sábado, 21 de abril de 2018

PALABRAS DE VIDA ETERNA


"Al oir todo esto, muchos de los que seguían a Jesús dijeron:
– Su enseñanza es muy difícil de aceptar. ¿Quién puede hacerle caso? 
Jesús, dándose cuenta de lo que estaban murmurando, les preguntó:
– ¿Esto os ofende? ¿Qué pasaría si vierais al Hijo del hombre subir a donde antes estaba? El espíritu es el que da vida; el cuerpo de nada aprovecha. Las cosas que yo os he dicho son espíritu y vida. Pero todavía hay algunos de vosotros que no creen.
Es que Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién el que le iba a traicionar. Y añadió:
– Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no lo trae.
Desde entonces dejaron a Jesús muchos de los que le habían seguido, y ya no andaban con él. Jesús preguntó a los doce discípulos:
– ¿También vosotros queréis iros?
Simón Pedro le contestó:
– Señor, ¿a quién iremos? Tus palabras son palabras de vida eterna. Nosotros sí hemos creído, y sabemos que tú eres el Santo de Dios."

El discurso de Cafarnaúm que hemos ido siguiendo estos días, es difícil de entender. Por eso muchos discípulos dejaron de seguirlo. Pedro tampoco lo entiende; pero confía en Jesús. "¿A dónde iremos si sólo tú tienes palabras de vida eterna?"
En la vida podemos encontrarnos en situaciones difíciles, que se hacen incomprensibles para nuestra lógica. Es en esos momentos que nuestra Fe debe pasar por encima de todo. Las Palabras de Jesús son palabras de amor. ¿Dónde encontraremos otras semejantes? Cuando se haga la noche a nuestro alrededor, sólo la Palabra nos iluminará. Porque esta palabra es Amor. 


viernes, 20 de abril de 2018

LA VERDADERA COMIDA


"Los judíos se pusieron a discutir unos con otros:
– ¿Cómo puede este darnos a comer su propio cuerpo? 
Jesús les dijo:
– Os aseguro que si no coméis el cuerpo del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida. El que come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene vida eterna; y yo le resucitaré el día último. Porque mi cuerpo es verdadera comida, y mi sangre verdadera bebida. El que come mi cuerpo y bebe mi sangre vive unido a mí, y yo vivo unido a él. El Padre, que me ha enviado, tiene vida, y yo vivo por él. De la misma manera, el que me coma vivirá por mí. Hablo del pan que ha bajado del cielo. Este pan no es como el maná que comieron vuestros antepasados, que murieron a pesar de haberlo comido. El que coma de este pan, vivirá para siempre.
Jesús enseñó estas cosas en la reunión de la sinagoga en Cafarnaún."

Como vemos hoy claramente, los judíos seguían sin entender a Jesús. Interpretaban, dar su cuerpo, literalmente. Jesús añade comer su cuerpo y beber su sangre. Esto, todavía lo entenderán menos. Les escandalizará. Todo esto sólo puede entenderse después de la muerte en cruz y de la Resurrección de Jesús. Como nos indica Koinonía, es en este tiempo de Pascua, cuando debemos meditar estos pasajes:
"El evangelio de Juan sigue ahondando en el tema de Jesús verdadera comida. Esta insistencia hemos de asumirla de manera crítica y profética. Hemos de hacernos varias preguntas: ¿Por qué en el tiempo de la Pascua se insiste tanto en Jesús como verdadera comida? ¿Qué sentido tiene para la vida de un creyente asumir a Jesús como el verdadero alimento que da la vida eterna? Si logramos comprender la lógica pascual, entonces podremos comenzar el itinerario de adhesión total al proyecto de Dios. En este tiempo de Pascua la Iglesia nos invita a asumir con criterio evangélico al Crucificado-Resucitado. El creyente está llamado a aceptar a Jesús, muerto en la Cruz y Resucitado por el amor infinito del Padre, con toda la mente, los sentimientos y la acción. De esta manera el bautizado comienza en esta historia a vivir señales de la vida eterna que ofrece Dios a todos los que acepten a Jesús como Aquel que revela el misterio del Padre. Que en esta Pascua nos dispongamos a comer el proyecto de Jesús, para que seamos como él." 


jueves, 19 de abril de 2018

SU PROPIO CUERPO


"Nadie puede venir a mí si no lo trae el Padre, que me ha enviado; y yo lo resucitaré el día último. En los libros de los profetas se dice: ‘Dios instruirá a todos.’ Así que todos los que escuchan al Padre y aprenden de él vienen a mí.
No es que alguien haya visto al Padre. El único que ha visto al Padre es el que ha venido de Dios. Os aseguro que quien cree tiene vida eterna. Yo soy el pan que da vida. Vuestros antepasados comieron el maná en el desierto, y sin embargo murieron;  pero yo hablo del pan que baja del cielo para que quien coma de él no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi propio cuerpo. Lo daré por la vida del mundo."

