viernes, 25 de julio de 2025

LA COPA AMARGA

 


 La madre de los hijos de Zebedeo se acercó con ellos a Jesús, y se arrodilló para pedirle un favor. Jesús le preguntó:
– ¿Qué quieres?
Ella le dijo:
– Manda que estos dos hijos míos se sienten en tu reino uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.
Jesús contestó:
– No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa amarga que voy a beber yo?
Le dijeron:
– Podemos.
Jesús les respondió:
– Vosotros beberéis esa copa de amargura, pero el sentaros a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde a mí darlo. Será para quienes mi Padre lo ha preparado.
Cuando los otros diez discípulos oyeron todo esto, se enojaron con los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo:
– Sabéis que, entre los paganos, los jefes gobiernan con tiranía a sus súbditos y los grandes descargan sobre ellos el peso de su autoridad. Pero entre vosotros no debe ser así. Al contrario, el que entre vosotros quiera ser grande, que sirva a los demás; y el que entre vosotros quiera ser el primero, que sea vuestro esclavo. Porque, del mismo modo, el Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida en pago de la libertad de todos.

La madre de Santiago y Juan pide lo mejor para Santiago y Juan. los demás se enfadan. Y Jesús les da una lección. Lo importante es seguirle. Seguirle en todo. Beber la copa amarga. Entregarse totalmente. Lo otro es secundario.

"Hoy celebramos la fiesta de Santiago Apóstol. Es patrón de España y en muchos pueblos y ciudades de Latinoamérica también está presente su imagen en los altares de sus iglesias. De este apóstol hay dos imágenes que son las que más se repiten. En una se le ve subido a un caballo, espada en mano y liderando a las tropas castellanas contra las fuerzas musulmanas en la batalla de Clavijo. La otra es la del apóstol peregrino. Ya no lleva una espada en la mano ni va a caballo. Se le representa caminando, con el bordón en la mano.
Para ser sincero, me parece que la primera imagen es muy poco evangélica. Es más una construcción de la tradición, de aquellos cristianos que se sentían amenazados por la expansión musulmana, que una realidad. No me puedo imaginar ni a Santiago ni a ninguno de los apóstoles con espada en mano matando a los enemigos. Eso no tiene nada que ver con el Evangelio, con lo que fue el centro de la vida de Jesús. Hay que hacer mucha interpretación del Evangelio para llegar a ver a uno de los apóstoles matando moros, como se le representa en esas imágenes.
Me parece mucho más evangélica, mucho más estimulante para nuestra vida cristiana, la imagen del Santiago peregrino. Ya nos dice mucho el ver al apóstol sin caballo. A pie se está más cerca de las personas, de “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren”, como dice el documento del Concilio Vaticano II Gaudium et Spes. A pie fue como anduvo el mismo Jesús. A pie caminamos con nuestros hermanos y hermanas, los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Y a ellos les servimos tal como dice el Evangelio de hoy en sus frases finales. Porque para servir al reino, a la fraternidad y a la justicia es para lo que estamos. Como Jesús que no vino a ser servido sino a servir."
(Fernando Torres cmf, Ciudad Redonda)

jueves, 24 de julio de 2025

ENTENDER LA PALABRA

 


Los discípulos se acercaron a Jesús, y le preguntaron por qué hablaba a la gente por medio de parábolas. Jesús les contestó: A vosotros, Dios os da a conocer los secretos de su reino; pero a ellos no. Pues al que tiene, se le dará más y tendrá de sobra; pero al que no tiene, hasta lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo por medio de parábolas; porque ellos miran, pero no ven; escuchan, pero no oyen ni entienden. En ellos se cumple lo que dijo el profeta Isaías:
Por mucho que escuchéis, no entenderéis;
por mucho que miréis, no veréis.
Pues la mente de este pueblo está embotada:
son duros de oído
y han cerrado sus ojos,
para no ver ni oir,
para no entender ni volverse a mí
y que yo los sane.
Pero dichosos vosotros, porque tenéis ojos que ven y oídos que oyen. Os aseguro que muchos profetas y gente buena desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; desearon oir lo que vosotros oís, y no lo oyeron.
(Mt 13,10-17)

Para entender a Jesús hay que ser conscientes de que Él está con nosotros. La Palabra está ahí, pero no todos la entienden. Entenderla es un don de Dios. Es una gracia que debemos pedir. 

