viernes, 7 de septiembre de 2018

JESÚS ES ALEGRÍA


"Le dijeron a Jesús:
– Los seguidores de Juan y los de los fariseos ayunan mucho y hacen muchas oraciones, pero tus discípulos no dejan de comer y beber. 
Jesús les contestó:
– ¿Acaso podéis hacer que ayunen los invitados a una boda mientras el novio está con ellos? Ya llegará el momento en que se lleven al novio; cuando llegue ese día, ayunarán.
También les contó esta parábola:
– Nadie corta un trozo de un vestido nuevo para arreglar un vestido viejo. De hacerlo así, echará a perder el vestido nuevo; además el trozo nuevo no quedará bien en el vestido viejo. Ni tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo hace que los odres revienten, y tanto el vino como los odres se pierden. Por eso hay que echar el vino nuevo en odres nuevos. Y nadie que beba vino añejo querrá después beber el nuevo, porque dirá que el añejo es mejor."

Si Jesús está en nuestro corazón y sabemos verlo en los demás, no hay lugar para la tristeza. La alegría debe reinar siempre en nosotros. Jesús también nos invita a avanzar. Lo nuevo está hecho para lo nuevo.  

"Cada cosa a su tiempo y en su lugar. Eso parece decir Jesús a sus adversarios. Mientras Jesús permanece con los suyos y ellos en profunda comunión con Él, no es necesario ayunos ni penitencias de ninguna clase. Un signo eficaz de la presencia activa del reino en medio de las personas es la alegría del corazón. Solo cuando no se está en sintonía con el reinado de Dios, es decir, con su voluntad, hay que llenarse de tristeza y depresión. Pero cuando la gracia (el amor) de Dios impregna la vida del creyente la alegría desbordante impregna todas las fibras de la vida aún en medio de las dificultades. La novedad del Reino siempre llena de gozo el corazón. Por eso el Reino de Dios es una verdadera fiesta, porque la presencia de Dios no puede ser luctuosa, apesadumbrada, deprimente. Llenarse de la vida de Dios es llenarse de luz, fortaleza y esperanza. ¿Has contagiado a otros de pasión por la vida, de gozo y esperanza aún en medio de las dificultades?" (Koinonía) 


jueves, 6 de septiembre de 2018

SIGNOS DE ESPERANZA


"En una ocasión se encontraba Jesús a orillas del lago de Genesaret, y se sentía apretujado por la multitud que quería oir el mensaje de Dios. Vio Jesús dos barcas en la playa. Estaban vacías, porque los pescadores habían bajado de ellas a lavar sus redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que la alejara un poco de la orilla. Luego se sentó en la barca y comenzó a enseñar a la gente. Cuando terminó de hablar dijo a Simón:
– Lleva la barca lago adentro, y echad allí vuestras redes, para pescar.
Simón le contestó:
– Maestro, hemos estado trabajando toda la noche sin pescar nada; pero, puesto que tú lo mandas, echaré las redes.
Cuando lo hicieron, recogieron tal cantidad de peces que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros de la otra barca, para que fueran a ayudarlos. Ellos fueron, y llenaron tanto las dos barcas que les faltaba poco para hundirse. Al ver esto, Simón Pedro se puso de rodillas delante de Jesús y le dijo:
– ¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!
Porque Simón y todos los demás estaban asustados por aquella gran pesca que habían hecho. También lo estaban Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón:
– No tengas miedo. Desde ahora vas a pescar hombres.
Entonces llevaron las barcas a tierra, lo dejaron todo y se fueron con Jesús."

