miércoles, 23 de mayo de 2018

LOS "NUESTROS"


"Juan le dijo:
– Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre; pero se lo hemos prohibido, porque no es de los nuestros.
Jesús contestó:
– No se lo prohibáis, porque nadie que haga un milagro en mi nombre podrá luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros, está a nuestro favor."

Uno de los peores ejemplos que damos los cristianos, es la desunión. La división dentro de la Iglesia ha sido y es totalmente anticristiano.
Los discípulos de Jesús se sienten exclusivos. No admiten que alguien que no es de su grupo, haga el bien. Nosotros, a lo largo de la historia, empezando por los Ortodoxos nos hemos ido dividiendo y subdividiendo. Todos haciendo gala de poseer la verdad y tratando de herejes a los otros. Y hemos olvidado lo que nos dice Jesús en este evangelio, que todo el que hace el bien en su nombre, es de los suyos. 
Es más, si consideramos que Jesús está en los pobres, en los hambrientos, en los perseguidos...Todo aquel que los ayuda, que da su vida por ellos, lo hace por Jesús aunque no lo sepa. 
Hay una cosa que nos une a todos: el amor. El dar la vida por los demás. El luchar por la justicia. Todo el que se entrega a los demás, es de los "nuestros".



martes, 22 de mayo de 2018

SERVIR


"Cuando se fueron de allí, pasaron por Galilea. Pero Jesús no quiso que nadie lo supiera, porque estaba enseñando a sus discípulos. Les decía:
–El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; pero tres días después resucitará. 
Ellos no entendían estas palabras, pero tenían miedo de hacerle preguntas. Llegaron a la ciudad de Cafarnaún. Estando ya en casa, Jesús les preguntó:
– ¿Qué veníais discutiendo por el camino?
Pero se quedaron callados, porque en el camino habían discutido sobre cuál de ellos era el más importante. Entonces Jesús se sentó, llamó a los doce y les dijo:
– El que quiera ser el primero, deberá ser el último de todos y servir a todos. 
Luego puso un niño en medio de ellos, y tomándolo en brazos les dijo:
– El que recibe en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe; y el que a mí me recibe, no solo me recibe a mí, sino también a aquel que me envió."

Jesús acaba de anunciar su muerte y sus discípulos discuten por quién será el primero, el más importante. La enseñanza que les da, es clara: el primero, es aquel que se coloca el último, que sirve a los demás. Y les dice además, que deben dedicarse a los que no son nadie. Eso era un niño en el tiempo de Jesús: nadie. Pues servir a ese nadie, a ese "último", es servir a Dios.
Repasemos la historia de la Iglesia. ¿De verdad hemos seguido lo que Jesús nos dijo?¿Hemos buscado ser los últimos o hemos buscado el poder?¿Preferimos la sencillez o exigimos privilegios?
Miremos nuestro país cuando hay elecciones. ¿Preferimos al que va a luchar por los pobres, al que tiene un programa social serio o a aquél que va a respetar nuestros privilegios?
Si de verdad queremos ser discípulos de Jesús, llamarnos cristianos, sólo hay un camino: servir. Ser servidores y colocarnos en el último puesto. Porque los últimos son los preferidos a los ojos de Dios. "Una Iglesia que no sirve, no sirve para nada". Porque una Iglesia que no sirve, no transmite la Buena Nueva. 