"Los sentidos nos permiten captar lo que sucede a nuestro alrededor. Pero también es verdad que a veces nos ponemos las gafas de nuestros intereses, nuestros prejuicios, nuestros miedos y terminamos deformando la realidad. Es lo que en el refrán español se expresa diciendo que “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Parece ser que entre los que rodean a Jesús hay muchos de estos, que miran sin ver y escuchan sin oír ni entender”. Porque, para ser sinceros, no es que las parábolas ni los dichos de Jesús sean difíciles de entender. Más bien son historias sencillas que hablan de la bondad del Padre Dios, de la necesaria fraternidad y cuidado que nos debemos unos a otros, del perdón… Las palabras de Jesús están al alcance de todos. Y la gente sencilla las entendía sin problema.
Pero siempre están los que no quieren oír. O más bien solo quieren oír lo que ellos creen que el otro está diciendo, sin atender mucho a lo que dice en realidad. Son los que son duros de oído, los que han cerrado los ojos. Así consiguen no ver ni oír ni, lo que es más importante, entender con el corazón.
Jesús nos hace una llamada a abrir los sentidos para escuchar la realidad en torno nuestro. Porque en ella es Dios mismo el que nos está hablando. Si nos dejamos llevar por nuestros temores y prejuicios, entonces no veremos la realidad tal cual es. El hermano necesitado lo veremos inevitablemente como una amenaza y no como una llamada a construir la fraternidad y el Reino.
Posiblemente antes de mirar y oír, tendríamos que limpiar bien ojos y oídos, desterrar los prejuicios, los miedos, liberarnos de los intereses personales o de grupo, que nos impiden ver más allá de la punta de nuestra nariz, para lanzar la mirada al horizonte y mirar a lo que nos rodean, a los que nos rodean, con los ojos de Jesús y la perspectiva del Reino. Casi seguro que entonces la realidad cobrará otro color y veremos y oiremos cosas que antes ni veíamos ni oíamos. Y lo que veamos nos llegará al corazón y nos hará comportarnos de otra manera.
(Fernando Torres cmf, Ciudad Redonda)

miércoles, 23 de julio de 2025

PERMANECER UNIDOS

 


Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador. Si uno de mis sarmientos no da fruto, lo corta; pero si da fruto, lo poda y lo limpia para que dé más. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado. Seguid unidos a mí como yo sigo unido a vosotros. Un sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no está unido a la vid. De igual manera, vosotros no podéis dar fruto si no permanecéis unidos a mí.
Yo soy la vid y vosotros sois los sarmientos. El que permanece unido a mí y yo unido a él, da mucho fruto; pues sin mí nada podéis hacer. El que no permanece unido a mí será echado fuera, y se secará como los sarmientos que se recogen y se queman en el fuego.
Si permanecéis unidos a mí, y si sois fieles a mis enseñanzas, pedid lo que queráis y se os dará. Mi Padre recibe honor cuando vosotros dais mucho fruto y llegáis así a ser verdaderos discípulos míos.

Si queremos dar fruto debemos permanecer unidos a Jesús. Él es la vid. Vivir recordando su presencia. Saberlo ver en los demás y en los más pobres. Esto hará que demos buenos frutos.

" (...) El texto evangélico de hoy nos recuerda que los sarmientos no darán ningún fruto si están separados de la vida. Traducido en cristiano: que si no estamos unidos a Jesús, que es la vid, es imposible que demos fruto. Si Brígida fue capaz de dar frutos de santidad para la vida del mundo es porque en toda su vida se mantuvo unida a la vid, a Jesús. Ahí encontró la fuerza para hacer todo lo que hizo, para enfrentarse a las dificultades que encontró y para vivir entregada a la oración y al servicio de los pobres. De todo ello fue capaz porque estuvo siempre bien unida a Jesús. Es suficiente para que pensemos un momento donde estamos nosotros."
(Fernando Torres cmf, Ciudad Redonda)

martes, 22 de julio de 2025

LA LLAMÓ POR SU NOMBRE

 


El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, y vio quitada la piedra que tapaba la entrada. Corrió entonces a donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, aquel a quien Jesús quería mucho, y les dijo:

– ¡Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto!


