viernes, 15 de noviembre de 2019

SIEMPRE FIELES


"Como sucedió en tiempos de Noé, sucederá también en los días en que venga el Hijo del hombre. La gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca, cuando llegó el diluvio y todos murieron. Y lo mismo pasó en los tiempos de Lot: la gente comía y bebía, compraba y vendía, sembraba y construía casas; pero cuando Lot salió de la ciudad de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre y todos murieron. Así será el día en que se manifieste el Hijo del hombre.
Aquel día, el que se encuentre en la azotea y tenga sus cosas dentro de la casa, que no baje a sacarlas; y el que esté en el campo, que no regrese a su casa. ¡Acordaos de la mujer de Lot! El que trate de salvar su vida la perderá, pero el que la pierda, vivirá. 
Os digo que aquella noche estarán dos en una misma cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán. Dos mujeres estarán moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán. 
Le preguntaron entonces:
– ¿Dónde ocurrirá eso, Señor?
Y él les contestó:
– Donde esté el cadáver, allí se juntarán los buitres."


Al acercarse el fin del Año Litúrgico, la Iglesia nos ofrece una serie de textos escatológicos. Pero para cada uno de nosotros, el fin del mundo es nuestra muerte. Es el momento del encuentro definitivo con el Señor. Jesús no quiere que tengamos miedo. Lo que Él nos quiere decir, es que debemos estar preparados. En cualquier momento, a cualquier hora, puede llamarnos. Los fieles, aquellos que se entregan cada día a los demás, son los que  reposarán para siempre en sus brazos.
"Hace unos años se especuló mucho sobre el fin del mundo. La gente asustada acudía a los templos en masa. Muchos líderes religiosos, ministros y pastores sacaron provecho con este fenómeno religioso catastrófico espiritual. La expectativa sobre el final de los tiempos o el fin de la historia ha traído diversas opiniones. Algunos han pensado en el fin de mundo como la oportunidad paras lucrar valiéndose de la ignorancia, ingenuidad o fanatismo de las personas. Otros han rescatado el sentido liberador de estos pasajes de corte escatológico. No se trata de pensar en catástrofes y tragedias universales. Se trata de estar a la expectativa para no dejarse arrastras por el ambiente egoísta, hedonista y consumista que nos rodea y afecta. Es una invitación para permanecer en actitud expectante para que los valores del Reino de Dios fundamentados en el amor se hagan realidad en nuestra vida diaria, en nuestras relaciones y acciones cotidianas. ¿Tu manera de vivir y relacionarte con los demás es un camino de preparación para el encuentro con el Señor?" (Koinonía) 

jueves, 14 de noviembre de 2019

EN NUESTRO CORAZÓN


"Los fariseos preguntaron a Jesús cuándo había de llegar el reino de Dios, y él les contestó:
– La venida del reino de Dios no es posible de calcular. No se dirá: ‘Aquí está’ o ‘Allí está’, porque el reino de Dios ya está entre vosotros. 
Y dijo a sus discípulos:
– Vendrán tiempos en que querréis ver siquiera uno de los días del Hijo del hombre, pero no lo veréis. Algunos dirán: ‘Aquí está’, o ‘Allí está’, pero no vayáis ni los sigáis. Porque así como el relámpago, con su resplandor, ilumina el cielo de uno a otro lado, así será el Hijo del hombre el día de su venida. Pero primero tiene que sufrir mucho y ser rechazado por la gente de este tiempo." 

Buscamos a Dios por todas partes y no nos damos cuenta de que está en nuestro interior, en nuestro corazón. Nos falta el silencio necesario para encontrarlo. Nos falta pararnos y dejarnos encontrar por Él.
"“El Reino de Dios está entre vosotros”, es decir, entre nosotros. Porque el reino o reinado de Dios no es otra cosa que el señorío, la soberanía de Dios en el corazón de la humanidad. Cuando la humanidad derribe los muros del egoísmo, la codicia y prepotencia y deje lugar a Dios, entonces podremos decir que el reinado de Dios se está realizando en medio de nuestra historia. El reino de Dios no se impone por la fuerza, no es tampoco portentoso o ruidoso. Como lo hemos visto en algunas parábolas, es semilla, fermento, fuerza interior que va transformando al ser humano firme pero imperceptiblemente. El reino de Dios no es un sistema político ni tampoco un sistema religioso. Es la fuerza vigorosa y transformante de Dios que va creando y recreando todo según su plan de salvación. A nosotros nos corresponde disponer todas nuestras facultades y dimensiones para que Dios actué en nosotros y a través de nosotros. ¿Qué signos del reino de Dios percibes en tu vida, en tu familia y comunidad?" (Koinonía) 


