jueves, 22 de junio de 2017

JESÚS NOS ENSEÑA A ORAR


"Y al orar no repitas palabras inútilmente, como hacen los paganos, que se imaginan que por su mucha palabrería Dios les hará más caso. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis aun antes de habérselo pedido. Vosotros debéis orar así:
‘Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre.
Venga tu reino.
Hágase tu voluntad en la tierra
así como se hace en el cielo.
Danos hoy el pan que necesitamos.
Perdónanos nuestras ofensas
como también nosotros perdonamos
a quienes nos han ofendido.
Y no nos expongas a la tentación,
sino líbranos del maligno.’
Porque si vosotros perdonáis a los demás el mal que os hayan hecho, vuestro Padre que está en el cielo os perdonará también a vosotros; pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará el mal que vosotros hacéis."

Los discípulos piden a Jesús que les enseñe a orar y Él les responde con el Padrenuestro. Es un programa de oración.
Empieza diciéndonos que nos dirijamos a Dios como a Padre. En el sentido familiar que Jesús le daba, Abba. No en el sentido de un padre dominante y poderoso.
Pide que su nombre sea santificado. Es decir, que no utilicemos el nombre de Dios para nuestro provecho. Durante la historia se ha matado y se sigue matando en nombre de Dios. Santificar su nombre, es utilizarlo para el bien.
Jesús quiere que pidamos la llegado de su Reino. Ese Reino de amor y justicia, que debemos intentar que comience ya en este mundo. Haciendo en todo momento su voluntad, no la nuestra.
Pedir el pan, es desear que todos tengamos lo básico para nuestra subsistencia.
Y nuestra oración siempre ha de ser humilde. Debemos reconocer nuestras faltas y pedir perdón por ellas. Con el compromiso de que nosotros perdonaremos a todo el mundo.
Este es el programa de oración que Jesús nos propone.



miércoles, 21 de junio de 2017

LA MIRADA DE DIOS


"No practiquéis vuestra religión delante de los demás solo para que os vean. Si hacéis eso, no obtendréis ninguna recompensa de vuestro Padre que está en el cielo.
Por tanto, cuando ayudes a los necesitados no lo publiques a los cuatro vientos, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para que la gente los elogie. Os aseguro que con eso ya tienen su recompensa. Tú, por el contrario, cuando ayudes a los necesitados, no se lo cuentes ni siquiera a tu más íntimo amigo. Hazlo en secreto, y tu Padre, que ve lo que haces en secreto, te dará tu recompensa.
Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que la gente los vea. Os aseguro que con eso ya tienen su recompensa. Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora en secreto a tu Padre. Y tu Padre, que ve lo que haces en secreto, te dará tu recompensa.
Cuando ayunéis, no pongáis el gesto compungido, como los hipócritas, que aparentan aflicción para que la gente vea que están ayunando. Os aseguro que con eso ya tienen su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, lávate la cara y arréglate bien, para que la gente no advierta que estás ayunando. Solamente lo sabrá tu Padre, que está a solas contigo, y él te dará tu recompensa."

Jesús nos habla hoy de la limosna, la oración y el ayuno. Nos señalan el camino de la verdadera conversión: La ayuda a los demás y la lucha contra la injusticia, que es la verdadera limosna, la oración, que es abandonarnos en los brazos de Dios, y el ayuno, que es llevar una vida austera y sencilla.
Jesús nos advierte de que en los tres pasos de este camino podemos caer en dos trampas. Hacer estas tres cosas creyéndonos que somos mejores que los demás, pensando más en nosotros que en el prójimo; o hacerlas para que los demás nos vean, para dar una buena "imagen" ante la sociedad.
Es la gran tentación de la religión. Usarla en nuestro provecho. Manipularla.
El que se convierte de verdad, ve la ayuda al otro como un deber. Ve a Jesús en cada una de las personas. Ve a Jesús que emigra, que está enfermo, que padece hambre.
El que se convierte de verdad, ve en la oración el momento de buscar la voluntad de Dios y abandonarse a ella.
El que se convierte de verdad, ve el ayuno, la penitencia, como una forma de tener siempre presente, que otros no comen, o sufren sin buscarlo ni quererlo.
Lo que importa no es la mirada de los otros, sino la mirada de Dios. 

martes, 20 de junio de 2017

PERFECTOS COMO EL PADRE


"También habéis oído que antes se dijo: ‘Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo.’ Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, pues él hace que su sol salga sobre malos y buenos, y envía la lluvia sobre justos e injustos. Porque si amáis solamente a quienes os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¡Hasta los que cobran impuestos para Roma se portan así! Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¡Hasta los paganos se portan así! Vosotros, pues, sed perfectos, como vuestro Padre que está en el cielo es perfecto."

