sábado, 18 de agosto de 2018

COMO NIÑOS


"Llevaron unos niños a Jesús, para que pusiera sobre ellos las manos y orara por ellos; pero los discípulos reprendían a quienes los llevaban. Entonces Jesús dijo:
– Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos. 
Puso las manos sobre los niños y se fue de aquel lugar."

Jesús nos pone a los niños como modelos. Tras mi verano en San Juan de Lurigancho, al leer este evangelio, me han venido a la mente los muchos niños que hay en el mundo, a los que tenemos olvidados. ¿Realmente pensamos en los niños?¿Sólo existen los niños sobrealimentados, mimados y consentidos de nuestra sociedad?¿Sólo hay niños abandonados en el tercer mundo?¿Cuántos son los menores que corren por nuestras calles, que han atravesado solos el Mediterráneo y siguen solos?
Jesús nos dice que el Reino es de los niños. Porque ser niño es todo lo contrario de nuestro orgullo, de nuestras ansia de poder. Ser niño es recibirlo todo como un regalo. Ser niños significa tener el corazón limpio para poder amar de verdad.
Si hemos de ser como niños, ¿por qué los tenemos abandonados? Aquí os dejo este vídeo que nos ayudará reflexionar:

SALIDA CULTURAL CON LOS DE SECUNDARIA


Aquí la llamamos ESO. Hicieron una salida cultural a un lugar no muy lejano de Lima, pero muy diferente. Perdonad, pero no recuerdo el nombre. Espero que Koko (Jorge) me ayude y nos diga el nombre. 
Lima está rodeada de desierto. Ese lugar, subiendo a la sierra, es verde con pastos para las vacas. Al principio encontramos el mismo cielo gris que en Lima, pero a medida que subíamos y transcurría el día, salió un sol radiante. Hicimos el recorrido por grupos, cada uno con un guía, y los chicos hacían preguntas y tomaban notas. En clase acabarían el tema con un trabajo.


viernes, 17 de agosto de 2018

SON UNO SOLO


"Unos fariseos se acercaron a Jesús, y para tenderle una trampa le preguntaron:
– ¿Le está permitido a uno separarse de su esposa por un motivo cualquiera? 
Jesús les contestó:
– ¿No habéis leído en la Escritura que Dios, al principio, ‘hombre y mujer los creó’? Y dijo: ‘Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su esposa, y los dos serán como una sola persona.’ Así que ya no son dos, sino uno solo. Por lo tanto, no separe el hombre lo que Dios ha unido.
Ellos le preguntaron:
– ¿Por qué, pues, mandó Moisés entregar a la esposa un certificado de separación cuando se la despide? 
Jesús les dijo:
– Precisamente por lo tercos que sois os permitió Moisés separaros de vuestras esposas; pero al principio no fue así. Yo os digo que el que se separa de su esposa, a no ser por motivo de inmoralidad sexual, y se casa con otra, comete adulterio. 
Le dijeron sus discípulos:
– Si esta es la situación del hombre respecto de su mujer, más vale no casarse.
Jesús les contestó:
– No todos pueden comprender esto, sino únicamente aquellos a quienes Dios ha dado que lo comprendan. Hay diferentes razones que impiden a los hombres casarse. Algunos ya nacen incapacitados para el matrimonio; a otros los incapacitan los hombres, y otros viven como incapacitados por causa del reino de los cielos. El que pueda aceptar esto, que lo acepte."

Este texto, más que hablar de la indisolubilidad del matrimonio, que sí lo hace, habla de la dignidad de la mujer. En Israel la mujer estaba supeditada totalmente al hombre y este podía repudiarla por motivos nimios. Jesús, al indicar que son una sola persona, está señalando la igualdad de la mujer y del hombre.
Veamos la reflexión que hace Koinonia:

 "El amor incondicionalmente fiel de Dios, hace posible unas “segundas nupcias” con su pueblo. Su fidelidad, redime el presente, perdonando. En la controversia con los fariseos, Jesús cuestiona el derecho matrimonial vigente, que dejaba a las mujeres en situación de indefensión e inferioridad ante los varones, proponiendo regresar al designio primero de Dios. Si la unicidad y la complementariedad entre ambos (integral, no solo sexual), desde un principio respondían a su voluntad, porque ya no son dos sino una sola carne, Moisés no podía legislar contra eso, lo que deslegitimaría el repudio por él autorizado. En el trasfondo de esta polémica podemos percibir las preocupaciones mayores, en Jesús y en la comunidad de Mateo, por la dignidad e igualdad de las mujeres y la justicia en las relaciones de los sexos, derechos inalienables en cualquier ética comunitaria equitativa. Nunca tendremos autoridad moral ante el mundo, mientras sigamos justificando, favoreciendo y reforzando actitudes entre nosotros, en todo contrarias a las enseñanzas de Jesús. ¿Cuidamos que nuestros prejuicios y superficialidades cómplices no favorezcan y refuercen estas desigualdades y discriminaciones?" 


