martes, 23 de mayo de 2017

EL ESPÍRITU DE VERDAD


"Pero ahora me voy para estar con el que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta a dónde voy; al contrario, os habéis puesto muy tristes porque os he dicho estas cosas. Pero os digo la verdad: es mejor para vosotros que me vaya. Porque si no me voy, el defensor no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré. Cuando él venga, mostrará claramente a la gente del mundo dónde está la culpa, dónde la inocencia y dónde el juicio. La culpa la mostrará en ellos, porque no creen en mí; la inocencia, en mí, porque voy al Padre y ya no me veréis; y el juicio, en el que manda en este mundo, porque ya ha sido condenado."

Como os habréis dado cuenta, los textos de estos días son muy recurrentes. Todos se basan en el evangelio de Juan, en la despedida en la Última Cena. El domingo próximo será la Ascensión y el siguiente Pentecostés. Estos textos nos sirven para reflexionar sobre la partida de Jesús, que vuelve al Padre tras cumplir su misión y la venida del Espíritu sobre nosotros.
Seguir al Espíritu es descubrir la verdad. Descubrir que se trata de buscar y seguir a Jesús que nos muestra el camino hacia el Padre. El Espíritu nos ayuda a discernir, a descubrir dónde está el bien y dónde el mal.

lunes, 22 de mayo de 2017

SER SUS TESTIGOS


"Pero cuando venga el defensor, el Espíritu de la verdad, que yo enviaré de parte del Padre, él será mi testigo. Y también vosotros seréis mis testigos, porque habéis estado conmigo desde el principio.
Os digo estas cosas para que no perdáis vuestra fe en mí.  Os expulsarán de las sinagogas, e incluso llegará el momento en que cualquiera que os mate creerá que le está prestando un servicio a Dios. Eso lo harán porque no nos han conocido ni al Padre ni a mí. Os digo esto para que, cuando llegue el momento, os acordéis de que ya os lo había dicho."

Dejarse guiar por el Espíritu es reconocer a Jesús, es decir, hacer las obras que hizo Jesús. Y seguir de veras a Jesús, comporta pasar mil y un problemas. Supone la incomprensión. No sólo por parte de los que no creen, sino de aquellos que se creen la voz de Dios y que llegan a matar en su nombre.
No podemos decir que Jesús no nos lo advirtió. Pero sí tenemos la seguridad de que el Espíritu está con nosotros y Él hará que seamos sus testigos. Que también nosotros mostremos con nuestra vida, el camino hacia el Padre, que es el camino de Jesús.

domingo, 21 de mayo de 2017

NO NOS ABANDONA


"Si me amáis, obedeceréis mis mandamientos.  Y yo pediré al Padre que os envíe otro defensor, el Espíritu de la verdad, para que esté siempre con vosotros. Los que son del mundo no lo pueden recibir, porque no lo ven ni lo conocen; pero vosotros lo conocéis, porque él está con vosotros y permanecerá siempre en vosotros.
No voy a dejaros abandonados: volveré para estar con vosotros.  Dentro de poco, los que son del mundo ya no me verán; pero vosotros me veréis, y viviréis porque yo vivo. En aquel día os daréis cuenta de que yo estoy en mi Padre, y que vosotros estáis en mí y yo en vosotros. El que recibe mis mandamientos y los obedece, demuestra que me ama. Y mi Padre amará al que me ama, y yo también le amaré y me mostraré a él."

Jesús vuelve a recordarnos, que la prueba de nuestro amor hacia Él, es el cumplimiento de sus mandamientos. En Juan, los mandamientos de Jesús se reducen a uno sólo: amar a Dios y al prójimo. Es el mandamiento del amor.
Esto es fácil de decir, pero no lo es de cumplir. Por eso Jesús no nos abandona. El Padre nos envía un "defensor", alguien que nos ayudará en nuestra lucha de cada día: el Espíritu de verdad.
El Espíritu está ahí pero, ¿sabemos verlo? ¿sabemos leer lo que nos dice con los signos de los tiempos? ¿sabemos escucharlo en los demás? ¿sabemos escuchar su voz en nuestro interior?
Faltan dos semanas para la celebración de Pentecostés. Deberíamos dedicar estos días a intentar descubrir la presencia del Espíritu junto a nosotros, en los acontecimientos y en nuestro interior. Vivir con la conciencia de la presencia del Espíritu, nos hará vivir con más plenitud.

sábado, 20 de mayo de 2017

NO SOMOS MÁS QUE ÉL


"Si el mundo os odia, sabed que a mí me odió primero. Si fuerais del mundo, la gente del mundo os amaría como ama a los suyos. Pero yo os escogí de entre los que son del mundo, y por eso el mundo os odia, porque ya no sois del mundo. Acordaos de lo que os dije: ‘Ningún sirviente es más que su amo.’ Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; y si han hecho caso a mi palabra, también harán caso a la vuestra. Todo esto van a haceros por mi causa, porque no conocen al que me envió."

Ayer Jesús nos hablaba de amar a todo el mundo. Hoy nos dice, que este amor no siempre será correspondido. Incluso es posible que nos odien. ¿Quién es el mundo al que se refiere Jesús? El mundo es el dinero y todos aquellos que sólo viven para él. El mundo son los violentos. El mundo lo forman los egoístas que sólo piensan en su provecho y son injustos con los demás. El mundo son aquellos que miran hacia otro lado cuando ven el sufrimiento ajeno. Y lo más triste es, que forman parte del mundo personas que quizá frecuentan los templos y dicen rezar cada día. A Jesús lo persiguieron los sacerdotes, los fariseos, los doctores de la ley. Si nosotros seguimos el camino del amor que nos marcaba Jesús ayer, no es extraño que también seamos perseguidos. No somos más que Él. 

viernes, 19 de mayo de 2017

UNA MISIÓN : AMAR


 "Mi mandamiento es este: Que os améis unos a otros como yo os he amado. No hay amor más grande que el que a uno le lleva a dar la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; os llamo amigos, porque os he dado a conocer todo lo que mi Padre me ha dicho. Vosotros no me escogisteis a mí, sino que yo os he escogido a vosotros y os he encargado que vayáis y deis mucho fruto, y que ese fruto permanezca. Así el Padre os dará todo lo que le pidáis en mi nombre. Esto es, pues, lo que os mando: Que os améis unos a otros."

