jueves, 7 de octubre de 2010

EL ANACORETA PEREGRINA...



Hoy el Anacoreta y su joven discípulo han llegado a casa muy cansados. Han peregrinado al Santuario de Nuestra Señora de Nuria. A 1900 metros de altura. Unas horas de coche y el último tramo en un tren cremallera. Es la única forma motorizada de llegar allí. Cada año, al principiar el curso, tienen la costumbre de ir a ofrecerlo a la madre a un Santuario. Este año ha tocado Nuria.
En el siglo VII un ermitaño, San Gil, buscó ese lugar para vivir en soledad. De un tronco hizo una imagen de la Virgen, y fundiendo metal una campana para llamar a los pastores del lugar y una olla para darles algo de comer. A la olla se le ha unido la tradición de que , las mujeres que tienen dificultades para concebir un hijo, si meten la cabeza en esa olla y tocan la campana, serán madres. Y así siguen subiendo peregrinas, y muchas dicen que han obtenido esa gracia. Hoy estaba una de esas madres con su bebé, enseñándoselo a María.
Han vuelto cansados , pero felices. Han rezado por la salud del hijo de una amiga, han rezado por todos sus conocidos...y han disfrutado de un sol magnífico en un lugar fantástico. Mañana seguirán la vida con fuerzas renovadas. 

miércoles, 6 de octubre de 2010

EL ANACORETA SALE A REZAR...


El Anacoreta y su joven seguidor descansaban en casa. Se levantó el anciano y dijo:
- Vamos a rezar.
El joven se dirigía hacia el pequeño oratorio, cuando vio sorprendido, que el Anacoreta se dirigía a la puerta. Pensó que irían a la parroquia, pero a aquellas horas solía estar cerrada.
Ya en la calle, en vez de dirigirse al templo, el anacoreta fue hasta la parada del metro. Bajo las escaleras y esperó en el andén al convoy. Hizo el trayecto hasta el final y, sin subir a la superficie, tomó el metro de vuelta.  Todo el rato el Anacoreta guardó silencio.
Ya en casa, el anciano sonrió pícaramente al joven y dijo:
- Ya hemos rezado.
La cara del seguidor era un auténtico poema. El Anacoreta lo hizo sentar y le explicó.
- Hemos encerrado a Dios en las iglesias...Cuando era joven, había maestros espirituales que llamaban al Jesús del sagrario, el Divino Prisionero. ¡Menudo disparate! Ciertamente Dios está en la Eucaristía. La iglesia es un rincón de paz adecuado para rezar, pero Dios no está en ningún modo prisionero. Pablo lo dijo claramente a los atenienses: "En Él estamos, nos movemos, somos...".
Miró sonriendo al joven y prosiguió:
- Cuando decimos, vamos a rezar, nos dirigimos a la iglesia, o a aquel rincón especial que tenemos en casa para la plegaria...No se nos ocurre como hoy, irnos a rezar al metro. O podríamos ir a rezar al hospital o al campo o a una plaza...Mientras íbamos en el metro, contemplando a aquellas personas, rezaba por todas ellas. Imaginaba las mil necesidades que tenían... Agradecía los mil dones que reciben cada día sin ser conscientes de ello...
Se detuvo un momento antes de seguir:
- ¿Te imaginas la cantidad de cosas que nos pueden llevar a  rezar en un hospital? ¿La cantidad de alabanzas que nos puede suscitar el campo, un atardecer, un paisaje...¿Por qué nos empeñamos en encerrar a Dios en las iglesias?
Miró a su joven seguidor y concluyó:
- No lo dudes. Todo puede ser oración si sabemos ver a Dios en todo, si lo sentimos envolviéndonos, llenándonos, presente en todas las cosas...Pero sin olvidar su presencia en la iglesia, claro...

martes, 5 de octubre de 2010

¡GRACIAS!


