jueves, 14 de agosto de 2025

PERDONAR SIEMPRE



En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»
Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo.» El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: «Págame lo que me debes.» El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré.» Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: «¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?» Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros m¡ Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»
Cuando acabó Jesús estas palabras, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.

Jesús nos pide que debemos perdonar siempre. Porque Dios nos perdona siempre. En algunas paredes de las ciudades o de las carreteras alguien a escrito: "ni olvido ni perdón". Todo lo contrario de lo que hoy nos pide Jesús. Entiendo lo de no olvidar. Cuesta hacerlo cuando nos han hecho daño. Pero, por mucho que nos cueste, siempre hemos de perdonar. Si perdonamos, también nosotros lo seremos. ¡Cuantas guerras y violencia provienen de no saber perdonar! La venganza es lo contrario del perdón. No actuemos como el criado de la parábola, que tras ser perdonado en lo mucho, se vuelve exigente en lo poco. Si amamos de verdad, lo lógico será que perdonemos.
 
"Si las matemáticas que aprendí de pequeño siguen funcionando la diferencia entre las cuentas que hace Pedro y las que hace Jesús en la cuestión del perdón son enormes. Las siete veces de Pedro se convierten para Jesús en cuatrocientas noventa veces. ¡Qué barbaridad! Es que Jesús cuando se pone a exagerar no hay quien lo pare. O, quizá, pensándolo mejor, y pensando sobre todo, en las veces que cada uno de nosotros hemos metido la pata y acudido a nuestro Padre Dios para pedir perdón, igual es que Jesús se quedó corto. Porque, ¿cuándo nos ha negado Dios el perdón? Me da la impresión de que hemos sobrepasado con creces esa cifra mágica de cuatrocientas noventa veces que dijo Jesús. Es decir, que en realidad Jesús no exageró en absoluto cuando dijo esa cifra. Solamente nos pidió que hiciésemos con nuestros hermanos y hermanas lo mismo que hace Dios con nosotros. Ni más ni menos. Y nunca llegaremos a ser tan generosos en el perdón como lo es Dios. Por mucho que lo intentemos.
Para confirmarlo, Jesús cuenta una historia a su querido Pedro. Es la historia del rey que perdona a uno de sus vasallos una deuda enorme, inmensa. Le deja ir porque se compadece de él y de su familia. Pasa que luego el vasallo se encuentra con un compañero que le debe a él dinero. Una nimiedad, unos céntimos, nada en comparación con lo que el vasallo debía al rey. Pero he aquí que el vasallo no perdona a su compañero. Exige el pago de la deuda y, al ser imposible, manda a su compañero a la cárcel. ¡Qué injusticia! Al que le habían perdonado tanto no es capaz de perdonar una miseria.
Pues aplíquese la historia a cada uno de nosotros. Estamos salvados por puro amor de Dios. No por méritos nuestros sino, repito, por puro amor y generosidad de Dios. Y aún así somos capaces de andar preguntando cuantas veces tenemos que perdonar a nuestro hermano. ¡Qué poca vergüenza! Ensanchemos el corazón y apliquemos a nuestros hermanos la misma misericordia y el mismo perdón que Dios usa con nosotros."
(Fernando Torres cmf, Ciudad Redonda)

miércoles, 13 de agosto de 2025

JESÚS NOS PIDE DIALOGAR

 


Si tu hermano peca, habla con él a solas para moverle a reconocer su falta. Si te hace caso, has ganado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a una o dos personas más, porque toda acusación debe basarse en el testimonio de dos o tres testigos. Si tampoco les hace caso a ellos, díselo a la congregación; y si tampoco hace caso a la congregación, considéralo como un pagano o como uno de esos que cobran impuestos para Roma.
Os aseguro que todo lo que atéis en este mundo, también quedará atado en el cielo; y todo lo que desatéis en este mundo, también quedará desatado en el cielo.
Además os digo que si dos de vosotros os ponéis de acuerdo aquí en la tierra para pedir algo en oración, mi Padre que está en el cielo os lo dará. Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

El inicio de este evangelio varía según las traducciones. unos dicen "...si tu hermano peca...". Otros "...si tue hermano te ofende...". Lo que está claro y Jesús nos lo repitió varias veces, es que no debemos juzgar. No somos nadie para juzgar al otro. Por eso nos pide que dialoguemos con él.
 
