sábado, 19 de noviembre de 2022

UN DIOS QUE DA VIDA

 


En aquel tiempo se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: "Maestro, Moisés nos dejó escrito: "Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano". Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella". Jesús les contestó: "En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob". No es Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos están vivos".
Intervinieron unos letrados: "Bien dicho, Maestro". Y no se atrevían a hacerle más preguntas.

"Solo quien ha tenido hambre podrá comprender la afirmación del Salmo 144 al exclamar: «¡Nuestros graneros estén llenos!». El salmista celebra la justicia de Dios, agradece su liberación, y alaba su poder creador. Pero la abundancia de pan, como cúspide de ese cuidado divino, adquiere una importancia especial. El pan en el granero implica el aseguramiento de la vida, ‘espanta’ el fantasma del hambre y, con éste, la inanición y la muerte. Según la FAO, cerca de 50 millones de personas sufren hambre en América Latina. Y no porque no haya pan, sino porque está acaparado en el granero de los poderosos, que lo acumulan impasibles ante las necesidades del prójimo. El evangelio invita a soñar con otro mundo, aquel en el que reine la ética de Dios, que satisface la vida de sus hijos e hijas sin necesidad de atropellar la dignidad de nadie. La mujer es portadora de la bendición y salvación, precisamente ella, que estaba sometida. ¡Ni dueños absolutos de las cosas ni mucho menos de las personas! " (Koinonía)

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