miércoles, 22 de noviembre de 2017

NUESTRA RESPONSABILIDAD


"La gente escuchaba estas cosas que decía Jesús. Y él les contó una parábola, porque ya se encontraba cerca de Jerusalén y ellos pensaban que el reino de Dios estaba a punto de manifestarse. Les dijo: 
- Un hombre de la nobleza se fue lejos, a otro país, para ser hecho rey y regresar. Antes de partir llamó a diez de sus criados, entregó a cada uno una gran suma de dinero y les dijo:
- Negociad con este dinero hasta que yo vuelva.
Pero las gentes de su país le odiaban, y enviaron tras él una comisión con el encargo de decir:
- No queremos que este hombre sea nuestro rey. 
Pero él fue hecho rey. A su vuelta, mandó llamar a aquellos criados a quienes había entregado el dinero, para saber cuánto había ganado cada uno. El primero se presentó y dijo:
- Señor, tu dinero ha producido diez veces más.
El rey le contestó:
- Muy bien, eres un buen administrador. Y como has sido fiel en lo poco, te hago gobernador de diez ciudades.
Se presentó otro y dijo:
- Señor, tu dinero ha producido cinco veces más.
También a este le contestó:
- Tú serás gobernador de cinco ciudades. 
Pero se presentó otro, que dijo:
- Señor, aquí está tu dinero. Lo guardé en un pañuelo, pues tuve miedo de ti, porque eres un hombre duro que recoges lo que no pusiste y cosechas donde no sembraste.
Entonces le dijo el rey:
- Tú eres un mal administrador, y por tus propias palabras te juzgo. Puesto que sabías que yo soy un hombre duro, que recojo lo que no puse y cosecho donde no sembré, ¿por qué no llevaste mi dinero al banco para, a mi regreso, devolvérmelo junto con los intereses?
Y ordenó a los que estaban allí:
- Quitadle el dinero y dádselo al que ganó diez veces más.
Ellos le dijeron:
- Señor, ¡pero si este ya tiene diez veces más!
El rey contestó:
- Os digo que al que tiene se le dará más; pero al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará. Y en cuanto a mis enemigos, a esos que no querían tenerme por rey, traedlos acá y matadlos en mi presencia."

Esta parábola la leíamos el domingo en san Mateo. Hoy lo hacemos en san Lucas. Entre otras cosas nos muestra que el quedarse "sin hacer nada", que la omisión es tan negativa como obrar mal. La importancia de ser responsables nos lo señala el comentario de Koinonia (Servicio Bíblico Iberoamericano):
La parábola que proclamamos el día de hoy quiere hacer caer en la cuenta de la actitud responsable que debe ser la de todo discípulo de Jesús: el mundo presente en su densidad y complejidad les ha sido encargado para su transformación y humanización. Nuestra vida personal y comunitaria con sus “éxitos”, “fracasos”, “dones”, “talentos” y “capacidades” no puede ser una pasión inútil, sino una constante entrega por hacer germinar estructuras y dinámicas políticas y jurídicas más humanizantes. Es necesario crear acciones de sostenibilidad, sustentabilidad y de cuidado biotecnológico y ecológico. Es urgente comprendernos holística y pluralmente, sin visiones ideologizadas o espiritualizadas política o religiosamente. Esto es estar al acecho del Reino ¿Tú lo estás? Oremos. “Nuestro tiempo pasa, Señor. Danos tu tiempo para que podamos vivir. Danos el valor de servir a la vida y no a la muerte. Danos tu futuro a nosotros y a nuestros hijos” (J. Moltmann). 

martes, 21 de noviembre de 2017

ENCONTRAR A JESÚS


"Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad. Vivía en ella un hombre rico llamado Zaqueo, jefe de los que cobraban impuestos para Roma. Quería conocer a Jesús, pero no conseguía verle, porque había mucha gente y Zaqueo era de baja estatura. Así que, echando a correr, se adelantó, y para alcanzar a verle se subió a un árbol junto al cual tenía que pasar Jesús. Al llegar allí, Jesús miró hacia arriba y le dijo:
– Zaqueo, baja en seguida porque hoy he de quedarme en tu casa.
Zaqueo bajó aprisa, y con alegría recibió a Jesús. Al ver esto comenzaron todos a criticar a Jesús, diciendo que había ido a quedarse en casa de un pecador. Pero Zaqueo, levantándose entonces, dijo al Señor:
– Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes; y si he robado algo a alguien, le devolveré cuatro veces más.
Jesús le dijo:
– Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque este hombre también es descendiente de Abraham. Pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que se había perdido."

Zaqueo era un personaje odiado en Jericó. Cobrador de impuestos para Roma y corrupto. Pero quiere conocer a Jesús. Para ello ha de correr y subirse a un árbol. Hace un esfuerzo que es recompensado. Ante la sorpresa de todos, Jesús le dice que quiere ir a su casa. Podemos imaginar la sorpresa de todos. Jesús en casa de un traidor y un corrupto.
La última frase nos da la clave de todo: "El Hijo del hombre a venido a buscar y salvar lo que se había perdido".
Jesús no rechaza a nadie que quiere conocerle. Es más, Jesús tiene preferencia por aquellos que nosotros despreciamos, que consideramos "malos". Jesús ve el corazón de las personas y el Espíritu trabaja en silencio en el interior de cada persona.
La reacción de Zaqueo es reconocer sus errores, desprenderse de la mitad de su fortuna y restituir cuatro veces lo que ha robado. Esta es la reacción de quien realmente encuentra a Jesús. 