"El texto evangélico de hoy comienza con una frase de Jesús que me hace temblar. Dice Jesús que “si tu hermano peca…” y sigue con diversas consideraciones sobre lo que hay que hacer. No discuto las consideraciones que hace Jesús. ¡Faltaría más! Pero me hace temblar esa primera fase. La razón es sencilla: ¿Cómo puedo yo estar seguro de que mi hermano ha pecado?
Puedo estar seguro de que ha hecho algo que objetivamente está mal hecho. Pero de ahí a afirmar, a estar seguro, de que ha pecado, con todo lo que significa cometer un pecado, hay mucho trecho. En la moral más tradicional quedaba claro que para cometer un pecado mortal es necesario que haya materia grave (no vale cualquier fruslería), que haya pleno consentimiento o, dicho de otra manera, plena voluntad de hacer lo que se hace, siendo consciente de lo que se hace y que haya pleno conocimiento, que sepa que lo que estoy haciendo es pecado mortal. Si no sé lo que hago o lo hago sin darme cuenta, no hay pecado. Esto que se aplica al pecado mortal, se aplica a cualquier pecado. Tenemos que ser conscientes de lo que hacemos y quererlo hacer para poder decir que hemos cometido un pecado.
Está claro que estas condiciones suceden en la conciencia de cada persona. Por eso, repito, puedo estar seguro de que lo que veo hacer a mi hermano/a es algo grave o leve, es algo que no está bien hacerlo, pero de ahí a afirmar que es un pecado hay mucho camino. Es dar por supuesto que conozco el interior de la persona, sus motivaciones más profundas. Ese es un campo en el que hay que ser muy prudente.
Por eso, hay que ser muy cauteloso a la hora de juzgar a mis hermanos/as. Porque no llegamos nunca a conocer bien el interior de su conciencia, de sus razones, de sus motivaciones. Y ese es el campo donde hay que aplicar la misericordia, la misma misericordia que Dios tiene conmigo y mis muchas limitaciones. Eso no significa que no haya que corregir pero siempre desde la comprensión y la misericordia. Nunca desde el juicio fustigador, duro o crítico."
(Fernando Torres cmf, Ciudad Redonda)

martes, 12 de agosto de 2025

HACERNOS COMO NIÑOS

 


En aquella misma ocasión se acercaron a Jesús los discípulos y le preguntaron:– ¿Quién es el más importante en el reino de los cielos? Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo:
– Os aseguro que si no cambiáis y os volvéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. El más importante en el reino de los cielos es aquel que se humilla y se vuelve como este niño. Y el que recibe en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.

No despreciéis a ninguno de estos pequeños. Pues os digo que sus ángeles en el cielo contemplan siempre el rostro de mi Padre celestial.

¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le extravía una de ellas, ¿no dejará las otras noventa y nueve en el monte e irá a buscar la extraviada? Y si logra encontrarla, os aseguro que se alegrará más por esa oveja que por las noventa y nueve que no se extraviaron. Del mismo modo, vuestro Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ninguno de estos pequeños.

Jesús nos pide, para pertenecer al Reino, hacernos como niños. No es un elogio al infantilismo. Es la imagen de quien se abandona, como un niño, en los brazos del Padre. Es la imagen de quien quiere aprender, avanzar, crecer... Es la imagen de la sencillez, del que se deja encontrar cuando se extravía. Cuando nos hacemos como niños, Jesús está en nosotros.