Hoy en la liturgia es miércoles de Témporas. Supongo que es algo, que salvo para los que han ido a misa o rezado el Oficio, pasa desapercibido a la mayoría de los cristianos. Es más, a muchos no les debe decir nada este nombre. Antes se celebraban cuatro témporas. Una al final de cada estación. Eran unos días de oración y de acción de gracias. Hoy se ha reducido a uno sólo: el que marca el final de las cosechas y que ya los romanos celebraban para ofrecer a los dioses las primicias. José María Castillo, en el comentario que hace a la liturgia de hoy, indica que, en la actualidad, hemos cambiado las témporas por ese sin fin de días Universales de casi todo. Yo creo que es algo distinto. Los días universales tienen un tono reivindicativo, que en ningún caso tienen las Témporas. El objetivo fundamental de las Témporas es agradecer.
La verdad es, que nos cuesta dar las gracias. Id al supermercado, a una taquilla cualquiera, a un transporte público, veréis que, aunque haya motivo, muy pocas veces la gente da las gracias. Todo lo más, una especie de gruñido, que con gran alarde de imaginación podemos traducir por gracias.
Y no digamos de la oración, que es lo que nos ocupa. Cuando truena nos acordamos de santa Bárbara. Cuando deja de tronar, cerramos el paraguas y no nos acordamos de nadie. El pitufo gruñón, que todos llevamos dentro, nos dice, que no están los tiempos para agradecer nada. Sin embargo desde el hecho de abrir los ojos cada mañana y ver que estamos vivos, al de cerrarlos por la noche para descansar, todo son motivos de agradecimiento. El sol, la luz, las nubes, el agua con que me lavo, el desayuno que puedo tomar, el trabajo que tengo, los amigos......La lista es inacabable. 
Nos ocurre, que nos parece, que dar las gracias es rebajarnos. Nos gusta ser autosuficientes. Agradecer significa reconocer que dependemos de los demás, que dependemos de Dios. Sin embargo esa es la manera de entender la fraternidad, la solidaridad y la felicidad.
Por eso ayer tuve una gran alegría, cuando por la noche, mientras hacía un rato de oración, una amiga me mandó un mensaje dándome las gracias. Gracias que transmití a Dios, porque yo no había hecho nada.
Todos los días del años deberían ser Témporas, día de dar las gracias. Por lo menos, hagámoslo hoy. 

lunes, 4 de octubre de 2010

EL HOMBRE SIN BARRERAS


El hombre sin barreras. Así podríamos denominar a Francisco de Asís, cuya festividad celebramos hoy. Su personalidad es tan profunda, que, con mucho, ha sido el santo más estudiado. Sin embargo tenemos de él una figura excesivamente edulcorada, rodeado de flores y pajarillos. Pero Francisco, en sus 44 años de vida, luchó con todas sus fuerzas para ser un evangelio viviente. Y su dulzura fue alcanzada tras muchas dificultades y problemas. Aquel joven burgués, hijo de una comerciante de telas, tenía ante sí un futuro de bienestar. La cárcel, tras la guerra contra Perusa, y la convalescencia de una enfermedad, cambiaron su vida. Francisco encontró el verdadero sentido a su vida: servir a Dios. Y lo encontró en la esencia del Evangelio: el Amor. Un amor que le hizo ver que todos en la creación somos hermanos. Un amor por el que lo dejó todo. Un amor que hizo que otras personas se juntaran a él para seguir su ejemplo. Un amor que hizo que Clara le siguiera y con ella otras muchachas.
La vida de Francisco nos muestra que en este mundo no debe haber barreras. Marchó a oriente, no para luchar contra el islam, sino para llevar la paz. Y los musulmanes lo respetaron. Los cristianos no le hicieron caso. Pasó sus últimos años, casi ciego, en profunda crisis, porque sus hijos no seguían sus pisadas. Y en esos momentos de dolor, escribió uno de los textos más bellos (y desgraciadamente más desconocidos) de la literatura religiosa: "La perfecta alegría..."
Francisco nos enseña a tener nuestros brazos abiertos a todo el mundo. A no hacer discriminaciones ni diferencias. A perdonar siempre. A un superior de su orden le escribía: "Que no haya en el mundo un hermano que habiendo pecado todo lo que pudiera pecar, se aleje jamás de ti, después de haber visto tus ojos, sin tu misericordia, si es que busca misericordia. Y, si no buscara misericordia, pregúntale tú si la quiere. Y si mil veces volviere a pecar ante tus ojos, ámale más que a mí." 
Francisco en la ermita de San Damián escuchó del famoso Cristo estas palabras: "Francisco, ¿no ves que mi iglesia se derrumba? Anda, pues y repárala". En un principio creyó que se trataba de la ermita y así lo hizo. Pero Jesús le hablaba de "reparar la Iglesia". Creo que hoy siguen sonando estas palabras y la Iglesia necesita Franciscos que la sepan reparar, que vuelvan a llenarla de amor, de paz, de fraternidad, de perdón...De todas las cosas que Francisco supo repartir a manos llenas... 