Ayer Jesús nos pedía que cumpliéramos sus mandamientos. Hoy nos especifica cuál es su mandamiento: amarnos los unos a los otros. Y no de cualquier forma, sino como Él nos ha amado. Es decir, dando la vida por los demás.
Más que un mandamiento, lo que Jesús nos da, es una misión. Él nos ha escogido para que llevemos ese fruto del amor por toda la tierra. Para ello contamos con la ayuda del Padre, que no nos dejará solos.
Esta es nuestra misión: amar y hacer que ese amor reine en toda la tierra.



jueves, 18 de mayo de 2017

ALEGRÍA COMPLETA


"Yo os amo como el Padre me ama a mí; permaneced, pues, en el amor que os tengo. Si obedecéis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo obedezco los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os hablo así para que os alegréis conmigo y vuestra alegría sea completa."

Jesús nos habla hoy del amor. Esta es, posiblemente, una de las palabras más empleadas en nuestra sociedad. Pero, ¿nos referimos todos a lo mismo?¿qué es lo que nosotros consideramos amor?
El amor de Jesús es el amor del Padre a Él y a nosotros. Un amor que es entrega, donación, libertad.
Y Jesús nos pide que "permanezcamos" en este amor. Nos pide que vivamos inmersos en el amor. Que obedezcamos sus mandamientos: amar a Dios y al prójimo como a nosotros mismos.
Si de verdad amamos como Él nos dice, nuestra alegría será completa. La verdadera alegría. Una alegría que nace del corazón.



miércoles, 17 de mayo de 2017

UNIDOS CON JESÚS


"Yo soy la vida verdadera y mi Padre es el viñador. Si uno de mis sarmientos no da fruto, lo corta; pero si da fruto, lo poda y lo limpia para que dé más. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado. Seguid unidos a mí como yo sigo unido a vosotros. Un sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no está unido a la vid. De igual manera, vosotros no podéis dar fruto si no permanecéis unidos a mí.
Yo soy la vid y vosotros sois los sarmientos. El que permanece unido a mí y yo unido a él, da mucho fruto; pues sin mí nada podéis hacer. El que no permanece unido a mí será echado fuera, y se secará como los sarmientos que se recogen y se queman en el fuego.
Si permanecéis unidos a mí, y si sois fieles a mis enseñanzas, pedid lo que queráis y se os dará. Mi Padre recibe honor cuando vosotros dais mucho fruto y llegáis así a ser verdaderos discípulos míos."

La imagen de la viña la encontramos en toda la Biblia, sobre todo en los profetas. Pero cuando la utiliza Jesús tiene una fuerza especial.
Jesús nos habla de la unidad entre todos sus seguidores. Formamos uno con Él. Él es la viña y nosotros los sarmientos. Sólo unidos a Jesús podemos dar fruto.
Jesús da mucha importancia a los frutos. Lo que muestra nuestra Fe no son las creencias, las fórmulas, los ritos...Lo que, de verdad, muestra nuestra Fe son nuestros frutos, lo que hacemos. Al igual que Él demostraba quién era curando, devolviendo la vista, haciendo caminar, perdonando los pecados...Nosotros, si queremos ser sus discípulos, si de verdad estamos unidos a Él, realizaremos las mismas obras. Seremos amor para todo el mundo. Es con esos frutos que podemos considerarnos discípulos de Jesús. Son esos frutos los que demuestran que formamos parte de la viña, que es Jesús. 

martes, 16 de mayo de 2017

LA PAZ DE JESÚS


"Os dejo la paz. Mi paz os doy, pero no como la dan los que son del mundo. No os angustiéis ni tengáis miedo. Ya me oísteis decir que me voy, y que vendré para estar otra vez con vosotros. Si de veras me amaseis os habríais alegrado al saber que voy al Padre, porque él es más que yo. Os digo esto de antemano, para que, cuando suceda, creáis.
Ya no hablaré mucho con vosotros, porque viene el que manda en este mundo. Él no tiene ningún poder sobre mí, pero así ha de ser, para que el mundo sepa que yo amo al Padre y que hago lo que él me ha encargado."

Jesús nos deja su paz. Digo, "su" paz, porque es muy diferente de "nuestra" paz. La paz de este mundo, que decimos se consigue preparando la guerra. Una paz fundamentada en tener mucha fuerza para que el otro tenga miedo y no nos ataque.
La paz de Jesús es la verdadera paz del corazón. La paz del que se siente en los brazos de Dios. Una paz, que como Jesús, nos lleva a cumplir la voluntad del Padre, a hacer lo que nos ha encargado.
La paz de Jesús es la de la gente sencilla, que disfruta con los pequeños detalles de la vida. Una paz que nos calma de la agitación de nuestra sociedad. Porque es una paz producto del amor, de la entrega, de la contemplación.  

lunes, 15 de mayo de 2017

EL ESPÍRITU NOS REVELA LA PALABRA


"El que recibe mis mandamientos y los obedece, demuestra que me ama. Y mi Padre amará al que me ama, y yo también le amaré y me mostraré a él.
Judas (no el Iscariote) le preguntó:
– Señor, ¿por qué vas a mostrarte a nosotros y no a la gente del mundo?
Jesús le contestó:
– El que me ama hace caso a mi palabra; y mi Padre le amará, y mi Padre y yo vendremos a vivir con él. El que no me ama no hace caso a mis palabras. Las palabras que estáis escuchando no son mías, sino del Padre, que me ha enviado.
Os he dicho todo esto mientras permanezco con vosotros; pero el Espíritu Santo, el defensor que el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que os he dicho."

