sábado, 19 de agosto de 2017

EL REINO ES DE LOS DÉBILES


"Llevaron unos niños a Jesús, para que pusiera sobre ellos las manos y orara por ellos; pero los discípulos reprendían a quienes los llevaban. Entonces Jesús dijo:
– Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos. 
Puso las manos sobre los niños y se fue de aquel lugar."

En los tiempos de Jesús, los judíos consideraban a los esclavos, las mujeres (sobre todo las viudas), y los niños, sin ningún derecho. Por eso, su actitud ante los niños, era totalmente revolucionaria. No sólo los acogía, sino que les dice que el Reino es de los que son como ellos.
No, Jesús no nos está pidiendo que seamos infantiles. Los niños muchas veces son egoístas, quieren ser el centro de la casa, y son caprichosos. Jesús se refiere a su condición de debilidad. Nos está diciendo que el Reino no se construye con el poder y la fuerza, sino con la debilidad, la sencillez, la humildad. Los poderosos, tanto religiosos como políticos, se creen los dueños del mundo y de la vida, y son los más alejados de Dios. Y lo peor, con su actitud, apartan del Padre a los sencillos.  



viernes, 18 de agosto de 2017

UNA SOLA PERSONA


"Unos fariseos se acercaron a Jesús, y para tenderle una trampa le preguntaron:
– ¿Le está permitido a uno separarse de su esposa por un motivo cualquiera? 
Jesús les contestó:
– ¿No habéis leído en la Escritura que Dios, al principio, ‘hombre y mujer los creó’? Y dijo: ‘Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su esposa, y los dos serán como una sola persona.’ Así que ya no son dos, sino uno solo. Por lo tanto, no separe el hombre lo que Dios ha unido.
Ellos le preguntaron:
– ¿Por qué, pues, mandó Moisés entregar a la esposa un certificado de separación cuando se la despide? 
Jesús les dijo:
– Precisamente por lo tercos que sois os permitió Moisés separaros de vuestras esposas; pero al principio no fue así.Yo os digo que el que se separa de su esposa, a no ser por motivo de inmoralidad sexual, y se casa con otra, comete adulterio. 
Le dijeron sus discípulos:
– Si esta es la situación del hombre respecto de su mujer, más vale no casarse.
Jesús les contestó:
– No todos pueden comprender esto, sino únicamente aquellos a quienes Dios ha dado que lo comprendan. Hay diferentes razones que impiden a los hombres casarse. Algunos ya nacen incapacitados para el matrimonio; a otros los incapacitan los hombres, y otros viven como incapacitados por causa del reino de los cielos. El que pueda aceptar esto, que lo acepte."

Este texto se ha utilizado para demostrar la indisolubilidad del matrimonio. Sin embargo, lo que Jesús quiso proclamar aquí, es la igualdad entre hombre y mujer. En aquel tiempo el divorcio era decisión única del hombre. Las diferentes escuelas rabínicas eran más o menos rigurosas con el motivo de la separación, pero siempre era el hombre el que tomaba la decisión. Jesús les recuerdas el proyecto inicial: Dios los creó hombre y mujer y por el matrimonio ya no son dos sino uno solo. Un proyecto de vida. Por eso, el hombre no es nadie para romper esta unión unilateralmente, sin tener en cuenta a la mujer.
Fijaos en la respuesta de los discípulos: Si esta es la situación del hombre respecto a su mujer, más vale no casarse.
Defendemos mucho el matrimonio pero, ¿defendemos lo que Jesús entendía como matrimonio o simplemente un modelo machista?
Jesús aprovecha también la ocasión para hablar del celibato por el Reino; de los que no se casan para dedicar toda su vida al servicio de la venida del Reino. 

jueves, 17 de agosto de 2017

LA NACESIDAD DEL PERDÓN



"Entonces Pedro fue y preguntó a Jesús:
– Señor, ¿cuántas veces he de perdonar a mi hermano, si me ofende? ¿Hasta siete?
Jesús le contestó:
– No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. 
 Por eso, el reino de los cielos se puede comparar a un rey que quiso hacer cuentas con sus funcionarios. Había comenzado a hacerlas, cuando le llevaron a uno que le debía muchos millones Como aquel funcionario no tenía con qué pagar, el rey ordenó que lo vendieran como esclavo, junto con su esposa, sus hijos y todo lo que tenía, a fin de saldar la deuda. El funcionario cayó de rodillas delante del rey, rogándole: ‘Señor, ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo.’ El rey tuvo compasión de él, le perdonó la deuda y lo dejó ir en libertad.
Pero al salir, aquel funcionario se encontró con un compañero que le debía una pequeña cantidad. Lo agarró del cuello y lo ahogaba, diciendo: ‘¡Págame lo que me debes!’ El compañero se echó a sus pies, rogándole: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo.’ Pero el otro no quiso, sino que le hizo meter en la cárcel hasta que pagara la deuda. Esto disgustó mucho a los demás compañeros, que fueron a contar al rey todo lo sucedido. El rey entonces le mandó llamar y le dijo: ‘¡Malvado!, yo te perdoné toda aquella deuda porque me lo rogaste. Pues también tú debiste tener compasión de tu compañero, del mismo modo que yo tuve compasión de ti.’Tanto se indignó el rey, que ordenó castigarle hasta que pagara toda la deuda. 
Jesús añadió:
– Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada uno no perdona de corazón a su hermano."

