sábado, 13 de mayo de 2017

¿LO CONOCEMOS?


"Si me conocéis, también conoceréis a mi Padre; y desde ahora ya le conocéis y le estáis viendo.
Felipe le dijo entonces:
–Señor, déjanos ver al Padre y con eso nos basta.
Jesús le contestó:
– Felipe, ¿tanto tiempo hace que estoy con vosotros y todavía no me conoces? El que me ve a mí ve al Padre: ¿por qué me pides que os deje ver al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las cosas que yo os digo no las digo por mi propia cuenta. El Padre, que vive en mí, es el que hace su propia obra. Creedme que yo estoy en el Padre y el Padre en mí; si no, creed al menos por las propias obras. Os aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago; y hará otras todavía más grandes, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre yo lo haré, para que por el Hijo se manifieste la gloria del Padre. Yo haré cualquier cosa que me pidáis en mi nombre."

Los discípulos, representados por Felipe, siguen sin conocer a Jesús. ¿Lo conocemos nosotros? Si miramos a los que nos llamamos cristianos y lo lejos que estamos de asemejarnos a Jesús, podemos decir que no. Está claro que pocas veces hacemos las obras de Jesús. Y seguimos sin identificar al Padre con Jesús. Nosotros inventamos mil ceremonias y ritos, montones de oraciones, pero olvidamos, que es en Jesús donde encontramos al Padre. Y Jesús nos dice que a él lo encontramos en el pobre, en el hambriento, en el inmigrante, en el perseguido...
Nos quejamos de que Dios no escucha nuestras oraciones. ¿Las hacemos en nombre de Jesús?¿Rezamos ayudando al pobre, al hambriento, al perseguido, al inmigrante...?
El día que conozcamos de verdad a Jesús, la sociedad será totalmente diferente. El Reino estará con nosotros.

viernes, 12 de mayo de 2017

EL CAMINO


"No os angustiéis: creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchos lugares donde vivir; si no fuera así, no os habría dicho que voy a prepararos un lugar. Y después de ir y prepararos un lugar, vendré otra vez para llevaros conmigo, para que vosotros también estéis donde yo voy a estar. Ya sabéis el camino que lleva a donde yo voy.
Tomás dijo a Jesús:
– Señor, no sabemos a dónde vas: ¿cómo vamos a saber el camino?
Jesús le contestó:
– Yo soy el camino, la verdad y la vida. Solamente por mí se puede llegar al Padre."

Jesús va anunciando su partida. Es natural que los discípulos estén inquietos. Dice que va a la casa del Padre, pero ellos se preguntan, ¿dónde está esta casa?¿adónde va?
Jesús, vuelve a indicarnos cuál es el camino. Qué hay que hacer para ir al Padre. No sólo seguirlo a Él, sino ser como Él; porque Él es el camino.
Seguir o no seguir este camino, comporta acertar o errar nuestra vida. Hace unos días, en una charla a los mayores del colegio, empezaba con una canción de Bruce Springteen: The River. Este río simboliza la libertad. Esta libertad es lo que Jesús llama: camino, verdad y vida. Él es la libertad. Si erramos el principio del camino, toda nuestra vida será un error. En la canción, cuando quieren volver al río, ya se ha secado. Nosotros tenemos la suerte de que Jesús siempre está allí. Siempre podemos rehacer nuestra vida, recomenzar. Pero hemos de tener bien claro, que Él es el camino y Él es el único camino que nos lleva al Padre. 



jueves, 11 de mayo de 2017

SERVIR Y ACOGER


"Os aseguro que ningún sirviente es más que su señor y ningún enviado es más que el que lo envía. Dichosos vosotros, si entendéis estas cosas y las ponéis en práctica.
No me estoy refiriendo a todos vosotros: yo sé a quiénes he escogido. Pero tiene que cumplirse lo que dice la Escritura: ‘El que come conmigo se ha vuelto contra mí.’ Os digo esto de antemano, para que, cuando suceda, creáis que yo soy. Os aseguro que quien recibe al que yo envío me recibe a mí, y quien me recibe a mí recibe al que me ha enviado."