"Lo del reino de los cielos es otra cosa. Nada que ver con nuestra forma habitual de pensar. Nada que ver con nuestros miedos. Es que la misma pregunta de los discípulos ya dice mucho sobre la forma de pensar de los que hacen la pregunta. En realidad, a poco que nos pongamos en la perspectiva de Jesús, la pregunta es ridícula. La pregunta se hace desde nuestro mundo, desde esta forma de pensar anquilosada que nos ha llevado a lo largo de la historia a un conflicto tras otro, que nos hace pensar siempre en las relaciones entre las personas situando a unas arriba y a otras abajo. En la perspectiva del reino, la pregunta es simplemente ridícula, sin sentido.
El reino de los cielos es una reino hecho de fraternidad e igualdad. Solo hay un padre, uno que está por encima y ese es Dios. Los demás somos todos iguales, todos hermanos y hermanas, todos a la misma altura. Todos sentados a la misma mesa. La pregunta por quién es el más importante en el reino demuestra claramente los discípulos no habían entendido nada. Pero nada de nada. Y viendo como iba a seguir la historia, está claro que les costó entenderlo y que hoy mismo nos sigue costando entenderlo.
El reino es reino de igualdad y fraternidad, es una familia, la familia de los hijos e hijas de Dios. Y, por eso, es un reino de justicia. Y, por eso, la prueba, la auténtica prueba de que nos movemos en esa dimensión del reino consiste en que los últimos sean los primeros. Los más débiles, los más pobres, los más ineptos, los niños, los ancianos, los enfermos, los que sufren, los más débiles, todos estos que son los últimos en nuestro mundo, son los primeros en el reino. Cuando los tratamos como los primeros, cuando los servimos y atendemos, entonces es cuando el reino se está haciendo presente en medio de nosotros. Porque el Padre no quiere que se pierda ni uno de los más pequeños. Porque todos son sus hijos queridos."
(Fernando Torres cmf, Ciudad Redonda)

lunes, 11 de agosto de 2025

¿ENTENDEMOS A JESÚS?



Mientras andaban juntos por la región de Galilea, Jesús les dijo:
– El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; pero al tercer día resucitará.
Esta noticia los llenó de tristeza.
Cuando Jesús y sus discípulos llegaron a Cafarnaún, los que cobraban el impuesto para el templo fueron a ver a Pedro, y le preguntaron:
– ¿Tu maestro no paga el impuesto para el templo?
– Sí, lo paga – contestó Pedro.
Luego, al entrar Pedro en casa, Jesús se dirigió a él en primer lugar, diciendo:
– ¿Qué te parece, Simón? ¿A quiénes cobran impuestos y contribuciones los reyes de este mundo: a sus propios súbditos o a los extranjeros?
Pedro contestó:
– A los extranjeros.
– Por lo tanto – añadió Jesús –, los propios súbditos no tienen que pagar nada. Pero, para que nadie se ofenda, ve al lago y echa el anzuelo. En la boca del primer pez que pesques encontrarás una moneda que será suficiente para pagar mi impuesto y el tuyo. Llévatela y págalos.

"El texto evangélico de hoy tiene dos partes que parecen muy diferentes y sin conexión. En la primera Jesús de camino con sus discípulos les explica una vez más lo que va a ser su futuro inmediato. Al Hijo del hombre, a él mismo, le van a entregar en manos de los hombres y lo van a matar. Probablemente la mención final de la resurrección es un añadido posterior. O, en caso de que sean palabras de Jesús, lo más probable es que los discípulos no entendieran lo que Jesús quería decir. Era una novedad demasiado novedosa para que entrase en sus mentes. Por eso se entiende que se pusieran muy tristes. Del futuro de Jesús dependía su futuro. Y si Jesús moría, ellos se habían equivocado de líder y de profeta.
En la segunda se nos plantea un tema muy diferente: el pago de los impuestos. Actualmente en la mayoría de los países todos los ciudadanos están obligados al pago de los impuestos. Ni el rey ni el presidente de la república está exento. Pero no era así en tiempo de Jesús. De hecho, los ciudadanos romanos estaban exentos del pago de impuestos. Sólo los habitantes de las naciones dominadas, conquistadas, colonizadas, controladas por los romanos pagaban impuestos. A eso es lo que se refiere Jesús cuando dice que los reyes del mundo no cobran impuestos a sus hijos, sólo a los extraños. Jesús que se siente ciudadano del reino, hijo de Dios, entiende que él no debería pagar. En el reino no hay impuestos y todos son hijos e hijas. En el reino no hay extraños. Pero ya se da cuenta Jesús de que el reino todavía no es una realidad. El reino está viniendo. Ya está pero no se ha cumplido definitivamente. Por eso termina pagando.
En el fondo estas dos partes están muy unidas. Jesús se mueve, por así decir, en otra dimensión. No pertenece ya a este mundo. El es ciudadano del reino de Dios. Por eso y nada más que por eso los hijos de los hombres lo van a matar. Porque no quieren aceptar esa nueva realidad que es el reino. Y por eso, aunque en el reino no hay impuestos, todavía hay que pagarlos. Pero no será así en el reino. Claro que para llegar al reino hay que pasar por la Pasión/Pascua. Quizá entonces los discípulos entenderán lo que significa eso de que “resucitará al tercer día.”"
(Fernando Torres cmf, Ciudad Redonda)