lunes, 21 de mayo de 2018

ORACIÓN Y FE


"Cuando regresaron a donde estaban los discípulos, los encontraron rodeados de una gran multitud, y algunos maestros de la ley discutían con ellos. Al ver a Jesús, todos corrieron a saludarle llenos de admiración. Él les preguntó:
– ¿Qué estáis discutiendo con ellos?
Uno de los presentes contestó:
– Maestro, te he traído aquí a mi hijo, porque tiene un espíritu que le ha dejado mudo. Dondequiera que se encuentre, el espíritu se apodera de él y lo arroja al suelo; entonces echa espuma por la boca, le rechinan los dientes y se queda rígido. He pedido a tus discípulos que expulsen ese espíritu, pero no han podido.
Jesús contestó:
– ¡Oh, gente sin fe!, ¿hasta cuándo habré de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traedme aquí al muchacho!
Entonces llevaron al muchacho ante Jesús. Pero en cuanto el espíritu vio a Jesús, hizo que le diera un ataque al muchacho, que cayó al suelo revolcándose y echando espuma por la boca. Jesús preguntó al padre:
– ¿Desde cuándo le pasa esto?
– Desde niño – contestó el padre –. Y muchas veces ese espíritu lo ha arrojado al fuego y al agua, para matarlo. Así que, si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros y ayúdanos.
Jesús le dijo:
– ¿Cómo que ‘si puedes’? ¡Para el que cree, todo es posible! 
Entonces el padre del muchacho gritó:
– Yo creo. ¡Ayúdame a creer más!
Al ver Jesús que se estaba reuniendo mucha gente, reprendió al espíritu impuro diciéndole:
– Espíritu mudo y sordo, te ordeno que salgas de este muchacho y no vuelvas a entrar en él.
El espíritu gritó e hizo que al muchacho le diera otro ataque. Luego salió de él dejándolo como muerto, de modo que muchos decían que, en efecto, estaba muerto.  Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó; y el muchacho se puso en pie.
Luego Jesús entró en una casa, y sus discípulos le preguntaron aparte:
– ¿Por qué nosotros no pudimos expulsar ese espíritu?
Jesús les contestó:
– A esta clase de demonios solamente se la puede expulsar por medio de la oración."

Los apóstoles no pudieron curar a aquel niño. Jesús les dice que son necesarias dos cosas para erradicar el mal: Fe y oración.
El otro día hablaba en una clase de 1º de ESO sobre la vocación. En el momento del diálogo, una alumna me preguntó: "Dices que Dios es Amor, ¿cómo explicas que  permita el mal en la tierra?
La respuesta a la existencia del mal no es fácil. Se han escrito muchos libros y ninguno acaba de convencer. El mismo libro de Job no da una respuesta al mal. Le dice a Job que quién es él para cuestionar a Dios. Él lo ha hecho todo y sabe el por qué de todas las cosas.
Jesús nos enseña, que somos nosotros los que debemos luchar contra el mal. Él dedicó su vida, además de mostrarnos al Padre, a curar a las personas, a acoger a los que sufrían...Y nos invitó a nosotros a hacer lo mismo. Nos dice que dos cosas son necesarias: Fe y oración. Fe, que es confianza en que Dios nos ayudará a hacerlo. Oración, que es unión con Dios, vivir en su presencia.
Hoy hay muchos niños "mudos" atacados por "espíritus" que los destruyen. Niños que mueren en el Mediterráneo, bombardeados en Siria, tiroteados en Palestina. No bastan las palabras. Es nuestra vida la que puede arrancarlos del mal. 
Como el padre del niños debemos exclamar: ¡Creo Señor, pero aumenta mi Fe!"
Somos nosotros los responsables de la sociedad que tenemos.     


domingo, 20 de mayo de 2018

PENTECOSTÉS



"Al llegar la noche de aquel mismo día, primero de la semana, los discípulos estaban reunidos y tenían las puertas cerradas por miedo a los judíos. Jesús entró y, poniéndose en medio de los discípulos, los saludó diciendo:
– ¡Paz a vosotros!
Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y ellos se alegraron de ver al Señor. Luego Jesús dijo de nuevo:
– ¡Paz a vosotros! Como el Padre me envió a mí, también yo os envío a vosotros. 
Dicho esto, sopló sobre ellos y añadió:
– Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedarán perdonados; y a quienes no se los perdonéis, les quedarán sin perdonar."