Si de verdad amamos a Jesús, seguiremos lo que nos ha mandado. Nuestras obras serán de justicia, de paz, de solidaridad...de amor, en una palabra.
Pero no siempre sabemos interpretar la voluntad de Jesús, que es la voluntad del Padre. Jesús nos indica cómo orientarnos, nos da un GPS. Es el Espíritu Santo, el enviado del Padre, el que nos enseñará el verdadero significado de la Palabra.
El Espíritu Santo es muchas veces el gran olvidado de nuestra espiritualidad. Al Espíritu sólo se le puede escuchar en el silencio, en el recogimiento. Si de verdad queremos seguir la Palabra de Jesús, seguir su camino, debemos buscar esos momentos de silencio, de paz, de meditación, en los que escucharemos la voz del Espíritu. Él nos ayudará a interpretar los signos de los tiempos, a seguir el camino de Jesús, que nos lleva al Padre. Ahí tenemos ese Dios que es Trinidad, Comunidad, Relación. 

domingo, 14 de mayo de 2017

UN DIOS CERCANO


"No os angustiéis: creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchos lugares donde vivir; si no fuera así, no os habría dicho que voy a prepararos un lugar. Y después de ir y prepararos un lugar, vendré otra vez para llevaros conmigo, para que vosotros también estéis donde yo voy a estar. Ya sabéis el camino que lleva a donde yo voy.
Tomás dijo a Jesús:
– Señor, no sabemos a dónde vas: ¿cómo vamos a saber el camino?
Jesús le contestó:
– Yo soy el camino, la verdad y la vida. Solamente por mí se puede llegar al Padre. Si me conocéis, también conoceréis a mi Padre; y desde ahora ya le conocéis y le estáis viendo.
Felipe le dijo entonces:
– Señor, déjanos ver al Padre y con eso nos basta.
Jesús le contestó:
– Felipe, ¿tanto tiempo hace que estoy con vosotros y todavía no me conoces? El que me ve a mí ve al Padre: ¿por qué me pides que os deje ver al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las cosas que yo os digo no las digo por mi propia cuenta. El Padre, que vive en mí, es el que hace su propia obra. Creedme que yo estoy en el Padre y el Padre en mí; si no, creed al menos por las propias obras. Os aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago; y hará otras todavía más grandes, porque yo voy al Padre."

El evangelio de hoy, es la suma de los que leímos y comentamos el viernes y el sábado. Hoy arropado con las dos lecturas de los Hechos de los Apóstoles y de la primera Carta de Pedro.
Hemos reflexionado sobre la unión entre el Padre y Jesús. Hemos visto cómo Jesús es el camino que nos conduce al Padre. Un Dios cercano, porque lo hemos de buscar en Jesús, en el Hombre. Los hombres siempre han preferido colocar a Dios en el Cielo. Unos porque les molesta la exigencia de su cercanía y otros, porque es más fácil adorar a ese Dios lejano, que al que vive en nuestro prójimo.
En los Hechos, vemos cómo los apóstoles se dieron cuenta de que la Palabra no nos puede alejar de los hombres. Crean los diáconos, para que de una forma especial, se dediquen a servir al que lo necesita, al pobre, al hambriento, a las viudas...
Y Pedro, en su carta, nos insiste en la importancia de Jesús para llegar al Padre. Él es "la piedra angular".
Jesús es el que nos acerca a Dios, el que nos lo coloca a nuestro lado. Un Dios que es Amor y no nos abandona.

sábado, 13 de mayo de 2017

¿LO CONOCEMOS?


"Si me conocéis, también conoceréis a mi Padre; y desde ahora ya le conocéis y le estáis viendo.
Felipe le dijo entonces:
–Señor, déjanos ver al Padre y con eso nos basta.
Jesús le contestó:
– Felipe, ¿tanto tiempo hace que estoy con vosotros y todavía no me conoces? El que me ve a mí ve al Padre: ¿por qué me pides que os deje ver al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las cosas que yo os digo no las digo por mi propia cuenta. El Padre, que vive en mí, es el que hace su propia obra. Creedme que yo estoy en el Padre y el Padre en mí; si no, creed al menos por las propias obras. Os aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago; y hará otras todavía más grandes, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre yo lo haré, para que por el Hijo se manifieste la gloria del Padre. Yo haré cualquier cosa que me pidáis en mi nombre."

Los discípulos, representados por Felipe, siguen sin conocer a Jesús. ¿Lo conocemos nosotros? Si miramos a los que nos llamamos cristianos y lo lejos que estamos de asemejarnos a Jesús, podemos decir que no. Está claro que pocas veces hacemos las obras de Jesús. Y seguimos sin identificar al Padre con Jesús. Nosotros inventamos mil ceremonias y ritos, montones de oraciones, pero olvidamos, que es en Jesús donde encontramos al Padre. Y Jesús nos dice que a él lo encontramos en el pobre, en el hambriento, en el inmigrante, en el perseguido...
Nos quejamos de que Dios no escucha nuestras oraciones. ¿Las hacemos en nombre de Jesús?¿Rezamos ayudando al pobre, al hambriento, al perseguido, al inmigrante...?
El día que conozcamos de verdad a Jesús, la sociedad será totalmente diferente. El Reino estará con nosotros.

viernes, 12 de mayo de 2017

EL CAMINO


"No os angustiéis: creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchos lugares donde vivir; si no fuera así, no os habría dicho que voy a prepararos un lugar. Y después de ir y prepararos un lugar, vendré otra vez para llevaros conmigo, para que vosotros también estéis donde yo voy a estar. Ya sabéis el camino que lleva a donde yo voy.
Tomás dijo a Jesús:
– Señor, no sabemos a dónde vas: ¿cómo vamos a saber el camino?
Jesús le contestó:
– Yo soy el camino, la verdad y la vida. Solamente por mí se puede llegar al Padre."

