lunes, 1 de junio de 2020

ESPERANZA


Os dejo este bello texto de Charles Péguy, que he encontrado entre mis apuntes:

"Mi pequeña esperanza es aquella que se levanta cada mañana.
Mi pequeña esperanza es aquella que da los buenos días al pobre y al huérfano.
Mi pequeña esperanza es aquella que se acuesta cada noche y se levanta cada mañana y pasa, verdaderamente, muy buenas noches.
Mi pequeña esperanza es aquella que se duerme cada noche en su cama de niño, después de haber hecho su oración, y cada mañana se despierta y levanta y hace su oración con una mirada nueva.
Mi pequeña esperanza no es sino aquella pequeña promesa de retoño que se anuncia a inicios de abril.
Pues bien, yo os digo, dice Dios, sin ese pequeño brote de principios de abril, sin ese único pequeño brote de esperanza, que evidentemente cualquiera puede romper, sin ese pequeño brote suave, que el primero que lo ve puede arrancarlo con la uña, toda mi creación no sería sino un leño muerto."
(Charles Péguy)

domingo, 31 de mayo de 2020

EL ESPIRITU DE DIOS

"Cuando llegó la fiesta de Pentecostés, todos los creyentes se encontraban reunidos en un mismo lugar. De pronto, un gran ruido que venía del cielo, como de un viento fuerte, resonó en toda la casa donde estaban. Y se les aparecieron lenguas como de fuego, repartidas sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas según el Espíritu les daba que hablasen.
Por aquellos días había en Jerusalén judíos cumplidores de sus deberes religiosos, llegados de todas las partes del mundo. Mucha gente se reunió al oir aquel ruido, y no sabían qué pensar, porque cada uno oía a los creyentes hablar en su propia lengua. Eran tales su sorpresa y asombro, que se decían unos a otros:
– ¿Acaso no son de Galilea todos estos que están hablando? ¿Cómo es que les oímos hablar en nuestras propias lenguas? Aquí hay gente de Partia, de Media, de Elam, de Mesopotamia, de Judea, de Capadocia, del Ponto y de la provincia de Asia, de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia cercanas a Cirene. Hay también quienes vienen de Roma, tanto judíos de nacimiento como convertidos al judaísmo; y también los hay venidos de Creta y de Arabia. ¡Y todos les oímos contar en nuestras propias lenguas las maravillas de Dios!"

En la misa de hoy encontramos dos narraciones de Pentecostés. La de lucas en los Hechos de los Apóstoles y la de Juan en su evangelio. He tomado la de Lucas, la 1ª lectura que es más extensa. Ambos textos nos indican lo mismo: el Espíritu de Jesús nos hace pasar del miedo a la liberación; de permanecer cerrados en nosotros mismos a abrirnos a los demás; a ser luz para todos y que todos nos entiendan; a se trasmisores de las maravillas de Dios.
"Estaban reunidos los discípulos, también cincuenta días después de la Resurrección (el éxodo de Jesús al Padre) e iban a recoger el fruto de la siembra del Maestro: la venida del Espíritu que se describe acompañada de sucesos, expresados como si se tratara de fenómenos sensibles: ruido como de viento huracanado, lenguas como de fuego que consume o acrisola, Espíritu (=ruah: aire, aliento vital, respiración) Santo (=hagios: no terreno, separado, divino). Es el modo que elige Lucas para expresar lo inenarrable, la irrupción de un Espíritu que les libraría del miedo y del temor y que les haría hablar con libertad para promulgar la buena noticia de la muerte y resurrección de Jesús.
Por esto, recibido el Espíritu, comienzan todos a hablar lenguas diferentes. Algunos han querido indicar con esta expresión que se trata de "ruidos extraños"; tal vez fuera así originariamente, al estilo de las reuniones de carismáticos. Pero Lucas dice "lenguas diferentes". Así como suena. Poco importa por lo demás averiguar en qué consistió aquel fenómeno para cuya explicación no contamos con más datos. Lo que sí importa es saber que el movimiento de Jesús nace abierto a todo el mundo y a todos, que Dios ya no quiere la uniformidad, sino la pluralidad; que no quiere la confrontación sino el diálogo; que ha comenzado una nueva era en la que hay que proclamar que todos pueden ser hermanos, no sólo a pesar de, sino gracias a las diferencias; que ya es posible entenderse superando todo tipo de barreras que impiden la comunicación.
Porque este Espíritu de Dios no es Espíritu de monotonía o de uniformidad: es políglota, polifónico. Espíritu de concertación (del latín "concertare": debatir, discutir, componer, pactar, acordar). Espíritu que pone de acuerdo a gente que tiene puntos de vista distintos o modos de ser diferentes. El día de Pentecostés, a más lenguas, no vino, como en Babel, más confusión. "Cada uno los oía hablar en su propio idioma de las maravillas de Dios". Dios hacía posible el milagro de entenderse. Se estrenó así la nueva Babel, la pretendida de Dios, lejos de uniformidades malsanas, un mundo plural, pero acorde. Ojalá que la reinventemos y no sigamos levantando muros ni barreras entre ricos y pobres, entre países desarrollados y en vías de desarrollo o ni siquiera eso.