El evangelio de hoy complementa al de ayer. Se trata del amor gratuito. De un amor que no espera nada a cambio. Y el model que Jesús nos pone es el del Padre, que trata a todos por igual.
Nosotros siempre clasificamos. Buenos o malos. Amigos o enemigos. Del país o extranjeros...Ante estas diferencias, deberíamos preguntarnos en qué medida  somos responsables  nosotros. Si aquel es mi enemigo, ¿qué puede haber en mí que le molesta? Muchas veces, lo que recibimos se corresponde a lo que hemos dado. Si damos amor sin esperar nada a cambio, tarde o temprano también recibiremos amor.
En vez de buscar culpable, debemos buscar excusas, razones que expliquen el comportamiento que no nos gusta del otro. Jesús en la cruz exclamó: ¡Perdónales Señor, porque no saben lo que hacen!
Esta es la perfección del Padre. Esta es la perfección que Jesús nos pide a nosotros. 

lunes, 19 de junio de 2017

LA VERDADERA JUSTICIA


"Habéis oído que antes se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente.’ Pero yo os digo: No resistáis a quien os haga algún daño. Al contrario, si alguien te pega en la mejilla derecha, ofrécele también la otra. Si alguien te demanda y te quiere quitar la túnica, déjale también la capa. Y si alguien te obliga a llevar carga una milla, ve con él dos. Al que te pida algo, dáselo; y no le vuelvas la espalda a quien te pida prestado."

El que la hace la paga. Esta es nuestra idea de justicia. Sin embargo Jesús nos dice que hay que devolver bien por mal. Si actuamos como nos dice Jesús, es casi seguro que seremos tratados de inocentes. Así todo el mundo os tomará el pelo, nos dirán. Sin embargo este es el camino de Dios, el camino del amor. Él perdona siempre. Es más, olvida. "El amor no lleva la cuenta de las ofensas (1Cor 13).
Nuestra justicia no resuelve el mal, porque la violencia engendra violencia. Nuestra justicia no zanja los problemas. Lo único que cierra de verdad las heridas, es el amor.



domingo, 18 de junio de 2017

EL SACRAMENTO DE LA UNIDAD


"Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi propio cuerpo. Lo daré por la vida del mundo.
Los judíos se pusieron a discutir unos con otros:
– ¿Cómo puede este darnos a comer su propio cuerpo?
Jesús les dijo:
  –Os aseguro que si no coméis el cuerpo del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida. El que come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene vida eterna; y yo le resucitaré el día último. Porque mi cuerpo es verdadera comida, y mi sangre verdadera bebida. El que come mi cuerpo y bebe mi sangre vive unido a mí, y yo vivo unido a él. El Padre, que me ha enviado, tiene vida, y yo vivo por él. De la misma manera, el que me coma vivirá por mí. Hablo del pan que ha bajado del cielo. Este pan no es como el maná que comieron vuestros antepasados, que murieron a pesar de haberlo comido. El que coma de este pan, vivirá para siempre."

Jesús, al repartir el pan y el vino la Última Cena, dijo que lo hiciéramos en memoria suya. Aquel pan y aquel vino eran su cuerpo y su sangre entregados por nosotros. Lo que Jesús nos pedía y nos pide en cada celebración, es que nosotros también entreguemos nuestro cuerpo y nuestra sangre.
Los judíos no entendieron qué quería decir Jesús cuando les decía que debían comer su cuerpo. Cuando comemos algo, aquel alimento pasa a formar parte de nuestro ser. Lo que Jesús nos pide, es que nos transformemos en Él. 
Por eso el sacramento de la Eucaristía es el sacramento de la unidad. Cada vez que comulgamos nos hacemos uno con Él, nos hacemos todos uno.
La Eucaristía nos da vida; pero no una vida cualquiera. Nos da la vida de Jesús. Por eso nos da la vida eterna.
La realidad actual es, que cada día hay menos gente que participa de la Eucaristía. La realidad actual es, que para los niños que reciben la primera comunión, es más importante el vestido y la fiesta, que el sacramento. (De ahí la estupidez de las primeras comuniones civiles).
Sin embargo, el sacramento de la Eucaristía es el sacramento central de la Iglesia. Por el Bautismo empezamos a formar parte de ella. La Confirmación nos da la fuerza del Espíritu. Pero la Eucaristía es el alimento diario que nos hace unos con Jesús y con nuestros hermanos. Es el sacramento que nos da la verdadera Vida de Jesús. 




sábado, 17 de junio de 2017

HOMBRES DE PALABRA


"También habéis oído que se dijo a los antepasados: ‘No dejes de cumplir lo que hayas ofrecido bajo juramento al Señor.’ Pero yo os digo que no juréis por nada ni por nadie. No juréis por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni siquiera juréis por vuestra propia cabeza, porque no podéis hacer que os salga blanco o negro ni un solo cabello. Si decís ‘Sí’, que sea sí; y si decís ‘No’, que sea no. Lo que se aparta de esto, es malo."