lunes, 20 de noviembre de 2017

VER Y DEJAR VER


"Se encontraba Jesús ya cerca de Jericó. Un ciego que estaba sentado junto al camino, pidiendo limosna, al oir que pasaba mucha gente preguntó qué sucedía. Le dijeron que Jesús de Nazaret pasaba por allí, y él gritó:
– ¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!
Los que iban delante le reprendían para que se callase, pero él gritaba todavía más:
– ¡Hijo de David, ten compasión de mí!
Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando lo tuvo cerca le preguntó:
– ¿Qué quieres que haga por ti?
El ciego contestó:
– Señor, quiero recobrar la vista.
Jesús le dijo:
– ¡Recóbrala! Por tu fe has sido sanado.
En aquel mismo momento recobró el ciego la vista, y siguió a Jesús alabando a Dios. Y toda la gente que vio esto alababa también a Dios."

El texto de hoy nos muestra detalles interesantes. El ciego no está ni en Jerusalén ni en Jericó. Se encuentra en la "periferia". Es ciego. No ve, pero quiere ver. Por eso, en cuanto se entera de que Jesús está allí, empieza a gritar que quiere que Jesús le devuelva la vista.
Nosotros decimos que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Pero aquí nos encontramos ante un ciego que quiere ver, que pide ayuda y que los discípulos quieren hacer callar. ¿Somos conscientes de que a veces somos nosotros los culpables de que los otros no vean? Estamos tan centrados en nuestra Iglesia, en nuestra ortodoxia, que, en vez de acercar, alejamos a los que se encuentran en la "periferia" y quieren ver. Es más, olvidamos que a nosotros también hay multitud de cosas que nos ciegan, que no nos dejan ver la realidad. Sólo vemos lo que queremos ver. Y esto es peor que estar ciego, porque, al no reconocerlo, nunca pediremos recuperar la vista.


domingo, 19 de noviembre de 2017

DIOS NOS PIDE VIVIR


"El reino de los cielos es como un hombre que, a punto de viajar a otro país, llamó a sus criados y los dejó al cargo de sus negocios. A uno le entregó cinco mil monedas, a otro dos mil y a otro mil: a cada cual conforme a su capacidad. Luego emprendió el viaje. El criado que recibió las cinco mil monedas negoció con el dinero y ganó otras cinco mil. Del mismo modo, el que recibió dos mil ganó otras dos mil. Pero el que recibió mil, fue y escondió el dinero de su señor en un hoyo que cavó en la tierra.
Al cabo de mucho tiempo regresó el señor de aquellos criados y se puso a hacer cuentas con ellos. Llegó primero el que había recibido las cinco mil monedas, y entregando a su señor otras cinco mil le dijo:
- Señor, tú me entregaste cinco mil, y aquí tienes otras cinco mil que he ganado.
El señor le dijo:
- Muy bien, eres un criado bueno y fiel. Y como has sido fiel en lo poco, yo te pondré al cargo de mucho más. Entra y alégrate conmigo.
Después llegó el criado que había recibido las dos mil monedas, y dijo:
- Señor, tú me entregaste dos mil, y aquí tienes otras dos mil que he ganado.
El señor le dijo:
- Muy bien, eres un criado bueno y fiel. Y como has sido fiel en lo poco, yo te pondré al cargo de mucho más. Entra y alégrate conmigo. 
Por último llegó el criado que había recibido mil monedas y dijo a su amo:
- Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso tuve miedo; así que fui y escondí tu dinero en la tierra. Aquí tienes lo que es tuyo.
El amo le contestó:
- Tú eres un criado malo y holgazán. Puesto que sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí, debías haber llevado mi dinero al banco, y yo, a mi regreso, lo habría recibido junto con los intereses.
Y dijo a los que allí estaban:
- Quitadle a este las mil monedas y dádselas al que tiene diez mil. Porque al que tiene, se le dará más y tendrá de sobra; pero al que no tiene, hasta lo que tiene se le quitará. Y a este criado inútil arrojadlo fuera, a la oscuridad. Allí llorará y le rechinarán los dientes.

Esta parábola puede interpretarse de dos maneras erróneas. Hacerlo fijándonos en la "productividad". Concluyendo, que para Dios lo importante es el éxito en nuestras obras. Lo que producimos.
El otro error, es mostrarnos un Dios severo al que hay que temer, como temía el tercer siervo a su señor.
Los talentos son nuestras vidas. Y lo que nos está diciendo esta parábola, es que no debemos enterrarla. Todos tenemos un camino y debemos recorrerlo amando. Enterrar el talento es no seguir nuestro camino. Es no vivir nuestra vida. 
Seguir el camino, vivir nuestra vida, pide arriesgarnos. Quizá nos equivoquemos. A Dios, sin embargo, lo que le preocupa no es que nos equivoquemos, si no que nos neguemos a vivir la vida, a seguir nuestro camino amando. A vivir encerrados en nosotros mismos, "enterrados".
Dios nos ama y nos comprende. El miedo nos aleja de Él, no nos hace sus hijos. Demasiadas veces hemos presentado a los demás, un Dios terrible, castigador, que nos juzga continuamente. Y así hemos alejado de Él a muchos. Jesús nos habla de un Padre misericordioso. De alguien que sale tras la oveja perdida. De un Padre que sale cada mañana a otear el horizonte por si vuelve el hijo perdido...
Si vivimos nuestra vida con entrega y nos lanzamos al camino a amar a todos los hombres, nuestros talentos darán su fruto. Dios nos pide vivir, no enterrarnos.



sábado, 18 de noviembre de 2017

CONSTANCIA Y FE


"Jesús les contó una parábola para enseñarles que debían orar siempre y no desanimarse. Les dijo: - Había en un pueblo un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Y en el mismo pueblo vivía también una viuda, que tenía planteado un pleito y que fue al juez a pedirle justicia contra su adversario. Durante mucho tiempo el juez no quiso atenderla, pero finalmente pensó: Yo no temo a Dios ni respeto a los hombres. Sin embargo, como esta viuda no deja de molestarme, le haré justicia, para que no siga viniendo y acabe con mi paciencia. 
El Señor añadió:
- Pues bien, si esto es lo que dijo aquel mal juez, ¿cómo Dios no va a hacer justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Los hará esperar? Os digo que les hará justicia sin demora. Pero cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará todavía fe en la tierra?" 