Jesús va anunciando su partida. Es natural que los discípulos estén inquietos. Dice que va a la casa del Padre, pero ellos se preguntan, ¿dónde está esta casa?¿adónde va?
Jesús, vuelve a indicarnos cuál es el camino. Qué hay que hacer para ir al Padre. No sólo seguirlo a Él, sino ser como Él; porque Él es el camino.
Seguir o no seguir este camino, comporta acertar o errar nuestra vida. Hace unos días, en una charla a los mayores del colegio, empezaba con una canción de Bruce Springteen: The River. Este río simboliza la libertad. Esta libertad es lo que Jesús llama: camino, verdad y vida. Él es la libertad. Si erramos el principio del camino, toda nuestra vida será un error. En la canción, cuando quieren volver al río, ya se ha secado. Nosotros tenemos la suerte de que Jesús siempre está allí. Siempre podemos rehacer nuestra vida, recomenzar. Pero hemos de tener bien claro, que Él es el camino y Él es el único camino que nos lleva al Padre. 



jueves, 11 de mayo de 2017

SERVIR Y ACOGER


"Os aseguro que ningún sirviente es más que su señor y ningún enviado es más que el que lo envía. Dichosos vosotros, si entendéis estas cosas y las ponéis en práctica.
No me estoy refiriendo a todos vosotros: yo sé a quiénes he escogido. Pero tiene que cumplirse lo que dice la Escritura: ‘El que come conmigo se ha vuelto contra mí.’ Os digo esto de antemano, para que, cuando suceda, creáis que yo soy. Os aseguro que quien recibe al que yo envío me recibe a mí, y quien me recibe a mí recibe al que me ha enviado."

Jesús acaba de lavar los pies a sus discípulos. Y les dice que el siervo no es más que su señor. Si el lava los pies, un trabajo de esclavos, nosotros debemos hacer los mismo.
Nos da también otra lección. Nos dice que quien le acoge a Él, acoge a Dios. Y todos sabemos quién es Él en nuestro mundo: el prójimo; el necesitado; todo aquél que espera que lo acojamos.
Si queremos ser sus discípulos y seguir sus pasos, debemos conjugar en nuestra vida ests dos verbos: servir y acoger. 

miércoles, 10 de mayo de 2017

ÉL VINO A SALVARNOS


"Jesús dijo con voz fuerte:
- El que cree en mí no cree solamente en mí, sino también en mi Padre, que me ha enviado. Y el que me ve a mí, ve también al que me ha enviado.  Yo, que soy la luz, he venido al mundo para que los que creen en mí no permanezcan en la oscuridad. Pero a aquel que oye mis palabras y no las obedece, no soy yo quien le condena, porque yo no he venido para condenar al mundo sino para salvarlo.  El que me desprecia y no hace caso de mis palabras, ya tiene quien le condene: las palabras que he dicho le condenarán el día último.  Porque yo no hablo por mi propia cuenta; el Padre, que me ha enviado, me ha ordenado lo que debo decir y enseñar. Y sé que el mandato de mi Padre es para vida eterna. Así pues, lo que digo, lo digo como el Padre me ha ordenado."

Jesús nos dice hoy, lo que hace unos días leíamos que dijo a Felipe: Quien me ve a mí, ve al Padre, al que me ha enviado.
No nos cansaremos de decirlo. El único camino para llegar a Dios, es Jesús. La única forma de conocer a Dios es Jesús. Dios nos trasciende y no podemos llegar a Él con nuestra razón. Por ello envió a su Hijo. Se hizo carne para que pudiéramos conocer algo de Él.
Y hoy nos dice algo muy importante. No ha venido a condenar al mundo, sino a salvarlo. Dios es un Dios de misericordia que quiere que todo el mundo se salve. Y Jesús lo dice porque el Padre se lo ha ordenado. Pero nos exige algo. Debemos escucharle y hacer caso de sus palabras.  Y las palabras de Jesús nos llevan al amor. Por esto, todo aquel que ama, aunque no reconozca a Dios, se salva. Porque, o nadie le ha hablado del Padre, o lo que no acepta, son nuestras pobres palabras y nuestros malos ejemplos, que no son la Palabra, sino nuestras palabras. 

martes, 9 de mayo de 2017

SU VOZ


"Era invierno, y en Jerusalén celebraban la fiesta en que se conmemoraba la dedicación del templo. Jesús estaba en el templo, paseando por el pórtico de Salomón. Los judíos le rodearon y le preguntaron:
– ¿Hasta cuándo nos vas a tener en dudas? Si tú eres el Mesías, dínoslo de una vez.
Jesús les contestó:
– Ya os lo he dicho y no me habéis creído. Las cosas que yo hago con la autoridad de mi Padre, lo demuestran claramente; pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas reconocen mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y jamás perecerán ni nadie me las quitará. Lo que el Padre me ha dado es más grande que todo, y nadie se lo puede quitar. El Padre y yo somos uno."