Jesús sigue su discurso. Hoy añade algo a la explicación del pan de vida. Un pan que da la vida plena, "eterna". Un pan que es su cuerpo. Aquí la gente empezó a no entenderlo. Y como veremos en días posteriores, empezarán a dejar de seguirle. No entendieron que estaba anunciando que entregaría su vida por todos. No entendieron que para seguirle, debemos hacernos uno con Él. Jesús se nos da plenamente, totalmente. 


miércoles, 18 de abril de 2018

PAN DE VIDA


"Y Jesús les dijo:
– Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí, nunca más tendrá hambre, y el que en mí cree, nunca más tendrá sed. Pero, como ya os dije, vosotros no creéis aunque me habéis visto. Todos los que el Padre me da vienen a mí, y a los que vienen a mí no los echaré fuera. Porque no he venido del cielo para hacer mi propia voluntad, sino para hacer la voluntad de mi Padre, que me ha enviado. Y la voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda a ninguno de los que me ha dado, sino que los resucite el día último. Porque la voluntad de mi Padre es que todo aquel que ve al Hijo de Dios y cree en él, tenga vida eterna, y yo le resucitaré en el día último."

Cuando rezamos el Padrenuestro, pedimos el pan nuestro de cada día. Ese pan no es sólo el pan alimento. Ese pan es el pan de vi da, es Jesús. El pan que nos ayuda a cumplir la voluntad del Padre.
Jesús, hoy, también nos dice algo muy importante. El Padre quiere que nadie se pierda. La figura de un Dios severo, exigente, no se corresponde con la que nos da Jesús del Padre. Él nos presenta un Dios misericordioso. Un Dios, que ha mandado a su Hijo para que todos se salven. Un Hijo que encontramos cada día en la Eucaristía. Este es el pan de vida que se nos ofrece cada día en la Eucaristía. 


martes, 17 de abril de 2018

PAN DEL CIELO

– ¿Y qué señal puedes darnos – le preguntaron – para que, al verla, te creamos? ¿Cuáles son tus obras?  Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: ‘Dios les dio a comer pan del cielo.’ 
Jesús les contestó:
– Os aseguro que no fue Moisés quien os dio el pan del cielo. ¡Mi Padre es quien os da el verdadero pan del cielo!  Porque el pan que Dios da es aquel que ha bajado del cielo y da vida al mundo.
Ellos le pidieron:
– Señor, danos siempre ese pan.
Y Jesús les dijo:
– Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí, nunca más tendrá hambre, y el que en mí cree, nunca más tendrá sed."

Los israelitas, en el desierto, recibieron el pan del cielo, el maná. Pero Jesús nos dice que el verdadero pan del cielo, es Él.
La Eucaristía es nuestro verdadero alimento, que nos apaga el hambre y la sed para siempre. Porque la Eucaristía es recibir al mismo Jesús y la Eucaristía nos une a todos con Jesús (común - unión). Nos hace uno con Él.
Si recibimos la Eucaristía con verdadera Fe, seremos otros Cristos para los demás. Seremos solidarios y verdaderos hermanos con todos.
Leamos la reflexión de Koinonía:
"Jesús es el verdadero alimento, el verdadero pan. Quien lo coma no vuelve a tener hambre. Estar unidos a Jesús es la garantía de la fidelidad a la causa del Padre. Esta fidelidad a Jesús necesita ser alimentada por la voluntad de Dios. Jesús es la expresión concreta de lo que Dios quiere de sus hijos. La experiencia de ser creyente es una realidad que se va formando en la persona de manera paulatina. El ser humano es el resultado de lo que come y de lo que bebe. Si comemos el cuerpo de Cristo y bebemos su sangre, no solamente como acto cultico o litúrgico, sino en el vivir, actuar y hacer lo que Jesús hizo, entonces podremos decir que hemos comenzado un itinerario de adhesión a la voluntad del Padre celestial. Vivamos en nuestra vida de cristianos la experiencia de la cristificación. Abrámonos a la acción del Espíritu para ser saturados del Crucificado-Resucitado y manifestemos al mundo la acción de Dios en nuestras vidas. Este es nuestro compromiso pascual. Manos a la obra." 



lunes, 16 de abril de 2018

LA VOLUNTAD DEL PADRE


"Al día siguiente, la gente que permanecía en la otra orilla del lago advirtió que los discípulos se habían ido en la única barca que allí había, y que Jesús no iba con ellos. Mientras tanto, otras barcas llegaron de la ciudad de Tiberias a un lugar cerca de donde habían comido el pan después de que el Señor diera gracias. Así que, al no ver allí a Jesús ni a sus discípulos, la gente subió a las barcas y se dirigió en busca suya a Cafarnaún. Al llegar a la otra orilla del lago, encontraron a Jesús y le preguntaron:
– Maestro, ¿cuándo has venido aquí?
Jesús les dijo:
– Os aseguro que vosotros no me buscáis porque hayáis visto las señales milagrosas, sino porque habéis comido hasta hartaros. No trabajéis por la comida que se acaba, sino por la comida que permanece y os da vida eterna. Esta es la comida que os dará el Hijo del hombre, porque Dios, el Padre, ha puesto su sello en él.
Le preguntaron:
– ¿Qué debemos hacer para que nuestras obras sean las obras de Dios?
Jesús les contestó:
– La obra de Dios es que creáis en aquel que él ha enviado."

