jueves, 28 de octubre de 2010

ELOGIO DE LA PACIENCIA


Otra virtud que se encuentra en horas bajas...Hace unos días se me pusieron los pelos de punta al ver atravesar a dos personas ancianas que conozco, una calle con mucho tráfico con el semáfaro en rojo para no perder un autobús, que pasa cada cuarto de hora. Ayer los jefes de los sindicatos anunciaban nuevas medidas de fuerza, porque el gobierno reformado hace una semana, no hacía nada para solucionar la crisis...Y si somos sinceros, todos nos ponemos nerviosos cuando tenemos que esperar y exigimos que nuestros deseos se cumplan al instante. No sabemos esperar...y nos perdemos, quizá, mucho más de lo que creemos con nuestras prisas.
Ayer, observando el peinado de una africana, alguien comentaba la pérdida de tiempo que suponía hacerse uno de esos peinados. Dejando de lado, que aquí también las señoras se tiran un montón de tiempo en la peluquería, de lo que se trata es de que allí existe una idea diferente del tiempo. Allí el tiempo es más pausado. Quizá porque hay menos cosas que hacer. Pero lo que es seguro  es que así se puede saborear más la vida.
En nuestra sociedad nos hace falta paciencia. Que no significa dejar pasar el tiempo o no hacer nada, sino saber aprovechar con calma esos momentos que nos deparan las circunstancias y que percibimos como pérdidas de tiempo. Ese autobús perdido puede significar un rato para descansar. Esas, a veces horas, en la sala de espera de un hospital, pueden ser un estupendo momento de lectura. Y lo digo por experiencia debido a mi trabajo. Esa enfermedad que nos deja fuera de combate unos días, nos deja ese tiempo para reflexionar, para hacer alguna cosa tranquila en casa, que el ritmo habitual de nuestra vida no nos deja realizar.
Nos cuesta rezar, porque no tenemos paciencia. Querríamos que la oración fuese una máquina expendedora. Pedimos y obtenemos. Nos sentamos ante el sagrario o el icono y ya queremos tener hecho el silencio en nuestra mente. Y no...Porque la oración requiere paciencia. Es más, la paciencia es la mejor oración. Y eso no lo digo yo. Parece ser que lo dijo Buda...

miércoles, 27 de octubre de 2010

LO QUE SE SIENTE AL LEVANTARSE...

Ayer ya sabía que hoy tendría un día de silencio forzoso y me preguntaba: ¿Qué sentiré al levantarme? Incluso pensé que trasladaría también este silencio al blog y hoy no escribiría. Pero precisamente lo que he sentido al levantarme es, que podemos comunicarnos de muchas otras maneras además de la voz. Que las palabras las podemos poner por escrito o transcribirlas en gestos, sonrisas y caricias...Y sobre todo, que tenemos el gozo de recibir un día más en nuestra vida para llenarlo de amor y de belleza, aunque no podamos hablar.
Aquí os dejo este vídeo que nos habla de lo que puede darnos cada mañana....



A qué saben los besos que no se dieron

Oraciones frustradas
Delirios aventureros
Los resquicios de una noche mal soñada
Los viajes a través de un agujero


A qué huelen los perfumes no entregados
Lágrimas nunca vertidas
Los suspiros abortados
Las miradas por encima de la línea
Las ausencias que acompañan el costado


A qué suenan insultos difuminados
Tardes de mal encarado
Y halagos poco sinceros
A qué viene sentir más de lo que tienes
Si ruedan los sentimientos por el suelo.


Pero hay un olor que siento en la mañana
Que ni incienso ni de flores ni de camas
Es Aliento que me viene desde arriba,
Donde vuelan los aviones
Donde miran las cornisas


Vida, a qué sabes Vida…a qué hueles?
Vida, a qué suenas Vida…a qué hueles?…


A qué sabe estar tejiendo en la mañana
Mantras nuevos para el día
Música de la jornada
Ritmos cadenciosos que se resistían
A animar la cosas que no valen nada


A qué suena tirar lo que no se encuentra
Perder lo que no regresa
No entrar a lo que te espera
Sostener a pulso lo que más nos pesa
No aclarar las cosas que nos interesan


A qué huelen las manos que no se tocan
Curvas que no se afrontan
Pasillos que te ahorcan
Aire rancio que anestesia la mañana
Asiento dolido en “así son las cosas”


Pero hay un olor que siento en la mañana
Que ni incienso, ni de flores, ni de camas,
Es Aliento que me viene desde arriba,
Donde vuelan los aviones
Donde miran las cornisas


Vida, a qué sabes Vida…a qué hueles?
Vida, a qué suenas Vida…a qué hueles?…


Y es que hay un olor que siento en la mañana
Que ni incienso, ni de flores, ni de camas,
Es Aliento que me viene desde arriba,
Donde vuelan los aviones,
Donde miran las cornisas
Donde solo respirando me da risa…
Donde solo respirando me da risa…
Donde solo respirando me da risa…

martes, 26 de octubre de 2010

LA SEMILLA MÁS PEQUEÑA...


