del tesoro escondido en el campo. Aquel que lo encuentra lo vende todo para conseguirlo. Jesús es ese tesoro por el que lo hemos de dejar todo. Lo más cercano y lo más querido. Tomar nuestra cruz y seguirlo. Tomar toda nuestra vida, eso es la cruz, y vivirla en su seguimiento. Una cruz que nos hará abrazar al mundo, darnos a todos como Él hizo. Seguirle es tratar de imitarle como hizo Francisco, como han hecho tantos santos, canonizados o no, a lo largo de la historia. Seguirle es plantar su cruz en la tierra. Una cruz que es entrega, amor, donación al prójimo.
Y esto no es fácil. Por eso debemos sentarnos a calcular nuestras fuerzas. Por eso debemos buscar fuerzas en Él. En la oración, en la Eucaristía, en la comunidad...No sea que nuestra torre se quede a medio construir o que el enemigo nos aplaste... 

viernes, 3 de septiembre de 2010


La inmensidad del mar...Sentarse en la soledad de una playa o sobre la roca de un acantilado y contemplar la inmensidad del mar...Es un buen lugar para meditar en la inmensidad de Dios y en la vida...
Dejándonos llevar, poco a poco, por el ir y venir de las olas, por ese ritmo tan semejante al de nuestra respiración, llega un instante en que nos sentimos una sola cosa con ese mar...Es como sentirse inmersos en Dios...Vivir en comunión con todo,con todos, con el Todo...
Sin casi darnos cuenta, nos vemos sumidos en el silencio...El sonido del mar ya no es sonido...El ir y venir de las olas es el latido de nuestro corazón...Entonces, en ese silencio, encontramos a Dios...y nos sentimos profundamente amados...

jueves, 2 de septiembre de 2010

FRANCISCANO SIN HÁBITO


Ya presté una vez mi espacio a la voz del P. Arregui. Vuelvo a hacerlo a sabiendas de que seré criticado. Dejo claro que lamento su decisión, pero la respeto. Porque todo el mundo es libre de tomar las suyas y  cada uno sabe los verdaderos motivos, ocultos en su corazón, que le mueven a tomarlas. Dios estará siempre a su lado, porque Él nunca nos abandona. El texto es un poco largo, pero creo que no sería honesto si lo recortara.