Los judíos no conocían a Jesús y continuaban preguntándole quién era. Hoy también podemos ignorar quien es. Se trata de reconocer su voz.
Él nos habla por la Palabra, por nuestro prójimo, por los signos de los tiempos. En cada persona que se nos acerca podemos reconocer su voz si sabemos escuchar más allá de las apariencias.
Lo que debe tranquilizarnos, es saber que Él nos conoce a nosotros y nos protege.
Nosotros debemos esforzarnos por reconocer su voz. Esa voz que nos habla desde el emigrante, desde el pobre, desde el enfermo, desde el encarcelado. Esa voz que nos habla desde nuestros familiares, nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo. Esa voz que oiremos con claridad en nuestro momentos de soledad y meditación. La voz de Jesús.


lunes, 8 de mayo de 2017

ÉL NOS AMA


"Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; pero el que trabaja solamente por el salario, cuando ve venir al lobo deja las ovejas y huye, porque no es el pastor ni son suyas las ovejas. Entonces el lobo ataca a las ovejas y las dispersa en todas direcciones. Ese hombre huye porque lo único que le importa es el salario, no las ovejas.
Yo soy el buen pastor. Como mi Padre me conoce y yo conozco a mi Padre, así conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí. Yo doy mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil, y también a ellas debo traer. Ellas me obedecerán, y habrá un solo rebaño y un solo pastor.
El Padre me ama porque yo doy mi vida para volverla a recibir. Nadie me quita la vida, sino que la doy por mi propia voluntad. Tengo el derecho de darla y de volverla a recibir. Esto es lo que me ordenó mi Padre."

El evangelio de hoy es la continuación del de ayer. Si ayer era la Puerta por la que puede entrar y salir el rebaño, hoy es el Buen Pastor. El que cuida y ama a sus ovejas.
Ante las desgracias y problemas de la vida, podemos preguntarnos dónde está este pastor. Y es que solemos confundir algunos conceptos. Por ejemplo, confundimos paz con tranquilidad. La paz es algo profundo e interior, que puede vivirse en medio de la agitación y los problemas. También confundimos felicidad con bienestar. Y se puede ser feliz en medio de privaciones y dificultades. Hace pocos días tuve que pasar por toda las clases del colegio hablando de las misiones. En una clase me preguntaron al ver unas fotos de niños africanos yendo a buscar agua: ¿Cómo pueden sonreír y se les puede ver tan felices si no tienen nada? Otro muchacho de la clase le respondió: porque la felicidad no está en tener muchas cosas, sino en sentirse amado. ¿Sabéis qué clase era? Una clase de la USEE. Una clase especial para niños y jóvenes que no pueden seguir el ritmo normal de los demás.
El Buen Pastor, Jesús, es el que nos da esa verdadera paz interior y esa auténtica felicidad, por que Él nos ama. Cada uno de nosotros es único para Él.   

domingo, 7 de mayo de 2017

ÉL ES LA PUERTA


"Jesús añadió:
- Os aseguro que el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que se mete por otro lado, es ladrón y salteador. El que entra por la puerta, ese es el pastor que cuida las ovejas. El guarda le abre la puerta, y el pastor llama a cada oveja por su nombre y las ovejas reconocen su voz. Él las saca del redil, y cuando ya han salido todas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen porque reconocen su voz. En cambio no siguen a un extraño, sino que huyen de él porque no conocen la voz de los extraños.
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir.
Volvió Jesús a decirles:
- Os aseguro que yo soy la puerta por donde entran las ovejas. Todos los que vinieron antes de mí fueron ladrones y salteadores, pero las ovejas no les hicieron caso. Yo soy la puerta: el que por mí entra será salvo; entrará y saldrá, y encontrará pastos.
El ladrón viene solamente para robar, matar y destruir; pero yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia."

Él es la puerta. La imagen de pastor y oveja, la encontramos bastantes veces en el evangelio. En el profeta Ezequiel se nos muestra un pueblo abandonado, guiado por malos y falsos pastores. Jesús recoge esta imagen y la utiliza muchas veces. Siempre, para indicarnos que Él se cuida de nosotros y que nosotros debemos cuidarnos de los que dependen de nosotros. Aquí ya no sólo es el pastor, si no que es la puerta por la que entran las ovejas. Por donde debemos entrar nosotros. Él es el que nos acoge.
Esta imagen la hemos empleado demasiadas veces en nuestro provecho, para dividir la Iglesia en unos que mandan y otros que obedecen. Sólo uno es el Buen Pastor. Sólo hay una puerta. Jesús. Tanto si nos consideramos ovejas, como pastores, si no entramos por la puerta de Jesús, somos malos pastores y malas ovejas.
Jesús nos invita a confiar en Él y a ser servidores de los demás, como lo es Él. Entonces es cuando tendremos vida en abundancia.


sábado, 6 de mayo de 2017

¿ANDAMOS CON ÉL?


"Al oir todo esto, muchos de los que seguían a Jesús dijeron:
– Su enseñanza es muy difícil de aceptar. ¿Quién puede hacerle caso?
Jesús, dándose cuenta de lo que estaban murmurando, les preguntó:
– ¿Esto os ofende? ¿Qué pasaría si vierais al Hijo del hombre subir a donde antes estaba. El espíritu es el que da vida; el cuerpo de nada aprovecha. Las cosas que yo os he dicho son espíritu y vida. Pero todavía hay algunos de vosotros que no creen.
Es que Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién el que le iba a traicionar. Y añadió:
– Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no lo trae.
Desde entonces dejaron a Jesús muchos de los que le habían seguido, y ya no andaban con él. Jesús preguntó a los doce discípulos:
– ¿También vosotros queréis iros?
Simón Pedro le contestó:
– Señor, ¿a quién iremos? Tus palabras son palabras de vida eterna. Nosotros sí hemos creído, y sabemos que tú eres el Santo de Dios."

