sábado, 12 de febrero de 2022

PAN PARA TODOS




 Uno de aquellos días, como había mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: "Me da lástima de esta gente; llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y, si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino. Además, algunos han venido desde lejos." Le replicaron sus discípulos: "¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para que se queden satisfechos?" Él les preguntó: "¿Cuántos panes tenéis?" Ellos contestaron: "Siete." Mandó que la gente se sentara en el suelo, tomó los siete panes, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos cuantos peces; Jesús los bendijo, y mandó que los sirvieran también. La gente comió hasta quedar satisfecha, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil. Jesús los despidió, luego se embarcó con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

"La comunidad de Marcos presenta el segundo relato de la multiplicación de los panes en la que señala dos realidades fundamentales en el anuncio del Reino: la compasión que brota de las entrañas y la auténtica solidaridad. Jesús se compadece ante las necesidades de la humanidad e interpela a cada bautizado a practicar una auténtica solidaridad basada en la justicia, no de manera asistencialista sino abogando por crear estructuras que garanticen el bien común de todos. Por esta razón la Eucaristía se convierte en un signo profético que desenmascara las realidades de pecado que generan muerte: el hambre, la falta de tierra, la carencia de servicios básicos, salarios injustos, y situaciones de sufrimiento de tantos hombres y mujeres expuestos a vivir en condiciones infrahumanas. Asumir los valores del Reino implica ser misioneros en salida, al estilo de Jesús, que pasó por esta tierra haciendo el bien y fomentando relaciones más humanas y fraternas. De ahí surge el interrogante: ¿De qué manera me dejo interpelar por el clamor de los pobres?" (Koinonía)

viernes, 11 de febrero de 2022

ESCUCHAR EL CLAMOR DEL SUFRIMIENTO

 


En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: "Effetá", esto es: "Ábrete". Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: "Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos."


"En el evangelio de hoy, Jesús cura a un sordomudo simbolizando a quienes se cierran al proyecto de Dios, haciéndose sordos para no escucharlo y mudos para no anunciarlo. Jesús sabe que no es suficiente con la imposición de manos; llevándolo aparte, necesita tocar lo atrofiado. Es necesaria la toma de distancia de la comodidad, de la indiferencia, para escuchar la voz de Dios y anunciar esas buenas noticias de liberación. La indiferencia y el silencio de muchos frente a estructuras de muerte son mayores que los esfuerzos de quienes alzan su voz contra las injusticias. El mismo Jesús que «hizo oír a los sordos y hablar a los mudos». hoy reclama el silencio de muchos cristianos y la poca capacidad que tienen de involucrarse en compromisos comunitarios transformadores. Como creyentes no podemos caer en la cultura de la exclusión. Como Jesús, debemos salir al encuentro de quienes necesitan ser liberados. ¿Escuchamos la voz de Dios en el clamor de los empobrecidos? ¿Qué acciones concretas acompañan nuestra respuesta a Dios? ." (Koinonía)

jueves, 10 de febrero de 2022

JESÚS ROMPE FRONTERAS




En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Se alojó en una casa, procurando pasar desapercibido, pero no lo consiguió; una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era griega, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija. Él le dijo: "Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perros el pan de los hijos." Pero ella replicó: "Tienes razón, Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños." Él le contestó: "Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija." Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.

"En el evangelio vemos que Jesús rompe fronteras culturales y religiosas, quedando de manifiesto que la acción misionera del Reino de Dios es para todos y no para unos cuantos. Marcos nos presenta a una madre desesperada, capaz de hacer todo por su hija. En nuestros días, en los barrios pobres, los niños y los perritos viven juntos en la lucha por sobrevivir. Esta mujer cananea, a pesar de la barrera judía que le plantea Jesús, no se detiene ante su demanda y piensa: “Si soy perrito, tengo el derecho de los perritos, entonces las migajas me pertenecen”. Jesús, sorprendido, atiende a la súplica de esta madre, reconoce que Reino de Dios es para quienes claman por la vida y se oponen a toda injusticia. Recordemos aquel pensamiento que Monseñor Romero parafrasea de San Ireneo: “la gloria de Dios es que el pobre viva”. ¿Qué estamos haciendo para que el proyecto del Reino de Dios se traduzca en acciones de vida a favor de los empobrecidos de nuestra comunidad? ." (Koinonía)

miércoles, 9 de febrero de 2022

LA VERDAD ESTÁ EN EL INTERIOR

 


En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: "Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oír, que oiga."
Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola. El les dijo: "¿Tan torpes sois también vosotros? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón, sino en el vientre, y se echa en la letrina." Con esto declaraba puros todos los alimentos. Y siguió: "Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro."

Jesús sigue insistiendo. Lo exterior no tiene importancia. La verdad se encuentra en nuestro interior. De allí sale lo bueno y lo malo. Jesús enumera trece maldades que pueden salir de nuestro corazón. Los fariseos, como vimos ayer, hacían mil y una prácticas. Cumplían al pie de la letra todas las prescripciones; pero su corazón no era puro. Muchos lo tenían lleno de maldad.
Es una lección que debemos aprender. Debemos cuidar nuestro interior. De ahí la importancia de la meditación, de la interiorización de la Palabra. Porque es así como conseguiremos tener un corazón capaz de amar. Un corazón que rebose de buenas acciones, de entrega, de amor al prójimo.

lunes, 7 de febrero de 2022

EL VERDADERO CAMINO DE DIOS

 


En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.)
Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: "¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?" Él les contestó: "Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos." Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres."
Y añadió: "Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. Moisés dijo: "Honra a tu padre y a tu madre" y "el que maldiga a su padre o a su madre tiene pena de muerte"; en cambio, vosotros decís: Si uno le dice a su padre o a su madre: "Los bienes con que podría ayudarte los ofrezco al templo", ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre, invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os trasmitís; y como éstas hacéis muchas."