domingo, 10 de agosto de 2025

¿ESTAMOS A PUNTO?

 

No tengáis miedo, pequeño rebaño, que el Padre, en su bondad, ha decidido daros el reino. Vended lo que tenéis y dad a los necesitados; procuraos bolsas que no envejezcan, riquezas sin fin en el cielo, donde el ladrón no puede entrar ni la polilla destruye. Pues donde esté vuestra riqueza, allí estará también vuestro corazón.
Estad preparados y mantened vuestras lámparas encendidas. Sed como criados que esperan que su amo regrese de una boda, para abrirle la puerta tan pronto como llegue y llame. ¡Dichosos los criados a quienes su amo, al llegar, encuentre despiertos! Os aseguro que los hará sentar a la mesa y se dispondrá a servirles la comida. Dichosos ellos, si los encuentra despiertos aunque llegue a medianoche o de madrugada. Y pensad que si el dueño de la casa supiera a qué hora va a llegar el ladrón, no dejaría que se la abrieran para robarle. Estad también vosotros preparados, porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperéis.
– Señor, ¿has contado esta parábola sólo para nosotros, o para todos?
Dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y atento, a quien su amo deja al cargo de la servidumbre para repartirles la comida a su debido tiempo? ¡Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, encuentra cumpliendo con su deber! De verdad os digo que el amo le pondrá al cargo de todos sus bienes. Pero si ese criado, pensando que su amo va a tardar en volver, comienza a maltratar a los demás criados y a las criadas, y se pone a comer, beber y emborracharse, el día que menos lo espera y a una hora que no sabe llegará su amo y lo castigará. Le condenará a correr la misma suerte que los infieles.
El criado que sabe lo que quiere su amo, pero no está preparado ni le obedece, será castigado con muchos golpes. Pero el criado que por ignorancia hace cosas que merecen castigo, será castigado con menos golpes. A quien mucho se le da, también se le pedirá mucho; a quien mucho se le confía, se le exigirá mucho más.

" (...) Estar preparado significa tener bien dispuestas las cuentas espirituales. Sabemos que las cuentas corrientes no significan nada para Dios. Lo verdaderamente importante es cómo somos, no lo que tenemos. Y ahí, jóvenes y mayores, laicos y religiosos, podemos elegir. Podemos conformarnos, pararnos en lo que somos, y no ir más allá, o podemos intentar, en el día a día, ser algo mejores. Una sonrisa al saludar a la familia, no gritar en el trabajo, comprensión hacia los demás, pensarlo dos veces antes de enfadarnos, revisar nuestra generosidad y nuestro compartir, ver cómo está nuestra relación con Dios, la frecuencia en la recepción de los sacramentos, sobre todo Eucaristía y Reconciliación…
Pedro, que era un poco así, pregunta a Jesús que si lo que ha dicho lo dice por ellos, por los discípulos, o por todos. Seguro que se quedó algo escamado. Pero Pedro escuchaba a Jesús, aunque muchas veces no le entendiera. Nosotros también hemos escuchado las palabras de Jesús. Podemos pensar que no van con nosotros, o podemos empezar, hoy mismo, a ser más santos. Y ser más santo significa estar más cerca de Dios, y, por lo tanto, ser más felices.
La imagen del castigo severo con que concluye el pasaje refleja la situación histórica de los tiempos de Jesús, cuando era corriente castigar severamente y a veces con crueldad al siervo que no cumplía con su deber. Los responsables del bien común se han desviado, han hecho mal uso de su poder. Hoy sabemos que el Señor no castiga a nadie; por eso la imagen quiere solamente subrayar cuán despreciable es el comportamiento de estos guías de comunidades, de estos líderes que, teniendo todo a su favor, habiendo conocido mejor que los otros la voluntad del Señor, se comportan de manera miserable. Su responsabilidad es mayor.
Nosotros también tenemos una responsabilidad, Sabemos el camino. No hay que hacer grandes cosas. Basta con dar un pasito para empezar. Y los ejemplo de Cristo y de los santos nos iluminan. Y María, la Madre, intercede por nosotros. No nos olvidemos de que no sabemos el día ni la hora. Mañana puede ser tarde. Donde esté nuestro tesoro, allí estará nuestro corazón. ¿Dónde está el tuyo? ¿Querremos ponernos en marcha, cambiar algo en nuestra vida, si es necesario?"
(Alejandro Carbajo cmf, Ciudad Redonda)