Nos dice Juan, que tras estas palabras, muchos, que antes le seguían, dejaron de hacerlo.
También nosotros, ante palabras como las que hemos oído estos días en el evangelio, dejamos de seguirlo y ya no andamos con Él.
Cuando se nos pide dejarlo todo por los demás. Cuando se nos pide buscar el último lugar. Cuando se nos pide dar de comer al hambriento, de beber al sediento y vestir al desnudo. Nosotros preferimos seguir con nuestras oraciones. Pero así ya no "andamos con Él"; porque Jesús es el hambriento, el sediento, el desnudo, el emigrante, el perseguido...Dándoles la espalda, se la damos a Jesús.


viernes, 5 de mayo de 2017

EL VÍDEO DEL PAPA - MES DE MAYO

HACERNOS UNO CON ÉL


"Los judíos se pusieron a discutir unos con otros:
– ¿Cómo puede este darnos a comer su propio cuerpo?
Jesús les dijo:
– Os aseguro que si no coméis el cuerpo del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida. El que come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene vida eterna; y yo le resucitaré el día último. Porque mi cuerpo es verdadera comida, y mi sangre verdadera bebida. El que come mi cuerpo y bebe mi sangre vive unido a mí, y yo vivo unido a él. El Padre, que me ha enviado, tiene vida, y yo vivo por él. De la misma manera, el que me coma vivirá por mí. Hablo del pan que ha bajado del cielo. Este pan no es como el maná que comieron vuestros antepasados, que murieron a pesar de haberlo comido. El que coma de este pan, vivirá para siempre.
Jesús enseñó estas cosas en la reunión de la sinagoga en Cafarnaún."

Juan nos sigue transmitiendo esta difíciles palabras de Jesús en su capítulo sexto. Los judíos no lo entendían, porque las tomaban en sentido literal. ¿Cómo iban a comer su carne y beber su sangre?
Comer su cuerpo y beber su sangre, es hacernos uno con Él. Eso es la comunión. Hacernos uno con Jesús encarnado, con el pan bajado del cielo; es decir, con el Jesús hecho frágil, anonadado hasta la muerte y muerte de cruz. La Eucaristía nos lleva a la fragilidad, a los pobres, a la humildad. Estar unido a este Jesús, es lo que nos hace vivir para siempre.
La Eucaristía ha de llevarnos a los necesitados y ha de darnos la alegría de sentirnos hermanos, porque somos uno en el Hermano, Jesús.

jueves, 4 de mayo de 2017

UN PAN QUE ES ENTREGA


Nadie puede venir a mí si no lo trae el Padre, que me ha enviado; y yo lo resucitaré el día último. En los libros de los profetas se dice: ‘Dios instruirá a todos.’ Así que todos los que escuchan al Padre y aprenden de él vienen a mí.
No es que alguien haya visto al Padre. El único que ha visto al Padre es el que ha venido de Dios. Os aseguro que quien cree tiene vida eterna. Yo soy el pan que da vida. Vuestros antepasados comieron el maná en el desierto, y sin embargo murieron; pero yo hablo del pan que baja del cielo para que quien coma de él no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi propio cuerpo. Lo daré por la vida del mundo."

Jesús nos sigue diciendo que sólo Él conoce al Padre, y que es sólo a través de Él que nosotros podemos conocerlo.
Ese pan es su propio cuerpo. Un cuerpo entregado para que tengamos vida. Ese es el sentido profundo de la Eucaristía. Jesús se nos da cada día para que tengamos la vida eterna. Por la Eucaristía nos hacemos uno con Él y, así, también nosotros debemos entregar nuestras vidas por los demás, para repartir la Vida.
La Eucaristía no es únicamente una ceremonia. Es la reunión comunitaria en la que Jesús se nos da y nosotros nos identificamos con Él. Si al salir de la iglesia no salimos transformados en Amor, es que algo ha fallado en nosotros.   

miércoles, 3 de mayo de 2017

EL CAMINO QUE NOS LLEVA AL PADRE


"Jesús le contestó:
– Yo soy el camino,e la verdad y la vida. Solamente por mí se puede llegar al Padre. Si me conocéis, también conoceréis a mi Padre; y desde ahora ya le conocéis y le estáis viendo.
Felipe le dijo entonces:
– Señor, déjanos ver al Padre y con eso nos basta.
Jesús le contestó:
– Felipe, ¿tanto tiempo hace que estoy con vosotros y todavía no me conoces? El que me ve a mí ve al Padre: ¿por qué me pides que os deje ver al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las cosas que yo os digo no las digo por mi propia cuenta. El Padre, que vive en mí, es el que hace su propia obra. Creedme que yo estoy en el Padre y el Padre en mí; si no, creed al menos por las propias obras. Os aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago; y hará otras todavía más grandes, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre yo lo haré, para que por el Hijo se manifieste la gloria del Padre.  Yo haré cualquier cosa que me pidáis en mi nombre."

Jesús nos muestra al Padre. Esto es muy importante; sin Jesús no podríamos saber nada del Padre. Felipe, cuya festividad celebramos hoy, no acaba de entenderlo, como nos ocurre a nosotros.
Las obras de Jesús son las que nos muestran al Padre. ¿Qué hacía Jesús? Curaba, devolvía la vista, hacía andar, expulsava el mal...y dio su vida por nosotros. Sus obras nos dicen que el Padre es Amor. Que el camino hacia Él, es el de compartir, el de ayudar, el de luchar por la justicia y el de dar la vida por los demás.
Cuando reducimos la religión a prohibiciones, mandatos, leyes...la estamos desvirtuando. Esto nos conduce por el camino contrario que nos señala Jesús y que es el único que lleva al Padre.

martes, 2 de mayo de 2017

PAN BAJADO DEL CIELO


"- ¿Y qué señal puedes darnos – le preguntaron – para que, al verla, te creamos? ¿Cuáles son tus obras? Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: ‘Dios les dio a comer pan del cielo.’
Jesús les contestó:
– Os aseguro que no fue Moisés quien os dio el pan del cielo. ¡Mi Padre es quien os da el verdadero pan del cielo! Porque el pan que Dios da es aquel que ha bajado del cielo y da vida al mundo.
Ellos le pidieron:
– Señor, danos siempre ese pan.
Y Jesús les dijo:
– Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí, nunca más tendrá hambre, y el que en mí cree, nunca más tendrá sed."

