lunes, 27 de enero de 2020

EL ANACORETA Y LA BENDICIÓN


Llegó un peregrino a la cueva del Anacoreta y le pidió:
- Bendíceme, Maestro.
El Anacoreta empezó a enumerar las bondades del peregrino.
Este extrañado, insistió.
- Os he pedido vuestra bendición; no que me elogiéis.
El Anacoreta lo miró profundamente y sonrió con placidez. Suspiró y dijo:
- Bendecir no es un gesto ni repetir una fórmula ritual. Bendecir es "decir-bien". Cada ve que hablamos bien de alguien lo estamos bendiciendo.
Guardó unos instantes de silencio, miró a lo lejos y prosiguió:
- ¿No crees que a nuestro mundo le faltan muchas bendiciones? ¡Sólo se oye hablar mal de los otros! Escucha el discurso más simple de un político. Pasa más tiempo en descalificar a los demás, que en decir qué es lo que él va a hacer. Toma cualquier periódico. Encontrarás más artículos de crítica que de alabanza. Eso es maldecir, "decir-mal". Y así como la bendición nos trae el bien, la maldición engendra el mal. Sí, cada vez que hablamos bien de alguien, que lo felicitamos, que le demostramos ternura, lo estamos bendiciendo. Deberíamos llenar el mundo de bendiciones.
Y se retiró lentamente a su cueva.

domingo, 26 de enero de 2020

DEJAR LAS REDES


"Cuando Jesús oyó que Juan estaba en la cárcel, se dirigió a Galilea. Pero no se quedó en Nazaret, sino que se fue a vivir a Cafarnaún, a orillas del lago, en los territorios de Zabulón y de Neftalí. Esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el profeta Isaías: 
“Tierras de Zabulón y de Neftalí,
más allá del Jordán,
a la orilla del mar:
Galilea de los paganos.
El pueblo que andaba en oscuridad
vio una gran luz;
una luz iluminó
a los que vivían en sombras de muerte.” 
Desde entonces comenzó Jesús a proclamar: “¡Volveos a Dios, porque el reino de los cielos está cerca!”
Jesús paseaba por la orilla del lago de Galilea, cuando vio a dos hermanos: a Simón, también llamado Pedro, y a Andrés. Eran pescadores, y estaban echando la red al agua. Jesús les dijo:
– Seguidme, y yo os haré pescadores de hombres.
Al momento dejaron sus redes y se fueron con él. 
Un poco más adelante vio Jesús a otros dos hermanos: Santiagot y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en una barca reparando las redes. Jesús los llamó, y al punto, dejando ellos la barca y a su padre, le siguieron. 
Recorría Jesús toda Galilea enseñando en la sinagoga de cada lugar. Anunciaba la buena noticia del reino y curaba a la gente de toda clase de enfermedades y dolencias."


El comentario de hoy de Koinonía es muy completo, por lo que no añado nada más.

