Os aconsejo que uséis las riquezas de este mundo malo para ganaros amigos, para que cuando esas riquezas se acaben haya quien os reciba en las moradas eternas.
El que se porta honradamente en lo poco, también se porta honradamente en lo mucho; y el que es deshonesto en lo poco, también es deshonesto en lo mucho. De manera que, si con las riquezas de este mundo malo no os portáis honradamente, ¿quién os confiará las verdaderas riquezas? Y si no os portáis honradamente con lo ajeno, ¿quién os dará lo que os pertenece?
Ningún criado puede servir a dos amos, porque odiará a uno y querrá al otro, o será fiel a uno y despreciará al otro. No se puede servir a Dios y al dinero. Los fariseos, que eran amigos del dinero, al oir estas cosas se burlaban de Jesús. Él les dijo: Vosotros pasáis por buenos delante de la gente, pero Dios conoce vuestros corazones; y lo que los hombres tienen por más elevado, Dios lo aborrece.
(Lc 16,9-15)
Si amamos verdaderamente a Dios, Él debe ser siempre nuestro referente, nuestro fin. Todo debemos supeditarlo a Él. No se trata de no tener dinero, sino de no hacerlo lo primordial en nuestra vida. Dios o el dinero, es decir el Amor o el dinero, el poder. Si supeditamos el dinero a Dios, significa que lo emplearemos Amando a los demás, utilizándolo para el bien de todos, sobre todo de los más pobres. Y quien dice el dinero, puede decir de nuestro tiempo, nuestras cualidades...A quien debemos servir es al AMOR.
"“Tres cosas hay en la vida” decía la canción y concluía que si tienes las tres ya puedes dar gracias a Dios. Desde luego es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Podríamos, en efecto, dar gracias por la salud, el dinero y el amor aun sabiendo que estas tres cosas tienen fecha de caducidad y, en el mejor de los casos, su firmeza y consistencia no están garantizadas.
Jesús, tras hacer el relato de la ingeniosa fechoría del administrador infiel, sigue hablando del tema de las riquezas. Y da un consejo sorpendente: hay una forma de limpiar el dinero de la iniquidad que consiste en ganarse amigos.
Dinero de iniquidad, dinero injusto… La expresión ha suscitado miles de comentarios, exégesis, interpretaciones, perplejidades y consideraciones varias. ¿Todo el dinero es injusto? El ganado honradamente ¿también? Los fariseos que le escucharon se rieron. Las riquezas, porque ellos eran ricos, son una muestra del favor de Dios, ¿de dónde saca éste esas ideas?
Creo que la iniquidad del dinero que denuncia Jesucristo no está en el dinero mismo, sino en nuestro interior y consiste en la mentira. Cuando Jesús fue tentado por Satanás, una de las propuestas fue la oferta “todo esto te daré”. Convertir una herramienta ingeniosa, que hace más facil el intercambio de bienes, en un ídolo al que se presentan sacrificios, eso es la injusticia radical. No podemos adorar a Dios y al dinero. Hay dos mandamientos: amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo como a uno mismo. Y por eso el dinero injusto solo puede “redimirse” si se emplea para “ganarse amigos”."
(Virginia Fernández Aguinaco, Ciudad Redonda)

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