María se quedó fuera, junto al sepulcro, llorando. Y llorando como estaba, se agachó a mirar dentro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y el otro a los pies. Los ángeles le preguntaron:
– Mujer, ¿por qué lloras?
Ella les dijo:
– Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.
Apenas dicho esto, volvió la cara y vio allí a Jesús, aunque no sabía que fuera él. Jesús le preguntó:
– Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?
Ella, pensando que era el que cuidaba el huerto, le dijo:
– Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto, para que yo vaya a buscarlo.
Jesús entonces le dijo:
– ¡María!
Ella se volvió y le respondió en hebreo:
– ¡Rabuni! (que quiere decir “Maestro”).
Jesús le dijo:
– Suéltame, porque todavía no he ido a reunirme con mi Padre. Pero ve y di a mis hermanos que voy a reunirme con el que es mi Padre y vuestro Padre, mi Dios y vuestro Dios.
Entonces fue María Magdalena y contó a los discípulos que había visto al Señor, y también lo que él le había dicho.

María Magdalena llora y no reconoce a Jesús hasta que la llama por su nombre. Nosotros lamentamos la ausencia de Dios. Sin embargo, Él nos llama por nuestro nombre. El problema es que no lo oímos. Estamos rodeados del ruido de mundo. Para escucharlo debemos hacer el silencio. Entrar en nuestro interior. Cuando estemos desanimados, nos sintamos fracasados...hagamos el silencio en nuestro espíritu y lo oiremos a Él. La Paz y la alegría llenaran nuestro ser.
 
"Aquí tenemos a la María Magdalena hecha una campeona. Porque no sólo es una santa que celebramos todos los años en la liturgia en este día. Es que además en el texto evangélico de hoy se nos muestra como la elegida por Jesús resucitado para ir a anunciar a los demás discípulos su resurrección. Vamos que es una santa de categoría.
Un castizo diría, y con mucha razón, que quien la ha visto y quien la ve. Porque de María Magdalena se dice en otra parte de los evangelios que Jesús había expulsado de ella siete demonios (Lc 8,2). Ni uno ni dos, siete demonios. Vamos que la chica había sido una rapaza de mucho cuidado. Y como siempre que pensamos en una mujer pecadora pues lo relacionamos generalmente con el sexo, terminamos pensando que había sido una prostituta de mucho cuidado. O quizá no hubiese sido una prostituta pero con esos siete demonios dentro está claro que había sido muy peligrosa.
Pues aquí la tenemos, una de las primeras personas elegidas por Jesús para ser testigo de su resurrección y, más tarde, elevada a los altares. Esto no quiere decir más que una cosa: que Dios siempre nos da una segunda oportunidad (y tercera y cuarta y quinta…). Esto es lo grande de un Dios que es amor infinito, que es Amor, acogida, misericordia, paciencia, ternura.
A nosotros nos cuesta dar esa segunda oportunidad (no digamos la tercera o la cuarta o la quinta… eso ya nos resulta imposible). Nos cuesta dar esa segunda oportunidad a los demás, cuando, por la razón que sea, nos han fallado. Y también nos cuesta darnos a nosotros mismos esa segunda oportunidad. Nos dejamos llevar por el desánimo, el desaliento, la pura depresión. ¡Menos mal que Dios no es así!
Hoy es día para alegrarnos con María Magdalena. No sabemos lo que fue antes de encontrarse con Jesús. Tampoco nos importa mucho. Lo cierto es que al encuentro con el Maestro aprendió a vivir de otra manera. Aprendió a amar y a amar mucho y sin medida. Ojalá nosotros también aprendamos lo mismo!"
(Fernando Torres cmf, Ciudad Redonda)

lunes, 21 de julio de 2025

LOS SIGNOS DE DIOS

 


Algunos de los fariseos y maestros de la ley dijeron entonces a Jesús:
– Maestro, queremos verte hacer alguna señal milagrosa.
Jesús les contestó:
– Esta gente malvada e infiel pide una señal milagrosa, pero no se le dará más señal que la del profeta Jonás. Porque así como Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del gran pez, así también el Hijo del hombre estará tres días y tres noches dentro de la tierra. Los habitantes de Nínive se levantarán en el día del juicio, cuando se juzgue a la gente de este tiempo, y la condenarán; porque los de Nínive se convirtieron a Dios cuando oyeron el mensaje de Jonás, y lo que hay aquí es más que Jonás. También en el día del juicio, cuando se juzgue a la gente de este tiempo, la reina del Sur se levantará y la condenará; porque ella vino de lo más lejano de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y lo que hay aquí es más que Salomón.

Pedimos señales a Dios y estamos rodeados de ellas. En la naturaleza. En las personas sencillas que dan su vida por los demás. En personas que encontramos y nos ayuda aunque no las conocemos...Jesús está a nuestro lado. Se acerca a nosotros de muchas maneras. Si sabemos mirar, veremos estos signos.

