lunes, 4 de diciembre de 2017

LA VERDADERA FE


"Al entrar en Cafarnaún, un centurión romano se le acercó para hacerle un ruego. Le dijo:
– Señor, mi asistente está en casa enfermo, paralítico, sufriendo terribles dolores.
Jesús le respondió:
– Iré a sanarlo. 
– Señor – le contestó el centurión –, yo no merezco que entres en mi casa. Basta que des la orden y mi asistente quedará sanado. Porque yo mismo estoy bajo órdenes superiores, y a la vez tengo soldados bajo mi mando. Cuando a uno de ellos le digo que vaya, va; cuando a otro le digo que venga, viene; y cuando ordeno a mi criado que haga algo, lo hace.
Al oir esto, Jesús se quedó admirado y dijo a los que le seguían:
– Os aseguro que no he encontrado a nadie en Israel con tanta fe como este hombre. Y os digo que muchos vendrán de oriente y de occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos."

El centurión le dice a Jesús que no es digno de que entre en su casa. Adviento es el tiempo litúrgico en el que debemos prepararnos a recibir a Jesús. ¿Tenemos la humildad del centurión, que se considera indigno? Pero hay otro aspecto importante en el que nos debemos fijar. El centurión es un pagano. ¿Qué es lo que hace que se acerque a Jesús?:
La compasión, el deseo de ayudar a su criado que está enfermo y sufre.
Todo aquél, creyente o no, que se compadece del que sufre, del enfermo, del perseguido injustamente...está, aunque no lo sepa, muy cerca de Jesús. Mucho más que aquel creyente que vive encerrado en sí mismo y pensando solamente en su propio provecho.
Al final de los tiempos, Dios encontrará Fe en muchos que creen no tenerla. Porque la verdadera Fe, la forma auténtica de acercarnos a Dios es el amor.
¿Dejaremos entrar a Jesús en nuestra "casa"?


LOS CAMINOS DEL SEÑOR


"Estas son las profecías que Isaías, hijo de Amós, recibió por revelación acerca de Judá y Jerusalén: 
En los últimos tiempos quedará afirmado
el monte donde se halla el templo del Señor.
Será el monte más alto;
más alto que cualquier otro monte.
Todas las naciones vendrán a él;
pueblos numerosos llegarán, diciendo:
“Venid, subamos al monte del Señor, 
al templo del Dios de Jacob,
para que él nos enseñe sus caminos
y podamos andar por sus senderos.” 
Porque de Sión saldrá la enseñanzae del Señor;
de Jerusalén vendrá su palabra.
El Señor juzgará entre las naciones
y decidirá los pleitos de pueblos numerosos.
Ellos convertirán sus espadas en arados
y sus lanzas en hoces.
Ningún pueblo volverá a tomar las armas contra otro
ni a recibir instrucción para la guerra. 
¡Vamos, pueblo de Jacob,
caminemos a la luz del Señor!"

Adviento es tiempo de conversión; por eso pondremos una atención especial a la primera lectura de la misa, que es de los profetas. Sobre todo Isaías, que nos anuncia la venida de Jesús.
Convertirse es subir a la montaña del Señor, orar para que nos enseñe sus caminos.
El primer camino es el de la paz. Si lo seguimos, como nos dice Isaías, convertiremos nuestras espadas en arados y nuestras lanzas en hoces. Nunca más tomaremos las armas unos contra otros. Porque la luz del Señor, el camino del Señor es el camino de la paz, es el Amor. 



domingo, 3 de diciembre de 2017

PERMANECED DESPIERTOS


"Por tanto, permaneced despiertos y vigilantes, porque no sabéis cuándo llegará el momento. Esto es como un hombre que, a punto de irse a otro país, deja a sus criados al cargo de la casa. A cada cual le señala su tarea, y ordena al portero que vigile. Así que permaneced despiertos, porque no sabéis cuándo va a llegar el señor de la casa: si al anochecer, a la medianoche, al canto del gallo o a la mañana. ¡Que no venga de repente y os encuentre durmiendo! Y lo que os digo a vosotros se lo digo a todos: ¡Permaneced despiertos!"

Hoy empieza el Adviento. Litúrgicamente es el tiempo de preparación a la Navidad, a la llegada del Señor. El texto de hoy nos dice que debemos estar atentos a esta llegada. Cada día es Navidad, porque cada día se acerca el Señor  nosotros de mil maneras. Pero hay que estar atentos.
Este texto nos invita a "vivir".  Y para ello debemos estar despiertos. Esto significa tener nuestros corazones abiertos al amor, a los demás, a Dios. Despiertos para saber ver a Dios en nuestra vida, en nuestro prójimo, en la naturaleza.
En nuestro mundo hay muchas cosas que nos adormecen, que nos distraen de lo esencial. Adviento es el tiempo para despojarnos de todo lo inútil, lo sobrante, lo que nos aparta de Dios.
Estar despiertos es dedicar cada día unos momentos a reflexionar dónde hemos encontrado a Dios, dónde debimos encontrarlo y no lo hicimos porque estábamos distraídos por otras cosas. Despiertos como aquél vigía que esperaba la llegada del Señor bajo el sol tórrido y la nieve helada; bajo la lluvia y en la sequía. Cuando estaba ya muriendo, triste porque el Señor no había llegado, se dio cuenta de que siempre estuvo a su lado...



sábado, 2 de diciembre de 2017

VIGILAD Y ORAR



"Tened cuidado y no dejéis que vuestro corazón se endurezca por los vicios, las borracheras y las preocupaciones de esta vida, para que aquel día no caiga de pronto sobre vosotros como una trampa; porque así vendrá sobre todos los habitantes de la tierra. Permaneced vigilantes, orando en todo tiempo para que podáis escapar de todas esas cosas que van a suceder, y para que podáis presentaros delante del Hijo del hombre." 