"Son bastantes los detalles que merecen comentario en este evangelio.
- Jesús comienza su actividad tomando como referencia los signos de los tiempos. Al menos el evangelista hace notar que no empezó Jesús sin más cuando quiso, sino al ver que habían encarcelado a Juan. Jesús reacciona ante los hechos de la historia que le rodea. No viene a cumplir una misión ya programada previamente y que ha de llevarse a cabo con la indiferencia del «pase lo que pase».
- Jesús «fue a vivir» a Cafarnaúm. Algunos teólogos (Nolan por ejemplo) hacen notar que «se estableció» allí, y que, probablemente, la que varias veces en los evangelios se cita como «su casa» sería casa no de Pedro, sino la casa de Jesús... No hay seguridad, pero no es improbable. Una duda sobre esa imagen tan fácil que nos hemos hecho del Jesús evangelizador itinerante.
- El contenido de lo que sería la «primera predicación» de Jesús, o más bien, la tónica dominante de la predicación de Jesús: la venida del Reinado de Dios, como buena noticia que invita al cambio... Hoy ya esto lo saben los niños en la catequesis parroquial, cuando hace cuarenta años lo ignorábamos todos los cristianos adultos, incluidos los predicadores: que el centro de la predicación de Jesús fue el «Reinado de Dios», un concepto entre profético y escatológico... O sea: que Jesús no fue un predicador doctrinal teórico, ni un maestro de sabiduría religiosa, ni un asceta... sino un profeta dominado por la urgencia de una pasión, la pasión por el Reinado de Dios que él creía inminente...
- No era sólo un anuncio, sino una con-moción: Jesús anunciaba para empujar al cambio, para animar la esperanza en el cambio que Dios mismo estaba a punto de empujar... Por eso, su anuncio era para la conversión: «cambien su vida y su corazón porque el Reino de los Cielos se ha acercado», traduce la Biblia Latinoamericana.
- Aquí hay una doble dirección: hay que cambiar (convertirse) «porque» viene el Reinado de Dios, y, también, hay que cambiar «para que» venga, para hacer posible que venga, porque cambiando, en nuestro cambiar, ya está viniendo ese Reinado... Son las dos dimensiones: activa y pasiva, receptiva y provocativa, de contemplación y de lucha... sin unilateralismos.
- El carácter concreto del tipo de praxis que Jesús adopta, que no es la de transformar la sociedad él mismo directamente, con sus propias prácticas, no es la de afrontar directamente la tarea, sino la de enrolar a otros, convencer a otros para sumarse a la tarea, y para ello, dedicarse a desbloquear las mentes, a iluminar los corazones, abrir la visión de los demás... para que puedan incorporarse a la transformación de la sociedad. Si se nos permite decirlo así, Jesús, más que una práctica, asume una práctica teórica y simbólica. Él no se hace médico ni se dedica a curar a los enfermos, sino a dar la Buena Noticia, aunque salpica su predicación constantemente con «signos» de curación: «predicaba y sanaba». Teoría y práctica. Esta práctica era apoyo de aquella teoría, y la teoría no era realmente tal, sino una práctica teórica: Jesús ejercía de abridor de mentes, iluminador de corazones, generador de esperanza, transmisor de energías...
- En esa línea se puede enmarcar mejor aún lo de convertir a sus más allegados en «pescadores de personas» (no «de hombres»), lo que él mismo estaba siendo, lo que cualquier discípulo debe también ser. El expansionismo evangelizador misionero proselitista, el querer extender el cristianismo a todo el mundo haciendo tabla rasa de las demás religiones, ya no tiene lugar en una visión a la altura de los tiempos actuales. El ser realmente «evangelizador» apasionado por la Utopía del Reino (utopía que no es enemiga de las demás religiones ni pretende imponer ninguna cultura) sigue teniendo plenamente sentido.
Muchos detalles, muchos temas, en un evangelio sencillo pero enjundioso." (Koinonía) 





sábado, 25 de enero de 2020

ANUNCIAR LA BUENA NUEVA


"Y les dijo:
- Id por todo el mundo y anunciad a todos la buena noticia. El que crea y sea bautizado, será salvo; pero el que no crea será condenado. Y estas señales acompañarán a los que creen: en mi nombre expulsarán demonios; hablarán nuevas lenguas; cogerán serpientes con las manos; si beben algún veneno, no les dañará; pondrán las manos sobre los enfermos, y los sanarán."

Los cristianos tenemos la obligación de anunciar la Buena Nueva. Y de hacerlo ayudando a los demás. Él estará siempre con nosotros. La mejor manera de anunciar el Evangelio es viviendo la vida de Jesús. Es decir, amando a los demás; sobre todo a los más pobres, a los perseguido, a los que sufren.
"Jesús instruye a sus apóstoles sobre la misión. En primer lugar, en salida “id y anunciad” la buena noticia a toda la Comunidad. Quería una iglesia misionera, una iglesia en salida, como lo ha dicho recientemente el Papa Francisco. La fe está unida al bautismo. Quien cree se sumerge en el agua que significa la vida (misión) de Cristo Jesús. Y la misión de Jesús es que “todos los seres humanos tengamos una vida abundante”. Por eso, el que rechaza el proyecto de Jesús, está rechazando la posibilidad de dignificación de los hermanos más pobres. A los que se adhieren al plan de Jesús les acompañarán señales muy concretas para vencer al mal. Estarán capacitados para comunicar vida y esperanza a todos los oprimidos por las estructuras de pecado y de muerte. Tengamos la plena confianza de que si actuamos en nombre de Jesús él nos acompaña y nos dará el valor para vencer el mal con la fuerza del amor, la justicia y la bondad." (Koinonía)