No lo podemos evitar. Nos va lo grande. Los organizadores de eventos engordan siempre las cifras de los asistentes. La tele y la radio están siempre pendientes de las cuotas de audiencia. La iglesia tampoco se libra de ello. Grandes concentraciones juveniles que luego no se traducen en nada en la vida diaria. Viajes papales que sirven para todo, menos para que haya un contacto real con el pueblo, un estudio de las necesidades de las iglesias locales, un diálogo fraterno...Mediremos su éxito por el índice de participación. No importará que, después, la vida  espiritual siga igual. Olvidamos, como casi siempre, lo que Él nos dijo:
- ¿A quién se parece el Reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Se parece a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; crece, se hace un arbusto y los pájaros anidan en sus ramas.
No nos resignamos a sembrar la pequeña semilla. Queremos hacerlo a lo grande. Luego nos extrañamos de que todo nuestro gran montaje se derrumba, se seca, desaparece en poco tiempo.
Este texto de Pedro Trigo creo que nos ayudará a reflexionar:

 Ahora, Padre, sabemos que tu Hijo Jesús nos enseñó que la semilla más pequeña es la que da mayor fruto:

Tú escoges lo más pequeño para que de ello brote la vida y la salvación.
Jesús hablaba de sí y de sus discípulos,
de los de entonces y para los de todos los tiempos.
Tu Hijo Jesús fue en verdad la semilla más pequeña:
Tú la sembraste en el vientre de tu humilde esclava
y de ella brotó la salvación del mundo.
Esta es, Padre, tu lógica, y por eso son los pobres y los que se hacen más pequeños, los que,
siguiendo a tu Hijo, dan fruto que permanece;
lo demás -el poder y la gloria y el prestigio-
no son dones tuyos, sino del Príncipe de este mundo.
Cuando tu Iglesia pretende estos frutos para sí,
se hace incapaz de dar vida
y, como los demás poderes del mundo,
vive de la vida que exige a sus fieles,
a los que ve como súbditos,
en vez de ser su servidora.
Padre nuestro, haznos entrar en tu lógica:
que comprendamos que Jesús nos enriqueció con su pobreza; que comprendamos que quienes se hacen bienhechores y se creen que lo son, son en realidad opresores.
Que oigamos, Padre, a Jesús que nos dice:
"Vosotros, nada de eso...".
Lo nuestro es ser servidores como él lo fue.
Que pueda decir el Espíritu a todas las Iglesias
lo que dijo a la de Esmirna: "Conozco tus apuros y tu pobreza, y, sin embargo, eres rica";
que no tenga que decirnos lo que dijo a la Iglesia de Laodicea, tan poderosa y segura de sí: "Aunque no lo sepas, eres desventurada y miserable y estás ciega y desnuda".
Hoy somos testigos, Padre, de que aquello que el mundo llama "débil",
Tú lo escoges para que fortalezca nuestra fe
y para sembrar, en ello, la dignidad y el respeto.
Hoy y siempre, Padre, siembras en el mundo la semilla más pequeña. Y, en ella, te complace poner tu poder de germinar. Gracias, Padre, porque te ha parecido bien hacerlo así. Concédenos hacernos tan pequeños como los niños para dar lugar, para convivir, para colaborar, para, de este modo, entrar en tu Reino.
(Pedro Trigo)

lunes, 25 de octubre de 2010

EL ANACORETA Y LA PUERTA ESTRECHA


Ayer, meditando sobre el evangelio, en el error de creernos más que los demás porque hacemos más que ellos, recordé este texto que escribí hace unos dos años o más. El Anacoreta todavía estaba en el desierto. Aquí os lo dejo:

"Durante todas las Vísperas y la cena , el discípulo no paraba de suspirar. Ya durante las completas, unos gruesos lagrimones se delizaron por sus mejillas.
El Anacoreta, aunque ya era momento de silencio, se dirigió a él y le preguntó:
- ¿Qué te ocurre?
El discípulo, entre sollozos, respondió:
- Llevo todo el día meditando la misma frase del Evangelio: ' Pelead para entrar por la puerta estrecha, porque os digo que muchos lo intentarán y no podrán.' Tengo miedo de no hacer lo suficiente. ¿Y si después de tanta penitencia en el desierto no me salvo?
El Anacoreta lo miró con ternura. Le pasó amorosamente un brazo por la espalda y lo llevó bajo la palmera, apenas teñida de púrpura por las últimas luces del día, que se escapaban por el horizonte.
Luego, con calma, le dijo:
- Métete esto en la cabeza: no valemos por lo que hacemos, sino por lo que somos. Los hombres nos vamos recubriendo de capas, caretas, apariencias, imágenes...Esto es lo que no nos deja pasar por la puerta.
Guardó unrato de silencio y prosiguió:
- ¿Para qué has venido al desierto? Para hacerte uno con Cristo y con los Hombres. Todo lo demás son capas. Las penitencias, los ayunos, el deseo de santidad, el ánimo de dar buen ejemplo...todo eso, si no nos lleba a unirnos a Cristo y a los Hombres, son disfraces que nos engordan. Para pasar por la puerta hay que desprenderse de todo, hasta SER nosotros. Para unirse a Cristo no hay sino que desnudarse de todo lo que hemos ido añadiendo a nuestra persona.
Quedó otra vez en silencio. Luego, acercándose al oído de su discípulo, como si no quisiera que le oyesen las arenas del desierto, le dijo en un susurro:
- Además, Él mismo es la Puerta. Si confías en Él, cuando vayas a pasar se ensanchará...
Marchó el Anacoreta a su cueva y el discípulo quedó reflexionado bajo las estrellas, la cantidad de cosas inútiles que se le habían ido adheriendo a lo largo de la vida.
Cuando la arena empezó a teñirse de violeta por las primeras luces de la aurora, se retiró a su cueva. Quizá fue una ilusión, pero le pareció que la entrada era más ancha..." 

domingo, 24 de octubre de 2010

MATAR AL FARISEO


En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola:
Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior:
- ¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.
El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo:
- ¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.
Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

El domingo pasado Jesús explicaba a sus apóstoles, que la constancia es algo muy importante en la oración. En esta parábola de hoy, que Lucas nos narra después de la de la anciana y el juez corrupto, se dirige a "algunos, que teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás".
Aquí no se trata de quién es el bueno y quién el malo. Está claro que el fariseo era cumplidor, una persona religiosa, intachable. Por el contrario, el publicano era un sinvergüenza, como todos los de su profesión, que estafaban y extorsionaban a la gente humilde al recaudar los impuestos. Aquí se trata de una cuestión de actitudes. El error del fariseo es "creerse" justo y despreciar al otro. La virtud del publicano reside en reconocerse tal cual es, pecador, y verse realmente indigno.
Solemos asociar la figura de este fariseo al cumplidor legalista. A quien cree que lo esencial es cumplir la ley, los preceptos, los ritos. Al que denominaríamos como fundamentalista. Pero, en realidad, todos podemos ser fariseos si nos creemos mejores que los otros. Si este personaje hubiese rezado así: "Te doy gracias Señor, porque no me has hecho como esas personas, legalistas, seguidoras de la letra y no del espíritu. Dedico mi vida a luchar por la justicia, pertenezco a una ONG y en verano paso un mes solidario en el Tercer Mundo...", sería tan fariseo como el anterior. Ninguno de los dos marcharía justificado, porque ninguno de los dos pide la justificación y ambos se creen mejores que los demás.
Podría parecer que el fariseo empieza correctamente la oración: dando gracias. Pero, no da gracias a Dios por lo que ha recibido, sino por lo que es, por lo que cree que ha conseguido con su esfuerzo. No entiende lo que es la gratuidad. Que todo lo ha recibido gratis y gratis debe darlo.
El publicano ni siquiera reza. Ve su miseria ante él y la presenta a Dios. Porque se ve injusto, sale justificado. Pues bien, esa oración: "Perdóname Señor, que soy un pobre pecador", era la oración que repetían constantemente los anacoretas del desierto y la que emplean todavía los monjes de la Iglesia Oriental: la llamada oración de Jesús.
Todos llevamos en nosotros un pequeño o gran fariseo. Mientras ese indivíduo campe a sus anchas por nuestra persona, nuestra oración es pura prepotencia y todo lo que hacemos, cumplir la ley, ayudar al prójimo, es puro egoísmo, fachada. Si cumplimos por amor y si luchamos por un mundo mejor por amor, nunca nos hará creeremos más que los demás, sino que nos veremos tal cual somos, llenos de miserias. Es entonces cuando Él nos abrirá sus brazos y nos recibirá en ellos.
Se trata de matar a ese fariseo que llevamos dentro...para que aflore ese pequeño ser que somos, débil, frágil...pero que es el que Dios ama...
  

sábado, 23 de octubre de 2010

EVANGELIZAR Y LIBERAR

Nuestros misioneros tienen clara esta doble vertiente de su misión: anunciar la Palabra y liberar a los hombres de la esclavitud dela enfermedad, el hambre, la miseria...
Estos dos vídeos son un sencillo ejemplo de ello. Por un lado vemos la inculturación que realizan incorporando su ideosincracia en la oración, y su lucha diaria en pro de la liberación de esas gentes.




viernes, 22 de octubre de 2010

LA MUJER MISIONERA


El próximo domingo celebraremos el Domingo Mundial de las Misiones. Os dejo un artículo del Hno. Bill Firman. para que todos juntos reflexionemos.