"Estaban reunidos los discípulos, también cincuenta días después de la Resurrección (el éxodo de Jesús al Padre) e iban a recoger el fruto de la siembra del Maestro: la venida del Espíritu que se describe acompañada de sucesos, expresados como si se tratara de fenómenos sensibles: ruido como de viento huracanado, lenguas como de fuego que consume o acrisola, Espíritu (=«ruah»: aire, aliento vital, respiración) Santo (=hagios: no terreno, separado, divino). Es el modo que elige Lucas para expresar lo inenarrable, la

irrupción de un Espíritu que les libraría del miedo y del temor y que les haría hablar con libertad para promulgar la buena noticia de la muerte y resurrección de Jesús.
Por esto, recibido el Espíritu, comienzan todos a hablar lenguas diferentes. Algunos han querido indicar con esta expresión que se trata de "ruidos extraños"; tal vez fuera así originariamente, al estilo de las reuniones de carismáticos. Pero Lucas dice "lenguas diferentes". Así como suena. Poco importa por lo demás averiguar en qué consistió aquel fenómeno para cuya explicación no contamos con más datos. Lo que sí importa es saber que el movimiento de Jesús nace abierto a todo el mundo y a todos, que Dios ya no quiere la uniformidad, sino la pluralidad; que no quiere la confrontación sino el diálogo; que ha comenzado una nueva era en la que hay que proclamar que todos pueden ser hermanos, no sólo a pesar de, sino gracias a las diferencias; que ya es posible entenderse superando todo tipo de barreras que impiden la comunicación.
Porque este Espíritu de Dios no es Espíritu de monotonía o de uniformidad: es políglota, polifónico. Espíritu de concertación (del latín "concertare": debatir, discutir, componer, pactar, acordar). Espíritu que pone de acuerdo a gente que tiene puntos de vista distintos o modos de ser diferentes. El día de Pentecostés, a más lenguas, no vino, como en Babel, más confusión. "Cada uno los oía hablar en su propio idioma de las maravillas de Dios". Dios hacía posible el milagro de entenderse.. Se estrenó así la nueva Babel, la pretendida de Dios, lejos de uniformidades malsanas, un mundo plural, pero acorde. Ojalá que la reinventemos y no sigamos levantando muros ni barreras entre ricos y pobres, entre países desarrollados y en vías de desarrollo o ni siquiera eso.
Y la venida del Espíritu significó para aquel puñado de discípulos el fin del miedo y del temor. Las puertas de la comunidad se abrieron. Nació una comunidad humana, libre como viento, como fuego ardiente. No sin razón dice Pablo: "Donde hay Espíritu de Dios hay libertad", y donde hay libertad, autonomía (el ser humano -y su bien- se hacen ley), y donde hay autonomía, se fomenta la pluralidad y la individualidad, como camino de unidad, y resplandece la verdad, porque el Espíritu es veraz y nos guiará por el camino de la verdad, de la autenticidad, de la vida, como dice Juan en su evangelio. Que venga un nuevo Pentecostés sobre nuestro mundo –es nuestra oración- para acabar con esta ola de intolerancia e intransigencia que nos invade por doquier." (Koinonía) 





sábado, 19 de mayo de 2018

NUESTRO CAMINO


"Pedro se volvió y vio que detrás de él venía el discípulo a quien Jesús quería mucho, el mismo que en la cena había estado junto a él y le había preguntado: “Señor, ¿quién es el que va a traicionarte?” Cuando Pedro le vio, preguntó a Jesús:
– Señor, ¿y qué hay de este?
Jesús le contestó:
– Si yo quiero que permanezca hasta mi regreso, ¿qué te importa a ti? Tú sígueme.
Por esto corrió entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho que no moriría, sino: “Si yo quiero que permanezca hasta mi regreso, ¿qué te importa a ti?”
Este es el mismo discípulo que da testimonio de estas cosas y lo ha escrito. Y sabemos que dice la verdad.
Jesús hizo otras muchas cosas. Tantas que, si se escribieran una por una, creo que en todo el mundo no cabrían los libros que podrían escribirse."