Nunca se había jurado tanto como ahora. Y posiblemente nunca se había mentido tanto. Jesús nos dice que hemos de ser hombres de palabra. Decir sí cuando es sí y no cuando es no. Antes un apretón de manos firmaba un contrato. Ahora se necesitan papeles, abogados, notarios...para acabar no cumpliéndolo.
María no juró. Su sí, cambió la historia del mundo. Debemos estar dispuestos a decir sí a lo que Dios nos pida y no a lo que nos aparte de Él. Todas las demás palabras sobran. Debemos dejarnos guiar por el Espíritu. 

viernes, 16 de junio de 2017

RESPETO A LA MUJER


"Habéis oído que antes se dijo: ‘No cometas adulterio.’  Pero yo os digo que cualquiera que mira con codicia a una mujer ya cometió adulterio con ella en su corazón.
Por tanto, si tu ojo derecho te hace caer en pecado, sácalo y échalo lejos de ti; mejor es que pierdas una sola parte del cuerpo y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te hace caer en pecado, córtala y échala lejos de ti; mejor es que pierdas una sola parte del cuerpo y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno.
También se dijo: ‘Cualquiera que se separe de su esposa deberá darle un certificado de separación.’  Pero yo os digo que todo aquel que se separa de su esposa, a no ser en caso de inmoralidad sexual, la pone en peligro de cometer adulterio. Y el que se casa con una mujer separada también comete adulterio."

El telón de fondo del texto de hoy es el respeto a la mujer.
Empieza dejando claro que ella no es un objeto que se pueda codiciar. Es una persona que debe ser amada. Las imágenes de arrancarse ojos y manos son exageraciones literarias orientales. De lo que se trata es de eliminar de nosotros todo aquello que nos lleva al mal.
Sobre el divorcio, la ley judía, si leemos Dt 24, 1, era totalmente machista. Era el hombre el que, si encontraba en la mujer algo que no le gustaba, podía darle el certificado de separación, podía repudiarla. Jesús vuelve a colocar el amor en el centro del matrimonio y recupera la dignidad de la mujer.
La pregunta que podemos hacernos, en unos tiempos en que el divorcio es tan habitual es: ¿Es el verdadero amor el que lleva al matrimonio, o es sólo el deseo? 


jueves, 15 de junio de 2017

EL CENTRO DE NUESTRA VIDA


"Porque os digo que si no superáis a los maestros de la ley y a los fariseos en hacer lo que es justo delante de Dios, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que a vuestros antepasados se les dijo: ‘No mates, pues el que mata será condenado.’ Pero yo os digo que todo el que se enoje con su hermano será condenado; el que insulte a su hermano será juzgado por la Junta Suprema, y el que injurie gravemente a su hermano se hará merecedor del fuego del infierno.
Así que, si al llevar tu ofrenda al altar te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí mismo delante del altar y ve primero a ponerte en paz con tu hermano. Entonces podrás volver al altar y presentar tu ofrenda.
Si alguien quiere llevarte a juicio, procura ponerte de acuerdo con él mientras aún estés a tiempo, para que no te entregue al juez; porque si no, el juez te entregará a los guardias y te meterán en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que pagues el último céntimo."

Jesús nos dice, continuando la reflexión de ayer, que no basta con observar la ley. Lo importante no es la les, es el amor. Cumplir la ley a secas, es mera palabrería. Rezar, hacer ceremonias, cumplir preceptos, si no se hace por amor, no sirve para nada.
Para Jesús, el centro de nuestra vida debe ser el amor. No se trata de no matar solamente. Hay que amar. No se trata de rezar muchas horas, si nuestro corazón está lejos de nuestro hermano. La paz, la concordia, el perdón, han de ser previos a la oración.
¿Cuántos problemas desaparecerían de nuestra sociedad si su centro fuese el amor?

miércoles, 14 de junio de 2017

LA PLENITUD DE LA LEY


"No penséis que yo he venido a poner fin a la ley de Moisés y a las enseñanzas de los profetas. No he venido a ponerles fin, sino a darles su verdadero sentido. Porque os aseguro que mientras existan el cielo y la tierra no se le quitará a la ley ni un punto ni una coma, hasta que suceda lo que tenga que suceder. Por eso, el que quebrante uno de los mandamientos de la ley, aunque sea el más pequeño, y no enseñe a la gente a obedecerlos, será considerado el más pequeño en el reino de los cielos. Pero el que los obedezca y enseñe a otros a hacer lo mismo, será considerado grande en el reino de los cielos."

Nos equivocaríamos interpretando este texto como una apología del legalismo. Jesús no quiere quitar ni un punto ni una coma de la ley, pero quiere darle su verdadero sentido.
Debemos leer este texto a la luz de todo el evangelio. Entonces no tendremos ninguna duda en reconocer que ese verdadero sentido es el del amor. La plenitud de la ley no es el legalismo, sino llegar al amor a través de ella. Cumplirla, porque amamos a Dios y porque amamos a los demás hombres. Le verdadera ley, la plenitud de la ley, debe llevarnos al amor de Dios y al bien del prójimo, que son cosas similares. El que ama, cumple hasta el precepto más pequeño, porque los transforma en actos de amor.  



martes, 13 de junio de 2017

¿SOMOS SAL Y LUZ?