"Esto de los signos es complicado. Lo que para unos es un signo clarísimo para otros es algo que carece de significado. Para otros incluso puede ser signo de lo contrario. No en vano hubo gente en el tiempo de Jesús que estaba convencida de que lo que Jesús hacía, lo hacía por el poder del demonio.
Ahora recuerdo que, cuando estábamos en el seminario, hablábamos mucho del testimonio. Decíamos que teníamos que dar testimonio con nuestro estilo de vida, con nuestra forma de hablar y comportarnos. Y criticábamos a la iglesia y a sus comunidades porque nos parecía que no daban testimonio del Evangelio, de la buena nueva de Jesús. Y no nos dábamos cuenta de que la realidad es la que es, de que el testimonio, los signos, son siempre ambiguos, dependen mucho de la situación del que los observa. Y que mucho más importante que el signo es hacer lo que creemos que tenemos que hacer. No vaya a ser que terminemos haciendo lo que hacemos para quedar bien, para que nos vean, para la galería.
Tenía razón Jesús. Los judíos que pedían un signo para creer en él, en el fondo no querían creer. Ningún signo les iba a llevar a la fe. Porque la fe es una decisión personal. Ni el signo de Jonás ni la sabiduría de Salomón, ni un milagro que haga ocultar el sol a mediodía, hará que crean los que no quieren creer. Ni por supuesto la vida ejemplar de muchos cristianos que en tantas partes se están dejando la piel para servir a sus hermanos, especialmente a los pobres y necesitados. Desviarán la atención hacia las riquezas de la iglesia o hacia los comportamientos pecaminosos de algunos cristianos, todo para darse una razón para no cambiar de vida, para no aceptar que el mensaje del Reino tiene tal fuerza en sí mismo, que va más allá de esta pobre Iglesia que lo difunde. Bien decía Pablo que “llevamos este tesoro en vasijas de barro para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros” (2 Cor 4,7).
Así que, como Jesús, menos preocuparnos del que dirán y de los signos y más dedicarnos a hacer lo que tenemos que hacer para construir el Reino. Como Jesús."
(Fernando Torres cmf, Ciudad Redonda)

domingo, 20 de julio de 2025

ACCIÓN Y CONTEMPLACIÓN

  


Seguían ellos su camino. Jesús entró en una aldea, donde una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Marta tenía una hermana llamada María, la cual, sentada a los pies de Jesús, escuchaba sus palabras. Pero Marta, atareada con sus muchos quehaceres, se acercó a Jesús y le dijo:
– Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude.
Jesús le contestó:
– Marta, Marta, estás preocupada e inquieta por muchas cosas; sin embargo, solo una es necesaria. María ha escogido la mejor parte, y nadie se la quitará.
(Lc 10,38-42)

El evangelio de hoy, como tantos otros, nos puede causar extrañeza de entrada. Pobre Marta, después de que se está esforzando para atender a Jesús y sus apóstoles, Él le dice que estar simplemente escuchando a Jesús es más importante. La lección que se nos da hoy, es contra el activismo. Podemos estar haciendo todo el día mil y una acciones sociales estupendas...pero, Jesús nos pide, que las hagamos porque le hemos escuchado a Él. Porque las hacemos en su nombre. Por eso es tan importante que dedicamos cada día unos momentos a la meditación. A ser posible al principio del día. Esto dará sentido a todo lo que hagamos. Y como nos pidió S. Juan Bautista de la Salle, viviendo constantemente y conscientemente en la presencia Dios. Esto  lo convertirá todo en oración.
   