domingo, 3 de octubre de 2010

CREER ES VIVIR

En aquel tiempo, los apóstoles le pidieron al Señor:
- Auméntanos la fe.
El Señor contestó:
- Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: "Arráncate de raíz y plántate en el mar." Y os obedecería.
Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice:
"En seguida, ven y ponte a la mesa"? ¿No le diréis:
"Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú"?
¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid:
"Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer."

Jesús ya les había dicho a los apóstoles que no tenían Fe. Quizá por eso aquel día le pidieron que se la aumentase. Jesús, muy finamente volvió a decirles que tenían muy poquita Fe, poniéndoles el ejemplo de lo que lograrían hacer si la tuvieran como un granito de mostaza. Vamos, que aquellos apóstoles, tan preocupados por el cargo y el puesto que ocuparían en el Reino, ya se veían ministros de obras públicas cambiando montañas y árboles de sitio. Pero Jesús relaciona dos cosas aparentemente inconexas. La Fe y la Humildad. La mostaza es un condimento, que en pequeñas cantidades transforma el gusto de los platos. Y no se va pavoneando por ahí de que es la mejor. Simplemente cumple con su deber.
Ante este texto corremos el riesgo de pensar que con la Fe podemos hacer cosas extraordinarias. Podemos ligar erróneamente Fe a pedir..."Tengo poca Fe, porque Dios no me escucha..." ¿Os imagináis lo que ocurriría si se tuviese que cumplir lo que deseamos, todo lo que pedimos, porque tenemos mucha Fe? ¿Si tú y yo pedimos cosas contrarias con mucha Fe, a quién haría caso Dios? Sería cómico, sino fuese terrible, el espectáculo que han dado los ejércitos, pidiendo a Dios cada uno de ellos, antes de la batalla, la victoria.
La Fe no sirve para pedir, sino para vivir. En la primera lectura nos lo dice el profeta Habacuc: "El justo vivirá porque ha creído". Pablo lo entendió muy bien y decía: "El justo vive por la Fe". La Fe se ha de traducir en nuestra vida. Y no a lo grande, haciendo grandes concentraciones, encuentros, congresos (que también hay que hacerlos), pero sobre todo en el día a día, como ese poquito de mostaza que pone el cocinero en su olla. Es esa Fe diaria, esa oración callada, ese trabajo cotidiano, el que puede traer la Paz al mundo, la Justicia, la Solidaridad. ¡Y esto si que es mover montañas! Porque, y esto es lo segundo que nos dice el evangelio de hoy, la Fe es humilde. Por creer en nuestra vida no vamos a recibir un trato especial, al fin y al cabo no hacemos sino cumplir con nuestro deber de cristianos. No creería en las Jornadas de Oración por la Paz, sino conociera la labor diaria, humilde y sencilla de los miembros de San Egidio, que hay detrás de este evento. Porque la Fe no es obra nuestra, es un don de Dios. Es ese Pan y esa Palabra que dan fuerza a nuestra vida.
Nos quejamos constantemente de la falta de Fe en nuestra sociedad, de su laicismo...Pues procuremos ser ese pequeño granito de mostaza en medio de la olla agnóstica y la transformaremos. Y eso, porque es nuestro deber. Porque eso es lo que debe ser un cristiano: levadura, lucecita, grano de mostaza...