"Jesús se muestra como el profeta esperado. Sus palabras y acciones manifiestan la hora de Dios. En medio de la desesperanza y la oscuridad en que vive el pueblo, se vislumbra una luz de vida. Por eso la agente se agolpa para escucharlo. Sus palabras iluminan el corazón, avizoran un amanecer luminoso. Dios no se ha olvidado de su pueblo. Hasta los pescadores han perdido las ganas de pescar. Pero Jesús los desafía, les pide que remen mar adentro, que se arriesguen. Y lanzan las redes confiando en la palabra del maestro. ¡Vaya sorpresa! La red queda repleta de peces. Los peces simbolizan la abundancia de bienes que contribuye al bienestar del pueblo. Hoy cuando el planeta se estremece ante la crisis ecológica y humanitaria, cuando todo parece nublado, oscuro, confuso, desesperado. Ahora es cuando hay que echar las redes en nombre de Jesús, confiando en su palabra que se hace proyecto de vida y esperanza para todos los que quieran asumir su propuesta de Reino. ¿De qué manera puedes ser signo de esperanza para tu comunidad?" (Koinonía)



miércoles, 5 de septiembre de 2018

LA MISIÓN DE JESÚS


"Jesús salió de la sinagoga y entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba enferma, con mucha fiebre, y rogaron a Jesús que la sanase. Jesús se inclinó sobre ella y reprendió a la fiebre, y la fiebre la dejó. Al momento, ella se levantó y se puso a atenderlos. 
Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos de diferentes enfermedades los llevaron a Jesús; él puso las manos sobre cada uno de ellos y los sanó. De muchos enfermos salieron también demonios que gritaban:
– ¡Tú eres el Hijo de Dios!
Pero Jesús reprendía a los demonios y no los dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías. Al amanecer, Jesús salió de la ciudad y se dirigió a un lugar apartado. Pero la gente le buscó hasta encontrarle. Querían retenerlo para que no se marchase, pero Jesús les dijo:
– También tengo que anunciar las buenas noticias del reino de Dios a los otros pueblos, porque para esto he sido enviado. 
Así iba Jesús anunciando el mensaje en las sinagogas de Judea."

Un día más encontramos a Jesús cumpliendo su misión: sanar, eliminar el mal y anunciar la Buena Nueva, el Reino. Pero hoy encontramos un detalle que no debemos obviar. Jesús cura a la suegra de Pedro, y lo primero que ella hace, es servir a los demás. Esa es la señal de que el mal ha desaparecido de nosotros: que servimos, que nos entregamos a los demás. Todo lo demás son palabras vanas.
También es importante hoy, la precisión que hace Jesús: Él ha sido enviado a todos. No podemos apropiarnos de Jesús.   


martes, 4 de septiembre de 2018

JESÚS NOS LIBRA DEL MAL


"Llegó Jesús a Cafarnaún, un pueblo de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente; y se admiraban de cómo les enseñaba, porque hablaba con plena autoridad. 
En la sinagoga había un hombre que tenía un demonio o espíritu impuro que gritaba con fuerza:
– ¡Déjanos! ¿Por qué te metes con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo te conozco: ¡Sé que eres el Santo de Dios! 
Jesús reprendió a aquel demonio diciéndole:
– ¡Cállate y deja a ese hombre!
Entonces el demonio arrojó al hombre al suelo delante de todos y salió de él sin hacerle ningún daño. Todos se asustaron y se decían unos a otros:
– ¿Qué palabras son esas? ¡Este hombre da órdenes con plena autoridad y poder a los espíritus impuros y los hace salir!
La fama de Jesús se extendía por todos los lugares de la región."

Jesús empieza a poner en práctica el texto de Isaías que leyó ayer en Nazaret. Se encuentra ante un endemoniado y lo libra del mal. El texto está lleno de simbolismos, que nos explica Koinonía con claridad:
 "Jesús se revela con autoridad frente al poder del mal que destruye la vida y la dignidad de las personas. Eso significa estar endemoniado. Es estar alienado por un espíritu que anula la conciencia de la persona o del grupo. Curiosamente la acción ocurre al interior de la sinagoga, lugar de estudio y oración de las Escrituras, y en día sábado dedicado al culto divino. Esto indica que es la sinagoga como estructura socio-religiosa la que está endemoniada. Es decir, que no genera actos de humanización de las personas y de la comunidad. Por eso los demonios confrontan a Jesús. Lo conocen pero no lo soportan porque les descubre la ineficacia de su acción, les desenmascara sus intenciones ocultas: alienar y explotar al pueblo desde las instituciones religiosas. Jesús habla y actúa con autoridad, es decir, con coherencia de vida. Su palabra libera, salva, humaniza y sus acciones corroboran la eficacia de su palabra. Por eso puede derrotar las fuerzas del mal y devolver la paz y la vida a las personas. ¿De qué males o “demonios” necesitamos liberarnos hoy?" (Koinonía) 