jueves, 16 de agosto de 2018

ACREEDORES


"Entonces Pedro fue y preguntó a Jesús:
– Señor, ¿cuántas veces he de perdonar a mi hermano, si me ofende? ¿Hasta siete?
Jesús le contestó:
– No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. 
Por eso, el reino de los cielos se puede comparar a un rey que quiso hacer cuentas con sus funcionarios. Había comenzado a hacerlas, cuando le llevaron a uno que le debía muchos millones. Como aquel funcionario no tenía con qué pagar, el rey ordenó que lo vendieran como esclavo, junto con su esposa, sus hijos y todo lo que tenía, a fin de saldar la deuda. El funcionario cayó de rodillas delante del rey, rogándole: ‘Señor, ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo.’ El rey tuvo compasión de él, le perdonó la deuda y lo dejó ir en libertad.
Pero al salir, aquel funcionario se encontró con un compañero que le debía una pequeña cantidad. Lo agarró del cuello y lo ahogaba, diciendo: ‘¡Págame lo que me debes!’ El compañero se echó a sus pies, rogándole: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo.’ Pero el otro no quiso, sino que le hizo meter en la cárcel hasta que pagara la deuda. Esto disgustó mucho a los demás compañeros, que fueron a contar al rey todo lo sucedido. El rey entonces le mandó llamar y le dijo: ‘¡Malvado!, yo te perdoné toda aquella deuda porque me lo rogaste. Pues también tú debiste tener compasión de tu compañero, del mismo modo que yo tuve compasión de ti.’ Tanto se indignó el rey, que ordenó castigarle hasta que pagara toda la deuda. 
Jesús añadió:
– Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada uno no perdona de corazón a su hermano. 
Después de haber dicho estas cosas, Jesús se marchó de Galilea y llegó a la región de Judea que está al oriente del Jordán."

Pedro, como nosotros, se creía generoso: perdonar siete veces. Jesús nos muestra la misericordia del Padre: setenta veces siete, es decir, siempre.
Vivimos en una sociedad en la que todos somos acreedores. Todos consideramos que alguien nos debe algo. No nos acordamos de lo que nosotros debemos a los demás y de lo que se nos ha perdonado. Dios nos perdona continuamente y no lo reconocemos. 
Estamos inmersos en luchas continuas, venganzas, exigencias...¿Que hay, si no, detrás de las guerras y conflictos internacionales? ¿Que hay en las disputas familiares?
Jesús nos señala el camino: perdonar. El amor. No es un camino fácil, ¿pero, quién nos dice que amar es fácil? 




miércoles, 15 de agosto de 2018

NUESTRO MODELO


"Por aquellos días, María se dirigió de prisa a un pueblo de la región montañosa de Judea, y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura se movió en su vientre, y ella quedó llena del Espíritu Santo. Entonces, con voz muy fuerte, dijo Isabel:
– ¡Dios te ha bendecido más que a todas las mujeres, y ha bendecido a tu hijo! ¿Quién soy yo para que venga a visitarme la madre de mi Señor? Tan pronto como he oído tu saludo, mi hijo se ha movido de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú por haber creído que han de cumplirse las cosas que el Señor te ha dicho! 
María dijo:
Mi alma alaba la grandeza del Señor.
Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador, 
porque Dios ha puesto sus ojos en mí, su humilde esclava, 
y desde ahora me llamarán dichosa;
porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas. 
¡Santo es su nombre!
Dios tiene siempre misericordia
de quienes le honran. 
Actuó con todo su poder: 
deshizo los planes de los orgullosos,
derribó a los reyes de sus tronos 
y puso en alto a los humildes.
Llenó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías. 
Ayudó al pueblo de Israel, su siervo,
y no se olvidó de tratarlo con misericordia. 
Así lo había prometido a nuestros antepasados,
a Abrahami y a sus futuros descendientes. 
María se quedó con Isabel unos tres meses, y después regresó a su casa."

Os dejo el estupendo comentario de Koinonía:

La escena evangélica de hoy se centra en el encuentro de las dos madres y de sus respectivos niños, en la continuidad del designio de Dios (AT y NT), une teológicamente los relatos paralelos de la infancia de Juan (el último profeta del AT) y de Jesús. Y es el Espíritu quien marca esta continuidad. Toda la escena rebosa de teología, y para que no se pierda ni un ápice, Lucas la concluye con el mutis de María (1,56). En este encuentro, Lucas pone en boca de María este himno judeocristiano (1,47-55), que se inspira en el cántico de Ana (1Sam 2,1-10) y en toda la tradición bíblica (sobre todo de los salmos). Himno que
expresa la fe y la esperanza de los pobres y humildes del pueblo de Dios. Son los «hijos de Sión», «los pobres del Señor», quienes, en María y con ella, alaban a Dios por las grandes obras que ha hecho en ellos/en ella (1,46-49), por lo que hace en su favor (1,50-53) y, finalmente, por su amor misericordioso a favor de Israel, en conexión con las promesas realizadas y selladas con la bendición de Abraham y a su descendencia (1,54-55). María es también hija de Abraham. Así, en María, en este encuentro entre el AT y el NT, se une la espera con la realización y, al mismo tiempo, se manifiesta la predilección histórica del Señor de Abraham y de María por los pobres de todos los tiempos.
Hoy celebramos la «asunción» gloriosa de María. No se trata de ninguna elevación vertical, de ninguna traslación física, de ningún viaje sideral. No lo fue la «ascensión» de Jesús; mucho menos lo es en el caso de María. Esa asunción gloriosa es una manera de hablar, que quiere decir algo, algo importante, pero no precisamente un traslado físico, un sentido literal inmediato de las palabras. Podemos –y deberíamos- ser creyentes de hoy, maduros, conscientes del valor simbólico y metafórico de muchas de las expresiones clásicas de nuestra fe. Valor «simbólico», «metafórico», no significa, en absoluto, falta de valor, carencia de sentido, ausencia de contenido. Muy al contrario. Significa que la verdad expresada es una verdad profunda, no susceptible de ser expresada con palabras fáciles, descriptivas, meramente referenciales de lo físico o material
Nuestra fe expresa que en María Dios ha dignificado a todos los seres humanos, en especial a las mujeres, convirtiéndolos en plenos participantes de su obra salvífica. El ser humano había echado a perder los planes de Dios con opresiones, violencias y desigualdades. Dios, en Jesús, llama el mundo al nuevo orden, donde todos los seres humanos son igualmente dignos y de este modo se inaugura una nueva era de plenitud.
La fiesta de la «asunta», como la llama el pueblo cristiano en muchos lugares de América Latina, nos invita a vivir en el presente el futuro de Dios. María vivió su existencia como una manifestación de la obra salvadora de Dios. No hubo momento de su humilde existencia en el que el amor misericordioso del padre no se hiciera solidaridad, misericordia y compasión con todas las personas que, como ella, vivían situaciones de pobreza y exclusión. María encarnó todos aquellos valores que nos permiten comprender como el futuro de Dios se manifiesta en las limitaciones de nuestro presente. María nos invita a vivir gozosamente la vida como un encuentro permanente con el Dios de la vida y la historia que realiza su obra redentora en las miserias de nuestro mundo y en las limitaciones de nuestra existencia.
¿Comprendemos el profundo significado de la asunción de la virgen maría? ¿Estamos dispuestos, como María, a modelar nuestra existencia de acuerdo con la propuesta del evangelio?


EN UNO DE LOS CERRITOS


Una de las actividades del Grupo de Pastoral y de los Antiguos Alumnos, se  realiza en uno de los cerritos. Con la ayuda de Proide se construyó un local con las paredes de madera, como son las casitas allá, que sirve de Centro Cívico y lugar de reunión y actividades.
Allí subimos para pasar la mañana con un grupo de niños de aquel lugar, realizar actividades y compartir uns refrescos y unas galletas.
Subiendo y bajando de aquel lugar, nos dimos cuenta de las dificultades que pasan aquellas personas. Cada mañana, cuando después de la ducha rezaba Laudes de cara al cerrito, veía mujeres de edad subir y bajar cargadas con las bolsas de basura. Allí tampoco llega ninguna ambulancia. Sólo tienen esas escaleras de cemento para subir y bajar.



martes, 14 de agosto de 2018

SENCILLEZ Y FRAGILIDAD


"En aquella misma ocasión se acercaron a Jesús los discípulos y le preguntaron:
– ¿Quién es el más importante en el reino de los cielos? Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos  y dijo:
– Os aseguro que si no cambiáis y os volvéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. El más importante en el reino de los cielos es aquel que se humilla y se vuelve como este niño. Y el que recibe en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe. 

No despreciéis a ninguno de estos pequeños. Pues os digo que sus ángeles en el cielo contemplan siempre el rostro de mi Padre celeste.     

¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le extravía una de ellas, ¿no dejará las otras noventa y nueve en el monte e irá a buscar la extraviada? Y si logra encontrarla, os aseguro que se alegrará más por esa oveja que por las noventa y nueve que no se extraviaron. Del mismo modo, vuestro Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ninguno de estos pequeños."

Jesús pone un niño en medio de los discípulos y les dice que no entrarán en el Reino si son como él. En este texto elogia la sencillez y la fragilidad. El pastor abandona las noventa y nueva para ir en busca de la frágil de la perdida.
En un mundo en el que se busca el triunfo, el poder, la eficacia, Jesús nos anima a ser humildes, sencillos. A no preocuparnos por nuestra fragilidad, porque Dios va detrás del extraviado. Nosotros olvidamos a los pequeños, a los anónimos, a los que tienen defectos...Olvidamos que son los preferidos de Dios.