Y la venida del Espíritu significó para aquel puñado de discípulos el fin del miedo y del temor. Las puertas de la comunidad se abrieron. Nació una comunidad humana, libre como viento, como fuego ardiente. No sin razón dice Pablo: "Donde hay Espíritu de Dios hay libertad", y donde hay libertad, autonomía (el ser humano -y su bien- se hacen ley), y donde hay autonomía, se fomenta la pluralidad y la individualidad, como camino de unidad, y resplandece la verdad, porque el Espíritu es veraz y nos guiará por el camino de la verdad, de la autenticidad, de la vida, como dice Juan en su evangelio. Que venga un nuevo Pentecostés sobre nuestro mundo –es nuestra oración- para acabar con esta ola de intolerancia e intransigencia que nos invade por doquier." (Koinonía)



sábado, 30 de mayo de 2020

EL ANACORETA Y LAS ROCAS DEL DESIERTO



No se sabe por qué discutieron, pero los dos discípulos llevaban varios días evitándose. Un amanecer, al salir del rezo de Maitines, el Anacoreta los tomó a ambos y los llevó frente a las rocas teñidas por el sol naciente.
- Mirad las rocas. ¡Qué bellas son! Todas son distintas. Son duras y fuertes y el sol del amanecer las tiñe de mil y un matices...
Esperó unos instantes a que los discípulos contemplaran el espectáculo. Luego prosiguió:
- Pues bien, son así gracias al viento, la lluvia, el frío, el calor, las inclemencias del tiempo. Antes no eran así. Id a orillas de un río y las enontraréis redondeadas, suaves...de tanto entrechocar entre ellas...
Se miraron los discípulos avergonzados, intuyendo a dónde se encaminaba el Anacoreta.
- Lo mismo pasa con las personas. Son las dificultades, los problemas, quienes nos moldean...Son los choques entre nosotros los que nos hacen suaves y sin aristas...
Guardó silencio, como destraído ante el paisaje...luego, se volvió hacia sus discípulo y mirándoles a los ojos añadió:
- No me interesan las personas que siempre callan, que nunca discuten...que huyen de los problemas. No temáis discutir, chocar, si vais en la misma dirección. Esto os ayudará a madurar y a hacer camino.
Sonrió con candidez y dijo:
- Las piedras solitarias sólo sirven para tropezar...

viernes, 29 de mayo de 2020

EL ANACORETA, EL ELEFANTE Y LA LUNA


Aquel día llegó al desierto un buen hombre que había dedicado toda su vida atendiendo a los marginados de una gran ciudad. Abatido, se sentó junto al Anacoreta y le dijo:
- Seguramente he equivocado mi vida. ¿Realmente he conseguido algo tras todos estos años junto a prostitutas, ladrones, drogadictos...? Cuando me preguntan a cuántos he logrado redimir no sé qué responder...En realidad, intentar hacer algo en este ambiente es...como querer la luna...
Guardó silencio un instante el solitario. Luego, mirando a los ojos de aquel buen hombre dijo...
- Había en la India un pastor de elefantes, que cada anochecer observaba cómo toda la manada miraba al cielo, y cada uno de los elefantes elevaba su trompa hacia la luna, como queriendo llegar a ella. El pastor decidió desde entonces llevarlos a beber, cada noche de luna llena, a las orillas del río donde mejor se reflejaba el astro de la noche, y así podían saciarse succionando la imágen de la luna.
Iba a responder el buen hombre que aquello era un engaño, pero rápidamente habló el Anacoreta:
- Y no pienses que es un engaño. Es simplemente conformarse con lograr la mejor realidad posible de cuantas están a nuestro alcance. Porque empeñarse en conseguir objetivos inalcanzables, es la manera más segura de tener una vida desgraciada...
Y viendo que el buen hombre guardaba silencio, añadió:
- Posiblemente no redimas a nadie. Pero esas prostitutas, delincuentes y drogadictos, podrán decir que en su vida alguien les ama sin juzgarlos. Y eso...puede saciarlos, como a los elefantes beber la luna reflejada en el río...
Y el buen hombre volvió en paz al suburbio de la gran ciudad... 

jueves, 28 de mayo de 2020

VIVIR EL MOMENTO PRESENTE


Uno de los problemas de nuestra sociedad es que, o vivimos añorando el pasado, o estamos pensando en lo que vendrá; pero no disfrutamos del presente.
Nikos Katzanzakis, en su estupendo libro "Zorba el griego", tiene un pasaje estupendo. Zorba es un personaje de una frescura y una humanidad impresionantes. En un momento dado Zorba dice:
"- He dejado de recordar lo que sucedió ayer y he dejado de preguntarme lo que sucederá mañana. Lo que sucede hoy, en este momento, es lo que me interesa. Digo:
- ¿Qué haces en este momento, Zorba?
- Estoy durmiendo.
- Entonces, ¡felices sueños!
- ¿Qué haces en este momento, Zorba?
- Estoy trabajando.
- Entonces, ¡que trabajes bien!
- ¿Qué haces en este momento, Zorba?
- Estoy besando a una mujer.
- Entonces, ¡bésala bien, Zorba! Olvídate de lo demás, no hay nada más en el mundo, sólo ella y tú, ¡adelante!"
Heidegger decía, que el hombre no está en el mundo como un abrigo en el armario. Estamos interaccionando con lo que nos rodea. De ahí la imortancia de vivir el presente. Es através de los distintos presentes que vamos construyendo nuestra vida e influenciando en la de los demás. Los sueños tienden a quedarse en eso, sueños. Los reuerdos suelen sumirnos en la melancolía. 

miércoles, 27 de mayo de 2020

EL POLVO DEL CAMINO


Aquí tienes Señor, sucios mis pies
con el polvo del camino.
Pero sabes bien Señor. que este polvo es mi orgullo.
Barro, fango recogido a lo largo de la vida.
Polvo amasado con lágrimas, sudor y gritos.
Dolor de enfermos desahuciados
y lágrimas de niños y mujeres maltratados...
Noches oscuras de mujeres de la vida,
noches de alcohol, de droga y desespero...
Yo no quiero presentarme ante Ti
con mis pies inmaculados...
ni pensar que soy mejor que los otros
porque te amo...
Quiero llegar hasta Ti,
sucio de barro,
del barro de la vida que te entrego,
del barro que a Ti te manchó en Galilea...
Que nadie pueda nunca decir
que no he vivido,
que me encerré en un mundo imaginario.
Prefiero llegar hasta Ti, sucio y herido,
sabiendo que he vivido
y que he amado...