lunes, 3 de septiembre de 2018

A LA LUZ DE LA PALABRA


"Jesús fue a Nazaret, al pueblo donde se había criado. Un sábado entró en la sinagoga, como era su costumbre, y se puso en pie para leer las Escrituras. Le dieron a leer el libro del profeta Isaías, y al abrirlo encontró el lugar donde estaba escrito: 
“El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque me ha consagrado
para llevar la buena noticia a los pobres;
me ha enviado a anunciar libertad a los presos
y a dar vista a los ciegos;
a poner en libertad a los oprimidos; 
 a anunciar el año favorable del Señor.” 
Luego Jesús cerró el libro, lo dio al ayudante de la sinagoga y se sentó. Todos los presentes le miraban atentamente. Él comenzó a hablar, diciendo:
– Hoy mismo se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros. 
Todos hablaban bien de Jesús y estaban admirados de la belleza de su palabra. Se preguntaban:
– ¿No es este el hijo de José? 
Jesús les respondió:
– Seguramente me aplicaréis el refrán: 'Médico, cúrate a ti mismo', y me diréis: 'Lo que oímos que hiciste en Cafarnaún, hazlo también aquí, en tu propia tierra.'
Y siguió diciendo:
– Os aseguro que ningún profeta es bien recibido en su propia tierra. Verdaderamente había muchas viudas en Israel en tiempos del profeta Elías, cuando no llovió durante tres años y medio y hubo mucha hambre en todo el país. Sin embargo, Elías no fue enviado a ninguna de las viudas israelitas, sino a una de Sarepta, cerca de la ciudad de Sidón. También había en Israel muchos enfermos de lepra en tiempos del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue sanado, sino Naamán, que era de Siria. 
Al oir esto, todos los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira. Se levantaron y echaron del pueblo a Jesús. Lo llevaron a lo alto del monte sobre el que se alzaba el pueblo, para arrojarle abajo. Pero Jesús pasó por en medio de ellos y se fue."

Jesús predica en la sinagoga de su pueblo, Nazaret, y estos lo rechazan. Jesús les anuncia el camino del Reino, que es el de la misericordia, la entrega a los pobres, la libertad, la luz que nos hace VER...Y les dice que esas palabras del profeta Isaías se cumplen en Él.
Ellos quedan sorprendidos, porque saben que es el hijo del carpintero, alguien que ha crecido entre ellos. No puede ser que el Espíritu esté sobre Él y que sea el encargado de liberar a la humanidad. Pero lo que más les molesta, es que esas palabras de Isaías que ellos habían aplicado siempre al Pueblo Elegido, Él las aplica a toda la humanidad y pone como ejemplo a Naamán, un sirio, y a la viuda de Sarepta.
Cuando la predicación nos hace salir de nuestros esquemas, también nosotros podemos tener la misma reacción que los conciudadanos de Jesús: la ira y la violencia. No podemos creernos los únicos que tenemos la verdad, ni los únicos que siguen el buen camino. Dios conoce los corazones de todos. Nosotros debemos interrogarnos y cuestionarnos cada día sobre nuestra actuación. Es a la luz de la Palabra que debemos examinar nuestros actos y nuestra vida. A aquellos que nos hablan, no debemos juzgarlos por su procedencia, sino por si son fieles o no a la Palabra. 