La gente no había entendido que la multiplicación de los panes era un "signo", una "señal". Jesús les muestra que aquello era una lección para que descubrieran el verdadero pan de vida. El pan que nos da el Hijo del hombre. Un pan que debemos compartir con todo el mundo. 
Jesús, dando de comer a la multitud, nos enseña que debemos creer en Él, que debemos ser como Él. Debemos ser otros Cristos. Koinonia nos lo explica con profundidad:
"En la vida cristiana hemos caído permanentemente en la tentación de confundir la necesidad con la fe. Este es una verdadera traición a la vida cristiana. La fe para un discípulo de Jesús es hacer la voluntad del Padre y de manera procesual hacer el itinerario discipular hasta llegar a tener los mismos sentimientos de Cristo. Muchas veces seguimos a Jesús buscando solucionar un asunto de índole personal, necesidad o problema cotidiano. Jesús, en el relato evangélico, nos invita a trabajar por el alimento que perdura para la vida eterna, que es: “hacer la voluntad del Padre”. Pero ¿qué significa hacer la voluntad del Padre? De manera contundente hemos de decirlo: Hacer la voluntad del Padre es hacer el proceso de cristificación. Es decir, permitir que el Crucificado-Resucitado nazca, crezca, se desarrolle en mí y así poder parirlo y ofrecerlo al mundo desde y con mi propia vida. Revisemos nuestro seguimiento a Jesús. ¿Estamos dispuestos a hacer la voluntad del Padre en nuestra vida? ¿Somos conscientes de lo que significa vivir la hondura del bautismo en nuestra existencia?" 


domingo, 15 de abril de 2018

CONOCERLO Y DARLO A CONOCER


"Entonces ellos contaron lo que les había pasado en el camino, y cómo reconocieron a Jesús al partir el pan. Todavía estaban hablando de estas cosas, cuando Jesús se puso en medio de ellos y los saludó diciendo:
– Paz a vosotros. 
Ellos, sobresaltados y muy asustados, pensaron que estaban viendo un espíritu. Pero Jesús les dijo:
– ¿Por qué estáis tan asustados y por qué tenéis esas dudas en vuestro corazón? Ved mis manos y mis pies: ¡soy yo mismo! Tocadme y mirad: un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo.
Al decirles esto, les mostró las manos y los pies. Pero como ellos no acababan de creerlo, a causa de la alegría y el asombro que sentían, Jesús les preguntó:
– ¿Tenéis aquí algo de comer?
Le dieron un trozo de pescado asado, y él lo tomó y lo comió en su presencia. Luego les dijo:
– A esto me refería cuando, estando aún con vosotros, os anuncié que todo lo que está escrito acerca de mí en la ley de Moisés, en los libros de los profetas y en los salmos, tenía que cumplirse.
Entonces les abrió la mente para que comprendieran las Escrituras,  y les dijo:
– Está escrito que el Mesías tenía que morir y que resucitaría al tercer día; y que en su nombre, y comenzando desde Jerusalén, hay que anunciar a todas las naciones que se vuelvan a Dios, para que él les perdone sus pecados. Vosotros sois testigos de estas cosas."

Los discípulos de Emaús están explicando a los otros discípulos la experiencia que han tenido de Jesús resucitado, cómo lo reconocieron al partir el pan.
Jesús se aparece en medio de ellos y se asustan, creen que es un fantasma. Él ha de explicarles, partiendo de las Escrituras todo lo que había sucedido. Y les dice: "Vosotros sois testigos de estas cosas".
Está claro que es imprescindible tener la experiencia de Jesús. Esta experiencia es la que transforma nuestras vidas. Es, cuando nuestras vidas están transformadas, cuando podemos ser verdaderos testigos y ayudar a los demás a tener la experiencia de Jesús.
Tenemos dos lugares para experimentar a Jesús. Aquí se nos insiste en la Palabra. Meditando las Escrituras es como encontraremos a Jesús. La otra, es sabiéndolo lo ver en los demás, en el otro; en el pobre, en el que sufre. Por eso Jesús les muestra sus manos y sus pies para que lo reconozcan.
Esto es muy importante, porque no podemos mostrar a Jesús a los demás, si nosotros no tenemos previamente esa experiencia de Jesús. Mientras los cristianos no comprendamos la Palabra y no dediquemos nuestras vidas a los más necesitados, a los perseguidos...,no podremos ser testigos de Jesús, no podremos darlo a conocer a los demás. Si la Iglesia es la Iglesia de los poderosos, de los que mandan, de los ricos..., no muestra a Jesús; lo esconde y da una falsa imagen del Resucitado.