sábado, 21 de agosto de 2021

SER COHERENTES

 


En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: "En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en la sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido."

En el texto evangélico, Jesús nos invita a la coherencia de vida contra la hipocresía (no ser coherentes) que contamina nuestro mundo. Jesús cumplía lo que predicaba. Hizo y enseñó; critica en especial a aquellos que tienen una responsabilidad en la sociedad. Desea que seamos cómo árboles que no sólo presentan una apariencia hermosa, sino que dan buenos frutos. Que seamos de los que “lo que decimos, lo hacemos”, cumpliendo así la voluntad del Padre. Esto lo refuerza recordando que no debemos dejarnos llevar por la búsqueda de honores y rangos, los cuales no tienen sentido en el proyecto del Reino. Por ello el “maestro”, es decir, el intérprete de la ley sólo es Jesús; el “Padre” es uno solo y la Comunidad cristiana está formada sólo por “hermanos” y "hermanas" sin títulos. La autoridad se encuentra en el servicio no en el poder ni en el orgullo. Sería engaño aceptar como verdad lo que no somos ni podemos ser. ¿Soy coherente, es decir, lo que digo lo hago?

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