martes, 26 de mayo de 2020

EL ANACORETA Y LOS ESCALADORES


Frente a la cueva del Anacoreta había unas paredes verticales a las que solían acudir jóvenes para practicar la escalada.
Estaban el Anacoreta y su discípulo contemplando cómo subían los escaladores por la pared, cuando el solitario dijo:
- Nosotros lo tenemos mucho más fácil.
El discípulo lo miró con extrañeza, sin comprender qué quería decir su maestro.
Sí - prosiguió el Anacoreta - el camino espiritual es una escalada hacia las alturas; pero nosotros tenemos una ventaja.
Miró a su discípulo y prosiguió:
- Los escaladores, si no lllegan a la cima, han fracasado. Nosotros, si no pasamos de un metro, tenemos la seguridad de que, si no llegamos arriba, Él bajará hasta nosotros, nos tomará en sus brazos y nos llevará a la cumbre.
Y se retiró a su cueva a hacer un tiempo de Leccio Divina.

lunes, 25 de mayo de 2020

EL ANACORETA Y LA LOTERÍA


Discutían un grupo de visiantes por qué Dios no respondía a todas sus peticiones. Unos decín que era porque pedíamos cosas que no nos convenían; otros que era inútil pedir porque Él ya sabe lo que necesitamos; otros, que Él no interviene directamente en este mundo...
El Anacoreta, que los escuchaba, se acercó a ellos con una sonrisa pícara y les dijo:
- Recuerdo una historia que leí un día y que, precisamente, viene al caso. Un rabino anciano, que acababa de jubilarse, más pobre que una rata, bastante pachucho de salu, recurrió al Señor con estas palabras: "Señor del Universo. Sabes que siempre te he servido con fidelidad y entrega y con el más absoluto desinterés. Ahora me encuentro solo, lleno de achaques, sin recursos y sin ningún tipo de asistencia. Te lo ruego, haz que me toque la lotería y así resolveré mis problemas". Pero no recibió respuesta. Él siguió insistiendo: "Señor, tal vez no me has comprendido bien. No te pido la luna. Lo único que quiero es que me toque la lotería. En el fondo, ¿qué te cuesta a ti? Tú lo puedes todo, y yo me encuentro en unas condiciones tan lastimosas...". Pero todo fue en vano, la lotería no le tocaba. Así que protestó enérgicamente: "¡Señor del Universo, me has decepcionado! Me pregunto, qué valen ante ti tantos años empleados en tu causa, si no me concedes ni siquiera la pequeña recompensa que te pido...Perdona, pero así no se hacen las cosas...No es muy amable de tu parte. No creo haber merecido que me trates de este modo, puesto que tú eres justo...En el fondo, tan solo te pedía un pequeño premio en la lotería". En ese momento se escuchó una voz entre irónica y molesta: "Siervo mío fiel y gruñón. Yo ya quiero ecuchar tu deseo y hacer que te toque la lotería, ya que tanto lo deseas. Pero...hijo ¡compra por lo menos un décimo de lotería!"
Y mientras los discípulos reían, el Anacoreta se alejó murmurando:
- Si nosotros no ponemos de nuestra parte lo que hay que poner, ¿cómo va a escucharnos Dios?

domingo, 24 de mayo de 2020

¿ESTAMOS CON ÉL?



