jueves, 13 de diciembre de 2018

EL REINO DE LOS PEQUEÑOS


"Os aseguro que, entre todos los hombres, ninguno ha sido más grande que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.
Desde que vino Juan el Bautista hasta ahora, al reino de los cielos se le hace violencia, y los violentos pretenden acabar con él. Todos los profetas y la ley de Moisés anunciaron el reino hasta que vino Juan. Y, si queréis creerlo, Juan es el profeta Elías, que había de volver. Los que tienen oídos, oigan"


"Hace años varias familias fueron desalojadas de un terreno que se habían tomado. Personas pobres, sin trabajo, con pocas pertenencias. En el desalojo los golpearon, les tiraron sus pertenencias, les quemaron los ranchos de cartón y tela asfáltica. Algunos fueron detenidos y encarcelados. Pero llamó la atención la fortaleza de una mujer adulta que en medio de la tragedia manifestó su plena confianza en Dios, “es lo único que no nos han quitado ni nos podrán quitar”. Cuando los pobres ponen su esperanza en Dios no hay poder humano que los pueda derrotar en sus luchas por alcanzar mejores condiciones de vida. Juan es presentado por Jesús como “el nuevo Elías”, el gran profeta del Antiguo Testamento que todos esperaban. Es profeta porque vive una profunda experiencia de Dios, interpreta los signos de los tiempos y anuncia el pronto advenimiento del Reinado de Dios. Cuántos Juan Bautista hay que mantienen la esperanza de los pobres, como la señora de la historia. Adviento es tiempo propicio para descubrir profetas de esperanza. ¿Cómo vives tu vocación profética en medio de los tuyos?" (Koinonía) 


miércoles, 12 de diciembre de 2018

JESÚS, NUESTRO DESCANSO


"Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os haré descansar. Aceptad el yugo que os impongo, y aprended de mí, que soy paciente y de corazón humilde; así encontraréis descanso. Porque el yugo y la carga que yo os impongo son ligeros."

Vivimos en una sociedad hiperactiva. Nos valoran y nos valoramos por lo que hacemos. Incluso nuestras vacaciones, en lugar de descansar, las empleamos en hacer mil y una cosa. 
Otros se sienten agobiados por los demás, por la injusticia, por el menosprecio. Jesús nos indica que Él nos hará descansar. Por eso debemos buscar momentos de paz junto a Él. Momentos de silencio que llenen nuestro vacío interior. Porque su yugo y su carga son ligeros.

martes, 11 de diciembre de 2018

DIOS ES TERNURA


"¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le extravía una de ellas, ¿no dejará las otras noventa y nueve en el monte e irá a buscar la extraviada? Y si logra encontrarla, os aseguro que se alegrará más por esa oveja que por las noventa y nueve que no se extraviaron. Del mismo modo, vuestro Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ninguno de estos pequeños."


La imagen de Dios que nos da Jesús en el Evangelio es muy diferente de la que nosotros damos. Dios es ante todo Padre. Y no un padre severo, sino un padre que siempre perdona y que busca lo mejor para nosotros. Dios es alegría. Dios es ternura.
"Recuerdo cuando mi madre o mi padre me castigaban o sufría algún malestar o percance. Cómo corría a los brazos de mi abuelo, un viejo con mirada cansada pero pletórica de bondad. Bastaba una caricia, una palabra tierna, para que me tranquilizara. Qué importante era el consuelo que me brindaba. Así es Dios. Consuela a su pueblo en medio de la aflicción. Le brinda ternura y amor maternal. Con razón el Papa Juan Pablo I dijo que “Dios es padre, pero ante todo es madre”. Qué gran verdad y como la olvidamos fácilmente. Dios no se alegra del sufrimiento humano. Sufre con los que sufren y llora con los que lloran, también se goza con la alegría de sus hijos. Por eso hay más alegría cuando alguien cambia de vida, se deja transformar por el Espíritu y orienta sus pasos al corazón del Padre. Eso no lo pueden entender nunca aquellos que tienen una imagen de Dios como un tremendo juez que juzga y castiga a quienes se extravían. ¿Has experimentado en tu vida el consuelo y la ternura de Dios?" (Koinonía) 