Jesús acaba de lavar los pies a sus discípulos. Y les dice que el siervo no es más que su señor. Si el lava los pies, un trabajo de esclavos, nosotros debemos hacer los mismo.
Nos da también otra lección. Nos dice que quien le acoge a Él, acoge a Dios. Y todos sabemos quién es Él en nuestro mundo: el prójimo; el necesitado; todo aquél que espera que lo acojamos.
Si queremos ser sus discípulos y seguir sus pasos, debemos conjugar en nuestra vida ests dos verbos: servir y acoger. 

miércoles, 10 de mayo de 2017

ÉL VINO A SALVARNOS


"Jesús dijo con voz fuerte:
- El que cree en mí no cree solamente en mí, sino también en mi Padre, que me ha enviado. Y el que me ve a mí, ve también al que me ha enviado.  Yo, que soy la luz, he venido al mundo para que los que creen en mí no permanezcan en la oscuridad. Pero a aquel que oye mis palabras y no las obedece, no soy yo quien le condena, porque yo no he venido para condenar al mundo sino para salvarlo.  El que me desprecia y no hace caso de mis palabras, ya tiene quien le condene: las palabras que he dicho le condenarán el día último.  Porque yo no hablo por mi propia cuenta; el Padre, que me ha enviado, me ha ordenado lo que debo decir y enseñar. Y sé que el mandato de mi Padre es para vida eterna. Así pues, lo que digo, lo digo como el Padre me ha ordenado."

Jesús nos dice hoy, lo que hace unos días leíamos que dijo a Felipe: Quien me ve a mí, ve al Padre, al que me ha enviado.
No nos cansaremos de decirlo. El único camino para llegar a Dios, es Jesús. La única forma de conocer a Dios es Jesús. Dios nos trasciende y no podemos llegar a Él con nuestra razón. Por ello envió a su Hijo. Se hizo carne para que pudiéramos conocer algo de Él.
Y hoy nos dice algo muy importante. No ha venido a condenar al mundo, sino a salvarlo. Dios es un Dios de misericordia que quiere que todo el mundo se salve. Y Jesús lo dice porque el Padre se lo ha ordenado. Pero nos exige algo. Debemos escucharle y hacer caso de sus palabras.  Y las palabras de Jesús nos llevan al amor. Por esto, todo aquel que ama, aunque no reconozca a Dios, se salva. Porque, o nadie le ha hablado del Padre, o lo que no acepta, son nuestras pobres palabras y nuestros malos ejemplos, que no son la Palabra, sino nuestras palabras. 

martes, 9 de mayo de 2017

SU VOZ


"Era invierno, y en Jerusalén celebraban la fiesta en que se conmemoraba la dedicación del templo. Jesús estaba en el templo, paseando por el pórtico de Salomón. Los judíos le rodearon y le preguntaron:
– ¿Hasta cuándo nos vas a tener en dudas? Si tú eres el Mesías, dínoslo de una vez.
Jesús les contestó:
– Ya os lo he dicho y no me habéis creído. Las cosas que yo hago con la autoridad de mi Padre, lo demuestran claramente; pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas reconocen mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y jamás perecerán ni nadie me las quitará. Lo que el Padre me ha dado es más grande que todo, y nadie se lo puede quitar. El Padre y yo somos uno."

Los judíos no conocían a Jesús y continuaban preguntándole quién era. Hoy también podemos ignorar quien es. Se trata de reconocer su voz.
Él nos habla por la Palabra, por nuestro prójimo, por los signos de los tiempos. En cada persona que se nos acerca podemos reconocer su voz si sabemos escuchar más allá de las apariencias.
Lo que debe tranquilizarnos, es saber que Él nos conoce a nosotros y nos protege.
Nosotros debemos esforzarnos por reconocer su voz. Esa voz que nos habla desde el emigrante, desde el pobre, desde el enfermo, desde el encarcelado. Esa voz que nos habla desde nuestros familiares, nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo. Esa voz que oiremos con claridad en nuestro momentos de soledad y meditación. La voz de Jesús.