Hoy Jesús nos da una lección sobre el perdón. Nosotros, como Pedro, nos contentamos con perdonar siete veces. La respuesta de Jesús es setenta veces siete, es decir siempre. 
Y lo demuestra con una parábola. Aquel rey perdona a un funcionario que le debe muchísimo. Tras recibir el perdón del rey, él es incapaz de perdonar una pequeña deuda. Ese rey es Dios que a nosotros nos lo perdona todo. Pero nosotros somos incapaces de perdonar las nimiedades que nos deben los otros, sus pequeñas ofendas. Y es que no nos sentimos perdonados. Por eso no sabemos perdonar. Creemos que Dios no tiene nada que perdonarnos, porque damos la culpa de todo a los demás.  Guerras, refugiados, hambre, perseguidos injustamente...De todo culpamos a los otros. Todos somos culpables mientras miramos sin hacer nada.
Reducimos el pedir perdón a Dios a una oración, un rito. Pero nuestro corazón no cambia. Por eso no nos consideramos perdonados y por eso no sabemos perdonar.





miércoles, 16 de agosto de 2017

LA FUERZA DE LA COMUNIDAD


"Si tu hermano te ofende, habla con él a solas para moverle a reconocer su falta. Si te hace caso, has ganado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a una o dos personas más, porque toda acusación debe basarse en el testimonio de dos o tres testigos. Si tampoco les hace caso a ellos, díselo a la congregación; y si tampoco hace caso a la congregación, considéralo como un pagano o como uno de esos que cobran impuestos para Roma.
Os aseguro que todo lo que atéis en este mundo, también quedará atado en el cielo; y todo lo que desatéis en este mundo, también quedará desatado en el cielo. 
Además os digo que si dos de vosotros os ponéis de acuerdo aquí en la tierra para pedir algo en oración, mi Padre que está en el cielo os lo dará. Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos."

Este evangelio nos habla de la importancia de la comunidad. Los hombres no somos seres aislados. La comunidad nos da fuerza.
Los problemas debemos solucionarlos dialogando. Si eso no es posible, está la comunidad para ayudarnos.
La comunidad nos da fuerza...más todavía: en medio de la comunidad está Jesús. Si realmente fuésemos conscientes de esto, nuestra sociedad estaría fundamentada sobre la paz, el amor y no sobre la violencia, el odio y el poder. Todos somos conscientes de la falta de diálogo de nuestra sociedad. Empecemos por dialogar nosotros con los más cercanos, con nuestra comunidad. Y si esta comunidad se reúne en nombre de Jesús, Él se hace presente en medio de nosotros. 



martes, 15 de agosto de 2017

MARÍA, NUESTRO MODELO


"Por aquellos días, María se dirigió de prisa a un pueblo de la región montañosa de Judea,  y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura se movió en su vientre, y ella quedó llena del Espíritu Santo. Entonces, con voz muy fuerte, dijo Isabel:
– ¡Dios te ha bendecido más que a todas las mujeres, y ha bendecido a tu hijo!  ¿Quién soy yo para que venga a visitarme la madre de mi Señor? Tan pronto como he oído tu saludo, mi hijo se ha movido de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú por haber creído que han de cumplirse las cosas que el Señor te ha dicho!
María dijo:
- Mi alma alaba la grandeza del Señor.
Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador,
porque Dios ha puesto sus ojos en mí, su humilde esclava,
y desde ahora me llamarán dichosa;
porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas.
¡Santo es su nombre!
Dios tiene siempre misericordia
de quienes le honran.
Actuó con todo su poder:
deshizo los planes de los orgullosos,
derribó a los reyes de sus tronos
y puso en alto a los humildes.
Llenó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías.
Ayudó al pueblo de Israel, su siervo,
y no se olvidó de tratarlo con misericordia.
Así lo había prometido a nuestros antepasados,
a Abraham y a sus futuros descendientes.
María se quedó con Isabel unos tres meses, y después regresó a su casa."