lunes, 10 de diciembre de 2018

EL PERDÓN NOS HACE CAMINAR


"Un día estaba Jesús enseñando, y se habían sentado por allí algunos fariseos y maestros de la ley venidos de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalén. El poder de Dios se manifestaba en Jesús cuando curaba a los enfermos. En esto llegaron unos hombres que llevaban en una camilla a un paralítico. Querían meterlo en la casa y ponerlo delante de Jesús, pero no encontraban por dónde entrar porque había mucha gente; así que subieron al techo, y haciendo un hueco entre las tejas bajaron al enfermo en la camilla, allí en medio de todos, delante de Jesús. Cuando Jesús vio la fe que tenían, le dijo al enfermo:
– Amigo, tus pecados quedan perdonados.
Entonces los maestros de la ley y los fariseos comenzaron a pensar: “¿Quién es este, que se atreve a decir palabras ofensivas contra Dios? Tan sólo Dios puede perdonar pecados.” 
Pero Jesús, dándose cuenta de lo que estaban pensando, les preguntó:
– ¿Por qué pensáis así? ¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados quedan perdonados’ o decir: ‘Levántate y anda’? Pues voy a demostraros que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados.
Entonces dijo al paralítico:
– A ti te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.

Al momento, el paralítico se levantó delante de todos, tomó la camilla en que estaba acostado y se fue a su casa alabando a Dios. Todos se quedaron asombrados y alabaron a Dios, y llenos de miedo dijeron:
– Hoy hemos visto cosas maravillosas." 

El pecado, el mal, el egoísmo...es lo que verdaderamente nos paraliza. Por eso Jesús empieza por perdonar los pecados. Los maestros de la ley y los fariseos no tenían la fe del paralítico y los acompañantes, que son capaces de agujerear el techo para bajarlo ante Jesús. Porque la Fe no es saber muchas cosas ni hacer muchas ceremonias. La Fe es confiar totalmente en Jesús.
"Definitivamente adviento es alegría. Las lecturas leídas lo confirman. Dios viene a salvar y cuando se percibe esa salvación indudablemente el corazón salta de entusiasmo. A través de figuras simbólicas contrapuestas el Profeta comunica la cercanía de la salvación de Dios. Pero no todos están dispuestos a dejarse contagiar del mensaje salvífico-liberador del evangelio de Jesús. No faltan los que murmuran y descalifican a quienes hacen el bien. Cuantas parálisis tenemos en el corazón. Jesús siempre tiene una palabra de vida que devuelve la salud y dignifica a la persona humana. Y el perdón y la curación están íntimamente ligados. El perdón restituye el amor y la comunión con Dios y los hermanos. La curación sana las heridas causadas por el egoísmo y la codicia que deja llagas profundas. Pero siempre hay la posibilidad de levantarse y ponerse en camino aún llevando sobre sí su camilla, es decir, su historia personal. Nosotros tenemos la misión de continuar la obra iniciada por Jesús: perdonar, reconciliar, sanar, dignificar a muchas personas y comunidades heridas. ¿Cómo contribuyes a la sanación personal y comunitaria?" (Koinonía)

domingo, 9 de diciembre de 2018

ARREGLAR CAMINOS


"En el año quince del gobierno del emperador Tiberio, Poncio Pilato era gobernador de Judea, Herodes gobernaba en Galilea, su hermano Filipo gobernaba en Iturea y Traconítide, y Lisanias gobernaba en Abilene. Anás y Caifás eran los sumos sacerdotes. Por aquel tiempo habló Dios en el desierto a Juan, el hijo de Zacarías, y Juan pasó por toda la región del río Jordán diciendo a la gente que debían convertirse a Dios y ser bautizados, para que Dios les perdonara sus pecados. Esto sucedió como el profeta Isaías había escrito:
Se oye la voz de alguien
que grita en el desierto:
¡Preparad el camino del Señor;
abridle un camino recto!
Todo valle será rellenado,
todo monte y colina será nivelado,
los caminos torcidos serán enderezados
y allanados los caminos escabrosos.
Todo el mundo verá la salvación que Dios envía."