Pedro quiere saber qué será del "Discípulo Amado". La respuesta de Jesús es taxativa: a él no le importa. cada uno tiene su camino. Cada uno tiene su cruz. Cada uno tiene una misión determinada. Y la de ese discípulo es amar. Es interesante lo que nos comenta Koinonía:
"Hoy aparece la figura del Discípulo Amado. Es muy interesante caer en la cuenta que es el cuarto evangelio quien introduce a este personaje. Caigamos en cuenta es un personaje sin nombre. Al no tener nombre el Discípulo Amado, pienso que es la invitación del Evangelista a que cada creyente, tú amigo lector, te sientas el discípulo amado, la discípula amada y logres vivir la experiencia cristiana desde el amor intenso con el que este personaje vive la intimidad con Jesús. Que todo este tiempo de Pascua, vivido con la intensidad con la que lo hemos vivido: en el estudio y contemplación de la Palabra, en la vida eucarística constante y la experiencia de comunidad, nos permitan sentir en nuestra vida que somos el Discípulo a quien Jesús más amaba. Y en esta experiencia grande y maravillosa de amor, que logremos entrar con gozo en la nueva experiencia que se nos regala: La llegada del Espíritu Santo. Que tangamos mañana un santo y fructífero Pentecostés." 


viernes, 18 de mayo de 2018

CRECER EN EL AMOR


"Cuando ya habían comido, Jesús preguntó a Simón Pedro:
– Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?
Pedro le contestó:
– Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
Jesús le dijo:
– Apacienta mis corderos. 
Volvió a preguntarle:
– Simón, hijo de Juan, ¿me amas?
Pedro le contestó:
– Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
Jesús le dijo:
– Apacienta mis ovejas.
Por tercera vez le preguntó:
– Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?
Pedro, entristecido porque Jesús le preguntaba por tercera vez si le quería, le contestó:
– Señor, tú lo sabes todo: tú sabes que te quiero.
Jesús le dijo:
– Apacienta mis ovejas. Te aseguro que cuando eras más joven te vestías para ir a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás los brazos y otro te vestirá y te llevará a donde no quieras ir.
Al decir esto, Jesús estaba dando a entender de qué manera Pedro había de morir, y cómo iba a glorificar a Dios con su muerte. Después le dijo:
– ¡Sígueme!"

Estas preguntas de Jesús a Pedro y su respuesta afirmativa se han interpretado siempre como el encargo de Jesús para que presida su Iglesia. Pero estas tres preguntas también nos la dirige a todos los que queremos ser sus discípulos. Debemos amar a Jesús, un amor que se ha de concretar en el prójimo, las ovejas. Sólo entonces podemos seguirlo.
  "Amar a Jesús tiene implicaciones histórico-existenciales. No es un amor romántico, ni etéreo. El amor que Jesús pide requiere concreción, requiere ser historizado. El Crucificado-Resucitado establece un diálogo con Pedro. Y este dialogo está en hacer que Pedro diga cuál es la dimensión de su amor a la causa de Dios. Y ese amor ha de ser testificado después con la concreción de un amor comunitario. Por eso de inmediato la sentencia de Jesús: apacienta mis ovejas. Es en el servicio a la comunidad donde Pedro definirá el verdadero sentido del amor que Jesús le está pidiendo. Esto mismo es lo que Jesús pide a cada creyente hoy: Vivir el amor a Jesús de manera histórico-comunitario. Decir que amamos a Jesús no es lo fundamental en la vida de la Iglesia. Lo que es fundamental es testificar el amor a Jesús en el amor concreto a los hermanos y a las hermanas con los que hacemos comunidad cristiana. Allí nos jugamos la credibilidad. Allí somos fieles al amor recibido y hacemos creíble el misterio de la comunidad." (Koinonía) 


jueves, 17 de mayo de 2018

LA VERDADERA UNIDAD



















"No te ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí al oir el mensaje de ellos. Te pido que todos ellos estén unidos; que como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Les he dado la misma gloria que tú me diste, para que sean una sola cosa como tú y yo somos una sola cosa: yo en ellos y tú en mí, para que lleguen a ser perfectamente uno y así el mundo sepa que tú me enviaste y que los amas como me amas a mí. Padre, tú me los confiaste, y quiero que estén conmigo donde yo voy a estar, para que vean mi gloria, la gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la creación del mundo. Padre justo, los que son del mundo no te conocen; pero yo te conozco, y estos también saben que tú me enviaste. Les he dado a conocer quién eres, y seguiré haciéndolo, para que el amor que me tienes esté en ellos, y yo mismo esté en ellos."