Hoy es el último día del Tiempo Ordinario de la liturgia. Y se nos lanza una advertencia: "Tened cuidado", "permaneced vigilantes".
Jesús nos da estos dos consejos: debemos estar vigilantes y orando en todo tiempo.
En nuestra sociedad hay muchas cosas que nos distraen, que hacen que vivamos "dormidos". A nuestro alrededor la gente muere de hambre, la desahucian de su casa, se ahogan en el mar, se encuentran con fronteras cerradas, bombardean sus casas...y nosotros no reaccionamos; seguimos atentos a mil cosas que nos distraen. ¿Cómo podremos presentarnos ante el Hijo del hombre si no alimentamos al hambriento, vestimos al desnudo, visitamos al enfermo, luchamos contra la injusticia...Debemos vigilar y orar. Mañana empieza el tiempo de Adviento. Es un buen momento para despertarnos y orar. No repetir oraciones, sino orar, hablar con Dios, meditar...
  



viernes, 1 de diciembre de 2017

SEÑALES DE ADVIENTO


El domingo empezamos el tiempo de Adviento. Se trata de estar atentos, vigilantes a las señales del Señor. Florentino Ulibarri nos las recuerda con esta oración:

"Mil señales afloran cada día
para quien es vigía de la vida.
El susurro de la brisa,
el murmullo del arroyo,
el batir de las olas en la orilla,
el olor de la tierra que descansa,
el perfume de las plantas,
las hojas que caen maduras,
el rugido del mar bravío,
el viento huracanado,
el fuego que crepita
y todos los ruidos de la naturaleza...
son señales de un Adviento
que se anuncia y llega.
La luz de la mañana que despierta,
el sol que se levanta,
el agua juguetona y cantarina,
la tierra arada y vuelta,
al atardecer que todo lo recoge,
las estrellas que parpadean,
las nubes que van y vienen,
la luna con sus guiños y fases,
los caminos que no desaparecen
y el rocío que viste prados y montes...
son señales de un Adviento
que se anuncia y llega.
Niños que gimen y lloran,
unos padres que se levantan,
ancianos que sueñan y sueñan,
jóvenes que viven y cantan,
personas que acarician y aman,
campesinos que esperan tras la jornada,
trabajadores que cuidan y transforman,
emigrantes en busca de la vida,
solidarios llenos de ternura y vista,
profetas de una humanidad nueva...
son señales de un Adviento
que se anuncia y llega.
Gracias, Señor,
y que las señales
sigan y sigan." 

LECCIÓN DE ESPERANZA


"También les propuso Jesús esta comparación:
- Mirad la higuera, o cualquier otro árbol: cuando veis que ya brotan sus hojas, comprendéis que el verano está cerca. De la misma manera, cuando veáis que suceden esas cosas, sabed que el reino de Dios ya está cerca.
Os aseguro que todo ello sucederá antes que haya muerto la gente de este tiempo. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán."

Jesús, con la parábola de la higuera, nos da una gran lección de esperanza. No hay que buscar los frutos inmediatos. Nosotros querríamos que la justicia se produzca ya. Que todo el mundo sea bueno y se comporte fraternalmente.
Jesús nos dice que nos hemos de fijar en los pequeños detalles. Cuando brotan las hojas de la higuera, ya sabemos que los frutos llegarán.
Hoy vemos muchas personas sencillas que dan su vida por los demás. Gente que lo han dejado todo para ir a los lugares más pobres del mundo. Que dedican su tiempo a curar a personas que nadie cura. Que acompañan a aquellos que están solos. No salen en el telenoticias ni en los periódicos, pero están ahí, entregando sus vidas. Son esas hojas que nos anuncian que el verano está cerca, que los frutos llegarán. Son la base de nuestra esperanza. 




jueves, 30 de noviembre de 2017

NUESTRA GALILEA


"Jesús paseaba por la orilla del lago de Galilea, cuando vio a dos hermanos: a Simón, también llamado Pedro, y a Andrés. Eran pescadores, y estaban echando la redr al agua. Jesús les dijo:
– Seguidme, y yo os haré pescadores de hombres.
Al momento dejaron sus redes y se fueron con él. 
Un poco más adelante vio Jesús a otros dos hermanos: Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en una barca reparando las redes. Jesús los llamó, y al punto, dejando ellos la barca y a su padre, le siguieron."

Hoy, en la festividad de san Andrés, leemos su llamada en Galilea. Jesús también nos llama a nosotros. Tenemos nuestra Galilea junto al lago. Veamos el comentario que hace el papa Francisco en una homilía en la capilla de Santa Marta:
"Galilea es el lugar de la primera llamada, donde todo empezó. Hay que volver a Galilea, al lugar de la primera llamada. Jesús pasó por la orilla del lago, mientras los pescadores reparaban sus redes. Los llamó, y lo ellos dejaron y le siguieron. También para cada uno de nosotros existe una "Galilea" en el inicio de nuestro camino con Jesús. Quiere decir redescubrir nuestro bautismo como fuente viva, sacar energías de la raíz de nuestra Fe y de nuestra experiencia cristiana. ¿Dónde está mi Galilea?¿La recuerdo?¿La he olvidado?"
En realidad Jesús nos sigue llamando cada día. Es cuestión de ahogar el "ruido" que nos impide escucharlo.