sábado, 2 de octubre de 2010

MÚSICA DEL SÁBADO: CANCIÓN POR LA PAZ

Mañana empiezan en Barcelona las jornadas por la Paz organizadas por la Comunidad de San Egidio. Son unas jornadas de oración y diálogo interconfesional. Las primeras se realizaron en Asís, ya que Francisco es un estandarte de paz. Entonces yo estaba en Togoville. Fue un Amegah, sacerdote de Nyigblé de aquel poblado, como representante de las religiones africanas.
Aquí os dejo este sencillo canto a la paz.

viernes, 1 de octubre de 2010

AL CAER DE LA TARDE...


Hoy es el Día Internacional de las Personas Mayores, Tercera Edad, Ancianos...Tanto da el nombre que empleemos. Es el día de aquellos en que el final del viaje está ya cercano. Porque la vida no es sino un viaje, y lo que llamamos muerte, una estación más en el camino al Padre. Agustín lo dijo muy bien: "Señor, nos has hecho para Ti y no descansaremos hasta que descansemos en Ti". Tengo un amigo al que le gusta asustar a las beatas diciendo que el Cielo no existe y que Jesús nunca habló de él. Y es cierto. Jesús siempre hablaba de "ir al Padre". Y Juan Pablo II ya dejó claro que el Cielo no es un "lugar". 
Pero no se trata hoy de hablar de la muerte, sino de la vida. Y nos suele ocurrir al atardecer de ella, que, como los discípulos de Emaús, caminamos decepcionados. Hemos, soñado, hemos luchado...pero la realidad ha sido muy distinta de lo que esperábamos. Por eso es bueno que nos dejemos encontrar por Jesús. Él nos hará ver la auténtica realidad de nuestra vida y veremos que sí se han cumplido nuestros sueños, que todo estaba escrito...Y sobre todo, que Él siempre estuvo junto a nosotros, incluso si no creíamos en Él. Porque Él si cree en nosotros.
Aquí os dejo esta preciosa oración.

 Estamos, Señor, en tu presencia,

quizás, como los de Emaús,
decepcionados, porque ”nosotros
esperábamos”.
Ahora que cae la tarde sobre nuestras vidas,
no permitas, Señor, que nos decepcionemos
de tu amor.
Es verdad que a veces esperamos
un cristianismo sin cruz,
una vida llena de caminos de rosas.
Olvidamos que seguirte a ti
es cargar con la cruz de cada día
y, sin embargo, es siguiéndote
como llegamos a ser felices,
a encontrar la verdadera vida.
¿Sabes, Señor, por qué nos sentimos
decepcionados?
Porque esperamos lo que tú nunca nos
prometiste.
Tu seguimiento no es fácil,
aunque es muy hermoso,
y sabemos que lo hace fácil el amor.
Ahora que vamos de camino,
quédate con nosotros,
dinos que era necesario
el camino de la cruz para llegar a la
resurrección.
Quédate con nosotros,
que vamos decepcionados de tu
amor, como si tú fueses una
“máquina tragaperras”
que nos debe conceder
rápidamente todo, y si no,
nos sentimos decepcionados.
A veces creemos que tú eres la
multinacional
que debe entrar hasta en la concesión
de nuestros egoísmos particulares.
Quédate con nosotros,
que cae la tarde,
y que estalle tu Espíritu en nuestra ceguera
para reconocerte al partir el pan.
(F. Cerro Chaves)