Hoy Jesús se muestra muy duro con los escribas y fariseos. Les acusa de reducir la religión al cumplimiento de detalles, ritos, normas y olvidan els verdadero espíritu de la ley. Les acusa de dejar de lado el mandamiento de Dios, el Amor, para mantener tradiciones sin sentido.
Hoy nos diría lo mismo. Dejamos morir a la gente en el mediterráneo; les cerramos nuestras fronteras; les negamos sus derechos...Y seguimos practicando una religión de palabras sin actos concretos, sin amar a nuestro prójimo. Nuestras devociones, si no nos llevan a un Dios presente en los pobres, en los perseguidos, en los hambrientos, en los desahuciados...no tienen ningún sentido. El verdadero camino de Dios es el Amor.

LOS CURABA A TODOS

 


En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos, terminada la travesía, tocaron tierra en Genesaret, y atracaron. Apenas desembarcados, algunos lo reconocieron, y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaban los enfermos en camillas. En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y los que lo tocaban se ponían sanos.

Jesús los curaba a todos. Libraba del mal físico y espiritual a aquel que se le acercaba. Nosotros nos quejamos de nuestros males, de nuestros problemas y olvidamos que la solución está en acercarse a Jesús. Un Jesús que está presente en los otros. Y también olvidamos que nosotros debemos sanar a los demás, acercándonos a ellos, acercando a Jesús a ellos. Hasta que no nos convenzamos de que sólo el Amor y la fraternidad pueden liberar a nuestra sociedad, seguiremos rodeados de mal, injusticias, guerras...

domingo, 6 de febrero de 2022

REMAR MAR ADENTRO

 


En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes.
Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: "Rema mar adentro, y echad las redes para pescar."
Simón contestó: "Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes."
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: "Apártate de mí, Señor, que soy un pecador."
Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Jesús dijo a Simón: "No temas; desde ahora serás pescador de hombres."
Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.


"En el evangelio de hoy nos encontramos con un diálogo entre Jesús y Pedro, sencillo y profundo a la vez, diálogo que podríamos hacer nuestro en medio de las aguas tempestuosas de este mundo mientras nos esforzamos en nadar contra corriente. Pedro, por el oficio, era el experto en lugares y horas precisas para pescar. Sabía que en la noche y con las aguas tranquilas se pesca mejor, eso había estado haciendo toda la noche ¡y no habían cogido ni un pececito! Pero llega Jesús que sin ser pescador le dice sencillamente, que eche las redes para pescar...
Pedro, el experto, pudo haber dicho que no, que no era ni la hora ni el lugar para pescar y todo hubiera quedado ahí. Pero no, calla su experiencia y sabiduría (“hemos pasado toda la noche bregando”); reconoce su fracaso y desilusión (“no hemos cogido nada”), y “en nombre de Jesús echa las redes”. Y ya conocemos el final del relato: ¡una pesca maravillosa! Cuando Jesús le pide a Pedro que “reme mar adentro” lo está invitando a una aventura que lo lleva más allá de las playas cotidianas en busca de un horizonte mucho más amplio. Y Pedro cree en la palabra de Jesús.
Éste es el verdadero milagro: creer cuando todo parece ilógico. La abundante pesca y las redes llenas de peces son sólo la consecuencia de la fe. Todos los relatos de milagros en el evangelio comienzan con la fe o la suscitan, es la condición para ver la acción de Jesús. Cuando no la hay, Jesús simplemente se va a la otra orilla como veremos en las próximas semanas. Si creemos en Jesús entonces se realiza el milagro!
Claro, la cosa no es tan sencilla, se necesita una fe muy grande dada por Dios. Pidamos esa fe para que igual que Pedro, creamos en Jesús, obedezcamos su palabra, rememos mar adentro y echemos las redes para pescar, entonces, veremos otro milagro en nuestras vidas y en nuestra comunidad.
Y es que ser discípulos de Jesús exige confiar en su palabra. La misión a la que Jesús nos quiere enviar es osada y, hoy por hoy, con pocas probabilidades de éxito. Jesús quiere contar con nosotros y nosotras para el proyecto de Reino. Jesús convoca a los Apóstoles para que sean pescadores de personas, por eso toda vocación exige "remar mar adentro" . para abandonar las seguridades de la orilla, tener un horizonte ilimitado asumir responsabilidades y meterse en una gran obra: el servicio al Reinado de Dios, es decir, una utopía de la que serán beneficiaros todos los hombres y mujeres del mundo.
Sin que desmerezca el oficio de los pescadores, lo que le propone Jesús a Pedro es una superación en el oficio que hasta ahora había desempeñado: pescar hombres y mujeres para el Reino es una empresa más noble y difícil que pescar peces, es algo más milagroso que la pesca que acaban de hacer.
Pero algunos llamados a esta nueva labor son también invitados a “dejarlo todo” para seguir a Cristo. Los necesita dedicados a tiempo completo, dedicándole a esta “misión” todas las fuerzas. Pescar hombres y mujeres para el Reino exige renunciar a todo lo demás y asumir a Jesús como única posesión. La misión a la que se llama exige desprenderse por completo, para apegarse totalmente a Jesús. En el relato de hoy se van con Jesús, que vale mucho más que las dos barcas llenas de pescados que les acaba de regalar. Dejan esa abundante pesca que los había admirado tanto porque comprenden que la vocación compromete al ser humano en un trabajo que está por encima de los trabajos humanos ordinarios. La vocación–misión es una invitación a colaborarle a Dios, un trabajo milagroso. Oremos hoy por aquellos que dejándolo todo se han ido tras el Señor." (Koinonía)