"Vosotros sois la sal de este mundo. Pero si la sal deja de ser salada, ¿cómo seguirá salando? Ya no sirve para nada, así que se la arroja a la calle y la gente la pisotea.
Vosotros sois la luz de este mundo. Una ciudad situada en lo alto de un monte no puede ocultarse; y una lámpara no se enciende para taparla con alguna vasija, sino que se la pone en alto para que alumbre a todos los que están en la casa. Del mismo modo, procurad que vuestra luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que hacéis, alaben todos a vuestro Padre que está en el cielo."

Jesús utiliza dos imágenes para decirnos lo que hemos de ser los cristianos para el mundo: sal y luz.
La sal, en tiempos de Jesús, además de dar sabor a los alimentos, al no existir neveras ni frigoríficos, se utilizaba para conservar los alimentos.
Jesús quiere que demos sabor a la vida y que evitemos que se degrade.
También quiere que iluminemos el mundo. Que seamos luz que orienta y aclara las cosas. No nos quiere guardando esa luz para nosotros, sino que quiere que seamos faro para los demás.
La pregunta es obvia. ¿Somos hoy los cristianos sal y luz?¿Damos sabor a la vida e iluminamos nuestra sociedad? Evidentemente que hay cristianos que sí son sal y luz. Pero también es muy claro que nos queda mucho para mejorar.
El Espíritu que recibimos el domingo, es la fuerza que puede hacer de nosotros verdadera sal y verdadera luz para los demás.

lunes, 12 de junio de 2017

LA FELICIDAD SEGÚN JESÚS


"Al ver la multitud, Jesús subió al monte y se sentó. Sus discípulos se acercaron y empezó a enseñarles diciendo:
- Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos los que sufren, porque serán consolados.
Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra que Dios les ha prometido.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán satisfechos.
Dichosos los compasivos, porque Dios tendrá compasión de ellos.
Dichosos los de corazón limpio, porque verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará hijos suyos.
Dichosos los perseguidos por hacer lo que es justo, porque suyo es el reino de los cielos.
Dichosos vosotros, cuando la gente os insulte y os maltrate, y cuando por causa mía digan contra vosotros toda clase de mentiras. ¡Alegraos, estad contentos, porque en el cielo tenéis preparada una gran recompensa! Así persiguieron también a los profetas que vivieron antes que vosotros."

Queda claro que para Jesús, la felicidad se consigue por caminos muy diferentes a los que nosotros creemos que la proporcionan.
Para Jesús feliz es el pobre de espíritu. Él alcanza lo máximo que Jesús nos ofrece: el reino de los cielos.
El calificativo " de espíritu", lo hemos interpretado como un edulcorante. No hace falta ser pobre, sólo es necesario el desapego. Y con esta excusa seguimos persiguiendo el dinero y el poder.
Evidentemente que la miseria ni es deseable, ni lleva la felicidad y hay que combatirla. ¿Qué es entonces ser pobre?
Nos lo especifican las otras bienaventuranzas.
Pobre es el que llora. Aquél que se siente desamparado o que llora por el desamparo de los demás.
Pobre es el que tiene hambre y sed de justicia. El que no se queda indiferente ante el mal ajeno, ante la injusticia.
Pobre es el misericordioso en el sentido correcto de la palabra. El que pone el corazón en los demás, en lo que hace. El que sufre con el que sufre.
Pobre es el limpio de corazón. El que sabe mirar las cosas con mirada transparente. El que no es hipócrita. El que actúa con honestidad.
Pobre es el perseguido por ser justo. Por no mirar a otro lado e implicarse.
Pobre es aquél que es insultado y perseguido por ser un seguidor de Jesús.
Estos, según Jesús, son los felices. ¿Somos felices nosotros?


domingo, 11 de junio de 2017

SANTÍSIMA TRINIDAD


“Tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo.
El que cree en el Hijo de Dios no está condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado por no creer en el Hijo único de Dios."

El papa Francisco en una homilia del año 2013 dijo:
- La Santísima Trinidad no es producto de razonamientos humanos; es el rostro con el que Dios mismo se ha revelado, no desde las alturas de una cátedra, sino caminando con la humanidad.
La esencia de la Trinidad nosotros no podemos conocerla, porque nos trasciende. Es en el mundo, en su actuación, donde podemos reconocer la Trinidad: Un Padre creador, un Hijo que nos salva con su vida y un Espíritu que nos ilumina y nos guía. Pero lo más importante nos lo dice el evangelio de hoy: Dios es amor.
Un Dios que nos ama de tal manera que nos entrega a su Hijo. Un Hijo que es Salvador, que no condena a nadie. Un Hijo que nos deja el Espíritu para que siempre estemos bajo la luz. Un Dios Único: un Dios que es Amor.
La Santísima Trinidad no es para razonarla, como ya le dijo aquel niño a San Agustín en la playa, según cuenta la leyenda. La Santísima Trinidad es para experimentarla, para verla actuar en nuestra vida, en nuestro día a día.




sábado, 10 de junio de 2017

HIPOCRESÍA Y PUREZA DE CORAZÓN


Jesús decía en su enseñanza:
- Guardaos de los maestros de la ley, pues les gusta andar con ropas largas y que los saluden con todo respeto en la calle.  Buscan los asientos de honor en las sinagogas y los mejores puestos en los banquetes,  y so pretexto de hacer largas oraciones devoran las casas de las viudas. ¡Esos recibirán mayor castigo! 
  Jesús, sentado en una ocasión frente a las arcas de las ofrendas, miraba cómo la gente echaba dinero en ellas. Muchos ricos echaban mucho dinero, pero en esto llegó una viuda pobre que echó en una de las arcas dos monedas de cobre de muy poco valor. Entonces Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: 
– Os aseguro que esta viuda pobre ha dado más que ninguno de los que echan dinero en el arca; pues todos dan de lo que les sobra, pero ella, en su pobreza, ha dado todo lo que tenía para su sustento."