La primera lección de este texto es, que la justicia humana no sempre es honesta. Nos dice que este juez, ni temía a Dios ni tenía consideración por los hombres. Hacer justicia a aquella viuda no le reportaba ningún beneficio y si la atiende es para sacársela de encima.
Pero la principal lección es, que debemos fiarnos de Dios y pedir sin cesar. Él si que nos escuchará. Nuestra oración, que debe ser constante, debe estar basada en nuestra Fe.
Si no obtenemos lo que pedimos, es porque aquellos no nos conviene, o es porque lo hacemos sin Fe. 

viernes, 17 de noviembre de 2017

SALVAR LA VIDA


"Como sucedió en tiempos de Noé, sucederá también en los días en que venga el Hijo del hombre. La gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca, cuando llegó el diluvio y todos murieron. Y lo mismo pasó en los tiempos de Lot: la gente comía y bebía, compraba y vendía, sembraba y construía casas; pero cuando Lot salió de la ciudad de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre y todos murieron. Así será el día en que se manifieste el Hijo del hombre.
Aquel día, el que se encuentre en la azotea y tenga sus cosas dentro de la casa, que no baje a sacarlas; y el que esté en el campo, que no regrese a su casa. ¡Acordaos de la mujer de Lot! El que trate de salvar su vida la perderá, pero el que la pierda, vivirá. 
Os digo que aquella noche estarán dos en una misma cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán. Dos mujeres estarán moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán. 
Le preguntaron entonces:
– ¿Dónde ocurrirá eso, Señor? 
Y él les contestó:
– Donde esté el cadáver, allí se juntarán los buitres."

El texto de hoy no es fácil. Jesús, o el evangelista que nos lo cuenta, emplea el lenguaje apocalíptico. Pero hay dos cosas con las que debemos quedarnos:
  • La importancia del momento presente, que es el único que podemos controlar. El tiempo no está en nuestras manos. Por eso se trata de vivir con intensidad cada momento. De llenar nuestros instantes de amor.
  • Para salvar nuestra vida, debemos desprendernos de todo y dejarnos en manos de Dios. Sólo Él puede salvarnos.
Perdemos mucho tiempo de nuestra vida proyectando cosas y olvidamos vivir el presente.
Vivimos agarrados a demasiadas cosas, que lo único que hacen es impedirnos caminar hacia adelante. 

jueves, 16 de noviembre de 2017

25 AÑOS DE PROIDE

ESTÁ EN NUESTRO CORAZÓN


"Los fariseos preguntaron a Jesús cuándo había de llegar el reino de Dios, y él les contestó:
– La venida del reino de Dios no es posible de calcular. No se dirá: ‘Aquí está’ o ‘Allí está’, porque el reino de Dios ya está entre vosotros. 
Y dijo a sus discípulos:
– Vendrán tiempos en que querréis ver siquiera uno de los días del Hijo del hombre, pero no lo veréis. Algunos dirán: ‘Aquí está’, o ‘Allí está’, pero no vayáis ni los sigáis. Porque así como el relámpago, con su resplandor, ilumina el cielo de uno a otro lado, así será el Hijo del hombre el día de su venida. Pero primero tiene que sufrir mucho y ser rechazado por la gente de este tiempo.!

Llevamos siglos preguntándonos dónde está el Reino de Dios. Lo hemos asociado con el Cielo, en la otra vida. Lo hemos asociado a la Iglesia. Lo buscamos aquí y allá. Sin embargo Jesús nos dice que ya está aquí, en medio de nosotros.
El Reino de Dios no es algo espectacular. Se encuentra en el corazón de la gente sencilla, de los que saben amar. De los que, como Jesús, sufren y son rechazados. De los que se entregan de verdad. El Reino está en el corazón del que es verdadero discípulo de Jesús. 



miércoles, 15 de noviembre de 2017

TODO ES GRACIA


"En su camino a Jerusalén, pasó Jesús entre las regiones de Samaria y Galilea. Al llegar a cierta aldea le salieron al encuentro diez hombres enfermos de lepra, que desde lejos gritaban:
– ¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!
Al verlos, Jesús les dijo:
– Id a presentaros a los sacerdotes. 
Mientras iban, quedaron limpios de su enfermedad. Uno de ellos, al verse sanado, regresó alabando a Dios a grandes voces, y se inclinó hasta el suelo ante Jesús para darle las gracias. Este hombre era de Samaria. Jesús dijo:
– ¿Acaso no son diez los que quedaron limpios de su enfermedad? ¿Dónde están los otros nueve? ¿Únicamente este extranjero ha vuelto para alabar a Dios?
Y dijo al hombre:
– Levántate y vete. Por tu fe has sido sanado."