Juan pedía a los judíos que preparasen los caminos para la llegada del Señor. Nos lo sigue pidiendo a nosotros. Si queremos que Jesús llegue a nosotros debemos suprimir todos los obstáculos que nos alejan de Él. Todo lo que nos separa del prójimo, nos separa de Dios. El dinero, las ideologías, la injusticia...nos separa de nuestros semejantes. Lo mismo nos separa de Jesús. Mientras no suprimamos estos obstáculos, Dios no podrá nacer en nuestro corazón.
"En el evangelio, al llegar la plenitud de los tiempos, el mismo Dios anuncia la cercanía del Reino por medio de Juan y asegura con Isaías que “todos verán la salvación de Dios” (Lc 3,6). Para el Dios que llega con el don de la salvación debemos preparar el camino en el hoy de nuestra propia historia.
Juan Bautista, profeta precursor de Jesús, fue hijo de un “mudo” (pueblo en silencio) que renunció al “sacerdocio” (a los privilegios de la herencia), y de una “estéril” (fruto del Espíritu). Le “vino la palabra” estando apartado del poder y en el contacto con las bases, con el pueblo. La palabra siempre llega desde el desierto (donde sólo hay palabra) y se dirige a los instalados (entre quienes habitan los ídolos) para desenmascararlos. La palabra profética le costó la vida a Juan. Su deseo profético es profundo y universal: “todos verán la salvación de Dios”. La salvación viene en la historia (nuestra historia se hace historia de salvación), con una condición: la conversión (“preparad el camino del Señor”). ¿Qué debemos hacer para ser todos un poco profetas?
La invitación de Isaías, repetida por Juan Bautista y corroborada por Baruc, nos invita a entrar en el dinamismo de la conversión, a ponernos en camino, a cambiar. Cambiar desde dentro, creciendo en lo fundamental, en el amor para “aquilatar lo mejor” (Flp 1,10). Con la penetración y sensibilidad del amor escucharemos las exigencias del Señor que llega y saldremos a su encuentro “llenos de los frutos de justicia” (1,11).
Esa renovación desde dentro tiene su manifestación externa porque se “abajan los montes”, se llenan los valles, se endereza lo torcido y se iguala lo escabroso (Bar 5,7). Se liman asperezas, se suprimen desigualdades y se acortan distancias para que la salvación llegue a todos. La humanidad transformada es la humanidad reconciliada e igualada, integrada en familia de fe: “los hijos reunidos de Oriente a Occidente” (Bar 5,5). Convertirse entonces es ensanchar el corazón y dilatar la esperanza para hacerla a la medida del mundo, a la medida de Dios. Una humanidad más igualitaria y respetuosa de la dignidad de todos es el mejor camino para que Dios llegue trayendo su salvación. A cada uno corresponde examinar qué renuncias impone el enderezar lo torcido o abajar montes o rellenar valles. Nuestros caminos deben ser rectificados para que llegue Dios.
Adviento es el tiempo litúrgico dedicado por antonomasia a la esperanza. Y esperar es ser capaz de cambiar, y ser capaz de soñar con la Utopía, y de provocarla, aun en aquellas situaciones en las que parece imposible.
Dejémonos impregnar por la gracia de este acontecimiento que se nos aproxima, dejemos que estas celebraciones de la Eucaristía y de la liturgia de estos días nos ayuden a profundizar el misterio que estamos por celebrar.
Unidos en la esperanza caminamos juntos al encuentro con Dios. Pero al mismo tiempo, Él camina con nosotros señalando el camino porque “Dios guiará a Israel entre fiestas, a la luz de su Gloria, con su justicia y su misericordia” (Bar 5,9)." (Koinonía) 