sábado, 9 de agosto de 2025

PERMANECER DESPIERTOS

 


El reino de los cielos podrá entonces compararse a diez muchachas que, en una boda, tomaron sus lámparas de aceite y salieron a recibir al novio. Cinco de ellas eran descuidadas y cinco previsoras. Las descuidadas llevaron sus lámparas, pero no tomaron aceite de repuesto; en cambio, las previsoras llevaron frascos de aceite además de las lámparas. Como el novio tardaba en llegar, les entró sueño a todas y se durmieron. Cerca de medianoche se oyó gritar: ‘¡Ya viene el novio! ¡Salid a recibirle!’ Entonces todas las muchachas se levantaron y comenzaron a preparar sus lámparas, y las descuidadas dijeron a las previsoras: ‘Dadnos un poco de vuestro aceite, porque nuestras lámparas van a apagarse.’ Pero las muchachas previsoras contestaron: ‘No, porque entonces no alcanzará para nosotras ni para vosotras. Más vale que vayáis a donde lo venden y compréis para vosotras mismas.’ Pero mientras las cinco muchachas iban a comprar el aceite, llegó el novio; y las que habían sido previsoras entraron con él a la fiesta de la boda, y se cerró la puerta. Llegaron después las otras muchachas, diciendo: ‘¡Señor, señor, ábrenos!’ Pero él les contestó: ‘Os aseguro que no sé quiénes sois.’
Permaneced despiertos – añadió Jesús –, porque no sabéis el día ni la hora.

Jesús nos invita a estar preparados, despiertos. Hemos de ser luz para los demás, por eso debemos tener aceite. Estar despiertos es estar al servicio de los otros. Estar atentos a sus necesidades. Iluminarlos con la luz del Amor. Pero no podremos hacerlo si no tenemos aceite. Si nuestra vida espiritual no está alimentada por la oración y la meditación. No podemos dar lo que no tenemos. Si no tenemos a Jesús en nuestro corazón no podremos compartirlo, anunciarlo...