miércoles, 13 de noviembre de 2019

SALVADOS POR LA FE


"En su camino a Jerusalén, pasó Jesús entre las regiones de Samaria y Galilea. Al llegar a cierta aldea le salieron al encuentro diez hombres enfermos de lepra, que desde lejos gritaban:
– ¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!
Al verlos, Jesús les dijo:
– Id a presentaros a los sacerdotes. 
Mientras iban, quedaron limpios de su enfermedad. Uno de ellos, al verse sanado, regresó alabando a Dios a grandes voces, y se inclinó hasta el suelo ante Jesús para darle las gracias. Este hombre era de Samaria. Jesús dijo:
– ¿Acaso no son diez los que quedaron limpios de su enfermedad? ¿Dónde están los otros nueve? ¿Únicamente este extranjero ha vuelto para alabar a Dios?
Y dijo al hombre:
– Levántate y vete. Por tu fe has sido sanado." 

El evangelio, como en la parábola del Buen Samaritano, nos pone de ejemplo alguien que no era aceptado por Israel: un "enemigo". Jesús, el Amor de Dios, está por encima de nuestras clasificaciones, de las razas, incluso de las religiones. Es la Fe, la verdadera, la que es entrega, la que nos salva.
"Hace algunos años me sucedió un episodio, llegando a la ciudad luego de un viaje relativamente largo, el automóvil se descompuso y quedé varado ya entrada la noche. Realmente de mecánica automotriz tengo pocos conocimientos por no decir ninguno. Cuando estaba en ese impase un auto se estaciona cerca, se baja un hombre de rostro huraño, que en un santiamén identificó la falla y, por supuesto, compuso el auto. Yo no sabía cómo agradecerle la ayuda tan valiosa y oportuna, pero el hombre desapareció de la misma manera como llegó. Son las lecciones de la vida. Sentí una necesidad de agradecer a Dios por la ayuda oportuna de aquella persona y de estrechar agradecido la mano del hombre. Dar gracias, más que un sentimiento, es un valor profundo, vital del ser humano. Lamentablemente la sociedad mercantil y consumista que nos toca vivir ha ido deteriorando valores como la gratitud, la gratuidad y generosidad. Tendemos a actuar por interés, no por generosidad. ¿Cultivas el valor de la gratitud y la generosidad en tu ambiente?" (Koinonía) 

martes, 12 de noviembre de 2019

SÓLO SOMOS SERVIDORES


"Si uno de vosotros tiene un criado que regresa del campo después de haber estado arando o cuidando el ganado, ¿acaso le dice: ‘Pasa y siéntate a comer’? No, sino que le dice: ‘Prepárame la cena y estáte atento a servirme mientras como y bebo. Después podrás tú comer y beber.’ Y tampoco da las gracias al criado por haber hecho lo que le mandó. Igualmente vosotros, cuando ya hayáis hecho todo lo que Dios os manda deberéis decir: ‘Somos servidores inútiles; no hicimos más que cumplir con nuestra obligación.’"


Jesús nos dice que sólo somos servidores, pero nosotros nos aferramos a las jerarquías, los honores y exigimos recompensas por nuestros "méritos". Para seguir a Jesús se ha de ser humilde, sencillo y hacerlo sin ruido.
 "Todos solemos decir que “somos servidores”. Cuando nos presentan a alguien se suele decir: “mi nombre es… para servirle”. Es una palabra común, presente en nuestro lenguaje cotidiano. Pero ¿qué significa verdaderamente la palabra servir, servicio? ¿Cuál es el sentido evangélico de la misma expresión? Servir es ponerse a disposición de otra persona para agradarle en lo que necesita, o ayudarle en su carencia. Servicio, actividad que se desempeña en función de otra persona o grupo. Realizar con diligencia y empeño una acción en favor de alguien. Todo esto nos ayuda a entender que Dios ha estado al servicio del hombre, como dice la primera lectura de hoy, para que sea libre y feliz y alcance la plenitud de la vida. Jesús se presenta como el siervo del Señor, el Señor que sirve a sus amigos. Así debe ser la actitud permanente del creyente. Una persona que busca siempre realizar plenamente la voluntad salvífica de Dios en medio de sus hermanos. ¿Qué actividades concretas realizas para manifestar tu vocación de servicio como seguidor/a de Jesús?" (Koinonía) 