lunes, 8 de mayo de 2017

ÉL NOS AMA


"Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; pero el que trabaja solamente por el salario, cuando ve venir al lobo deja las ovejas y huye, porque no es el pastor ni son suyas las ovejas. Entonces el lobo ataca a las ovejas y las dispersa en todas direcciones. Ese hombre huye porque lo único que le importa es el salario, no las ovejas.
Yo soy el buen pastor. Como mi Padre me conoce y yo conozco a mi Padre, así conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí. Yo doy mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil, y también a ellas debo traer. Ellas me obedecerán, y habrá un solo rebaño y un solo pastor.
El Padre me ama porque yo doy mi vida para volverla a recibir. Nadie me quita la vida, sino que la doy por mi propia voluntad. Tengo el derecho de darla y de volverla a recibir. Esto es lo que me ordenó mi Padre."

El evangelio de hoy es la continuación del de ayer. Si ayer era la Puerta por la que puede entrar y salir el rebaño, hoy es el Buen Pastor. El que cuida y ama a sus ovejas.
Ante las desgracias y problemas de la vida, podemos preguntarnos dónde está este pastor. Y es que solemos confundir algunos conceptos. Por ejemplo, confundimos paz con tranquilidad. La paz es algo profundo e interior, que puede vivirse en medio de la agitación y los problemas. También confundimos felicidad con bienestar. Y se puede ser feliz en medio de privaciones y dificultades. Hace pocos días tuve que pasar por toda las clases del colegio hablando de las misiones. En una clase me preguntaron al ver unas fotos de niños africanos yendo a buscar agua: ¿Cómo pueden sonreír y se les puede ver tan felices si no tienen nada? Otro muchacho de la clase le respondió: porque la felicidad no está en tener muchas cosas, sino en sentirse amado. ¿Sabéis qué clase era? Una clase de la USEE. Una clase especial para niños y jóvenes que no pueden seguir el ritmo normal de los demás.
El Buen Pastor, Jesús, es el que nos da esa verdadera paz interior y esa auténtica felicidad, por que Él nos ama. Cada uno de nosotros es único para Él.   

domingo, 7 de mayo de 2017

ÉL ES LA PUERTA


"Jesús añadió:
- Os aseguro que el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que se mete por otro lado, es ladrón y salteador. El que entra por la puerta, ese es el pastor que cuida las ovejas. El guarda le abre la puerta, y el pastor llama a cada oveja por su nombre y las ovejas reconocen su voz. Él las saca del redil, y cuando ya han salido todas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen porque reconocen su voz. En cambio no siguen a un extraño, sino que huyen de él porque no conocen la voz de los extraños.
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir.
Volvió Jesús a decirles:
- Os aseguro que yo soy la puerta por donde entran las ovejas. Todos los que vinieron antes de mí fueron ladrones y salteadores, pero las ovejas no les hicieron caso. Yo soy la puerta: el que por mí entra será salvo; entrará y saldrá, y encontrará pastos.
El ladrón viene solamente para robar, matar y destruir; pero yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia."

Él es la puerta. La imagen de pastor y oveja, la encontramos bastantes veces en el evangelio. En el profeta Ezequiel se nos muestra un pueblo abandonado, guiado por malos y falsos pastores. Jesús recoge esta imagen y la utiliza muchas veces. Siempre, para indicarnos que Él se cuida de nosotros y que nosotros debemos cuidarnos de los que dependen de nosotros. Aquí ya no sólo es el pastor, si no que es la puerta por la que entran las ovejas. Por donde debemos entrar nosotros. Él es el que nos acoge.
Esta imagen la hemos empleado demasiadas veces en nuestro provecho, para dividir la Iglesia en unos que mandan y otros que obedecen. Sólo uno es el Buen Pastor. Sólo hay una puerta. Jesús. Tanto si nos consideramos ovejas, como pastores, si no entramos por la puerta de Jesús, somos malos pastores y malas ovejas.
Jesús nos invita a confiar en Él y a ser servidores de los demás, como lo es Él. Entonces es cuando tendremos vida en abundancia.