Jesús curó a los diez leprosos, pero sólo el samaritano regresó a darle las gracias. Los nueve judíos corrieron a cumplir con el ritual de presentarse a los sacerdotes para poder regresar a sus casas y llevar vida normal. Ya no pensaron en nada más. El samaritano, posiblemente no se sentía ligado por el ritual, pero lo que sí es cierto es, que al verse curado, volvió corriendo a dar gracias a Jesús.
Como los nueve judíos pedimos, cuando tenemos problemas, que Dios nos ayude cuando rezamos. Pero, ¿sabemos dar las gracias como el samaritano? Pedir es fácil. Dar las gracias supone reconocer que el amor de Dios es gratuito, como veíamos ayer. Nosotros creemos, como los nueve judíos, que son nuestras oraciones y los rituales los que nos salvan. Sin embargo, lo que nos salva es el amor de Dios. Y este es gratuito. No depende de nuestras obras. Todo es gracia.


martes, 14 de noviembre de 2017

UN AMOR GRATUITO


"Si uno de vosotros tiene un criado que regresa del campo después de haber estado arando o cuidando el ganado, ¿acaso le dice: ‘Pasa y siéntate a comer’? No, sino que le dice: ‘Prepárame la cena y estáte atento a servirme mientras como y bebo. Después podrás tú comer y beber.’ Y tampoco da las gracias al criado por haber hecho lo que le mandó. Igualmente vosotros, cuando ya hayáis hecho todo lo que Dios os manda deberéis decir: ‘Somos servidores inútiles; no hicimos más que cumplir con nuestra obligación.’"

En este texto Jesús no nos dice que esta es la relación que debe haber entre patrón y obrero. Describe lo que se hacía en su época, en la sociedad en que vivía. El mensaje que nos quiere transmitir es otro.
Nosotros creemos que es por nuestra bondad, por las acciones que realizamos, que Dios nos ha de premiar. Y Dios nos salva, porque nos ama con un amor gratuito. Nosotros, si nos examinamos con sinceridad, nos vemos llenos de defectos. Nuestras buenas obras no son acciones meritorias. Nuestras buenas acciones son simplemente el deber que debemos cumplir. Los fariseos se creían santos porque rezaban mucho, ayunaban y daban limosnas. Nunca entendieron que el amor de Dios es gratuito y no depende de nuestras obras. 



lunes, 13 de noviembre de 2017

TRES LECCIONES


"Jesús dijo a sus discípulos:
- Siempre habrá incitaciones al pecado, pero ¡ay de aquel que haga pecar a los demás! Mejor le sería que lo arrojasen al mar con una piedra de molino atada al cuello, que hacer caer en pecado a uno de estos pequeños. ¡Tened cuidado! 
Si tu hermano te ofende, repréndele; pero si cambia de actitud, perdónale. Aunque te ofenda siete veces en un día, si siete veces viene a decirte: ‘No volveré a hacerlo’, debes perdonarle.  
Los apóstoles pidieron al Señor:
– Danos más fe.
El Señor les contestó:
– Si tuvierais fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza, podríais decirle a esta morera: ‘Desarráigate de aquí y plántate en el mar’, y el árbol os obedecería."

El evangelio de hoy nos habla de tres cosas que damos por sabidas, pero que quizá olvidamos con frecuencia.
  • El escándalo. Es decir, la consecuencia de nuestros actos. ¿Somos conscientes del mal que podemos hacer a las personas sencillas? Ciertamente que hay gente que se escandaliza por nada; pero, ¿pensamos en los demás antes de actuar, de hablar?
  • El perdón. Todos sabemos que debemos perdonar siempre. Pero, ¿realmente perdonamos?¿No guardamos en nuestro interior ningún rencor?
  • La Fe. Si de verdad tuviéramos Fe, nada sería imposible para nosotros. ¿Creemos de verdad que Dios está con nosotros?¿Vivimos la Fe y en la Fe o la dejamos solamente para unos momentos del día?
Tres lecciones que deberíamos repasar cada día.



domingo, 12 de noviembre de 2017

LAS LÁMPARAS ENCENDIDAS


"El reino de los cielos podrá entonces compararse a diez muchachas que, en una boda, tomaron sus lámparas de aceite y salieron a recibir al novio. Cinco de ellas eran descuidadas y cinco previsoras. Las descuidadas llevaron sus lámparas, pero no tomaron aceite de repuesto; en cambio, las previsoras llevaron frascos de aceite además de las lámparas. Como el novio tardaba en llegar, les entró sueño a todas y se durmieron. Cerca de medianoche se oyó gritar: ‘¡Ya viene el novio! ¡Salid a recibirle!’ Entonces todas las muchachas se levantaron y comenzaron a preparar sus lámparas, y las descuidadas dijeron a las previsoras: ‘Dadnos un poco de vuestro aceite, porque nuestras lámparas van a apagarse.’ Pero las muchachas previsoras contestaron: ‘No, porque entonces no alcanzará para nosotras ni para vosotras. Más vale que vayáis a donde lo venden y compréis para vosotras mismas.’ Pero mientras las cinco muchachas iban a comprar el aceite, llegó el novio; y las que habían sido previsoras entraron con él a la fiesta de la boda, y se cerró la puerta. Llegaron después las otras muchachas, diciendo: ‘¡Señor, señor, ábrenos!’ Pero él les contestó: ‘Os aseguro que no sé quiénes sois.’ 
Permaneced despiertos –añadió Jesús–, porque no sabéis el día ni la hora."