Jesús acaba su oración al Padre y pide para nosotros la unidad. Una unidad como la que existe entre Él y el Padre. La verdadera unidad. Una unidad que no significa la uniformidad. Todos los hombres somos únicos. ¿De que unidad nos habla? De la unidad del amor. De un mundo en el que todos somos iguales. En el que no haya diferencias entre hombres y mujeres, entre razas, entre condiciones sociales...Por contra, los primeros en estar divididos somos sus seguidores. Por más que nosotros, por orgullo y ansias de poder, nos empeñemos en separarnos en Iglesia, sólo hay una: la que forman todos los seguidores de Jesús. La comunidad de Jesús. Eso es lo que significa Iglesia: comunidad. 
El día que los hombres seamos realmente "uno" en el amor, desaparecerán todos los problemas de la tierra. Esto quizá es una utopía, pero no por ello hemos de dejar de luchar para alcanzarlo.

miércoles, 16 de mayo de 2018

EN LAS MANOS DEL PADRE


"Padre santo, cuídalos con el poder de tu nombre, el nombre que me has dado, para que estén completamente unidos, como tú y yo. Cuando estaba con ellos en este mundo, los cuidaba y los protegía con el poder de tu nombre, el nombre que me has dado. Y ninguno de ellos se perdió, sino aquel que ya estaba perdido, para que se cumpliera lo que dice la Escritura. 
Ahora voy a ti; pero digo estas cosas mientras estoy en el mundo, para que ellos se llenen de la misma perfecta alegría que yo tengo. Yo les he comunicado tu palabra; pero el mundo los odia porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los protejas del mal.  Así como yo no soy del mundo, tampoco ellos son del mundo. Conságralos a ti por medio de la verdad: tu palabra es la verdad. Como me enviaste a mí al mundo, así yo los envío. Y por causa de ellos me consagro a mí mismo, para que también ellos sean consagrados por medio de la verdad."

El evangelio de Juan nos sigue relatando la oración de Jesús en la Última Cena.
Nos pone en manos del Padre. Él nos cuidará. pero debemos formar comunidad. Ser uno como el Padre y Jesús.
Pide para nosotros la alegría. Nos hemos empeñado en presentar una religión triste, dolorosa. Jesús quiere que tengamos su alegría.
Jesús también quiere que tengamos la Verdad. Y nos envía a proclamar esta Verdad a todo el mundo.
Como estamos en manos del Padre, podemos tener la seguridad de que podremos cumplir todas estas cosas. 


martes, 15 de mayo de 2018

LA VIDA ETERNA


"Habiendo dicho estas cosas, Jesús miró al cielo y dijo:
- Padre, la hora ha llegado. Glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti. Pues tú has dado a tu Hijo autoridad sobre todos los hombres, para que dé vida eterna a los que le confiaste. Y la vida eterna consiste en que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú enviaste.
Yo te he glorificado aquí en el mundo, pues he terminado lo que me encargaste que hiciera. Ahora pues, Padre, dame en tu presencia la misma gloria que yo tenía contigo desde antes que existiera el mundo. 
A los que del mundo escogiste para confiármelos, les he hecho saber quién eres. Eran tuyos, y tú me los confiaste y han hecho caso a tu palabra. Ahora saben que todo lo que me confiaste viene de ti, pues les he dado el mensaje que me diste y lo han aceptado. Han comprendido que en verdad he venido de ti, y han creído que tú me enviaste.
Te ruego por ellos. No ruego por los que son del mundo, sino por los que me confiaste, porque son tuyos. Todo lo mío es tuyo y lo tuyo es mío; y mi gloria se hace visible en ellos.
Yo no voy a seguir en el mundo, pero ellos sí van a seguir en el mundo, mientras que yo voy para estar contigo."