viernes, 24 de enero de 2020

EL ANACORETA Y LAS HUELLAS


Y se incendió el desierto. Me preguntaréis qué hay para quemarse en el desierto. En el del Anacoreta había unos matojos resecos y escuálidos, que, sin saber cómo, empezaron a arder. Nadie supo de dónde vino el fuego ni hacia dónde fue. La oveja del Anacoreta, asustada, también desapareció. La leche que les proporcionaba, era una de las fuentes nutritivas para el anacoreta y su discípulo.
El desierto quedó cubierto por una capa de ceniza que ocultaba las huellas de la oveja. Tomó el discípulo una escoba de ramas de brezo y empezó a barrer con furia buscando las huellas de la oveja. El Anacoreta lo contemplaba sonriendo. Pasaron unos minutos; el discípulo sudaba por todos sus poros y las huellas no aparecían. Cuando el discípulo dejó la escoba, el Anacoreta se agachó y con suavidad, empezó  a soplar sobre la ceniza. Al poco rato aparecieron, nítidas, las huellas de la oveja. Siguieron la dirección que indicaban y no tardaron en encontrar, refugiada en una oquedad de la roca, su oveja apreciada.
Cuando regresaron a la cueva dijo el Anacoreta al discípulo:
- Barriendo con la fuerza que tú lo hacías, barrías ceniza y huellas a la vez. Lo mismo pasa con las personas. No es con fuerza y violencia como lograrás que aflore lo bueno que hay en ellas. Sopla con ternura sobre su corazón, y, por mala que sea, aparecerán las huellas de Dios.
Y como el sol ya se ocultaba  tras el horizonte, se dispuso a rezar Vísperas.

jueves, 23 de enero de 2020

EL ANACORETA Y LA META


Se acercó un día el discípulo al Anacoreta y le preguntó:
- Maestro. ¿Cuándo podré considerarme un buen anacoreta?
El anciano cerró el libro que tenía entre las manos. Sonrió y preguntó a su vez:
- ¿Cuándo el viento puede decir que ha llegado a su meta? Y ¿acaso existe un lugar en el que la luz pueda decir que ha llegado a su fin? ¿Tienen límite tus pensamientos? ¿Puedes encerrar en una jarra tus sentimientos?
Negó con la cabeza el discípulo. Se levantó el Anacoreta y se dirigió al borde del barranco a cuyos pies se extendía el desierto, y, mirando al horizonte añadió:
- Aquellos que creen haber llegado, simplemente han errado el camino. La vida del anacoreta es una constante búsqueda de Dios. El anacoreta que vive como si lo hubiera encontrado, no es un verdadero anacoreta. Nadie comprende mejor a un ateo que un verdadero anacoreta, porque él también vive en el silencio de Dios  y lo está buscando.
- Entonces - dijo en un susurro el joven - ¿por qué buscamos si no podemos encontrar?
El Anacoreta se giró hacia el discípulo. Le puso ambas manos sobre los hombros y mirándolo con aquellos ojos profundos llenos de paz, dijo:
- Nosotros no podemos encontrar a Dios. Pero sí podemos ser encontrados por Él. La vida del Anacoreta consiste en despojarse de todos los obstáculos que impiden que Dios llegue a nosotros y nos recoja entre sus brazos.
Y volviéndose a sentar, abrió otra vez el libro y prosiguió serenamente su lectura.


miércoles, 22 de enero de 2020

¿NORMAS O VIDA?