Jesús nos dice que hemos de estar preparados. Debemos tener aceite. Hoy nos diría, las baterías cargadas. Las diez vírgenes eran elegidas; pero sólo cinco estaban preparadas en el momento decisivo.
Todos hemos sido llamados a las Bodas, al Reino. Pero no todos estamos preparados para encender nuestras lámparas en el momento que llegue el "novio", para entrar a las bodas con Él. De entrada, la actitud de las cinco prudentes puede parecernos egoísta; pero sucede que el "aceite" no puede repartirse. Podemos compartir el dinero, pero nuestra vida sólo podemos vivirla nosotros. Cada uno ha de hacer su reserva de "aceite". Cada uno vive su vida de entrega, de amor, de lucha por la justicia. Y eso no podemos traspasarlo a los demás.
Lo que sí se nos exige, es tener nuestras lámparas encendidas. Iluminar a nuestro alrededor para que los demás recuerden, que ellos también deben ser luz.
Y esto no podemos dejarlo para el último momento. No sabemos ni el día ni la hora, y corremos el riesgo de encontrarnos con nuestras lámparas apagadas y sin aceite para encenderlas.




sábado, 11 de noviembre de 2017

EL DINERO O DIOS


"Os aconsejo que uséis las riquezas de este mundo malo para ganaros amigos, para que cuando esas riquezas se acaben haya quien os recibad en las moradas eternas.
El que se porta honradamente en lo poco, también se porta honradamente en lo mucho; y el que es deshonesto en lo poco, también es deshonesto en lo mucho. De manera que, si con las riquezas de este mundo malo no os portáis honradamente, ¿quién os confiará las verdaderas riquezas? Y si no os portáis honradamente con lo ajeno, ¿quién os dará lo que os pertenece?
Ningún criado puede servir a dos amos, porque odiará a uno y querrá al otro, o será fiel a uno y despreciará al otro. No se puede servir a Dios y al dinero. 
Los fariseos, que eran amigos del dinero, al oir estas cosas se burlaban de Jesús. Él les dijo: Vosotros pasáis por buenos delante de la gente, pero Dios conoce vuestros corazones; y lo que los hombres tienen por más elevado, Dios lo aborrece."

Es la continuación del evangelio de ayer. Aquí nos aclara qué significa ganarse amigos con el dinero. Ganárselos para el Reino. El dinero sirve evidentemente para subsistir; pero no para acumular. Sirve para compartirlo, para luchar contra la injusticia, para eliminar las diferencias en este mundo. Esta es la forma de ganarse amigos.
Por otro lado, nos deja muy claro que, o se está de parte del dinero o se está de parte de Dios. No se puede "adorar" a ambos. Nosotros, desgraciadamente, vivimos en una sociedad que "adora" el dinero. Un dinero que nos esclaviza y que nos aparta de Dios y de nuestros hermanos. Un dinero que hace que una tercera parte de la humanidad domine al resto. Un dinero que sume en la miseria a millones de personas. Un dinero que mata...  

viernes, 10 de noviembre de 2017

LISTOS POR EL REINO


"Jesús contó también esto a sus discípulos:
- Un hombre rico tenía un administrador que fue acusado de malversación de bienes.
El amo le llamó y le dijo:
- ¿Qué es eso que me dicen de ti? Dame cuenta de tu trabajo porque no puedes seguir siendo mi administrador.
El administrador se puso a pensar: ‘¿Qué haré ahora que el amo me deja sin empleo? No tengo fuerzas para cavar la tierra, y me da vergüenza pedir limosna...Ah, ya sé qué hacer para que haya quienes me reciban en sus casas cuando me quede sin trabajo.’Llamó entonces uno por uno a los que tenían alguna deuda con el amo, y preguntó al primero:
- ¿Cuánto debes a mi amo?
Le contestó:
- Cien barriles de aceite.
El administrador le dijo:
- Aquí está tu recibo. Siéntate en seguida y apunta sólo cincuenta. 
Después preguntó a otro:
- Y tú, ¿cuánto le debes? 
Este le contestó:
- Cien medidas de trigo.
Le dijo:
- Aquí está tu recibo. Apunta sólo ochenta.
El amo reconoció que aquel administrador deshonesto había actuado con astucia. Y es que, tratándose de sus propios negocios, los que pertenecen al mundo son más listos que los que pertenecen a la luz."

Esta parábola debemos leerla empezando por la última frase. Jesús no está elogiando la corrupción de aquel administrador, que, al verse despedido, trata de hacerse amigos entre los deudores de su patrón. Jesús nos dice que, así como muchos hombres son astutos en los asuntos del dinero, nosotros debemos serlo en los asuntos del Reino; es decir, en la lucha por la justicia, en el Amor a todos los hombres. En la continuación, que veremos mañana, nos habla de cómo el dinero nos corrompe. No se trata pues, de un elogio de las triquiñuelas económicas del administrador, si no una invitación a ser inteligentes en la lucha por el Reino. 



jueves, 9 de noviembre de 2017

TEMPLOS VIVOS


"Como se acercaba la fiesta de la Pascual de los judíos, Jesús fue a Jerusalén; y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los que tenían puestos donde cambiar el dinero. Al ver aquello, Jesús hizo un látigo con unas cuerdas y los echó a todos del templo, junto con las ovejas y los bueyes. Arrojó al suelo las monedas de los cambistas y les volcó las mesas. A los vendedores de palomas les dijo:
– ¡Sacad eso de aquí! ¡No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre!
Sus discípulos recordaron entonces la Escritura que dice: “Me consumirá el celo por tu casa.” 
Los judíos le preguntaron:
– ¿Qué prueba nos das de que tienes autoridad para actuar así?
Jesús les contestó:
– Destruid este templo y en tres días lo levantaré.
Le dijeron los judíos:
– Cuarenta y seis años tardaron en construir este templo , ¿y tú vas a levantarlo en tres días?
Pero el templo al que Jesús se refería era su propio cuerpo. Por eso, cuando resucitó, sus discípulos se acordaron de lo que había dicho y creyeron en la Escritura y en las palabras de Jesús."

