domingo, 12 de julio de 2020

DE SEMILLAS Y CAMPOS


"Aquel mismo día salió Jesús de casa y fue a sentarse a la orilla del lago. Como se reunió mucha gente, subió Jesús en una barca y se sentó, mientras la gente se quedaba en la orilla. Y se puso a hablarles de muchas cosas por medio de parábolas. Les dijo:
- Un sembrador salió a sembrar. Y al sembrar, una parte de la semilla cayó en el camino, y llegaron las aves y se la comieron. Otra parte cayó entre las piedras, donde no había mucha tierra; aquella semilla brotó pronto, porque la tierra no era profunda; pero el sol, al salir, la quemó, y como no tenía raíz, se secó. Otra parte cayó entre espinos, y los espinos crecieron y la ahogaron. Pero otra parte cayó en buena tierra y dio una buena cosecha: unas espigas dieron cien granos por semilla, otras dieron sesenta y otras treinta. Los que tienen oídos, oigan.
Los discípulos se acercaron a Jesús, y le preguntaron por qué hablaba a la gente por medio de parábolas. Jesús les contestó:
- A vosotros, Dios os da a conocer los secretos de su reino; pero a ellos no. Pues al que tiene, se le dará más y tendrá de sobra; pero al que no tiene, hasta lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo por medio de parábolas; porque ellos miran, pero no ven; escuchan, pero no oyen ni entienden. En ellos se cumple lo que dijo el profeta Isaías:
‘Por mucho que escuchéis, no entenderéis;
por mucho que miréis, no veréis.
Pues la mente de este pueblo está embotada:
son duros de oído
y han cerrado sus ojos,
para no ver ni oir,
para no entender ni volverse a mí
y que yo los sane.’
Pero dichosos vosotros, porque tenéis ojos que ven y oídos que oyen. Os aseguro que muchos profetas y gente buena desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; desearon oir lo que vosotros oís, y no lo oyeron.
Oíd, pues, lo que significa la parábola del sembrador: Los que oyen el mensaje del reinoi y no lo entienden, son como la semilla que cayó en el camino; viene el maligno y les quita el mensaje sembrado en su corazón. La semilla que cayó entre las piedras representa a los que oyen el mensaje y al pronto lo reciben con gusto, pero, como no tienen raíces, no pueden permanecer firmes: cuando por causa del mensaje sufren pruebas o persecución, fracasan en su fe. La semilla sembrada entre espinos representa a los que oyen el mensaje, pero los negocios de este mundo les preocupan demasiado y el amor a las riquezas los engaña: todo eso ahoga el mensaje y no le deja dar fruto en ellos. Pero la semilla sembrada en buena tierra representa a los que oyen el mensaje y lo entienden, y dan una buena cosecha: son como las espigas que dieron cien, sesenta o treinta granos por semilla."