lunes, 11 de noviembre de 2019

SABER PERDONAR


"Jesús dijo a sus discípulos:
- Siempre habrá incitaciones al pecado, pero ¡ay de aquel que haga pecar a los demás! Mejor le sería que lo arrojasen al mar con una piedra de molino atada al cuello, que hacer caer en pecado a uno de estos pequeños. ¡Tened cuidado! 
Si tu hermano te ofende, repréndele; pero si cambia de actitud, perdónale. Aunque te ofenda siete veces en un día, si siete veces viene a decirte: ‘No volveré a hacerlo’, debes perdonarle.
Los apóstoles pidieron al Señor:
– Danos más fe.
El Señor les contestó:
– Si tuvierais fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza, podríais decirle a esta morera: ‘Desarráigate de aquí y plántate en el mar’, y el árbol os obedecería."

No somos perfectos. Todos tenemos fallos, debilidades y cometemos errores. Pero Dios nos perdona siempre. Por eso nosotros también tenemos que perdonar siempre.
"Tres temas aparentemente diferentes nos presenta Lucas para nuestra oración y meditación del día: el escándalo, el perdón y la fe. Los escándalos son inevitables. No solo a nivel individual, sino también social e, incluso, eclesial. Corrupción, injusticia, opresión, exclusión, esclavitudes… todo ello es causa de tremendos escándalos en todo tiempo y lugar. Pero ay de los que los provocan: el cinismo y la desvergüenza es lo que considera Jesús como más grave, incluso, que el escándalo en sí mismo. Ahora bien, la responsabilidad es de todos. Unos por comisión y otros por omisión. Por eso corregir, reprender, exhortar al hermano o al grupo que anda cometiendo hechos vergonzosos es un imperativo del creyente. Aunque lo rechacen y le hagan sufrir. El perdón implica una oportunidad de transformación integral del ser humano y de la sociedad. Y para ello se necesita la fe, entendida como un compromiso vital con Dios para liberar y dignificar a la humanidad. ¿Qué iniciativas de revisión, corrección y transformación auténtica conoces y vives personal y comunitariamente?" (Koinonía) 

domingo, 10 de noviembre de 2019

TODOS ESTAMOS VIVOS


"Después acudieron algunos saduceos a ver a Jesús. Los saduceos niegan que haya resurrección de los muertos, y por eso le plantearon este caso:
– Maestro, Moisés nos dejó escrito que si un hombre casado muere sin haber tenido hijos con su mujer, el hermano del difunto deberá tomar por esposa a la viuda para darle hijos al hermano que murió. Pues bien, había una vez siete hermanos, el primero de los cuales se casó, pero murió sin dejar hijos. El segundo y luego el tercero se casaron con la viuda, y lo mismo hicieron los demás, pero los siete murieron sin dejar hijos. Finalmente murió también la mujer. Así pues, en la resurrección, ¿cuál de ellos la tendrá por esposa, si los siete estuvieron casados con ella?
Jesús les contestó:
– En este mundo, los hombres y las mujeres se casan; pero los que merezcan llegar a aquel otro mundo y resucitar, sean hombres o mujeres, ya no se casarán,  puesto que ya tampoco podrán morir. Serán como los ángeles, y serán hijos de Dios por haber resucitado. Hasta el mismo Moisés, en el pasaje de la zarza ardiendo, nos hace saber que los muertos resucitan. Allí dice que el Señor es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. ¡Y Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos están vivos!" 