Jesús nos da hoy unas lecciones muy importantes. El saber mucho sobre Dios, la teología, no sirve de nada, si va envuelta de teología. Si usamos nuestros conocimientos para que nos alaben, para obtener poder, prestigio y ahogar a los humilde, es mera hipocresía. Es precisamente la diferencia que hay entre religión y espiritualidad. La primera es puro formalismo si no nos acerca de verdad a Dios.
Lo mismo ocurre con el dar. Aquellos ricos daban mucho, pero era lo que les sobrava. Su forma de vivir no se veía afectada por sus limosnas. Aquella anciana da poco, pero es todo lo que tiene. Aquella limosna la deja sin sustento.
Lecciones de mucha actualidad, que debemos meditar profundamente, examinando nuestra vida y nuestro comportamiento. ¿Somos hipócritas en nuestra religión, o actuamos con un corazón puro que sólo busca a Dios?

viernes, 9 de junio de 2017

EL SEÑOR


"Jesús estaba enseñando en el templo y preguntó:
– ¿Por qué dicen los maestros de la ley que el Mesías desciende de David? David mismo, inspirado por el Espíritu Santo, dijo:
‘El Señor dijo a mi Señor:
Siéntate a mi derecha
hasta que yo ponga a tus enemigos
debajo de tus pies.’
Pero, ¿cómo puede el Mesías descender de David, si David mismo le llama Señor?
La gente, que era mucha, escuchaba con gusto a Jesús."

Los judíos llamaban al Mesías, Hijo de David. Es decir, descendiente de la casa de David. El Padre, en su gran misericordia, envía a su propio Hijo. El Mesías es el Señor. Jesús, como Hijo que es, nos muestra al Padre. Sólo a través de Él podemos llegar a comprender algo de Dios.
Como siempre, los que le escuchaban con agrado, eran la gente sencilla, el pueblo. Los sacerdotes, fariseos y doctores de la ley, lo trataban de blasfemo. Ellos preferían a un hijo de David. No entendieron la gran misericordia del Padre, que nos envía a su Hijo. 

jueves, 8 de junio de 2017

JESÚCRISTO, GRAN SACERDOTE


"Cuando llegó la hora, Jesús y los apóstoles se sentaron a la mesa. Él les dijo:
– ¡Cuánto he deseado celebrar con vosotros esta cena de Pascua antes de mi muerte! Porque os digo que no volveré a celebrarla hasta que se cumpla en el reino de Dios.
Entonces tomó en sus manos una copa, y habiendo dado gracias a Dios dijo:
– Tomad esto y repartidlo entre vosotros; porque os digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta que venga el reino de Dios.
Después tomó el pan en sus manos, y habiendo dado gracias a Dios lo partió y se lo dio a ellos, diciendo:
– Esto es mi cuerpo, entregado a muerte en favor vuestro. Haced esto en memoria de mí.
Lo mismo hizo con la copa después de la cena, diciendo:
– Esta copa es el nuevo pacto confirmado con mi sangre, la cual es derramada en favor vuestro."

El evangelio de la festividad de hoy, nos presenta a Jesús instituyendo la Eucaristía en la Última Cena. El sacerdocio de Jesús es un sacerdocio diferente al habitual. En su tiempo, los sacerdotes, ofrecían víctimas a Dios. Jesús es a la vez oficiante y víctima. Y con su entrega nos hace a todos sacerdotes, pueblo sacerdotal. Si somos sus seguidores, también nosotros debemos ofrecer nuestras vidas a Dios, entregándolas a los hombres.
Jesús nos pide que hagamos los mismo que Él hizo, en su memoria. No sólo recordar en la misa su entrega, sino también entregándonos nosotros, como Él se entregó por todos los hombres.



miércoles, 7 de junio de 2017

UN DIOS DE VIVOS


"Entonces algunos saduceos acudieron a ver a Jesús. Los saduceos niegan la resurrección de los muertos y por eso le plantearon este caso:
– Maestro, Moisés nos dejó escrito que si un hombre casado muere sin haber tenido hijos con su mujer, el hermano del difunto deberá tomar por esposa a la viuda para dar hijos al hermano que murió. Pues bien, había una vez siete hermanos, el primero de los cuales se casó, pero murió sin dejar hijos. Entonces el segundo se casó con la viuda, pero él también murió sin dejar hijos. Lo mismo le pasó al tercero y así hasta los siete, ninguno de los cuales dejó hijos. Finalmente murió también la mujer. Pues bien, en la resurrección, cuando resuciten, ¿cuál de ellos la tendrá por esposa, si los siete estuvieron casados con ella?
Jesús les contestó:
– Estáis equivocados porque no conocéis las Escrituras ni el poder de Dios. Cuando los muertos resuciten, los hombres y las mujeres no se casarán, sino que serán como los ángeles que están en el cielo. Y en cuanto a que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés el pasaje de la zarza ardiendo cuando Dios dijo a Moisés: ‘Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob?’ ¡Y Dios no es Dios de muertos, sino de vivos! Así que estáis muy equivocados."