domingo, 2 de septiembre de 2018

SÓLO EL CORAZÓN LIMPIA LAS MANOS


"Se acercaron los fariseos a Jesús, junto con unos maestros de la ley que habían llegado de Jerusalén. Y al ver que algunos discípulos de Jesús comían con las manos impuras, es decir, sin haber cumplido con el rito de lavárselas, los criticaron. (Porque los fariseos –y todos los judíos– siguen la tradición de sus antepasados de no comer sin antes lavarse cuidadosamente las manos. Y al volver del mercado, no comen sin antes cumplir con el rito de lavarse. Y aún tienen otras muchas costumbres, como lavar los vasos, los jarros, las vasijas de metal y las camas.) Por eso, los fariseos y los maestros de la ley preguntaron a Jesús:
– ¿Por qué tus discípulos no siguen la tradición de nuestros antepasados? ¿Por qué comen con las manos impuras?
Jesús les contestó:
– Bien habló el profeta Isaías de lo hipócritas que sois, cuando escribió:
‘Este pueblo me honra de labios afuera,
pero su corazón está lejos de mí.
De nada sirve que me rinda culto,
pues sus enseñanzas son mandatos de hombres.’ 
Porque vosotros os apartáis del mandato de Dios para seguir las tradiciones de los hombres.
Luego Jesús llamó a la gente y dijo:
– Escuchadme todos y entended: Nada de lo que entra de fuera puede hacer impuro al hombre. Lo que sale del corazón del hombre es lo que le hace impuro.  
Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los asesinatos, los adulterios, la codicia, las maldades, el engaño, los vicios, la envidia, los chismes, el orgullo y la falta de juicio. Todas estas cosas malas salen de dentro y hacen impuro al hombre."

Se puede ser muy religioso y estar muy lejos de Dios. Podemos cumplir escrupulosamente normas, leyes, ritos, tradiciones...y nuestro corazón permanecer a años luz de Dios. Es lo que ocurre cuando la religión pierde su alma, la espiritualidad. Nos quejamos de que la gente se aleja de Dios, y no nos damos cuenta de que nosotros somos los primeros que nos hemos alejado de Él. Tenemos las manos limpias, pero el corazón sucio. Cuidamos nuestra imagen, lo externo, y olvidamos nuestro interior, nuestro corazón. Hemos transformado la religión en algo externo, rutinario, tradicional...y hemos olvidado que debe ser VIDA. Si no volvemos a la esencia de la religión, a limpiar el corazón y no las manos, no hay futuro. Nuestras iglesias se quedarán cada vez más vacías. El hombre quedará perdido sin espiritualidad.

"Jesús nos invita a redescubrir la esencia del cristianismo en nuestra opción por construir la Utopía de Dios –lo que él llamaba en arameo «Malkuta Yavé», Reinado de Dios– y por vivir de acuerdo con los principios del evangelio. Todas nuestras normas y
protocolos están al servicio de una auténtica vivencia de sus enseñanzas. Nosotros no debemos renunciar a una vida auténtica y creativa para seguirlo a él. Todo lo contrario. Debemos recrear aquí y ahora toda la novedad de su profecía y toda la radicalidad de su amor incondicional por los excluidos.
Conectado con todo este tema está aquel otro de «la letra y el espíritu»: la «letra» es el detalle de lo mandado, la prescripción, el rito, la acción concreta, la «verdad superficial» (Niels Bohr)... El «espíritu», aquí, es el sentido con el que ha sido concebida aquella práctica concreta, más allá de las limitaciones de la letra, y la vivencia con la que debe ser vivida, la «verdad profunda» (Bohr). Por eso se dice que la letra (se entiende: la sola letra, o la letra sin espíritu, la verdad superficial) mata, mientras que el espíritu vivifica. La letra es un medio, el espíritu es un fin. Éste puede darse aun sin aquélla, al margen o incluso «en contra» de ella: en efecto, hay veces que, en circunstancias muy especiales, el espíritu de una ley o de una práctica ritual puede exigir hacer en aquella situación, «precisamente lo contrario» de lo que la letra prescribe. Esa flexibilidad, esa «libertad de espíritu» también se exige a los cristianos, como a todo ser humano adulto y maduro."(Koinonía)