"Así pues, los once discípulos fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al ver a Jesús, le adoraron, aunque algunos dudaban. Jesús se acercó a ellos y les dijo:
– Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced mis discípulos a todos los habitantes del mundo; bautizadlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y enseñadles a cumplir todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo."
El estará cono nosotros hasta el final de los tiempos. Pero la pregunta es, ¿estamos nosotros con Él?
"El evangelio, final del relato de Mateo, comprende las circunstancias del último encuentro entre Jesús y sus discípulos (vv. 16-17) y las palabras finales del Señor a su comunidad (vv. 18-20).
Respecto a las circunstancias, el texto sitúa la escena en una montaña de la Galilea. Se produce en ella la teofanía del Resucitado que debe colocarse en relación con la montaña de la Tentación y con la montaña de la Transfiguración. Se anticipa, así el «Señorío» de Jesús, tema principal que se desprenden de las palabras que éste pronuncia. Por esto, es obvio que la elaboración del texto no corresponde a una sencilla narración histórica, lo que pasó, sino que tiene un objetivo teológico; no es imaginable que Jesús manifestara en ese «encuentro» preocupaciones por su propio «señorío».
Lejos del centro de la dirigencia religiosa, Jesús se encuentra con los Once. El número es el resultado de la sustracción de Judas de la cifra original de los Doce discípulos y significa la totalidad de los seguidores de Jesús que no defeccionaron. Todos ellos son beneficiarios de la experiencia del Resucitado.
Ante esa experiencia su actitud es una mezcla de adoración y de duda. Como Pedro ante el embate de las olas (cf Mt 14,23-33), la comunidad lleva en su seno estos dos sentimientos contradictorios. Ambos son los dos únicos textos de Mateo que combinan los verbos que se refieren a esos dos sentimientos.
Las palabras de Jesús se dirigen a fortalecer la fe comunitaria desde un encargo en que están implicados tres personajes: Jesús, el círculo de los discípulos y «todos los pueblos». Respecto a sí mismo, Jesús afirma que ha recibido «plena autoridad en el cielo y en la tierra» (v. 18). Para el evangelista, la autoridad ocupa un puesto importante en la presentación de Jesús. Éste, al inicio de su actividad, había rechazado la última propuesta del diablo en orden recibir «todos los reinos del mundo» (cf Mt 4,8-10), los discípulos habían visto actuante en Jesús el significado del poder divino, pero debían mantenerlo en secreto (cf Mt 16,28-17,9). Ahora es el momento de la proclamación de ese «señorío», recibido por Jesús del Padre. Es la visión/construcción de Mateo.
Los elementos que subrayan el universalismo son acumulados en este breve pasaje. Junto a «cielo y tierra» y la mención de los «pueblos» se da una significativa repetición del término «todo», «plena autoridad» (v. 18), «todos los pueblos» (v. 19), «todo lo que les mandé» (v. 19), «cada día» (v. 20). La obediencia al querer divino confiere a Jesús un señorío universal que se ejerce sobre toda realidad creada.
Este «relato de vocación» de la comunidad eclesial describe la transmisión que le hace Jesús de «todo su poder». Gracias a él pueden convocar a nuevos discípulos mediante el bautismo y la enseñanza. Por el bautismo, Jesús había iniciado el cumplimiento definitivo de la justicia del Reino (Mt 3,15), igualmente el bautismo cristiano injerta a cada bautizado en la misma dinámica. Junto al bautismo, el otro rasgo característico de la existencia cristiana es la «enseñanza». No se trata de una teoría que se deba proclamar, sino de la Buena Noticia del Reino frente a la cual todo creyente es un seguidor al que se le exige un comportamiento coherente. Se trata de «guardar todo lo que les mandé».
El mandato de Jesús compromete a toda la comunidad eclesial y la responsabiliza frente a todas las naciones. Aunque ya iniciado en el círculo de los discípulos, el señorío de Jesús no puede agotarse al interno de la vida de las comunidades cristianas. Para ello cuenta con la asistencia de su Señor: «Yo estaré con ustedes». Esta asistencia suministra el coraje necesario para superar todos los temores y tempestades y confiere un ámbito ilimitado para la actuación de la salvación.
Pero para ello, se exige de la Iglesia la misma obediencia de Jesús. Sólo en el rechazo del poder de dominio, en la obediencia filial al Padre, podrá realizar su tarea. Este «manifiesto» final del Señor Resucitado liga íntimamente la misión de la Iglesia al camino recorrido históricamente por Jesús de Nazaret, Hombre y Dios." (Koinonía)




sábado, 23 de mayo de 2020

EL ANACORETA Y EL ARREPENTIMIENTO


Aquel día, el Anacoreta fue directamente al encuentro de su discípulo:
- Hoy te voy a decir la segunda forma de hacer penitencia.
El discípulo se sentó bajo la palmera para escucharlo.
- Esta forma está muy mal vista hoy en día. En cualquier entrevista, no importa si es a un gran personaje o aun personajillo, oirás siempre la misma frase: "Yo no tengo que arrepentirme de nada en la vida". Y precisamente esta es una de las maneras de hacer penitencia: arrepentirse.
El discípulo miró pensativo a su maestro; luego dijo:
- Pero, es que normalmente nadie hace el mal a sabiendas. ¿Por qué arrepentirnos de algo que no hemos hecho queriendo?
- Conscientemente o no, con nuestros actos podemos hacer daño a los otros. Peo fijate, una sociedad que no se arrepiente de nada, no acepta el arrepentimiento. ¿Algún juez ha perdonado al acusado porque se arrepentía? Si un guardagujas se duerme y por ello hay un choque de trenes con el resultado de muertos y heridos, la sociedad ¿lo dejará tranquilo diciendo que él no quería hacerlo, simplemente se durmió?
Hizo una pausa y miró profundamente a su discípulo:
- Pues Dios sí hace esto. Sólo quiere nuestro arrepentimiento. Somos los hombres los que lo hemos complicado todo. Dolor de contricción, dolor de atrición,purgatorio para redimir la pena...¿De dónde han sacado los teólogos todo esto? Dios sólo pide que no arrepintamos. Que volvamos a casa como el hijo pródigo. Que aceptemos que somos débiles, que no lo hacemos todo bien y que por nuestra culpa otros sufren.
Volvió a hacer ota pausa, miró al suelo y añadió:
- Pero esto es difícil. Por eso es una forma de hacer penitencia. No nos gusta aceptar nuestra debilidad y por eso castigamos la debilidad de los demás...

viernes, 22 de mayo de 2020

EL ANACORETA Y LA GRATUIDAD


Andaba el discípulo preocupado por la penitencia.
- ¿Basta con nuestra vida dura en el desierto o hay que hacer más cosas?
El Anacoreta paseó algo nervioso y le dijo:
- Me temo que no tienes muy claro lo que es hacer penitencia. Corréis el peligro de confundir la vida espiritual con las olimpiadas o el método Pilates.
El discípulo se extrañó de que el Anacoreta supiera lo que era el método Pilates. El Anacoreta sonrió pícaramente y siguió:
- Se me ocurren bastantes formas de hacer penitencia. Hoy os diré la primera: Hazlo todo gratuitamente.
Ahora sí que el discípulo no pudo ocultar una expresión de extrañeza. El Anacoreta se explicó:
- Casi siempre pasamos factura de lo que hacemos. Amamos para que nos amen. Damos para que nos den. Buscamos la santidad para ganar el Cielo...Ser gratuitos quiere decir amar porque el otro merece ser amado. Dar porque es de justicia para el otro. Ser santos porque es la consecuencia de nuestro amor a Dios en todas las cosas...Esta es una de las formas de hacer penitencia. Y no creas que es fácil. Pero por hoy, ya tienes bastante.
Y el Anacoreta se fue a acabar una estera de hojas de palma que tenía a medio hacer...