"En esta parábola los elementos decisivos son la excelente calidad de la semilla y la disposición del terreno. El sembrador lanza una semilla de excelente calidad y lo hace con la generosidad y esperanza de quien ama su campo de cultivo. No ahorra esfuerzo ni semillas; las coloca incluso en lugares en donde no cabría esperar ningún resultado ya que su interés no es conservar sino esperar que esa semilla haga fructificar todos los sectores de su parcela. El otro elemento decisivo, el terreno, responde de diferente manera según la ‘calidad’ de la tierra. La buena disposición de cada pedazo de la parcela constituye el factor desicivo para el éxito de la empresa. La semilla es buena, pero el terreno responde de manera desigual.
La interpretación de la parábola que aparece en la sección siguiente del evangelio, nos da unas claves poderosas de comprensión. La disposición del terreno se refiere a la actitud de las personas. Algunas se dejan cultivar y ofrecen una tierra apta donde la semilla echa raíces profundas. Otras, en cambio, ofrecen terrenos donde la semilla se pierde por exceso de dureza, por descuido, superficialidad o negligencia. Tanto el grupo representado por los buenos terrenos, como el grupo representado por los terrenos no receptivos, forman parte de la misma parcela. Los dos están en la misma geografía, en la misma historia y en el mismo momento. No hay excusa válida para justificar la falta de acogida y de respuesta.
Esta parábola se refiere a una realidad de la comunidad cristiana sobre la que ya se había hecho una profunda recepción. En la comunidad, representada por la parcela, se encuentran terrenos, es decir personas, con diferentes actitudes y proyectos. No se puede saber de antemano qué respuesta va a dar cada quien. Lo único que se sabe es que el sembrador reparte con generosidad su fértil semilla. En el desarrollo del proceso de cultivo se sabe quién es apto y quién no. Pero no basándonos en criterios arbitrarios, sino en el fruto que cada quien muestra. La expresión ‘dar frutos’ tiene un valor muy preciso en la Biblia y se refiere siempre a la respuesta positiva del ser humano al proyecto de Dios. Pero no a cualquier proyecto presentado en nombre de Dios, sino a la propuesta de los profetas que Jesús de Nazaret ha llamado ‘reinado de Dios’. Es decir, una experiencia humana donde sea posible el amor solidario, la libertad para hacer el bien y la justicia responsable." (Koinonía)




sábado, 11 de julio de 2020

UN RINCÓN PARA ORAR


Este texto de Thomas Merton se encuentra en su libro "Nuevas semillas de contemplación" (p. 81-82)
"Debería haber al menos un lugar o un rincón donde nadie pueda encontrarte, molestarte u observarte. Tendrías que ser capaz de desatarte del mundo y liberarte quitando los nudos de todos los finos hilos y cuerdas de la tensión que te atan, por la vista, el sonido o el pensamiento, a la presencia de otras personas. 'Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre en lo secreto...'. Una vez que hayas encontrado tal lugar, conténtate con él y no te inquites si, por alguna razón de peso, tienes que salir de allí. Ámalo, regresa a él tan pronto como te sea posible y no tengas prisa en cambiarlo por otro."

viernes, 10 de julio de 2020

EL ANACORETA Y LOS DOS EXTREMOS


Visitó un viejo amigo al Anacoreta y le contó los últimos sucesos en su diócesis y en la iglesia de su país. Cuando se quedaron solos, dijo el Solitario a su discípulo:
- Aquí siempre corremos el mismo peligro. O cogemos el trabuco como el cura Merino para salvaguardar la sacrosanta tradición, o nos encerramos en reservas para especies en peligro de extinción.
Iba a retirarse a sus quehaceres, pero al ver la cara de perplejidad del discípulo, aclaró:
- Pablo y los primeros cristianos ni se dedicaron a luchar contra el Imperio Romano, ni se encerraron en las catacumbas, que tan sólo eran cementerios. Se dedicaron a formar comunidades que resplandecían a su alrededor por el Amor que se tenían sus miembros. Y eso les hizo crecer a pesar de las persecuciones...A nosotros nos toca hacer lo mismo. Tanto los merinos como los ocultos, lo único que han conseguido es vaciar las iglesias.
Y se fue rápidamente a su cueva, porque se le estaba calentando la sangre y esto no es bueno para un Anacoreta...

jueves, 9 de julio de 2020

JÓVENES QUE NADIE ESCUCHÓ CUANDO LLORABAN...


Una de las ventajas que tiene el vivir en un colegio estando jubilado, es que puedes hablar con los alumnos con la libertad de que no te ven como alguien que puede suspenderlos, castigarlos, hacerles daño...Chicos y chicas que he encontrado llorando en un pasillo o en un ricón de la escuela. Recuerdo aquél que me dijo: "me gustaría hablar con Dios para poder discutir un poco con Él". Este poema de Mario Benedetti que he encontrado hoy, me ha recordado a esos alumnos que, por desgracia, a causa de la pandemia siento lejos y encuentro a faltar.