"Hace un tiempo que corrían los rumores como vuelan las golondrinas, tan rápidas y libres, sin otra guía que el certero instinto de la vida (por cierto, ¡cómo se han multiplicado las golondrinas en Arantzazu, y aún siguen criando! Dios os bendice). Pero una vez desatados los rumores, a veces inocentes, a veces intencionados, es más difícil detenerlos que detener el vuelo de las aves.
Pues bien, la noticia ha estallado en todos los sentidos y, en contra de mi intención primera, no puedo menos de confirmarla ya: voy a dejar la Orden Franciscana. De paso, pido disculpas por alguna declaración mía ambigua que algunos pudieron entender como un desmentido. No quería serlo.
Voy a dejar la Orden franciscana. Lo he meditado mirando adentro entre mis luces y sombras, mirando afuera la montaña y el cielo, y las golondrinas. Lo he compartido con las personas que más me quieren y en las que más confío. Lo he hablado con los responsables de mi provincia franciscana que son también mis amigos. Dejaré este Arantzazu del alma, donde he vivido 17 años de los 57 que tengo; dejaré la Provincia franciscana que ha sido mi familia y mi hogar desde los 10 años; dejaré la Orden franciscana que ha dado enteramente forma a mi ser. No diré que la decisión no me produzca dolor y vértigo, pero doy el paso en paz.
Era previsible desde aquel 23 de diciembre en que me impusieron y yo prometí silencio para un año. Y era irreversible desde aquel 17 de junio en que rompí mi voto de silencio porque, previamente, mi obispo había derogado las condiciones que lo justificaban. Tomé la palabra, no porque tenga algún mensaje profético urgente que pregonar, sino simplemente porque ya pasaron los tiempos en que la libertad de palabra pudiera ser impedida en la Iglesia de Jesús con pretextos de dogmas y magisterios. Los dogmas y el magisterio no los puso Jesús. Muy al contrario, enseñó que no se ha de identificar la palabra de Dios con tradiciones humanas (Marcos 7,7-13), y denunció a los maestros de la ley que se apoderan de la cátedra y del magisterio (Mateo 23,2), prohibió tajantemente que nadie se llamara maestro o padre (Mateo 23,8-9), declaró solemnemente que “todo ser humano es señor del sábado” (Marcos 2,28), es decir, señor de toda ley religiosa por sagrada que fuere, y al sordomudo le dijo en arameo: Effeta, “ábrete”, “escucha y habla” (Marcos 7,34). Es más, y la Iglesia debiera reconocerlo ya sin más dilación: aunque Jesús hubiera establecido dogmas y magisterios –que ciertamente no estableció–, éstos no serían de ningún modo inamovibles, pues Jesús no tuvo otra ley ni otro criterio que el Espíritu de Dios, y el Espíritu es como el aire y el agua, y siempre se mueve. Y por si hiciera falta, lo dijo San Pablo: “Donde está el Espíritu de Jesús, hay libertad” (2 Cor 3,17).
Claro que la Iglesia, como todo grupo humano, requiere estructuras y un lenguaje más o menos común, pero las estructuras habrían de ser flexible y móviles, como todo lo vivo, y los dogmas deberían poder ser comprendidos y expresados en palabras siempre nuevas, como todo misterio; y en primer lugar debiera cambiar una Iglesia autoritaria en una Iglesia democrática, como la quiso Jesús. Y la Iglesia, que se ha tomado tantas libertades para contradecir a Jesús, con mucha más razón debiera ser libre para secundar el Espíritu de Jesús. Basta conocer la historia para saber cómo han cambiado las cosas, o basta gustar del Espíritu de Dios para saber cómo han de cambiar. Quien no conoce la historia, que guste al menos del Espíritu; quien no guste del Espíritu, que conozca al menos la historia. ¡Cuán anacrónica y contraria al evangelio es esta idolatría de la doctrina que nos tiene amordazados!
Simplemente por eso dije: “No callaré”. Y eso equivalía a una insumisión, y en la iglesia institucional que tenemos no hay lugar para insumisos, y yo lo sabía. Tampoco hay lugar para insumisos en la Orden franciscana que tenemos, y también esto lo sabía: los responsables franciscanos, aun en contra de su voluntad, y como única forma de evitar un grave conflicto interno, se verían obligados a exigirme sumisión a las órdenes del obispo. No he necesitado, pues, de grandes discernimientos: o acataba o me iba. Pensé que no debía acatar, para ser fiel al seguro Jesús, a mi insegura conciencia, a mi humilde misión, pero no quería ser así motivo de conflicto para los franciscanos, que son mis amigos y hermanos. La opción no era fácil, pero resultaba forzosa y simple.
Dejaré la Orden, y con ello pierdo mucho, pero quién sabe si, al final, el perder no será una ganancia también esta vez. Quiero escoger la vida con todos sus riesgos, incluida la palabra. No sé qué será de mí (¿quién sabe qué será de sí?), pero allí donde vaya Dios vendrá conmigo, y si en el camino me pierdo Él me encontrará. Quiero seguir siendo discípulo de Jesús de Nazaret, el hombre bueno y libre. ¡Oh, cuán lejos me siento de él! Pero él está cerca de mí, de ti. Jesús es el prójimo y todo prójimo es Jesús. Con él, como él, quiero seguir siendo Iglesia sin esas torpes dicotomías de clérigos y laicos, religiosos y seglares, fieles y herejes, creyentes e increyentes.
A mi obispo y hermano José Ignacio Munilla le deseo lo mejor, y pienso que lo mejor pasa por escuchar, respetar, secundar la voz de la inmensa mayoría de su comunidad diocesana, de la que seguiré formando parte activa. La voz de la comunidad es la voz del Espíritu, mucho más que la voz de Madrid o de Roma.
Ah, y quiero seguir siendo franciscano, un simple franciscano sin hábito. ¡Paz y Bien!"
José Arregi

miércoles, 1 de septiembre de 2010

VIVIR SIN AMOR


En el "Llibre de Amic i Amat" de Ramon LLull leemos en el número 84:
"Buscaba el Amigo a su Amado y encontró a un hombre que moría sin amor; y dijo qué gran mal era morir de una muerte, no importa cual, sin amor. Por eso preguntó al moribundo:
- Dime, ¿por qué mueres sin amor?
Respondió:
- Porque vivía sin amor."