jueves, 19 de enero de 2017

TODOS LE SEGUÍAN


"Jesús, seguido por mucha gente de Galilea, se fue con sus discípulos a la orilla del lago. Al oir hablar de las grandes cosas que hacía, acudieron también a verle muchos de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del lado oriental del Jordán y de la región de Tiro y Sidón. Por eso, Jesús encargó a sus discípulos que le tuvieran preparada una barca, para evitar que la multitud le apretujara. Porque había sanado a tantos, que todos los enfermos se echaban sobre él para tocarle.
Y cuando los espíritus impuros le veían, se ponían de rodillas delante de él y gritaban:
– ¡Tú eres el Hijo de Dios!
Pero Jesús les ordenaba con severidad que no hablaran de él públicamente."

Ayer veíamos que los "buenos" planeaban cómo eliminarlo. Hoy vemos cómo la "gente" lo seguía. Los exégetas nos dicen que la palabra griega que encontramos en Marcos para nombrar a la gente, "óchlos", designa a la gente humilde, sencilla, a los que precisamente los "buenos" despreciaban. El texto de hoy nos dice que, incluso los extranjeros, los paganos de Idumea y Tiro y Sidón, acudían a Él.
En Jesús encontramos dos cosas que debemos señalar:
. Jesús se mezclaba con la gente, se dejaba tocar, se mezclaba con el pueblo.
. Lo que atraía a toda esa gente eran sus "hechos". Jesús no era un "maestro" teórico, sino alguien que materializaba su doctrina en el amor, curando, desprendiendo bondad. De manera, que hasta los espíritus del mal lo reconocían.
Seguir a Jesús implica estas dos cosas: mezclarse con la gente y demostrar nuestro amor con hechos. Por desgracia utilizamos demasiadas palabras. Una Iglesia elitista aleja de Dios.  

miércoles, 18 de enero de 2017

EL BIEN POR ENCIMA DE TODO


"Jesús entró otra vez en la sinagoga. Había allí un hombre que tenía una mano tullida,  y espiaban a Jesús para ver si lo sanaría en sábado y tener así algo de qué acusarle. Jesús dijo al hombre de la mano tullida:
– Levántate y ponte ahí en medio.
Luego preguntó a los demás:
– ¿Qué está permitido hacer en sábado: el bien o el mal? ¿Salvar una vida o destruirla?
Ellos se quedaron callados. Jesús miró entonces con enojo a los que le rodeaban y, entristecido porque no querían entender, dijo a aquel hombre:
– Extiende la mano.
El hombre la extendió, y la mano le quedó sana. Pero los fariseos, en cuanto salieron, comenzaron junto con los del partido de Herodes a hacer planes para matar a Jesús."

Jesús vuelve a enfrentarse con los "buenos". No comprenden algo claro y meridiano: que hacer el bien está por encima de todo. 
Para los judíos el descanso del sábado era importantísimo. Estaba prohibido realizar muchas cosas. La pregunta de Jesús es clara: ¿qué está permitido hacer en sábado, el bien o el mal? La responde con la práctica. Llama a un hombre con la mano tullida, lo hace poner en el centro y lo cura.
Los "buenos", no solamente no entendieron la lección, sino que desde ese momento buscaron la manera de matarlo.
Cuando la religión deja de ser espiritualidad, unión con Dios, se convierte en algo nefasto, capaz de perseguir al que hace el bien y destruirlo.
Jesús nos enseña el camino. El amor, hacer el bien, está por encima de toda norma, mandato. Es más, es el único mandato. 

martes, 17 de enero de 2017

EL SÁBADO PARA EL HOMBRE


"Un sábado pasaba Jesús entre los sembrados, y sus discípulos, según iban, comenzaron a arrancar espigas. Los fariseos le preguntaron:
– Oye, ¿por qué hacen tus discípulos algo que no está permitido en sábado?
Él les dijo:
– ¿Nunca habéis leído lo que hizo David en una ocasión en que él y sus compañeros tuvieron necesidad y sintieron hambre? Siendo Abiatar sumo sacerdote, David entró en la casa de Dios y comió los panes consagrados, que solamente a los sacerdotes les estaba permitido comer. Además dio a los que iban con él.
Jesús añadió;
– El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado. Así que el Hijo del hombre tiene autoridad también sobre el sábado."