jueves, 21 de mayo de 2020

EL ANACORETA Y EL VIAJERO


Estaban el Anacoreta y su discípulo rezando Vísperas, cuando apareció un viajero extraviado. El Anacoreta dejó inmediatamente la oración y fue a atenderlo. Le dió agua, parte de las verduras que se estaban cociendo en la marmita y leche de la oveja. Y le indicó el camino a la ciudad.
Al acabar la oración, el discípulo se mostró algo escandalizado porque el anciano hubiese dejado la oración. Este sonriendo le dijo:
- No quiero que me ocurra como a aquel ermitaño del desierto de Ascete. Allí también un viajero se perdió y encontro al solitario en oración. El viajero intentó en vano hacer notar su presencia. El ermitaño no se daba por enterado y seguía orando. Al final el viajero le golpeó en el hombro: "Perdóname, ¿sabes...?" el ermitaño molesto le cortó: "¿Por qué me interrumpes en mi coloquio con Dios?" El viajero dijo: "Te necesito ¿Puedes indicarme el camino para llegar a Alejandría?" El solitario masculló: "No conozco el camino para Alejandría; pero, si quieres, te puedo indicar el camino para el Paraíso."  El caminante respondió: "¿Y cómo puedo fiarme para ir al Paraíso de alguien que ni siquiera sabe el camino para llegar a Alejandría?"
El Anacoreta guardó un momento de silenció y concluyó:
- Créeme, si queremos guiar a los hombres hacia el Cielo, hemos de empezar por ayudarles a andar por la Tierra.
Y ambos se fueron a cenar, un poco menos que los otros días, porque faltaba la ración que había dado al caminante...

miércoles, 20 de mayo de 2020

EL ANACORETA Y LAS PREGUNTAS


Los discípulos, ansiosos de avanzar en su camino espiritual, no cesaban de hacer preguntas. Un día, paseando por los alrededores de la cueva, el Anacoreta les dijo:
- El poeta Rainer M. Rilke escribió en su libro "Cartas a un joven poeta" esto: 'No busques cuando no haya respuestas que puedan darse, porque no las podrías vivir. Porque se trata precisamente de vivirlo todo. Por tanto, vive las preguntas. Quizá luego, algún día mas o menos lejano, sin que te des cuenta, consigas vivir las respuestas.'
Miró a la lejanía y añadió:
- No esperéis que os de respuesta a todo. Incluso es podible que mis respuestas no os sirvan. Vivid las preguntas, avanzad sin miedo en la noche...Seguro que al final encontraréis las respuestas. Y al menos, habréis vivido...

martes, 19 de mayo de 2020

EL ANACORETA Y LOS ZAPATOS


Aquella mañana el discípulo observó con extrañeza, que su maestro andaba con más dificultad de la acostumbrada. Cuando estuvo junto a él para rezar la oración de la mañana, vio que el Anacoreta llevaba los zapatos cambiados de pie. Los zapatos de un anacoreta son más bien zapatones, pero cambiados de pie deben representar un martirio.
El discíplo pensó:
- ¡Qué santo es el Anacoreta, cómo se mortifica! 
Y imitándolo, como buen discípulo, hizo lo mismo con sus zapatos.
Al volverse a reunir para la oración de la tarde, el Anacoreta vio que su discípulo apenas podía andar. Al acercarse observó que llevaba los zapatos cambiados de pie. Le dijo:
- Oye, te has puesto los zapatos cambiados de pie.
El discípulo contestó:
- Como vi que tú, maestro, los llevabas cambiados esta mañana, he querido imitarte en la penitencia.
El Anacoreta rió, miró al horizonte y dijo:
- ¿Y por qué no me lo advertiste? Cuando me veas hacer cosas raras no pienses que hago penitencia. Es que me he distraído. La penitencia nos la proporciona la vida cada día...
Y se dirigió pausadamente hacia el lugar donde rezaban juntos...

lunes, 18 de mayo de 2020

EL ANACORETA Y EL VALOR DE LAS PERSONAS


Le hablaban al Anacoreta de personas famosas e importantes, de las que todo el mundo estaba pendiente. El Anacoreta escuchaba sin decir nada. Tras un rato de silencio miró a su alrededor. Se levantó y tomó dos piedras. Una era tosca, redondeada por el viento del desierto, o quizá, por las aguas que un lejano día corrieron por esos parajes. En definitiva, un pedrusco. La otra era una piedra de cuarzo rosado.
El Anacoreta preguntó a su interlocutor:
- ¿Cuál de las dos te parece mejor?
Sin dudarlo el hombre escogió el cuarzo rosa.
Sin abrir boca, el Anacoreta golpeó el pedrusco desechado contra una roca, hasta que se partió en dos. Lo que parecía un simple pedrusco era una magnífica geoda, llena de centenares de cristales que brillaron al sol.
Y con su sonrisa llwna de paz, dijo el Anacoreta:
- Los hombres buscamos que nos admiren, que nos ensalcen, que hablen bien de nosotros; por ello intentamos crearnos una buena imagen. Pero la grandeza real permanece oculta. Está en el interior de las personas. Es modesta, simple y discreta. Las grandes personas, artistas, santos, pensadores...han pasado desapercibidos en la vida. Hasta que alguien buscó en su interior. No os dejéis deslumbrar por las apariencias. Mirad en el interior de las personas...
El interlocutor dijo:
- Sí, ya lo sé. Está muy manido eso de que la belleza está en el interior...
El Anacoreta sonrió. Y mirándole a los ojos añadió:
- Ya, pero es que el valor de la persona está en saber hacer surgir en el otro lo que lleva en su interior...
Y levantándose se alejó a su soledad...




