jueves, 9 de abril de 2020

EL ANACORETA Y LA EUCARISTIA


Volvían del Oficio del Jueves Santo ambos solitarios. El Anacoreta comentó:
- La espiritualidad de la liturgia de hoy es una de las centrales del cristianismo. De esa cena de Jesús con sus discípulos, nace el rito central del cristianismo. Los católicos lo llamamos Sacrificio de la Misa, otros le dan otro nombre, pero para todos los cristianos es un acto central; el punto fuerte de la comunidad...
- Sí - dijo el discípulo - pero cada día se encuentran más personas que dicen que son cristianas, que siguen a Jesús, pero que no son practicantes...Es decir, que no participan en el sacrificio de la Misa...
Siguieron andando un buen trecho en silencio, hasta que el Anacoreta dijo:
- Quizá porque hemos perdido el verdadero sentido de este acto. Lo hemos convertido en un rito, cuando era algo vital. En los tres Evangelios sinópticos el centro del relato de la Cena es la Eucaristía: Comed y bebed que esto es mi cuerpo y mi sangre. Haced esto en memoria mía.
Hizo otra pausa para decir:
- Nos hemos pasado siglos discutiendo sobre cómo el pan y el vino son el cuerpo y la sangre de Cristo, cosa que nunca dilucidaremos y hemos olvidado que la respuesta práctica está en el Evangelio de Juan. Los capítulos de la Cena, en este Evangelio, son el núcleo teológico del cristianismo. Allí, cuando dice que han de hacer lo mismo que Él, es después de lavarles los pies. Tanto el sentido de la Eucaristía como el del lavatorio de los pies, es el mismo: es el Amor, la donación, el servicio, el reconocimiento de Dios en el otro. Eso es lo que celebramos en la Eucaristía. Hemos discutido sobre la presencia, y no la negaré, pero nunca sabremos el cómo. Y lo que sí es importante, es lo que significa para nosotros: que Él está presente en medio nuestro cuando estamos reunidos en su nombre. Que la verdadera manera de ser cristiano es el Amor, el servicio. Y que esta es la única forma de cambiar el mundo. Y que el sentido de reunirnos el domingo, es el de vivir el Amor, el de escuchar su palabra y compartir su Cuerpo y su Sangre, para poder vivir plenamente, para hacer que nuestro mundo sea realmente el Reino...
Miró el discípulo sonriendo a su Maestro y le dijo:
- Nunca me habías hablado tato tiempo sin parar...
Y siguieron el resto del camino en silencio...



miércoles, 8 de abril de 2020

EL ANACORETA Y EL CRECIMIENTO


El Anacoreta y su discípulo recogían todos los dátiles de la palmera. Era una de sus principales fuentes de calorías. Pero siempre había uno u otro que caían por la noche y la brisa del amanecer los enterraba bajo la arena. Fue así como junto a la palmera de la cueva nacieron cuatro pequeñas palmeras. Cada día las regaban un poquito, esperando que sus raíces llegaran al acuífero del que se alimentaba la palmera grande.
Un día el Anacoreta dijo a su discípulo:
- ¿Sabes cuál fue el primer mandamiento que dio Dios al hombre? Creced...Es lo que hacen estas pequeñas palmeras.
Siguió mirando las palmeras y añadió:
-  Pero lo que me llama la atención, es su forma de crecer. Nosotros creemos que crecemos cuanto más adquirimos, conquistamos, compramos...cuanto más poseemos. Las palmeras crecen en silencio, sin prisa, despojándose...Las primeras hojitas que sacaron han ido cayendo para que pudieran salir otras más fuertes...Y todo ello en silencio...
Miró al discípulo y le dijo:
- Porque el silencio es el Absoluto. El silencio es Dios...

martes, 7 de abril de 2020

EL ANACORETA Y LAS CEBOLLAS


El Anacoreta y su discípulo lloraban como magdalenas pelando unas cebollas que les habían regalado. El Anacoreta dijo:
- ¿Sabes la parábola de las cebollas?
El discípulo no tenía ni idea.
- Dicen que hace muchos años, las cebollas era preciosas como brillantes y que con la luz lucían como el arco iris. La gente, envidiosa, empezó a acusarlas de engreídas y orgullosas y de querer lucirse siempre. Entonces empezaron a cubrirse de capas para ocultar su belleza. Un día pasó junto a ellas un sabio que conocía su anterior belleza y se puso a llorar. Los demás, creyendo que era de sabios llorar ante las cebollas, hicieron lo mismo. Desde entonces todo el mundo llora delante de las cebollas...
El discípulo comentó:
- ¡Cuánta gente, por causa de la envidia de los demás, ocultan sus valores  y los acaban perdiendo...