Hoy, a veces, también seguimos convirtiendo los templos en cuevas de ladrones. Pero sobre todo, no respetamos los Templos del Espíritu Santo, que son las personas. Dejamos morir de hambre a millones de personas. Dejamos que miles mueran ahogadas en el Mediterráneo. Dejamos que mueran víctimas de las guerras. Comerciamos con sus cuerpos en la trata de blancas. Dejamos que duerman en la calle...¿Cuándo reconoceremos la presencia de Dios en los demás?

miércoles, 8 de noviembre de 2017

SEGUIR A JESÚS


"Jesús iba de camino acompañado por mucha gente. En esto se volvió y dijo:
- Si alguno no me ama más que a su padre, a su madre, a su esposa, a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, y aun más que a sí mismo, no puede ser mi discípulo. Y el que no toma su propia cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. Si alguno de vosotros quiere construir una torre, ¿acaso no se sentará primero a calcular los gastos y ver si tiene dinero para terminarla? No sea que, una vez puestos los cimientos, si no puede terminarla, todos los que lo vean comiencen a burlarse de él, diciendo: ‘Este hombre empezó a construir, pero no pudo terminar.’ O si un rey tiene que ir a la guerra contra otro rey, ¿no se sentará primero a calcular si con diez mil soldados podrá hacer frente a quien va a atacarle con veinte mil? Y si no puede hacerle frente, cuando el otro rey esté todavía lejos le enviará mensajeros a pedirle la paz. Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todo lo que tiene no puede ser mi discípulo."

El texto es claro. Seguir a Jesús no es cuestión de medias tintas. Exige una entrega total. Renunciar a todo tras sus pasos.
Jesús no nos dice que no debemos amar a nuestra familia. Nos dice que el amor hacia Él debe ser mayor. Que debemos tomar nuestra vida con todas las consecuencias. Tomar nuestra cruz no es inventarnos penitencias y sacrificios. Tomar nuestra cruz es vivir nuestra vida con total entrega, poniendo nuestros ojos en Jesús. Y ponerlos en Jesús es ponerlos en el pobre, en el hambriento, en el desnudo, en el perseguido...
Este seguimiento no es fácil; por eso nos dice que debemos sentarnos y calcular nuestras fuerzas. Sabiendo también, que Él nunca nos abandonará.

martes, 7 de noviembre de 2017

EL VÍDEO DEL PAPA - NOVIEMBRE

NUESTRAS EXCUSAS


"Al oir esto, uno de los que estaban sentados a la mesa dijo a Jesús:
– ¡Dichoso el que tenga parte en el banquete del reino de Dios! 
Jesús le dijo:
– Un hombre dio una gran cena e invitó a muchos. A la hora de la cena envió a su criado a decir a los invitados:
- Venid, que ya está todo preparado.
Pero ellos comenzaron a una a excusarse. El primero dijo:
- Acabo de comprar un campo y tengo que ir a verlo. Te ruego que me disculpes.
Otro dijo:
- He comprado cinco yuntas de bueyes y he de probarlas. Te ruego que me disculpes.
Y otro dijo:
- No puedo ir, porque acabo de casarme.
El criado regresó y se lo contó todo a su amo. Entonces el amo, indignado, dijo a su criado:
- Sal en seguida a las calles y callejas de la ciudad, y trae acá a los pobres, a los inválidos, a los ciegos y a los cojos.
Volvió el criado, diciendo:
- Señor, he hecho lo que me mandaste y aún queda sitio.
Y el amo le contestó:
- Ve por los caminos y cercados y obliga a otros a entrar, para que se llene mi casa. Porque os digo que ninguno de aquellos primeros invitados comerá de mi cena."

Jesús nos presenta la vida como un gran banquete. Curiosamente, aquellos para los que parece está destinado, ponen mil excusas para no asistir. Acaban sentados en la mesa los pobres, los inválidos, los ciegos, los cojos...Aquellos que nunca pensaron asistir a ese banquete.
Este evangelio iba dirigido a los jefes religiosos del tiempo de Jesús; pero todo evangelio, va dirigido también a nosotros. Debemos pues reflexionar sobre qué excusas ponemos nosotros a la invitación de Jesús. Nosotros, como aquellos invitados, ponemos por delante del seguimiento de Jesús nuestros negocios, nuestro trabajo, nuestros asuntos familiares. Jesús sale, entonces a la periferia, a los cruces de camino y acoge en su banquete a los pobres, a los abandonados, a los perseguidos...
Examinemos si no perdemos nuestro lugar en el banquete del Reino por nuestras excusas par no comprometernos en el servicio  los demás. 

lunes, 6 de noviembre de 2017

UNA MESA PARA TODOS


"Dijo también al hombre que le había invitado:
– Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, a tus hermanos, a tus parientes o a tus vecinos ricos; porque ellos a su vez te invitarán, y quedarás así recompensado. Al contrario, cuando des una fiesta, invita a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos; así serás feliz, porque ellos no te pueden pagar, pero tú recibirás tu recompensa cuando los justos resuciten."