La humanidad tiene hambre. Siempre estamos insatisfechos. El Padre nos ha enviado el pan que puede saciarnos para siempre. ¿Sabemos reconocerlo y acogerlo? Este pan viene del cielo, ha bajado del cielo: es Jesús.
Es un pan que se nos da en la Eucaristía, pero también en todos los hombres que se nos acercan. Un pan que está en el corazón cada hombre. Ese es el significado de la Encarnación. Jesús viene a nosotros en la persona de quien se acerca a nosotros pidiendo amor y dando amor. El necesitado y el que nos ayuda. La Eucaristía que nos dejó el Jueves Santo, debe llevarnos a encontrarlo presente en la humanidad. Sólo entonces seremos capaces de cambiar nuestro mundo, de transformarlo en el Reino del Amor. Entonces, nunca más tendremos ni hambre ni sed.

lunes, 1 de mayo de 2017

EL HIJO DEL CARPINTERO


"Y llegó a su propia tierra, donde comenzó a enseñar en la sinagoga del lugar. La gente, admirada, decía:
– ¿De dónde ha sacado este todo lo que sabe? ¿Cómo puede hacer tales milagros? ¿No es este el hijo del carpintero? Y su madre, ¿no es María? ¿No son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas, y no viven sus hermanas también aquí, entre nosotros? ¿De dónde ha sacado todo esto?
Y no quisieron hacerle caso. Por eso, Jesús les dijo:
– En todas partes se honra a un profeta, menos en su propia tierra y en su propia casa.
Y no hizo allí muchos milagros, porque aquella gente no creía en él."

A Jesús, sus conciudadanos no le creer. ¿No es este el hijo del carpintero?
Jesús se nos sigue presentando como el hijo del carpintero. En el inmigrante, el sin techo, el desahuciado, el pobre...Y nosotros seguimos sin creer en Él. Lo queremos ver en el poderoso, en el rico, en el dominador...
Jesús es el hijo del carpintero. Aquella persona con la que nos cruzamos cada día. Aquél que vemos en la televisión en una patera en medio del mar. Aquél que duerme en un cajero o quizá en el portal de nuestra casa o de una iglesia. Nosotros vamos a misa, pasamos junto a él y ni siquiera lo miramos.
No es de extrañar que en nosotros no se produzca el milagro del amor. 

domingo, 30 de abril de 2017

SALE A NUESTRO ENCUENTRO


"Dos de los discípulos se dirigían aquel mismo día a un pueblo llamado Emaús, a unos once kilómetros de Jerusalén. Iban hablando de todo lo que había pasado. Mientras conversaban y discutían, Jesús mismo se les acercó y se puso a caminar a su lado. Pero, aunque le veían, algo les impedía reconocerle. Jesús les preguntó:
– ¿De qué venís hablando por el camino?
Se detuvieron tristes, y uno de ellos llamado Cleofás contestó:
– Seguramente tú eres el único que, habiendo estado en Jerusalén, no sabe lo que allí ha sucedido estos días.
Les preguntó:
–¿Qué ha sucedido?
Le dijeron:
– Lo de Jesús de Nazaret, que era un profeta poderoso en hechos y palabras delante de Dios y de todo el pueblo. Los jefes de los sacerdotes y nuestras autoridades lo entregaron para que lo condenaran a muerte y lo crucificaran. Nosotros teníamos la esperanza de que él fuese el libertador de la nación de Israel, pero ya han pasado tres días desde entonces. Sin embargo, algunas de las mujeres que están con nosotros nos han asustado, pues fueron de madrugada al sepulcro y no encontraron el cuerpo; y volvieron a casa contando que unos ángeles se les habían aparecido y les habían dicho que Jesús está vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron después al sepulcro y lo encontraron todo como las mujeres habían dicho, pero no vieron a Jesús.
Jesús les dijo entonces:
– ¡Qué faltos de comprensión sois y cuánto os cuesta creer todo lo que dijeron los profetas! ¿Acaso no tenía que sufrir el Mesías estas cosas antes de ser glorificado?
Luego se puso a explicarles todos los pasajes de las Escrituras que hablaban de él, comenzando por los libros de Moisés y siguiendo por todos los libros de los profetas.
Al llegar al pueblo adonde se dirigían, Jesús hizo como si fuera a seguir adelante; 29 pero ellos le obligaron a quedarse, diciendo:
– Quédate con nosotros, porque ya es tarde y se está haciendo de noche.
Entró, pues, Jesús, y se quedó con ellos. Cuando estaban sentados a la mesa, tomó en sus manos el pan, y habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio. En ese momento se les abrieron los ojos y reconocieron a Jesús;n pero él desapareció. Se dijeron el uno al otro:
– ¿No es cierto que el corazón nos ardía en el pecho mientras nos venía hablando por el camino y nos explicaba las Escrituras?
Sin esperar a más, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los once apóstoles y a los que estaban con ellos. Estos les dijeron:
– Verdaderamente ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.
Entonces ellos contaron lo que les había pasado en el camino, y cómo reconocieron a Jesús al partir el pan."