El Magnífica es el cántico de Maria por excelencia. Nos muestra su relación con Dios. Una relación de amor y gratuidad. Ella no se considera nada, pero es dichosa porque Dios se ha fijado en ella.
María es nuestro modelo y esta debería ser también nuestra actitud frente a Dios.
María describe a un Dios misericordioso. un Dios que está al lado de los débiles. Un Dios que se preocupa por el hambriento, por el perseguido y los ayuda y enaltece.
¿Es este nuestro Dios?¿O preferimos un dios que está de lado del poderoso, del rico, del que domina?
María, la esclava del señor. María, la servidora que marcha a las montañas a ayudar a su prima. María, la que guardaba todas las cosas en su corazón. Esta es la María que Dios enaltece y la lleva a su Reino. Esta es la María que debe ser nuestro modelo.
 


lunes, 14 de agosto de 2017

HIJOS DE DIOS


"Mientras andaban juntos por la región de Galilea, Jesús les dijo:
– El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; pero al tercer día resucitará.
Esta noticia los llenó de tristeza.
Cuando Jesús y sus discípulos llegaron a Cafarnaún, los que cobraban el impuesto para el templo fueron a ver a Pedro, y le preguntaron:
– ¿Tu maestro no paga el impuesto para el templo?
– Sí, lo paga – contestó Pedro.
Luego, al entrar Pedro en casa, Jesús se dirigió a él en primer lugar, diciendo:
– ¿Qué te parece, Simón? ¿A quiénes cobran impuestos y contribuciones los reyes de este mundo: a sus propios súbditos o a los extranjeros?
Pedro contestó:
– A los extranjeros.
– Por lo tanto – añadió Jesús –, los propios súbditos no tienen que pagar nada.
Pero, para que nadie se ofenda, ve al lago y echa el anzuelo. En la boca del primer pez que pesques encontrarás una moneda que será suficiente para pagar mi impuesto y el tuyo. Llévatela y págalos."

El texto de hoy tiene dos partes. En la primera Jesús anuncia su muerte, pero también su resurrección. Los discípulos se quedaron tristes, porque sólo comprendieron la muerte. No creyeron en la resurrección. Eso quedó claro tras la crucifixión. Nadie esperaba que resucitara.
En la segunda parte nos muestra su condición de Hijo de Dios. Por ello está por encima del Templo. A nosotros, nos enseña, que como también somos hijos de Dios por su encarnación, debemos buscar nuestra unión con Dios más allá de los templos, las oraciones, los ritos. A Dios lo encontramos viviendo con plenitud, entregados a nuestros hermanos. Es decir, amando. 



domingo, 13 de agosto de 2017

FRENTE A LA TEMPESTAD


"Después de esto, Jesús hizo subir a sus discípulos a la barca, para que llegasen antes que él a la otra orilla del lago, mientras él despedía a la gente. Cuando ya la hubo despedido, subió Jesús al monte para orar a solas, y al llegar la noche aún seguía allí él solo. Entre tanto, la barca se había alejado mucho de tierra firme y era azotada por las olas, porque tenía el viento en contra. De madrugada, Jesús fue hacia ellos andando sobre el agua. Los discípulos, al verle andar sobre el agua, se asustaron y gritaron llenos de miedo:
– ¡Es un fantasma!
Pero Jesús les habló, diciéndoles:
– ¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!
Pedro le respondió:
– Señor, si eres tú, mándame ir a ti andando sobre el agua.
– Ven – dijo Jesús.
Bajó Pedro de la barca y comenzó a andar sobre el agua en dirección a Jesús, pero al notar la fuerza del viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, gritó:
– ¡Sálvame, Señor!
Al momento, Jesús le tomó de la mano y le dijo:
– ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?
En cuanto subieron a la barca, se calmó el viento.
Entonces los que estaban en la barca se pusieron de rodillas delante de Jesús y dijeron:
– ¡Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios!"

El evangelio de hoy ya lo comentamos el martes pasado. Por eso os dejo el de Koinonia (Servicio Bíblico Latinoamericano)
Este episodio del evangelio nos muestra cómo la comunidad puede perder el horizonte cuando permite que sea el temor a los elementos adversos el que los motiva a tomar una decisión y no la fe en Jesús. La temeridad nos puede llevar a desafiar los elementos adversos, pero solamente la fe serena en el Señor nos da las fuerzas para no hundirnos en nuestros temores e inseguridades. Al igual que Elías, la comunidad descubre el auténtico rostro de Jesús en medio de la calma, cuando el impetuoso viento contrario cede y se aparece una brisa suave que empuja las velas hacia la otra orilla.
Nuestras comunidades están expuestas a la permanente acción de vientos contrarios que amenazan con destruirlas; sin embargo, el peligro mayor no está fuera, sino dentro de la comunidad. Las decisiones tomadas por miedo o pánico ante las fuerzas adversas nos pueden llevar a ver amenazadores fantasmas en los que deberíamos reconocer la presencia victoriosa del resucitado. Únicamente la serenidad de una fe puesta completamente en el Señor resucitado nos permite colocar nuestro pie desnudo sobre el mar impetuoso. El evangelio nos invita a enfrentar todas aquellas realidades que amenazan la barca animados por una fe segura y exigente que nos empuja como suave brisa hacia la orilla del Reino.