El evangelio de hoy es la continuación del que leímos el sábado. Aquí Jesús nos está hablando de solidaridad. De que, en lugar de hacer grandes banquetes para los que no pasan hambre, nos acordemos de los millones de personas que no tienen que comer. Son  esos  los que debemos invitar a nuestra mesa, a nuestro "banquete".
El Papa Francisco, en la Exhortación Evangelii Gaudium, nos dice:
"Así como el mandamiento de 'no matar' pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir 'no a una economía de la exclusión y la inequidad'. Esa economía mata, No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea la caída de dos puntos de la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil." (53) 


domingo, 5 de noviembre de 2017

SOMOS HERMANOS


"Después de esto, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo:
- Los maestros de la ley y los fariseos son los encargados de interpretar la ley de Moisés. Por lo tanto, obedecedlos y haced todo lo que os digan. Pero no sigáis su ejemplo, porque dicen una cosa y hacen otra. Atan cargas pesadas, imposibles de soportar, y las echan sobre los hombros de los demás, mientras que ellos mismos no quieren tocarlas ni siquiera con un dedo. Todo lo hacen para que la gente los vea. Les gusta llevar sobre la frente y en los brazos cajitas con textos de las Escrituras, y vestir ropas con grandes borlas. Desean los mejores puestos en los banquetes, los asientos de honor en las sinagogas, ser saludados con todo respeto en la calle y que la gente los llame maestros. 
Pero vosotros no os hagáis llamar maestros por la gente, porque todos sois hermanos y uno solo es vuestro Maestro. Y no llaméis padre a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el que está en el cielo. Ni os hagáis llamar jefes, porque vuestro único Jefe es Cristo. El más grande entre vosotros debe servir a los demás. Porque el que a sí mismo se engrandece, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido."

El evangelio de hoy es muy claro. Tan claro que ni lo meditamos ni lo ponemos en práctica.
Jesús habla a los maestros de la ley, a los dirigentes religiosos. A los de entonces y a los de ahora. Advierte al pueblo que no se fíen de ellos, porque dicen y no hacen; porque buscan mandar, honores, poder, mientras dan pesadas cargas a los demás y ellos ni las tocan.
Jesús nos dice que todos somos hermanos. Que nadie es más que nadie. Que la grandeza de la persona está en el servicio. Sólo tenemos un Padre: Dios; somos sus hijos porque todos somos hermanos de Jesucristo. Todos formamos la comunidad de los hijos de Dios. Ese es nuestro mayor título, nuestro honor más grande, la fuente de nuestro poder. 
Hemos dado a la Iglesia una estructura jerárquica. ¿Las jerarquías están al servicio de la comunidad o buscan honores y poder? Pasamos el tiempo planeando estructuras, métodos, reuniones, leyes...que sólo nos eslavizan. 
Jesús se acerca a nosotros y nos dice que sólo el Amor nos libera. Su Amor y el amor que tenemos nosotros hacia la comunidad de los hombres. Hagamos de la Iglesia la verdadera comunidad de los Hijos de Dios.




sábado, 4 de noviembre de 2017

EL PRIMER PUESTO


"Sucedió que un sábado fue Jesús a comer a casa de un jefe fariseo, y otros fariseos le estaban espiando. 
Al ver Jesús que los invitados escogían los asientos de honor en la mesa, les dio este consejo:
– Cuando alguien te invite a una fiesta de bodas, no te sientes en el lugar principal, no sea que llegue otro invitado más importante que tú,  y el que os invitó a los dos venga a decirte: ‘Deja tu sitio a este otro.’ Entonces tendrás que ir con vergüenza a ocupar el último asiento. Al contrario, cuando te inviten, siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te invitó te diga: ‘Amigo, pásate a este sitio de más categoría.’ Así quedarás muy bien delante de los que están sentados contigo a la mesa. Porque el que a sí mismo se engrandece será humillado, y el que se humilla será engrandecido."

Jesús nos enseña en este evangelio, que hemos de mostrarnos ante los demás tal cual somos. Ante la sociedad perseguimos los honores y el reconocimiento, pero esto no es importante ni es el camino de un cristiano. Veamos lo que nos dicen en Koinonia (Servicio Bíblico Iberoamericano) sobre este texto:
 Esta escena de Jesús a la mesa con los fariseos es fundamentalmente educativa: él no se interesa simplemente por enseñar normas de comportamiento social o de urbanidad, sino intenta mostrar cómo asumir la vida en clave personal y eclesial desde la perspectiva del Reino de Dios. Hay modos diversos de vivir, pero no podemos hacerlo de cualquier manera. A nivel personal: ¿Riñes por los puestos de honor y las adulaciones humillando a los demás? ¿Actúas desde el servicio desinteresado o desde el poder que te pueden otorgar las funciones y los roles personales? O ¿Sabes ubicarte y mostrar con verdad quién eres? Por otro lado, en clave de iglesia, es necesario asumir con sabiduría que no somos el único referente espiritual y moral de las cuestiones y decisiones humanas. ¿Qué cambios eclesiales hacer hoy desde la lógica del Evangelio?: descentralizar el poder; democratizar la jerarquía y humanizar la fe y la labor misionera para hacerla creíble en la sociedad civil.

viernes, 3 de noviembre de 2017

¿LA LEY O LA PERSONA?