"La posición de Jesús en este debate con los saduceos puede sernos iluminadora para los tiempos actuales. También nosotros, como la sociedad culta que actualmente somos, podemos reaccionar con frecuencia contra una imagen demasiado fácil de la resurrección. Cualquiera de nosotros puede recordar las enseñanzas que respecto a este tema recibió en su formación cristiana de catequesis infantil, la fácil descripción que hasta hace 50 años se hacía de lo que es la muerte (separación del alma respecto del cuerpo), lo que sería el «juicio particular», el «juicio universal», el purgatorio (si no el limbo, que fue oficialmente «cerrado» por la Comisión Teológica Internacional del Vaticano hace unos pocos años), el cielo y el infierno (¡!)...
La teología (o simplemente la imaginería) cristiana, tenía respuestas detalladas y exhaustivas para todos estos temas. Creía saber casi todo respecto al más allá, y no hacía gala precisamente de sobriedad ni de medida. Muchas personas «de hoy», con cultura filosófica y antropológica (o simplemente con «sentido común actualizado») se ruborizan de haber creído semejantes cosas, y se rebelan, como aquellos saduceos coetáneos de Jesús, contra una imagen tan plástica, tan incontinente, tan maximalista, tan fantasiosa, y para más inri, tan segura de sí misma. De hecho, en el ambiente general del cristianismo, se puede escuchar hoy día un prudente silencio sobre estos temas, otrora tan vivos y hasta tan discutidos. En el acompañamiento a las personas con expectativas próximas de muerte, o en las celebraciones en torno a la muerte, no hablamos ya de la muerte ni de la suerte de los difuntos de la misma manera que hace unas décadas. Algo se está curvando epistemológicamente en la cultura moderna, que nos hace sentir pudorosamente la necesidad de no repetir ya lo que nos fue dicho, sino de revisar y repensar con más continencia lo que podemos decir/saber/esperar.
Como a aquellos saduceos, tal vez hoy Jesús nos dice a nosotros: «no saben ustedes de qué están hablando...». Qué sea el contenido real de lo que hemos llamado tradicionalmente «resurrección», no es algo que se pueda describir, ni detallar, ni siquiera «imaginar». Tal vez es un símbolo que expresa un misterio que apenas podemos intuir, pero no concretar. Una resurrección entendida directa y llanamente como una «reviviscencia», aunque sea espiritual (que es como la imagen funciona de hecho en muchos cristianos formados hace tiempo), hoy no parece sostenible, críticamente hablando.
Tal vez nos vendría bien a nosotros una sacudida como la que dio Jesús a los saduceos. Antes de que nuestros contemporáneos pierdan la fe en la resurrección y con ella, de un golpe, toda la fe, sería bueno que hagamos un serio esfuerzo por purificar nuestro lenguaje en torno la resurrección y por poner por delante, modesta y pudorosamente, su carácter mistérico." (Koinonía)



sábado, 9 de noviembre de 2019

EL VERDADERO TEMPLO


"Como se acercaba la fiesta de la Pascua de los judíos, Jesús fue a Jerusalén; y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los que tenían puestos donde cambiar el dinero. Al ver aquello, Jesús hizo un látigo con unas cuerdas y los echó a todos del templo, junto con las ovejas y los bueyes. Arrojó al suelo las monedas de los cambistas y les volcó las mesas. A los vendedores de palomas les dijo:
– ¡Sacad eso de aquí! ¡No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre!
Sus discípulos recordaron entonces la Escritura que dice: “Me consumirá el celo por tu casa.” 
Los judíos le preguntaron:
– ¿Qué prueba nos das de que tienes autoridad para actuar así?
Jesús les contestó:
– Destruid este templo y en tres días lo levantaré.
Le dijeron los judíos:
– Cuarenta y seis años tardaron en construir este templo , ¿y tú vas a levantarlo en tres días? 
 Pero el templo al que Jesús se refería era su propio cuerpo. Por eso, cuando resucitó, sus discípulos se acordaron de lo que había dicho y creyeron en la Escritura y en las palabras de Jesús." 

Para Jesús el templo no son piedras, no es una construcción. Él es el Templo. Y, como Él está presente en nosotros y en nuestros hermanos los hombres, es en la Comunidad que podemos y debemos adorar a Dios. Si en el templo no nos sentimos unidos a los que están con nosotros, si no nos sentimos Comunidad, no estamos en el Templo, por bella que sea la construcción. "Celebramos hoy la fiesta de la dedicación de la basílica de Letrán. Una Iglesia antiquísima de la ciudad de Roma. Celebrar la dedicación de un Templo no hace referencia a la construcción física sino al sentido eclesial que ella tiene. Es celebrar la vida de la comunidad y el valor histórico salvífico que ella puede simbolizar y expresar exteriormente. El texto escogido hoy para la liturgia hace referencia a la acción profética de Jesús al purificar el Templo de Jerusalén convertido en centro de explotación económica y religiosa por parte de los dirigentes judíos. Pero Jesús hace una traslación de sentido porque ahora el verdadero lugar del culto no estará ligado a un edificio de piedra sino al corazón del creyente. Somos piedras vivas, templos del Espíritu Santo, Hostias consagradas, nos dirán Pablo y Pedro en sus escritos respectivamente. Que sea hoy la ocasión propicia para orar por la Iglesia, por nuestras comunidades de vida y fe, por nosotros y por nuestros pastores para que, como Jesús, sean auténticos profetas." (Koinonía)