domingo, 17 de mayo de 2020

LA PROMESA DEL ESPÍRITU


"Si me amáis, obedeceréis mis mandamientos. Y yo pediré al Padre que os envíe otro defensor, el Espíritu de la verdad, para que esté siempre con vosotros. Los que son del mundo no lo pueden recibir, porque no lo ven ni lo conocen; pero vosotros lo conocéis, porque él está con vosotros y permanecerá siempre en vosotros.
No voy a dejaros abandonados: volveré para estar con vosotros. Dentro de poco, los que son del mundo ya no me verán; pero vosotros me veréis, y viviréis porque yo vivo. En aquel día os daréis cuenta de que yo estoy en mi Padre, y que vosotros estáis en mí y yo en vosotros. El que recibe mis mandamientos y los obedece, demuestra que me ama. Y mi Padre amará al que me ama, y yo también le amaré y me mostraré a él."


"A quince días de que termine la cincuentena pascual, la Iglesia comienza a prepararnos para la gran celebración que la concluirá: la de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles. La manifestación pública de la Iglesia. Podríamos decir que su inauguración –teológicamente hablando, no históricamente hablando–. En la lectura del evangelio de san Juan, tomada de los discursos de despedida de Jesús que
encontramos en los capítulos 13 a 17 de su evangelio, el Señor promete a sus discípulos el envío de un "Paráclito", un Defensor o Consolador, que no es otro que el Espíritu mismo de Dios, su fuerza y su energía, Espíritu de verdad porque procede de Dios que es la verdad en plenitud, no un concepto, ni una fórmula, sino el mismo Ser Divino que ha dado la existencia a todo cuanto existe y que conduce la historia humana a su plenitud.
Los grandes personajes de la historia permanecen en el recuerdo agradecido de quienes les sobreviven, tal vez en las consecuencias benéficas de sus obras a favor de la humanidad. Cristo permanece en su Iglesia de una manera personal y efectiva: por medio del Espíritu divino que envía sobre los apóstoles y que no deja de alentar a los cristianos a lo largo de los siglos. Por eso puede decirles que no los dejará solos, que volverá con ellos, que por el Espíritu establecerá una comunión de amor entre el Padre, los fieles y El mismo.
El «mundo» (que en el lenguaje de Juan ya sabemos que tiene un sentido bien negativo) no puede recibir el Espíritu. El mundo de la injusticia, de la opresión contra los pobres, de la idolatría del dinero y del poder, de las vanidades de las que tanto nos enorgullecemos a veces los humanos. En ese mundo no puede tener parte Dios, porque Dios es amor, solidaridad, justicia, paz y fraternidad. El Espíritu alienta en quienes se comprometen con estos valores, esos son los discípulos de Jesús.

Esta presencia del Señor resucitado en su comunidad ha de manifestarse en un compromiso efectivo, en una alianza firme, en el cumplimiento de sus mandatos por parte de los discípulos, única forma de hacer efectivo y real el amor que se dice profesar al Señor. No es un regreso al legalismo judío, ni mucho menos. En el evangelio de Juan ya sabemos que los mandamientos de Jesús se reducen a uno solo, el del amor: amor a Dios, amor entre los hermanos. Amor que se ha de mostrar creativo, operativo, salvífico." (Koinonía)



sábado, 16 de mayo de 2020

EL ANACORETA Y EL PREDICADOR


El Anacoreta entró en la sacristía. El predicador acababa de quitarse el roquete y lucía un impoluto clergyman recién planchado. Obviamente contrastaba con el sucio y raído hábito del Anacoreta.
- ¿Sí? - inquirió el predicador observando con curiosidad al extraño personaje que lo miraba sonriendo.
- En su predicación usted ha dicho - habló el Anacoreta con dulzura y sin perder su sonrisa - que la vida es un tiempo de prueba a la que Dios somete a todos los hombres. Y que debemos esforzarnos para superarla.
Carraspeó, lo miró dulcemente y añadió:
- Pues no estoy de acuerdo.
El predicador se paró a mirar de arriba abajo a aquel hombre sucio, harapiento y esquelético, que seguía sonriendole desde la puerta de la sacristía.
- ¡Ah! ¿Sí? - dijo con cierta sorna - ¿No está de acuerdo? Pues ¿qué es la vida para usted?
- Para mi - dijo lentamente mientras se acariciaba su blanca barba - es un tiempo de maduración de nuestra libertad para el amor. Aquí estamos, no para hacer penitencia, para pasar pruebas, sino para amar.
El predicador miró perplejo al Anacoreta y exclamó:
- Entonces, perdone, no entiendo qué ha ido a hacer usted en el desierto.
- ¡Claro que no lo entiende! - añadió riendo el solitario - Por eso usted es predicador y yo anacoreta.
Y dando media vuelta regresó lentamente a su desierto... 

viernes, 15 de mayo de 2020

EL ANACORETA Y SUS AMIGOS


Aquella noche, el Anacoreta, regresó cansado a la cueva. Había estado en la ciudad visitando a sus amigos. Hacía frío. Las noches del desierto son siempre frías. En el cielo lucía un incomparable tapiz de estrellas.
El Anacoreta se sentó en su sitio prefrido; una roca junto al acantilado de piedras, desde el que se divisaba la inmensidad del desierto bajo la bóveda de las estrellas.
Cuando estaba allí, hacía el silencio en su interior y siempre ocurría el mismo fenómeno. Poco a poco, lentamente, sentía una presencia a su lado, a su alrededor, en su interior...era Él.
Aquella noche dió gracias. Su corazón exultaba:
- Gracias Señor, porque me has dado Amigos. Los criminales tienen cómplices. Los interesados, socios. Los viciosos, compañeros de vicio. Los ídolos, admiradores. Los políticos, partidarios. Los príncipes, cortesanos. Sólo los hombres sinceros tienen verdaderos amigos.
Al pensar esto se sintió avergonzado:
- ¿De verdad soy sincero?
Unas lágrimas resbalaron por sus mejillas, y prosiguió:
- Me has dado amigos sin merecerlos. Hazme sincero, Señor, para que nunca los pierda.
Aquella noche, el Anacoreta se durmió pensando...en todos sus AMIGOS.