Esta oración de Jesús es todo un tratado teológico del evangelio de Juan. Nos indica en consiste la vida eterna:
"Hemos hablado de la vida eterna en términos difíciles de comprender. Poco asequibles y con palabras que terminan cargando a los cristianos en una conciencia de miedo y de pánico frente a esta realidad clave para la vida cristiana. Jesús da una definición sencilla de vida eterna. No es un tratado más, sino una experiencia. Jesús nos transmite la experiencia de la vida que Dios quiere para que el hombre y la mujer lleguen a la plenitud. La vida eterna que Jesús propone es: conocer al Padre como al único Dios verdadero y a su enviado, Jesús el Mesías. Pero en esta simplicidad está la clave. La experiencia de Dios y de Jesús es una realidad existencial, relacional. Jesús lo que nos está dejando es su misma herencia relacional con el Padre. Sus palabras, salidas de lo más íntimo de su ser, son una verdadera oración. No son fórmulas frías. No son rezos organizados para responder a un acto religioso. El Hijo nos regala su propia relacionalidad con el Padre. Es la que quiere que experimentemos a fin de vivir en plenitud." (koinonía)


lunes, 14 de mayo de 2018

EL MANDAMIENTO DE JESÚS


"Yo os amo como el Padre me ama a mí; permaneced, pues, en el amor que os tengo. Si obedecéis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo obedezco los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. 
Os hablo así para que os alegréis conmigo y vuestra alegría sea completa. Mi mandamiento es este: Que os améis unos a otros como yo os he amado. No hay amor más grande que el que a uno le lleva a dar la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que os mando.Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; os llamo amigos, porque os he dado a conocer todo lo que mi Padre me ha dicho. Vosotros no me escogisteis a mí, sino que yo os he escogido a vosotros y os he encargado que vayáis y deis mucho fruto, y que ese fruto permanezca. Así el Padre os dará todo lo que le pidáis en mi nombre. Esto es, pues, lo que os mando: Que os améis unos a otros."

Hoy celebramos San Matías apóstol. Por eso leemos nuevamente este evangelio. Su tema central es el Amor y en él queda claro cuál es el mandamiento de Jesús: amarnos unos a otros como Él nos ama.
Leamos la reflexión de Koinonía:
 "El amor del Padre que Jesús experimentó, es el que ofrece a sus discípulos. Desde este amor cada bautizado ha de comprender su vocación. No es el creyente quien elige a Jesús. Es Jesús quien elige al discípulo. Es un acto de amor, gratuito y bondadoso, de parte de Jesús. Dios siempre toma la iniciativa. Dios es siempre el que convoca, el que elige, el que llama. Jesús llama a cada uno de los discípulos “amigo”. Esa es la manera como llama a cada bautizado que lo recibe en su vida como Señor y Salvador. La relación con Jesús no es una cuestión protocolaria, fría u oficial. Jesús instaura una nueva manera relacional entre un Maestro y un discípulo: La amistad. El compromiso que cada creyente está llamado a vivir, es en fidelidad a la amistad que el Maestro ha propuesto. La amistad con Jesús se experimenta y se vivencia en una manera concreta de vivir con los hermanos de comunidad. No puede existir una relación con el Crucificado Resucitado, si no se da a través de ella." 


domingo, 13 de mayo de 2018

ID AL MUNDO ENTERO


"Y les dijo:
- Id por todo el mundo y anunciad a todos la buena noticia. El que crea y sea bautizado, será salvo; pero el que no crea será condenado. Y estas señales acompañarán a los que creen: en mi nombre expulsarán demonios; hablarán nuevas lenguas; cogerán serpientes con las manos; si beben algún veneno, no les dañará; pondrán las manos sobre los enfermos, y los sanarán.
Después de hablarles, el Señor Jesús fue elevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Los discípulos salieron por todas partes a anunciar el mensaje, y el Señor los ayudaba, y confirmaba el mensaje acompañándolo con señales milagrosas."