Los judíos siguen tendiendo trampas a Jesús. Esta vez son los saduceos, que no creían en la resurrección. Basándose en la ley del levirato, le proponen un ridículo caso de alguien que debe casarse siete veces, para saber cuál será su mujer tras la resurrección.
Esta ridícula casuística es en la que podemos caer, cuando leemos e interpretamos la Palabra literalmente, y no lo hacemos a través del corazón. Esto ocurre, cuando reducimos la religión a normas y leyes y no a espiritualidad. El amor debe ser el primer y principal móvil de nuestra vida.
Jesús nos dice claramente que Dios es un Dios de vivos, no de muertos. Y sólo vive el que ama de verdad. 

martes, 6 de junio de 2017

DIOS Y EL CESAR


 "Enviaron a Jesús a unos de los fariseos y del partido de Herodes, para sorprenderle en alguna palabra y acusarle. Estos fueron y le dijeron:
– Maestro, sabemos que tú siempre dices la verdad, sin dejarte llevar por lo que dice la gente, porque no juzgas a los hombres por su apariencia. Tú enseñas a vivir como Dios ordena. ¿Estamos nosotros obligados a pagar impuestos al césar, o no? ¿Debemos o no debemos pagarlos?
Pero Jesús, que conocía su hipocresía, les dijo:
– ¿Por qué me tendéis trampas? Traedme un denario, que lo vea.
Se lo llevaron y Jesús les dijo:
– ¿De quién es esta imagen y el nombre aquí escrito?
Le contestaron:
– Del césar.
Entonces Jesús les dijo:
– Pues dad al césar lo que es del césar, y a Dios lo que es de Dios.
Esta respuesta los dejó admirados."

La relación entre política y religión siempre ha sido complicada. Por eso, los fariseos y los herodianos, aprovechan los impuestos para tender una trampa a Jesús. Pero Jesús lo deja bien claro. Un cristiano debe cumplir sus deberes como ciudadano y sus deberes para con Dios.
Es triste ver a personas que se declaran cristianas, siendo unos corruptos que no cumplen con sus deberes ciudadanos. Como cristianos debemos cumplir con nuestros deberes ciudadanos y políticos. Pero nunca debemos olvidar nuestros deberes para con Dios. Nuestro dinero es ciudadano, pero nuestra vida es de Dios. Cumpliendo nuestros deberes sociales, debemos entregar nuestra vida a Dios.

lunes, 5 de junio de 2017

EL VÍDEO DEL PAPA - MES DE JUNIO

LA VIÑA DEL PADRE


"Jesús comenzó a hablarles por medio de parábolas. Les dijo:
- Un hombre plantó una viña,a le puso una cerca, construyó un lagar y levantó una torre para vigilarlo todo. Luego la arrendó a unos labradores y se fue de viaje. A su debido tiempo mandó un criado a pedir a los labradores la parte de cosecha que le correspondía. Pero ellos le echaron mano, le golpearon y lo enviaron con las manos vacías. Entonces el dueño mandó otro criado, pero a este lo hirieron en la cabeza y lo insultaron. Mandó otro, y a este lo mataron. Después mandó otros muchos, pero a unos los golpearon y a otros los mataron.
Todavía le quedaba uno: su propio hijo, a quien quería mucho. A él lo mandó el último, pensando: Sin duda, respetarán a mi hijo. Pero los labradores se dijeron unos a otros: Este es el heredero; matémoslo y la viña será nuestra. Así que lo cogieron, lo mataron y arrojaron su cuerpo fuera de la viña.
¿Qué hará el dueño de la viña? Pues irá, matará a aquellos labradores y dará la viña a otros.
¿No habéis leído lo que dicen las Escrituras?:
La piedra que despreciaron los constructores
es ahora la piedra principal.
Esto lo ha hecho el Señor
y nosotros estamos maravillados.
Quisieron entonces apresar a Jesús, porque sabían que la parábola iba contra ellos. Pero como tenían miedo de la gente, le dejaron y se fueron."