Hno, Bill Firman - Jueves 21 de Octubre del 2010

En un informe sobre desarrollo basado en una investigación llevada a cabo en 2009 y recientemente publicado por la Comisión Europea, descubrí las siguientes estadísticas estremecedoras:
Los indicadores en Sur-Sudán se encuentran entre los más bajos del mundo: más del 90% de la población vive con menos de 1$ al día. Una de cada seis mujeres embarazadas morirá y uno de cada seis niños muere antes de cumplir un año de vida. La mortalidad entre los menores de 5 años se mantiene también alta con 135 muertes de cada 1000 nacidos vivos, a pesar de haberse reducido significativamente desde los 250 en 2001… Tan solo el 27% de las niñas en Sur-Sudán van a la escuela y una chica de 15 años tiene más posibilidades de morir durante el parto que de completar sus estudios… A nivel nacional, los niveles de alfabetización de adultos son del 71% para los hombres y del 52% para las mujeres. Sólo el 8% de las mujeres adultas en el sur saben leer y escribir.
Sin lugar a dudas, es difícil encontrar candidatas para nuestro Instituto Católico de Salud donde estuve la semana pasada. Las chicas en Sudán han tenido muy pocas oportunidades de educación. En muchos países, la mayoría de las enfermeras son mujeres. Sospecho que ahora habrá más enfermeros en los países del primer mundo que en el pasado pero de los 17 estudiantes de enfermería en nuestro Instituto Católico de Salud, hay cinco mujeres y doce hombres. Nos gustaría poder contar con más mujeres.
El Instituto Católico de Salud en Wau, dirigido por Solidaridad con Sur-Sudán (SSS), es el único lugar en Sur-Sudán donde se lleva a cabo un programa reconocido de estudios de enfermería. Cuando la Hermana (Dr.) Alphonse se una a nuestro equipo dentro de unos días, tendremos seis religiosas en nuestra comunidad de Wau –tres doctores y tres enfermeras- todo mujeres. Es ciertamente alentador ver el trabajo que están haciendo al preparar a los futuros profesionales de la salud de este país.
La Hna. Cathy y yo nos reunimos hace poco con otro grupo de mujeres comprometidas de Boston que pertenecen a una organización llamada “Cuidadoras de mis Hermanas” (del título original en inglés de la película “La decisión de Anne”). Ellas se describen a sí mismas en los términos siguientes:
“Somos un colectivo de mujeres multi-racial y de inspiración creyente que unimos nuestros contactos y recursos para buscar con alegría el bien de otras mujeres en todo el mundo –y especialmente en Sudán… Somos catalizadoras del cambio. Empleamos nuestro “poder de hermanas” para lograr justicia social, política y económica para todas las mujeres y niñas”.
En nuestra conversación, estuvimos estudiando la posibilidad de formar a los profesores de una escuela para niñas que estas mujeres han establecido en Akon, en el estado de Warrap, Sur-Sudán. Esta semana, bajo el lema “Hermandad por la Paz”, están llevando a cabo una “Conferencia de Paz Sostenible” para mujeres aquí en Juba. Realmente existe la necesidad de que alguien sea “el catalizador del cambio” en Sur-Sudán. Nosotros también tenemos esa meta en nuestros programas de educación y formación en la salud de SSS. Afortunadamente, el mundo ha cambiado mucho desde que S. Basilio hizo su condescendiente comentario en el siglo IV: “Pronto servicio, de acuerdo a nuestras posibilidades, también en las cosas pequeñas e incluso si es llevado a cabo por mujeres, es lo aceptable para Dios”.
Por supuesto, mujeres inteligentes, seguras de sí mismas y dotadas de buen humor, como Charlotte Whitton, han sido siempre capaces de hacerse valer. Ella dijo en una ocasión: “Cualquier cosa que hagan las mujeres, han de hacerla el doble de bien que los hombres para ser consideradas la mitad de buenas. Afortunadamente, eso no es difícil”.
El libro de los Proverbios dice: “Los labios de la persona sabia traen sanación”. Sanación es lo que este país necesita. En ocasiones es lo que todos necesitamos. Sur-Sudán necesita mejores enfermeras, mejores maestros, mejores sanadores. Eso es lo que estamos tratando de conseguir y en lo que se refiere a sanar y confortar son las mujeres quienes habitualmente lideran el camino.

(Trad. Paula Merelo Romojaro)