Jesús, antes de partir, nos hace misioneros a todos sus discípulos. Debemos anunciar la Buena Nueva por todo el mundo. Y esto debemos hacerlo, no sólo con palabras, sino, sobre todo, con nuestra vida, con nuestras obras.
Debemos hablar nuevas lenguas, es decir, ser dialogantes con todo el mundo, empáticos, poniéndonos en su lugar.
Hemos de luchar contra el mal. No permitir que el veneno del mal nos destruya.
Debemos sanar a todo el mundo, repartir vida a nuestro alrededor.
Esta es la misión de la Iglesia, la misión de sus discípulos. Debemos devolver la esperanza de un mundo mejor a una sociedad que ha perdido su horizonte, que cada día espera menos de la vida. Si queremos mejor el presente, debemos esperar un futuro mejor.
Somos responsables de la Buena Noticia. Y si hoy la sociedad no cree, es porque nosotros no hemos sabido comunicar esa palabras. Nos hemos perdido en teorías y hemos olvidado la Vida, el Amor, que es lo único que puede cambiar este mundo.



sábado, 12 de mayo de 2018

EL PADRE NOS AMA


"Os aseguro que el Padre os dará todo lo que le pidáis en mi nombre. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre: pedid y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa.
Os he dicho estas cosas por medio de comparaciones, pero viene la hora en que ya no usaré comparaciones, sino que os hablaré claramente acerca del Padre. Aquel día le pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré por vosotros al Padre, porque el Padre mismo os ama. Os ama porque vosotros me amáis a mí y habéis creído que he venido de Dios. Salí del Padre para venir a este mundo, y ahora dejo el mundo para volver al Padre."

Esta es la mayor revelación de Jesús: que Dios nos ama; que Dios es Amor. Ser cristiano es entrar en ese mundo de amor del Padre y del Hijo.
Jesús nos anuncia su partida, que celebraremos mañana con la Ascensión. Él se va, pero su amor se queda con nosotros. Por eso podemos dirigirnos al Padre en su nombre, seguros de que nos conseguirá todo lo que le pidamos. Pero en nombre de Jesús sólo puede pedirse aquello que concuerda con su vida, aquello que nos hace vivir el espíritu de las Bienaventuranzas; el espíritu del Sermón del Monte. Es allí donde encontramos la esencia de lo que significa ser seguidores de Jesús; ser hijos del Padre.  




viernes, 11 de mayo de 2018

NADIE NOS LA PODRÁ QUITAR


"Os aseguro que vosotros lloraréis y estaréis tristes, mientras que la gente del mundo se alegrará. Sin embargo, aunque estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en alegría. Cuando una mujer va a dar a luz, se angustia, porque le ha llegado la hora; pero cuando ya ha nacido la criatura, la madre se olvida del dolor a causa de la alegría de que un niño haya venido al mundo. Así también, vosotros os angustiáis ahora, pero yo volveré a veros y entonces vuestro corazón se llenará de alegría, de una alegría que nadie os podrá quitar. 
Aquel día ya no me preguntaréis nada."

Jesús compara nuestra alegría con la de la madre que acaba de dar a luz. En ese momento olvida todos los sufrimientos anteriores. Nuestra alegría es a pesar de las dificultades, porque el amor de Dios nos rodea.
Koinonía nos hace la siguiente reflexión:
 "La alegría que trae Jesús no conoce fin. Nadie la puede quitar. Esa es la promesa que el Crucificado-Resucitado da a los que entran en una relación existencial con él. Esto es muy importante. No se puede ser cristiano si no se tiene una relación profunda con el Señor Jesús muerto, en la Cruz del calvario y Resucitado por el amor de Dios Padre. Esa alegría nadie la puede arrebatar. Esta promesa es bellísima porque es en esta dimensión donde debemos potenciar la vida, el pensamiento y los sentimientos de un creyente en Jesucristo. Dejemos que sea la alegría del Crucificado-Resucitado la que llene nuestra vida. Pero para que eso suceda hemos de abrir un espacio a Dios para que sea él quien haga la obra en nosotros. No es una tarea fácil. Es cierto que nos resistimos a dejarnos tocar por Dios. Son muchas las resistencias que aparecen permanentemente en nuestras vidas. Pero Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, es el único que puede hacer que la alegría de su Hijo se encienda en nosotros."