Con esta parábola, Jesús anunciaba claramente lo que iba a suceder. Dios había plantado la viña de su pueblo con gran amor. Pero este le había dado la espalda. Maltrató a los profetas que fue enviando. Y acabó enviando a su propio Hijo, al que también habían de matar. Los doctores de la ley, sacerdotes y fariseos entendieron claramente que Jesús se estaba refiriendo a ellos, cuando hablaba de los arrendadores que se querían hacerse dueños de la viña.
Pero cometeremos un error si nos quedamos en esta interpretación y no la aplicamos a nuestros días. Porque, hoy, como ayer, corremos el riesgo de creernos los amos de la viña, de posesionarnos de su Palabra y creer que sólo nosotros tenemos la verdad. De matar a los profetas, incluso de "matar" al Hijo, olvidando su evangelio. La viña es de Dios, no nuestra. Ayer, domingo de Pentecostés, reflexionábamos sobre la importancia del Espíritu en nuestras vidas. Es a Él a quien debemos escuchar. Es Él quien debe guiarnos. Es Él quien hará que la viña dé fruto abundante. Los frutos del Padre. No nuestros frutos egoístas. 

domingo, 4 de junio de 2017

VEN ESPÍRITU SANTO



FELIZ DÍA A TODOS

ESPÍRITU DE AMOR Y VIDA


"Al llegar la noche de aquel mismo día, primero de la semana, los discípulos estaban reunidos y tenían las puertas cerradas por miedo a los judíos. Jesús entró y, poniéndose en medio de los discípulos, los saludó diciendo:
– ¡Paz a vosotros!
Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y ellos se alegraron de ver al Señor. Luego Jesús dijo de nuevo:
– ¡Paz a vosotros! Como el Padre me envió a mí, también yo os envío a vosotros.
Dicho esto, sopló sobre ellos y añadió:
– Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedarán perdonados; y a quienes no se los perdonéis, les quedarán sin perdonar."

La liturgia de hoy nos presenta dos narraciones de Pentecostés. La primera, de los Hechos de los Apóstoles, con la bajada del Espíritu en forma de lenguas de fuego, es la que ha generado la iconografía habitual.
El evangelio de Juan, nos muestra a los apóstoles reunidos, llenos de miedo. Aquí es el mismo Jesús el que se les aparece y les da tres cosas:
. La paz. Si en nuestra vida espiritual no hay paz, es que estamos lejos de Jesús. Los apóstoles pierden inmediatamente el miedo y se alegran.
. Una misión. Los envía. La palabra misionero significa enviado. Al igual que Él ha sido la Palabra del Padre, quiere que nosotros seamos su Palabra. Una religión que nos encierra en nosotros mismos, no es la de Jesús.
. El Espíritu Santo. Se lo había prometido en la Última Cena. Jesús nos da su Espíritu. Y nosotros debemos dejarnos mover por ese Espíritu. Si actuamos al margen de Él, por fantásticas que nos parezcan las cosas que hacemos, no funcionaran. Un Espíritu que es Amor y es Vida. Las dos imágenes del Espíritu, a parte de la paloma, son el fuego y el agua. El fuego del Amor y el agua imprescindible para que exista la Vida.
Si a nuestro alrededor no aumenta el Amor y se produce la Vida, por horas que pasemos rezando, por mil ceremonias que realizamos, el Espíritu está lejos de nosotros. Y sin Él no podemos funcionar.



sábado, 3 de junio de 2017

SOMOS ÚNICOS PARA DIOS


"Pedro se volvió y vio que detrás de él venía el discípulo a quien Jesús quería mucho, el mismo que en la cena había estado junto a él y le había preguntado: “Señor, ¿quién es el que va a traicionarte?” Cuando Pedro le vio, preguntó a Jesús:
– Señor, ¿y qué hay de este?
Jesús le contestó:
– Si yo quiero que permanezca hasta mi regreso, ¿qué te importa a ti? Tú sígueme.
Por esto corrió entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho que no moriría, sino: “Si yo quiero que permanezca hasta mi regreso, ¿qué te importa a ti?”
Este es el mismo discípulo que da testimonio de estas cosas y lo ha escrito. Y sabemos que dice la verdad.
Jesús hizo otras muchas cosas. Tantas que, si se escribieran una por una, creo que en todo el mundo no cabrían los libros que podrían escribirse."

Pedro acaba de dar por tres veces su "sí, tu sabes que te amo" por tres veces. Sabe que hay otro discípulo a quien Jesús ama de una manera especial. Por eso le pregunta por su futuro. No entraremos en las discusiones de los exégetas sobre si ese discípulo es Juan u otro que nos pertenecía a los doce. Lo que a nosotros nos importa, es darnos cuenta de que Jesús tiene un plan para cada uno de sus seguidores. El que "todos sean uno", que leíamos el otro día, no significa que todos sean idénticos. Unidad no es uniformidad. Cada uno de nosotros tenemos nuestro camino de seguimiento a Jesús, que debemos seguir unidos a nuestros hermanos en el Amor. Y Jesús nos ama a cada uno de nosotros de una manera especial.
La lección de hoy, es que debemos seguir a Jesús desde nuestra personalidad. Lo importante es estar atentos en nuestro interior y en los acontecimientos, para descubrir qué es lo que quiere Jesús de nosotros.