sábado, 8 de diciembre de 2018

LA MADRE DEL SOL


"A los seis meses envió Dios al ángel Gabriel a un pueblo de Galilea llamado Nazaret, a visitar a una joven virgen llamada María que estaba comprometida para casarse con un hombre llamado José, descendiente del rey David. El ángel entró donde ella estaba, y le dijo:
– ¡Te saludo, favorecida de Dios! El Señor está contigo.
Cuando vio al ángel, se sorprendió de sus palabras, y se preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo:
– María, no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios. Ahora vas a quedar encinta: tendrás un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será un gran hombre, al que llamarán Hijo del Dios altísimo: y Dios el Señor lo hará rey, como a su antepasado David, y reinará por siempre en la nación de Israel. Su reinado no tendrá fin. 
María preguntó al ángel:
– ¿Cómo podrá suceder esto, si no vivo con ningún hombre? 
El ángel le contestó:
– El Espíritu Santo se posará sobre tiu y el poder del Dios altísimo se posará sobre ti como una nube. Por eso, el niño que va a nacer será llamado Santo e Hijo de Dios. También tu parienta Isabel, a pesar de ser anciana, va a tener un hijo; la que decían que no podía tener hijos está encinta desde hace seis meses. Para Dios no hay nada imposible. 
Entonces María dijo:
– Soy la esclava del Señor. ¡Que Dios haga conmigo como me has dicho!
Con esto, el ángel se fue."


María es para nosotros un modelo de acogida de Dios. Lo acoge en su seno. En los evangelios leeremos que María guardaba todo lo que veía y oía de Jesús en su corazón. De María nace Jesús. La Virgen que preside la iglesia de la Seu de Manresa responde a la advocación de Nuestra Señora del Alba. Una invocación perfecta. En el alba nace el sol. De María nace el Sol. No olvidemos nunca el ejemplo de acogida que nos proporciona María. El ejemplo de aceptación de la voluntad de Dios. Así también seremos nosotros Luz para los demás.
  "El ángel anuncia de parte de Dios a Zacarías y luego a María el nacimiento de Juan y de Jesús, respectivamente, que se relacionan con otros nacimientos anunciados en el Antiguo Testamento. Los anuncios a Zacarías, sin ser mujer, y a María, aunque no es estéril, dan continuidad al proyecto de Dios en la historia de la salvación. Lucas nos presenta los personajes y los lugares que preparan la llegada de Jesús: Gabriel, Zacarías, María, José, Isabel, Juan Bautista, los pastores, Simeón, Ana, Nazaret, el Templo. Describe lo que está aconteciendo con la ayuda de Dios en cada uno de ellos, y va mostrando la forma como es recibido Jesús en la vida de cada uno de los personajes. Aunque todos tienen una importancia dentro del relato, el personaje central es María: ella recibe la llamada del Señor (1,28), experimenta la certeza de la bondad de Dios (1,37) y responde con generosidad a la llamada (1,38). María nos presenta una forma concreta de acoger y hacer vida la Palabra de Dios que se nos manifiesta en los hechos cotidianos de nuestra vida." (Koinonía) 




viernes, 7 de diciembre de 2018

NUESTRA CEGUERA


"Al salir Jesús de allí, dos ciegos le siguieron, gritando:
– ¡Ten compasión de nosotros, Hijo de David! 
Cuando entró en la casa, los ciegos se le acercaron. Él les preguntó:
– ¿Creéis que puedo hacer esto?
– Sí, Señor – le contestaron.
Entonces Jesús les tocó los ojos y les dijo:
– Hágase conforme a la fe que tenéis.
Y recobraron la vista. Jesús les advirtió severamente:
– Procurad que nadie lo sepa. 
Pero en cuanto salieron, contaron por toda aquella región lo que Jesús había hecho."

Nuestra ceguera no nos deja ver las cosas tal como son. Muchas veces miramos hacia otro lado. No querer ver es la peor ceguera de todas.
"Estamos como ciegos. El invidente no ve la realidad. Tal vez la imagina pero tergiversadamente. Por eso como los dos ciegos del evangelio roguemos al Señor que quite los velos, las tinieblas de nuestra conciencia que nos impide ver. Con toda seguridad que Jesús acude a nuestra ayuda. El es la luz que ilumina a todo ser humano que viene a este mundo. El adviento es tiempo para impulsar y realizar cambios en todos los ámbitos de la vida. Debe ser un tiempo de nueva visión para mirar la vida con ojos nuevos ¿Qué problemas serios detectas en tu entorno social y religioso? ¿Cómo afectan esos problemas la vida de la gente pobre? ¿Qué estás haciendo para transformar dicha realidad? ¿Qué acciones podrías acompañar para que todos puedan ver?" (Koinonía)