"Hoy celebramos la fiesta de Santa Teresa Benedicta de la Cruz. Es patrona de Europa pero es una santa que nos puede iluminar el camino a todos los que transitamos por esta vida, a veces tan complicada.
Teresa Benedicta, así llamada cuando se hizo monja carmelita de clausura, se llamaba Edith Stein. Nació a finales del siglo XIX en el seno de una familia judía en Breslau, entonces ciudad de Prusia, hoy perteneciente a Polonia. Educada como judía, pasó por el ateísmo. Se centró en sus estudios de filosofía. Fue la primera mujer en presentar su tesis doctoral en la Alemania de aquel tiempo. Pero lo más importante no son sus logros académicos, que fueron muchos, sino que fue una buscadora incansable de la verdad, siempre teniendo presente el valor de las personas más allá de su raza u orígenes.
Después de un proceso personal largo y riguroso, terminó bautizándose como católica y ejerciendo como laica activa en la formación de profesores y maestros católicos. Cuando llegan los nazis al gobierno de Alemania y le prohíben enseñar por sus orígenes judíos, decide ingresar en un monasterio carmelita de clausura. Hasta allí llega la policía política del régimen nazi. Es detenida y trasladada a un campo de concentración donde es gaseada junto con muchos otros. Asumió así el destino de tantos otros y entregó su vida en aquella locura de exterminio que fueron los campos de concentración nazis en la Segunda Guerra Mundial.
Dos cosas nos pueden hacer pensar ante esta figura. La primera es que fue una mujer que no cejó en su búsqueda de la verdad. Pero no buscaba una verdad abstracta que le sirviese para escribir un libro. Buscaba la verdad que ilumina la vida de la persona, que da sentido a sus quehaceres. La encontró en el Evangelio. Y la segunda es que fue consecuente con esa búsqueda de la verdad. Y consecuente hasta el fin. Cuando encontró la fe, nada se le hizo imposible, como dice Jesús en el Evangelio de hoy."
(Fernando Torres cmf, Ciudad Redonda)

viernes, 8 de agosto de 2025

CARGAR LA CRUZ

 

Luego Jesús dijo a sus discípulos:
– El que quiera ser mi discípulo, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; en cambio, el que pierda su vida por causa mía, la recobrará. ¿De qué sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde la vida? ¿O cuánto podrá pagar el hombre por su vida? El Hijo del hombre va a venir con la gloria de su Padre y con sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno conforme a sus hechos. Os aseguro que algunos de los que están aquí no morirán sin haber visto al Hijo del hombre venir como rey.

Jesús lo que nos pide es que nos entreguemos. Que vivamos para los demás. Esto es ganar la vida. Mirarnos a nosotros mismos, centrarnos en nuestro provecho, el egoísmo, es perder la vida. Aunque creamos que esto nos hace más poderosos.

"De entrada, la lectura de estas palabras de Jesús en el texto evangélico de hoy nos hacen sentirnos un poco mal. Podríamos incluso llegar a pensar, si nos lo permitiésemos, que Jesús se ha puesto un poco borde, demasiado exigente: para seguirle, para estar con él, hay que negarse a uno mismo. Es como si dijese que yo tengo que desaparecer, anularme, dejar de ser quien soy. Para ser sincero, me cuesta aceptarlo. De entrada.
Pero vamos a pensar un poco con sentido común. La verdad es que en la historia y en torno a nosotros, nos encontramos con personas tan obsesionadas con sus egos, tan centradas en buscar su seguridad en la salud, en las riquezas, en el dominio sobre los demás, que, al final, terminan arruinando su vida y encontrándose más solos que la una. Es lo que tiene ponerse uno en el centro del universo y mirarse continuamente al ombligo. Los demás pasan a ser satélites de los que me sirvo cuando y en la medida en que me hacen falta, en que me sirven. Lo que suele suceder es que esos otros o bien se enfadan y se niegan a tener relación conmigo o bien se sitúan en un posición tan inferior que en realidad no puede llegar a tener una relación de tú a tú con ellos, una relación humana, una relación gratificante.
La verdad es si hago eso que he explicado en el párrafo anterior, me voy a quedar solo. Y me voy a perder lo mejor de la vida: la relación con los demás, el cariño, el encuentro fraterno, todo eso que es lo verdaderamente valioso en la vida. Claro que para poder establecer una relación de ese tipo, lo primero es renunciar a ser el centro del universo. O, dicho en palabras de Jesús, lo primero es negarme a mí mismo, tomar mi cruz y empezar a caminar con mis hermanos no para servirme de ellos sino como un hermano más. Ahí sí que voy a ganar mi vida, voy a ganar lo que hace que la vida sea verdaderamente valiosa: la amistad, el cariño, el amor. Todo eso que es el Reino del que tanto nos habla Jesús.
En esta perspectiva, se nos hace que Jesús no es demasiado exigente. Simplemente, habla con mucho sentido común. Porque, ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?"
(Fernando Torres cmf, Ciudad Redonda)