"Sucedió que un sábado fue Jesús a comer a casa de un jefe fariseo, y otros fariseos le estaban espiando. Había allí, delante de él, un hombre enfermo de hidropesía. Jesús preguntó a los maestros de la ley y a los fariseos:
– ¿Está permitido sanar a un enfermo en sábado, o no?
Pero ellos se quedaron callados. Entonces Jesús tomó al enfermo, lo sanó y lo despidió. Y dijo a los fariseos:
– ¿Quién de vosotros, si su hijo o su buey cae a un pozo, no lo saca en seguida aunque sea sábado? 
Y no pudieron contestarle nada." (Lc 14,1-6)

Este evangelio es parecido al del lunes. Allí Jesús curaba a una mujer encorbada en sábado y los fariseos se lo echaban en cara. Aquí Jesús se adelanta a ellos y les pregunta si está permitido curar en sábado. Les da la misma lección. Si lo hacemos con los animales, ¿por qué no con las personas? Los deja sin palabras.
Primero, vemos que Jesús no tenía ningún reparo en ir a casa de un fariseo. Aprovechaba todas las ocasiones para anunciar el Reino a todos los que querían escucharlo.
También volvemos a ver la importancia que daba Jesús a curar a las personas. A luchar con todas sus fuerzas contra el mal. Jesús ama a las personas y quiere librarlas del mal, físico y espiritual. Nosotros, como los fariseos, damos mucha importancia a la ley,  las normas. Jesús nos dice claramente que la ley y las normas están al servicio de las personas. Una ley o una norma que no nos hace crecer, que no elimina la injusticia, que no nos hace libres, no es correcta.  


jueves, 2 de noviembre de 2017

ESPERAR EL REENCUENTRO


"Jesús, al llegar, se encontró con que ya hacía cuatro días que habían sepultado a Lázaro. Betania estaba cerca de Jerusalén, a unos tres kilómetros, y muchos judíos habían ido a visitar a Marta y María, para consolarlas por la muerte de su hermano. Cuando Marta supo que Jesús estaba llegando, salió a recibirle; pero María se quedó en la casa. Marta dijo a Jesús:
– Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero aun ahora yo sé que Dios te dará cuanto le pidas.
Jesús le contestó:
– Tu hermano volverá a vivir.
Marta le dijo:
– Sí, ya sé que volverá a vivir cuando los muertos resuciten, en el día último. 
Jesús le dijo entonces:
– Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y ninguno que esté vivo y crea en mí morirá jamás. ¿Crees esto?
Ella le dijo:
– Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo."

Ayer celebrábamos Todos los Santos, hoy tenemos un recuerdo por todos los difuntos. Leemos el evangelio de Juan, que nos narra el encuentro entre Marta y Jesús, antes de que este le devuelva la vida.
Recordar a nuestros familiares difuntos, a pesar de la separación, no tiene que ser un momento de tristeza, sino un momento de esperanza. La muerte no es una destrucción, sino una transformación. Recordar a nuestros difuntos es esperar con alegría, que un día nos volveremos a encontrar. No sabemos cómo. Pero la Fe en Jesús nos dice que lo haremos. Nuestra Fe se traduce en Esperanza. 

miércoles, 1 de noviembre de 2017

SER SANTO


"Al ver la multitud, Jesús subió al monte y se sentó. Sus discípulos se le acercaron, y él comenzó a enseñarles diciendo:   
- Dichosos los que reconocen su pobreza espiritual, porque suyo es el reino de los cielos. 
Dichosos los que sufren, porque serán consolados. 
Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra que Dios les ha prometido. 
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán satisfechos. 
Dichosos los compasivos, porque Dios tendrá compasión de ellos.
Dichosos los de corazón limpio, porque verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará hijos suyos.
Dichosos los perseguidos por hacer lo que es justo, porque suyo es el reino de los cielos.
Dichosos vosotros, cuando la gente os insulte y os maltrate, y cuando por causa mía digan contra vosotros toda clase de mentiras. ¡Alegraos, estad contentos, porque en el cielo tenéis preparada una gran recompensa!"

Hoy es la Festividad de Todos los Santos. Santos son todos aquellos que han llegado al Cielo. Algunos los ha canonizado la Iglesia, pero una gran multitud son desconocidos para nosotros. Aunque no por ello son menos santos. Santos son los bienaventurados. Aquellos que Jesús nos indica hoy en el evangelio: los pobres, los que sufren (lloran), los humildes, los que buscan la justicia, los compasivos, los que tienen un corazón limpio, los que trabajan por la paz, los perseguidos por hacer lo que es justo, los insultados y maltratados por seguir a Jesús.
Las bienaventuranzas nos señalan el camino de la santidad.
Koinonia (Servicio Bíblico Iberoamericanos) nos lo dice:
"LasBienaventuranzas comparten la misma visión «macro-ecuménica»: valen para todos los seres humanos. El Dios que en ellas aparece no es «confesional», de una religión, no es «religiosamente tribal». Tampoco exige rituales de ninguna religión, sino la simple religión humana: la pobreza, la opción por los pobres, la transparencia de corazón, el hambre y sed de justicia, el luchar por la paz, la persecución como efecto de la lucha por la Causa del Reino... Esa «religión humana básica fundamental» es la que Jesús proclama como «código de santidad universal», para todos los santos, los de casa y los de fuera, los del mundo «católico«...
Si a propósito de la festividad de Todos los Santos se nos sugiere el texto de las Bienaventuranzas, es porque ellas son en verdad el camino de la santidad universal (y supra-religional, simple y profundamente humana); en y con las Bienaventuranzas como carta de navegación de nuestra vida es posible alcanzar la meta de nuestra santificación, entendida como la lucha constante por lograr en el cada día el máximo de plenitud de la vida según el querer de Dios."