"(...) Es san Juan el que nos deja escrito: “Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro”. Por ese orden. Y sin duda Marta lo sabía. Y por eso cuando ya se vio ahogada con la preparación de una comida para por lo menos trece huéspedes que se habían presentado de improviso (y las amas de casa que estáis saben lo que eso significa) no se dirige a María, sino a Jesús y como santa Teresa se encara con Él y le dice: “Pero Señor es que no te importa que mi hermana me haya dejado sola en el servicio. Dile que me eche una mano”. Con otras palabras: “basta ya de cháchara, Señor, que no doy abasto y os tengo que preparar de comer.”
Y en ese mismo ambiente familiar la contestación de Jesús: “una sola cosa es necesaria”. No son pocos los que la interpretan como si el Señor hubiera dicho: “Marta, vengo a pasar unas horas con vosotros y tú te metes en la cocina y no hay manera de verte y oírte. Por favor, déjalo todo que con cualquier cosa me contento. Un par de huevos fritos es suficiente”.
Jesús le dijo a Marta que las obras de caridad u hospitalidad han de ser consecuencia de la escucha de la Palabra. Escuchar la Palabra fructifica en acciones de caridad y generosidad. La hospitalidad convencional tiene unos límites. Pero hay una hospitalidad más profunda, que nace de la escucha de la Palabra de Dios.
De hecho, Marta aprendió la lección. El cuarto evangelio nos dice que cuando murió Lázaro Marta salió a recibir a Jesús fuera del pueblo de Betania. El diálogo entre ambos es bellísimo. Marta se revela como una excelente discípula de Jesús que ha comprendido de verdad su misterio. Es, de hecho, la mujer que confiesa por primera vez: «Sé que eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».
Así que, de una cosa, sí nos quiere avisar el Señor: del peligro de la rutina. A fuerza de trabajar, a fuerza de atender a los mil detalles que exige un hogar acabamos por no saber para qué trabajamos. El norte se nos niebla y no nos queda más que la monotonía desesperante de ese día a día. Siempre igual en la mayoría de nuestras ocupaciones y mucho más en el trabajo de la casa.
Hay que estar atento. El proceso de autoconocimiento puede ser lento. Pero hemos de madrugar cada mañana a ese encuentro con Cristo, al descubrimiento de su significado para nosotros. Al final, parece que Jesús no se equivocó en el Evangelio. María escogió la mejor parte. Y, aunque parezca lo contrario, las religiosas contemplativas tienen mucho que hacer en este mundo. Por de pronto, rezar por todos los que no rezamos lo que debiéramos. Lo dice muy bien la regla de san Benito: ora et labora. Pues eso."
(Alejandro Carbajo cmf, Ciudad Redonda)

sábado, 19 de julio de 2025

IMITAR A JESÚS



 Sin embargo, los fariseos, al salir, comenzaron a hacer planes para matar a Jesús.
Jesús, al saberlo, se marchó de allí; mucha gente le seguía, y él sanaba a todos los enfermos, pero les ordenaba que no hablaran de él públicamente. Esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el profeta Isaías:
“Este es mi siervo, a quien he escogido;
mi amado, en quien me deleito.
Pondré sobre él mi Espíritu
y proclamará justicia a las naciones.
No disputará ni gritará;
nadie oirá su voz en las calles.
No romperá la caña quebrada
ni apagará el pábilo que humea,
hasta que haga triunfar la justicia.
Y las naciones pondrán en él su esperanza.”
(Mt 12,14-21)

Jesús nos muestra cual es la forma de anunciar el Reino. No se hace condenando, obligando, exigiendo...Se hace ayudando, perdonando...No con grandes actos y movimientos, con propaganda, si no con sencillez. Amando, curando, ayudando... Viviendo coherentemente la Palabra. Lo que Él hizo durante su vida.

"¿Nunca habéis tenido un deseo, que ha tenido que pasar bastante tiempo para que se cumpliera?
Algo así es la historia de Israel. Desde los acontecimientos vividos, descubren al Dios que les libera de la esclavitud en Egipto. Ese Dios es el mismo que ha engendrado la vida. Y, como contrapartida, establece una Alianza con su pueblo, para hacer de ellos una semilla de su salvación para toda la humanidad.
Aunque la historia no fue tan sencilla: así como Dios siempre permaneció fiel a su Alianza, el pueblo se alejó muchas veces por otros caminos. Y sin embargo, no por ello Dios retiró su Palabra. El profeta Isaías intuye que esa Alianza se va a cumplir a través de “un siervo”, elegido y amado de Dios, que de manera misteriosa, en su debilidad, cumplirá las promesas.
Y he aquí que llegó Jesús. Muchos no fueron capaces de descubrir en Él nada distinto de otros tantos profetas que había habido. Sin embargo, algunos descubrieron en Él aquél que cumplía las palabras del profeta: “Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, mi predilecto. Sobre él he puesto mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará, hasta implantar el derecho; en su nombre esperarán las naciones”.
Ese es Jesús: la belleza de una figura que se da, en debilidad, renovando la Alianza de Dios con su pueblo y poniendo la semilla definitiva del mundo nuevo que el Padre tiene preparado para todos los pueblos.
Ese Jesús cuenta contigo para continuar esa historia. Por Él, con Él y en Él… caminando sinodalmente como Iglesia, para el mundo. ¿Qué le responderás?
Espíritu de Dios,
cuenta conmigo
para seguir a Jesús
en el camino hacia el Reino del Padre."
(Luis Manuel Suárez cmf, Ciudad Redonda)