"Jesús entró otra vez en la sinagoga. Había allí un hombre que tenía una mano tullida, y espiaban a Jesús para ver si lo sanaría en sábado y tener así algo de qué acusarle. Jesús dijo al hombre de la mano tullida:
– Levántate y ponte ahí en medio.
Luego preguntó a los demás:
– ¿Qué está permitido hacer en sábado: el bien o el mal? ¿Salvar una vida o destruirla? 
Ellos se quedaron callados. Jesús miró entonces con enojo a los que le rodeaban y, entristecido porque no querían entender, dijo a aquel hombre:
– Extiende la mano.
El hombre la extendió, y la mano le quedó sana. Pero los fariseos, en cuanto salieron, comenzaron junto con los del partido de Herodesd a hacer planes para matar a Jesús."

Para los judíos, sobre todo los fariseos, el cumplimiento del sábado era muy importante. Para Jesús, el ayudar al otro, el devolverle la salud, el hacerlo libre, es todavía más importante. Este hacer pasar al hombre, a la vida, por encima de las normas y leyes, le acarreará la muerte. Por desgracia, en nuestra sociedad sigue ocurriendo lo mismo. Las leyes, las normas, son más importantes que las personas. Olvidamos, que la razón de ser de normas y leyes, es ayudar a vivir a los hombres; hacerlos libres, no esclavos.
"Si hemos seguido atentamente los primeros capítulos del evangelio de Marcos vemos que Jesús entrelaza el anuncio del Reino con las acciones liberadoras que indican que efectivamente ha comenzado a actuar. Sabemos que la enfermedad nos oprime y nos disminuye en nuestra capacidad de trabajar y convivir. Más en el tiempo de Jesús que es motivo de señalamiento y rechazo por ser considerada, además, consecuencia de un acto pecaminoso. Por eso los líderes religiosos del pueblo critican, descalifican y quieren eliminar a Jesús. Está desafiando la mentalidad, las costumbres, tradiciones y preceptos vigentes. Pero una vez más, Jesús declara que para Dios lo más importante es la vida, la salud y la dignidad de las personas. Notemos que el milagro ocurre en la sinagoga, casa de oración de los judíos, lo que significa que esa institución había perdido su capacidad de liberar y dignificar a las personas y se había convertido en un instrumento de dominación. Ojalá que nosotros demos más importancia a las personas que a las estructuras, normas y tradiciones."  

martes, 21 de enero de 2020

CADA AMANECER ES UNA LUZ NUEVA


Muchas veces, nuestro día a día viene condicionado por cómo lo empezamos. Lo vivido los días anteriores nos atenaza y hace que empecemos tristes, con malas sensaciones, derrotados...antes de luchar. Sin embargo cada día es un nuevo día. Cada amanecer trae una luz nueva. Esto es lo que nos dice este texto de José Fernández Moratiel que os transcribo:
"Recordamos que cada aurora, cada amanecer es una luz nueva que nos alcanza.
Y es todo un símbolo de lo que está invitada, llamada, a ser nuestra vida.
La luz virgen de cada mañana nos invita a que nuestra vida sea virgen, pura, limpia, inmaculada.
Igual que estrenamos luz cada amanecer, estrenamos la vida cada día, a cada instante.
¡Cuántas veces nos sentimos atosigados por lo que ha pasado, por lo que ha sucedido, por lo que nos ha herido, dañado!
Que se esta luz de cada día la que nos ayude a hacer el camino, la travesía, con conciencia pura, inmaculada.
La luz nos sugiere que nos apuntemos a una vida nueva, sin ninguna cicatriz, realmente nueva.
Una verdadera gracia del silencio: ofrecernos la oportunidad de recuperar esta novedad, la gracia de la inocencia, de la pureza. Dejar que la vida vaya fluyendo, sin atascos, sin heridas...
¡Apúntate a esta vida nueva, que está amaneciendo en ti!"
(José Fernández Moratiel)