jueves, 14 de mayo de 2020

EL ANACORETA Y LAS COSAS ABSURDAS


Aquel joven llegó ante la cueva del Anacoreta en un todoterreno. De hecho, hacía rato que el discípulo veía acercarse algo a toda velocidad levantando una gran polvareda. Pidió hablar inmediatamente con el Anacoreta porque tenía mucha prisa. Pero este tardó varias horas en salir de su cueva. 
El joven se quejó, porque era una persona muy ocupada. Precisamente ese era su problema. Enseñó al anciano una agenda llena de mil y un compromiso. Le explicó su vida, llena de muchas actividades. Pero...,se aburría solemnemente. No encontraba sentido a nada.
El Anacoreta lo miró lárgamente con su sonrisa habitual. Luego dijo:
- Hijo mío. No hay nada más extremadamente aburrido, que la vida absurda. No estás ocupado, estás ajetreado. Y eso es muy aburrido..., no puedes disfrutar de lo que haces.
El joven le miraba sin comprender. El solitario añadió:
- Te he hecho esperar tres horas a propósito. ¿En qué has pensado durante ese rato?
El joven respondió con rapidez:
- En que estaba perdiendo el tiempo. En la cantidad de cosas que todavía tengo por hacer.
- Y, ¿qué has ganado?. Ponerte nervioso. Mientras tú esperabas, yo escuchaba a Dios. Él me indicaba lo que tenía que decirte...No hagas tantas cosas y aprende a escuchar a Dios.
- Pero - objetó el joven - yo no soy demasiado creyente...
- Escuchar a Dios - le explicó el Anacoreta - es escuchar la vida. Los sonidos de la naturaleza, si, pero sobre todo, escuchar a los hombres...No sus palabras, sino sus miradas , sus gestos...sus necesidades.
El joven comprendió lo que el contemplativo quería decirle y bajó su mirada.
Al despedirlo el Anacoreta le dijo:
- Pero ten paciencia. Desarrollar unos oídos para oír a Dios, lleva tiempo.
Y el joven partió con su todoterreno a mucha menos velocidad de la que llegó...

miércoles, 13 de mayo de 2020

EL ANACORETA Y LA PALMERA INÚTIL


Ciertamente aquella palmera daba más pena que sombra. Y lo que era peor, no daba dátiles. Únicamente servía para trenzar algún cesto o estera cada año. El Anacoreta venía observando que el discípulo miraba con malos ojos a la palmera.
Un día, el discípulo, se dirigió con decisión a él:
- Maestro, ¿por qué no cortamos esta palmera inútil? Apenas si da sombra, no tiene dátiles y con sus hojas pocas cosas podemos hacer. Tenemos que ir al oasis del oeste a recoger dátiles. ¿Por qué desperdiciar lapoca agua que tenemos con este árbol inútil? En su lugar podemos plantar otro más productivo.
El Anacoreta guardó silencio. Por un momento pareció que por su cara pasaba una nube de tristeza. Luego, mirándolo profundamente dijo:
- ¿Por qué llamas inútil a esta palmera? Es una palmera macho. Aquí, sola en medio del desierto, olvidada de todos, esparce su polen al viento y gracias a ella se fecundan las palmeras hembra del oasis para dar dátiles.
Se paró un momento, miró sonriendo a la palmera y añadió:
- ¡Cuántas personas tenidas por inútiles son sin embargo la causa de que otros vivan! Si llamas inútil a esta palmera, significa que no has entendido nada de nuestra vida en el desierto. ¿Acaso no somos inútiles a los ojos de los hombres? Sin embargo ellos están presentes en nuestro corazón, en nuestras oraciones, en nuestra vida...y, sin ellos saberlo, les ayudamos a vivir, a seguir adelante.
El discípulo bajó la cabeza avergonzado.
- Pero no te preocupes. Yo tardé mucho en darme cuenta de la importancia de esta palmera...
Y se retiró lentamente a su cueva.

martes, 12 de mayo de 2020

SABIDURÍA ORIENTAL


" Un  jnani (conocedor de Dios) y un premika (amante de Dios) iban caminando por el bosque. Mientras caminaban, vieron a un tigre acercarse a distancia.
Dijo el jnani:
- No hay motivo para huir. Seguro que nos protegerá el Dios Altísimo.
Le contestó el premika:
- No, hermano. Huyamos. ¿Por qué vamos a molestar al Señor por algo que podemos hacer con nuestro propio esfuerzo?"
(Bhagavad Gita)

De donde se deduce , que es más sabio el que ama a Dios (místico), que el que cree conocer a Dios (teólogo).
Buscamos que Dios libre al mundo de las pandemias, de la pobreza, del hambre...y es algo que debemos hacer nosotros con nuestro propio esfuerzo.