viernes, 2 de junio de 2017

APACIENTA MIS OVEJAS


"Cuando ya habían comido, Jesús preguntó a Simón Pedro:
– Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?
Pedro le contestó:
– Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
Jesús le dijo:
– Apacienta mis corderos.
Volvió a preguntarle:
– Simón, hijo de Juan, ¿me amas?
Pedro le contestó:
– Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
Jesús le dijo:
– Apacienta mis ovejas.
Por tercera vez le preguntó:
– Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?
Pedro, entristecido porque Jesús le preguntaba por tercera vez si le quería, le contestó:
– Señor, tú lo sabes todo: tú sabes que te quiero.
Jesús le dijo:
– Apacienta mis ovejas. Te aseguro que cuando eras más joven te vestías para ir a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás los brazos y otro te vestirá y te llevará a donde no quieras ir.
Al decir esto, Jesús estaba dando a entender de qué manera Pedro había de morir, y cómo iba a glorificar a Dios con su muerte. Después le dijo:
– ¡Sígueme!"

Lo que Jesús dice a Pedro, se lo dice a todos los que quieren apacentar sus ovejas. Esto no se hace con autoridad, ni con fuerza. Se hace con amor. Es el amor a Jesús el que nos da la posibilidad de apacentar sus ovejas. Por eso le pregunta tres veces si le ama. Por eso nos lo pregunta cada día. Nuestra respuesta será sí, si amamos a nuestro prójimo.
Pero apacentar no es fácil. Amar día a día no es fácil. Puede suponer incluso la muerte. Pero esa es la condición para seguir a Jesús. Seguirlo hasta la muerte.

jueves, 1 de junio de 2017

PADRE, QUE SEAN UNO


"No te ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí al oir el mensaje de ellos. Te pido que todos ellos estén unidos; que como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Les he dado la misma gloria que tú me diste, para que sean una sola cosa como tú y yo somos una sola cosa: yo en ellos y tú en mí, para que lleguen a ser perfectamente uno y así el mundo sepa que tú me enviaste y que los amas como me amas a mí. Padre, tú me los confiaste, y quiero que estén conmigo donde yo voy a estar, para que vean mi gloria, la gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la creación del mundo. Padre justo, los que son del mundo no te conocen; pero yo te conozco, y estos también saben que tú me enviaste. Les he dado a conocer quién eres, y seguiré haciéndolo, para que el amor que me tienes esté en ellos, y yo mismo esté en ellos."

Acaba la oración de Jesús pidiendo por la unidad. Ser uno como Jesús y el Padre son uno.
La desunión entre los cristianos es el mayor escándalo que damos al mundo. Para Jesús, la unidad, es primordial para reconocer que Jesús viene del Padre y para que los hombres crean. Nosotros, a lo largo de la historia, hemos ido ampliando nuestra división. Nuestro orgullo, el afán de querer ser los más fuertes, de tener siempre la razón, ha hecho que estemos divididos.
Nuestra sociedad está dividida en razas, en culturas, en poder económico...en tantas y tantas cosas. Si nosotros, los que decimos seguir a Jesús estamos divididos, ¿cómo no va a estarlo la sociedad?
Cuando Jesús hablaba del Reino, estaba hablando de ese amor que ha de unirnos a todos. Pero nosotros, con nuestra vida, predicamos la desunión.
Por eso Jesús acaba su oración pidiendo la unión. Sin unión, no podemos alcanzar el Reino. 

miércoles, 31 de mayo de 2017

MAGNIFICAT


 "Por aquellos días, María se dirigió de prisa a un pueblo de la región montañosa de Judea, y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura se movió en su vientre, y ella quedó llena del Espíritu Santo. Entonces, con voz muy fuerte, dijo Isabel:
– ¡Dios te ha bendecido más que a todas las mujeres, y ha bendecido a tu hijo! ¿Quién soy yo para que venga a visitarme la madre de mi Señor? Tan pronto como he oído tu saludo, mi hijo se ha movido de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú por haber creído que han de cumplirse las cosas que el Señor te ha dicho!
María dijo:
- Mi alma alaba la grandeza del Señor.
Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador,
porque Dios ha puesto sus ojos en mí, su humilde esclava,
y desde ahora me llamarán dichosa;
porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas.
¡Santo es su nombre!
Dios tiene siempre misericordia
de quienes le honran.
Actuó con todo su poder:
deshizo los planes de los orgullosos,
derribó a los reyes de sus tronos
y puso en alto a los humildes.
Llenó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías.
Ayudó al pueblo de Israel, su siervo,
y no se olvidó de tratarlo con misericordia.
Así lo había prometido a nuestros antepasados,
a Abraham y a sus futuros descendientes.
María se quedó con Isabel unos tres meses, y después regresó a su casa."

Hoy es la festividad de la Visitación de María a su prima Isabel.
Vemos a María que se dirige a casa de Isabel al conocer su embarazo. Ella quiere ayudar. Isabel la recibe con alabanzas, con gran alegría. María responde con el Magníficat. Unas palabras que son el preludio de las Bienaventuranzas. Un canto a la humildad y a la sencillez. Una declaración de los caminos de Dios, que siempre está al lado del pobre, del perseguido, del humilde...La imagen de un Dios misericordioso que ama la sencillez y la humildad. Por eso dice Maria que se ha fijado en ella.