sábado, 1 de septiembre de 2018

COMPARTIR LOS DONES


"El reino de los cielos es como un hombre que, a punto de viajar a otro país, llamó a sus criadose y los dejó al cargo de sus negocios. A uno le entregó cinco mil monedas, a otro dos mil y a otro mil: a cada cual conforme a su capacidad. Luego emprendió el viaje. El criado que recibió las cinco mil monedas negoció con el dinero y ganó otras cinco mil. Del mismo modo, el que recibió dos mil ganó otras dos mil. Pero el que recibió mil, fue y escondió el dinero de su señor en un hoyo que cavó en la tierra.
Al cabo de mucho tiempo regresó el señor de aquellos criados y se puso a hacer cuentas con ellos. Llegó primero el que había recibido las cinco mil monedas, y entregando a su señor otras cinco mil le dijo: ‘Señor, tú me entregaste cinco mil, y aquí tienes otras cinco mil que he ganado.’ El señor le dijo: ‘Muy bien, eres un criado bueno y fiel. Y como has sido fiel en lo poco, yo te pondré al cargo de mucho más. Entra y alégrate conmigo.’ Después llegó el criado que había recibido las dos mil monedas, y dijo: ‘Señor, tú me entregaste dos mil, y aquí tienes otras dos mil que he ganado.’ El señor le dijo: ‘Muy bien, eres un criado bueno y fiel. Y como has sido fiel en lo poco, yo te pondré al cargo de mucho más. Entra y alégrate conmigo.’
Por último llegó el criado que había recibido mil monedas y dijo a su amo: ‘Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso tuve miedo; así que fui y escondí tu dinero en la tierra. Aquí tienes lo que es tuyo.’ El amo le contestó: ‘Tú eres un criado malo y holgazán. Puesto que sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí, debías haber llevado mi dinero al banco, y yo, a mi regreso, lo habría recibido junto con los intereses.’ Y dijo a los que allí estaban: ‘Quitadle a este las mil monedas y dádselas al que tiene diez mil. Porque al que tiene, se le dará más y tendrá de sobra; pero al que no tiene, hasta lo que tiene se le quitará. Y a este criado inútil arrojadlo fuera, a la oscuridad. Allí llorará y le rechinarán los dientes.’"

Esta parábola se presta a interpretarla erróneamente. Jesús, lo que nos quiere enseñar, es que los dones que poseemos, los talentos, son para dedicarlos a los demás, que nuestra vida debe ser una entrega contínua. Jesús está atacando el egoísmo, el narcisismo, el encerrase en uno mismo e ignorar al prójimo.
 "Hoy nos encontramos con una parábola de difícil interpretación. Pareciera que Jesús estuviera haciendo apología del capitalismo salvaje que tantas veces hemos denunciado. Pero no, el sentido de la parábola está relacionado con la cantidad de dones que Dios mismo ha puesto en el corazón del ser humano para hacerlos fructificar en función de la extensión del reino de Dios. Todos los seres humanos estamos dotados de grandes cualidades, aptitudes, destrezas y habilidades. Estas nos han sido dadas para cualificarlas y perfeccionarlas y colocarlas al servicio de las personas más necesitadas y, con ellas, dejar que el Reinado de Dios acontezca en medio de nosotros. Pero a veces, muchas veces, acaparamos los dones recibidos para nuestro provecho egoísta y mezquino. De hecho vivimos un ambiente social basado en el individualismo y la competencia desleal. El trabajo de la evangelización pasa necesariamente por la sensibilización de los corazones para que entendamos de una vez por todas que la vida del ser humano tiene sentido cuando se aprende a vivir la comunión y solidaridad universal. ¿Cómo entregas tus dones a los demás?" (Koinonía)