lunes, 11 de mayo de 2020

EL ANACORETA Y EL SALVAPANTALLAS


A media tarde, el nuevo discípulo se dirigió alegremente al encuentro del Anacoreta.
- Creo que ya he entendido qué es eso de "dejarse encontrar" por Dios. Es como el salvapantallas.
Aquél día, quien se quedó con cara de no entender nada fue el Anacoreta. La informática no era precisamente algo común en el desierto. Así que el discípulo se explicó:
- Mira. En un ordenador, cuando dejas de trabajar y no lo apagas, al poco rato la pantalla cambia de imagen y oculta, con el salvapantallas, lo que estabas haciendo. Mientras trabajas esta imagen no puede salir. Has de cesar la actividad en el ordenador.
El Anacoreta siguió mirando intrigado al discípulo. Este prosiguió:
- Dios es como el salvapantallas. Mientras nuestra mente está ocupada, aunque sea en su búsqueda, no puede aparecer. Necesitamos parar, hacer el silencio, para que Él pueda aparecer.
La cara del discípulo mostraba tal alegría, que el Anacoreta se puso a reir como hacía tiempo no hacía.
- Pues sí - dijo - la imagen es acertada; pero como todas las comparaciones no es totalmente exacta. ¡Ojalá fuese tan fácil! Pero ni Dios ni nosotros somos ordenadores. Cietamente hemos de hacer el silencio en nuestra mente, "dejar de trabajar", para que Él pueda hacerse presente. Pero nosotros tenemos que saber verlo. Y esto requiere mucha paciencia y constancia. Además , a veces, Dios se hace presente "por su ausencia".
Y rodeando sus hombros con el brazo le dijo:
- Pero ciertamente estás en el buen camino...
Y ambos se retiraron a sus cuevas.

domingo, 10 de mayo de 2020

JESÚS, NUESTRO CAMINO


"Jesús dijo:
- No os angustiéis: creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchos lugares donde vivir; si no fuera así, no os habría dicho que voy a prepararos un lugar. Y después de ir y prepararos un lugar, vendré otra vez para llevaros conmigo, para que vosotros también estéis donde yo voy a estar. Ya sabéis el camino que lleva a donde yo voy.
Tomás dijo a Jesús:
– Señor, no sabemos a dónde vas: ¿cómo vamos a saber el camino?
Jesús le contestó:
– Yo soy el camino, la verdad y la vida. Solamente por mí se puede llegar al Padre. Si me conocéis, también conoceréis a mi Padre; y desde ahora ya le conocéis y le estáis viendo.
Felipe le dijo entonces:
– Señor, déjanos ver al Padre y con eso nos basta.
Jesús le contestó:
– Felipe, ¿tanto tiempo hace que estoy con vosotros y todavía no me conoces? El que me ve a mí ve al Padre: ¿por qué me pides que os deje ver al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las cosas que yo os digo no las digo por mi propia cuenta. El Padre, que vive en mí, es el que hace su propia obra. Creedme que yo estoy en el Padre y el Padre en mí; si no, creed al menos por las propias obras. Os aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago; y hará otras todavía más grandes, porque yo voy al Padre."


Jesús es el camino. El único que nos lleva a la Verdad y a la Vida. Si no seguimos a Jesús no somos cristianos. El único camino es hacer lo que Él hizo.
"El evangelio de Juan revela la situación crítica que vive la comunidad naciente provocada por el ambiente hostil y peligroso en que se va desarrollando. Jesús no sólo es la piedra fundamental, sino que Jesús es también camino, verdad y vida. Los discípulos están confundidos ante las Palabras de Jesús. En los anteriores versículos Jesús ha anunciado la traición de Judas y la negación de Pedro. Este episodio refleja la situación de crisis de los discípulos porque no entienden el camino de Jesús. Las palabras que Jesús pronuncia pretenden alentarles en la esperanza, fortalecerlos en medio de la angustia, devolverles el horizonte de vida.
Jesús es camino, es decir, es proyecto, horizonte que guía la vida. Su muerte está llena de sentido porque en ella se manifiesta el amor de Dios por la Humanidad y les devuelve la razón de vivir en momentos de confusión y desesperación.
Jesús es verdad: la mentira, el engaño, la corrupción se apodera del corazón de la persona humana. La Palabra anunciada y testimoniada por Jesús, que es la Palabra del Padre, se convierte en criterio de verdad, en transparencia que devuelve la luz.
Es vida: frente a las fuerzas de la muerte que causan terror, Jesús da sentido a la vida, se revela como Señor de la vida y vencedor de la muerte. Y en él todos los que apuestan a favor de un proyecto de vida, de verdad y amor como horizonte que puede salvar a la Humanidad del caos, la injusticia, la corrupción, la exclusión y la maldad.
Quién cree en Jesús cree en el Padre y será transparencia del Resucitado. En el fondo eso es ser cristiano, que es una forma de ser en plenitud hijos/as de Dios. Pero la propuesta de Jesús no es un asunto meramente individual, intimista, espiritualista. El proyecto de su seguimiento es exigente y radical. También la persona cristiana, integrada al cuerpo comunitario, debe ser camino, verdad y vida. Estamos llamados a ser una alternativa de vida, junto con otras alternativas de vida –representadas por otras personas y comunidades inspiradas por otras religiones– en medio de un mundo desorientado que con frecuencia no encuentra el sentido de la existencia. Somos servidores de la Vida aún en medio de la muerte que siembra el egoísmo humano cuando desatiende la sabiduría que se manifiesta «por los muchos caminos de Dios». La desatención a esta sabiduría divina manifestada por tantos caminos, repercute en las crecientes injusticias sociales y guerras que pretenden justificarse apelando a la defensa de la libertad y de la seguridad, o a la imposición de la democracia o de la «libertad de comercio»... pero que en el fondo esconden mezquinos intereses económicos y hegemónicos de las potencias más fuertes, y plagan de hambre y de miseria a los pueblos pobres.

Nuestra misión, pues, como personas cristianas, es juntarnos con muchas otras personas y comunidades creyentes, practicantes de otras religiones, y ser alternativa de vida, de resistencia y esperanza para todos." (Koinonía)