Este texto lo comentamos hace pocos días. Pero el evangelio siempre nos da aspectos nuevos cada vez que lo meditamos.
Hoy nos fijaremos en que los dos discípulos caminan tristes y desanimados. Es entonces cuando Jesús les sale al encuentro. Pero son importantes dos actitudes de los discípulos para reconocerlo. 
Primero lo escuchan. Jesús con sus palabras va encendiendo sus corazones, pero, si nosotros queremos que nos ocurra lo mismo, como los discípulos, hemos de escucharlo, estar atentos a su palabra.
Segundo recibirlo en nuestra casa. Ser acogedores. Ellos no dejan que pase de largo y lo invitan a quedarse en su casa.
Jesús se nos acerca de muchas maneras a lo largo del día. Lo reconoceremos si sabemos escuchar y si sabemos acoger.  




sábado, 29 de abril de 2017

MIRADA SENCILLA


"Por aquel tiempo, Jesús dijo:
- Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que ocultaste a los sabios y entendidos. Sí, Padre, porque así lo has querido.
Mi Padre me ha entregado todas las cosas. Nadie conoce realmente al Hijo, sino el Padre; y nadie conoce realmente al Padre, sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo quiera darlo a conocer. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os haré descansar. Aceptad el yugo que os impongo, y aprended de mí, que soy paciente y de corazón humilde; así encontraréis descanso. Porque el yugo y la carga que yo os impongo son ligeros."

Los hombres hemos definido el mundo como un valle de lágrimas. Sin embargo, Jesús nos dice que su yugo es suave y su carga ligera. Y esto nos lo dice, tras afirmar que el Padre revela las cosas a los sencillos y se las oculta a los sabios.
Porque para ver la realidad se ha de tener la mirada pura de los niños, de la gente sencilla. Nosotros complicamos excesivamente las cosas. No es de extrañar que nos sintamos agobiados.
Ir a Jesús, es dejar nuestros prejuicios, nuestra supuesta "sabiduría", y mirar y juzgar las cosas con sencillez.



viernes, 28 de abril de 2017

COMPARTIRLO TODO


"Después de esto, Jesús se fue a la otra orilla del lago de Galileaa (también llamado de Tiberiades). Mucha gente le seguía porque habían visto las señales milagrosas que hacía sanando a los enfermos. Jesús subió a un monte y se sentó con sus discípulos. Ya estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar la vista y ver la mucha gente que le seguía, Jesús dijo a Felipe:
– ¿Dónde vamos a comprar comida para toda esta gente?
Pero lo dijo por ver qué contestaría Felipe, porque Jesús mismo sabía bien lo que había de hacer. Felipe le respondió:
– Ni siquiera doscientos denarios de pan bastarían para que cada uno recibiese un poco.
Entonces otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo:
– Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos peces, pero ¿qué es esto para tanta gente?
Jesús respondió:
– Haced que todos se sienten.
Había mucha hierba en aquel lugar, y se sentaron. Eran unos cinco mil hombres. Jesús tomó en sus manos los panes, y después de dar gracias a Dios los repartió entre los que estaban sentados. Hizo lo mismo con los peces, dándoles todo lo que querían. Cuando estuvieron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos:
– Recoged los trozos sobrantes, para que no se desperdicie nada.
Ellos los recogieron, y llenaron doce canastas con los trozos que habían sobrado de los cinco panes de cebada. La gente, al ver esta señal milagrosa hecha por Jesús, decía:
– Verdaderamente este es el profeta que había de venir al mundo.
Pero como Jesús se dio cuenta de que querían llevárselo a la fuerza para hacerle rey, se retiró otra vez a lo alto del monte, para estar solo."

La gente seguía a Jesús porque sanaba a los enfermos. Están en la montaña y no tienen para comer. Jesús les da de comer. Jesús les enseña a compartir, a partir de los cinco panes y los dos peces de un niño.
Nos encontramos ante una anticipación de la Eucaristía. En la Última Cena nos enseñará, repartiendo el pan y el vino, que hemos de compartirlo todo, hasta dar nuestra vida, como hizo Él, por el bien de todos.  Aquí nos dice que, si compartimos como hace el niño, nunca faltará nada a nadie y sobrará. Debemos compartir desde nuestra sencillez. ¡Qué diferentes serían nuestras Eucaristías si las viviésemos así! 

jueves, 27 de abril de 2017

40 PUJADA A PEU A MONTSERRAT

PONERSE EN CAMINO


"Por aquellos días, María se dirigió de prisa a un pueblo de la región montañosa de Judea, y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura se movió en su vientre, y ella quedó llena del Espíritu Santo. Entonces, con voz muy fuerte, dijo Isabel:
– ¡Dios te ha bendecido más que a todas las mujeres, y ha bendecido a tu hijo!  ¿Quién soy yo para que venga a visitarme la madre de mi Señor? Tan pronto como he oído tu saludo, mi hijo se ha movido de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú por haber creído que han de cumplirse las cosas que el Señor te ha dicho!
María dijo:
Mi alma alaba la grandeza del Señor.
Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador."

Hoy en Catalunya es la festividad de Nuestra Señora de Montserrat. Por eso meditamos este evangelio.
María acaba de decir SÍ a Dios. Se entera de que Isabel está en cinta y corre presurosa a las montañas para asistirla.
María es el modelo de discípulo de Jesús: siempre dispuesta a servir. María, la que guardaba todo en su corazón. La "creyente", que supo abandonarse en los brazos de Dios y aceptar su voluntad. 
Isabel la recibe como madre de su Señor. Y María salta de júbilo entonando el magnífica. Su espíritu se alegra en Dios.
Nosotros, como María, podemos no entender con claridad los acontecimientos de nuestra vida. Pero como ella, debemos confiar, ponernos en camino y esperar en el Señor. Debemos decir sí a su voluntad, convencidos de que no nos abandonará