"¿Qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de paciencia y asco?
¿Sólo graffiti?¿Rock?¿Escepticismo?
También les queda no decir amén,
no dejar que les maten el amor,
recuperar el habla y la utopía,
ser jóvenes sin prisa y con memoria.
Situarse en una historia que es la suya.
No convertirse en viejos prematuros.

¿Qué les queda por probar a los jovenes 
en este mundo de rutina y de ruína?
¿Cocaína?¿Cerveza?¿Barras bravas?
Les queda respirar, abrir los ojos,
descubrir las raíces del horror,
inventar la paz...
También les queda discutir con Dios...
Tender manos que ayudan, abrir puertas
entre el corazón propio y el ajeno.
Sobre todo les queda, hacer futuro..."

(Mario Benedetti) 

miércoles, 8 de julio de 2020

EL ANACORETA Y EL HOMBRE QUE NO ENCONTRABA AMIGOS


Aquel hombre se quejaba de que no lograba encontrar verdaderos amigos. Decía que intentaba comprender a los demás, pero siempre acababan abandonándolo y, a veces, abusaban de su buena voluntad.
El Anacoreta lo miró con simpatía y llevándolo bajo la palmera le dijo:
- Dices que intentas comprender al otro. Este es sólo la mitad del camino. La amistad no se basa en dos miradas, sino en una compartida.
Miró a lo lejos y luego prosiguió:
- Está bien que mires las cosas con los ojos del otro. Eso es comprender; pero has de prestarle los tuyos a la otra persona. Eso es conseguir que te comprenda. Entonces seréis verdaderos amigos.
Y siguieron los dos compartiendo durante un buen rato... 

martes, 7 de julio de 2020

EL ANACORETA Y LAS COSAS DE LA VIDA


Durante la frugal comida, el discípulo parecía preocupado y ausente. El Anacoreta le preguntó:
- ¿En qué piensas?
Suspiró el discípulo y dijo:
- Pienso en la vida. Es complicada. Cuando creemos ser felices, algo que parece insignificante nos deja sumidos en la tristeza. Cada mañana, al rezar Maitines me pregunto qué sorpresas desagradables me deparará el día.
Siguió comiendo el Anacoreta. Luego, dejando la escudilla en el suelo, contestó mirando al horizonte:
- La vida es como un camino. Atraviesa bosques y campos, sube a las montañas y baja a los valles, pasa por lugares áridos y por otros llenos de frescura y de verdor...Además, al recorrerlo, se tienen días de sol, de lluvia, de frío y de calor...
Miró fíjamente al discípulo y añadió:
-  Lo importante es que seamos conscientes de que ningún lugar es eterno, de que hemos de seguir caminando. Y, por encima de todo, que cada uno de esos momentos tiene su belleza única. Y si el tiempo es malo...ya cambiará y veremos lugares nuevos...
Y tomando su escudilla se dirigió a la fuente para lavarla...

lunes, 6 de julio de 2020

EL ANACORETA Y LOS VISITANTES DESILUSIONADOS


Llegaron unos visitantes atraídos por la fama del Anacoreta  y pasaron todo el día observándolo. Lo vieron rezar Maitines, Tercia, Sexta y Nona con sus discípulos. Lo vieron trabajar en el huerto y fabricar una estera con hojas de palma. Comer y hablar.
Antes del rezo de Vísperas marcharon decepcionados.
- Pensábamos encontrar a un contemplativo, verlo en éxtasis...y hemos visto a un pobre anciano que no hace nada especial - dijeron a los discípulos antes de marcharse.
Durante la cena los discípulos lo comentaron con el Solitario:
El Anacoreta, sin inmutarse, respondió:
- ¿Qué esperaban ver? La contemplación no es hacer cosas extrañas...Consiste en purificar el interés. Es hacer las cosas corrientes con una mirada diferente. Más que subir al cielo, se trata de descender al vientre de la tierra. Buscar las raíces del ser, que son la vida, la misericordia y la esperanza...
Y levantándose añadió:
- Hay que contemplar sin deshumanizarse...
Y se retiraron a rezar Completas.