En aquel tiempo, los apóstoles le pidieron al Señor:
- Auméntanos la fe.
El Señor contestó:
- Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: "Arráncate de raíz y plántate en el mar." Y os obedecería.
Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice:
"En seguida, ven y ponte a la mesa"? ¿No le diréis:
"Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú"?
¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid:
"Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer."
Jesús ya les había dicho a los apóstoles que no tenían Fe. Quizá por eso aquel día le pidieron que se la aumentase. Jesús, muy finamente volvió a decirles que tenían muy poquita Fe, poniéndoles el ejemplo de lo que lograrían hacer si la tuvieran como un granito de mostaza. Vamos, que aquellos apóstoles, tan preocupados por el cargo y el puesto que ocuparían en el Reino, ya se veían ministros de obras públicas cambiando montañas y árboles de sitio. Pero Jesús relaciona dos cosas aparentemente inconexas. La Fe y la Humildad. La mostaza es un condimento, que en pequeñas cantidades transforma el gusto de los platos. Y no se va pavoneando por ahí de que es la mejor. Simplemente cumple con su deber.
Ante este texto corremos el riesgo de pensar que con la Fe podemos hacer cosas extraordinarias. Podemos ligar erróneamente Fe a pedir..."Tengo poca Fe, porque Dios no me escucha..." ¿Os imagináis lo que ocurriría si se tuviese que cumplir lo que deseamos, todo lo que pedimos, porque tenemos mucha Fe? ¿Si tú y yo pedimos cosas contrarias con mucha Fe, a quién haría caso Dios? Sería cómico, sino fuese terrible, el espectáculo que han dado los ejércitos, pidiendo a Dios cada uno de ellos, antes de la batalla, la victoria.
La Fe no sirve para pedir, sino para vivir. En la primera lectura nos lo dice el profeta Habacuc: "El justo vivirá porque ha creído". Pablo lo entendió muy bien y decía: "El justo vive por la Fe". La Fe se ha de traducir en nuestra vida. Y no a lo grande, haciendo grandes concentraciones, encuentros, congresos (que también hay que hacerlos), pero sobre todo en el día a día, como ese poquito de mostaza que pone el cocinero en su olla. Es esa Fe diaria, esa oración callada, ese trabajo cotidiano, el que puede traer la Paz al mundo, la Justicia, la Solidaridad. ¡Y esto si que es mover montañas! Porque, y esto es lo segundo que nos dice el evangelio de hoy, la Fe es humilde. Por creer en nuestra vida no vamos a recibir un trato especial, al fin y al cabo no hacemos sino cumplir con nuestro deber de cristianos. No creería en las Jornadas de Oración por la Paz, sino conociera la labor diaria, humilde y sencilla de los miembros de San Egidio, que hay detrás de este evento. Porque la Fe no es obra nuestra, es un don de Dios. Es ese Pan y esa Palabra que dan fuerza a nuestra vida.
Nos quejamos constantemente de la falta de Fe en nuestra sociedad, de su laicismo...Pues procuremos ser ese pequeño granito de mostaza en medio de la olla agnóstica y la transformaremos. Y eso, porque es nuestro deber. Porque eso es lo que debe ser un cristiano: levadura, lucecita, grano de mostaza...