Lo peor que puede ocurrirnos es dar más importancia a las normas que al espíritu. Los fariseos estaban muy preocupados por el cumplimiento estricto de cada uno de los mandatos de la ley. Pero el amor está por encima de la ley. Las leyes están hechas para el hombre, no el revés. Si no, seríamos meros esclavos.
El poner las normas, los ritos, las obligaciones, por encima de todo, seca y mata la espiritualidad. Las normas y los ritos tienen como finalidad acercarnos a Dios. Y a Dios nos acercamos a través del los hombres. El servicio, el amor, la entrega, pasan por encima de todas las normas.
Y una lección del evangelio de hoy que no podemos obviar, es que no debemos juzgar la actuación de los demás. No conocemos sus circunstancias. De la misma manera que solemos ser benévolos con nosotros mismos, debemos serlo con los demás. No somos nadie para juzgar.

lunes, 16 de enero de 2017

REZAR SIN PALABRAS


A veces en nuestra oración nos sobran palabras. Pedimos, hablamos, reflexionamos...y nos olvidamos de escuchar. Olvidamos que el estar presente ya es oración. Como una pareja de enamorados que no se dicen nada, pero están bien el uno junto al otro. Como aquella anciana que pasaba tiempo en la iglesia, y cuando el sacerdote le preguntó qué rezaba, ella respondió: nada, yo le miro y el me mira.
Como nos dice la canción de Juan Luis Guerra: tan solo he venido a estar contigo.

VINO NUEVO, ODRES NUEVOS


"En una ocasión estaban ayunando los seguidores de Juan el Bautista y los de los fariseos. Algunas personas fueron a Jesús y le preguntaron:
– Los seguidores de Juan y los de los fariseos ayunan: ¿por qué no ayunan tus discípulos?
Jesús les contestó:
– ¿Acaso pueden ayunar los invitados a una boda mientras el novio está con ellos? Mientras está presente el novio, no pueden ayunar. Pero vendrá el momento en que se lleven al novio; entonces, cuando llegue ese día, ayunarán.
Nadie remienda un vestido viejo con un trozo de tela nueva, porque lo nuevo encoge y tira del vestido viejo, y el desgarrón se hace mayor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo hace que revienten los odres y que se pierdan tanto el vino como los odres. Por eso hay que echar el vino nuevo en odres nuevos."

Los fariseos se quejan de que los discípulos de Jesús no ayunan. Jesús les dice el por qué. Porque están con Él. 
Jesús les dice que llegan tiempos nuevos con costumbres nuevas. No se trata de eliminar el ayuno, sino de darle un nuevo sentido. Y ese ayuno lo encontramos ya anunciado en el profeta Isaías:
"El ayuno que yo quiero es este: abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos; partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que va desnudo y no cerrarte a tu propia carne."
Hoy siguen muriendo niños de hambre. Siguen muriendo de frío gente sin hogar. Se siguen ahogando en el mediterráneo gente que huye de la opresión y la miseria. ¿Creéis que los cristianos hemos entendido este evangelio?¿Recibimos ese vino nuevo de la Palabra y lo encerramos en odres nuevos, o, más bien, seguimos con los odres viejos del legalismo y de mirarnos el ombligo?
Si realmente estamos con Jesús, ya sabemos cuál debe ser nuestro ayuno.

DIOS DEL SILENCIO


A veces nos preguntamos dónde está Dios. Ante las desgracias e injusticias que suceden cada día, esperamos que Dios aparezca y lo solucione todo. Pero Dios no actúa así. Nos preguntamos por qué se hagan estas personas en el Mediterráneo, y no sabemos que es Él, el que se ahoga cada día. Nos preguntamos sobre la pobreza, el hambre, la miseria, y no sabemos ver que es Él el pobre, el hambriento, el hundido en la miseria.
Dios se nos presenta cada día, per no lo sabemos ver. Florentino Ulibarri nos habla de este Dios del silencio en este poema.

"No anuncias la hora de tu llegada
ni pregonas tu presencia
con trompetas, campanas o cañones.
Ya no nos convocas, como antaño,
con signos y prodigios, a ver tu gloria
y cantar tus alabanzas.
No quieres espectáculos.
Te pierdes por calles secundarias,
plazas públicas y mercados de barrio,
donde no hay pedestales ni estatuas.

Tú no eres un dios de aplausos, gritos y vítores.
Eres el Dios de la brisa y el silencio.
Tu llegas al corazón y susurras palabras de vida.
Y, en las encrucijadas, miras y miras.
Te quedas si te aceptamos
y permaneces fuera, esperando, si te rechazamos.
Eres la salvación, pero sólo te ofreces
a los que saben de silencios
y de encuentros en encrucijadas. ¡Tú no nos impones ni tu presencia!

Dios silencio.
Dios encuentro.

(Florentino Ulibarri)

domingo, 15 de enero de 2017