"¡Ay de vosotros, juristas, que os habéis quedado con la llave del conocimiento de Dios! Vosotros no habéis entrado y habéis cerrado el paso a los que intentan entrar."(Lc 11, 52)
Esto se lo dijo Jesús a los maestros de la Ley. Los encargados de guiar a las personas hacia Dios en tiempos de Jesús. Lo atacaban y perseguían, porque no aceptaban el Dios que Él predicaba. Todos tenemos una imagen de Dios. Ni falta hace decir, que todas ellas están distorsionadas por nuestra formación, nuestro carácter, lo que hemos vivido...Entre el Dios terrible, ese ojo que todo lo ve y todo lo juzga, que recibimos en nuestra infancia ( los que ya andamos por los 60 y más), al vejete bondadoso con un triángulo en la cabeza, que vemos en las caricaturas que hoy se dibujan, existe toda una gama de imágenes de Dios. Pero la realidad es, que a Dios no lo ha visto nadie y, por lo tanto, todas las imágenes que podamos hacer de Él son falsas. ¿Cuál es pues la imagen de Dios?. Pues, la que nos muestra Jesús en el evangelio:
Un Dios Padre. Un Dios que es Amor. Un Dios que no quiere la hipocresía, sino la sinceridad. Un Dios al que llegan con más facilidad los "pequeños". Un Dios que está al lado del pobre, del huérfano y de la viuda. Un Dios para el que ya no hay razas ni naciones. Un Dios que deja las 99 para ir en busca de la perdida. Un Dios que espera al hijo malo con los brazos abiertos. Un Dios que siempre perdona, un Dios que se encarna para sufrir con los hombres...
Sin embargo parece que hoy también queremos quedarnos con la llave que lleva a Dios y ni entramos, ni dejamos entrar. Encerramos a Dios en textos oficiales y espantamos al que quiere encontrarlo con buena voluntad. Queremos que todos acepten "nuestra imagen de Dios". Y, cualquier imagen que fabriquemos de Él, por muy erudita que parezca, por muy llena de ortoxia que esté, no dejará de ser una caricatura, como el vejete del triángulo.
Aproximarse a Dios es amarlo. Y Él nos dijo que la manera de amarle, era amando al prójimo. Si permitimos el sufrimiento y la injustícia a nuestro alrededor, estamos muy lejos de amar a Dios. Porque el pequeño, el sufriente, el perseguido, el abandonado...es precisamente la imagen que nosotros podemos tener de Dios.