lunes, 6 de abril de 2020

EL ANACORETA Y EL SUFRIMIENTO


La mujer pasó varios días en el desierto con el Anacoreta. Cuando marchó. el discípulo remarcó la cara de sufrimiento que tenía. El Anacoreta dijo:
- ¡Cuánto sufre esta mujer y qué difícil es ayudarla!
Miró al discípulo y prosiguió:
- Cuando hay una razón, un motivo, un "por qué", un poco de esperanza...el sufrimiento no sólo se hace soportable, sino que es enriquecedor. La persona a la que a su ser más querido le han detectado una grave enfermedad...mientras exista algo de esperanza, incluso aunque tenga una fecha precisa en la que todo acabará, sufrirá, pero luchará sin hundirse. Es el amor sufriente. Pero, justo al día siguiente de la pérdida de ese ser querido, desparece la esperanza...Se choca con el sufrimiento desnudo. Ese sufrimiento es muy difícil de reconducir, y, lo que es peor, si o lo reconducimos, nos destruye.
El discípulo bajo los ojos y preguntó:
- ¿Qué se puede hacer entonces?
Miró al horizonte el Anacoreta y respondió:
- Es muy difícil. Primero, hay que dejar que ese dolor aflore. Llorar, gritar, hablarlo...Luego hay que reconducirlo. Hay jóvenes que la muerte de su pareja les ha impulsado a estudiar medicina y dedicar su vida a combatir la enfermedad que se llevó a su amor...Otros han creado asociaciones de apoyo a enfermos y familiares. Otros han luchado en alguna ONG...Todo, menos encerrase en el dolor y la depresión estériles.
Pasó el brazo por la espalda de su discípulo y añadió:
- Pero...para superarlo, se requiere sobre todo, mucho amor de los que les rodean...

domingo, 5 de abril de 2020

EL ANACORETA Y EL DOMINGO DE RAMOS


Regresaban al desierto tras asistir a la liturgia del domingo y comentó el discípulo:
- ¡Cuánta gente había en la bendición de las palmas!
Dejó pasar unos minutos el anacoreta. Luego respondió:
- Sí. Hace dos mil años también había mucha gente. Los mismos que al cabo de pocos días gritaron ¡Crucifícale!
Miró después sonriendo a su discípulo y añadió:
- No quiero parecer pesimista. Pero, ¿vistes cuántas personas, tras la bendición de las palmas, ya no entraron en la iglesia? Para ellos la bendición de las palmas es un recuerdo de infancia que quieren hacer vivir a sus hijos...Simple folklore. Mañana meterán a su familia en el coche y se irán a la montaña a esquiar. Ahí se acabará toda la Semana Santa.
Siguieron un buen rato en silencio. El discípulo preguntó:
- ¿Qué hemos hecho mal?
Suspiró el Anacoreta y respondió:
- Nos hemos olvidado del Hombre...
- ¿?
- Sí. Hemos reducido la religión a dogmas, ritos, deberes, mandamientos. Hemos olvidado que la espiritualidad está en el interior, en el corazón.
Guardó unos segundos de silencio y siguió:
- El hombre necesita descansar. Se merece ir a esquiar en vacaciones. Pero, como no hemos hecho de la religión una vida, en cuanto salimos de la iglesia, Dios desaparece de nuestra vida.
- Sólo nos acordamos cuando tenemos problema. Siempre nos acordamos de santa Bárbara cuando truena - añadió el discípulo.
Y siguieron caminando en silencio hacia la cueva...



sábado, 4 de abril de 2020

EL ANACORETA Y LA ACEPTACIÓN


Durante la noche se desencadenó una tempestad de arena en el desierto. Cuando, tras rezar los Maitines, amaneció, vieron los dos Solitarios que su huerto había quedado cubierto de arena. Se lamentó amargamente el discípulo de lo ocurrido. El Anacoreta puso una mano sobre su hombro y le dijo:
- No ganamos nada con quejarnos. Hay que aceptar lo inevitable.
- ¿Pero, resignarse no es condenarse a la inacción? - preguntó el discípulo.
- He dicho aceptar; no, resignarse. - respondió el Anacoreta - Bertran Rusell, que no era precisamente un creyente, citaba una frase atribuida a San Francisco de Asís: "Deberíamos pedir al cielo sólo tres cosas: Valor suficiente para aceptar todo aquello que no puede cambiarse. Coraje para cambiar aquello que podemos cambiar. Inteligencia suficiente para no confundir lo uno con lo otro."
Miró sonriendo al discípulo y añadió:
- Aceptemos pues, que nada podíamos contra la tempestad de arena y pongámonos manos a la obra para recuperar lo que podamos de nuestro huerto...Eso es aceptar. Ni lamentarse, ni resignarse y quedarse con los brazos cruzados sirve para nada.
Y se fueron ambos a buscar las herramientas para trabajar en el huerto...

(Dedicado a todos los políticos, periodistas y gente del pueblo, que en estos días de pandemia se dedican a buscar culpables, que siempre son los otros, a quejarse, a verlo todo negro, en vez de poner manos a la obra y juntar fuerzas para solucionar todo lo que se puede solucionar. También a aquellos que, bajo una falsa espiritualidad, se quedan sin hacer nada mirando al cielo.)

viernes, 3 de abril de 2020

EL ANACORETA Y EL LENGUAJE


Estuvo todo el día con el Anacoreta un árabe de religión Sufí. Cuando al amanecer del día siguiente el sufí siguió su camino, el discípulo preguntó:- ¿Cómo haces para entenderte con gente de leguas diferentes, ideologías diferentes, religiones diferentes?
Sonrió el Anacoreta y respondió:
- Mira, precisamente el árabe que estuvo aquí con nosotros era de religión Sufí. La respuesta la dio Raimon Llull en la Edad Media, en un libro que escribió al estilo Sufí. Es el "Llibre d'Amic e Amat" Allí dice:
"Cantaba el pájaro en el jardín del Amado,
y vino el Amigo, quien dijo al pájaro:
Si no nos entendemos por el lenguaje...
entendámonos por el Amor..."
Y desde ese día, el discípulo se dio cuenta que podía entender hasta a las hormigas y los cuervos del desierto...